One-Shot

"Mundo al revés"


Y ahí estaba Syaoran Li pensativo en su cama, mientras se forzaba a dormir. Eran exactamente las 2 AM y el heredero del clan Li sé encontraba con la problemática de no poder conciliar el sueño. Afortunadamente ese día lo tendría libre, ya que era sábado y no tenía que asistir a la secundaria. Tener 13 años a veces era un poco complicado, pues extrañaba sus días en los cuales solo era un crío de 10 años.

Desde que había regresado a Tomoeda las cosas iban siendo mucho más problemáticas a gran escala. Tener que lidiar con Kaito, que andaba detrás de la magia de Sakura era una situación muy cansada. Syaoran sabía que debía proteger a su amada a toda costa de las amenazas exteriores a las cuales se veía expuesta y sin chistar lo hacía, pero a veces hubiera preferido que la línea que trazaba sus destinos fuera diferente. Con gusto, él hubiera aceptado la gran responsabilidad de haber sido el heredero del mago Clow, todo con tal de quitar esa carga pesada de los hombros de Sakura. No lo malentiendan, el chico también tenía sus responsabilidades con su familia sobre convertirse en el cabecilla del clan y cumplir con las grandes expectativas que tenían de él. Debía fortalecer su magia si quería ser un buen líder. Además el tener que cuidar a la chica cada vez se complicaba más, pero al menos ya no tenía que seguir escondiéndole cosas y mintiendo descaradamente en el proceso, pues Sakura al menos ya era consciente que las cartas Clow estaban sanas y salvas con él.

Aunque había algo que si no le gustaría cambiar para nada al joven castaño, y eso era definitivamente enamorarse de la señorita Kinomoto.

— Yo solo quiero que ella no salga lastimada. — pensó Syaoran con amargura en inquietud.

Sin darse cuenta, su cerebro se iba embotando cada vez gracias a la bruma del sueño que venía a atraparlo. Antes de poder cerrar sus ojos castaños, una interrogante se quedó grabada en su subconsciente.

— ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera sido el heredero de las cartas Clow?. — pensó con curiosidad mientras cerraba sus ojos castaños y se entregaba a Morfeo.

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Era de mañana y Syaoran ese día se encontraba solo en su casa. Su madre había salido a trabajar a la universidad para atender unas clases extracurriculares que había programado para sus hermanos. Además, sus demás hermanas se encontraban trabajando cada una en su respectivo trabajo. Eso significa que él era el encargado de la limpieza y la comida de ese día. Decidió que primeramente empezaría a desempolvar los libros de la biblioteca de su madre en el sótano.

El pequeño Syaoran solo era un niño de 10 años que asistía a su cuarto curso en la primaria Tomoeda. Su familia a pesar de ser de origen chino, habían emigrado hace varias generaciones a Japón. Cuando el más pequeño de los Li bajó al sótano, empezó a acomodar cada libro en la repisa mientras quitaba el polvo que adornaba las cubiertas de los textos. Hubo un libro en particular que llamó su atención. Tomó con cuidado el libro de cubierta rojiza y con agrado descubrió que en la portada había una especie de gran león de color dorado ilustrado, mientras que en la contraportada se limitaba a mostrar la ilustración de un sello en forma de luna.

— Qué extraño, nunca había visto este libro. — pensó Syaoran con desconcierto, pero sin dejar de lado su curiosidad.

Sin poder resistir más, el joven niño abrió el libro y de él emano un gran destello y una gran ráfaga de viento sin control que inundó la habitación. Con algo de dificultad el chico se las arregló para poder observar lo que pasaba. Por una razón inexplicable, el libro era hueco y de él salían volando como proyectiles diferentes cartas con imágenes muy impresionantes. Mientras con uno de sus brazos cubría sus ojos del viento feroz y sostenía el libro, con el otro que estaba disponible lo estiró lo más que pudo para tratar de alcanzar las cartas voladoras, para así evitar que salieran de la habitación. Desde luego, sus intentos fracasaron.

Cuando vio salir del libro a una criatura amarilla y peluda, supo con certeza que realmente se había metido en algo muy serio.

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— ¿Qué? ¿Dejaste ir todas las cartas?. — grito Kero en una mezcla de incredulidad y enfado.

— No pude hacer nada, solo salieron volando. — explicó Syaoran con algo de vergüenza.

— Fantástico, niño. Simplemente fantástico. — Masculló el ser amarillo con irritación. Después de meditarlo unos segundos, el intento de peluche de felpa lo miró con sus pequeños ojos brillantes. — Prepárate, porque serás el nuevo Card Captor. Tu me ayudarás a juntar de nuevo todas las cartas que has liberado. — Explicó con determinación Kero.

— ¿Ah?. — Masculló anonadado el castaño sin entender ninguna palabra de lo que decía la criatura.

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— ¿En serio es necesario que use esto?. — preguntó Syaoran levemente avergonzado mientras miraba el traje que estaba usando.

El joven Li sé encontraba usando un pantalón de algodón brillante de color verde esmeralda, acompañado por una camisa oriental de manga larga del mismo color, adornada con algunos botones dorados. Eso no era lo desconcertante en el traje, lo que en verdad le daba inseguridad al chico era el collar tipo correa que tenía en el cuello con un cascabel, además del gorrito redondo que adornaba su cabeza con un par de orejas de gato color café. Su mejor amigo le miró con diversión.

— Vamos, te ves bien. Así me estás ayudando a practicar para que algún día me vuelva un gran diseñador. — dijo contento el pelinegro. — Además, no creo que sea factible que captures a las cartas estando vestido de uniforme escolar. — explicó con tranquilidad.

Tomoya Daidoji era el mejor amigo de Syaoran. Era un chico pelinegro con ojos púrpuras oscuros, con el cabello corto, pero con un gran flequillo que cubría su frente. Con una personalidad tan tranquila como una brisa fresca de verano.

— No estoy muy convencido. — dijo Syaoran con escepticismo.

— ¡Oh sí!. Tomoya, toma mis mejores ángulos. — expresó Kero mientras hacía poses frente a la cámara que traía el pelinegro.

— No pongas esa cara, arruinaras la toma. ¡He conseguido está nueva cámara y ya deseo ver cómo queda la grabación!. — comentó Tomoya eufórico, mientras le mostraba que el equipo ya se encontraba grabando. — Al menos Kero si me apoya.

— Eso no ayuda a convencerme de todos modos. — respondió con cansancio el castaño.

En ocasiones el chico se sentía fuera de lugar, como si esa realidad que estaba viviendo no fuera la correcta. Tenía la sensación de que todo estaba patas arriba y las cosas no estaban fluyendo como deberían. Con un poco de melancolía concluyó que tal vez él no era la persona correcta para ser el card captor de Clow. Había algo que le estaba empezando a faltar, algo anhelante que necesitaba para vivir día a día. Aunque no sabía darle origen a ese sentimiento de opresión en su corazón.

Después de intercambiar palabras con su amigo y de dejar de pensar cosas absurdas, Syaoran se dispuso a invocar su báculo mágico. Una vez que la llave que colgaba en su cuello se transformó, apareció frente a él el tan deseado báculo de color verde oscuro. Frente a ellos pasó con velocidad el ente que buscaban.

— ¡Esa es la carta Clow!. — gritó con urgencia el ser amarillo, señalando con frenesí a la criatura.

— ¡Tomoya, quédate aquí!. — gritó el castaño mandonamente mientras sacaba una de sus cartas. — ¡Salto!. — dijo con determinación para que después en sus zapatos salieran un par de alas.

Una vez que hizo esto se arrojó de la azotea de la escuela. Afortunadamente era de noche y la mayoría de los habitantes de Tomoeda se encontraban dormitando en sus casas. Así no corría el riesgo de ser descubierto.

— ¡Hey, espérame!. — Musitó Kero, volando detrás de su protegido.

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Por más que lo trataba, Syaoran no podía acercarse a la carta trueno sin salir volando en el proceso. Aún no podía encontrar entre las cartas que tenía, alguna que le ayudará a darle batalla al ente que parecía un tigre hecho de electricidad.

— Maldición. — Masculló afligido el castaño. Estaba a punto de lanzarse de nuevo al ataque, pero una mano en su hombro le detuvo.

Antes de poder girarse, la mano que estaba posada en su hombro lo jaló hacia atrás y este cayó de sentón.

— Auch. — dijo con dolor el chico y miró al causante de su desgracia. — Hey, ¿Qué te sucede?. — Musitó indignado y molesto.

A un lado de él se encontraba una niña castaña, de cabellera corta. Con un par de penetrantes ojos verdes que le miraba con frialdad. La niña de la misma manera que él, estaba vestida de manera extraña, ya que ella usaba un qipao corto de color rosa pastel con dragones plateados impresos en la tela, acompañado de un pantalón bombacho de color gris. En su espalda cargaba con una gran espada.

— No estorbes niño, déjame trabajar. — dijo la niña con seriedad mientras sacaba un pergamino amarillo con letras impresas en él y blandia la espada con magistralidad.

Al ver el rostro de la chica, Syaoran quedó mudo. Aunque sonara inverosímil, él sentía que conocía a la joven que estaba a un lado. La cuestión era, ¿De dónde?. Verla le provocaba un sentimiento de confort y calidez.

— Disculpa, ¿Te conozco?. — preguntó Syaoran con curiosidad, pero sin dejar de lado la educación.

— Si, ¿quiénes son mocosos?. — dijo Kero impertinentemente. La criatura no estaba contenta con la aparición de esos dos chicos.

La chica solamente hizo oídos sordos y se lanzó por la carta trueno.

— ¡Dios del rayo, ven!. — grito la chica con fiereza, invocando así la magia del pergamino. Cómo resultado, la joven desconocida logró dominar a la carta Clow. — MinLing, ¿Qué esperas para decirle al niñato que selle la carta?. —dijo la castaña con seriedad.

Syaoran ni siquiera se había percatado de la presencia del joven que al parecer, venía acompañando a la misteriosa chica. Era un chico aparentemente de su misma edad, cabello oscuro como la noche y largo, atado en una coleta baja. Sus ojos contrastaba demasiado con su cabello, ya que los tenía rojos como una ciruela. Este chico llamado MinLing vestía solamente un traje al estilo chino de color rojo con blanco.

— ¡Hey, espabila!. ¿Acaso no la escuchaste?. — cuestionó MinLing irritado.

Syaoran se sorprendió por la actitud tan radical que tenía el chico, pues a simple vista se miraba amigable, pero concluyó que solamente ese trato lo tenía con la chica. Exasperado, blandió su báculo con firmeza para sellar a la carta trueno.

— Regresa a la forma humilde que Mereces. ¡Carta Clow!. — entonó y rápidamente la carta adoptó su forma más simple. Cuando Syaoran estaba a punto de atrapar la carta, ésta voló en dirección a la niña desconocida.

— No tan rápido, creo que eso es mío. — expresó la chica con sarcasmo, tomando entre sus manos la carta trueno.

— Solo por esta vez te la entregaré. — dijo con seriedad Syaoran. — Te preguntaré de nuevo, ¿Quién eres?.

— No es de tu incumbencia. Te recomiendo que si vas a competir conmigo por las cartas Clow, al menos espero que seas un buen rival. — respondió fríamente la joven mientras se retiraba del sitio.

— Ay, pero qué mocosa más insoportable. — gruñó Kero disgustado.

Syaoran guardó silencio, meditando sobre dónde conocía a aquella chica.

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Y ahí estaba, al siguiente día tomando clases en la primaria Tomoeda. Todo iría de lo más normal, a excepción de que frente a la clase se estaban presentando dos niños nuevos. Nuevamente frente a los ojos castaños de Syaoran estaba la niña misteriosa.

— Soy Kinomoto MinLing, es un placer. — dijo el chico mientras hacía una reverencia educada a la clase. — Ella es mi prometida. — añadió con una gran sonrisa, mientras señalaba con la cabeza a la joven.

— Mi nombre es Kinomoto Sakura. — dijo con seriedad la joven castaña, y levemente apenada por la declaración del joven.

Los murmullos se dejaron sonar por toda el aula, pero Syaoran hizo oídos sordos. Sin darse cuenta, la chica Kinomoto se fue a sentar detrás de él y le miraba con seriedad.

— Yo te conozco, estoy seguro… — Susurró el chico castaño incrédulo. Sakura pareció escucharle y apretó los labios, pero decidió guardar silencio.

Cuándo fue la hora del almuerzo, Syaoran fue a la parte trasera de su edificio. Necesitaba espacio para pensar en los recientes acontecimientos por los cuales estaba pasando.

— Así que tú eres Li. — dijo Sakura con parsimonia. — El chico que escogió el guardián Kerberos para ser el heredero de Clow.

— Kinomoto, ¿Qué haces aquí?. — preguntó Syaoran levemente frustrado.

— Vine a advertirte. Será mejor que renuncies, yo seré la nueva dueña de las cartas Clow. — explicó con seriedad. — Además no sé de dónde me conozcas, debes estar en un error.

Syaoran también concordaba que se encontraba en un error, pero algo dentro de sí clamaba por acercarse a la señorita Kinomoto. Miró con atención los ojos verdes de la castaña, que en ese momento se veían tan fríos como el hielo a pesar de no ser azules. Él juraría que alguna vez había tenido oportunidad de ver los ojos de Sakura llenos de amabilidad, bondad y amor. Estaba seguro de que esa no era la Sakura que él creía conocer.

— ¿Cómo sabes de las cartas?. — dijo el castaño tratando de tranquilizarse y no cometer una locura.

— La familia Kinomoto es un clan poderoso de magia japonés que decidió vivir en China por un tiempo. Soy descendiente del mago Clow Reed así que merezco ser la heredera. — explicó Sakura demandante mientras se acercaba cada vez más al niño.

— Siento como si te conociera. — declaró Syaoran Li aletargado mientras retrocedía.

— Eso es absurdo e imposible, ahora entrégame las cartas. — dijo Sakura con frialdad sin abandonar la intención de irse del lugar.

Mientras la chica se iba acercando a él, Syaoran estaba ideando un plan para zafarse de esa situación tan bizarra y poco realista. Nuevamente se preguntó si se encontraba en el lugar correcto del universo.

— Como desearía no haber sido yo el heredero de Clow… — pensó con amargura mirando con seriedad la mano estirada de Sakura.

Cómo por arte de magia, su visión se oscureció y hasta ese momento fue consciente de que estaba atrapado en un sueño lejano.

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Cuando volvió a abrir los ojos, Syaoran se encontraba en una estancia negra con estrellas brillantes. Era como si estuviera flotando grácilmente en el cielo nocturno. Frente a él estaba el mago Clow sonriendo con complicidad.

— Veo que no te gusto lo que te he mostrado. — dijo con voz ceremoniosa el mago.

— Mago Clow. — Musitó Shaoran con sorpresa. — ¿Qué ha pasado en realidad?. — preguntó confundido.

— Tu mismo lo habías pedido, querías ver qué hubiera sucedido si tú eras el nuevo dueño de mis cartas. Solo te mostré un poco de aquella realidad. — explicó Clow con serenidad.

— Fue tan frustrante. — dijo con melancolía el joven, recordando los ojos fríos de la Sakura de ese lugar. — No me gustó para nada vivir en esa realidad. — añadió con frustración.

— Debe haber sido algo duro. Es por eso que las cosas deben seguir su curso, Syaoran. Tu lugar es ser el líder del clan Li y protector de Sakura. Mientras que ella debe encargarse de las cartas. — explicó el mago Clow con paciencia. — Sé que es difícil para Sakura, pero ella es muy capaz de resolver los problemas en los cuales están envueltos. Solo dale tiempo. — añadió con sabiduría, sonriéndole al chico tenuemente.

— Gracias por la enseñanza, ahora no dudaré más del destino que se nos ha asignado. — dijo Syaoran con gratitud mientras hacía una reverencia respetuosa.

— Recuerda que también ustedes son encargados de moldearlo a su antojo. Sigue cuidando a Sakura de los males, estoy seguro que algún día te convertirás en un gran mago. — animó el mago al joven y este solo se limitó a asentir.

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Fue así como toda la escena se borró ante los ojos del heredero de los Li. Cuando fue consciente, poco a poco fue abriendo sus ojos y lo primero que vio fue el techo blanco de su cuarto. Suspiró con tranquilidad, ya más seguro de que se encontraba en casa. Sentía en esos momentos que todo podía pasar, pero él haría frente a los problemas y defendería a Sakura de todo mal. Consultó su despertador y se encontró con la sorpresa de que eran las 11 de la mañana. Después de quitarse la fatiga mental, Syaoran empezó a vestirse, pero se vio interrumpido por el sonido de su celular.

La pantalla de su móvil señalaba que tenía un mensaje de Sakura. Inconsciente sonrió con calidez y abrió el texto.


Syaoran c:

Espero puedas tomarte un tiempo de tus actividades y vengas a comer a mi casa con Kero y Spy.

No tienes que traer nada, la verdad es que solo quiero que estés con nosotros.(ᴗ)

Nos vemos a las 3 pm.


— Y es así como deben de ser las cosas… — Susurró Syaoran con satisfacción sonriendo con calidez a la nada.