¡Hemos vuelto! Perdonadme por haber desaparecido por un largo tiempo, pero estoy bien, ¿vale? No ha pasado nada grave, solo fue un tiempo lejos de la inspiración y hundiéndome en el estrés que me da vivir en España. Venga, pues que estoy aquí otra vez para brindaros esta historia de Halloween: un especial de cinco partes. Las historias de las otras parejas están siendo publicadas simultáneamente.
Esta historia está inspirada en "i love you" de Billie Eilish. ¡Disfrutad!
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NO LO DIGAS
solo miente
OO
It's not true.
Tell me I've been lied to.
Cryin' isn't like you.
Buttercup aprovechó que todavía no se ponía a llover para salir y dar un paseo por el parque, específicamente en búsqueda de una banca libre para leer su novela, como lo hacía siempre que podía. Y es que, últimamente, su hogar no era un lugar tranquilo, menos con el asunto de la fiesta. Cada una de sus hermanas podía comportarse como "indiferente" con respecto al evento, pero la verdad es que, de todos modos, estaban emocionadas. Buttercup no era la excepción, por ello ayudó a Blossom con su disfraz, incluso le hizo sugerencias a Bubbles antes de que ella se inclinara por la idea de ser una sirena; es más, ella tenía su disfraz preparado desde enero. Aun así, el ambiente del hogar no era ideal para poder leer. Al menos ese día todavía tenía tiempo libre antes de llegar a su hogar para la cena, y es que a ella le había tocado cocinar las gambas el día anterior, así que se libraba de la cocina por, al menos, dos días enteros.
Una vez que encontró una banca libre, incluso si estaba alejada de la fuente, se fue a sentar en ella. La persona a la que estaba esperando daría con ella de todas formas. Abrió su libro luego de acomodar su bolsa sobre sus piernas y comenzó a leer. Otra novela de amor, sí, de sus favoritas, puesto que le parecían libros de comedia. Le gustaba leer mientras se reía a carcajadas por las situaciones que en ellos se relataban. Cualquiera que pasaba de verdad pensaba que ella estaba leyendo libros cómicos, o que dentro de aquel escrito existía alguna referencia divertida, cuando, en realidad, lo que Buttercup hacía era reírse de lo absurdo que era el amor entre los personajes.
Si le preguntaban a ella cuál era su libro favorito..., tendrían que esperar a escuchar su respuesta y justificación.
—Qué chica tan patética... —decía—. ¿Vas a dejar tu trabajo soñado para que el patán esté tranquilo? Las banderas rojas están a la vista.
Siempre criticaba eso, pero nada más. La verdad es que, desde lo más profundo de su corazón, amaba las novelas románticas, pero deseaba jamás tener que vivir o experimentar alguna de ellas. Cada vez que se lo recordaba, sentía cierta nostalgia en su pecho. ¿Estaba bien pensar de esa manera? ¿Era sano pensar de esa manera? Para despejar su cabeza, cerró el libro y miró la hora en el reloj de su móvil, que había mantenido guardado en el bolsillo de su abrigo marrón.
Ya debía ser hora de que alguien llegara.
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Hacía un tiempo, casi siete meses ya, un día de calor en que iba a leer, se encontró con una escena ocurriendo a unos metros desde la banca en la que se había ubicado aquella vez. A pesar de que quiso aparentar que estaba muy ensimismada con su lectura, la verdad es que le estaba prestando mucha atención al drama que se estaba desarrollando cerca, y la vez lejos, de ella. Lo sentía por Laforet, pero ella tenía algo de chismosa dentro de ella que no podía controlar.
La chica rubia lloraba, e incluso si se esforzaba por hablar, Buttercup se daba cuenta de que ella no estaba en condiciones siquiera para seguir de pie. Ella le rogaba el chico que le estaba dando la espalda a Buttercup para que no le dejara, que no le terminara, sin embargo, el patán, al que en un principio no había reconocido del todo, habló:
—Tú no eres para mí, ya te dije —dijo el chico con evidente hastío—. Me aburrí.
"Esto está mejor que la novela", pensó Buttercup.
Claro, la diversión se le arruinó cuando el chico se dio vuelta y Buttercup se percató de que era el patán de los Rowdyruff Boys, el desagradable de Butch. Ambos se habían visto, pero Buttercup volvió a prestarle absoluta atención a su libro, a tal nivel en que ni cuenta se dio de cuando la chica rubia en cuestión se había ido corriendo del parque, y aquel patán se había acercado a ella con ganas de molestarle.
—Venga, no tenía idea de que tú fueses una chica que leyese por diversión. ¿Sabías que siempre he pensado que tú eres la más maleante de tus hermanas?
—No me compares contigo, palurdo.
—No es que lo haga —respondió Butch, sin sentirse ofendido por la forma en la que ella le había llamado, y se acercó a Buttercup por la espalda para poder murmurarle en el oído—: tan solo recuerdo el momento en que pensaste en ir de malas juntas por ahí.
—Oh, por favor —se exaltó ella y se alejó rápido de él—, olvida eso.
Pero Butch se había echado a reír. Buttercup le observó con recelo mientras él se echaba su cabello negro ligeramente largo hacia atrás. Al no ver reacción de la chica, Butch dejó de reír y prestó absoluta atención al libro que ella tenía entre sus manos. Frunció un poco el ceño y volvió a mirarla directo a los ojos.
—¿Qué? —le preguntó ella a la defensiva.
—¿De verdad te gusta leer?
—Sí.
—¿Lees por placer?
—Sí —volvió a responder de manera seca.
—¿De verdad?
—¿Acaso tú nunca has leído un simple libro?
—No, porque no entiendo la mayoría de las palabras. Con suerte sé hablar —dijo sin más.
Buttercup se quedó en silencio. A su alrededor, no había casi nadie, solo unos niños cercanos a la fuente que se encontraba a la derecha. Ella seguía con su libro en su mano izquierda, tratando de no perder la página, mientras miraba a un indiferente Butch con una sonrisa burlona en el rostro. ¿No se había dado cuenta de lo que dijo? ¿Tan poco era lo que le importaba? ¿De verdad?
—¿Y no tienes interés por aprender?
—¿Y esa amabilidad? —dijo él alzando una ceja, incrédulo—. ¿Es tuya de verdad? ¿Tú puedes comportarte de esa manera?
—Vete a la mierda, solo fue una simple pregunta.
—¿Pensaste en ayudarme? Qué dulce de tu parte.
—Olvídalo, no era ayuda.
—Menos mal, porque ya me parecía increíble que tú de verdad tuvieses interés por ayudar a alguien como yo. Es más, estoy seguro de que ni siquiera sabrías cómo hacerlo.
¿Eso era un desafío? Buttercup sintió un cosquilleo en su estómago luego de que Butch le dijera aquello. Y si bien él no se había dado cuenta de lo que había dicho, la expresión en el rostro de la chica le dio a entender que algo se había encendido dentro de ella.
—¿Qué te pasa?
—Acepto. Si traes tu desagradable presencia mañana a esta misma hora, te enseñaré a leer.
—Sé leer.
—Juntar letras no es saber leer. Ya aprenderás —alzó su mano izquierda, donde tenía su libro de Laforet y le señaló—. Vas a ser mi experimento.
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Buttercup vuelve a la realidad cuando escucha a una bandada sobrevolando el lugar donde ella estaba, no pudo evitar recordar ese documental de las aves que, supuestamente, llaman a la lluvia. Bueno, bajó la mirada hacia su libro cuando sintió el viento cálido, esa fue la señal que, en ese momento, necesitaba para darse cuenta de que, quizás, no fue un buen día para ir a leer al parque. Pero se lo había prometido a Butch, y nunca le había fallado, ni él a ella.
Fue entonces en que, por instinto, mira hacia su derecha y se da cuenta de que Butch caminaba cabizbajo hacia ella. Buttercup sonríe, pero la sonrisa se le borra al instante en que se da cuenta de que él no estaba feliz, es más, se veía muy acomplejado por algo.
—¿Qué te sucede? —fue lo primero que ella le dijo.
Butch se había sentado junto a ella en la banca, pero ocultó su rostro entre sus manos y dijo algo inentendible. Le costaba responder y eso preocupaba de sobre manera a Buttercup. De los siente meses que llevan hablándose, esta es la primera vez que lo ve así.
—Butch, ¿estás bien? —insiste y la respuesta de él, por fin, llega.
—No, no estoy bien —le dijo luego de descubrirse la cara, pero su mirada estaba fija en el cielo.
—¿Qué te ocurre?
—No creo que sea bueno que nos sigamos viendo.
—¿Por qué? ¿De qué hablas? —se inclinó un poco hacia él, pero Butch se alejó de ella y se puso de pie sin previo aviso—. ¿Te sucedió algo?
—Sí.
—¿Qué cosa? —se impacientó Buttercup—. Butch, ¿por qué no me miras? ¿Por qué no me respondes?
Fue entonces el momento en que Butch intentó irse del lugar, pero no contó con que Buttercup le tomaría del brazo, evitando a toda costa que la dejase con la duda. Ambos estaban de pie, Butch intentando irse, Buttercup teniéndole agarrado. Ella le tiró un poco el brazo para que se volteara y le diera la cara, cosa que Butch terminó haciendo. Ahí, ella se dio cuenta de que él estaba muy afectado, su labio inferior temblaba, y cuando por fin la miró a los ojos, Buttercup vio que él estaba muy afectado, sus ojos parecían llorosos.
—¿Qué pasa? —insistió en preguntar Buttercup.
—Pasa que... pasa que me gusta alguien.
No es verdad.
Dime que me has mentido.
Llorar no es algo propio de ti.
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¡Nos leemos en la próxima actualización! Recordad que podéis seguirme en instagram, o simplemente pasar a mirar si he publicado la siguiente parte, mi cuenta es pública: soymariposamonarca
¡Hasta pronto!
