El carisma de la tempestad
...Los solemnes templos, el inmenso mundo mismo,
Sí, todo lo que este hereda, se disolverá
Y, así como se desvaneció este insustancial espectáculo,
No dejará ruinas por detrás. Somos de la misma
sustancia que los sueños y nuestra breve vida
culmina en un dormir...
William Shakespeare
—Maestro, sé que es decisión de usted pero...Si quiere ver este archivo, no será una pérdida de tiempo.
—Uhm, ¿Hajime Hazuki?
—¿Lo recuerda?
—Entrenaba con el Escuadrón de Arima, sus padres eran doctores, está menos loco que el resto de los Oggai. Diría que si el cerebro de los demás es puré, el de él...veneno.
Aura sonrió. Sus ojos brillaban bajo el flequillo pegado a ellos. Tooru pensó que casi era atractivo o que algún día lo sería.
—Qué bueno que lo haya notado. Como sabrá, él es distinto. Su rendimiento es mucho mejor que el de la media de los Oggai. Y debo decir que es...¿Cómo expresarme?
Tooru hizo una mueca, ya algo impaciente.
—¿Malvado?
—...Lindo. ¿Sabe? Él es...lindo. Si me sigue por los espejos de vigilancia, podrá verlo entrenar.
Tooru no tenía nada mejor que hacer. Le dolía la cabeza. Tenía que elegir un comandante y todos esos niños estaban jodidos.
El único consuelo que tal vez tenían, era el de morir pronto. Promesa incumplida para ella.
Como mínimo debía encontrar y satisfacer a Sasaki antes.
—Solo mírelo, Maestro...
—Si...lo veo.
Estaba paralizada, no podía dejar de observar al chico. Sus dientes blancos, como de demonio. Sus risas salpicadas de ironía, su canto "Bajo la lluvia", sus movimientos para asesinar ghouls, cómo abría las visceras de los prisioneros que le habían entregado para practicar.
Parecía saberse observado. Saludó al espejo que Tooru miraba. Era difícil no solo...corresponder el saludo.
—¿Inicio el papeleo e informe a Washuu?
—Si.
—¿Arreglo una entrevista con Hajime?
—No aún. Primero hazle saber sobre su nuevo rango. Discretamente. Hay algo que necesito que haga. Si regresa, haremos una ceremonia oficial.
—Entendido.
Hajime, como si los escuchara, siguió el gesto de quien saluda hacia el espejo falso desde el que Tooru lo miraba. El niño dijo tener hambre. Se echó a reír.
—Solo aliméntate del ghoul que has asesinado. Es natural, es simple, económico y ecológico. Separa el material para quinque como en los videos instructivos —le indicó Mutsuki, por el comunicador.
—¡Si, señora! —se carcajeó él.
Carisma. Un líder necesitaba eso. Haise...Ken Kaneki, lo tenía, ¿no? Más que Urie. No tienen tanta importancia los conocimientos, ni siquiera el talento, como decía (a modo de queja) Urie.
Una capacidad para elaborar una mentira bella, una boca con todos los dientes, juventud, piel suave. Si...Hajime sería amado y seguido.
Por los nuevos Quinx, los soldados Oggai. Y por los ghouls idiotas que seguían a Haise hacia la perdición.
Porque nadie entendía a Haise como Tooru. Nadie lo amaría como ella. Nadie...lo necesitaba tanto como para lisiarlo e incluso matarlo de no conseguirlo.
A nadie Haise había visto de verdad, porque no había secretos tan dolorosos como los de Tooru.
¿Verdad?
Ser bello era dolor. Mutsuki se esforzó en no serlo pero aún amaba las cosas hermosas y a Haise Sasaki en sus recuerdos.
El Rey.
Finalmente, para el niño Hazuki habría penurias. Tooru preparó los implantes de espionaje y solicitó un anestésico especial a Shiba.
—¿Te gustaba ir al dentista? Esto será parecido —le advirtió al prodigio más tarde.
Él solo rió más.
—Me gusta ver los videos de Ken Kaneki, su rebelión como Cienpiés...es tan fuerte. Su cuerpo se parece al mío, también somos delgados pero...¡Cuidado! ¿No?
Hajime pegó patadas al aire, Mutsuki le sonrió más. Aura era inteligente, después de todo, hizo una buena elección.
—Perforarán tu lengua, debes dejar que lo hagan.
—¡Bien!
—Y mañana te irás. Te dejarán en medio de un operativo. Así que métete en tu papel de ghoul huérfano.
—¡Me gusta ese! ¿Crees que pueda masacrar a otros niños ghoul? ¡Sería muy fácil! Así no matarán a nadie más porque serán exterminados antes de llegar a adultos.
Lucía tan feliz. Ni siquiera a Tooru le entusiasmaba en ese nivel la matanza por la matanza en sí.
Incluso envidió al niño.
Hajime no tenía una familia de mierda que lo lastimara. Podía morir en batalla como un adulto. Pero, ¡hey! Era mejor que sufrir una violación. Tooru le permitía navegar en internet, jugar y leer lo que quisiera.
También al resto del Oggai, desde luego, pero el cerebro de los demás estaba tan aplastado que a penas y podían seguir órdenes básicas...y llorar por sus muertos.
Patéticos.
Despertó de la anestesia más rápido de lo habitual. Sanaba de inmediato. Incluso para los Oggai. Podía hablar con normalidad, el chip ni se notaba en su lengua.
Dijo que tenía hambre, exigió su cena y Tooru hizo lo que pudo para cumplirle.
—¿Le gusta "Cantando bajo la lluvia", señora?
—Soy hombre, ¿sabes?
—¿Lo es? Porque huele como mi mamá. Los demás dicen que así huelen las mujeres. Pero a mi no me interesa violar ni comerme a ninguna.
—Qué bueno.
—Tal vez solo extraño a mi mamá. Pero usted no se parece a ella.
—No soy tu madre ni tu padre, de hecho.
—El señor Washuu dice que él es nuestro papá. Y que nuestra madre es...un secreto. Pensé que a lo mejor era usted, qué tonto, ¿no?
—Si, eres tonto. Soy un hombre.
—¿Y le gusta "Cantando bajo la lluvia", señor?
—¿El musical? Conocí a un gran hombre, llamado Haise Sasaki. Le gustaban los musicales...y vestir de mujer. A veces.
—¿No es un alias de Ken Kaneki, cuando fue espía en el CCG?
—Lo es, queridito.
—¿Usted es espía también, Mutsuki?
—Muchas preguntas.
El chico se frotó la nuca con sus manos manchadas en los restos que le daban para comer. Amplió su sonrisa de colegial.
—No me importaría que lo fuera. Tengo que seguir sus órdenes, de todos modos. Es el deseo de papá.
—¿Tu papá, el médico?
—Washuu, mi nuevo papá. El que está vivo...
—Ah...
—Pero no me gustan los musicales.
—¿Y de dónde te gusta la canción?
El chico se carcajeó.
—¡La naranja mecánica! Mi nuevo papá dice que es una obra de arte y que todos tenemos que ser como Alex para ganarnos su amor.
—¿Furuta les dijo que tomen leche y golpeen a la gente con bastones? Qué genial consejo. Ahora...guarda esto. El operativo es en unas horas. Debes tener esta carta contigo.
—¿Es una confesión de amor para Ken Kaneki?
—Es tu misión.
—¡Si! Voy a morir en el nombre del amor entre espías y traidores. ¡Qué absurdo! A papá le gustará. A mi no me importa...mientras que pueda matar muchos ghouls.
—Te prometo todas las cabezas de ghouls y traidores que quieras y puedas cargar.
—El Señor Mutsuki sabe qué nos gusta a los niños, ¿eh?
—Andando. De una vez.
—¿Por qué?
—¿Por qué qué?
—¿Por qué arriesgarse por Kaneki Ken? Digo...podría usted fingir y estar aquí. No tiene que buscarlo. Ya finge ser otras cosas, ¿no?
Los dientes de Mutsuki rechinaron. Pero ya no iba a mentir.
—Por amor, como tú dices.
—¿Ken Kaneki lo ama a usted, señor?
—Haise Sasaki...él no sabe que lo hace. No aún. Pero lo sabrá. Entenderá que esa mujer con la que está, no le sirve. Y yo...yo sí.
—Pero usted dijo que no era mujer.
—¡Puedo serlo! Si él quiere que lo sea.
—¿Ser hombre o mujer es cuestión de desearlo?
—¡Tienes que irte ahora!
—¡Bien! Es solo que...si él lo amara a usted, ¿no se lo habría llevado? A su escondite.
—Cuando le pruebe mi valía y él vea que renuncio a todo por su causa...
—¿Huirá con él? ¿Para eso mi misión?
Tooru se permitió acariciarle el cabello al huérfano.
—Lo mataré. No entender que era yo...yo y no ella...es una falta grave, ¿sabes?
A Hajime le gustó esa respuesta, aparentemente. Soltó una carcajada y se acomodó la carta entre la ropa, con aire decisivo.
—¡Así que solo causaré más penurias a los ghouls y su Rey! Eso me gusta...Ya no me importa para nada si usted es espía o no, Mutsuki.
Cuando llegó el momento, se despidieron con un apretón de manos, Tooru no podía creer lo denso que había sido tratar con el preadolescente. Los prodigios podían ser muy molestos. Eso Mutsuki lo sabía, aunque nunca fue uno.
Vio al pequeño alejarse corriendo y saltando entre un gentío. Creyó que de nuevo interpretaba su canción.
Mutsuki pensó en el destino que le aguardaba, probablemente, a Hajime, pero no pudo sentir culpa. No la suficiente.
Niños como ese estallaban en la calle como bombas con su potencial e inteligencia aguda. Antes o después, nunca se salvaban.
Al menos ese se iría cantando (bajo la lluvia).
—Maestro, ¿está llorando?
Shinsanpei Aura cubrió a Tooru con un paraguas. Una repentina tempestad había oscurecido el cielo gris.
—Solo es mal tiempo, Aura...Regresemos. Hay que esperar y prepararse.
