Disclamer: Los personajes, parte de la trama y todo lo demás no me pertenece a mí, sino a los simpáticos señores Astruc y Zag. Considero que las decisiones que han tomado para esta temporada no son muy acertadas, pero igual sigo escribiendo sobre la serie porque soy tonta.

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Nota de la Autora: Este pequeño Oneshot se desarrolla dentro del capítulo 11 de la temporada 4 "Giltrip", así que contiene spoilers de este y de los capítulos anteriores que ya se han estrenado. Dentro de todo lo que hemos visto hasta ahora, este es uno de los pocos capítulos que me han gustado y quería hacerle un pequeño homenaje. ¡Espero que os guste!

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La Chica que me Gusta

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Hay una chica que me gusta desde hace un tiempo—

Adrien Agreste estaba sentado en su asiento en la primera fila cuando percibió un ligero cosquilleo en su nuca.

Mmm…

Algo suave y familiar acariciando su piel descubierta, como cuando los rayos del sol incidían en su cara o en la parte interna de su brazo. Era agradable. Mantuvo los hombros erguidos y los antebrazos tensos sobre la madera para que la sensación no se le escapara por culpa de un movimiento descuidado. Aunque deseaba pasar sus dedos por esa zona para cerciorarse de que no había nada, que solo era una energía especial.

—Ey, colega… —Pero Nino, sentado a su lado, le llamó en voz baja y tuvo que moverse. Apenas si torció la cabeza hacia su amigo para oírle mejor ahora que la profesora estaba vuelta hacia la pizarra. Por el rabillo del ojo captó algo; un borrón difuso, una mezcla de colores y un frágil movimiento que desapareció detrás de él, aunque la sensación en su nuca permaneció.

Al menos un par de segundos más.

La clase estaba llena de sonidos esa mañana. Empezando por el delicado golpeteo de la tiza sobre la pizarra mientras la profesora Bustier escribía las lecciones, hasta los murmullos ociosos del resto de sus compañeros. La temperatura cobijada entre esas paredes propiciaba una atmósfera dormilona que se deslizaba… no, más bien revoloteaba de un estudiante a otro como un insecto que no sabe lo que anda buscando.

Y es que a veces no sabes qué andas buscando algo hasta que lo encuentras.

Nino volvió a sonreír. Esta vez lo hizo mirando un pequeño trozo de papel que sostenía entre sus manos, por debajo de la mesa. Adrien no alcanzó a ver lo que allí había escrito, pero sí reconoció el símbolo dibujado en la parte exterior de este: un corazón trazado con prisas e ilusión.

Un corazón.

Eso le hizo sonreír a él también. No como antes, pues él siempre sonreía al ver feliz a su amigo aunque al mismo tiempo sintiera una leve punzada de envidia. No. Ahora sonreía de verdad, sin apenas reservas en su interior.

Debe ser de Alya pensó, destensando sus hombros. La caricia parecía deslizarse ahora rumbo a su cuello, por debajo de la camiseta y el chico entornó los ojos, más relajado. Una notita de amor de la chica que le gusta comentó para sí, como si se lo explicara a otro. Sus labios se curvaron un poco más. Yo también tengo una chica que me gusta.

Aunque todavía no le escribía notitas de amor.

Él a ella tampoco, pero le hizo gracia imaginar cómo sería. Ahora no le dolía imaginar ese tipo de cosas, tenían un matiz más real que le creaba ilusión y ganas donde antes solo había inseguridad y disgusto.

Al pensar en ella, Adrien estiró sus piernas por debajo de la mesa sin darse cuenta, acomodándose sobre el banco. Una postura lánguida que lo empujó a dejarse ir en sus pensamientos y recuerdos. Entonces descubrió que no estaba del todo seguro de cuando fue que empezó a gustarle. No encontraba el momento exacto en que su afecto cambió para volverse más fuerte, más complejo y especial.

Cuando la amistad creció y se convirtió en amor.

Lo que sí sabía era el momento en que él se hizo consciente de ese cambio. Porque si de algo estaba seguro era que ese sentimiento estaba ahí mucho antes de que él se diera cuenta y le pusiera el nombre correcto.

—Marinette, ¿puedes acompañar a Rose a la enfermería? —La señorita Bustier aguardó unos instantes antes de repetir—. ¿Marinette?

A su espalda oyó un golpe, seguido de una voz nerviosa.

—¡Ah… sí! ¡Claro!

Rose ya bajaba los peldaños que conducían al suelo cuando Marinette la siguió. La delegada de clase solía sobresaltarse de ese modo, como si a menudo anduviera perdida en su mundo secreto y fuera necesario decir su nombre más de una vez para llamar su atención.

Me pregunto por qué será…

O al menos antes se lo habría preguntado.

Ahora, en cambio, Adrien prefería tratar de adivinar qué ideas ocupaban la mente de la chica, por qué razón había saltado sobre su asiento, y qué era eso que la tenía siempre tan distraída… Y también le habría gustado saber si sus teorías al respecto eran acertadas.

Ahora ya no sentía nada en su nuca, la sensación había desaparecido cuando la señorita Bustier dijo su nombre por segunda vez.

Marinette.

Sus ojos persiguieron a la chica mientras esta bajaba las escaleras y su pecho se encendió de un cálido sentimiento al observar como Marinette se apartaba para dejar pasar a Rose, al captar la energía musical que ocultaban los pasitos cortos con los que caminaba hacia la salida, y la manera en que retuvo la puerta para que la pequeña rubia pasara.

Su corazón dio un vuelco cuando, justo antes de cruzar el umbral, ella giró la cabeza y le miró. Solo un segundo. Solo a él. De modo que nadie más se percató de esa mirada en la que sus ojos se encontraron.

Hay una chica que me gusta pensó de nuevo, sin apartar la mirada de la puerta aun cuando esta ya se había cerrado. No oyó lo siguiente que dijo la profesora, ni si Nino le cuchicheaba algo más en voz baja… últimamente Adrien se distraía mucho.

Pero también había aprendido a darse cuenta de algunas cosas que habían estado ocurriendo frente a sus ojos.

Esta vez, yo también le gusto a ella.

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Hay una chica que me gusta… y no es Ladybug—

Adrien no tenía pensado volver a fijarse en nadie tan pronto.

Claro que no.

Había tenido suficiente con los múltiples rechazos de Ladybug y con el noviazgo breve y fallido con Kagami; más que nunca rondaba por su mente la vieja y triste idea de que no estaba hecho para el amor. Lo mejor para él era mantener su corazón a salvo.

No para siempre, solo durante un tiempo.

Pero aquello no era un nuevo amor. Era un amor que ya existía, no sabía desde hacía cuánto, pero latía demasiado profundo dentro de él como para que pudiera arrancárselo sin más.

Nuj —Su guardaespaldas le gruñó sin mala intención antes de dejarle solo en el comedor de su casa.

El nuevo curso había comenzado pero algunas cosas nunca cambiarían; como el hecho de que no podía quedarse a comer con sus amigos en el instituto.

—Gracias —Le respondió Adrien, suponiendo que ese gruñido quería decir buen aprovecho. Debió acertar, pues el hombre asintió con la cabeza y abandonó la habitación sin más preámbulos.

Ese día, como el resto de los pasados y los que estaban por llegar, se sentó a la mesa y tragó en silencio los alimentos que el chef de su padre había cocinado para él. Desde la cabecera de esa larga mesa, entre bocado y bocado, contó las sillas que se distribuían alrededor de esta para distraerse.

Ellos nunca tenían invitados, pero las mesas grandes son elegantes.

Ya ni siquiera contaba con la compañía de Nathalie durante sus almuerzos. Esta solía permanecer de pie junto a la puerta revisando tareas pendientes en su Tablet, pero le respondía si él iniciaba una conversación con ella sobre sus amigos o las clases.

Por desgracia desde que enfermó, la asistente de su padre pasaba la mayor parte del tiempo en cama, incluso hacía allí las comidas. Su casa volvía a estar inmersa en una atmósfera de silencio e inquietud por culpa de una enfermedad y no le gustaba nada.

Todavía me queda Plagg se dijo para consolarse, aunque el espíritu no se mostraba muy hablador mientras tuviera a su disposición raciones de queso que devorar.

Pero no me siento solo.

Y ese era el punto importante.

Adrien percibía que su soledad habitual ya no le perturbaba tanto. En ocasiones había sido tan sofocante que era como una presencia helada que lo acompañaba sin que pudiera despegarse de ella. Ahora era distinto. Aún notaba con él una presencia, pero muy distinta a la anterior; esta alejaba la soledad de él. Era amigable, luminosa y le hacía verdadera compañía reconfortándole de un modo milagroso.

Ahora había alguien pensando en él.

Alguien en quien él también pensaba a todas horas. Y se había formado la creencia (¿esperanza?) de que esa conexión entre sus pensamientos los mantenía unidos aunque no estuvieran en la misma habitación. Y solo con recordarlo, era capaz de sostener su buen humor, su alegría y serenidad hasta el momento en que volvía a verla.

—¿Ya has terminado? —le preguntó a Plagg, abriéndose la chaqueta para echar un vistazo. El espíritu dormitaba en su bolsillo, ronroneando con satisfacción. Adrien no pudo contener la risa al notar la curva de su estómago inflado.

Dejó la servilleta a un lado y se apoyó en el respaldo de la silla. Aún tenía unos cuantos minutos, por lo que se estiró con pereza sobre su asiento y después se deslizó hacia abajo, hundiéndose igualmente entre sus pensamientos más profundos.

Ladybug…

Cuando, un año atrás, cayó rendido de amor por su compañera heroica también tuvo la impresión de que ese sentimiento novedoso y exquisito le hacía sentir menos solo. Pensaba en su lady y las situaciones más oscuras de su día a día se volvían resplandecientes, recuperaba las ganas de encarar la vida con una sonrisa y seguía esforzándose aunque las cosas le vinieran del revés. Había creído percibir la presencia de Ladybug junto a él en los momentos tristes, espantando los recuerdos difíciles o los malos sentimientos.

Pero con el paso del tiempo y los continuos rechazos de la mariquita, ese amor que lo había consolado y dado esperanzas comenzó a sacudirle el estómago, a saberle agridulce en su boca… Y aunque había querido aferrarse a la amistad sincera que ambos compartían, descubrió que le faltaba algo.

Porque él pensaba en Ladybug, pero ella no pensaba en él.

No del modo en que yo quería rectificó y se encogió de hombros, ignorando que algo rechinaba aún en su corazón ante esa idea. Supongo que nadie tiene la culpa de eso.

No se puede controlar de quien te enamoras, mucho menos quien se enamora de ti. Pero Adrien sabía que se debía tener cuidado con el rechazo; es necesario librarse de él antes de que se convierta en algo peor. Y por ese lado estaba muy orgulloso de sí mismo. Había superado el rechazo sin que su estima por su lady decreciera ni un poquito.

Los sentimientos no desaparecen, pero pueden transformarse.

La puerta del comedor se abrió y su guardaespaldas asomó su cabeza por el hueco para recordarle con un gruñido que casi era la hora de volver a clase.

Ahora el tiempo pasaba más rápido.

—Ya voy —dijo Adrien, poniéndose en pie.

Atravesó el gran hall de paredes grises y techos altos para subir los peldaños de dos en dos. Hizo una visita relámpago al baño para lavarse los dientes y se precipitó al escritorio para recoger su mochila.

Adrien sentía los acelerados embistes de su corazón mientras revisaba que llevaba todo lo necesario y en un momento dado, su mano rozó el ratón del ordenador y las pantallas de este se encendieron a la vez revelando una serie de fotografías que captaron su atención y le robaron una nueva sonrisa.

—Vas a llegar tarde —Le soltó Plagg de repente. Debía haberse despertado por sus movimientos bruscos y deseaba que llegaran a clase cuanto antes para seguir durmiendo, pero el chico no le hizo mucho caso.

Sus ojos iban de un monitor a otro, repasando las imágenes al tiempo que un cosquilleo era liberado por su cuerpo e insuflaba su pecho hasta escapar en forma de suspiro.

Fotos. Fotos de ella. Fotos de los dos. Juntos. En un tren, en un parque, en Nueva York… El uno junto al otro. Adrien no había notado hasta ahora que su lugar natural siempre había estado junto a ella y se maravillaba al comprobar que, allá a donde su mente no había sido capaz de llegar, su corazón sí lo había hecho y le había guiado, sin que se diera cuenta, hasta el sitio donde debía estar.

A su lado.

Por esto estaba seguro de que ese sentimiento que ahora le alegraba los días y le acunaba hasta quedarse dormido por las noches era más antiguo de lo que su cerebro había registrado.

¿O todas esas situaciones eran solo coincidencias?

El sentimiento habitaba en su corazón y dictó sus actos, mientras que su cabeza desarrollaba un discurso absurdo para mantenerlo oculto a sus ojos.

No, ella solo es una amiga… ¡Yo a quien amo es a Ladybug!

Esas palabras habían sido solo una verdad a medias.

No podía dudar de su amor por Ladybug después de tanto, por supuesto. Él sabía hasta qué punto había sido real, y había formado parte de él. Genuino y sólido hasta creer que nunca se agotaría. Tan intenso que había robado su atención por completo y mientras él miraba solo a la heroína, en su corazón se había ido enredando otro tipo de amor.

Uno más sutil, más tierno y que lo había alcanzado en silencio.

El de Ladybug había sido como un chaparrón de verano; imprevisible y aparatoso, tan poderoso que parece que nunca dejará de caer y acaba por inundar las calles hasta que el agua rebosa las alcantarillas.

Este otro era un amor distinto.

Era… como una bella enredadera que muy despacio había ido deslizándose por su interior y cuando quiso darse cuenta estaba rodeado por ella, atrapado en ella. Una planta fuerte, que había crecido con paciencia y confianza y que embellecía su alma, como solo las plantas pueden embellecer lo que hay a su alrededor.

—¡Vámonos! —Le urgió Plagg.

—Ya voy…

Cogió la mochila y salió corriendo hacia la puerta.

Bajó las escaleras contento, saltando los peldaños esta vez de tres en tres y con el mismo entusiasmo se metió en el coche y le guiñó un ojo a su guardaespaldas antes de que este le gruñera de nuevo.

El sol atravesaba la ventanilla dándole en la cara, pero no le importó. Le gustaba el sol. Aunque había descubierto que prefería los días de lluvia. Así como prefería este nuevo amor, tierno y especial, al otro enloquecido y excitante. Prefería ver a esta chica cada día en clase, que no esperar a una pelea para encontrarse con su lady. Porque sí, era genial saber dónde encontrar a la chica que le gustaba, tener su número en el móvil y poder oír su voz cuando quisiera y saber que, ocurra lo que ocurra, se volverían a encontrar al día siguiente sin que fuese necesario un súper villano de por medio.

Aunque esa seguridad no evitaba que la impaciencia le hiciera tamborilear los dedos sobre sus vaqueros al mirar hacia la calle, ni contar los edificios que lo separaban del instituto.

Y de ella.

Su corazón se volvía loco cuando acudía al encuentro de Ladybug, pero ahora se regocijaba en una calidez que le causaba escalofríos anticipando el reencuentro con esta chica.

Porque era posible que ella también le estuviera esperando a él.

No para luchar. No para salvar la ciudad.

Solo para verle.

A él.

Yo también quiero verla a ella pensó, eufórico. El hormigueo de sus manos le recorrió el abdomen terminando en sus pies. Quería ver a esa chica, ver su sonrisa al verle y sonreírla a ella. Aunque aún no pueda decirle que me gusta.

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La chica que me gusta se pone nerviosa cuando estamos juntos—

El coche estaba por llegar al instituto, pero la mente de Adrien se había perdido en recuerdos viejos y en otros, algo más recientes. El interior del vehículo se estaba llenando de calor por efecto del sol de la tarde pero él entornó los ojos, casi hasta cerrarlos del todo, y vio entre las imágenes que cruzaban su mente adormilada un cielo oscuro, encapotado; la humedad que flotaba sobre su piel y oyó las salpicaduras de las gotas de lluvia sobre el asfalto que brillaba por las luces de los coches.

Estaba pensando en la entrada de su instituto a última hora de la tarde.

Y en Nueva York ya anochecido.

Sobre todo estaba pensando en aquel día al salir de la piscina cuando la vio sosteniendo su paraguas. Había pasado un año desde que lo puso en su mano por primera vez y ahora, volvía a estar ahí. Fue sorprendente que lo reconociera nada más verlo o el modo en que el recuerdo de aquella otra vez bajo la lluvia se precipitó en su cabeza tan rápido.

Fue raro que fuera justo ese día, ese instante, cuando se dio cuenta de todo.

Faltaban unos días para que comenzaran las clases de nuevo y Adrien recordaba haber pensado que grabar ese anuncio en el trampolín de la piscina iba a ser lo más interesante después de un largo verano aburrido y encerrado en casa. No es que el tema de las palomas le gustara; pero era mejor que seguir consumiéndose en la mansión de su padre. Incluso el hecho de poder hablar con otras personas siendo él mismo le pareció un golpe de suerte.

Había tenido el cerebro tan adormecido durante las semanas anteriores a ese día que cuando creyó ver a Marinette correteando por una de las galerías superiores de la piscina para después desaparecer, no le resultó raro. Echaba de menos el instituto y a sus amigos así que, tal vez, su cabeza le estaba jugando una mala pasada.

¿Qué iba a estar haciendo Marinette en la piscina ese día? ¡Si además estaba cerrada al público!

Solo la había visto un instante antes de zambullirse y cuando salió del agua y volvió a mirar, se había esfumado. Comprendió que había sido todo producto de su mente y, lo más curioso, se sintió decepcionado.

Muff —Le gruñó su guardaespaldas de repente. El chico salió de su ensoñación, echando hacia delante el cuerpo y se encontró con un pequeño atasco frente a ellos.

—No pasa nada —murmuró con paciencia—. Aún hay tiempo.

Ñerrr.

Regresó su mirada a la calle, apoyando la frente sobre el cristal caliente de la ventanilla. Suspiró apretando los labios y regresó a sus recuerdos. Al momento en que alguien le empujó cuando se disponía a saltar del trampolín.

El vértigo que le sacudió el cuerpo al precipitarse al vacío, aún más fuerte cuando giró sobre sí mismo y volvió a verla, casi encima de él. La confusión que se adueñó de su cabeza fue tal que perdió el control de su cuerpo y su espalda fue castigada con un golpe sordo al romper el agua, un golpe que aún le escocía solo de pensarlo.

¿Qué estaba haciendo allí? ¿Cómo logró entrar? Aún se lo preguntaba, pues seguía sin comprender lo que había pasado ese día. ¿Fue… por mí? Esta era la nueva pregunta que, de vez en cuando surgía y eclipsaba a las anteriores. ¿Cómo supo que estaría allí?

Ahora se hacía muchas más preguntas que antes.

Por fin el coche arrancó y retomó el camino, apenas faltaban unas pocas calles para llegar al instituto.

No fue entonces cuando se dio cuenta, sino después. Cuando se encontraron en la salida tras vencer a Mr. Pigeon. Encontrarse con Ladybug siempre era motivo de alegría pero ese día en concreto le dio la sensación de que la heroína apenas había acusado su ausencia.

Lo había resuelto todo sin él.

Trató de tomarlo con calma, no era la primera vez que pasaba, pero el malestar que dejaba era cada vez peor. Se sentía un tanto dejado de lado, como algo irrelevante que no cambia nada si está o no. Prescindible. Reemplazable si no había más remedio. Esos sentimientos se estaban adueñando de él cuando la vio.

Marinette seguía allí y sostenía su paraguas.

Lo había guardado durante todo ese tiempo, algo que él le había dado. Por la razón que fuera, le hizo tanta ilusión saber que había alguien que valoraba sus actos, aunque fuera algo tan simple como prestarle un paraguas, que se animó de golpe y aunque ella insistió en devolvérselo, él se negó.

Observó sus gestos nerviosos y sus palabras entrecortadas como siempre lo hacía; con diversión y paciencia, aunque creyó percibir algo más en su mirada cuando le tendió el paraguas. Como si le rogara que lo cogiera, que la liberara de continuar guardándolo. Fue absurdo pero Adrien tuvo el presentimiento de que si lo recuperaba en ese momento, algo cambiaría entre ellos. Algo que no quería que fuera diferente.

Y por eso se negó.

Aún se preguntaba qué era eso que le había dado tanto miedo…

Bueno, como tenemos un paraguas… ¿qué tal si volvemos caminando a casa?

El chico frunció el ceño, pasando el dedo por la línea de la ventanilla. La goma negra que cubría el borde ardía más que el cristal pero siguió acariciándola, frustrado.

Debí decir que sí se repitió una vez más. La mirada que ella le lanzó en ese momento también fue particular, nunca la había visto antes; esperanzada, anhelante y un poco vacilante. Pero no se dio cuenta tampoco entonces. El momento estaba cerca, pero aún no.

Resopló y se apoyó de vuelta en el asiento. Entonces, movió su mano hasta la parte trasera de su cabeza, pensativo. Hundió los dedos entre el pelo hasta alcanzar el cuero cabelludo; aunque ya no sentía nada, por supuesto, aún era capaz de localizar el lugar preciso donde se golpeó.

Un golpecito de nada, ni siquiera le dolió.

Pero ese golpe tan tonto que se había dado por no mirar por donde iba, fue la llave que abrió la puerta a todas esas preguntas, a las nuevas apreciaciones de detalles pasados y presentes que ahora encontraban un nuevo significado. ¿Por qué se golpeó? ¿Por qué no miró mejor antes de meterse en el coche? ¿Por qué se metió de espaldas en lugar de hacerlo de frente?

Marinette.

Porque la estaba mirando a ella. Porque no quería dejar de mirarla.

Y cuando halló esa respuesta todo lo demás se precipitó. Vio reflejado en ella ese instante de torpeza tan revelador. Si su golpe en la cabeza había sido por eso, ¿y todas las veces que Marinette actuaba así frente a él?

Pasó varios días dándole vueltas a las posibilidades hasta que las descartó todas salvo una, la más evidente.

Mujj —El gruñido le arrancó de sus pensamientos y Adrien parpadeó.

El instituto estaba frente a él.

—¡Gracias! —dijo el chico y antes de salir, añadió—. ¡Hasta luego!

Cerró la puerta de un portazo entusiasta y subió las escaleras a toda velocidad, notando lo desierta que estaba la calle y el modo en que el sol lo iluminaba todo sin resultar ya tan molesto.

Atravesó la puerta y escuchó un grito que no llegó a identificar del todo antes de que una figura se cruzara en su camino y chocaran sin remedio.

—¡Ah!

Parpadeó y el corazón se le saltó al verla.

—Ah, lo sien…

—¡Adrien! No quería tontear contigo… ¡Chocar contigo! — ¿Tontear? Pensó él, sosteniendo una sonrisilla involuntaria. Mantuvo un gesto sereno cuando la vio llevarse las manos a la cabeza—… d-digo… —Entonces Marinette apartó la mirada de él y bajó el tono, como hablando consigo misma—. ¡Marinette, deja de decir tonterías!

—Esto…

—Busco a Juleka —Le explicó, entonces. Había recobrado el dominio de sí misma, incluso dio un paso hacia él, con sus ojos azules bien abiertos—. Se fue de la cafetería llorando y…

El chico se irguió notando que un nervioso cosquilleo se apoderaba de él por la cercanía y la intensidad con que ella lo miraba. ¿Qué le estaba diciendo? Algo de Juleka…

Miró a su alrededor y señaló lo primero que vio.

—Ah… A lo mejor está ahí —sugirió sin dejarla acabar. A su izquierda había una puerta entreabierta, la que conducía a las calderas de la escuela.

No tenía ningún sentido que Juleka hubiese bajado allí pero fue lo primero que se le ocurrió y por eso lo soltó. No obstante, Marinette asintió.

—Puede que sí —asintió sin dudar—. Iré a mirar.

Adrien dio un respingo.

—¡Te acompaño!

La chica lo aceptó con un gesto de cabeza un poco tenso y él respondió del mismo modo antes de girarse hacia la puerta.

Tenía el corazón en la garganta, pero tragó para serenarse.

Creo que cada vez se pone menos nerviosa conmigo pensó, mirándola de reojo. Y yo cada vez me pongo más histérico con ella.

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La chica que me gusta siempre se preocupa por todos—

Lo que había al otro lado de la puerta madera era una escalera en penumbras que descendía hacia los sótanos de la escuela. Un lugar oscuro, húmedo y lleno de polvo.

Adrien ya había estado ahí antes. Durante su batalla contra Horrorificadora, él y Ladybug habían bajado en busca de las pobres víctimas de la villana que habían sido encerrados en extrañas capsulas gelatinosas con forma de huevo.

Horrorificadora rememoró, apretando los labios.

Todo había comenzado con aquel corto de terror que sus amigos y él trataron de grabar para un concurso. En un momento dado, Marinette ocupó el lugar de la protagonista y habían estado a punto de besarse en una de las escenas.

¡Vaya! Se dijo, sorprendido. Lo recordó de manera imprevista y una descarga agitó su pecho. Me pregunto si ya entonces Marinette… tragó saliva, nervioso y a la vez, tontamente ilusionado. Me pregunto si yo ya le gustaba.

¿Qué habría pasado si en aquel momento hubieran llegado a besarse? Aunque solo hubiese sido una actuación para una película, ¿habría sentido algo? Puede que ese beso fingido hubiese descubierto para él sus sentimientos, si es que ya existían y eran lo bastante fuertes, así como pasó con el golpe en su cabeza.

La tentación de dejar volar su imaginación preguntándose cómo habría sido ese beso estuvo a punto de distraerle, pero Adrien meneó la cabeza. Frente a él se extendía una larga y empinada escalera de metal negro.

Será mejor que yo vaya antes se le ocurrió.

Conocía a su amiga, así que se mantuvo alerta al bajar los primeros escalones y antes de lo que habría creído, escuchó su gritito de pánico.

—¡Ah!

Esa voz asustada activó sus reflejos. Se dio la vuelta alzando las manos y por segunda vez, el cuerpo de la chica se precipitó sobre el suyo. Logró sostenerla justo a tiempo y mantener el equilibrio para que el impulso no lo arrastrara a él escaleras abajo.

La cogió por los hombros y sintió sus manos posarse en los de él. Debido a la inercia del tropiezo sus rostros quedaron cerca, muy cerca. Casi tanto como el día de horrorificadora, a escasos milímetros el uno del otro. El dulce olor de Marinette inundó su nariz y pudo deleitarse con el delicado sonrojo que floreció en las mejillas de la joven, así como ser testigo de la sorpresa que brilló un instante en sus ojos oscurecidos por el miedo instantáneo, justo antes de saberse a salvo.

Incluso captó la calidez de su aliento cuando ella suspiró.

Adrien notó, además, el estremecimiento en el cuerpo de la chica y aquel día pasado en que sus labios casi se rozaron delante de la cámara regresó a su mente con más fuerza. La situación le pareció tan similar que, quizás, él podría acercarse un poco más y…

¿Y?

Se le escapó una sonrisa ante semejante impulso y entonces ella se escabulló, casi de un salto, moviendo los brazos para mantener el equilibro sobre sus pies al estabilizarse de nuevo.

—¡Perdón! —chilló, nerviosa—. ¡Estoy enamorada! —Adrien abrió sus ojos, quedándose sin aire un instante. ¿Enamorada? ¿Eso ha dicho? —. ¡Digo preocupada por Juleka! —Marinette desvió la vista, con el pecho subiendo y bajando a toda velocidad—. Estoy muy torpe y nerviosa y… —Su mirada se movía, huidiza, por las sombras que los rodeaban sin querer detenerse en ningún sitio. Se agarró las manos con fuerza—. Soy una tonta, no sé si antes hice algo que la molestó…

Adrien no entendió mucho de ese discurso pues su mente se había vuelto del revés.

Enamorada… ¿de mí? Se preguntó. Esa era la sospecha y al mismo tiempo la maravillosa conclusión a la que había llegado, con extraordinaria rapidez para tratarse de él, el día de la piscina. La había estado alimentando en su mente desde entonces pero se le hizo raro escucharlo en esa situación.

Enamorada…

Pese a todo siguió sonriendo, embobado, aunque su mente le decía que no tenía sentido que ella se lo confesara en ese momento.

—Eso no tiene sentido… —murmuró para sí. Marinette parpadeó confusa—. ¡Lo que dices no tiene sentido! —Rectificó él a toda prisa—. Porque tú eres una buena persona, así que… ¡ha tenido que ser otra cosa! —Aún con cierta resistencia, la chica recompuso su sonrisa y él se sintió mejor—. Busquémosla por aquí, ven.

Bajaron el resto de peldaños sin más contratiempos y avanzaron de puntillas por el pasillo que se alargaba hasta una sala mayor, iluminada con frialdad por la luz fluorescente de la caldera que zumbaba al fondo. Adrien creyó oír algo, como un jadeo lejano y se sorprendió porque en verdad Juleka pudiera estar allí abajo.

Sí que debe pasarle algo malo entendió. Miró de reojo a su amiga que caminaba junto a él, todavía con una mezcla de tristeza y culpa mortificando sus dulces rasgos. Deseó saber qué decir para animarla, para quitarle de la cabeza la absurda idea de que ella era la causante del llanto de Juleka pero calló sin saber qué decir.

Enamorada pensó una vez más, frunciendo un poco el ceño.

Se llevó la mano de vuelta a su cabeza, rozando una vez más el lugar del golpe y rememoró los calambres que sintió en su cuero cabelludo aquel día, mientras el coche se alejaba de la piscina y las gotas de lluvia emborronaban los cristales convirtiendo el mundo exterior en una masa de formas grises y oscuridad.

Él iba tan abstraído que ni se fijó; ningún pensamiento rondaba su mente, ni siquiera fue consciente de que seguía sonriendo hasta que Plagg se lo hizo ver.

—¿Qué ha sido eso? —Le preguntó desde su bolsillo.

—¿El qué? —preguntó él a su vez, y antes de que el kwami respondiera, añadió—. Nada.

—¿Nada? —Plagg le mostró los dientes, relucientes en medio de la semi oscuridad del interior del coche—. Recuerda mirar mejor cuando camines hacia atrás la próxima vez… en lugar de quedarte mirando como un tonto a la chica que te gusta.

—¡¿Qué dices, Plagg?! —exclamó él—. ¡Marinette no es…! —Se interrumpió cuando un nuevo calambre le recorrió la zona golpeada y le obligó a apretar los párpados. En cuanto lo hizo su mente se llenó de flashes de luz, imágenes de Marinette de ese día y de muchos otros que le produjeron un escalofrío—. No es… —Más imágenes, tan nítidas y preciosas que tuvo que guardar silencio. Se miró la mano con la que se rozaba la cabeza, la mano que ella había cogido con gran naturalidad al ponerse a su lado y cubrirle con el paraguas.

Sintió una nueva descarga en su palma, entre el aire que flotaba en torno a sus dedos bullía una energía extraña, excitante y cálida.

—¡Te has puesto rojo! —señaló Plagg, divertido y malicioso.

—¡¿Qué?! ¡No es verdad! —El chico miró su reflejo en el cristal de la ventanilla y comprobó, con sorpresa y estupor, que era cierto. Sus mejillas se habían encendido de repente—. No, yo… —Tenía el estómago encogido, el corazón acelerado y el rostro más rojo que un tomate—. ¿Qué… me pasa?

Se palpó el pecho y trató de pensar en alguna otra posibilidad, pero ya era tarde.

La verdad, oculta tras una venda que había estado atada a sus ojos se acababa de aflojar por el golpe en su cabeza, deshaciéndose y cayendo de su rostro para dejar ante él aquello que había estado escondido.

Me gusta Marinette pensó aún con cierto temor y resistencia. Respiró hondo y esas sensaciones en su interior se hicieron más grandes. Ella es la chica que me gusta.

Reconoció la naturaleza real de esos sentimientos, y también que no eran nuevos, pues no se sentían extraños o desconocidos. La cabeza comenzó a darle vueltas pero un nuevo calambre apartó toda la confusión y una nueva idea se presentó ante él igual de sólida y real que la otra.

—Creo que yo… también le gusto a ella —murmuró, asombrado. Una colección de recuerdos desfilaron ante él; caídas, tartamudeos, palabras extrañas, sonrisas y miradas que callaban más de lo que él, tonto, había logrado entender. Sonrió más convencido a medida que pasaban los segundos—. Le gusto… —Susurró. La mano que tenía apoyada en su pecho se cerró en un puño por la emoción—. Yo también le gusto.

De vuelta en el presente, Adrien volvió a mirar de reojo a la chica, esforzándose por no sonreír demasiado, deseando y no a la vez que ella volviera su rostro hacia él y le sorprendiera. No pasó. Siguieron avanzando, acercándose a ese jadeo que se estaba volviendo un llanto sofocado y él devolvió su mirada al frente.

Adrien estaba bastante seguro de haber acertado en sus hipótesis. Marinette sentía algo por él, sin embargo era extraño que nunca se lo hubiera dicho. Ella era una persona honesta, que no tenía problema para lidiar o expresar sus emociones, incluso había ayudado a muchos de sus compañeros de clase con ese tipo de cosas.

¿Por qué nunca se lo dijo?

La única explicación que se le había ocurrido para su silencio fue que, tal vez, ella temía su reacción. Puede que augurara un rechazo por su parte, o que incluso creyera que él no comprendería sus sentimientos. Ya habían pasado por malentendidos de ese estilo por culpa de los años que Adrien había pasado encerrado en casa y su falta de entendimiento en temas emocionales.

¿No había sido, en parte por esa inexperiencia, que no había sabido manejar los problemas de sinceridad con Kagami? ¿No había sido por eso que había tardado tanto en notar los sentimientos de Marinette? ¡¿O los suyos propios?! No era bueno para ese tipo de cosas.

Él lo sabía. Y Marinette también, por eso había callado. Y también era por eso que él no se atrevía a contarle lo que sentía ahora. Le daba miedo no saber hacerlo bien, equivocarse, perder ese amor como había perdido el de Ladybug… De hecho, le aterraba repetir esa experiencia con su amiga.

Incluso se había planteado si no sería mejor dejarlo todo como estaba y conformarse con un amor platónico. Quizás podría ser feliz solo con saberse correspondido. Con sonrisas nerviosas, con roces fortuitos cada vez que ella tropezara cerca de él, con miradas secretas a través del resto de personas que se interponían entre ellos.

Tal vez con eso sea bastante se dijo. No obstante, su corazón aún palpitaba anhelante ante el recuerdo de aquel beso que casi se dieron.

Llegaron al borde de la esquina donde el pasillo acababa y el sonido del llanto se hizo más claro. Adrien sintió que Marinette le tiraba de la manga y al girar la cabeza, intercambiaron una mirada de entendimiento.

—Espera —susurró él, deteniéndose de golpe. Se asomó por el borde de la pared y atisbo una figura agazapada en las sombras. Se trataba de Juleka y no parecía estar nada bien—. No hagas ruido, ¿vale?

Adrien adoptó una expresión de gravedad.

Leía en el semblante de su amiga que estaba deseosa por correr junto a Juleka y consolarla, pero la culpa la tenía paralizada. Él quería remediar la situación y devolverle la sonrisa a la chica que le gustaba pero justamente ese era el terreno donde él fallaba.

Pero tengo que hacer algo se dijo.

Y quizás si lo lograba, le demostraría a Marinette que podía ser sincera con él y hablarle de sus sentimientos. Aún mejor; se demostraría a sí mismo que podía arriesgarse por ese nuevo amor y hablar él en primer lugar.

Quería hacerlo por sí mismo, pero también por ella.

Puede que haya tardado en darme cuenta, Marinette pensó. Pero aquí estoy, contigo, haré cualquier cosa por ti.

—Yo me encargo —Le susurró.

Ella asintió.

Marinette siempre se preocupa por todos, pero ahora estoy yo para preocuparme por ella se dijo.

Avanzó un par de pasos sin tener ni idea de lo que le diría a Juleka, ni de cómo lograría consolarla pero apretó los puños y se dijo que ya no era el mismo chico recién llegado al instituto, no. Había pasado un año y todo había cambiado. Ahora tenía amigos de los que había aprendido mucho y la única manera de saber si se estaba a la altura de ellos era ponerse a prueba.

Respiró hondo, avanzando hacia la chica que lloraba encogida sobre sí misma en el suelo y sintió que el corazón le retumbaba, esta vez de pena al notar su dolor.

Vaciló un momento, sobrecogido.

¿Seguro que sé lo que hago?

Podía meter la pata y herir aún más a Juleka. ¿Y si decía algo incorrecto? Su amiga lloraba, estaba sufriendo y se había escondido para no ver a nadie. ¿Y si se molestaba por su presencia allí?

Te perdonará se dijo, entonces. Porque él actuaba con buenas intenciones y los amigos se perdonan en esos casos, ¿verdad? Todavía confuso volvió la cabeza. Marinette le miraba asomando el rostro por el borde de la esquina, solo a él. Una nueva mirada que nadie más que ellos sabrían que había existido y que le habló de fe y confianza.

Ella confía en mí entendió. En que sí puedo hacerlo.

Regresó su vista al frente y siguió caminando.

Marinette es la chica que me gusta se dijo con confianza. Tengo que lograr tener más confianza para decirle lo que siento.

Llegó junto a su amiga y se arrodilló, inclinando la cabeza para verle el rostro medio oculto por su cabello negro y su brazo doblado.

—Juleka… ¿te encuentras bien?

La joven tembló, apretó los párpados y calló unos segundos antes de responder.

—Déjame. Quiero estar sola.

Adrien dio un respingo, pero se recompuso. No dejó que los nervios le dominaran, ni huyó de la situación. Suavizó sus rasgos y su voz y asintió con la cabeza.

—Quieres estar sola —repitió despacio—. Lo entiendo.

Esperó conteniendo la respiración hasta que notó que Juleka se relajaba un poco y el llanto se apagaba. Entonces respiró aliviado y oyó los pasitos de Marinette acercándose, buscó su rostro en la semi oscuridad cuando ella se agachó a su lado y comprobó que también parecía más tranquila.

—Lo siento, Juleka…

Su voz también sonó más ligera y él pudo tranquilizarse.

Siempre se preocupa por todos pensó él. Quizás pueda ayudarla con eso preocupándome también.

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Quiero abrazar a la chica que me gusta—

Ese día ocurrieron unas cuantas cosas curiosas y una de ellas fue que, aunque Adrien había actuado guiado por su preocupación por Marinette y sus ganas de ser más sincero con sus sentimientos, a medida que escuchaba a Juleka y se le iban ocurriendo cosas que decirle, todo lo demás dejó de tener tanta importancia.

Descubrió también que cuando deseas ayudar de verdad a otro, resulta imposible preocuparse por uno mismo.

Mientras el resto de sus compañeros llegaban a la inhóspita sala de la caldera y lograban que, poco a poco, Juleka se abriera y les contara los motivos por los que estaba tan disgustada, Adrien se centró solo en ayudarla. No pensó en sí lo que decía estaba bien o mal, ni en lo que pensarían los demás de él; escuchó el discurso de su amiga, sintió el miedo y la angustia que la oprimían y dejó que eso y su instinto le indicaran lo que debía decir. Comprobó que sus palabras eran bien recibidas, que inspiraban paz en la chica y fue tomando confianza.

Siempre que habían surgido problemas de ese índole en la escuela, él solía estar ahí ofreciendo su apoyo a la persona, pero procuraba no intervenir demasiado porque su inexperiencia le hacía sentir inseguro. Aún había veces que decía o hacía algo y notaba que sus compañeros le miraban con escondida extrañeza en sus ojos. Y aunque había pasado ya un tiempo, esa incertidumbre no había desaparecido del todo. Aún le daba miedo alzar la voz y decir algo inapropiado.

Y le daba miedo hablar con Marinette.

No obstante, ese día entendió que el miedo se vuelve insignificante cuando te preocupas por las personas que te importan.

Al ver la expresión triste de Marinette o al oír el llanto de Juleka, su miedo a fallar, a herir sin querer, a volver a actuar como un bicho raro se hizo mucho más pequeño. Y cuando el miedo desaparece, la confianza regresa.

Quizás no todo lo que dijo había estado bien, pero actuó según le dictaba el corazón y cuando vio la sonrisa de alivio en el rostro de Juleka, él mismo notó que un gran peso se le quitaba de encima.

Le tendió la mano para ayudarla a ponerse en pie y le dijo:

—No estés mal por habérnoslo dicho. Has guardado el secreto mucho tiempo, pero es demasiado para hacerlo tu sola —Juleka cerró los ojos, suspirando sin parar.

—Gracias —respondió con una pequeña sonrisa.

Marinette avanzó para colocarse a su lado.

—Somos amigos —recordó para apoyarla.

—Rose confía en ti, y tú en nosotros. No diremos nada —prometió él. Notó que Marinette le observaba y un cosquilleo le invadió al sentirla tan cerca—. Ahora que sabemos lo que ha ocurrido te ayudaremos si lo necesitas.

Juleka asintió con una sonrisa aún mayor y abrió los brazos.

Los demás se acercaron a abrazarla al instante. Adrien también alargó sus brazos, más tranquilo y rodeó a la chica. Los demás le rodearon a él y todos se fundieron en un bonito abrazo. Cerró los ojos un instante y al abrirlos, se percató de que Marinette seguía a su lado, que su cuerpo se apretaba contra el suyo y que su brazo casi envolvía su espalda. Solo la miró un instante, para que nadie le descubriera pero fue inevitable que un nuevo anhelo se encendiera en su interior.

Quería abrazarla solo a ella y eso le hizo comprender que se había estado engañando a sí mismo.

Desde el día de la piscina, Adrien se había estado sintiendo genuinamente feliz con los nuevos sentimientos que albergaba, seguro de que si no hacía nada, no habría riesgo de que las cosas salieran tan mal como las otras veces y que podía conformarse con eso. Lo creía o se había obligado a creerlo, pero era absurdo.

Seguirían surgiendo en él ese tipo de deseos. ¡Era normal que quisiera ir más allá de las fantasías y deseara abrazar o besar a la chica que le gustaba! Y si lo reprimía por miedo al desastre, algún día le pasaría lo mismo que con Ladybug; ese silencio se convertiría en algo parecido al rechazo y el malestar frío y hueco regresaría junto a la soledad.

—Venga —anunció la delegada después de unos minutos—. Volvamos arriba, pronto empezarán las clases de la tarde.

Los demás empezaron a subir las escaleras, pero Marinette se quedó atrás hablando con Juleka un poco más. Adrien se acercó a ellas justo cuando la morena se alejaba aun secándose las lágrimas.

—Ey, Marinette —la llamó y ella dio un respingo al oír su voz. Miró en todas direcciones sorprendida.

—Pensé que os habíais ido todos —murmuró.

—¿Lo ves? Ya te dije que esto no era por tu culpa.

La joven sonrió, y sus mejillas se cubrieron de un delicado rubor.

—Tenías razón —dijo, sujetándose las manos. Adrien observó el modo en que las retorcía y sintió también que un nudo se formaba en su garganta.

La joven se dio la vuelta dispuesta a alejarse pero en el último momento le miró por encima del hombro, de ese modo en que ella lo hacía cuando nadie más les observaba. Adrien contempló el movimiento de sus pestañas y la luz que prendió en sus pupilas. Sintió que un escalofrío le recorría la espina dorsal y que un furioso hormigueo le quemaba las manos.

Antes, durante el abrazo colectivo, habían estado tan cerca que de haber extendido la mano podría haberle rozado la espalda, rodear sus hombros y estrecharla contra él. Con todos delante no se atrevió. Estaban cerca y al mismo tiempo, era como si estuvieran a kilómetros de distancia.

Recordaba haber sentido algo parecido con respecto a Ladybug muchas veces. La tenía cerca de él en cada batalla, pero su rechazo hacía que la sintiera lejana.

Ahora Marinette estaba a unos pocos pasos y Adrien no sintió que hubiera ya nada entre ellos que los separara. Estaba harto de amores platónicos, de fantasías y silencios.

Algo prendió en su pecho y le hizo avanzar hacia ella. La rodeó con sus brazos sin decir palabra, estrechándola con suavidad, inclinando la cabeza hacia su pelo. Por supuesto, el cuerpo de la chica se tensó al instante. El ruido de la caldera se convirtió en el único sonido entre esas paredes de metal y Adrien pensó que si ella le preguntaba qué estaba haciendo, no sabría qué responder.

¿Cómo le explicaría aquel efusivo e incómodo abrazo?

Me gustas respondió su mente. Y no quiero perderte a ti también.

No sabía si después de todo estaba listo para contarle toda la verdad.

Entonces, Marinette movió sus brazos que habían estado colgando junto a ella sin aparente vida. Los elevó hasta la espalda del chico y los posó con una suavidad que reflejaba miedo e inseguridad, así que él la estrechó con algo más de vehemencia. Ella tampoco dijo nada. Pero una de sus pequeñas manos revoloteó sobre su hombro y terminó rozándole la nuca. Las puntas de sus finos dedos trazaron senderos mágicos sobre su piel y Adrien experimentó esa caricia que había sentido en la clase.

Y suspiró cuando su corazón saltó pletórico en su pecho. Adrien trató de absorber todas las sensaciones que llegaban a él y quiso retener la alegría que recorría sus venas para que se quedara con él para siempre.

Le había dado miedo hablar, pero en realidad, las palabras no son tan importantes. Quizás era cierto que compartían algún tipo de conexión mental.

Adrien sonrió.

Esta vez sí se dijo, con más confianza que nunca. Esta vez sí puede salir bien.

Esta vez la chica que me gusta, también me quiere a mí.

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Fin

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¡Hola a todos y a todas, miraculers!

¿Qué tal habéis estado?

Pues sí, aquí vengo de nuevo con otro Oneshot de esta serie por la que empiezo a sentir un amor-odio que aún no sé si es bueno o malo para mi inspiración, jajaja.

Me da la sensación de que a veces me paso de crítica con esta nueva temporada de miraculous, pero de verdad os digo que cada vez entiendo menos lo que está pasando y sí, me frustra la dirección que está tomando. A día de hoy creo que solo he disfrutado de verdad de "Mr. Pigeon 72" y de "Giltrip", supongo que os imagináis por qué… y estoy perdiendo la esperanza con los capítulos que nos quedan por delante.

¿Qué os ha parecido el Oneshot?

Al releerlo y revisarlo me ha dado la sensación de que me ha quedado un tanto distinto a anteriores historias. Quizás porque todo está narrado desde la perspectiva de un Adrien que, a diferencia del personaje de la serie, ha descubierto sus sentimientos y me ha costado un poco expresarlos con claridad.

Por otro lado, los oneshots como estos yo suelo escribirlos del tirón para no perder de vista la idea principal que me inspiró, pero en las últimas semanas han pasado cosas que me han tenido alejada de la escritura y retomar este fic ha sido más difícil de lo que creía.

Espero que, a pesar de todo, os haya gustado un poquito ^^ Los que como yo echáis de menos interacciones adrianette o ladynoir en la serie entenderéis el impulso que me llevó a escribirlo y solo espero que os alegre un poco el día.

Gracias por todo ^^

Nos vemos Besotes para todos y todas

-EroLady-