Notas de inicio: Esto ha estado en mi mente por meses, finalmente me animé a escribirlo y publicarlo en honor al primer aniversario tanto del Destiel como del final de Supernatural.

Este es un trabajo concluido que consta de 3 partes, publicaré una cada semana para concluir el 19 de noviembre.


[Martes 18 de Mayo de 2021]

Dean corría lo más rápido posible, esquivando ramas al azar y tratando de no perder el rastro en el proceso. Que fuera justamente ese día fue, simplemente, asombroso. Le tomó meses de desvelo y frustración lograr localizar a la criatura que, tan pronto lo vio estacionado frente a su hogar, huyó corriendo hacia la puesta de sol detrás del bosque que quedaba a espaldas de la vieja casa.

Continuaba desafiando la capacidad tanto de sus piernas como de sus pulmones, desesperado por no dejar que la distancia entre ambos aumentara más. Mantuvo el ritmo de la persecución, incluso cuando su tobillo derecho se falseó, haciéndolo sisear de dolor. En algún lugar de su mente, la misma parte de él que siempre dijo que correr era horrible estaba tanto reafirmándolo como lamentándose por nunca intentarlo. Siempre le pareció absurdo ¿Para qué correr cuando podía disparar? Solo que, esta vez, no podía disparar.

Había perdido la cuenta de cuánto llevaba corriendo. En este punto no había más luz que la de la luna y las estrellas, estaba bastante seguro de que había rebasado su récord en persecuciones a pie hace un tiempo. Apretaba la mandíbula con tal fuerza que prácticamente ya podía escuchar a Garth regañándolo. No obstante, su salud dental pasó al último lugar en su lista de prioridades. Sentía que si aflojaba la mandíbula comenzaría a respirar por la boca y eso mermaría su capacidad para seguir corriendo.

De repente, escuchó un grito y a alguien caer un poco más adelante. Sus piernas se sentían tan pesadas que pensó que podrían desprenderse de su cadera en cualquier segundo. Pero a Dean no le importó, tenía que aprovechar esa caída así tuviera que arrastrarse.

De algún modo, logró llegar hasta el árbol en que la criatura trataba de apoyarse para volver a ponerse en pie. Se miraron por un momento, mientras intentaban estabilizar sus respiraciones. La mujer soltó un suspiro resignado y luego cerró los ojos.

El cazador se acercó a ella, notando que su pierna se veía bastante herida tras su caída. Tomó el brazo de la criatura y lo pasó por sus propios hombros, apoyándola contra él y llevando la mayor parte de su peso. Ella abrió los ojos, dirigiéndole una mirada tanto curiosa como preocupada.

—¿Siempre es tan difícil pedir una cita contigo para un paciente nuevo? — Preguntó Dean, tratando de darle una sonrisa tranquilizadora al final de su frase.

La cambia formas no respondió, se limitó a observar sus rasgos en busca de alguna señal de mentira. Finalmente, le dirigió una pequeña sonrisa y comenzaron su camino de regreso.

Para cuando llegaron a la casa de Mia, donde también estaba su consultorio, la cambia formas ya había terminado de curarse. Afortunada o desafortunadamente, eso ayudó a que Dean no tuviera oportunidad de echarse para atrás.

Ese 18 de Mayo, exactamente a 4 años de una de las tantas veces que su corazón demostró que todavía podía romperse más, y a poco menos de 6 meses de que no quedara nada más para romper, Dean tuvo su primera sesión de terapia.

[Sábado 30 de Octubre de 2021]

—¿Cómo estuvo tu semana, Dean?

Por el tono de Mia, el cazador podría jurar que le estaba repitiendo la pregunta. Había llegado a conocerla a través de compartir tantas horas juntos a lo largo de los meses.

Aún con la mirada fija en la mesa de centro, tomó una inhalación profunda e hizo un gran esfuerzo por concentrarse en el momento.

Cuando alzó la mirada se encontró con los infinitamente pacientes ojos de su terapeuta.

—Tú sabes, como siempre. —comenzó, tratando desesperadamente de recordar qué hizo desde el sábado anterior. — Eileen y Sam tuvieron su cita semanal ayer. Trabajamos un caso durante la semana, así que hay un nido de vampiros menos en el mundo. He bebido de dos a tres cervezas por noche. Estoy más cerca de ponerme al día con mi lista de pendientes en Netflix…

Mientras él hablaba, Mia comenzó a escribir algo en su libreta. Cómo cada vez que sucedía, Dean se debatió entre pedirle que lo dejara ver sus notas y exigirle que dejara de tomarlas. Igual que cada vez, se guardó ambas reacciones instintivas para sí mismo.

Unos instantes después ella levantó la mirada, arqueando una ceja mientras ponía su expresión de "continúa". Al pasar los segundos sin que Dean continuara, ella tomó la iniciativa.

Dejó su bloc boca abajo sobre sus piernas y procedió a reclinarse a modo de que sus codos quedaron apoyados sobre sus rodillas.

—Dean, esta es nuestra última sesión de Octubre. ¿Sabes qué significa?

El cazador volvió a bajar la mirada a la mesa de centro al tiempo que apretó la mandíbula. Pasados unos segundos, asintió en silencio.

—¿Cómo te sientes sobre el cierre del que hemos estado hablando, Dean?

—No quiero hablar de eso aún. —replicó, con la mirada baja y los ojos comenzando a picarle.— Es demasiado pronto.

—Sé que apenas tenemos algunos meses trabajando y que cada proceso es distinto, Dean. Solo necesito saber si eres consciente de que, prácticamente, ha pasado un año.

Esa fue la gota que derramó el vaso. Levantó la mirada, sin importarle encontrarse al borde de las lágrimas.

—¿En serio, Mia? No hay momento en que no lo haya extrañado, día en que no lo haya pensado o noche en que no haya soñado con él. Tú mejor que nadie deberías saber que los últimos 359 días he sentido un nudo en la garganta, cómo si todo lo que no pude decirle estuviera a punto de ahogarme, literalmente. No me preguntes si soy consciente del tiempo, soy más consciente de él de lo que quisiera. —Su ceño se mantenía fruncido y sus manos se convirtieron en puños en algún punto.

—No es que sepa mucho en realidad, Dean. Sólo sé lo que has querido decirme y jamás has accedido a compartir tu diario conmigo. —se puso de pie, dejando su libreta sobre la mesa de centro, y se sentó al lado del cazador.— Sabes que, a falta de tacto con el ser en que me convierto, dependo de la información que me dan mis pacientes. No puedo ayudarte si no me dejas.

Dean negó con la cabeza y desvió la mirada por la ventana del consultorio. Había comenzado a llover. Enfocó la mirada en el asiento del copiloto de Baby, esperando un milagro que sabía que no sucedería. No importaba cuanto tiempo lo mirara, el asiento permanecería vacío.

—Necesitas dejarlo ir y seguir adelante, Dean.

A menudo seguía sorprendiéndose de la manera en que Mia parecía leerle la mente. Sin embargo, por suerte para él, no podía leer todo.

—A mi ritmo.

—Cuando te sientas listo, no tiene que ser ahora. Dudaba que accedieras, pero tenía que intentarlo.

La cambia formas soltó un suspiro antes de volver a su asiento y tomar de nuevo el bloc de notas. Con el tiempo entendió que presionar no era el camino con el cazador. Como la mayoría de las ocasiones, el resto de la terapia se enfocó en temas que Dean sí estaba dispuesto a trabajar en el momento. Después de 40 minutos dieron por concluido el día.

La terapeuta se llevó una sorpresa al no recibir un "si" inmediato cuando le preguntó al cazador, como mera formalidad, si se reunirían el próximo sábado a las 9 pm.

—Creo que me tomaré un tiempo a solas. Necesito procesar algunas cosas por mi cuenta.

A Dean no le pasó desapercibida la mirada suspicaz que le dirigió Mia. Contuvo un suspiro de alivio al verla asentir.

—Puedes llamarme en cualquier momento, Dean.

Le dirigió una pequeña sonrisa, acompañada de un asentimiento, en respuesta. Luego salió del edificio para enfrentarse a la lluvia. Encendió el impala tan pronto estuvo en su interior y le dirigió una última mirada agradecida al consultorio, probablemente por última vez.

Siguió con la farsa de cada sábado por la noche al llegar al bunker. Desordenó su propia ropa y cabello para simular que estaba regresando de una conexión sexual al azar. Sam no le prestó demasiada atención, acostumbrado a la situación que se había repetido semana a semana desde que se despidieron de Jack meses atrás.

Había ocasiones en que Dean pensaba que su hermano menor probablemente tenía alguna sospecha sobre lo que estaba haciendo, aunque agradeció que no lo mencionara. Necesitaba que siguiera así, por unos días. Estaba seguro de que, si Sam supiera de sus planes reales, haría hasta lo imposible por disuadirlo.

Tratando de mantenerse en el presente, Dean se enfocó en tener un momento tranquilo con su hermano. Compartieron un par de cervezas, dejó hablar a Sam todo el tiempo, escuchándolo hablar sobre Eileen y lo bello de su relación. A pesar de esa pequeña punzada de celos, ver a Sam, feliz y pleno como se mereció desde siempre, fue lo que le dio la fuerza para seguir con sus propios planes.

Al final de la noche terminaron de concretar sus planes de disfrazarse para Halloween al día siguiente y salir a repartir dulces al centro de Lebanon. Sus disfraces llegaron a mediados de Octubre, Dean iría disfrazado de Batman y Sam de Superman. Después de una vida, querían darse la oportunidad de disfrutar Halloween, no permitirían que sus edades, o que los niños no pudieran ir a tocar su puerta, los detuviera.

Tras acordar los detalles que quedaban pendientes con Sam, el mayor de los Winchester se dirigió a su habitación.

Como cada vez, se sintió como una adolescente al sacar su diario de debajo de su cama.

Comenzó a escribir acerca de los planes consolidados para el día siguiente, sobre su sesión con Mia, y cómo se sentía respecto a cada pequeña cosa. Cuando se quedó sin novedades para agregar, tuvo que regresar al problema de todos los días: Escribir sobre Cas.

A pesar de que lo llamaba problema, en realidad escribir sobre Cas no era difícil en este punto, lo hacía con la misma naturalidad que respirar… No obstante, eso no quería decir que hubiese comenzado a doler menos, sino todo lo contrario. Todos los días era totalmente consciente de todo lo que era Cas para él, de la manera en que el ángel daba color y resplandor a su mundo.

En los días buenos, se sumía en la sensación perpetua que le daba Cas de que todo estaría bien. En los días malos, se aferraba con todas sus fuerzas al recuerdo de la voz de Cas, pronunciando su confesión de amor. Todavía le sorprendía el poder que tenía para calmar su interior, incluso más allá de esta vida.

Se conformó con algunas líneas sobre lo que pensó esa misma tarde sobre Cas ocupando el asiento del copiloto. A su vez, añadió que no le habría molestado si hubiera estado en ese lugar por el resto de su vida. Tampoco habría sido un problema apoyar su mano en el muslo del ángel ocasionalmente mientras conducía. O besarlo lenta y suavemente en los labios.

Bendita terapia. Dean sabía perfectamente que, si no fuera por todos sus esfuerzos durante este tiempo, así como el apoyo de Mia, además de la paciencia y respaldo de sus seres queridos, no sería capaz de escribir eso ni mucho menos de aceptar sus sentimientos. Sin embargo, aunque está agradecido por que pudo recibir ayuda, no deja de dolerle el punto al que tuvo que llegar para aceptar su realidad.

Hojeó su diario por un momento, buscando las hojas llenas de tinta roja en que yacían los diferentes planes que trazó durante el último año. Les dio una última mirada antes de dormir, esperando que en los próximos días pudiese cumplir su objetivo final.

Los hermanos regresaron al bunker más temprano de lo que tenían previsto la noche de Halloween. Su éxito fue tal que se quedaron sin dulces en un par de horas. No obstante, quisieron seguir disfrutando de la noche por algunas horas más, paseando por el pueblo y tomándose fotos con quien se las pidieran.

Dean regresó al bunker con la tranquilidad de haber cumplido la última cosa que quería hacer con Sam. Lo tachó de la lista de cosas que quería hacer, notando con satisfacción que todos los puntos de la lista estaban completos.

Dedicó algunos momentos a contemplar la lista, pensando con cariño en los recuerdos que forjó con cada uno de sus seres queridos en los últimos meses. Las clases de cocina con Donna y Jody. Explicarle los diarios de Bobby y John a Claire y Kaia. Ser el conejillo de indias de Alex cuando tuvo que aprender a canalizar. Enseñarle a Patience a reparar su camioneta. Las visitas a la familia Fitzgerald. Las tardes en el rancho de Jesse y César. Las lecciones de ASL con Eileen. Cada paseo solitario en Baby. Y, sobre todo, cada segundo con Sam.

Se sentía orgulloso de sí mismo por primera vez, estaba seguro de que mantenerse funcional, procurar su bienestar y el de los demás a pesar del gran dolor que lo carcomía todos los días era un logro equiparable con derrotar a Chuck.

Pensando en ello, se dio cuenta de todo lo que había cambiado a lo largo de ese año. Aunque no se volvió una persona absolutamente abierta de un día para otro, la terapia le había ayudado muchísimo a lo largo de los meses. En este punto, de lo único que aún se arrepentía es de tardar tanto en buscar ayuda.

Cada día sentía un poco menos del enojo que lo acompañó por años, hasta que llegó al punto en que logró identificarse plenamente con la persona que Cas describió en sus últimos minutos de vida. Recorrió un largo camino para entender que él, realmente, era amor. Ahora entendía que no tenía razón para ocultarlo o avergonzarse de ello.

Gracias a esa revelación, ya podía expresar sus emociones y sentimientos, tanto por medio de sus acciones como verbalmente. Además, cada vez usaba el humor como mecanismo de defensa.

Estaba seguro de que las personas a su alrededor lo notaron, pero no dijeron nada al respecto sino que se limitaron a aceptar sus cambios. Él lo agradeció desde el fondo de su corazón, a pesar de sus mejoras no habría sabido cómo hablarles de que, finalmente, estaba recibiendo la ayuda que necesitó toda su vida.

De no ser por la ausencia de Cas, y el dolor perpetuo de su pérdida, Dean se habría sentido pleno.

Como cada día, volvió a hojear los planes secretos en su diario. Solo un poco más.

Añadió una última cosa a su entrada del día. Escribió sobre cómo imaginó que, si Cas hubiera ido con ellos a festejar Halloween, podrían haberlo hecho pasar por Constantine y que incluso él mismo podría haberse disfrazado de King Shark en lugar de Batman. Una pequeña sonrisa se asentó en el rostro del cazador. Con esa imagen mental, cerró su diario y se fue a dormir, esperando que durante el sueño su cerebro lograra recrear lo que su imaginación no alcanzaba a recrear.

A la mañana siguiente, el cazador se despertó más temprano de lo normal. Aprovechó que Sam seguía en su carrera matutina para preparar el desayuno, incluso se molestó en preparar tocino vegano para su hermano menor. Todavía estaba preparando algunos wafles cuando Sam volvió. Al terminar con eso, le preparó un juego fresco mientras regresaba de una ducha rápida.

Compartieron el desayuno de la misma manera tranquila y agradable de los últimos meses. Gracias a los cambios en el comportamiento de Dean, su comportamiento no extrañó a Sam.

Al terminar de lavar los platos, Dean se acercó a abrazar a Sam. A Dean todavía le parecía tierna la manera en que su gigantesco hermano menor se encogía, tratando de hacerse pequeño, para ser abrazado por él. Ambos habían terminado de resistirse a los momentos de películas para chicas.

—Te quiero, Sammy. —comenzó, estrechando con más fuerza a su hermanito por un momento.— Estoy orgulloso de ti.

—Lo sé, Dean. —replicó, con seguridad impresa en su voz.— Me lo dices todo el tiempo.

Una pequeña sonrisa se extendió por los labios de Dean. A veces pensaba que ni en un millón de años lograría compensarle a Sammy el bloqueo emocional que acarreó casi toda su vida. No obstante, en momentos así sabía que, de algún modo, lo había logrado.

—Tengo que asegurarme de que nunca lo olvides. —Apretó un poquito más al menor antes de dejarlo ir. Le dio una palmada en el brazo al final, aun con la misma sonrisa.

—Me lo has demostrado toda mi vida, Dean. —Sam mostró una pequeña sonrisa ante la afirmación de Dean. —Soy quien soy gracias a ti.

El cazador pudo sentir cómo sus ojos picaban ligeramente al tiempo que su determinación titubeaba. Se centró en recordar que Sammy estaba bien. Ante todo, se aferró a la idea de que lo entendería.

—¿A qué hora llega Eileen? —preguntó, como si él mismo no la hubiera convencido, meses atrás, de pasar justo esa semana en el bunker.

—Pasado el mediodía. Puedes quedarte, ya sabes, podemos tener noches de juegos y películas. Incluso si se muda aquí, no es como si fuéramos a estar solos todo el tiempo.

Una punzada de culpa atravesó el pecho de Dean ante el comentario.

—Prefiero no intervenir en la etapa de luna de miel. No quiero la cicatriz mental de verlos o escucharlos, gracias. —sacudió la cabeza y cerró los ojos, como si tratara de alejar la mera idea de su mente.— Además, yo también voy a encontrarme con alguien esta semana.

Esa última parte era totalmente verdadera.

Sam asintió con la cabeza, Dean pudo ver un brillo curioso en sus ojos mientras se retiraba de la cocina a prepararse para la llegada de Eileen. Supuso que se preguntaba a quién se refería. Calmó su consciencia pensando que para el fin de semana su hermano sabría todo y, con suerte, lo entendería.

Unas horas masa tarde, Dean se retiró al garaje del bunker después de despedirse de Eileen y Sam. Paso unos minutos con su amado Impala, paseando sus manos por el volante y la carrocería con cariño.

—Gracias por ser mi hogar.

Le dio una última mirada, con una sonrisa en su rostro, antes de alejarse a pie por el camino que daba a la superficie. Afortunadamente, Sam estaba tan distraído con Eileen que no notó que Dean salió sin Baby.

Dean llevaba la ropa que usó la última vez que vio a Cas, las únicas cosas que llevaba a cuestas eran su teléfono, su diario y algunas cartas.

El cazador continuó caminando hasta llegar a Lebanon. Hizo una parada en la oficina postal, depositó su diario, junto con la carta para Sam, en el apartado postal que compartían. Así mismo, envió el resto de sus cartas. Sinceró su verdad en esas páginas, hablando por primera vez del amor que calló por tanto tiempo, pero se guardó la confesión de Cas para sí mismo.

Al terminar, se dirigió a la estación de autobuses y tomó el primero de una serie de autobuses que lo acercaría al hermoso campo floreado en que esparció las cenizas de Cas en Mayo de 2017.

Mientras iba en camino, continuaba pensando en su plan central y el montón de opciones emergentes que trazó los últimos meses. Estaba determinado a asegurarse de que esta semana terminara con él al lado de Cas, de un modo u otro.

Se recordó a sí mismo una de las líneas de su carta para Sam, repitiéndola mentalmente como un mantra.

Por primera vez, quiero algo para mí.