Día 5

A pesar de que esta semana debería ser hermosa (y lo es por todas las cosas hermosas que están subiendo), no em siento muy bien, otro periodo depresivo creo. Igual por eso la historia me quedó así.

En fin, a quien lea, muchas gracias.


[ DÍA 5]

~ Niñez / Sacrificio / Soulmate AU ~


Eternidad

Oh my love, we´ll meet again

We always do in the end

Our two souls destined to be

You and I until eternity

[ Blackbriar, Until Eternity ]


Una noche, Shisui le hizo una promesa en una cascada cuyo nombre quedó enterrado entre páginas de libros que jamás existieron.

Le prometió que, si las almas regresaban a la tierra, entonces él lo buscaría en cada una de sus vidas. Lo encontraría, se acercaría y le susurraría: "Yo no te conozco y ya te echaba de menos".

Se enamoraría del mismo rostro por primera vez.

El romanticismo fue lo último que importó en aquel mundo, por eso ellos tuvieron ese destino. La historia de los dos Uchiha fue trágica, amarga e irrelevante para el legado de los ninjas. Sus luchas y sacrificios pasaron sin pena ni gloria a través de los tiempos, desde el momento en que Shisui se lanzó por el acantilado e Itachi, llorando mares de sangre, sintió que le arrebataban la mitad de su alma.

Odió a su primo por dejarlo solo, por hacerle promesas tan ridículas sobre el futuro cuando ese era el momento en que más lo necesitaba.

«¿Y si nunca te vuelvo a ver?»

En todo caso, que existieran más vidas después de la muerte no significaba que ellos volvieran a encontrarse.

¿Cómo saber que deben buscarse, cuando en el mundo hay tantas almas como estrellas hay en el cielo?

Bueno, Itachi nunca sabrá de su error. Quizá ni el mismo Shisui fue consciente del peso que conllevó su última voluntad, pues solo la expresó como algo que deseaba cumplir a pesar de no saber siquiera cómo funciona el mundo.

(¿Es que alguien lo sabe?).

Sin embargo, en algún momento de la historia, ellos nacieron de nuevo: Shisui como lacayo en tierras lejanas al mundo ninja, donde Itachi era su Emperador. Se vieron por vez primera. Algo pareció activarse dentro de ellos: "Yo no te conozco y ya te echaba de menos".

Se enamoraron.

Y la historia se repitió con el mismo desenlace trágico que dejaba a Itachi sin la mitad de su alma, el corazón roto y la promesa incierta de que, algún día, en otra vida, ellos volverían a encontrarse.

Lo hicieron (¡lo harán hasta que el universo colapse!). Como reyes, samuráis, sacerdotes, campesinos, doctores. El mundo muta y ellos lo hacen también, pero la promesa permanece inalterable, jugando con ellos cual titiritero al manejo de marionetas desdichadas.

Esta vez tampoco es diferente.

En medio del estruendo, Shisui escribe en el sucio papel el nombre de Itachi. Las manos le tiemblan; el lápiz es pequeñísimo. Sabe que solo alcanzará para unas cuantas palabras.

De pronto, una granada explota fuera de su trinchera y él cierra los ojos, obligándose a pensar en su comadreja.

Recuerdo la primera vez que te vi…

Fue el día que llenó su solicitud para reclutarse en el ejército. Itachi era el primero en la fila, y Shisui pensó que el joven estaba demasiado delgado para ser un soldado.

Recuerdo la primera vez que me enamoré de ti. En una misión de supervivencia bajo una tormenta, poco después de enlistarse. Itachi enfermó y Shisui se dedicó a cuidarlo tres días. Le había preguntado sus razones para servir al ejército siendo un chico con salud delicada.

Itachi contestó que lo hacía por su hermanito, pues las familias de los soldados siempre reciben la protección del gobierno.

Recuerdo que te amé muchas veces más. Escapes nocturnos. Besos bajo las mantas. Toques, suaves toques por las ojeras del más joven, y el deseo de algún día volver a crecida su cabellera de ébano.

Ahora, a Shisui ya no le importan las vibraciones de los gritos. De hecho, siente que merece sufrir si después de todo fue él quien dio falsas esperanzas a sus compañeros, ocultándolos en una trinchera cuando el desenlace iba a ser el mismo.

Los otros solados se cubren los oídos y lloran agónicos mientras Shisui cierra los ojos y se toma sus últimos momentos para grabarse a fuego el rostro de su amado: Itachi, cubierto en sudor tras los entrenamientos. Itachi y su sonrisa cuando el más alto le dejaba el último dango. Itachi y el tacto de su piel bajo el vapor de las duchas.

Shisui se enamoró a cada segundo. Como la primera vez, todas aquellas veces.

Es una suerte que la anemia de Itachi lo haya mandado a la enfermería en lugar de al campo de batalla, ¿verdad?

«Después de todo, los soldados del gobierno nunca faltan», piensa el rizado, una sonrisa asomándose en su rostro cubierto de mugre y lágrimas. «Quizá te manden a casa y te reemplacen por alguien más».

Con esa idea en mente, parece que morir en la guerra no es algo tan malo al final. Pertenecer al ejército, a pesar de todo, fue una bomba de tiempo para ellos dos. El gobierno castiga severamente a las personas homosexuales; en cualquier momento alguien descubriría su amor fortuito y no podrían escapar de la condena.

El cuerpo de la comadreja no lo soportaría.

Quizá en otra historia podamos pertenecernos.

Shisui no sabe que, a millas de distancia, su comadreja agoniza, solo en la oscura enfermería, después de que el médico apagara las luces y le susurrara al oído: «Esto es lo que se merecen los de tu clase. Pero no te preocupes, que a él lo mandamos a morir en combate».

"Y volveré a enamorarme de ti como la primera vez".

Tampoco sabe que esa promesa ya se escribió, en una época lejana y hasta el fin de los tiempos.


Para mí, los Itachis y Shisuis de todos los AU son reencarnaciones de los originales.

La frase "Yo no te conozco y ya te echaba de menos" es parte de "Jueves" de La Oreja de Van Goh.

Pero me inspiré en la canción de Blackbriar porque la letra encajaba más con la historia.