Los personajes no me pertenecen pero la historia sí.
Esta historia es muy simple por que la cree en dos días, estaba escuchando canciones de Epic music world y vi una imagen en especial que hizo estallar mi imaginación.
Como saben amo a Unohana y Kenpachi juntos y le hago justicia a mi mayor deseo que es que estos tengan algo más que un simple choque de espadas y el gusto por la lucha.
Como dije no es muy intensa esta historia; pero es una muestra de lo que nuestro cerebro puede imaginar en poco tiempo (risas). Sin más me despido esperando que sea de su agrado este alocado fic. Para la parte final me inspiro mucho el video "World's most beautiful music- by florian bur" por si quieren darle un vistazo.
Toda la ciudadela ardía en llamas, la gente huía despavorida entre gritos, lamentos y heridas pues un temible dragón acechaba el lugar escupiendo fuego de su boca. Los hombres del rey morían en el intento de dañar a la enorme bestia cuya astucia y fuerza eran dignas de su monstruosidad.
En medio de todo aquel desastre tomo la espada que sus ancestros habían forjado para ella, empujada por la ira corrió a la gran plaza donde ese abominable ser se encontraba.
Hasta sus oídos llego el latido de un corazón lleno de coraje, con sus ojos dorados busco al portador de tan gran valentía, entre las llamas caminaba una simple chiquilla, protegida únicamente con una armadura incompleta.
Una siniestra sonrisa apareció en el rostro del dragón, ella lo miraba desafiante y lista para atacar en cualquier momento, la voz profunda invadió los pensamientos de la chica…
– ¿Crees que puedes venir a burlarte de mí? – Con un movimiento de su cola saco a la joven del campo de batalla – solo viniste en búsqueda de tu muerte
La hizo estamparse contra un puesto destartalado, estaba tirada en el suelo tratando de reponerse pues el golpe le saco el aire y además le había roto un par de costillas.
–Una bestia como tú nunca lo entendería– la voz suave sonaba agotada pero el dragón pudo escuchar perfectamente.
Caminaba lentamente hasta donde estaba ella – Es sorprendente que de entre todos los hombres una simple niña tenga los pantalones para enfrentarme– de entre el olor a azufre pudo reconocer aquel olor que le había atraído hasta ahí.
La mirada dorada se quedó fija en la muchacha, acerco su nariz para poder olerla mejor pero en el momento que él lo hizo ella con su espada corto una parte de su cara, inmediatamente el grito resonó en todo el lugar y retrocedió destruyendo todo a su paso. La sangre no dejaba de escurrirle. Extendió sus alas y voló con dirección a las montañas para jamás volver a ser visto.
…
En medio de la arena estaba él, todos en la gradas admiraban su fuerza y valentía, el rey estaba sorprendido pues nunca en su vida había visto a un guerrero con tanta energía y destreza. Un tanto celoso de la atención que le brindaba su pueblo al forastero se puso de pie y ordeno que se hiciera el silencio.
–Tienes bien merecida tu fama dime ¿cuál es tu nombre?
El hombre lo miro sin expresión alguna
–El no habla mi señor–el joven calvo contesto en su lugar –No sabemos su verdadero nombre pero algunos lo llaman Oni
Sin más el rey ordeno que lo llevaran de vuelta a su celda.
Fuera del castillo muchas personas hablaban sobre aquel cuyo nombre era desconocido, pues hacía años que no se presenciaba algo similar. La ciudadela estaba llena de gente que compraba e intercambia mercancía, los vendedores pregonaban sus productos para llamar la atención de los clientes.
Unohana preparaba un ramo de flores que una mujer había pagado un día antes y con un semblante jovial le entrego su pedido. Se había dedicado al negocio después del acontecimiento del dragón, en el pasado lo había perdido todo y fue gracias a un par de vecinos que le tendieron su ayuda que próspero de ese modo.
Para los pobladores ella era una simple campesina sin embargo desconocían su verdadera identidad, la cual ocultaba con mucho celo pues si alguien se enteraba irían con el Rey Yhwach y las cosas podrían ponerse feas.
…
Su celda era fría y apenas era iluminada por la tenue luz de la luna que se lograba colar por la ventanilla. Tenía bien claro por qué había vuelto y no descansaría hasta tenerla otra vez enfrente.
Ikkaku observaba a su compañero, era tan grande e intimidante que despertaba desconfianza, durante el viaje a distintos pueblos había visto como mataba sin ningún tipo de remordimiento a sus contrincantes, era como si se trasformara en un monstruo.
…
Tras días de enfrentamientos en la arena los visitantes preparaban su marcha, el propietario iba en su respectivo transporte mientras que los guerreros iban a pie.
Oni e Ikkaku iban juntos, pasando entre la gente que se aglomeraba en las pequeñas calles de la ciudadela.
Su olfato percibió aquel olor que le hacía hervir la sangre, con su mirada dorada buscaba al dueño de ese aroma, sin pensarlo camino en una dirección diferente al de la caravana.
– ¡Detente Oni!
Tras escuchar aquel estúpido nombre su irritación aumento, podía sentir como la fuerza brotaba desde su interior, cosa que hacía años no pasaba pues lo habían sellado. Pero ahora que estaba tan cerca del jinete esa barrera que lo limitaba estaba por quebrarse.
El hombre bajo de su caballo camino con paso firme y con espada en mano ataco a su esclavo.
Unohana escuchaba el alboroto muy cerca y apenas iba a levantarse cuando el cuerpo de un sujeto cayó sobre su puesto destruyéndolo todo, abrumada se quitó de ahí, la gente empezaba a rodear el lugar, de entre la muchedumbre salió un tipo de gran tamaño poseía una apariencia amenazante…
Unohana sintió su corazón desfallecer, ahí enfrente estaba la razón de su existencia.
–Kenpachi– su dulce voz llego hasta los oídos del aludido
El al verla la reconoció inmediatamente, a pesar de que habían pasado los años ella seguía idéntica, salvo tal vez su figura, no era como la recordaba pero no le desagradaban las nuevas curvas que había obtenido.
–Yachiru– la voz masculina hizo estremecer al corazón femenino
Nadie entendía nada, los únicos que parecían comprender eran esos dos.
Ella corrió entre el gentío hacia su pequeña cabaña, Kenpachi le seguía con zancadas más largas y antes de poder entrar él le alcanzó y la tomo por el cuello de su vestido jalándola bruscamente.
Unohana lo miraba con sus preciosos ojos violetas, Kenpachi entre más la miraba más caía a sus pies, un fuerte reiatsu empezaba a emanar de el de manera descontrolada.
Ella era la funda de ese monstruo, su linaje así lo había dictado, cuando era una jovencita se había reusado a tan cruel destino pues no estaba dispuesta a permanecer a lado de un dragón, ella quería una vida junto a un buen hombre…
Pero su corazón latía enloquecido, como si todo dentro de ella anhelara estar con el…
Kenpachi había puesto una barrera a su alrededor, los caballeros del rey intentaban acercarse y atacar pero todo era en vano.
–No lo entiendo… asesinaste a mi familia
Los dos sabían la verdad, ella nunca perteneció a ellos, Unohana siempre había estado destinada a él y eso nadie lo podía cambiar.
Sintió el calor de la mano de Kenpachi sobre su mejilla, una par de lágrimas escurrieron por su rostro, sin poner resistencia se dejó acariciar, extrañamente los labios masculinos eran suaves y eso lo comprobó gracias al beso que ambos compartían.
El viento soplaba fuertemente a su alrededor, entre sus manos tenía el cuerpo de su jinete, inconsciente por culpa de aquel inmenso poder.
Nadie en el reinado podía creer lo que estaba viendo, el guerrero que habían admirado durante días se transformaba en un enorme dragón, todos corrieron pues temían que ocurriera lo mismo de años atrás pero no sucedió, la bestia emprendió su vuelo llevándose consigo a la mujer.
…
Flashback
–Tu deber es portar esta espada, con ella podrás protegerte; tu dragón podría hacerte daño pues no será capaz de reconocerte, es solo la primera vez…– la pequeña niña de largo cabello la tomo y observo a su mentor –cuando eso suceda se formara el vínculo y él te buscara.
Aquel hombre se despidió y la dejo a cargo de una buena familia cuyos descendientes eran inexistentes.
Al pasar los años Unohana le había tomado mucho cariño a sus últimos guardianes por eso cuando el dragón apareció destruyéndolo todo a su paso ella quiso tomar venganza olvidando por ese momento las instrucciones que a diario se repetía.
Fin flashback
…
Cerca de la cúspide del monte Fuji había una pagoda de pintorescos colores, en cada uno de sus niveles había una puerta que conducía a una pequeña terraza. La construcción estaba rodeada de árboles de distintos tipos pero el cerezo era el que más abundaba.
En el último nivel se encontraba un enorme futón con sabanas de seda, ahí estaba tumbada Unohana, las cortinas danzaban con el viento que se colaba por las ventanas; ella se encontraba acariciando el largo y rebelde cabello de Kenpachi mientras este dormía profundamente, su cabeza descasaba sobre las piernas desnudas de la joven mujer.
Inevitablemente ella se había dejado atrapar y es que le era imposible separase de él, se reía ante su inestable y errónea decisión de darle la espalda a su destino.
El cuerpo masculino se movió para cambiar de posición, ella lo miraba con adoración y acaricio uno delos brazos desnudos de él, no sabía cuánto tiempo duraría eso pero esperaba que fuera una eternidad.
