Harry estaba nervioso mientras miraba su firma en el papel de los estudiantes que se quedaban para Navidad.
En su primer año, había estado feliz de firmarlo, sólo para mantenerse alejado de sus crueles familiares; en el segundo año, Harry no tuvo la oportunidad de elegir, ya que prácticamente el profesor Snape y Dumbledore lo empujaron con Ron y su familia luego de que luchó contra el basilisco y salvó a Ginny. Ese año ya vivía con Snape, pero las circunstancias no lo dejaron pasar las fiestas con él, cosa que Harry creyó agradecer, ya que sentía que todo sería muy incómodo.
En cambio, un año después, Harry se arrepiente mucho el no poder haber pasado esas Navidades con su profesor, y sumando el Año Nuevo. No tenía un buen ejemplo de cómo celebrar las fiestas según los Dursley, siendo que nunca participó en ninguna de esas celebraciones, y tenía la impresión de que Snape se suicidaría antes de festejar como los Weasley, con tanta felicidad y calidez rodeándolos; si Harry también era sincero, ni siquiera él se sentía cómodo con tanto cariño, pero tampoco iba a quejarse.
Ahora, Harry estaba quedándose en el castillo, y sabía que tenía permiso de pasar estas noches en la residencia privada del profesor, donde él mismo ya tenía una habitación, así que aunque sea no tenía que pasar sólo en su habitación de Gryffindor. La pregunta que Harry había tardado demasiado en preguntarse, y que ahora ya era demasiado tarde, era: ¿el profesor Snape estará siquiera en Navidad y Año Nuevo?
Apenas y había cruzado muchas palabras con él en la última Navidad, y siempre habían sido durante la tarde o temprano en la mañana; en ese momento no le interesó, pero ahora mismo, parecía de vital importancia saber si el profesor tenía familia con quien pasar las fiestas o no.
O si acaso querría pasarlas con él.
Harry suspiró derrotado mientras se dirigía hasta su habitación de Gryffindor, agradecido de que todos estaban demasiado ocupados con su propia emoción de volver a ver a sus familias como para prestarle atención al niño que vivió. Llegando a la habitación vacía, casi se arroja a la cama para hundirse aún más en sus propios nervios si no fuera por el regalo envuelto en papel verde plateado que estaba allí. Parpadeó dos veces antes de recordar que él mismo había hecho ese regalo y suspiró el doble de fuerte esta vez, sentándose en el borde de la cama. El envoltorio tenía un pequeño papel encima para que Harry pudiera escribir una dedicatoria, lo que le hizo agradecer mentalmente a Dobby, quien siempre se alegraba de ayudarlo.
Mañana por la noche los estudiantes se irían a casa, y Harry había visto que sólo pocos Gryffindors se quedarían ese año, y los que se quedaban eran todos de último año. Aunque sea tenía la oportunidad de poder pensar en sus palabras unos días antes de entregar el regalo. Entrecerró sus ojos y se mordió el labio inferior tratando de pensar en una buena nota que podría poner sin avergonzarse a sí mismo.
"Feliz Navidad profesor Snape; gracias por alimentarme y no golpearme ni encerrarme en un armario."
Harry agradeció que Dean y Neville hayan entrado en ese momento a la habitación, porque hasta su pensamiento de la futura nota le daba lástima y vergüenza.
HPSS
Entonces, Harry se había alegrado de tener un par de días para prepararse mentalmente para la cena de Navidad que tendría con Snape y en el silencioso castillo ya casi libre de alumnos, pero antes de darse cuenta, ya era 24 por la mañana y todos los alumnos que quedaban apenas completaban un cuarto de una mesa del comedor. A pesar de eso, aún estaban separados por casas, aunque no tenían las largas mesas que comúnmente usaban, sino que eran un poco más pequeñas, y Harry estaba a medio metro de los Gryffindors mayores, siendo él el único de tercero. Harry estaba emocionado por esa noche, hasta que miró hacia la mesa de profesores y, por supuesto, Snape no estaba.
No se decepcionó, porque claro que era solo la mañana y posiblemente estaba desayunando en privado, una costumbre que normalmente tenía el hombre luego de una larga jornada en el laboratorio. Así que, ignorando el leve presentimiento oscuro en su cabeza, Harry volvió la mirada a su plato y terminó su desayuno con desgana.
HPSS
Cuando vio a la profesora Murke, que era la segunda al mando de la Casa Slytherin cuando el Jefe de Casa estaba ausente, ocupando el puesto de Snape a un lado del director en el almuerzo, Harry tragó con fuerza para deshacerse del nudo en su garganta y se enojó consigo mismo por sentirse tan miserable.
No tenía motivos verdaderos para sentir lástima de sí mismo, y tampoco para estar enojado con Snape; ni siquiera se entiende a sí mismo cuando piensa que Snape aunque sea debería haberle dicho que no pasará las fiestas en el castillo: no tiene ningún derecho a recibir información de la vida privada del hombre, sin contar que encima fue Harry quien había hecho planes para imponerse en las fiestas a su profesor, sin preguntarle.
Snape claramente tenía amigos o familia a la que visitar, y el hombre no tenía por qué modificar sus planes solo porque Harry había querido, aunque sea, cenar con él o poder darle su regalo en persona. Harry, claramente, no conocía a nadie cercano a Snape fuera de la escuela, y suponiendo que el hombre quería que fuera así, Snape ya le permitía toda su atención en los dos meses de vacaciones como para que también Harry tenga que estar en Navidad molestándolo.
Si alguien debería sentirse molesto por los planes (aunque frustrados) de Harry, definitivamente sería Snape. No sabía qué sería peor si el hombre se enteraba: que Snape lo mirara con lástima y se viera obligado a pasar más tiempo con Harry sin quererlo, o que Snape se burlara de él y le dejara muy en claro que sus responsabilidades como tutor de Harry tenían su estricto límite.
No es que Harry no lo supiera, pero estaba seguro que escuchar al hombre decir que su trabajo como tutor no abarcaba los sentimientos de Harry y su tonta ilusión de tener una familia propia, simplemente lo rompería por completo.
Parpadeando rápidamente para apartar la humedad de sus ojos, Harry solo jugó con la comida en su plato, todo su apetito desaparecido por completo, esperando hasta que uno de los de séptimo se levantara al terminar su almuerzo para él poder irse también sin llamar mucho la atención.
HPSS
Aunque tenía el permiso explícito del profesor para entrar en las habitaciones privadas de él, Harry aún dudaba fuera de la puerta, con una mano sosteniendo su regalo. ¿Tal vez el permiso no abarcaba cuando Snape no estaba en el castillo? Pero el tan solo pensar en darle su regalo personalmente a Snape cuando volviera hacía que se sonrojara de pura vergüenza: el hombre seguramente se daría cuenta que Harry había querido que esté en Navidad para poder darle el regalo en ese momento. Snape siempre parecía darse cuenta de todo, para bien o para mal.
No se presentó en la cena esa noche, que posiblemente estaba por terminar en pocos minutos, pero tampoco tenía hambre. Luego del almuerzo, había pasado el resto de la tarde en su cama, permitiéndose sentirse solo y triste, y solo se dignó a moverse cuando vio que el sol ya se había escondido y que aún tenía el regalo del profesor que entregar.
Agradecía que la puerta hacia las habitaciones del profesor estuviera escondido entre distintos pasillos de las mazmorras, porque estaba seguro que si alguien lo viera en ese momento, de pie torpemente y con un regalo en su mano frente a la puerta del pocionista, no vería un final: el iluso pupilo del profesor Snape, buscando compañía en Navidad.
Sí, El Profeta tendría un día de campo.
Respirando hondo, Harry dejó que su lado Gryffindor gobernara y simplemente apoyó la mano contra la puerta, abriéndola y dejando que las salas que protegían los aposentos de intrusos lo reconocieran antes de adentrarse y cerrar la puerta detrás de él.
Confirmando lo que Harry ya sabía, la pequeña sala de estar estaba fría y poco iluminada, y el pasillo hacia la habitación del profesor y la de Harry estaba completamente oscuro, dejando en claro que el profesor no había estado allí ese día. El hombre una vez le dijo que las mazmorras de por sí eran un lugar frío, por lo que mantenía la chimenea encendida siempre que estaba allí.
Suspirando suavemente, se acercó a la mesa de café frente al sofá para dejar su regalo antes de dudar. Su regalo no era demasiado especial, ni siquiera le había costado dinero. Era un simple diario de Salazar Slytherin, solo que Harry (con mucha ayuda de Hermione) lo había traducido del pársel. La Cámara de los Secretos aún tenía muchas cosas valiosas del fundador de Slytherin, y Snape había estado interesado en los diarios y libros de allí hasta que se dio cuenta que no podía entenderlos, así que Harry le pidió ayuda a Hermione y juntos lograron traducir por completo un diario sobre pociones experimentales, luego de tener que empezar de cero muchas veces ya que Harry apenas se daba cuenta que cambiaba del inglés al pársel sin querer.
Y por supuesto que Harry no escribió la traducción, no. Había comprado un vuelapluma, porque sabía que su letra, en especial para Snape, era horrible.
Era un regalo que simplemente había querido hacerle a Snape, sin ningún motivo en especial, pero como lograron terminarlo hace pocas semanas, tanto Ron como Hermione le dijeron que se lo diera en Navidad, así que aquí estaba.
Y ahora, comienza a arrepentirse.
A pesar de que no entendió ni siquiera un noventa por ciento de lo que tradujo, ya que las pociones no eran su mejor área, sabía que eran textos antiguos y que posiblemente mucho de lo que Salazar tenía que decir sobre las pociones a día de hoy ya estaba comprobado si era o no correcto o posible. Snape, siendo un Maestro de Pociones, seguramente no apreciaría recibir un regalo por Navidad que se trate de un libro que solo tenga escrito cosas que ya sabe o que son imposibles de crear por simple lógica.
Harry podía decir con muchísima seguridad que ese no estaba siendo el mejor día de su vida.
Dejó el regalo con fuerza sobre la mesa y salió de las mazmorras sin mirar atrás, a pesar de que deseaba poder quedarse en su habitación hasta que Snape volviera.
HPSS
Cerrando las cortinas de su cama a su alrededor, a pesar de que era el único en la habitación, Harry enterró su rostro en la almohada con la fuerza, apenas logrando respirar. Se sentía como un tonto niño de seis o siete años de nuevo, esperando tener a alguien en su vida para poder festejar algo, la Navidad en este caso. Aunque sea, ahora no tenía que escuchar a sus tíos y a su primo divirtiéndose mientras él estaba o en la cocina o en su armario.
Pero tal vez su situación actual era un poco más triste que cuando era pequeño: el silencio a su alrededor era pesado en sus oídos, y solo lo hacía sentir aún más miserable. Volteando su rostro hacia un lado, respiró profundo y simplemente miró la cortina roja de su cama con resignación. A pesar de todo lo que vivió y lo que le dijeron a lo largo de su vida, a Harry aún le costaba creer que, al final del día, ese sentimiento de soledad era siempre su compañía diaria; aún con sus amigos, aún cuando podía estar rodeado de gente, Harry siempre se sentía y estaría solo.
Que sus padres hayan muerto y luego haya sido dejado en manos de personas que no lo querían debería de haber sido su primer señal de que así sería su vida.
Sacándose los lentes y escondiéndose debajo de sus sábanas para dormir e ignorar que este día simplemente existió, Harry esperaba que sus amigos la estuvieran pasando bien, al igual que el profesor Snape.
HPSS
Se había despertado temprano esa mañana por pura costumbre, pero su estado de ánimo estaba igual o posiblemente peor que el día anterior.
Había tenido una pesadilla horrible que ni siquiera podía recordar, pero había logrado despertarlo con un nudo en el pecho y con algunas lágrimas perdidas sobre sus mejillas. Aún así, hizo su mejor esfuerzo por levantarse de la cama y bajar a desayunar, solo para que nadie subiera a buscarlo. Se lavó el rostro con desgana y se vistió lentamente, apenas logrando sonreír cuando vio los regalos envueltos que sus amigos le habían mandado. Definitivamente no los abriría ahora, porque sabía que posiblemente volvería a terminar en lágrimas, así que simplemente los guardó con cuidado en su baúl y se dirigió al Gran Comedor.
Extrañaba a Hedwig, pero le había dicho que se quedara con los Weasley hasta que volvieran, ya que sabía que ella disfrutaba los terrenos de la Madriguera para cazar. Sin embargo, ahora mismo se estaba arrepintiendo de su decisión, mientras miraba por las ventanas del pasillo hacia afuera, la nieve cubriendo el terreno de Hogwarts por completo.
Cuando llegó al Gran Comedor, Harry abrió grande los ojos cuando vio al profesor Snape de brazos cruzados con Dumbledore a su lado, ambos hablando en voz baja a un lado de las grandes puertas. Tragó saliva, recordando su tonto regalo que había dejado anoche en las habitaciones de Snape, y simplemente bajó la cabeza caminando un poco más rápido, para poder evitar ser notado por alguno de los dos, en especial con Snape pareciendo enojado.
Casi sonríe victorioso cuando logró pasar por ambos hombres sin ser detenido, pero fue demasiado rápido.
—¡Harry, muchacho!— exclamó Dumbledore a su espalda, y Harry se detuvo, sin voltear. El director pasó por su lado, palmeándole el hombro y dándole una sonrisa con ojos brillantes—. Feliz Navidad, Harry.
—Gracias, director— Harry asintió con una sonrisa que era más una mueca incómoda—. Feliz Navidad para usted también.
Dumbledore siguió su camino hacia la mesa principal, y Harry estuvo esperando unos segundos más en su lugar a que el profesor Snape dijera algo, porque claramente podía sentir su mirada en la nuca, pero no sucedió. Cerró y abrió una mano para calmar sus nervios mientras se daba vuelta, enfrentándose a los ojos negros de Snape, que lo miraban impasible.
—Hola, profesor.
Snape entrecerró los ojos y Harry sintió cómo su estómago se apretaba dolorosamente.
—Ven conmigo— dijo el profesor antes de comenzar a caminar con rapidez. Harry lo siguió y lo alcanzó con un leve trote, aunque hubiese preferido caerse y haberse roto la nariz cuando vio que iban a las mazmorras—. El director me dijo que no has comido casi nada ayer— comentó el hombre con naturalidad, pero Harry palideció de todas formas. Snape no estaba feliz.
Y por supuesto que Harry era la causa. ¿Acaso era tan obvio, que Dumbledore obligó a Snape a volver..? Lo veía un poco exagerado, pero Dumbledore era exagerado ya de por sí.
—No tenía hambre— Harry evitó la mirada que el profesor le mandó, y cuando llegaron a las mazmorras, los nervios de Harry solo aumentaron. El hombre ya estaba molesto, y cuando vea el regalo de Harry, completamente incriminatorio de lo que Harry quería de Snape en Navidad, se enojaría el doble. O mejor aún, el triple, cuando vea que es un libro completamente inservible.
¿Acaso Harry pensó que ayer podía ser un mal día? Este le estaba ganando con creces, y aún ni siquiera eran las diez de la mañana.
—Teníamos un trato— la voz de Snape lo sacó de sus pensamientos, y cuando miró hacia arriba, Snape estaba abriendo la puerta de sus habitaciones, haciéndole un gesto para que se apurase a entrar, cosa que hizo. Cuando miró hacia la mesa de café, el regalo no estaba, y esta vez la chimenea estaba encendida y el lugar iluminado cálidamente. Si Harry tenía suerte, su profesor había quemado el libro y haría como si nunca hubiera recibido nada; Harry lo apreciaría. Snape lo hizo sentarse en el sofá—. Tienes que comer las tres comidas diarias, niño, y si no lo haces, tienes que venir a pedirme la poción nutritiva. Cosa que no hiciste.
—No estabas aquí— dijo Harry en voz baja, encogiéndose de hombros mientras miraba el fuego de la chimenea. Vio por el rabillo del ojo a Snape sentándose a su lado en el sofá y frunciéndole el ceño—. Además— continuó en voz baja—, no tenía hambre. Y que me salte una comida un día no me hará mal.
—Te has saltado comidas durante diez años, Harry— Snape llamó a un elfo doméstico y pidió dos platos de desayuno, antes de volverse hacia él de nuevo—, y no debes saltarte ninguna más. ¿Sigues sin tener hambre? ¿Te sientes enfermo?— Harry negó con la cabeza cuando la comida apareció en la mesa de café frente a ellos, pero Snape seguía mirándolo a él con atención—. Por cierto, sí estaba aquí, solo que en el laboratorio. Tenía que reponer algunas pociones de la enfermería.
—Está bien— dijo Harry rápidamente, y estaba bien, de verdad. Snape no le debía explicaciones. Harry sabía que el hombre no estaba allí ayer, pero agradecía inmensamente que estuviera tratando de salvar la cara de Harry. Aunque sea no iba a burlarse de él.
—No me crees— Snape le pasó uno de los platos con el desayuno, y Harry miró con el ceño fruncido los huevos revueltos. Snape se acomodó con las piernas cruzadas en el sofá, su propio plato en mano. Harry sonrió un poco: ver a su profesor haciendo algo tan informal como desayunar en el sofá era extraño pero divertido a la vez—. ¿Qué pasa por esa cabeza tuya, Harry?— la voz del profesor no se había suavizado, no, pero Harry se mordió el labio inseguro mientras veía a su profesor tímidamente. Snape levantó las cejas un poco—. No puedo entenderte ni ayudarte si no me lo dices.
—Es Navidad— susurró luego de unos segundos, apartando su vista del profesor y encogiéndose de hombros. Snape suspiró, pareciendo cansado.
—Me arrepentiré toda la vida de esto— murmuró Snape, y cuando Harry miró hacia el hombre con los ojos abiertos en pánico, con miedo a lo que se refería, Snape estaba rebuscando en sus túnicas algo, hasta que sacó una pequeña escoba, que dejó en el suelo frente a ellos antes de lanzar el hechizo que lo volvía a su tamaño original. Harry solo pudo mirar con el rostro impasible la Saeta de Fuego frente a él—. Feliz Navidad, Harry.
No se trataba de esto, pero Harry sonrió con fuerza de todas formas, no queriendo ser un maldito desagradecido, en especial porque la Saeta era la última escoba del mercado hasta ahora.
—Gracias, profesor— Harry dejó su desayuno sin tocar sobre la mesa de café, inclinándose para levantar la escoba de carreras, antes de que Snape lo detuviera.
—Pero antes— Snape inclinó la cabeza de Harry hacia un lado con dos dedos bajo su mandíbula, y Harry vio directamente los ojos negros del profesor. Se removió, un poco nervioso—. ¿Qué sucede, Harry? La verdad, por favor. Ayer viniste a dejarme el regalo, que por cierto, aprecio que me lo hayas dado, pero me hubiese gustado verte y poder haberte dado mi regalo también. ¿Por qué no llamaste?
—No estabas.
—Estaba en el laboratorio, Harry— Snape le frunció el ceño—. Me desocupé recién a las dos de la mañana, y no iba a despertarte— cuando Harry no dijo nada y solo bajó los ojos, Snape suspiró levemente, antes de apartar su propio desayuno y atraer a Harry en un abrazo. Harry se tensó un momento antes de relajarse por completo mientras apoyaba su frente en el hombro del profesor y pasaba sus brazos alrededor de su torso, apretándolo con un poco de fuerza—. Te conozco lo suficiente, Harry. Has estado completamente tenso desde la semana pasada, y ciertamente eres un libro abierto. ¿Qué tanto has dudado sobre si tu presencia era o no bienvenida? Puedo creer que mucho.
—No quiero ser un molestia— Harry susurró, enterrando su rostro en el cuello del profesor, sintiendo que su nariz picaba y que sus ojos se humedecían. Era hasta molesto lo mucho que Snape lograba leerlo, pero en este momento, sintiéndose a salvo en los brazos de su profesor, solo podía agradecerlo.
—No lo eres, Harry— Snape colocó una mano en su cabello y comenzó a acariciarlo levemente, haciendo que Harry sollozase. Las fiestas siempre lograban hacerlo sentir mucho más deprimido, y tener un poco de consuelo cuando su cerebro era solo una nube negra era demasiado—. ¿Entiendes? No eres una molestia para mí. Y deja de pensar que lo eres, porque eso es lo que te hicieron creer esos asquerosos muggles con los que lamentablemente te has criado.
Estuvieron abrazados en silencio unos minutos más, mientras Harry trataba de calmarse y disfrutaba por completo el cálido abrazo que estaba recibiendo. Había abrazado al profesor Snape unas veces antes, pero siempre sucedieron luego de pesadillas particularmente horribles o cada vez que su vida había estado en grave peligro, pero siempre disfrutaba por completo los abrazos. No es que haya tenido muchos en su vida. Además, los abrazos del profesor siempre lo hacían sentir seguro; le hacían creer que estaba protegido de cualquier mal.
—Pensé que estabas con tu familia— susurró Harry apartándose levemente de su escondite en el cuello del hombre para que este entendiera bien sus palabras—, y me comencé a sentir muy mal. No porque estuviera con su familia— aclaró rápidamente, a lo que Snape bufó—, sino porque yo... No lo sé, simplemente me sentí solo, muy solo. Estoy acostumbrado a pasar Navidad sin nadie, o sin recibir nada, o lo que sea. Pero supongo que ahora que sé lo que es tener amigos, o gente que me cuide, es más complicado seguir acostumbrado a los viejos hábitos.
—Me parece perfecto que ya no te acostumbres a tus viejos hábitos, si me disculpas— Snape separó a Harry del abrazo, y Harry lo soltó con desgana. Snape lo miró fijamente—. Ya no estás solo, Harry. Tienes amigos, y tienes mucha gente que se preocupa por ti: Albus, la familia Weasley, tus amigos, yo. Sé que es difícil aceptarlo por completo, y tomará su tiempo, pero aquí estaré, ayudándote y apoyándote hasta que logres ver el mundo de la manera en la que es, y no con esa horrible visión que te dieron tus parientes. No llores, niño tonto— Harry se rió levemente mientras volvía a esconder su rostro, esta vez en el pecho de su tutor, y dejaba que las lágrimas cayeran con libertad.
Snape lo sostuvo sin dudar, acariciando su espalda de arriba abajo y siendo firme mientras lo mantenía seguro entre sus brazos.
Era una extraña forma de pasar una mañana de Navidad, pensó lejanamente, pero de todas formas se hundió aún más en el abrazo de su profesor y disfrutó el sentimiento de seguridad y calidez que remplazaba rápidamente el nudo en su garganta y la pesadez nerviosa en su estómago.
HPSS
feliz navidad, no importa cuándo leas esto ;)
me disculpo igual por esto, es un borrador que encontré y como me hizo llorar un poquito lo seguí y... bueno, acá estamos. para bien o para mal xd
espero les haya gustado uwu
