CRÓNICAS DE GUERRA
Esta historia esta inspirada en un Fanfic en español que estuve leyendo, Digimon: El Poder Divino de Beo-MatT1, basandome en una idea superficial de su trama para construir la mía (la Guerra con los Demon Lords). Sin embargo, no espero que esto se convierta en un spin-off o algo de ese estilo, por lo cual no pienso hacer referencia a los "4 Ángeles Caídos" ni nada de eso, sabiendo que probablemente el autor no me de el permiso. Mas bien pensaba en todo esto como una especie de homenaje.
Espero que le den una pequeña oportunidad jejeje
Prólogo: Un mundo en conflicto
De las profundidades de un abismo, él miró como algo se aproximaba con velocidad. A su alrededor, todos los aparatos que funcionaban con electricidad comenzaron a fallar al unísono, mientras que en las pantallas puestas en los edificios más altos un mensaje en rojo sangre se escribía sobre estática "Obedecer o Morir. Elijan una de las dos".
El chico sintió un escalofrío recorrerle, casi como si todo el calor de su cuerpo le hubiese sido arrebatado de golpe. Un rugido llamó su atención y vio emerger a un dragón demoníaco del abismo, de seis alas negras con curiosos símbolos sobre ellas (siete en total, si se contaba el de la cabeza) y un antifaz dorado que ocultaba sus ojos. La Bestia, quien tenia las fauces abiertas, parecía dispuesto a devorarlo.
Takato Matsuki solo pudo esperar el inevitable final, que no llego como lo esperaba. El dragón fue arrastrado de nuevo a las profundidades por una fuerza mayor y, en represalia, este escupió una columna de llamas infernales que lo envolvieron en un calor abrazador.
Takato abrió los ojos entonces, sobresaltado y lleno de sudor, teniendo dificultades para respirar. Le tomó su tiempo, sin embargo, al final descubrió que todo había sido un sueño. Además de ello, descubrió que le era difícil levantarse. Un dolor lo asaltó por sorpresa y asustado vio una mancha de sangre en su camisa. De hecho, encontró un sabor metálico en su boca.
¿Qué había sucedido?
Sus recuerdos eran borrosos y forzar su mente no ayudaba mucho, no con la migraña que sufrió al intentar excavar en ella.
"¡Takato!", escuchó alguien aproximarse.
Sus ojos seguían acostumbrándose a la luz solar, por lo cual solo pudo notar una mancha rojiza venir hacia él. Posteriormente, distinguió los ojos dorados de la criatura y su forma corporal que simulaba a un dinosaurio depredador. Era Guilmon, quien ansioso se paró a su lado y lo observó con preocupación. Por otra parte, no se encontraba solo. Impmon, el pequeño diablillo, le hacía compañía.
"Lo logramos por poco", Impmon exclamó con agotamiento. "Eso estuvo intenso"
"¿Estás bien, Takatomon?", Guilmon preguntó.
Takato, con dificultad, usó sus brazos y obligó a su cuerpo a sentarse. "Estoy bien", respondió. "Lo conseguimos, ¿verdad?"
Por un momento, pensó que no lo lograrían. El enemigo les seguía pisando los talones y el portal se tomaba su tiempo en abrirse. Sin embargo, aquí estaban, en el Mundo Digital finalmente. Pero, ¿y los demás?
No veía señal de Rika, Renamon, Henry o Terriermon. Ni siquiera de Ryo y su Cyberdramon.
"¿Qué paso con nuestros amigos?"
Ambos Digimon se voltearon a ver al unísono, con rostros de desconcierto. "No lo sabemos", Impmon respondió.
Takato se encogió en su angustia, imaginándose cada escenario posible. Su mente le jugaba malas pasadas evocando imágenes de los cadáveres de sus amigos, dispersados por los escombros del edificio de Gobierno, con sus rostros retorcidos por el dolor y sus ojos vacíos apuntando hacia él, juzgándolo por no haber hecho nada más por salvarlos de su destino. Takato agitó su cabeza, negando esas visiones. No podía pensar así, tenía que creer que las cosas habían salido bien.
"Seguro estarán bien. Takato", Guilmon exclamó con jubilo renovado. "Tal vez solo nos separamos, como la última vez que estuvimos en el Mundo Digital"
Era claro lo que Guilmon intentaba hacer, no podía permitir que Takato se desanimara de esa manera y fuera presa de sus miedos. Y, al parecer, sus intentos funcionaron. Takato le sonrió genuinamente.
"Gracias, Guilmon", dijo el Tamer.
"Lo único que debemos hacer es encontrarlos", Guilmon alzó su garra con entusiasmo.
Takato asintió. Incluso Impmon se vio motivado, dando esa sonrisa suya de pandillero. "¿Me ayudarías a levantar?"
Guilmon empujó con su gran cabeza, facilitando la tarea a las piernas cansadas de Takato. El chico ahora pudo caminar, aunque fuese usando a Guilmon como una muleta. Solo entonces se permitió apreciar el paisaje que yacía en frente de él.
Estaban en lo que parecía ser una selva, a juzgar por la gran cantidad de árboles tropicales a su alrededor. Pero, más allá, se veía el desierto extenderse en el horizonte. Así que, por curiosidad, el curioso trío de humano y Digimon caminaron hacía el claro y fueron testigos de una de las rarezas de aquel mundo. Había una carretera enorme y, al lado de esta, una larga hilera de postes de energía. Sin embargo, no encontraron el globo azul que simulaba a la Tierra en el firmamento.
"Takato, tengo hambre", Guilmon exclamó.
Sin dudas, eso había arruinado el momento de asombro y contemplación.
"Cabeza hueca, cómo se te ocurre decir cosas como esas en un momento como este", Impmon regañó mientras apretaba sus puños, solo para que su estómago lo traicionara instantes después.
Takato solo pudo atinar a reír un poco, dándose cuenta que el tampoco había comido algo decente desde hace un día. "Hagamos esto", dijo. "Primero busquemos algo de comer y después encontraremos a nuestros amigos"
En el interior de unas ruinas, un chico de cabello rojo tecleaba afanosamente en su computadora. En su pantalla, observaba un mapa detallado del sitio en el que se encontraba, una isla, y, sobre esta, puntos de diferentes colores que señalaban la posición de diferentes objetos de interés. Un punto en rojo había llamado su atención, uno que indicaba la presencia de una alta concentración de datos.
¿Era amigo o enemigo? Koushiro Izumi, Izzy para algunos, consideró que valía la pena investigar.
"¿Izzy, llamaste?", Takeru Takaishi se adentró en su habitación temporal, en compañía de Patamon, quien yacía sobre su cabeza. Detrás de él, Cody y Armadillomon los siguieron.
"Hace poco detecté una señal, me gustaría que ustedes dos fueran para ver de que se trata", Izzy respondió sin siquiera voltearse a verlos. "No se encuentra muy lejos de aquí"
"¿Se trata del Océano Oscuro?", Patamon preguntó.
"No", Izzy negó. "Quizá se trate de un Elegido como nosotros, sin embargo, su señal es muy grande. Me preocupa que el ejército de Pesadilla lo intercepte antes que nosotros"
Así fue como Takeru, Patamon, Cody y Armadillomon terminaron siguiendo al trío de humano y Digimon sin ser detectados, gracias a un programa de camuflaje diseñado por el mismo Izzy.
Al parecer, las sospechas eran ciertas, se trataba de un Elegido y sus Digimon acompañantes. Se veía algo lastimado, sin embargo, parecía arreglárselas bien a pesar de eso.
"¿Pasa algo TK?", Patamon preguntó al observar el ceño fruncido de su compañero.
"No me gusta esto, Izzy pudo enviar a alguien más para esto", Takeru respondió.
Cody puso atención a su compañero de DNA y supuso. "¿Lo dices por Kari?"
Takeru se volteó hacia Cody, sorprendido por el hecho de haber sido descubierto. Al final, asintió apenado y con sus mejillas enrojecidas. "No debería haberla dejado sola"
"Pero esta misión es importante, TK", Cody replicó.
"Si, si pasa algo, Izzy y los otros la protegerán", Armadillomon apoyó las palabras de su compañero.
Takeru volvió a asentir con su cabeza. Cody tenía razón. En ese tiempo, había hecho muchos amigos y compañeros de armas que iban encaminados hacia una sola causa. Podía contar con ellos, sin importar cuanto se oscureciera el panorama. Ahora, lo que debía hacer era llevar a ese chico y a sus Digimon al cuartel general de las fuerzas del Este.
Sin embargo, las cosas no serían tan sencillas. Tan pronto como hubiesen terminado su corta conversación, los D-3 de ambos Elegidos detectaron la señal perteneciente a los seres de la Oscuridad. Era el enemigo, quien parecía perseguir el mismo objetivo.
"Patamon", Takeru exclamó. "Prepárate para luchar"
"Tu también Armadillomon", Cody dijo con seriedad.
Guilmon gruñó en ese mismo instante, contrayendo sus pupilas y mostrando sus afilados dientes. Impmon se tensó y apretó las palmas de sus manos en puños. Takato notó el comportamiento de los Digimon y se preparó mentalmente, aunque notablemente disgustado por verse envuelto en una nueva pelea tan pronto.
"¿Cuántos son?", preguntó.
"Varios", fue la corta respuesta de Impmon. "Tal vez deberían dejarme esto a mí esta vez. Guilmon parece agotado y tu no estás en condiciones de hacer algo", dijo refiriéndose a Takato.
Sin embargo, si en algo se caracterizaba, era en su terquedad. "No Impmon, lucharemos juntos y nada de lo que me digas me hará convencerme de lo contrario"
Dicho esto, Takato levantó su D-Ark, apartándose un poco de los Digimon para tener algo de espacio. Cuando estuvo a punto de decir aquellas palabras que iniciarían el proceso de evolución de su compañero a la etapa Mega, sus piernas flaquearon y se vieron incapaces de aguantar su peso. Takato hubiese caído al suelo de no ser por Guilmon, quien se anticipó al suceso y volvió a sostener a su camarada.
"¿Lo ves? Te lo dije", Impmon le recriminó. "No tienes nada de que preocuparte, soy lo suficientemente poderoso para manejar lo que sea que me arrojen"
Las batallas de los últimos días habían sido duras. Takato y el cabeza hueca se habían sobre-esforzado más que lo suficiente, al punto de resultar heridos en múltiples oportunidades. La intensidad de los enfrentamientos solo habían ido en aumento a partir de allí y esos dos corrían el riesgo de perder sus vidas sino tenían el cuidado correspondiente.
Impmon, por ningún motivo, iba a permitir que sus amigos siguieran sufriendo. Con una muerte de un compatriota era más que suficiente, sin contar que esa muerte era su culpa.
El cuerpo del pequeño diablillo se iluminó, destellando el resplandor dorado característico de su digi-evolución. Ahora, adquirió el aspecto de un ser mucho más adulto, mostrando con orgullo dos pares de alas negras emplumadas. Vistiendo una chaqueta y pantalón de cuero, sonreía con cierta sevicia, observando el horizonte con sus ojos verdes.
Beelzebumon esperó pacientemente a que el enemigo estuviera a la vista, ansioso por destrozar datos con sus garras.
"Esta bien", Takato dijo con resignación, aguantando el dolor de su abdomen a duras penas. "Pero si necesitas ayuda, estaremos listos"
"Acabaré antes de que te des cuenta", Beelzebumon replicó con confianza.
Finalmente, vieron al grupo de Digimon que iban a su encuentro, entre los cuales se encontraban tres Devidramon, un enjambre de Kurisarimon, un par de Infermon, un Diaboromon y un Mephistomon, quien parecía liderarlos. Beelzebumon estudió sus opciones, encontrando que podía manejar a la mayoría de los enemigos con relativa facilidad, su único problema era ese Diaboromon.
Takato, por otro lado, tragó saliva, viendo un problema en los números y el poder. Beelzebumon iba a necesitar su apoyo, aunque no le gustase. Lo bueno era que podía sentir a Guilmon estar de acuerdo con él.
"Elegidos, en nombre de Lord Daemon, hemos venido a matarlos", Mephistomon declaró con una desagradable sonrisa. "Si no se resisten, les prometo que su agonía será rápida. Aunque prefiero que se resistan, eso siempre es más divertido"
"Fanfarronea todo lo que quieras, insecto", Beelzebumon sacó sus escopetas, las cuales apuntó directamente a la cabeza del carnero demoníaco.
Mephistomon pareció dudar un momento, reparando en la presencia de Beelzebumon como si se hubiese dado cuenta de algo importante, o algo inesperado. Dicho comportamiento desconcertó a Beelzebumon, pero no iba a reparar en las razones de ello. Lo que vio allí fue una oportunidad y no dudaría en tomar ventaja de la situación.
¡Balas de Doble Impacto!
Beelzebumon disparó sus armas y el exterior pareció ralentizarse. Las balas doradas cruzaron en línea recta, dejando tras de si ondas de aire que crecían a medida que estas se alejaban. Mephistomon esquivó el ataque por poco, pero algunos de sus hombres no tuvieron la misma suerte. Un Infermon y varios de sus Kurisarimon habían sido destruidos en un instante.
Ese no había sido un buen comienzo. Mephistomon gruñó, al parecer el Elegido tenía un poderoso aliado.
"Mátenlos, mátenlos a todos", Mephistomon bramó.
Con suerte, Beelzebumon sobreviviría. El resto no importaba.
Cuando Diaboromon y la pequeña horda se abalanzaron sobre ellos, Takato gritó a su compañero. "Preparate, Guilmon", mientras, sacaba una carta de un estuche en su cadera, la cual se tornó de color azul cuando estuvo en sus manos.
Fue entonces cuando un par de Digimon entraron en escena, interponiéndose entre él y sus enemigos. Uno de ellos tenía el aspecto de un anquilosaurio blindado de color amarillo, el otro era un ángel guerrero de ocho alas blancas que vestía una armadura de combate y que cubría sus ojos con un yelmo metálico. Takato tomó su D-Ark y en su ventana holográfica consultó sus identidades. Eran Anquilomon, en su etapa Adulta, y HolyAngemon, un Digimon sagrado en su etapa Perfecta.
El campo de batalla se niveló en ese momento. HolyAngemon interceptó al segundo Infermon con su espada Excalibur, empujando a la monstruosidad varios metros atrás. Anquilomon apartó la plaga de Kurisarimon de un solo pisotón, creando ondas de choque que hicieron tambalear el suelo. Beelzebumon, por su parte, se enfrascó en un combate con el Diaboromon. Los Devidramon seguían a este último, como depredadores oportunistas, esperando una abertura para arremeter contra el Digimon Mega.
Mephistomon, por otro lado, atacó desde una distancia segura. "¡Sábado Negro!", exclamó mientras liberaba un miasma resplandeciente desde sus brazos, esperando impactar en Takato, Guilmon, HolyAngemon y Anquilomon.
Takato, sabiendo que el tiempo era esencial, deslizó la carta Azul en la ranura de su D-Ark rojo con bordes dorados. En la pantalla, se pudo leer las dos palabras Matrix Evolution y el cuerpo de Guilmon fue envuelto en un resplandor dorado que creció en tamaño. Apareció un gigante mecanizado de color rojo que se interpuso en el ataque de Mephistomon, bloqueándolo con éxito.
MegaloGrowlmon apartó el miasma con sus hojas metálicas de sus brazos. Takato estuvo entre sus piernas, arrodillando y esforzándose por respirar adecuadamente. El Tamer había prestado su energía para la evolución y ahora mismo no le quedaba mucha, debía obligarse a no desmayarse en ese momento.
"¡Qué insistentes!", Mephistomon murmuró. "No son tan débiles como creí en un inicio"
Decir eso era solo un eufemismo. Los recién llegados eran mucho más poderosos de lo que esperaba. Era aun más extraño que Lord Daemon no se los hubiese advertido, sabiendo que a su amo no le gustaba desperdiciar recursos de manera innecesaria. Y ahora, esos habían recibido refuerzos de otros Elegidos en guerra contra su señor.
"Mientras Takato este conmigo, nunca perderé", MegaloGrowlmon declaró.
"Creí haberte dicho que no necesitaba ayuda", Beelzebumon, habiéndose distraído de su batalla, encaró a MegaloGrowlmon con evidente molestia. Pero no era más que su orgullo herido, viendo que no podía manejarlo todo por su cuenta. A caballo regalado no se le enseña el colmillo, decía ese dicho de los humanos cuando aparecía un favor inesperado. Beelzebumon no se quejó más allá de un solo gruñido y continuó.
¡Garras de la Oscuridad!
Con un grito de batalla y con el impulso de sus alas negras, se abalanzó hacia el Diaboromon esperándolo cortar en pedazos. Sin embargo, este último lo esquivó y Beelzebumon siguió derecho, asesinando a un Devidramon en su lugar, absorbiendo sus datos por puro instinto.
Diaboromon aprovecharía y se escabulliría detrás de su enemigo para atacar con el cañón descubierto de su pecho, liberando un proyectil ardiente de energía que se estrello con Beelzebumon y lo derribó de manera momentánea. Beelzebumon hubiera caído al suelo con estruendo a no ser por sus alas, las cuales lo inmovilizaron en el aire en el último momento.
Takato veía que la batalla llegaba a un punto muerto, ya que ninguno podía superar al otro. Era una batalla de desgaste y eso era algo que no se podía permitir. Takato se encontraba agotado e incapaz de enviar más fuerzas a MegaloGrowlmon. De hacerlo, sin dudas llegaría a desmayarse, y no estaba seguro que con eso podrían ganar la pelea de manera definitiva.
¿Lo arriesgaría todo a esa corazonada?
Tal vez, si incluso diera toda su fuerza vital en esa pelea, daría la oportunidad para Guilmon y a Impmon para que siguieran con su búsqueda y su misión. Seguramente Guilmon lo extrañaría, pero lo superaría eventualmente. Además, tendría a Impmon para protegerle. Darlo todo era lo menos que les debía.
Takato, seguro de su decisión, se concentró en su sincronización con MegaloGrowlmon, la cual se interrumpió cuando sintió una mano sobre su hombro. Sobresaltado, encontró a dos chicos. Uno de cabello rubio y ojos azules, y el otro de cabello castaño y ojos negros, un poco más bajo que su amigo.
"Rápido, ven con nosotros", el rubio dijo en ese momento.
"Pero, si me voy...", Takato, sin saber quienes eran y sin impórtale en los más mínimo, espetó. No estaba dispuesto a abandonar a sus amigos.
"No te preocupes, tus Digimon son realmente fuertes", el otro chico respondió lo más calmado posible, intentando manejar su desesperación. "Veo que estás herido, necesitas ir al refugio. Además, están nuestros Digimon. Ellos les dirán el camino"
Takato empezó a relajarse, pero no del todo. Indeciso, giró su cabeza de un lado a otro, pensando si debía ir con esos desconocidos o quedarse con sus fieles camaradas y pelear hasta el final.
"Ten fe", el rubio le tomó de los hombros y le obligó verle al rostro. "Todo irá bien, solo tienes que creer"
Era ridículo cuantas veces tenían que recordarle eso, cuando él era el que más creía en un inicio. Aun lo hacía, pero ahora debían recordárselo. Takato solo asintió y se secó las lágrimas que habían empezado a caer de manera silenciosa. Esa no había sido una buena primera impresión, así que la corregiría mostrándoles una mirada de pura determinación.
"De acuerdo", dijo.
Era extraño confiar en ellos, sin embargo, algo le dijo que podía hacerlo. Takato sabía lo importante de seguir sus corazonadas acerca de las personas que lo rodeaban. De no haberlo hecho, nunca hubiera sido un buen amigo para Rika, o Henry siendo el caso.
"El enemigo no podrá detectarnos y el refugio no está muy lejos de aquí. Por cierto, soy Cody Hida, es un placer", el chico de pelo castaño se presentó.
"Y yo soy Takeru Takaishi, pero puedes decirme TK", el rubio dijo con una sonrisa.
"Yo soy Takato", el Tamer correspondió igualmente. "¿Esos Digimon son los suyos?"
Los aludidos asintieron al unísono. Takato solo atinó a observar a HolyAngemon y Anquilomon, quienes aun batallaban. Luego, comenzó a voltearse y empezó a caminar con TK y Cody, tanto como le permitía su adolorido cuerpo. Entre tanto, ensambló un solo pensamiento.
'MegaloGrowlmon, Beelzebumon. Por favor, cuídense"
MegaloGrowlmon, propulsado, estaba decidido a embestir a Mephistomon con sus brazos de sable metálicos. Solo era su enorme tamaño el que le dificultaba las cosas, ya que Mephistomon demostraba ser más ágil que él, lo cual valía para defensa y contraataque.
¡Sábado Negro!
Mephistomon volvió a emplear el miasma negro, estando a una distancia para la cual no podía fallar. A pesar de eso, el daño que producía no era suficiente para debilitar al monstruoso dragón mecanizado.
El Carnero Demoníaco gruñó en señal de frustración, encontrándose en un verdadero punto muerto. MegaloGrowlmon podía acabarlo de un solo golpe, pero eso era solo si lograba atraparlo con alguna de sus técnicas, lo cual veía poco probable. En cambio, ese dragón tenía una resistencia y terquedad ridículas. Ninguno podía dar el golpe decisivo sobre el otro.
MegaloGrowlmon solo rugió en respuesta y apuntó con sus armas de radiación. "¡Cañones Atómicos!", gritó y dos haces de energía devastadora emergieron de su pecho, cubriendo un amplio rango. Por fortuna, Mephistomon volvió a esquivar el ataque. Y así continuaron, en su propia guerra de desgaste.
Beelzebumon era otro luchador de resistencia y algo más. En el fragor de la batalla, las heridas y el cansancio solo despertaron un profundo instinto animal en él. Era un hambre que demandaba ser satisfecha y que le exigía derrotar a cuanto enemigo se encontrara para no dejar rastro alguno. El último ataque liberó esos grilletes que no sabía que tenía simplemente.
"Es suficiente, gusanos", dijo con perverso deleite. "Les demostraré como es el verdadero poder"
Una de sus manos se convirtió en un cañón con fauces y entonces dibujó su circulo mágico con él. En el centro, se configuró un pentagrama y diferentes símbolos aparecieron alrededor.
Detrás de este, Beelzebumon sonrió y apuntó su cañón directamente, buscando con su vista a Diaboromon y varios otros Digimon que se habían unido a esa batalla. MegaloGrowlmon, Mephistomon, HolyAngemon y Anquilomon detuvieron sus peleas al notar lo que estaba ocurriendo, obtando por desalojar el área lo más rápido que les fuera posible. Diaboromon, el Infermon y los Devidramon restantes fueron los únicos que volaron directamente hacia él, guiados por instinto bersecker ajeno al miedo.
¡Estrella del Caos!
El cañón abrió sus fauces y disparó una ráfaga de energía que, al atravesar el sello mágico dibujado por Beelzebumon, creció enormemente en tamaño y poder. El haz de energía salió y se tragó a sus enemigos, explotando y creando un espectáculo de luz que podía verse, incluso, a un continente de distancia. Ni siquiera el Diaboromon pudo haber resistido eso, siendo eliminado al instante y no quedando más de él que sus datos fragmentados vagando en el aire, haciendoles compañía al resto de las tropas de Mephistomon.
¡Puerta del Destino!
HolyAngemon, para ayudar a los suyos a escapar de las ondas expansivas provocadas por semejante técnica, invocó el portal dorado que se tragó la energía restante. MegaloGrowlmon y Anquilomon permanecieron detrás de este, esperando que todo terminara.
MegaloGrowlmon vio desconcertado la finalización del combate, recordando por un momento su propia batalla con el Digimon demoníaco hace tantos años. Pero, ¿por qué recordar algo que sucedió hace tantos años?
Anquilomon se redujo a protegerse colocando sus patas delanteras sobre su cabeza y mientras cerraba los ojos. Mephistomon se encontraba en otro extremo, en donde el cielo se oscurecía a comparación de la gran fuente de calor que emanaba de esa explosión como si a una estrella imitase. Sabía que quedarse ya no tenía caso, él sólo no podía contra un Campeón, dos Perfectos y un Mega. Siempre podía intentar usar al Anquilomon como rehén pero, descubrió, que ese curso de acción no le traía más beneficios que problemas.
Al parecer todo había terminado. Si bien no encontraba diferencia alguna en morir en las manos de cualquiera de los dos Señores Demonio, tal vez la información del regreso de Beelzebumon, el Señor de la Gula, podría ser lo suficientemente valiosa como para que su Lord Daemon le perdonase la vida y le diera una nueva oportunidad.
"¡Hasta que nos volvamos a encontrar, Elegidos!", Mephistomon murmuró, para desaparecer sin ser notado del campo de batalla.
Las consecuencias de la batalla fueron percividas por todos aquellos que vivieron en la Isla File, incluso para algunos que se encontraron en el continente Server. La Tierra debajo de sus pies temblaban, incluyendo todo aquello que estaba construido sobre ella, como las Ruinas resguardas por Centaurumon y los Elegidos que lo habían escogido como base general de operaciones.
Por los pasillos recubiertos de ladrillos de piedra, temblorosos y resquebradizos, reinaba el pánico en su mayoria. Múltiples humanos y Digimon corrían de un lado a otro, entre ellos un Gatomon que se desplazaba con agilidad mientras buscaba a su compañera.
"Kari", Gatomon gritaba, esperando recibir alguna respuesta.
Eso no sucedió en los primeros instantes, o si Kari lo escuchó y gritó en respuesta, Gatomon no pudo captarlo de manera clara debido a la sobresaturación de sus sentidos. Más allá del ruido de las temblorosas ruinas y sus habitantes, la batalla que se desarrollaba en el exterior la mareaba incluso. Había captado a múltiples Digimon en enfrentamiento, en particular dos que eran realmente poderosos. Lo que no esperaba es que uno de ellos desatara tal poder.
"¡Gatomon!", finalmente, la respuesta que estaba buscando.
Gatomon continuó corriendo, siguiendo el sonido de la voz de Kari para poder encontrarla. Fue gracias a una providencia divina que el interior de las ruinas no colapsasen sobre ellos antes de encontrarla.
"¡Gatomon!", el aludido se arrojó a los brazos de su compañera y esta lo sujetó como si su vida dependiera de eso, aunque tal vez ese era el caso.
"Kari, ¿estás bien?", el Digimon preguntó.
Ella asintió. "Estoy preocupada por nuestros amigos"
O si, ella sabía la misión que les había impuesto Izzy a TK y Cody. No esperaba que las cosas se pusieran tan mal de esa manera. No esperaba que el enemigo respondiera a la llegada de un nuevo Elegido, lo cual hacía preguntarse si el recién llegado podía cambiar el curso de la Guerra. Preguntas que podía hacerse después, lo más importante era la seguridad de TK, Patamon, Cody y Armadillomon.
"¿Quieres que vaya a buscarlos?", Gatomon preguntó.
Pero antes de que pudiese responder.
"¡De ninguna manera!", Izzy prohibió, estando a poco pasos de ellos dos. Pronto se le unirían Yoley y Hawkmon.
"¡No podemos abandonar a TK y los demás!", Kari replicó.
"¡No podemos perderte!", Izzy gritó en la misma intensidad. "No puedo arriesgarte a que un explorador del enemigo te detecte"
La tensión se sentía en el aire, lo cual impedía que Gatomon o cualquiera de los presentes dijera algo al respecto. Los temblores recién se detenían y las cosas volvían a la normalidad, mas ninguno de ellos notó eso. Kari e Izzy se miraban de forma desafiante, tratando del que otro cediera.
No pasó mucho tiempo hasta que Kari bajara la mirada. "Esta bien, tu ganas", dijo con resignación.
Fue entonces cuando la expresión de Izzy se suavizó lo suficiente. "Les daré diez minutos más. Si no regresan en ese tiempo, enviaré a todas nuestras fuerzas para que los traigamos sanos y salvos"
Eso pareció mejorar el estado de animo de Kari, incluso permitiéndole sonreir.
Beelzebumon estaba victorioso en el firmamento, absorbiendo los datos de los enemigos derrotados. Sus ojos, que hace poco habían cambiado a rojo, volvieron a su verde habitual.
Eso había sido intenso, su respiración hasta ahora se estaba normalizando. Pronto, se dio cuenta que algo más había tomado el control de sus acciones. Era una sensación familiar pero aterradora al mismo tiempo. Por un instante, temió que sus aliados hubiesen quedado en el fuego cruzado. Si hubiera lastimado a Takato o a Guilmon de alguna forma, Beelzebumon nunca se hubiera perdonado a sí mismo.
Fue una fortuna cuando vio a MegaloGrowlmon acercarse hacia él sin mostrar heridas serias, más allá de las quemaduras en su piel y armadura producidas por los ataques de Mephistomon.
"Cabeza hueca, estas vivo", Beelzebumon exclamó con alivio.
"Hace falta más que eso para ponerme en aprietos", MegaloGrowlmon bromeó con él, lo cual le valió otra expresión de Cabeza Hueca por parte del Señor Demonio.
Detrás de él, HolyAngemon se acercó al par de manera renuente, pero Beelzebumon no reparó en esto último. El Señor Demonio tenía una pregunta más importante que hacer en aquel momento.
"MegaloGrowlmon, ¿has visto a Takato?"
Era extraño, no podía sentirlo de ninguna manera. ¿Había muerto? Pero si ese fuera el caso, ¿por qué el Cabeza Hueca no estaba enfurecido con el mundo?
¿Tal vez no se había dado cuenta todavía?
"Nuestros nuevos amigos me lo explicaron todo, no tienes de que preocuparte", MegaloGrowlmon respondió, sorprendiendo a Beelzebumon, quien reparó por primera vez en la cercanía del Digimon Arcángel.
"¿A qué te refieres?", Beelzebumon preguntó a HolyAngemon.
"Nuestros compañeros tienen un programa especial que crea un campo de camuflaje, razón por la cual tu y tu compañero no pueden detectar a su Elegido", HolyAngemon respondió después de unos instantes, luego de superar la adversión que sentía a Beelzebumon. "Ahora mismo deben ir de camino al refugio que no se encuentra muy lejos de este sitio. Nosotros los veremos ahí"
Beelzebumon quería indicar que había varios puntos malos ahí, pero prefirió guardar silencio. MegaloGrowlmon, por su parte, tenía otra pregunta en mente. "¿Qué es un Elegido?"
Y antes que la conversación pudiera continuar.
"Mejor vayamos a ese refugio", Beelzebumon comentó con una expresión de cansancio.
HolyAngemon asintió y comenzó a guiar a los dos Digimon. Anquilomon los estaría esperando en el suelo. "Ya era hora".
No sea que el enemigo decidiera mandar refuerzos en el último momento.
El Ángel Caído volvió a aparecer en una playa de cielos grises y aguas negras, con niebla ominosa emerger del océano. A su llegada, inmediatamente se inclinó ante la presencia que levitaba sobre el suelo, quien le daba la espalda y parecía estar más interesado en vigilar las tranquilas aguas del Mar de las Tinieblas. Se trataba del Señor Demonio al cual servía, el avatar de la ira, ni más ni menos.
"Mi Lord", Mephistomon dijo respetuosamente, esperando la señal de su maestro para que pudiera continuar hablando.
En ese momento, apareció un par de Digimon más. Los Generales del ejército del Señor Demonio, quienes aparecieron a la izquierda y derecha de este. Myotismon, un Digimon vampiro, estuvo a la izquierda mientras que Piedmon, el Arlequín infernal, apareció a la derecha.
"Al parecer alguien fracasó", Piedmon dijo en tono de burla.
Mephistomon solo podía permanecer en silencio, pero se permitió gruñir y apretar sus puños en señal de protesta. Cualquier otra acción podria ser la causa de su inmediata destrucción a manos de su señor.
"Informe", Daemon, el avatar de la Ira, exigió sin siquiera voltearse a verlo. El tono de su voz indicaba que su estado de humor no era el más óptimo.
Mephistomon tragó saliva y habló finalmente. "Interceptamos a tres individuos, un Elegido con dos Digimon acompañantes. Uno de ellos parece ser el Señor Demonio de la Gula. Intentamos detenerlos pero todo mi escuadrón fue aniquilado, yo fui el único sobreviviente"
Fue casi un milagro que pudierse hablar tan fluidamente en circunstancias como esas. Sus nervios no se explicaban con la verguenza que sentía, sino por el miedo instalado profundamente en su espina dorsal. Sentimiento que era compartido por todos los Soldados de Pesadilla que estaban al servicio de Daemon.
"¿En serio?", Daemon se volteó en dicho momento. Los presentes podrían jurar que había una especie de expresión de deleite en su voz y una sonrisa oculta bajo su capucha roja. "¿Qué puedes decir del niño que lo acompañaba?"
¿Daemon preguntando por un humano? Eso fue inesperado.
Mephistomon luchó por encontrar la respuesta que su amo requería, cualquier característica del chico que le permitiese vivir unos momentos más. Pero no era tan simple, solo se trataba de otro simple y patético humano. Cualquier otro podía suponer que su maestro debería estar más interesado en el Beelzebumon, sin embargo, ese no era el caso en esta ocasión.
Myotismon también compartió parte de las preocupaciones del Mephistomon. ¿Acaso ese humano tenía algo especial que Daemon buscaba? "Una Semilla de la Oscuridad, tal vez", pensó.
"¿Y bien?", Daemon rugió, perdiendo la poca paciencia que tenía e invocando una llama rojiza en una de sus manos.
Incluso Piedmon, un Digimon a su mismo Nivel, se estremeció ante su furía.
"Su Digivice era distinto a los otros que hemos visto", Mephistomon respondió en ese momento.
Y el estado de ánimo de Daemon volvió a cambiar, mostrandose interesado una vez más. Aplastó la llama que se estaba formando e hizo un ademán para que su subordinado continuará.
"Era blanco, tenía una correa de color rojo y su pantalla era bordeaba por un anillo dorado. Ese instrumento tenía la función de identificar a los Digimon y sus estadísticas..."
O si, Mephistomon observó eso.
Por fortuna, eso era todo lo que el Señor Demonio requería. "Bien, eso lo confirma", dijo.
Daemon sonrió para sus adentros, era ese chico. La descripción del Digivice, aunque inexacta, y la presencia de Beelzebumon era las señales más indicatorias que delataban su identidad. Takato Matsuki finalmente había entrado al juego final. "Myotismon, Piedmon, preparen a mis ejércitos, tienen hasta el amanecer. Yo me reuniré con el consejo con los otros Demon Lords mientras tanto".
Sus generales asintieron, aunque pudo notar las expresiones de duda en sus rostros. Era lógico, pues Daemon no necesitaba compartir con ellos información tan valiosa. Lo único que requería de ellos era su obediencia absoluta. Eran los medios para declarar la guerra a las múltiples realidades, simples recursos a su disposición.
Pronto, el infierno se desataría.
