Aquí comienza la agitada semana de Max previa a Halloween, ¿Será capaz de sobrevivir a su día a día en Blackwell? Espero que lo disfrutéis.

Obviamente ni los personajes, ni los lugares que aparecen en el fic son de mi propiedad.


La alarma del despertador emitió un ruido terrible sacándome de mis sueños y terminando con mi apacible descanso. Puse pucheros todavía sin abrir los ojos y me estiré ocupando la mayor parte de mi cama. La maldita alarma seguía sonando sin piedad.

-Joder. -Me quejé con una voz que parecía salida del mismísimo inframundo.

Rodé haciendo la croqueta para quedar situada al borde de la cama. Mientras me frotaba los ojos con mi mano derecha, con la izquierda tanteaba a ciegas en busca de ese aparato del demonio que tenía como despertador.

-Aquí estás. -Recorrí el despertador con la mano hasta encontrar el botón que detendría ese ruido infernal. -Bingo.

Se hizo el silencio y suspiré de alivio. Volví a acurrucarme sobre el colchón barajando seriamente la posibilidad de rebobinar en el tiempo para poder dormir unos minutos más.

-Venga Super Max, espabila. -Me dije a mí misma para darme fuerzas.

Utilizando toda la fuerza de voluntad de la que disponía, me inocorporé.

-Allá vamos Max, solo es otra mañana más. No seas perezosa.

Bajé lenta y cuidadosamente un pie de la cama hasta el suelo. Por un momento me imagineésiendo Neil Amstrong pisando por primera vez la Luna, pero no, no estaba en la Luna. Estaba en la Academia Blackwell, concretamente en la residencia de estudiantes.

Finamente me decidía a caminar hacia el espejo. Vale, ahora si que me asusté un poco. Mi cara había tenido días mejores. Bastante mejores de hecho. Me volví a frotar los ojos antes de volver a mirar mi reflejo en el espejo.

-Menudas ojeras. Parece como si no durmiera desde hace años…

La verdad es que últimamente no había dormido nada bien. Cada vez que conseguía conciliar el sueño, cientos de pesadillas que luego era incapaz de recordar me atormentaban, Y cada vez eran más frecuentes.

Agité la cabeza para tratar de despejarme y me encogí de hombros.

-En fin…

Caminé hacia la mesilla que se encontraba a los pies de mi cama y cogí mi teléfono móvil.

-Son las 8:00, tienes una hora para despejarte y preparte para las clases, pero con la velocidad que llevas será mejor que te des prisa, Max. -Traté de convencerme a mi misma.

Sabía que podía rebobinar y ganar tiempo, pero había decidido no abusar de este extraño poder.

Me encaminé hacia la mesa dispuesta a hacer la mochila.

-Alto ahí Super Max ¿Cómo vas a hacer la mochila si no sabes las asignaturas de hoy? -En efecto, prefiero hablar conmigo misma que con alguno de los elementos que andan sueltos por la Academia.

Me dirgí al horario que había pegado con celo en la pared, al lado de la puerta.

-Vale… hoy es jueves 24 de octubre. Entonces… ¿Qué tenemos los jueves?

Busqué en el horario las asignaturas de los jueves.

-Vale, definitivamente soy idiota. -Me llevé la mano a la cara.

En efecto, la primera calse, a las 10:00 teníamos Inglés. La profesora de Inglés había pedido la baja y no había vuelto a pisar las clases desde entonces.

-Probablemente el soportar a todos los idividuos que Blackwell tiene por alumnos le habrá provocado algún tipo de depresión. No la culpo.

Si no había inglés eso significaba que podía haber seguido durmiendo. Miré la cama con melancolía debatiéndome seriamente entre tumbarme y volver a dormirme o prepararme para soportar otro día más en la peligrosa jungla de la Academia Blackwell. Finalmente me decidí por la segunda opción, sufrir de nuevo esas inquietantes pesadillas no compensaba una hora más de sueño, además, que demonios, ya estaba bastante despierta. Además, mañana también había Inglés a primera hora, por lo que me juré a mí misma que mañana atrasaría el despertador una hora para dormir lo que hoy no había podido.

Volví a mirar el horario.

-A las 11:00 hay Ciencias y a las 13:00 tengo "Otros medios de comunicación" -Me encogí de hombros. Las dos primeras no auguraban una mañana muy interesante pero tenía todas las esperanzas puestas en la última asignatura del día, la de las 14:30. En efecto, se trataba de mi clase favorita, Fotografía, impartida por el reputado fotógrado Mark Jefferson, básciamente, la razón principal por la que quería ir a la Academia Blackwell.

Caminé de vuelta al escritorio e introduje en la mochila los libros de las distintas asignaturas, tratando con especial cariño el de la clase de fotografía.

-Bueno Super Max, ahora deberías ducharte si no quieres que el resto de alumnos de Blackwell se hagan a un lado cada vez que caminas cerca de ellos por el hedor que desprendes.

Cogí el albornoz, el cahmpú, el jabón y mi cepillo de dientes y me dispuse a salir de mi cuarto, la habitación 219, mientras rezaba para no encontrarme con Victoria o alguna de sus secuaces. Afortunadamente, o Dios había escuchado mis plegarias o Victoria no había sido tan estúpida como para madrugar sin razón. Me inclinaba más por la segunda opción.

De repente un pensamiento infantil me vino a la mente y no pude más que esbozar una sonrisa maléfica ¿Por qué no entrar en la habitación de Victoria con la radio a todo volumen para darle un despertar que nunca olvidaría? Total, siempre podía rebobinar si la cosa se torcía. En realidad me faltaba voluntad para hacer algo así. Que tenga este poder para rebobinar el tiempo no significa que haya dejado de ser tímida…

-Algún día me vengaré de tí, Victoria… Pero no será hoy. -Me dije antes de proseguir en mi camino hacia las duchas.

Todas las puertas estaban cerradas y no había señales de vida en el pasillo.

-Se ve que la única tonta que ha madrugado soy yo. -Me encogí de hombros.

Giré a la izquierda y llegué a mi destino, el cuarto de las duchas.

-¡Max! ¡Justo a quien quería yo ver! -Desde luego, si aún había una parte de mí que seguía durmiendo, Dana se ocupó de despertarla con esa exclamación.

-Hola Dana. -Sonreí con sinceridad. A pesar de su pertenencia al club Vortex, Dana siempre había sido agradable conmigo, por lo que yo también procuraba ser agradable con ella. Al final ella era una de las pocas personas que merecían la pena en Blackwell, al contrario que la mayor parte de los alumnos de la Academia, Dana siempre estaba dispuesta a regalarme una sonrisa o unas buenas palabras. Así que sí, la tenía en alta estima. Por lo menos no era la única que madrugaba.

-¡Max! -Volvió a exclamar ella. -Luego tienes que venir a mi cuarto, tengo que proponerte una cosa que seguro que te encanta.

-Miedo me da. -Pensé. -Claro Dana, en cuanto acabe de ducharme te hago una visita. -Volví a sonreír.

-Ya verás. -Volvió a decir ella. -Te va a encantar. -Y me guiñó un ojo. -Terminó de enjuagarse y abandonó la habitación.

-Parece que a Dana no le afecta el madrugar. Menuda energía. -Me reí para mis adentros mientras yo también me lavaba los dientes.

Unos minutos después ya estaba disfrutando de una agradable ducha caliente mientras reflexionaba sobre mi habilidad de rebobinar el tiempo.

-¿Cómo debería usarlo? -Me preguntaba. -Podría utilizarlo para enriquecerme… -Entonces una imagen se me vino a la mente. En dicha imagen, yo misma, Max Caulfield me encontraba en un casino rodeada de billetes. -Tú no pintas nada ahí, Max. -Deseché la idea rápidamente. -Además, el dinero acabaría por corromperme… -Aunque sabía que si Chloe me lo pidiera, es probable que lo hiciera. Ella sabía como convencerme para sacar lo peor de mí. Además estaba el asunto de las deudas. Sabía que Chloe debía mucho dinero y que debía pagarlas lo antes posible.

Comencé a darme el champú por el pelo. La verdad que ducharse es una de las sensaciones más maravillosas. Sentir el agua limpiar cada rincón de tu cuerpo, es como volver a nacer cada mañana.

-También podría usarlo para mejorar mi expediente académico. Sería tan fácil usar mis poderes para enterarse de las preguntas exactas de los exámenes… -Por un momento otra imagen se me vino el cabeza. En esta ocasión Warren miraba con la boca abierta como mi 10 en matemáticas superaba su nota. No puede evitar una sonrisa. Sería digno de ver. Pero no era ético, yo no era así.

Después del champú tocaba darme jabón por todo el cuerpo, así que me froté con una pequeña esponja hasa sentirme completamente limpia.

-¿Pero entonces, para que puedo utilizar este poder? ¿Me lo habrán concedido con algún objetivo en partiuclar? -Suspiraba.

Finalmente volví a activar el agua y el jabón desapareció de mi cuerpo. Me vestí entonces con mi albornoz verde oscuro y abandoné la habitación.

Ahora sí que parecía haber más vida en el pasillo, algunas alumnas salían y entraban en sus habitaciones o en la de sus compañeras. Yo, vestida con mi albornoz verde oscuro, me hice a un lado y caminé algo encogida. No quería que repararan en mí. No es que me importe mucho lo que digan, solo que no me gusta ser el centro de atención.

Aceleré el paso para volver a la seguridad de mi habitación. No me sentía cómoda.

-Uh, si es la Señorita Selfie. -La voz de Victoria, que acababa de salir de su habtiación me detuvo. Victoria se interpuso en el camino a mi habitación.

-Hola a tí tambén, Victoria. -Respondí tratando de terminar rápidamente la conversación, pero Victoria parecía tener otros planes.

-¿Así que vienes de sacarte selfies "calientes" en las duchas? -Taylor, que al parecer se encontraba también había estado en la habitación de Victoria soltó una carcajada ante el comentario de Victoria. -Seguro que al friki ese tuyo le encantan esas fotos... ¿Cómo se llamaba? Ah sí… Warren.

Rodé los ojos y traté de no enfadarme.

-¿Por qué me odias Victoria? -Pensé para mi misma. -Ahora me estoy arrepintiendo de no haber entrado en tu habitación con la radio a todo volumen. -Mascullé con la cabeza inclinada.

-¿Qué estás diciendo? -Victoria entrecerró los ojos como siquisiera leerme la mente. -Bah, seré mejor que nos vayamos. No merce la pena perder más el tiempo con la Señorita Selfie.

-Esta vez no te sales con la tuya, Victoira. -Me dije a mí misma. Y en cuanto Victoria y Taylor se fueron, rebobiné en el tiempo con el fin de decirle cuatro cosas claras a Victoria.

Comencé a andar y en efecto, tal y como había sucedido antes, Victoria apareció de su habitación. A pesar de todo mis poderes seguían maravillándome.

-Uh, si es la Señorita Selfie. -Repitió Victoria. Entonces abrí decidida la boca para contestarle, pero mi voz parecía haber desaparecido. Debía parecer ciertamente estúpida.

-¿Así que vienes de sacarte selfies "calientes" en las duchas? -Volvió a decir mientras Taylor se reía a carcajadas como había hecho antes.-Seguro que al friki ese tuyo le encantan esas fotos... ¿Cómo se llamaba? Ah sí… Warren. -Volvió a burlarse.

Entonces comprendí dos cosas. La primera es que mi habilidad para rebobinar el tiempo no había cambiado mi carácter. Seguía siendo la friki callada, tímida e introvertida de siempre y eso no se podía cambiar en un unos días… Y dos, también existía el miedo a realizar una acción confiando en poder rebobinar después, pero que luego al intentarlo, mis poderes desaparecieran y por tanto fuera incapaz de volver a atrás en el tiempo teniendo que enfrentarme a una situación bastante peliaguda, lo sé, suena muy lioso.

Supongo que por estas dos razones, mis aires de grandeza y mi sed de venganza desaparecieron y apenas pude repsonder a Victoria con un hilo de voz.

-Yo… Victoria.. No quiero discutir ¿Me dejas pasar?

-Será lo mejor. -Dijo con desprecio Victoria antes de seguir su camino. -Porque con esa horrible cara que llevas pareciera que has cogido algún enfermedad mortal y no quiero contagiarme. -Puso cara de asco mientras su fiel esbirro Taylor se reía ¿No tenía personalidad propia o qué? Finalmente se fueron alejando por el pasillo.

Con la moral por los suelos entré de nuevo en mi habitación.

-Será mejor que no vuelvas a retroceder en el tiempo si no tienes un plan, Super Max. -Me burlé de mí misma.

Estaba dolida, no por las palabras de Victoria, sino más bien por la forma en la que había desaprovechado mis poderes.

-¡Por los dioses Max! No puedes reotrceder en el tiempo y hacerlo peor que la primera vez.

Miré la hora. Las 8:47.

-Será mejor que me vista y vaya a ver a Dana. -Así que dejé caer el abornoz y me dirigí al armario para vestirme. Pasé rápidamente mis ojos por encima de todas las prendas. Suspiré y cogí la ropa de siempre, la miré detenidamente y me encogí de hombros. -¿Por qué cambiar lo que me gusta?

En cinco minutos ya estaba preparada para ir a ver a Dana.

De nuevo salí por la puerta para encontrarme en el pasillo en el que hace unos minutos Victoria había intentado humillarme delante de Taylor. Y digo "intentado" porque como ya he dicho antes, no es que las burlas de Victoria me afecten especialmente, aunque eso no significa que las disfrute. Afortunadamente esta vez no había ni rastro de Victoria ni de sus esclavas Taylor y Courtney. Suspiré aliviada. Ya había tendio suficiente Victoria para todo el día y eso sin contar que la iba a tener que ver durante las clases de hoy. Especialmente Victoria es insportable en la clase de fotografía, cuando intenta seducir descarádamente al Señor Jefferson. En esos momentos si que siento vergüenza ajena por ella.

Continué caminando en dirección a la habitación de Dana. En ese momento escuché un fuerte gruñido de la habitación de Stella y no puedo evitar sonreir.

-Si hay alguien que detesta madrugar más que tú, Super Max, esa es sin duda Stella Hill. -Pensé.

No es que tenga mucho trato con Stella, pues es quizás más solitaria incluso que yo, pero siempre que la veo me trata correctamente.

Finalmente llegué a la habitación de Dana y llamé a la puerta.

-¿Se puede? -Pregunté tímidamente.

-Claro que sí. -Se escuchó desde el interior, por lo que abrí la puerta y entré.

Lo primero que vi es que Dana no esta sola, sentada a su lado en la cama estaba su inseparable amiga Juliet, a la que se ve un poco nerviosa.

-Hola Max. -Saludó Juliet. No he tenido mucho trato con ella, solo sé que pertenece al Club Vortex (lo cual es un mal comienzo) y que es la reportera principal del periódico de Blackwell. Desde luego ambos datos no son tranquilizadores, aún así le respondí con una sonrisa.

-Hola Juliet… ¿Tú también?

-Eso me temo… -Respondió ella. Quizás después de todo, Juliet no esté tan mal, me encojo de hombros.

-Basta de tonterías. -Nos cortó Dana ahora que empezaba a entenderme con Juliet. -Os he hecho venir aquí. -Dana parecía extremadamente excitada.

-Lo único que pido es que no tenga nada que ver con los dramas juveniles típicos de Blackwell. -Supliqué en silencio.

-Os he hecho venir aquí porque el Director Wells me ha nombrado Directora del Comité de Decoración de la Academia para la fiesa de Halloween.

Dana ama Halloween incluso más que yo, por lo que no me extrañó que el Director Wells le encomendara tal misión.

-¡Oh Dana! Es una noticia maravillosa, seguro que Blackwell lucirá mejor que nunca este 31 de octubre. -La verdad, me alegraba por ella.

Entonces ví que Juliet forzaba una sornisa. Es obvio que sabía algo que yo no sabía.

-¿Qué está pasando aquí? -Pensé entrecerrando los ojos.

-Y bueno, como Directora del Comité de Decoración tengo que elegir al resto de miembros del Comité. -En ese momento ví a Juliet tragar saliva y entendí todo. Juliet sabía que Dana nos iba a pedir que formáramos parte del Comité. Se ve que no le hacía gracia pasarse horas pegando telarañas por los techos y decorando calabazas durante horas toda la próxima semana.

-Yo.. Me encantaría… -Tartamudeó Juliet. -Pero es que justo la semana que vienes hay muchas noticias que cubrir ¿Sabes? -Trató de justificarse la reportera mientras se levantaba para huir de la habitación.

Entonces Dana le lanzó una mirada asesina a Juliet. Por un momento temí que Juliet se desintegrara. Pero no.

-Estaré encantada de ayudarte, Dana. -Respondió Juliet resignada.

Dana sonrió satisfecha y posó sus ojos esta vez en mí, esperando a que yo también accediera.

-Por mí estupendo. -Lo sentí un poco por Juliet, pero la verdad es que yo amo Halloween así que acepté sin dudarlo.

-Sabía que te haría ilusión Max, como yo, tu comprendes el encanto de las fiestas de Halloween. No como otras… -No hacía falta ser Sherlock Holmes para deducir que ese comentario iba dirigido hacia Juliet que todavía mantenía una sonrisa forzada en la boca. -Ya os enviaré un mensaje para nuestra primera reunión ¿De acuerdo?

Y continuamos hablando sobre nuestras maravillosas ideas para decorar Blackwell. Bueno, realmente hablamos Dana y yo, porque la pobre Juliet no podía más que asentir.

-Bueno Dana, será mejor que continuemos otro día o sinó no llegaremos tiempo a clase.

-Sí ya son las 10:34. Que rápido se me ha pasado. Como siempre, tienes razón Max.

Volví a mi habitación rápidamente para coger la mochila.

-Max, te olvidas del móvil… -Me recordé cuando me disponía a salir por la puerta.

Cogí el móvil y lo desbloqueé para ver si había recibido algún mensaje. Un mensaje de Warren y otro de Chloe… Abrí primero el de Warren probablemente era el menos importante de los dos…

Warren: ¿Por qué Heisenberg murió virgen? Porque cuando encontraba la posición no encontraba el momento, y viceversa.

Puse los ojos en blanco y respondí:

Max: Que chiste más malo ;( , esta vez te has superado.

No era experta en física cuántica pero lo primero que hice cuando descubrí mi poder, fue leer todo lo que cayera en mis mános sobre mecánica cuántica y teoría de la relatividad (cosa que por cierto se había reflejado en mis clases de ciencias). Esa es la razón por la que conocía el Principio de Indeterminación de Heisenberg: es imposible medir simultáneamente, y con precisión absoluta, el valor de la posición y la cantidad de movimiento de una partícula.

Después de ese chiste friki (sobre el que tengo que admitir que me sacó una sonrisa), me decidí a abrir el mensaje de Chloe.

Chloe: Ehhh Mad Max

Chloe: Te vienes de excursióneste sábado al Bosque como caundo éramos pequeñas?

Chloe: No admito un no por respuesta.

-¿El sábado? -Pensé. -Creo que no tengo nada planeado. A no ser que Dana ponga justo una reunión del Comité de Decoración.

Max: El sábado?

Max: Mmmmm

Max: Déjame pensar… Se me ocurren 100 cosas más interesantes que hacer.

Intenté hacer rabiar un poco a Chloe.

Chloe: Seguro que has quedado con Warren y no me lo quieres decir

-Joder, qué pesados están hoy todos con Warren…

Chloe: Entonces le tendré que decir a mi madre que solo me prepare el almuerzo soloa

Max: Vale, me has convencido. El sábado nos vemos :)

Chloe: Sin emoticonos.

Max: :(

Miré el reloj y apagué el móvil.

-Como siga perdiendo el tiempo no llego ni a los útlimos diez minutos de clase…

Abrí la puerta y suspiré.

-Buena suerte Max. -Me deseé.


Aquí termina el primero de los 9 episodios que durará esta historia. Espero que no haya sido muy corto. Muchas gracias por leer, podéis dejar un un comentario si os apetece para mostrar vuestra opinión. Que paséis un buen día.