Disclairme: Detective Conan y Magic Kaito pertenecen a Gosho Aoyama.

One-Shot

Estaba jodido.

Esas fueron las palabras que Guerra y Tiempo le dijeron lo cual era un eufemismo para todo este asunto.

Él, el dios del conocimiento mejor conocido entre sus compañeros como Shinichi se había enamorado, lo cual en primer lugar fue realmente asombroso, siendo que prefería pasar la mayoría del tiempo leyendo, en segundo lugar era saber que no se había enamorado de Ran su mejor amiga y diosa del amor, en tercer lugar fue descubrir que se trataba de Kaito el dios de la muerte.

Nadie podía creer tal revelación, desde que ellos se asentaron como dioses, Kaito mantuvo su distancia, solo Aoko la diosa de la vida era quien se mantenía a su lado a pesar de ser opuestos. Lo cual también les causaba curiosidad, como era posible que ella pudiera estar al lado del dios que arrebataba la vida de toda creación suya.

Shinichi en una ocasión sin poder detener su curiosidad cuestiono a la diosa, la cual solo le regalo una sonrisa y le dijo que solo entendería si lo veía con sus propios ojos. Aquello solo genero confusión pero viendo que Aoko no le diría nada decidió no ahondar en el tema, centrándose en sus libros.

No fue hasta varios siglos después que lo entendió, fue en ese momento en donde su curiosidad salió a flote nuevamente y empezó a observar a Kaito, el cómo paso de simplemente observarlo a enamorarse del dios, era una pregunta a la cual no tenía respuesta.

Si bien era cierto que Kaito mantenía su distancia, en las últimas décadas había empezado a convivir más con los otros dioses, Shinichi agradecía ese cambio, ya que logro conocer más a su compañero sin sentirse un acosador, aun recordaba cuando la diosa de la salud lo sorprendió escondido mientras observaba a Kaito conversar con Vanidad y Fortuna. Fue el momento más vergonzoso de su larga vida y que claramente Shiho no permitiría que olvidara.

Pero como habían dicho Heiji (Guerra) y Saguru (Tiempo) estaba jodido.

–¿Estas bien? –Shinichi quien se había encerrado en su biblioteca por casi una semana, no pudo evitar saltar del susto al ver a Kaito, quien le miraba con preocupación.

A pesar de lo que los humanos pensaran, Kaito no tenía cabello u ojos negros, en realidad su cabello era de color castaño y sus ojos eran color índigo (aunque el pensaban que tenían el mismo tono de ojos, Sonoko había dicho que los suyos eran cobalto), tampoco vestía de negro en realidad todos los dioses usaban los atuendos que vanidad les proporcionaba, adoraba vestirlos y experimentar con ellos. Odiaba cuando Sonoko le ponía algún atuendo ridículo pero no podía negar que los atuendos que escogía para Kaito eran geniales.

–¿Shinichi me estas escuchando?

–Lo siento Kai –respondió algo ruborizado mientras trataba de no avergonzarse más por observar tan descaradamente la figura de su acompañante–. ¿Qué me decías?

–¿Enserio estas bien? Te he notado distraído últimamente.

Shinichi se maldijo por hacer que Kaito se preocupara, odiaba poner ese tipo de expresiones en él.

–No es nada, tan solo he tenido algo en la mente desde hace algún tiempo.

–¿Es aquel problema del que todos hablan? –Pregunto Kaito con evidente curiosidad.

La pregunta atrajo por completo la atención de Shinichi, porque era claro que los otros habían empezado a murmurar sobre su enamoramiento, pero que lo denominaran problema era algo ofensivo, o más bien le molestaba que lo dijeran de esa manera para que Kaito no se enterara.

–¿Qué es lo que han dicho exactamente?

–Akako dijo que las estrellas habían predicho el resultado, Kazuha, Ran y Aoko decían algo sobre animarte, Heiji murmuraba cosas, Sonoko y Shiho solo sonreían de manera algo espeluznante y Saguru dijo que tenías 20 años, 8 meses, 3 semanas, 4 días y 6 horas sin tener el valor de hacerlo.

Era un hecho, Shinichi los mataría a todos ellos y después podría morir de vergüenza. Aunque ahora que se detenía a pensar, las palabras de Destino le dieron un poco de esperanza, si bien no estaba muy cómodo al saber que todo estaba fijado por las estrellas, admitía que en esta situación era un poco reconfortante.

–Descuida, es algo que pronto solucionare –respondió con una sonrisa forzada, si Kaito se dio cuenta de ello, no lo dijo y decidió cambiar el tema.

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Después de aquella conversación con Kaito habían transcurrido dos meses, aunque si le preguntabas a Tiempo el respondería con 20 años, 10 meses, 2 semanas, 3 días, 12 horas con 18 minutos y 45 segundos. En donde su falta de cobardía no permitía confesar sus sentimientos.

Había reunido a sus compañeros después de asegurarse de que Kaito había salido para recolectar unas almas, y después de tener una agradable conversación con sus compañeros tenía en claro dos cosas.

La primera era que todos estaban lo suficientemente aburridos como para haberse interesado en su vida sentimental y la segunda que Kaito podría corresponder a sus sentimientos. Las palabras de Aoko y Ran fueron lo que le dieron la confianza de intentar confesarse a Kaito pero decidió ignorar los planes que sus compañeros empezaron a mencionar.

Era lo mejor por su salud mental.

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Estaba nervioso, había invitado a Kaito a ver los cerezos y este había aceptado alegremente, así que ahora lo esperaba algo impaciente.

–¡Shinichi!

El grito de Kaito atrajo su atención y ni siquiera pudo decir alguna queja solo para fastidiarlo porque el atuendo que llevaba en ese instante lo hacía lucir endemoniadamente guapo.

–Lamento el retraso pero Sonoko me mantuvo atrapado hasta que aprobó lo que llevaba.

No pudo evitar sonrojarse, admitía que en esta ocasión Sonoko realmente se había lucido. Le regalo una sonrisa a Kaito, para guiarlo al lugar donde verían los cerezos. El camino fue tranquilo pero no silencioso, Shinichi le relataba a Kaito sobre la ocasión en la que Shiho había hecho un vino experimental dejando a Heiji y Saguru quienes aparentemente estaban borrachos y teniendo un debate sobre los gatos.

Que se volvió algo sumamente extraño cuando empezaron a decir que Kazuha y Aoko se verían lindas con orejas y cola de gatos, haciendo que esa discusión terminara con ellos noqueados por dichas diosas.

Fue uno de los momentos más vergonzosos que había presenciado pero que en ese momento creía que valió la pena, ya que Kaito no paraba de reír.

–En verdad te envidio Shinichi, tuviste suerte de presenciar todo eso –Kaito había dejado de reírse pero aún se notaba que estaba divertido por la historia.

–Supongo –Dijo al dubitativo.

–Aunque supongo que todo eso sucedió en el tiempo en que prefería estar solo –expreso con algo de nostalgia mirando a las estrellas.

Shinichi no había querido decirlo pero era cierto, Kaito anteriormente era distante y siempre mantenía una expresión seria y algo triste, hasta que un día empezó a entablar conversación con los demás, nadie supo a que se debió el cambio pero lo que haya sido lo agradecían, ya que a pesar de sus diferencias y del rol que ejercían todos apreciaban al dios de la muerte.

–No te sientas mal, esa fue mi elección.

–Lo sé pero me alegro que hayas podido cambiar de idea.

–En realidad fue un humano el que me hizo reconsiderarlo –Menciono mientras la sonrisa regresaba a su rostro.

Shinichi se mantuvo en silencio mientras apreciaba a su acompañante, ver su sonrisa, sus ojos que parecían resplandecer, era magnifico. Su caminata no duro más, cuando llegaron a su destino. Kaito se había mostrado sorprendió ante el paisaje que veía.

Los cerezos tenían un precioso resplandor, y junto con el paisaje nocturno hacía de esa escena algo sumamente hermoso, las lágrimas que el dios derramo fue algo sorpresivo para Shinichi y estaba empezando a temer que se había equivocado.

–Es maravilloso –susurro mientras se limpiaba las lágrimas–. Gracias por mostrármelas Shinichi.

–Kaito… –titubeo para lo que iba a decir pero trato de no acobardarse–. Te traje aquí para decirte que tu… que yo estoy enamorado de ti.

Kaito no dijo nada, sin embargo no pudo ocultar su expresión de sorpresa y también el lindo sonrojo que estaba apareciendo en su rostro.

–Sé que es difícil de creerlo pero he estado por un largo tiempo enamorado y yo solo quería decírtelo… –No continúo con su discurso, ya que Kaito le estaba besando.

Solo fue un toque de labios, pero eso basto para acelerar el corazón de Shinichi.

–Yo también estoy enamorado de ti, Shinichi –Respondió Kaito después de aquel beso.

Ninguno dijo algo más, sabían que en ese momento las palabras sobraban, ambos se tomaron de la mano, y dirigieron su mirada a los cerezos.

Disfrutando de la vista en compañía de su ser amado.

FIN.