Para Anita Snape,
Si este fic consigue sacarte una risa, me daré por satisfecha.
EL ÚLTIMO AÑO
Han vuelto
-Lo han encontrado.- Susurró con una voz apenas audible entrando en el salón de Grimmauld Place, su rostro estaba pálido y ojeroso, y un pequeño sudor recorría su frente.- Lo han encontrado Hermione.
-¿Qué?- Preguntó suavemente levantándose del sofá y acercándose a su amigo mientras lo obligaba a sentarse.- ¿A quién?
-A Sirius.- Su voz se quebró, las lágrimas pugnaban por salir de sus ojos, pero hizo un esfuerzo en contenerlas.- Lo han encontrado.- Harry rompió a llorar mientras se abrazaba a su amiga con fuerza. Hermione sollozó junto a su amigo y lo abrazó con toda la fuerza que fue capaz.
-Lo siento Harry…
- Está vivo.- Susurró. La joven lo apartó lentamente.
-Harry se que piensas que puede…
-Está vivo.- Insistió. Hermione entristeció su mirada, no le gustaba ver a su amigo así.- Está vivo de verdad, Hermione.
-Eso no es posible Harry.- La bruja trató de suavizar su tono, aquel era un tema muy delicado.- Bellatrix le lanzó un stupify, Sirius desapareció tras el velo. Está muerto.- Le recordó con una nudo en la garganta.- Habrán encontrado su cuerpo.- Susurró tratando de tener el mayor tacto posible.
-No está muerto. ¡Está vivo!.- La lágrimas de Potter salían a borbotones, alzó la cabeza mirando directamente a su mejor amiga a los ojos y sonrió.
-Eso no es…- Titubeó y negó con la cabeza varias veces.- Eso no es posible…- Insistió. Harry asintió.- ¿Dónde está? - Preguntó la joven en estado de shock. No se esperaba aquello. – Cómo…
-Nadie lo sabe.- Susurró el mago limpiándose la cara con la manga.- Les he mandado una lechuza a los Weasley, vienen de camino.- Explicó Harry nervioso.
-Vamos Harry, te prepararé un té.- Insistió la joven agarrándolo de la mano y llevándolo a la cocina. –Siéntate.- Hermione estaba colocando la taza sobre la mesa cuando un montón de cabelleras rojas asomaron por la chimenea. Las miradas se centraron en él.
-¿Es cierto?- Preguntó Arthur. Harry asintió con la cabeza.- Que… Cómo…
-No saben que ha pasado ni cómo ha pasado, un funcionario lo encontró vagando en el departamento de misterios.- Explicó.- No sabían quién era hasta que alguien lo reconoció, han confirmado que es él.
-Cómo… ¿Cómo está?- Preguntó Molly con prudencia.
-Su cuerpo está en relativamente buenas condiciones, pero psicológicamente estaba muy desorientado y aturdido, lo han traslado a San Mungo, de momento no se atreven a decirme nada más. He tratado de verlo… -El joven estaba feliz, aunque se le veía triste y enfadado a la vez.- Pero hasta que no sepan que ha pasado, lo mantienen aislado en cuarentena. Tienen miedo que pueda ser algún truco de los últimos mortífagos que quedan escondidos, o que sea alguna clase de magia oscura, poción multijugos, no sé…- Explicó visiblemente nervioso pero contento.
Molly se acercó al joven para abrazarlo.
-Tú no te preocupes.- La mujer le sonrió mientras le cogía maternalmente de la cara.- ¿Por qué no procuras descansar un poco? Mandaré a Arthur a San Mungo, y cualquier cosa que sepamos te avisamos. ¿Te parece?
-Quiero ir con él.
-Necesitas descansar y es lo que vas a hacer.- Ordenó.- Yo me encargo de todo, tienes mi palabra.- Aseguró la mujer.- ¿Ronald, porque no vas a buscar a Lupin y Tonks? ¿Hermione cariño, tú no deberías irte ya? Mira qué hora es…
-Iré directamente. No te preocupes por ello.
-¿Segura?
-Sí.
-Bueno pues… ¿Me haces el favor de llevar a Harry arriba? Que se tumbe, es una orden.- Habló con cariño. La joven asintió y se llevo a su amigo de la mano nuevamente escaleras arriba. Grimmauld Place era bastante grande.
-Será mejor que le hagas caso a Molly.
-Tú deberías irte Hermione, ¿no querrás llegar tarde a tú primer día de clase?
-Estoy segura de que la directora Mc Gonagalla podrá comprender la situación Harry.
-Estoy bien.- Sentenció el moreno con una sonrisa en la cara.- De verdad, estoy preocupado, pero estoy bien. Deberías irte.
-Harry no me importa…
-Vete.- Ordenó su amigo dándole un abrazo. La bruja encogió sus maletas hasta hacerlas del tamaño de una caja de cerillas y se las metió en el bolsillo. Suspiró con fuerza, pero no podía negar que estaba un poco nerviosa.- Te echaré de menos, escribe siempre que puedas y cuida de Ginny por mí. ¿Lo harás?
-Por supuesto que lo haré.- Confirmó.- Por favor, mándame una lechuza urgente cuando sepas más cosas sobre Sirius, vendré de inmediato. ¿Lo prometes?
-No lo dudes.- Aseguró Potter, la bruja se acercó a la puerta.- Por cierto… ¿Se lo vas ha decir?- Preguntó el chico con un tono extrañamente suave. La bruja se puso algo pálida y abrió los ojos con sorpresa. Negó lentamente mientras agachaba la cabeza ligeramente avergonzada.- Debería saberlo.
-No, no…- Titubeó con la voz apenas audible. Se masajeó la su muñeca derecha en un acto inconsciente, acariciando la zona por encima de su jersey.
-Es tú decisión Hermione, no la mía, si decides no contárselo está bien. Nadie más lo sabe, y sabes que yo no diré nada pero…- El joven hizo una pausa y la miró con cariño.- Creo que Snape tiene derecho a saber quien le salvó la vida en la casa de los gritos.
-No puedo.- Aseguró entristeciendo la mirada.- Adiós Harry, nos vemos pronto.
-Adiós Hermione, cuídate.
La bruja desapareció de la casa entre una suave neblina, apareciéndose justo a las puertas de los terrenos de Hogwarts. Su corazón se aceleró de nuevo cuando vio el castillo. Desde la batalla contra Voldemort no había vuelto a poner un pie allí, y ahora se le hacía raro. Era una extraña sensación que se le había instalado en el pecho y se negaba a abandonarla. Como una especie de presión.
Caminó hasta el castillo con tranquilidad, tenía algo de margen todavía. Intentaba pensar en Sirius, en Harry, en todo lo ocurrido en las últimas horas. Pero lamentablemente había otra cosa que tenía su mente ocupada. ¿Y si Harry tenía razón? Y si debía contárselo… Negó rápidamente con la cabeza desechando tal idea. No lo había hecho en más de un año, no lo iba a hacer ahora. No tenía sentido ninguno dudar ahora de su decisión.
De repente se topó contra la marabunta de alumnos.
Había llegado, ahí estaba. Hogwarts de nuevo.
Una sonrisa nerviosa se apoderó de ella, no podía negar que no estaba entusiasmada por la idea. Había sido una situación un poco insólita, volver a cursar su último curso era poco menos que inusual, pero le habían dado la oportunidad. Y ella no la iba a desaprovechar, algunos habían aceptado, otros había declinado la oferta, Harry y Ron eran dos de ellos. Harry había conseguido entrar en la Academia de Aurores aún sin tener los EXTASIS, supongo que el hecho de haber acabado con Voldemort era prueba más que suficiente para acreditar sus niveles de conocimiento. Ron, sin embargo había decidido hacer las pruebas como guardián para los Chuddley Cannons, y ahora era titular en los partidos.
Pero ella no, quería acabar sus estudios. Podía haber entrado en cualquier carrera que hubiese querido. Era una de las heroínas de guerra más aclamadas (para su desgracia), pero ella aspiraba a algo más en su vida que a ser simplemente Hermione Granger la heroína amiga de Harry Potter.
Atravesó las puertas del castillo y se dirigió al gran comedor. El barullo era bastante notorio incluso desde la entrada. Lanzó una mirada rápida por la mesas, viendo varias caras conocidas. Aunque pocos eran los de su edad que habían vuelto a Hogwarts. Realmente pocos, muy pocos.
-Bienvenidos a Hogwarts.- Habló la directora Minerva McGonagall. Hermione se sentó en la mesa de Gryffindor, justo al final del todo. La mujer sonreía mientras daba un emotivo discurso de bienvenida, el colegio había reabierto sus puertas después de llevar un año reconstruyéndolo, había sido una labor titánica. Eran tantos los recuerdos que le traían aquel sitio. Recuerdos buenos y malos… Pero a fin de cuentas recuerdos.
La gente comenzó a aplaudir efusivamente. Hermione sonrió y los imitó. Rápidamente comenzó con la selección de los nuevos alumnos con sus respectivas casas. Su mente voló lejos de aquel comedor, lejos de Hogwarts y sus terrenos…
Dejó su mente vagar entre sus pensamientos erráticos de unos a otros. Todos tenían algo en común sin embargo, todo se enfocaba en lo mismo, o más bien, en el mismo hombre. Severus Snape.
-¿Hermione?- La llamaron. La bruja volvió a la realidad y miró a su alrededor. La ceremonia de iniciación había acabado y los estudiantes salían felices rumbo a sus habitaciones.
-¡Neville!- Respondió feliz dándole un gran abrazo.- Que sorpresa, ¿tú también has venido?
-Sí, mi abuela me obligo a venir.- Confesó.
-¿No le dijiste que no?
-¿Estás loca?- Preguntó con pánico.- Mi abuela enfadada es peor que Voldemort. Y no quiero cabrearla.- Dijo con un poco de pánico en los ojos.
-¿Qué tal está?
-Con sus achaques de edad, está mayor.- Explicó.- Pero salvo eso, todo perfecto.-Los dos amigos se volvieron a abrazar.- Tenemos que ir al despacho de la directora.
-¿Y eso?- Quiso saber. Pero Neville se encogió de hombros.
-Ni idea, a mi me lo dijo Hagrid. Pensé que a ti también te lo había dicho.
-No, pero seguramente es porque aún no lo he visto.- Aseguró sonriendo.- ¿Vamos entonces?
Hablaron animadamente mientras se dirigían al despacho de la directora.
- Mousse de fresa.- Susurró el mago, la gárgola se movió lentamente. Ascendieron por las escaleras hasta la puerta del despacho. Hermione quiso llamar a la puerta, pero esta ya estaba abierta. Oía un ligero murmullo. En el interior se encontró con varias caras conocidas, todos eran antiguos compañeros suyos. Eran pocos, muy pocos. Los reconoció a todos, estaban Luna y Ginny. Hermione se quedó un rato pensativa, la novia de Harry no era de su edad. Vio una cabellera rubia seguida de un traje negro. Malfoy, acompañado de dos Slytherins más, Theodore Nott, y Blaise Zabini. Los miró unos segundos, Malfoy le devolvió la mirada asintiendo con la cabeza en un corto saludo cordial.
-Señores.- Los llamó Minerva apareciendo por detrás de uno de los retratos.- Gracias por venir, no me llevara mucho tiempo. Primero.- Comenzó sentándose tras la mesa del escritorio.- Me alegra tenerlos de vuelta, aunque sean pocos. – La directora los miró unos momentos y después cruzó las manos delante del pecho.- Nos encontramos ante una situación un poco atípica, por lo que nos hemos tenido que adaptar un poco a estas nuevas circunstancias.- Explicó lentamente.- Cursaran séptimo año, aunque obviamente serán un año mayores que sus respectivos compañeros de curso. La reconstrucción de la escuela ha dejado algunos cabos sueltos y ahora mismos el cupo de habitaciones de séptimo está en plena capacidad.- Comentó tranquilamente con aquella mirada firme y autoritaria, pero sin dejar de ser amable.- Por lo que hemos decidido reubicarlos a todos.
Los jóvenes se miraron los unos a los otros dudosos.
-Se os ha habilitado una sala común con dos dormitorios. Uno para chicas y otros para chicos. La entrada es a través de la estatua de Sigfredo el loco.
-Perdone directora.- La interrumpió Hermione.- Cuando se refiere a reubicarnos a todos. ¿Se refiere a todos juntos?
-Así es Granger.- Indicó.- Usted, la señorita Weasley y la señorita Lovegood compartirán una habitación. Y el señor Malfoy, el señor Longbottom, el señor Zabini, y el señor Nott otra.
-¿Quiere poner a tres Slytherin y a un Gryffindor en la misma habitación?- Inquirió Malfoy un poco molesto. Aunque sin aquel talante tan altanero de hacía un tiempo.
-Lo ha entendido usted correctamente señor Malfoy. ¿Algún problema?- preguntó con aquella voz tan autoritaria.
-Esto es una locura.- Escupió.
-No son animales señor Malfoy, estoy segura de que sabrán comportarse como es debido.- Ordenó.- Y si no es así, le aconsejo que aprenda cuanto antes a hacerlo. Su condición en esta escuela será privilegia en muchos aspectos, y esos privilegios conllevan unas normas. Asistirán a clases junto con el resto de sus compañeros de séptimo.- Comentó.- Sin embargo sus horarios están ligeramente adaptados para facilitar y garantizar el máximo rendimiento en cada uno de ustedes. Además para poder facilitarles un poco las cosas de cara al mundo laboral, y puesto que han perdido un año, el colegio a propuesto a cada uno de ustedes como asistentes de algún profesor en función de sus aspiraciones laborales o académicas al finalizar este curso. En consecuencia a dichas actividades, todos tienen pase libre por las noches, y tendrán permiso para ausentarse del colegio en horario escolar a través de la chimenea de su sala común. Por supuesto entiendo que todos son adultos responsables y sabrán usar dicho privilegio con moderación y madurez.- Sentenció seria en señal de advertencia, viendo la cara de felicidad de Malfoy.- No es necesario que expliquen donde van o que hacen, pero todos son lo suficiente inteligentes como para usarlo adecuadamente.- La cara los estudiantes era todo un poema, se miraban unos a otros como intentando averiguar si aquello era cierto.- Sus horarios están en vuestra sala común, dichos horarios incluyen el profesor seleccionado y el tutor que les ayudara este año.- Afirmó con seriedad.- ¿Preguntas?
Los chicos se quedaron mudos. Aquello había sido una sorpresa, y aún no sabían si era algo bueno o no.
-Muy bien, pueden retirarse, que tengan ustedes un productivo año escolar.- El variopinto grupo de estudiantes comenzó a abandonar lentamente el despacho.- Por cierto, para acceder a la sala común deben girarle el dedo índice dos giros a la izquierda y uno a la derecha. Que tengan un buena noche.- Y con las mismas la mujer subió las escaleras que había detrás de ella y despareció.
-¿Está hablando en serio?- Masculló Malfoy serio.- No puede estar hablando en serio. Mi padre se enterará de esto.- Susurró algo enfadado, aunque al igual que hacía unos minutos, con bastante menos pose altanera que antaño.
- Draco…- Le susurró Theo al oído.- Fue idea de tú padre ¿recuerdas?.- El rubio bufó desesperado.
-Estoy jodido…
Hermione los observó a todos lentamente.
-Nos vemos luego Ginny.- Se despidió con un ligero gesto de cabeza y bajó escaleras abajo. Necesitaba pensar un poco, ordenar sus prioridades. Se escabulló entre los pasillos, subiendo por escaleras y atravesando cuadros y atajos que la llevaron directamente a una de las torres medio vacías de Hogwarts.
Se apoyó en el alfeizar de la ventana. El viento aún era cálido, suspiró con resignación.
-¿Acaso ser heroína de guerra le da permiso para andar por ahí a estas horas?- Preguntaron retóricamente a sus espaldas, sólo había una persona en el mundo que fuera capaz de concentrar tanto odio y rencor en una frase de aquella manera. La bruja se giró de golpe, su respiración se había agitado y aunque su mirada trataba de parecer segura, su ceño se había fruncido y sus puños cerrados temblaban con un nerviosismo imperceptible.-Parece que ha visto un fantasma Granger.- Susurró lentamente, arrastrando las palabras de aquella manera que solo él sabía hacer. Volviéndolas casi un siseó bajo y amenazante. Su mirada de asco no dejaba nada a la imaginación.
La joven sintió una punzada de dolor en el pecho, ¿sería la culpa? Nunca se había sentido culpable por haberle escondido a Snape que lo había salvado. Pero también era cierto que nunca había estado con él desde entonces. Su mano, cómo ya era habitual cuando se ponía algo nerviosa, se fue a cubrir instintivamente su mano derecha.
-Con su permiso.- Masculló la bruja, aunque no era una pregunta, sino más bien una realidad.- Buenas noches profesor Snape.- La joven pasó a su lado prácticamente rozándolo, su cara mostraba determinación, firmeza y sobre todo rencor y molestia mientras pasaba de largo. El hombre la miró entrecerrando los ojos con odio. Estúpida mocosa, impertinente e insufrible, eso no iba a quedar ahí. Rápidamente rodeó el antebrazo de la joven con sus dedos largos con fuerza, clavándoselos en la piel. Pero Hermione se zafó de su agarre con un pequeño tirón, como si quemara. Miró la mano cuyos dedos la habían tratado de agarrar y lo miró con asco. Después ascendió hasta encontrarse con aquellos orbes negros.
Bufó con rabia mientras se alejaba de allí con rapidez.
¿Por qué? ¿Por qué se sentía tan molesta?
Se sentía engañada, no había visto a Snape en el banquete, tampoco es que ella se hubiera fijado mucho realmente. Pero aun así creía que algo así no se le pasaría por alto. Nuevamente aquella sensación de indignación la invadió desde dentro. Nadie le había dicho que Snape iba a estar allí, ¡nadie la avisó!
Bufó enfadada consigo misma. Nadie sabía que ella le había salvado, nadie, excepto Harry sabía por lo que había pasado. Era normal que por eso nadie la hubieses avisado de que Severus Snape había vuelto a Hogwarts. ¿Quién iba a suponer que a ella le interesaría ese dato?
De todas formas no es que fuera algo decisivo en su decisión de acabar séptimo año.
¿O sí?
¿Hubiera vuelto al castillo de saber que el profesor Snape estaría ahí?
Si, hubiera vuelto igual. Pero quizás con otra actitud. A fin de cuentas, no sabía porque le molestaba tanto todo aquello. ¿Qué importaba que aquel hombre estuviera allí o no? Nada, no importaba nada. Si le había salvado había sido porque era lo correcto, no podía recriminarse una decisión que había sido la correcta. No era lógico.
Llegó hasta la estatua de Sigfredo el Loco. Giró el dedo y entró en la sala más pendiente de los líos que tenía en su cabeza que de otra cosa.
-¿Hermione?- Las chicas estaban sentadas en la sala común. En uno de los sofás que había junto a la chimenea. La castaña alzó la vista sonriéndoles. Después miró a su alrededor alzando un ceja y soltando una risa divertida.- ¿Curioso verdad?- Preguntó Ginny mirando a su alrededor. La sala común era lo más raro que había visto nunca, era acogedora, si. Pero era muy, muy rara…
Era como una especie de mezcla de las salas comunes de todas las casas. Como si alguien hubiera cogido todos los elementos que componían los diferentes lugares en una caja, los hubiera metido dentro, hubiera agitado y luego lo hubiera vomitado sobre el salón. Había un sofá de cuero negro y varios sillones de diferentes colores, amarillos, verdes, rojos, azules, o combinando esos colores. Sobre la chimenea ondeaban los cuatro estandartes. Había algunas mesas dispersadas por el lugar con sillas de diferentes tamaños y formas. Las paredes eran de piedra como en las mazmorras, pero con zonas cubiertas de madera, con grandes ventanales que daban al lago y un maravilloso cielo estrellado sobre el techo. Había cuadros desperdigados por doquier. Una lámpara verde en una esquina junto una silla amarilla y negra, un baúl rojo junto a una cómoda de madera azul.
Era como si hubieran amueblado con las sobras de un mercadillo local.
-Ya verás la habitación.- Afirmó Luna.- Es genial, pero ten cuidado, hay muchos torsosoplos en la cama.
-¿Neville?- Preguntó Hermione.
-Arriba en su habitación.
-¿Creéis que estará bien?- Quiso saber preocupada, no dudaba de la valentía de su amigo. Pero estar rodeado de serpientes era mucho incluso para él. Luna asintió feliz mientras se levantaba dando saltos y subía cantarina las escaleras hasta el dormitorio.
-Me voy a dormir.- Afirmó Ginny mientras le daba un abrazo a su amiga.- Esto es para ti por cierto, es de Harry.- Aclaró la bruja.- Y esto también.- Le entregó un par de sobres lacrados y desapareció.
¿De Harry? ¿Sería sobre Sirius? Se apresuró a abrir el sobre. Sus manos temblaron incontroladamente. ¿Sería malo? Lo habían encontrado hacía solo 24 horas.
Espero no haberte asustado, pero está bien, todo está bien. Los exámenes de los medimagos no han podido determinar que le ha pasado, pero dicen que está bien. Que se recuperará. Ha salido de asilamiento, aunque aún no nos dejan verlo. Dicen que si todo va bien quizás en unos días le den el alta.
Estoy deseando abrazarlo. No me puedo creer aun lo que está pasando.
Cuídate Hermione.
PS. Sigo pensando que deberías plantearte algunas cosas. Pero es decisión tuya…
Una gran presión se le quitó del pecho. Como si algo llevara tiempo oprimiéndole el corazón. Suspiró con alegría. Por fin había buenas noticias. Pensó en coger la chimenea e ir hasta Grimmauld place. Pero Harry estaría como loco con la noticia y nervioso, y seguro que tendría suficiente líos con preparar todo para la llegada de Sirius.
Se dejó caer sobre el sofá. Contenta por Harry, y por supuesto contenta por Sirius.
Su mano se fue a la otra carta. Tenía el sello lacrado de Hogwarts. ¡Claro! Los horarios. No podía ir a clases si no sabía a cuales debía asistir. Observó atentamente la carta y frunció el ceño molesta. Después se puso algo pálida.
No podía ser verdad. ¿Era una clase de broma? Se golpeó mentalmente la cabeza por no haberse dado cuenta de ello. Le había dicho a la directora que su intención era trabajar con pociones o ser medimaga. ¿Qué esperaba? ¿Clases de Quidditch?
Los lunes a primera hora tenía tutoría, después clase de herbología, encantamientos y defensa contra las artes oscuras. Tenía de martes a jueves todas las mañanas cubiertas con clases de pociones. Tenía pociones avanzadas, pociones aplicadas a la medimagia, y pociones de séptimo curso. Los viernes por la mañana, tenía otra vez defensa y cuidado de criaturas mágicas y segunda hora de tutoría.
Siguió leyendo el pergamino, a medida que avanzaba sus ojos se abrían con sorpresa, molestia, excitación y nerviosismo. Una curiosa mezcla de sentimientos.
¿No quería estar alejada de Snape? Pues iba a ser complicado, iba a ver a Severus Snape hasta en la sopa.
-Se la ha asignado como asistente a…- Hermione rodó los ojos.- Como no… El profesor Severus Snape.- Susurró en voz baja mientras hacía un mohín de desesperación. Menudo año le esperaba. Siguió leyendo.- Tutor…- Hermione bufó rendida.- Por supuesto… El profesor Severus Snape, faltaría más.
-Granger.- Susurraron a modo de extraño saludo.
-Malfoy.- Contestó sorprendida.
-¿Molesto?- Inquirió con algo de asco.
-¡No! Para nada, es que no esperaba tener compañía.- Confesó otorgándole una suave sonrisa. Draco relajó el rostro y se sentó en una de las butacas.
-¿Snape?- Preguntó sin más el rubio. Hermione le contestó asintiendo. Trató de relajar su rostro, pero su ceño fruncido ante la noticia se negaba a irse de su cara.- Me…- Draco cogió aire y la miró con el semblante frío.- ¿Puedo hacerte una sugerencia?- Preguntó algo inseguro. La bruja asintió rápidamente, quizás con algo de ansiedad y también algo de curiosidad por saber que le iba a decir.- Deja que te ayude.
-¿Tú?
-No, Snape.- Susurró levantándose de asiento.- Ten paciencia no es mala persona. Buenas noches Granger.- Y sin esperar respuesta alguna se fue a dormir.
Su cabeza empezó a cavilar rápidamente, sus pensamientos volaban a una velocidad pasmosa, al igual que las docenas de preguntas que ahora tenía en su cabeza y no podía responder.
-Buenas noches Malfoy.- Susurró la bruja aun perpleja.
-.-.-.-.-.-.-.
No había mejor manera de empezar el lunes que con una tutoría con Snape.
-¿Hermione estás bien? No estás desayunando nada.- Le reprendió Ginny.
-Perdona, me levantado algo desganada; si me disculpáis chicas. Nos vemos luego.- La joven se despidió de ellas saliendo del gran comedor. Ni siquiera se había atrevido a levantar la mirada hacía la mesa de los profesores. Tenía margen de sobra hasta empezar la tutoría, así que caminó lentamente hasta el despacho de Snape. Quizás el frescor de las mazmorras la ayudarían a relajarse un poco. No entendía porque aquel hombre de mirada oscura le intimidaba tanto. O quizás la palabra intimidar no era la más correcta, no hoy en día. Quizás la definición que ella buscaba era respeto. Snape le infundía respeto y autoridad, el problema venía dado por aquella actitud fría y aquel carácter ácido. Antes de darse cuenta su cuerpo topó contra la puerta del despacho de Snape.
Sin darse cuenta se llevó la mano a la muñeca, frotándola con incomodidad. Cogió aire hinchando sus pulmones a plena capacidad. Después lo soltó de golpe. Notó sus músculos relajarse considerablemente. Repitió el proceso tres veces hasta que todo su cuerpo se hubo relajado lo suficiente. Llamó a la puerta con firmeza y decisión.
-Adelante.- Mascullaron de forma cortante tras esta. Empezábamos bien, pensó la bruja entornando los ojos. La joven entró con seguridad.
-Buenos días profesor Snape.- Saludó ella con formalidad.
-Señorita Granger.- Soltó arrastrando las palabras dotándolas de aquel aire de desagrado permanente.- Siéntese.- Ordenó. La bruja asintió. Snape soltó un dossier con pergaminos sobre la mesa creando un golpe que hizo temblar el escritorio.- Parece ser que este año voy a tener que soportar su compañía más de lo debido.- Siseó lentamente.- Por lo tanto...- Hizo un pausa mirándola mientras cruzaba sus brazos sobre el pecho.- Espero que al menos dicha compañía sea para algo productivo. No me moleste más de lo necesario, no sea impertinente, haga lo que yo le diga y procure evitar sus alardes de heroína conmigo.- Escupió con asco. Hermione asintió sin más, aunque en su foro interno estaba deseando soltarle cuatro cosas.- La directora cree conveniente que esta es la mejor selección de asignaturas para usted… No obstante, yo opino que para dedicarse a esto hace falta más que tener la nariz metida en los libros. Hace falta talento e instinto, y dudo mucho que usted posea tales características.- Masculló son burla.
-No me juzgue antes de empezar.
-No me interrumpa insufrible sabelotodo.- Ordenó con odio.- Sus tonterías de Gryffindor no le valdrán este año. Más le vale demostrar lo que es capaz de hacer o no tendré el menor inconveniente en suspenderla.- Siseó lentamente mientras la miraba con molestia. Como si realmente la presencia de aquella muchacha le incomodase.- ¿Me he explicado con suficiente claridad?
-Como el agua.- Respondió la bruja con cierto tono altanero. Ah no, por eso no iba a pasar. No iba a dejar que ese hombre le amargase aquel último año en Hogwarts; no lo iba a permitir.
-Bien, no entiendo como tengo que ser yo el tutor de una Gryffindor.- Espetó.- Pero si así lo ordena la directora así se hará. Los lunes a primera hora y los viernes a última hora tiene tutoría- Explicó con desdén.- Si por mí fuera obviaría estas horas y su contenido. Pero la directora ha insistido en que deben impartirse correctamente.- Comentó lentamente, muy lentamente. Oírlo hablar era como una constante agonía.- Por lo que usaremos el lunes para programar el contenido lectivo de la semana, y los viernes para analizar los resultados. ¿Tiene algo que decir?
Hermione asintió lentamente.
-Como no.- Espetó mordaz.
-En mi horario no se especifica que clases son con los de séptimo.
Snape bufó molesto y miró ligeramente los informes que tenía sobre la mesa. Movió la mano y un pergamino voló directamente a la mano de la joven.
-Herbología, encantamientos y pociones de séptimo.- Habló la joven leyendo mas. Frunció el ceño.- No entiendo las demás anotaciones.- Bufó molesta consigo misma mientras se mordía el labio. Snape le arrebató el pergamino y le echo un rápido vistazo para después devolvérselo con brusquedad.
- Pociones aplicadas a la medimagia son clases individuales enfocadas solo en usted. Cuidado de criaturas mágicas y pociones avanzadas será mixto. Puede que algunas clases sean individuales. – Masculló sin mucho interés.- En cuanto a defensa contra las artes oscuras tiene dos módulos. Avanzado, y el especializado. El avanzado se cursará con el resto de sus compañeros. El especializado será individualizado, los viernes a primera hora.
- ¿Con el profesor Aberforth?-Preguntó la bruja.
- Dumbledore para usted Granger y ¿a caso conoce algún otro profesor de defensa en este colegio?- Inquirió con una ceja alzada.
-Pensé que quizás usted…
-¿No tengo suficiente con aguantarla ya todas esas horas?- Soltó con molestia.- ¿Algo más?- Aunque era una pregunta retórica, porque en realidad no le estaba dando margen a la duda.-Bien el horario de tarde como asistente es a partir de las 3, sea puntual.- Snape alzó un brazo y la puerta del despacho se abrió de golpe.- Cierre al salir.
.-.-.-.-.-.-.
Se levantó temprano aquella mañana de martes, era su segundo día de clases y se veía con ganas de empezar aquella aventura, bueno… Con ganas en lo que respetaba al estudio, no en lo referente a pasar toda su existencia, (o casi toda) con ese hombre.
Se colocó su uniforme, se acercó al baño y se miró en el espejo. Su vista viajó rápidamente a su mano derecha, justo en la muñeca, donde unas cicatrices rectas y paralelas le recordaban permanentemente lo que había hecho. Llevó un dedo a una de ellas, pero antes de tocarla lo retiró cómo si fuera algo vergonzoso. Cogió rápidamente su muñequera de cuero con dos trabillas y se la colocó asegurándose estuviera en su sitio. Aún así trató de bajar la camisa todo lo posible para ocultarlo.
Había intentado ocultar las cicatrices con magia, con pociones y ungüentos, pero no había habido suerte, incluso había probado algo tan absurdo cómo hacerse un tatuaje muggle, cualquier cosa con tal de taparlo. Pero la tinta desaparecía lentamente de su piel con el paso de los días, cómo si su piel la rechazara.
Lo único que funcionaba era algo tan absurdo y sencillo cómo taparlo con una muñequera. Era la única forma de ocultarlo. Había tenido que decidir entre sí tapaba sólo su muñeca derecha, o si lo hacía también con aquella horrible palabra que traía marcada a cuchillo en la piel de su antebrazo izquierdo.
Pero si tapaba ambos, las que la conocían preguntarían porque estaba tapado su antebrazo si ya conocían la historia, y si preguntaban por ello, podían intuir que lo que la bruja traía en la muñeca era también para esconder algo. Lo sabía, era complicado.
Así que había preferido lidiar con la marca que Bellatrix Lestrange le había hecho en el brazo, acostumbrarse a no sentir repulsión y rabia al verlo o a que la gente preguntara por ello. Lo prefería mil veces antes que tener que explicarle a la gente que era lo que ocultaba en su muñeca derecha y porque.
Desayunó tranquilamente con sus compañeras. Más que desayunar había picoteado algo frugalmente mientras estaba completamente absorta, ni si quiera sabía si lo que había en su taza era té, café o zumo de calabaza.
-Pareces distante.- Comentó Ginny.- ¿Es por Sirius?
-No.- Dijo Luna risueña.- Es por el profesor Snape. ¿A que si?
Hermione abrió los ojos con sorpresa, estaba claro que su comentario había dado en el clavo obligándola a salir de su mundo.
-No te preocupes, es un gran profesor, desagradable.- Puntualizó Ginny.- Pero buen profesor.- Aseguró tratando de reconfortar a su amiga, pensando; que la razón de sus preocupaciones se basaban en tener que pasar tanto tiempo en el aula con el adusto y mordaz profesor Snape. Lo que Ginny no podía intuir era la razón verdadera de sus preocupaciones, y esa verdad incluía el brazalete de cuero que siempre cubría estratégicamente la parte interior de su muñeca.
-Me voy a clase.- Dijo sin más, les obsequió con su mejor sonrisa, aunque para ello había tenido que tirar de sus dotes de actriz.
.-.-.-.-.-.-.-.-
-¿Te veo luego?- Preguntó el joven con una amplia sonrisa en los labios.
-¿Qué?- Respondió confusa.
-En la comida…- Recordó.- ¿Te veo en la comida?
-Si, Neville.- Comentó volviendo de donde quisiera que estaba.- Te veo en la comida.- Le sonrió.
Con gran pesar y nerviosismo se dirigió con paso tranquila al aula de pociones. Tenía su primera clase de pociones avanzadas con Snape.
Llegó antes de lo previsto y esperó paciente frente al aula a que sus compañeros de la clase anterior salieran.
Se enderezó cuando vio a Snape salir del aula a toda velocidad, cerrando la puerta de esta con un rápido y furioso toque de varita. Vio cómo se alejaba por el pasillo de las mazmorras. ¿A caso se había olvidado de que tenía clase con ella? Lo observó irse con aquel aire altivo, haciendo ondear su capa tras de sí.
-¿Va a seguir mirándome cómo una pasmarote?- Le gritó desde la otra punta.- Sígame.- Ordenó impaciente mientras giraba por la esquina del corredor desapareciendo de la vista de la joven. Hermione tardó unos segundo en reaccionar y seguirlo, aunque para ello tuvo que acelerar el paso hasta tener que correr tras él para alcanzarlo.
Lo vio meterse en una puerta apartada, pequeña y destartalada. La castaña se detuvo frente a ella resollando, pensando seriamente si debía entrar.
-¿Acaso espera una invitación?- Escupió molesto. Hermione entró rápidamente nerviosa y un poco asustada.
-¿Dónde estamos?- Preguntó curiosa mirando a su alrededor.
-En Honeydukes.- Siseó con ironía.- ¿A usted que le parece?- Susurró. Pero Hermione se quedó callada, observando aquella aula vieja y medio abandonada. Era una versión pequeña del aula de pociones, había un par de mesas de trabajo una al lado de la otra, un par de escritorios contra la pared del fondo, algunos gabinetes con tarros llenos de polvo y estanterías con libros viejos.
-Es un laboratorio de pociones.- Respondió al fin. La mirada de disgusto de Snape le hizo arrepentirse de haberle contestado.
-Es el viejo anexo.- Explicó sin mucho interés.- Se solía usar para clases pequeñas o grupos de estudio.- Sus palabras sonaba distantes y molestas. Parecía que dirigirse a ella de cualquiera de las formas lo asqueaba en sobre manera, pero lo hacía cómo quien se tragaba una poción que no le gustaba pero lo obligaban a ello.- En pociones avanzadas realizará pociones de larga preparación, horas, días o incluso semanas.- Aclaró.- El aula principal tiene un movimiento de mocosos demasiado elevado para tales fines. Esta será su clase a partir de ahora. La puerta del fondo conduce a un pasillo que lo conecta directamente a mi despacho.- Informó lentamente.- Sólo usted y yo tenemos acceso a esta aula. ¿Entendido?
Hermione asintió conforme. Aunque no estuviera conforme era lo que había, no es cómo si pudiera negarse.
-Ya hemos perdido el suficiente tiempo con tonterías. Saque el libro.- Ordenó.- Pagina 157.- Susurró lentamente. La bruja obedeció sin rechistar. Se sentó en la mesa y rápidamente buscó la página pasando aquellas hojas de pergamino amarillentas.- ¿Lo tiene?- Preguntó impaciente. La bruja se limitó a asentir mientras leía ávidamente las instrucciones para aquella poción.- Ahora cierre el libro, quémelo y olvídese de él en todo el curso.- Anunció entrecerrando los ojos. La mandíbula de la bruja se desencajó. Cerró lentamente la cubierta desgastada del libro, pero lo mantuvo cerca de ella.- ¿No me ha oído?- Espetó.
-Perfectamente.- Asintió.- Pero no lo voy a quemar, sólo los nazis o un bárbaro desalmado harían eso con un libro.- Se defendió levantando el mentón con decisión y firmeza. Snape bufó, pero no dijo nada más. Movió la mano y el ejemplar voló hasta colocarse de forma brusca en una de las estanterías, haciendo que una nube de polvo se dispersase en el aire.
-Empezaría con una poción multijugos, pero creo que usted sabe de sobra cómo elaborarla.- Echó en cara arrastrando las palabras. La cara de Hermione se volvió roja y la ocultó agachando su rostro levemente. – Así que haremos la poción matalobos.- Snape giró sobre sus pasos. Alzó la mano y con su varita comenzó a escribir algo en la pizarra. Hermione se apresuró en apuntarlo todo, no quería perderse nada. La poción matalobos era una poción muy importante y aunque su animadversión por ese hombre era más que notoria, se sentía un privilegia porque Severus Snape fuese a enseñársela. -¿Qué hace?- Le espetó furioso.
-Apuntar las instrucciones.- Respondió confusa. Snape movió su varita y el papel se hizo cenizas.- ¿Cómo voy a hacerla si no apunto las instrucciones?- Se quejó.
-De eso se trata señorita Granger.- Masculló un cierto aire de diversión perversa.- Voy a apuntar lo básico y el resto deberá aprenderlo por usted misma, sin libros, sin instrucciones.- Ordenó.- Así se dará cuenta de que para hacer pociones hace falta algo más que leer libros y tener las narices metida en la biblioteca, insufrible sabelotodo.- La insultó con desprecio.- Comience.
Hermione estaba enfadada (con él, por supuesto, por su insulto) y nerviosa y preocupada porque la poción matalobos era complicada, y podía resultar inestable y letal elaborada de forma incorrecta. No sabía si quería tanta responsabilidad, no al menos el segundo día de clase. Quiso negarse, de verdad que quería. Pero la inquisidora mirada del Slytherin se le clavaba en la nuca cómo si fueran dagas afiladas. No estaba de humor para tener que enfrentarse a él nada más empezar.
En silencio, y mordiéndose el labio, se empezó a mover por el aula, organizándose y preparándose.
Tardó pocos minutos en comenzar la elaboración, los gases que los efluvios del caldero emitían habían hecho que sus pelos se esponjaran y encresparan cómo si hubiera tocado algo con electricidad estática.
El líquido empezó a espesarse, a burbujear en pequeñas explosiones de aquel líquido que se estaba empezando poner viscoso y de color verde.
Hermione buscó la ayuda del profesor con los ojos. Pero este sólo estaba sentado tras su escritorio, con los brazos cruzados y la mirada impasible.
-Lo está haciendo mal.- Siseó sin más.
-Lo sé.- Se quejó avergonzada.- Pero con tan pocas instrucciones…
La bruja añadió unas gotas de plata, el caldero vibró violentamente y explotó.
-No se olvide recoger el desastre antes de irse.- Ordenó.-Y yo que usted me daba prisa antes de que eso se endurezca.- Sugirió indiferente mientras le daba la espalda y desaparecía.
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Hermione bufó molesta, indignada y muy arrepentida de haberle salvado la vida a ese ser mezquino y cruel. No importaba lo que había sentido o sentía por la madre de Lily. Ningún amor de ese hombre le haría verlo de otra forma.
Entró en la sala común maldiciendo.
-¿Te has bañado en moco de trol Granger?- Soltó Malfoy jocoso mientras se reía. Una de las lámparas voló hacia la cabeza del rubio con fuerza pero éste la esquivó mientras la tulipa se hacía añicos contra la pared. Draco se rió aun mas fuerte mientras salía corriendo de la sala. Miró de soslayo a Ginny y Luna que se encontraban sentadas tranquilamente en la mesa.
-Ni una palabra.- Advirtió la bruja antes de intentar subir escaleras arriba no sin antes resbalar con sus propios pies por aquellas suelas que ahora estaban pegajosas y cubiertas de aquella sustancia viscosa.- ¡Ni una palabra!
Caminó a trompicones hasta que sus manos tropezaron con el pomo de la puerta del baño. Aquella sustancia estaba por todo su cuerpo, su ropa, su pelo, y se estaba metiendo en sus ojos, picándole y haciéndola resoplar. Dio un grito de frustración.
Odiaba a Severus Snape.
Alzó su varita pero tenía las manos tan viscosas que esta le resbaló de sus dedos.
-¡Te odio!
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.-.-.-.-.-.- Fin del capítulo.-.-.-.-.-.-.
Pues nada, aquí el resultado de un Fic mas. Una historia que fue la seleccionada de un par de ideas por las chicas de la página de SSHG y que llevaba en mi ordenador desde hace por lo menos tres años a la espera de ver la luz del día.
Un proyecto diferente, pues no es un Sevmione al uso, los protagonistas son Severus, Hermione y Sirius (por si no lo habíais adivinado aún). Por supuesto, al final no deja de ser un Sevmione. Pero con el personaje de Sirius muy, muy (Muy ;) ) marcado.
Espero que os guste esta aventura divertida y romántica.
El Fic no está completo, así que iré actualizando según vaya teniendo la historia y según se vayan desarrollando los hechos.
Un saludo de Cloe.
