Sirius estaba acostado en la cama viendo aquellos y hermosos ojos que solo expresaban lujuria y deseo. Casi podía sentir como se lo comían con esa mirada, pero ya estaba acostumbrado. Sabía que significaba aquello que lo miraba fijamente y que era acompañada con una sonrisa traviesa, que se veía casi inocente en la persona arriba suyo pero él sabía que de inocente no tenía nada, al menos no estando en la cama.
Podía sentir su aliento chocar contra su boca y el tirón de su pantalón. Sirius no podía soportar estar más tiempo en aquella pocicion sin que el castaño encima suyo no hiciese nada. Torturandolo. Lo odiaba y lo amaba con la misma intensidad, pero era porque ellos no eran normales, su relación no era como las demás, aquello no había empezado como lo hacían las relaciones normales. Porque solos ellos sabían que no habían necesitado aclarar algo para saber que su relación era más que una amistad.
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Todo había empezado con un pelinegro preocupado por su amigo, y esa noche este sabía que faltaba un día para la luna llena y que Remus solía aislarse durante esos días, bueno, durante esas noches.
Usualmente cuando Moony no bajaba a cenar un par de días antes de la transformación, Sirius tomaba cualquier postre de chocolate, subía a la torre, entraba a su habitación, acomodaba los libros de su Moony, dejando el libro que leía en ese momento sobre la cama del castaño. Luego esperaba unos minutos a que su amigo saliera del baño, no sabía porque se encerraba ahí, seguramente era el temor a la nueva luna llena o tomaba una ducha aunque el ojigris no escuchase el sonido de la ducha, pero lo sabía porque Remus salía con el cabello mojado y para Sirius eso era muy tierno. Ah, y Sirius odiaba a la luna, porque cuando la maldita estaba en su fase de "hago lo que quiero y seré una malditamente deslumbrante luna llena", hacia que el ojimiel sufriera, por eso durante el año el año pasado hizo que sus amigos y él se convirtieran en animagos para acompañar al lobito.
Cuando Moony salía del baño, Sirius se abalanzaba a abrazarlo, sabía que el chico nesesitaria todo el cariño posible antes de la transformación. Luego ambos se acurrucaban en la cama de Moony y este tomaba el libro dejado en su cama para empezar a leer. Aveces Sirius le pedía a su amigo que leyese en voz alta, no le gustaban los temas de los libros ni los entendía pero amaba esa suave y tranquilizadora voz. Haría cualquier cosa por escucharla.
Ya llegada la noche, ambos junto a los otros dos de sus amigos, conversaban sobre el día y planeaban su próxima expedición al bloque prohibido en sus formas de animagos junto al lobo.
Pero esa vez, eso no sucedió así.
Sirius entro a la habitación y escucho el ruido de la ducha, pero no solo eso. Acaso eso eran ¿gemidos? No. Eran jadeos. Un momento, eran ambos. En ese instante el rostro de Sirius tomo un color rojo tomate.
Los sonidos provenían del baño, cerró a puerta de la habitación y a paso lento se acercó y pegó su oreja a la puerta del baño. Sabía que no debería estar haciendo eso, pero ahora por la culpa del maldito de Remus, Sirius tenía un gran gran problema en medio de sus pantalones. Necesitaba deshacerse de ello.
Lanzó un mufliatto a su alrededor y se sentó, con la espalda apoyada en la pared al lado de la puerta del baño. No debería hacer eso, pero esos gemidos lo habían prendido. Sabía que Moony estaba solo ahí, pues no se escuchaban gemidos o jadeos provenientes de otra persona y de alguna manera eso lo alivio.
Desabrocho su pantalón y con la imagen de Remus tocandose hizo lo mismo. Paso su mano por encima de sus bóxers para luego introducirla dentro de esta y rodear su miembro erecto con su mano. Empezó a jadear y a soltar gemidos al imaginar que era la mano de su amigo dentro del baño la que lo tocaba. Los gemidos y jadeos de Remus eran algo que admirar y Sirius se preguntaba que se sentiría escucharlo gemir en su oído.
Luego de varios minutos así, se corrió al escuchar como Remus gemía su nombre dentro del baño. No sabía si era su imaginación o si realmente había pasado, pero no le importo. Tanto así que sólo pudo pensar en lo que acaba de hacer mirando al techo de la habitación.
No se percató el momento en que la ducha dejó de sonar y mucho menos la manija del baño abriéndose.
Remus salió del baño y se inmutó al ver a su amigo con los pantalones desabrochados y con una de sus manos dentro de su ropa interior. Sirius dio un salto al ver al castaño frente a el mirando su rostro incómodamente. En un par de segundos ya estaba sentado en su cama con los pantalones bien abrochados y la tensión dentro de la habitación solo aumentó.
Remus no sabía que hacer al recordar que había olvidado lanzar el hechizo silenciador cuando entro al baño, nunca olvidaba ponerlo. Y toda esa situación llevo a que ambos chicos pasen minutos en silencio por lo que había sucedido. ¿Habría escuchado su nombre al llegar al orgasmo? Seguramente. Estupido Remus, reprendió su mente. Pero lo que no entendía era sobre que hacía el ojigris fuera del baño en una pose y con la respiración agitada como si hubiese estado haciendo lo mismo que Remus.
Esa noche no hubo abrazo.
Tampoco hubo una voz leyendo un libro.
Ni un adormilado Sirius apoyado en el hombro de su amigo.
Cuando James y Peter entraron a la habitación, no se percataron de la tensión dentro de esta y la ignoraron. James empezó a quejarse de que Peter hacía trampa jugando ajedrez y que solo necesitaba ganar una partida para sorprender a Evans. Mientras Peter se acostaba en su cama para contarles sobre aquella chica de Hufflepuff con la que había empezado a salir.
Tampoco se percataron que esa noche no hubieron planes para la expedición siguiente
Para la noche siguiente, Remus tuvo que crear una tonta excusa para pasar la transformación solo, ninguno estaba convencido y a decir verdad, Sirius no quería dejarlo solo. Pero Remus solo necesitaba tiempo para pensar y tranquilizar al lobo que amenazaba con transformarse antes de que llegase la noche.
A la mañana siguiente de la transformación, Sirius logro escabullirse a la enfermería y dejar unos chocolates para su amigo y luego ir hacia el comedor. El resto del día ninguno se dirigió la palabra.
Todo había cambiado y eso frustraba a Sirius. Estaba enojado consigo mismo por haberse dejado llevar por las malditas hormonas en aquel momento, y Remus no estaba mejor que el pelinegro.
Pasaron dos semanas sin hablar. James ignoro todo por estar más pendiente de Lily Evans. Peter por su parte notó que sus amigos dejaron de hablarse un par de semanas atrás, pero lo dejo pasar en inicio ya que esos siempre peleaban y solían dejar de hablar. Lo máximo habían sido 4 días, en tercer año.
—Prongs
—Mmm...
—Prongs
—Quiero dormir, es sábado.
—Luego sigues durmiendo, es importante.
—Bueno.— se sentó en su cama y buscó sus lentes para ver mejor a su amigo.
Hacía unos minutos Remus había salido a la biblioteca y Sirius se había metido a la ducha, demoraría alrededor de una hora en salir.
—Creo que Moony y Padfoot se Han peleado.
—Parecen un viejo matrimonio— respondió James de manera burlona
—Es cierto. Pero ya van dos semanas sin hablar. ¿Pads no the dicho algo?
—Nop, nada de nada.— dijo pensativo. —¡Tengo una idea!— Peter lo miro haciendo señas para que continuará —Encerrémoslos—
—¿Que?
—El lunes, finalizando clases, les decimos que queremos armar una broma en algún salón en desuso. Hacemos que ellos vayan y cuando los dos estén dentro... ¡BAM! Los encerramos. Estarán obligados a hablar.
—Gran idea— ambos intercambiaron miradas cómplices.
Para el lunes, los cuatro chicos habían acordado encontrarse en un salón en desuso del cuarto piso. Y a la hora acordada, un castaño se dirigió al lugar para encontrarse con el pelinegro, ambos estaban incómodos, esperando a sus otros amigos.
Los minutos pasaron y los idiotas de Prongs y Wormtail no aparecían. Remus estaba a punto de colapsar de la desesperacion. Un golpe fuerte lo sobresaltó.
La puerta estaba cerrada. Remus se acercó e intentaba abrirla mientras que el otro chico de la habitación solo lo observaba.
—Mierda, no se abre— dijo a regañadientes. Sirius pensó que era tierno.
—Intenta con un alohomora.
—No funciona— se volteó y miró a su amigo.
—¡NO SALDRÁN DE AHÍ HASTA QUE SE ARREGLEN!— gritaba una voz tras la puerta —¡SE DESPIDE EL COMANDANTE PRONGS!—
—¡ARRÉGLENSE!— ese era Peter. Malditos.
Remus tomó asiento en una de las sillas del aula y Sirius colgaba los pies desde el escritorio del profesor. Pasaron casi 20 minutos sin dirigirse la palabra.
—Remus
—Sirius— dijeron a la vez y ambos rieron por lo bajo.
Silencio
—Lo siento
— Umm.. ¿Porqué?
—No debi hacer eso sabiendo que cualquiera de ustedes podía entrar.— dijo con las mejillas sonrojadas. —No volverá a pasar—
—Moony— dijo suavemente —Yo debería pedirte perdón. Estuvo mal que me quedase ahí y luego... mmm.. hiciera ajá eso uuuh...—jugaba nerviosamente con sus manos.
—Mmm... ¿estamos bien entonces?
—Si.— tomó aire —Sabes que estoy para cualquier cosa que necesites ¿verdad?
—Sí. Y uh.. gracias...—miraba un punto fijo en el suelo.
—No agradezcas nada, somos amigos— dijo mirándole fijamente con una sonrisa tímida.
—Los chocolates— dijo devolviéndole la mirada— gracias.
—Idiota. Que no agradezcas.
—El idiota acá eres tú.— ambos suavizaron su mirada y rieron.
Pasaron varios minutos poniéndose al día sobre lo sucedido aquella semana mientras Remus avanzaba las tareas que llevaba en el bolso. No se percataron en el momento en el que ya habían pasado horas y ahora ambos reían como idiotas por las graciosas y nada combinables medias del director.
Pasaron otras horas más, ya era de noche y ellos no sabían. Sirius ahora se encontraba echado y durmiendo con la cabeza sobre el regazo de su amigo, Mientras que el castaño leía mientras comía una barra de chocolate.
Al día siguiente, por la mañana, la habitación de los merodeadores estaba muy tranquila. No había ningún Sirius chillando por no encontrar su zapato y despertando a James para que lo ayude. James decidió continuar durmiendo.
Una hora más tarde.
—Mierda, mierda, mierda...— repetía un chico de lentes mientras despertaba a su amigo.
—¿Llegaremos tarde?— pregunto adormilado
—Si
—Moony nos pasara las anotaciones de la primera clase. Déjame dormir— El azabache abrió los ojos como platos al recordar algo —Estás pálido—
—¡Moony! ¡Pads! ¡Aula en desuso!
Peter se levanto inmediatamente de la cama y ambos intentaron cambiarse como sea, terminaron con un zapato propio y otro del contrario pero no importó.
Corrieron hasta llegar al cuarto piso, con varias caídas incluidas. Una vez ahí, deshicieron el hechizo que evitaba que alguien abriese la puerta y entraron.
Remus estaba apoyado en el hombro de Sirius y este apoyado en un muro. Seguramente tendrían dolor de espalda el resto del día, pero no importaba. Ambos estaban durmiendo.
James acostumbrado a esas escenas, lanzo un aquamenti.
—Pero que Mierda— decía Sirius mientras intentaba sentarse bien.
—Malditos— murmuraba el castaño mientras se frotaba los ojos.
—¡Buenos días!— dijo un Prongs de manera animada mientras movía las manos —Emm.. ¡Llegaremos tarde!—
El de lentes tomo del brazo a su amigo que lo había acompañado e intento salir por la puerta. La puerta se cerró, voltearon, tragaron en seco y temieron por su vida.
Remus estaba frente a ellos mirándolos con una mirada de profunda molestia. Los chicos creyeron por un momento ver al lobo. Peter instintivamente tomó su forma animaga y escapó. Remus suspiro con molestia al verlo escapar, se dirigió a paso lento al otro chico.
—De esta no se salvan— dijo con filo. Luego tomó su bolso y salió del aula, haciendo que su magia fluya por esta.
Peter volvió a su forma humana.
—No hagan enojar al lobo, lo saben.— señaló Sirius entrecerrando los ojos —Pero gracias— suavizó su mirada.
—¿Nos dirás qué pasó?— Sirius solo negó con la cabeza y salió.
Las semanas siguientes continuaron con normalidad, después de que Remus ignorara a sus otros dos amigos por un día entero para luego disculparlos cuando le regalaron cajas de chocolate.
Faltaban dos días para la luna llena y Remus estaba desesperado, pero no quería repetir la situación de la otra vez. Su celo lo consumía y el lobo también, maldecía al lobo, al monstruo dentro de él. Quería llorar.
Sirius dudaba en si subir o no a la habitación. Al final fue. Una vez dentro vio a Remus con la mirada perdida y los ojos húmedos, sentado en su cama. Algo en su pecho dolió, no le gustaba verlo así.
Se acercó y lo abrazo. Escucho como su amigo lloraba y el intentaba consolarlo.
El lobo se tranquilizó con el tacto conocido, pero Remus no. A pesar, de haber hablado como si nada hubiera pasado luego de su reconciliación o lo que fuese. Remus se sentía intranquilo junto al pelinegro, le gustaba estar con el, pero le dolía saber que no lo tendría como el quería.
Remus había aceptado su estupido enamoramiento hacia su amigo dos años atrás. Pero el año pasado eso empeoró y lo único que quería hacer era tenerlo entre sus brazos, besarlo, y en las noches de celo, tenerlo bajo su merced, pidiendo por más. Se odiaba por eso, así que las pajas dentro del baño habían funcionado hasta aquella situación. Se sentía sucio. Era un monstruo.
—Remus— dijo suavemente el moreno y le tendió una barra de chocolate, para luego sentarse a su lado.
—Gracias— murmuró mientras tomaba el chocolate.
—Sé lo que estás pensando.— Remus se sobresalto. —No eres un monstruo. Te lo he dicho millones de veces. Eres la persona más asombrosa que he conocido y no me cansare de decirlo.—Remus se tranquilizó ante esas palabras y se apoyó en el hombro de su amigo.
Sirius sabía por lo que pasaba el castaño. Había ido a buscar más información sobre hombres lobos durante sus semanas peleados. Y lo entendió. Así que sutilmente le ofreció su ayuda. Sabía que su amigo solo sentía algo pasional y que era por su celo, sabía que el castaño no sentía lo mismo que el sentía por él. Pero no importo.
Amo a la luna por darle una oportunidad de estar más cerca al chico, pero también la odio por hacerlo sufrir tanto.
A la noche siguiente, Remus estaba demasiado inquieto. No podía dormir. Sentía que la erección que tenía en ese momento iba a explotar, pero no bajaba con nada. Una ducha fría no funcionó, una paja tampoco, pensar en alguna profesora vieja y desnuda tampoco porque al final termino pensando en Sirius con los pantalones desabrochados y tocándose como ese día. Intento alejar esos pensamientos. Todos ya estaban durmiendo y el tenía los ojos llorosos, dolia. Empezó a maldecir. Maldijo el momento en que fue mordido, maldijo el momento en que nació, maldijo el ser un monstruo, maldijo el momento en el que Sirius entro a la pubertad, maldijo a Sirius siendo demasiado atractivo, maldijo a Sirius que dormía en la cama de al lado. Se maldijo a sí mismo al levantarse de su cama, meterse a la de su amigo, cerrar las cortinas, sentarse sobre el y lanzar un hechizo silenciador. Se maldijo haber hecho eso y que Sirius estuviese despierto mirándolo como si fuera algo de todos los días. Se maldijo al empezar a llorar. Sirius lo atrajo hacia sí y lo abrazó. Le dolía verlo de aquella manera. Intento sentarse y apoyar su espalda en la cabecera de la cama sin mover a su amigo de su regazo. Lo abrazó más fuerte. —Lo siento Pads —No es tu culpa— dijo suavemente. —Soy un monstruo —No. No lo eres— limpio sus lagrimas. —Yo... uh. Necesito ayuda— Sirius lo miro a los ojos —Nodebeshacerlosinoquieres— agregó rápidamente. Sirius sonrío. Maldita sonrisa. —Te dije que te ayudaría en cualquier cosa ¿recuerdas? —Ajá —Iremos lento. Remus sabía que Sirius lo hacía por su amistad, no porque realmente quisiera. Esos pensamientos se alejaron al sentir la mano de su amigo sobre su pantalón abultado. Jadeo. Sirius desabrocho el pantalón de su amigo, mientras atacaba su cuello. Le dejaría marcas aunque no fuera suyo. Los jadeos que soltaba su amigo lo pusieron duro en ese instante. Remus gimió al sentir la abultada erección del otro. Tal vez también lo disfrutaba. —Sirius— gimió. Al escuchar de esa manera su nombre, dejó el cuello del castaño para dirigirse a aquellos labios, Remus rápidamente reaccionó y ambos empezaron un armonioso movimiento entre sus labios. Sirius repaso el labio inferior del otro con su lengua y este le dio libre acceso a su cavidad bucal. Maldita sea, realmente lo disfrutaban. Sin previo aviso, Remus estaba echado en la cama con Sirius arriba mientras lo besaba. Una de las manos del ojigris se deshacía de sus pantalones y con la otra tocaba por encima del pantalón el bulto de su amigo. Remus sintió cómo Sirius bajaba y le quitaba los pantalones, para luego bajar sus bóxers. Sirius lo miro y el otro asintió. El pelinegro empezó a dar lengüetazos en aquel miembro rosado, poco a poco empezó a meterlo en su boca y sentía como su amigo se retorcía de placer, gemía y jadeaba. Se sentía tan bien. Empezó a succionar y a ahuecar sus mejillas para que todo el miembro pudiese entrar en su boca, para luego subir y bajar su cabeza en un vaivén, chupando y soltando. Eso se sentía maldita mente bien. Remus gemía, jadeaba y le decía que no parara. Pero aún así no era suficiente. Sirius se detuvo, se quito la prenda de arriba. Hacía calor, mierda. Remus solo pudo perderse en ese hermoso torso, el odiaba el suyo. Estaba lleno de cicatrices. Aparentemente a Sirius no le importo, sin percatarse, estaba totalmente desnudo. No era justo, Sirius aún llevaba los bóxers puestos. El chico arriba arriba suyo empezó a dejar un camino de besos por sus cicatrices. —Hermoso— soltó Sirius para ahora succionar uno de sus pezones. Le encantaba. Y el maldito lobo lo disfrutaba. El ojigris continuaba estimulando el miembro de su amigo con una de sus manos, mientras la otra mano repasaba el bello torso del castaño. A su vez, seguía dejando un camino de besos por esas cicatrices que tanto amaba pero que el licántropo odiaba. —Eres malditamente hermoso— jadeó. —Tu también...— Sirius sonrió y atacó su boca. Remus sentía que estaba en el paraíso y a la vez en el infierno. El licántropo quería y necesitaba follar a su amigo, así que sin separarse del beso, colocó a Sirius debajo de el. El pelinegro sintió como Remus cambiaba las posiciones, realmente no le importo, lo disfrutaba de todas formas. Instintivamente envolvió sus piernas en las caderas de su amigo, para sentir más fricción entre sus abultadas erecciones. Sirius no supo en que momento Remus le había quitado los bóxers. Ahora lo único que se escuchaba entre ellos dos, eran gemidos, jadeos y suspiros. Todo esto a causa del placer que ambos estaban sintiendo. —¿Puedo?— preguntó el licántropo, tentativamente tocando la entrada del peligro. —Por favor...—suspiró. Sirius gimió al sentir como el dedo su amigo se adentraba en su virgen culo, quería más, así que lo pidió. —Otro— gimió. —Por favor— Ante las súplicas del pelinegro, el castaño introdució otro dedo y con magia no verbal invoco un frasco de lubricante. Retiro los dedos del culo apretado de Sirius y este gimió de frustración, pero segundos luego empezó a gemir de placer nuevamente al sentir otra vez los dedos de su amigo y que estos se movían con más facilidad dentro de él. —Remus— jadeó al sentir un tercer dedo y como el ojimiel empezó a tijerear dentro de su culo. —¿Como se siente?— preguntó con la voz ronca, a Sirius le encantó. —Malditamente bien— dijo para luego apretar con sus manos las sábanas —Solo mételo— Remus miro al pelinegro como diciéndole que espere— por favor— dijo con las mejillas muy sonrojadas. —No quiero dañarte— seguía haciendo movimientos con los dedos dentro del culo de Sirius. —Quiero sentirte— Remus se acercó a la boca de Sirius y lo beso. Sirius sentía que se derretía. Remus Quito rápidamente los dedos del apretado culo de Sirius para cumplir las súplicas de su amigo. El pelinegro vio a Remus separarse un poco y untar de lubricante de su grande miembro. Eso éxito más a Sirius, pero temía que el glande de su amigo no entrase. —¿Seguro?— preguntó Remus al volverse a posicionar entre las piernas del pelinegro. —Si si, mil veces si— gimió. Remus al escucharlo metió su miembro en el culo de Sirius de una estocada. Tras un gemido ronco por parte de Remus al sentir el cálido interior de Sirius, intento acomodarse bien para no lastimar a su amigo. Se quedó quieto hasta que el otro estuviese listo. Sirius gimió al sentir aquella intromisión, se sentía raro, pero luego empezó a sentirse demasiado bien. —Muévete— dijo Sirius mientras intentaba mover su caderas. —Por favor— gimió. A Remus le encantaba escuchar a Sirius rogar. Empezó a moverse lentamente para sacar y meter su miembro en el culo del pelinegro, Sirius solo se retorcía de placer y enredó sus piernas a las caderas del castaño para acercarlo y poder besarlo. Remus entendiendo lo que quería el otro, lo beso. Se besaron y gemían entre el beso mientras Remus metía y sacaba su dura polla del culo de Sirius. El castaño con una de sus manos libres tomó el miembro del peligro para masturbarlo a sincronía con sus estocadas. —Más Rápido— pidió al oído del castaño. —¿Seguro?— el otro asintió y Remus empezó a moverse más rápido. Sirius apretaba fuertemente la sábanas y gemía cada vez más con cada estocada. Remus también se estaba volviendo loco de placer, el interior del pelinegro era demasiado placentero y se sentía muy bien escucharlo gemir y suplicar por más. Una, dos, tres estocadas más; hicieron que Remus de en aquel punto del interior de Sirius para que el pelinegro soltara un gran gemido. —¿Todo bien?— preguntó con la respiración agitada. —Sí— gimió. —No creo aguantar mucho más— —Yo tampoco.— con esas plalabras y una estocada en aquel punto, Sirius se corrió gimiendo el nombre del ojimiel. Segundos luego, Remus también se corrió en el interior del pelinegro al sentir sus paredes apretándose. Luego se dejó caer en el pecho de Sirius. El pelinegro, con una sonrisa boba en el rostro, se quedó dormido jugando con los cabellos del castaño.
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Sirius realmente no había esperado que Remus no solo sintiera algo carnal por él, sino que también este le correspondiera a sus sentimientos. La manera en la que se dieron cuenta de ello era otra historia. Ahora estando bajo su esposo, esperaba que este hiciera algo a parte de mirarlo con lujuria, algo que realmente lo excitaba. Remus sonrió, realmente amaba a Sirius. A pesar de ya no estar en Hogwarts y que hubiesen pasado dos años de su graduación, ambos se seguían amando con la misma intensidad y deseándose por igual. —Maldita sea Remus. Haz algo— Remus solo río. —Tengo una ereccion por tu culpa, ¡Haz algo!— la impaciencia de Sirius no había desaparecido con el pasar del tiempo. —Está bien, Señor impaciente— dijo para luego mordisquear su lóbulo derecho. El ojigris gimió. Luego volvió a verlo a los ojos, aquellos ojos que lo traía loco hacía años. —Te amo. —Yo también te amo— dijo el pelinegro para besarlo con dulzura. Luego se separó e impacientemente habló— Ahora necesito que me folles, Remus— el mencionado sonrió. Esa noche era una más. Una noche donde ambos seguían amándose.