Paradigma de beldad.
Por: Vampisan86.
Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, es obra de Akira Toriyama y compañía. Únicamente la trama es de mi autoría.
Advertencia: Puede ser un poco Occ pero trataré de apegar las personalidades lo mejor que pueda.
Capítulo I.
Confabulación.
Tal vez era masoquista, ya que no se explicaba porqué seguía torturándose de ese modo. Llevaba ya unas horas encerrada en su habitación sin detener su llanto y no planeaba salir por ningún motivo.
Estaba avergonzada.
Había decidido faltar aquel día a la Corporación, no creía ser capaz de soportar las miradas de burla o compasión de sus empleados. Oh no. Estaba considerando incluso tomarse un descanso de al menos un año e irse lejos de la Capital para hundirse en su miseria.
Sus pensamientos le atormentaban una y otra vez. Cada uno más doloroso que el anterior. A veces se jactaba de ser la persona más inteligente del planeta pero en esos momentos se sentía la más estúpida que existía pues las señales siempre estuvieron frente a sus ojos. Como si se trataran de anuncios publicitarios, la saturaban.
Debió de haberlo sospechado desde la primera vez que él llegó tarde a una de sus citas y con la ropa sospechosamente desaliñada. O cuando evitaba a toda costa que revisara su celular diciéndole que sin confianza la relación no iba a prosperar. Tal vez fue más que obvio cuando él atendía sus llamadas en otra habitación donde ella no estuviera. Incluso debió notarlo cuando le ponía excusas para verla, aunque últimamente le había criticado su apariencia de mecánico y su falta de cuidado personal.
Había tenido muchas señales. Demasiadas. Pero las ignoraba por alguna estúpida razón. Se mentía.
Últimamente las cosas no iban bien. Ella siempre creía que su relación estaba mejorando con los días pero era todo lo contrario, era mera monotonía. Pensaba que él la amaba de verdad, que ella lo había cambiado, que no era el mismo.
Pero eran puras patrañas.
De tal palo tal astilla. La familia de Yamcha era muy violenta e ilícita, la fruta no caía lejos del árbol, Yamcha siempre había sido infiel y siempre lo sería.
Bulma llevaba una venda en sus ojos. Ahora estaba consciente que ella misma se había vendado, cada vez poniendo más fuerza en el nudo.
Miró el periódico otra vez.
"El beisbolista Yamcha es captado saliendo de su apartamento con Maron, la modelo del momento"
Ahí estaba su novio, ahora ex, con una mujer sumamente espectacular, una que irradiaba pasión a donde sea que mirase, era hermosa, la chica podía haber sido una diosa en su otra vida. Ambos se estaban besando sin descaro en la entrada del edificio donde vivía él. El lugar que ella misma pagaba para que Yamcha no se preocupara por sus gastos. Fue una estúpida.
Debajo de esa nota, habían más.
"Infidelidad para la heredera de la Corporación Cápsula ¿Por qué no es de sorprenderse?"
En la foto estaba ella donde a todas luces la quisieron desacreditar. Lucía su bata de laboratorio, un cabello alborotado y maltratado pero si eso no era suficiente, estaba manchada de aceite de motor, para el colmo no fue su mejor ángulo, su cara estaba horrible.
¡Vamos! ¿En serio?
Ella era científica, trabajaba en proyectos, creaba artefactos revolucionarios de alta tecnología. ¿Cómo esperaban que luciera después de una jornada laboral? Era surrealista que la quisieran como una mujer de apariencia deseable.
A Yamcha en cambio lo colocaban como el ídolo del momento junto a Maron.
La fama jamás lo persiguió pero en los últimos años se había colgado de la suya.
Debió de imaginar que él solo la vio como un negocio. Como la estúpida mujer dispuesta a catapultarlo en la cima. Ella fue el medio para que él dijera al mundo: Soy un hombre maduro que sale con la heredera de la Corporación Cápsula, misma que algún día manejaré.
Bulma siguió con su llanto, pues siempre creyó que lo decía por amor y no por ambición. Lo peor es que el mundo entero se tragó la historia de Yamcha puesto que aparentemente ella era la viva imagen de la inocencia y era tan dócil que hacía que pareciera que su relación era un cuento de hadas, con ese amor sincero que todos soñaban.
Debió haberle creído a Krillin cuando le dijo que descubrió conversaciones indecorosas de Maron con Yamcha. Cuando esa amistad se rompió. Cuando sus conocidos se alejaron de ella por preferir salir con Yamcha.
En cambio, Yamcha le había dicho que Krillin estaba enamorado de ella y que la quería alejar de él. Prefirió tragarse aquella mentira incluso cuando su intuición le gritaba intensamente que no lo hiciera.
Ahora no tenía amigos. No tenía pareja.
Ahora que sabía la verdad, le parecía increíble el hecho de que cuando estás enamorada aceptas los errores y defectos de la otra persona sin chistar. Ves todo tan de color de rosa que no te das cuenta que el amor te produce un estado daltónico que no te deja ver los matices. La culpa era del maldito amor romántico que te vendían desde niña, del famoso el amor lo puede todo o de las chorradas que solían ser la base del amor sólido si él está contigo es por algo, las demás son solo pasatiempo.
Pero ahora Bulma podía decir que Yamcha no era perfecto, no era aquella estrella de béisbol que aparentaba. Su vida no era la que todos creían. Aunque el hecho de que supiese venderse le era un plus. Es decir, Yamcha era atractivo. Es de esos hombres que no tiene reemplazo por donde le busques.
Con lágrimas adornando sus ojos cerúleos siguió leyendo el diario, las notas y toda la información plasmada en ella.
Había ignorado descaradamente los ruegos de su madre para salir de su habitación y hablar. Sabía que estaba mal hacerlo pero era una forma de autocastigarse. Su madre había sido de las otras personas que trataron de abrirle los ojos pero siguió a Yamcha sin cuestionar. Ahora entendía porque Yamcha la quería alejar de su familia con el pretexto de intentar vivir solos. Era de las pocas cosas en las que no había cedido pero se daba cuenta ya tarde que dejó que manipulara su vida.
En varias páginas ponían que ella había descuidado su imagen los últimos años y que por esa razón era comprensible que Yamcha se fijara en otra persona ¡Por Dios! Era una nota sumamente machista, justificaban al infiel y la culpaban a ella cuando era la víctima de todo. Como si una mujer que está más interesada por mantener su empresa en el éxito fuera la culpable de la infidelidad por descuidar a su pareja. Una pareja haragana porque fue ella quien lo conectó al equipo que ahora pertenecía, fue quien lo presentó ante la sociedad. Evidentemente era un malagradecido.
Si todos supieran que fue él mismo quien la desmotivó para que dejara de verse bien, pues con sus celos enfermizos la hacia sentir culpable cuando captaba las miradas masculinas en sus citas. Por esa razón dejó de asistir al salón de belleza y comenzó a vestirse con ropa nada favorecedora. Se cuestionaba en esos momentos si fue un plan de Yamcha para que nadie se fijara en ella y así él pudiera mantenerla a su lado por el tiempo que quisiera.
—Yamcha, saldré en la noche, te veo mañana.
— ¿A dónde vas? ¿Por qué no me invitaste? —Dijo mirándola con reproche, como si él siempre la incluyera en sus salidas.
—Yo quedé de ir a bailar con…
— ¿Es ese idiota? Ten Shin...
— ¡No! Es con Milk...
A pesar de que Bulma siempre trató de explicarle los movimientos que hacía para ver si lo aprobaba, al final él se enfadaba y se marchaba dejándola sola y llorando, pero siempre esperando su regreso para disculparse.
Ahora entendía que él se iba a otras partes. Había sido una estúpida.
Bulma, en muchas ocasiones por su salud mental intentó dejarlo, pero entonces él venía con lágrimas falsas, rogándole y diciéndole cuanta palabrería cursi existiera, le tomaba de la mano y terminaba con él haciéndole el amor más dulce. Entonces volvía a ceder y creer que cambiaría.
Ahora, con la venda quitada se dio cuenta que él ya la tenía controlada. Ya sabía que botón tocar para tenerla a su merced.
Antes de que siguiera llorando, la voz de su madre interrumpió: — Bulma, querida. El joven y apuesto Vegeta, está aquí.
La científica se limpió el rostro, aunque quería gritarle a su madre que no estaba de humor para recibir visitas y menos en la condición en la que se encontraba, la curiosidad ganó.
— ¿Qué hace aquí él?
La verdad es que eran contadas las ocasiones en que había coincidido con Vegeta. Pero habían sido las suficientes para saber que él era un hombre prepotente, siempre con su humor negro que hacia enfadar a Yamcha. No entendía cómo alguien como él estaba emparentado con su amigo Goku, siempre criticándolo en cada ocasión que tenía. Por eso a Bulma no le agradaba el sujeto, le hirvió la sangre la posibilidad de que él había tenido el suficiente valor para ir hasta su casa para burlarse de su miseria. No le extrañaba que se hubiera enterado, era tendencia internacional.
—Dijo que quería hablar de planes contigo, querida —contestó la señora Brief, como si mantener conversaciones detrás de una puerta fuera lo más normal del mundo.
—Dile que todo lo vea con papá —murmuró dispuesta a acostarse para dormir. Tal vez así huiría del dolor por un tiempo.
—Díselo tú querida. Joven y apuesto Vegeta, puede entrar.
Sin más, la puerta se abrió y Bulma tuvo la suficiente inteligencia para taparse con su sábana. Jamás entendería a su madre, dejaba ingresar a cualquiera a su alcoba y parecía importarle muy poco su opinión.
Sin saber qué hacer, prosiguió llorando, con la esperanza de que el idiota de Vegeta captara que no era buen momento y se fuera.
No todo podía salir como quería.
—Mujer, deja de dar lástima y escúchame.
Si Vegeta esperaba una contestación agresiva se decepcionó, en cambio, Bulma siguió llorando cubierta con sus mantas. Ahora mismo, se cuestionaba porque había actuado tan precipitadamente, debió haber esperado unos días para ir a proponerle su idea. No sabía cómo comportarse con una mujer en duelo.
—Bien, Bulma, escúchame, por favor —pidió, intentando sonar amable.
La heredera pareció calmar su llanto, incluso en su estado de tristeza pudo distinguir el tono con el que Vegeta le hablaba. No todos los días el hombre orgulloso y codiciado te trataba amablemente.
— ¿Qué quieres? No estoy de humor, si vienes por negocios habla con mi papá. Debes saber que los asuntos laborales se tratan en la empresa no en mi casa —habló sin tener la educación de quitarse las sábanas.
Pero vamos, que un sujeto esté en tu habitación cuando a todas luces quieres evitar las visitas no es de lo más educado ¿O sí?
—No vengo por negocios —bramó Vegeta sin quitarle la mirada de encima —bueno, no de los negocios que manejas de todos modos, esto es diferente.
Bulma dejó de cubrir su rostro para regalarle una mirada de curiosidad. Vegeta se tuvo que contener para no decir algo acerca de su estado pues se notaba que la mujer había estado llorando horrores y se veía espantosa, de nuevo, sintió ira invadiendo su ser. Maldita sabandija de Yamcha.
—Si no te escucho estimo que no te irás, habla rápido —pidió.
Ahora que tenía la atención de la muchacha frente a él, Vegeta no supo qué decir. O sea, al principio le pareció una idea estupenda, perfecta para acercarse pero en ese momento le parecía de lo más estúpido. Incluso sonaría superficial e hiriente y era seguro ganarse el odio de la chica cuando quería el efecto contrario.
—¿Te comió la lengua el gato?
Vegeta negó con la cabeza: —Estoy pensando cómo decírtelo sin que suene idiota.
—Todo lo que dices suena idiota para mí —comentó Bulma, limpiándose el rostro —habla, créeme, nada puede sorprenderme y menos después de esto.
Tomó el periódico y se lo aventó a la cara con la esperanza de golpearlo y así desquitarse un poco, por desgracia el hombre lo esquivo sin esfuerzo.
—Es una opinión que me duele, la verdad. Soy un buen tipo.
Bulma rodó los ojos, por esas frases es que le caía mal.
—Bueno, habla porque si no lo notaste estoy en medio de algo.
Vegeta la miró en silencio por unos segundos.
—Lo que te diré es un plan para hacer que el insecto de tu ex se retuerza de culpa por haberte lastimado —habló sin quitarle la mirada de encima para estudiar su reacción —solo necesito que aceptes.
Con la mera mención de Yamcha, Bulma quiso nuevamente echarse a llorar, se contuvo el tiempo suficiente para no dejar que Vegeta la viera más patética de lo que ya era.
—Esto lo hago para vengarme de Maron, ella fue novia de Krillin y el pobre fue a llorarle a Kakarotto. Como soy solidario he creído que igual tú querías lo mismo —explicó esperando que sonara convincente. —Lo que quiero decir es que te puedo ayudar para que seas el paradigma de beldad...
No se esperó la lámpara que Bulma le lanzó, esta vez desprevenido no la esquivó. Lo último que escuchó antes de caer al suelo fue:
— ¡Ay no!
N/A: Admitiré que me siento de secundaria al escribir una historia taaaan así. Espero les guste la idea y me lo hagan saber. Supongo que existen historias similares de esto, porque es taaaan cliché que no me sorprendería, pero trataré de ser original.
Aunque en los años que llevo leyendo FF no me he topado con una así.
¡No olviden dejar sus comentarios!
Nos vemos.
