Historia por el reto de la página de fb Es de fanfics. Recién encontré esta actividad y está bastante buena? vayan a verla. La página también está piola.

ehhh

el prompt que me tocó fue "prostituto virgen que es comprado porque empresario multimillonario". ahora que me acuerdo, me faltó mencionarlo en la historia, pero en el borrador, ella es virgen.

por otro lado, la historia tiene temas fuertes, es decir, no puedo tocar un tema así sin tocar la trata de personas. así que, bueno, respenten el rated que le puse.

el límite de palabras del reto es de 1500, pero me pasé un poquito upsi, espero que no me bochen(?) tiene 1756, sin contar la nota.

no sé qué más decir

voy a subir en mi twitter el borrador de la historia que, en mi cabeza, es medio gracioso(?) soy arroba jearmimi.

disfruten.


La sorpresa y la confusión habían peleado por mostrarse primero en su rostro. Ganó el agua, porque se puso a llorar. No recuerda por cuánto tiempo lloró, ni tampoco el recorrido que hizo hasta llegar a ese lugar, lo cual será un inconveniente si tiene que huir luego.

Estás a salvo. Estás a salvo. Reiss lo repetía a cada rato.

—¿Estás bien? —ella se gira en el asiente del copiloto y la mira, preocupada.

—Una arcada —murmura. Por tu nombre, piensa.

—Ya casi llegamos —responde, volviéndose al frente.

Ymir no tiene idea de qué pensar. No quiere pensar, tampoco. La incertidumbre es algo reconfortante luego de un mes de pensar a cada rato me van a dar una paliza, me van a violar, me van a matar. Puede ser que alguna de esas– o, tal vez, las tres pasen ahora, pero en este momento, viajando en el auto con esa chica y con otro hombre más, Ymir quiere confiar en que la promesa de cualquiera de esas cosas está lejos. Quiere confiar.

El auto estaciona delante de un edificio de departamentos. No puede ver qué tan alto es porque está oscuro. Es entrada la madrugada.

—Gracias por traernos —dice la chica, cuyo nombre no mencionará por las arcadas, afuera del auto, sin cerrar la puerta—. Cuando hablemos, te llamaré…

te quedas —devuelve él—, nosotros seguimos.

A Ymir no le agrada eso. Mira de reojo la puerta del auto y descubre el seguro. Lo quita y sale del vehículo veloz, pero Reiss es más veloz que ella. La sujeta de la muñeca y le parece tan estúpido a Ymir, porque ella tiene la fuerza suficiente para evitar que huya, a pesar de tener una cabeza menos de altura.

Se voltea de inmediato atajándose, esperando un golpe como mínimo.

—Estás a salvo —debe ser como la quinta vez que lo dice e Ymir sigue sin creerle—. Por favor, no te escapes, queremos ayudarte.

—Quiero irme —masculla y se siente como la primera palabra que dice en siglos—, déjame ir.

—No, tú vienes conmigo —acota el hombre. Se bajó del auto y está cerca de Ymir, aunque no lo suficiente para tocarla también—. Historia, voy a esposarla, así…

—¿Qué? ¡No! —habla sobre él. Se para delante de Ymir, como si tratara de protegerla del otro, sin soltar su muñeca—. No te la vas a llevar, deja que hable conmigo.

—Estás interfiriendo con el caso.

—Yo–

Historia se interrumpe en sus palabras. Duda demasiado y eso llama la atención de Ymir. Quiere moverse para poder observarla mejor, pero no quiere moverse.

—Yo la compré —dice entre dientes, con repulsión por sus propias palabras—, no puedes llevártela.

El hombre se cruza de brazos y cambia de peso en las piernas. Está molesto—, si usas esa carta, puedo arrestarte.

—Perderán toda la evidencia que tengo y los testigos que hablarán por mí, porque yo las convencí.

Él sigue molesto, hasta irritado, pero para sorpresa de Ymir, guarda silencio. Mira hacia arriba y después cierra los ojos, pensando. Un momento después, suspira.

—Está bien, pero– —levanta un dedo y mira a Historia—. Vendré a primera hora mañana y hablaremos. Tengo que tomar su declaración.

—Claro —responde ella y se gira hacia el edificio, llevando a Ymir—. Ya sabes dónde vivo.

Suena como una broma, para aligerar el ambiente, pero nadie ríe.

Ymir voltea apenas sobre su hombro y lo ve subirse al auto, yéndose.

Historia la guía dentro del edificio, sin hablar y sin soltar su muñeca. Siguen de la misma forma hasta el elevador. Ymir quiere decir que la suelte, que no se va a escapar, pero no tiene forma de demostrar que es verdad. No se queja.

El departamento de Historia, descubre Ymir cuando llegan, es gigante. En su vida vio algo tan amplio. ¿Para qué necesita tanto lugar?

—¿Tienes hambre? —su voz es suave, pero eso no evita que salte. Ymir niega—. ¿Sed? ¿Sueño?

—Quiero irme —murmura Ymir. Historia al fin la suelta y ella aprovecha para abrazarse a sí misma.

La otra hace una mueca y se gira. Ymir la sigue con la mirada y la ve entrar por una puerta abierta. Se queda parada en su lugar.

—Toma asiento —dice ella cuando regresa algunos minutos después. Trae dos tazas de té.

Historia se sienta en el sofá y deja las tazas en la mesita delante. Ymir se le une, sentándose en la otra punta.

—No puedes irte- y no lo digo, como, yo no dejaré que te vayas —su voz es calmada, no está alterada. Ymir sospecha que ya lo dijo varias veces antes—. Estás en peligro y los lugares más seguros son una casa custodiada con otras veinte chicas o aquí.

Quiere irse a casa. Quiere regresar a su departamento, bañarse y dormir las horas que sean necesarias para que todo vuelva a la normalidad.

—Personalmente, me gustaría que te quedes aquí…

Su voz se apaga de forma rara, como si quisiera agregar algo más, pero no lo dice.

—¿Por cuánto tiempo? —pregunta entonces Ymir, luego de pensar sus escasas opciones. Historia hace una mueca.

—Es… complicado. Es una historia demasiado larga para la larga noche que tuvimos —lo dice por consideración, porque de seguro hay cosas peores detrás de las horribles que ya vio Ymir y, tiene que admitir, no está segura de tener el estómago como para tolerarlas ahora—. Prueba el té, te hará bien algo cálido.

Hace caso y se da asco a sí misma, el hábito que le metieron a golpes en el tiempo que estuvo secuestrada de obedecer sin cuestionar.

Pero el té es cálido y es algo que, tal parece, necesitaba.


—Haremos una línea de tiempo, ¿sí? Empecemos por el día uno.

El sujeto de anoche es, ahora descubre, un detective de la policía. Había estado metido de encubierto en donde ella estaba. Eso no hace que confíe más en él. Hacía demasiado bien su trabajo.

Había dicho la noche anterior que llegaría a primera hora de la mañana, pero llegó pasado el mediodía. No se queja.

—Yo te vi el viernes en la tarde, cuando me estaba yendo —Historia, sentada a su lado en la mesa de la cocina, le da el pie.

—Estaba caminando a casa, el viernes ese. Eran como las ocho de la noche. Casi llegaba a casa... y palo y a la bolsa.

Los dos la miran confundidos. Ymir hace una mueca.

—Me golpearon en la cabeza y me metieron en un auto– o eso supongo, pues no estaba despierta.

El detective asiente y lo anota en la libreta.

Pasan, al menos, dos horas con eso. Ymir narra el abuso físico y sexual que soportó durante poco menos de un mes, dato que descubre cuando ellos le dicen en qué fecha están.

El detective se retira poco después de que deciden que es suficiente. Parece que Ymir no tiene la información que esperan. O tal vez sí fue suficiente.

Quedan otra vez solas. El deseo de querer irse no desaparece de Ymir.

—¿Tienes hambre? —pregunta Historia y ella asiente, como para variar.

Podría decir que se siente menos alterada que la noche anterior, pero la realidad es que anoche estaba en shock todavía. Es lógico, la habían vendido.

En realidad, eso no era lo peor, porque si bien ser vendida como un objeto es horrible, ver las caras de las mierdas que participan en eso es peor.

No se siente especialmente alterada. Tiene que admitir que la repetición de Historia de estás a salvo logra hacer efecto en la doceava vez. Todo parece legítimo, ella está tratando de ayudarla– y a otras cientas de chicas, y el detective, si bien es tosco, brusco y algo violento, también es paciente y se nota que está involucrado en el caso. Es sorpresivo, pero le inspiran confianza.


Tres meses pasan. El caso avanza a una velocidad escasa, por no decir nula. No le agrada pensar en eso.

No volvió a la normalidad, pero a esta altura, prefiere pensar en que esta es una normalidad decente. No salió ni una vez del departamento de Historia, excepto para ir a la oficina del detective algunas veces, pero no le molesta. Está bien ahí.

Historia le consiguió una terapeuta, le dio techo, ropa y comida. Le dio consuelo. Y si bien al comienzo le daban arcadas decir Reiss, el apellido que comparte con el hijo de puta que le arruinó la vida, ahora cada vez es más fácil asociarlo con ella, Historia Reiss.

Está mejorando.

—Te ves de buen humor —dice de repente e Ymir ya no salta.

Se encoge de hombros—, ¿por qué lo dices?

—Estás tarareando —no la mira, pero siente el tintineo de risa en su voz.

—Claro que no —bufa. Devuelve su atención a lo que cocina y escucha los pasos de la otra, acercándose y apoyándose en la mesada a su lado.

—¿Qué tal la terapia?

—Decente.

—Me alegro.

Ymir la mira de reojo. Historia sonríe suave, sus ojos fijos en ella. Se concentra más en la comida.

Cenan en silencio. Después de lavar los platos, Historia le pregunta si quiere ver una película con ella e Ymir acepta.

—Entonces, estás de buen humor.

—¿A qué viene eso? —pregunta elevando una ceja mientras se sienta en el sofá.

—Es la primera vez que dices que sí —señala.

—Hoy sí tengo ganas, no como las otras veces.

Historia asiente y no dice más. Se sienta a su lado.

Pone una película romántica, siempre ve ese tipo de cosas, Ymir lo sabe porque lo oye desde su habitación.

Lo que no sabe es que Historia siempre comienza a dormirse veinte minutos después de sentarse. La ve de reojo cabecear algunas veces y soltar casi ronquidos de vez en cuando.

—Lo siento —ríe suave cuando se cae hacia Ymir y su cabeza queda en su hombro.

—No es nada —murmura ella. La sigue observando, ahora la película en segundo plano. Historia no deja de cabecear—. Ven aquí.

La mira confundida, pero sonríe cuando Ymir levanta su brazo por sobre el respaldo. Historia se acerca, se pega a ella y– ah, así que proviene de su shampoo ese olor tan característico que hay en toda la casa.

Ymir abraza sus hombros y se reclina hacia el apoyabrazos, soportando el peso de las dos. Historia no tarda nada en dormirse.

Es curioso como el peso de ella no le molesta en lo más mínimo y que su cuerpo sea tan cálido y agradable y que Ymir ya no desee para nada querer irse.


convengamos que, en 1500 palabras y con los antecedentes que tengo(?), no puedo hacer algo muy romántico jaja pero si lo disfrutaron, me alegro. sino ajo y agua ahre

gracias por leer.