¡Hemos vuelto! Perdonadme por haber desaparecido por un largo tiempo, pero estoy bien, ¿vale? No ha pasado nada grave, solo fue un tiempo lejos de la inspiración y hundiéndome en el estrés que me da vivir en España. Venga, pues que estoy aquí otra vez para brindaros esta historia de Halloween: un especial de cinco partes. Las historias de las otras parejas están siendo publicadas simultáneamente.

Esta historia está inspirada en "when the party's over" de Billie Eilish. ¡Disfrutad!

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SILENCIOSA;
y solitaria

OO

Don't you know I'm no good for you?
I've learned to lose you, can't afford to
Tore my shirt to stop you bleedin'
But nothin' ever stops you leavin'

Blossom tenía muchas cosas en su cabeza, una variedad de pensamientos, mientras preparaba ese disfraz que le sugirió su hermana Buttercup. ¿Le quedaría bien? ¿Sería buena idea dejar que Buttercup cocine las gambas? ¿Y si mejor le ayudaba? ¿Qué pasaría si la falda se levanta por culpa del viento? ¿Y si se compraba el primer para la rosácea que le recomendó su dermatólogo en lugar del cosmético coreano que vio en oferta en la tienda favorita de Bubbles? Todas esas cosas pasaban por su cabeza, no cabía duda de que todos los temas se le estaban mezclando, y solo porque se sentía incapaz de ordenar sus prioridades.

Miró con cierto recelo el traje azul que descansaba sobre su cama. No sabía por qué, pero se dejó convencer por su hermana. Tal vez, porque no quería ni tenía ganas de pensar demasiado en su disfraz. No, no le parecía prioridad, solo un dolor de cabeza. ¿Es que, acaso, la importancia no era solo asistir a la fiesta? ¿A quién se le ocurrió esa idea?

Ah, verdad, es Halloween.

La música lofi era su compañía en su habitación, así que al suave ritmo, guardó ese disfraz en su armario, con delicadeza, claro, y pensó que sería bueno ponerse a estudiar mientras esperaba a que su hermana terminase con la cena. Bueno, si es que no explotaba la cocina o un desagradable olor se hacía notar por el hogar. No es que no le tuviese confianza a Buttercup, es que ya lo había hecho con anterioridad. Jamás olvidará el día en que unas inocentes y simples galletas de manzana y canela fueron la copia perfecta de cualquier pieza de carbón.

Escuchó un golpeteo en su ventana, bajó la música y se dio cuenta de que esos golpeteos no solo se escuchaban ahí, sino que parecía que también en el techo. Decidió asomarse y pudo comprobar que era la lluvia que había comenzado a caer sobre Townsville. Las primeras gotas del otoño, por fin, habían llegado. Como se quería concentrar en su estudio, optó por apagar la música y dejar que la lluvia fuese la que le entonase la mejor de las melodías de concentración.

Una vez que se sentó en su escritorio, suspiró y se deslizó un poco en su silla, miró hacia el techo y pensó: "qué lástima tener una vida carente de emociones". En realidad, las palabras de Blossom no sonaban tan lamentables como se creía, pero de alguna manera, sentía que cualquiera que la escuchase decir eso, pensaría que ella tiene depresión. No, nada de eso, lo que pasaba con ella es que le gustaría ser como sus hermanas. Ambas tenían a alguien con quien hablar, alguien con quien salir, alguien a quien mandarle mensajes a mitad de la noche, a quien compartirle algún vídeo de las redes sociales... pero ella no tenía a nadie, ni su sombra parecía querer darle la hora. Y es que el problema de Blossom era que no se sentía digna de formar amistad con ningún ser humano.

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Brick acababa de llegar a su habitación del reformatorio, la que compartía con sus hermanos, y como ellos todavía no llegaban de comer, pensó que sería buena idea dormitar en su cama, la litera inferior, ya que estaba más que seguro que cuando hicieran aparición, la habitación sería un verdadero caos. Y como si lo hubiera presagiado, hacía unos quince o veinte minutos que se había recostado, llegaron Butch y Boomer... discutiendo en evidente voz alta.

—Escúchame, Boomer, te digo que podemos transformarlo en un disfraz. Piénsalo, ocupa eso que tienes allí arriba, se llama cabeza, y dentro de ella, tienes una cosa viscosa llamada cerebro.

—Que no, no podemos hacer eso. Solo nos traerás más problemas —le decía un agotado Boomer—. Me tienes cabreado.

—¿A qué le tienes miedo? ¿Qué cosa nos van a hacer ahora? ¿Acaso hay algo que no nos hayan hecho antes?

En su cama, y evitando a toda costa fruncir el sueño para así no desconcentrar más su descanso, Brick pensaba que siempre, siempre eran demasiado ruidosos, pero el que lo iniciaba todo era Butch. Él jamás se callaba y buscaba cualquier excusa para pelear. Innecesariamente ruidosos, así se estaban comportando en ese momento. ¿Que, acaso, no podían hacer algo de silencio? ¿Nunca aprendieron a respetar el descanso de otro?

Sin embargo, al cabo de unos minutos, ambos cayeron rendidos en sus respectivas literas y comenzaron a roncar en menos de cinco minutos. No eran ronquidos fuertes ni escandalosos, sino que fueron ronquidos que te permitían dormir y escuchar un poco el ruido desde afuera de las habitaciones... Un momento, ¿se les podía considerar habitaciones? Después de todo, estaban en un reformatorio. Venga, pues que después de tantos años, el reformatorio era su hogar, al fin y al cabo era al único lugar donde podrían llegar.

Escuchó el sonido de la lluvia y, sin dudarlo en ningún momento, Brick se puso de pie y fue hasta la angosta ventana rectangular que estaba entre su litera y la de sus hermanos. Le gustaba admirar la lluvia, sobre todo porque las ondas de las gotas en las posas que se formaban en el asfalto del patio del reformatorio le recordaban a cualquier pieza musical que tuviese en la cabeza. Podría ser algo difícil de entender, y es que necesitarías que Brick te lo explicara para entender de qué estaba hablando exactamente. No obstante, no tenía con quién hablarlo. A veces, le gustaría compartir sus pensamientos con alguien, además de sus hermanos, quería decirle a un alguien lo divertido que le parecía imaginar que las gotas de lluvia entonaban alguna melodía aleatoria, pero no había nadie cerca de él en ese momento, y, un detalle no menor, es que no era socialmente aceptado ser un amigo de él o de sus hermanos.

En lugar de torturar sus pensamientos con esas cosas, Brick tomó la sabia decisión de irse a dormir, eso sí, preguntándose hasta último minuto si existía alguna persona que estuviese pasando por una situación similar a la de él.

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Blossom iba camino a casa luego de reunirse con el alcalde, tuvieron una reunión por lo de la fiesta, a pesar de que el llamado era a divertirse, les pidieron que cuidaran y resguardaran la ciudad si es que fuese necesario, a modo de insinuar que no podían confiar en aquellos que buscan reintegrarse socialmente, al menos no del todo. De ese modo, ¿por qué le pidieron a los del reformatorio que hicieran de vigilantes si, de todos modos, desconfiarían de ellos? Ese era el dilema que tenía Blossom en su cabeza.

Con la mirada fija en el camino, dobla en la esquina de la calle para irse hacia la parada de autobuses cuando escucha que alguien se estaba quejando de dolor. Su sentido heroico le decía que debía buscar la raíz del problema, esos quejidos se encontraban cerca, pero no había ningún tumulto de gente socorriendo en ninguna parte. ¿Dónde estaría, entonces, esa persona que se aqueja?

Pues junto a ella, a las afueras de una tienda, estaba Brick, solo, sobando su pierna. Tenía una evidente expresión de dolor que logró alarmar a la chica, quien no dudó en ningún minuto en ayudarle. "Townsville es la ciudad de la solidaridad", vaya, se nota que lo era, teniendo a alguien quejándose de dolor, todos pasaban a su lado sin siquiera mirarle. Blossom sintió cierto repudio por los ciudadanos. ¿Así quería celebrar la solidaridad en Halloween? Patético.

—¿Estás bien? ¿Qué te sucede?

—No es tu problema —le respondió Brick de mala gana.

—Te lastimaste la pierna —a pesar de que era una afirmación, dio la impresión de que se lo había preguntado.

—Aléjate.

—¿Eso es sangre?

—¡Que te alejes! ¿Que acaso estás sorda?

Blossom estaba completamente alarmada por la cantidad de sangre que estaba cayendo por debajo del pantalón marrón que usaba Brick. ¿Cómo era posible que tuviese así la pierna? ¿Qué se hizo?

—Levanta la tela del pantalón —ordenó ella.

—No.

—Hazlo —insistió con sus manos temblorosas.

—No te metas... —suspiró algo fastidiado.

—¡Que lo hagas!

Brick se asustó con ese grito. A su alrededor, la gente pasaba y miraba, con extrañeza absoluta, a la chica. "¿Cómo podía ser posible que estuviera socorriendo a un delincuente?", eso creía que estaban pensando de ellos. Miró a los determinados ojos de Blossom y decidió hacerle caso. En su pantorrilla tenía algo enterrado, producto de la caída que había tenido luego de colgar los letreros alusivos a la fiesta.

—¿Cómo te hiciste eso? —preguntó Blossom, y, para su sorpresa, la respuesta de Brick se hizo oír.

—Me caí. Estaba colgando los letreros de la esquina del frente, cerca de la parada, cuando pisé mal y caí de la plataforma. Creo que ha de ser un clavo.

—Bien, vamos a urgencias, de inmediato.

—No importa —insiste él.

Pero Blossom no le escuchó. Ella se quitó el listón, dejando así caer su cabello, hecho que sorprendió un poco a Brick, porque nunca la había visto sin su adorado listón. Con aquel trozo de tela apartado a un lado, trató de quitarle el clavo a Brick.

—Toma aire, la sacaré en un segundo y nos iremos rápido a urgencias.

Brick hizo caso una vez que Blossom contó hasta tres, y sacó el clavo de un solo tirón. Con rapidez, sacó un trozo de pañuelo de su cartera para guardar el clavo y así poder mostrarlo al médico que se haga cargo del chico. Volvió a tomar su listón y rodeó la pierna del chico para apretarla y detener así el sangrado.

—Vamos —dijo Blossom acercándose a él para tomarlo por la espalda—, te llevaré a urgencias.

Brick, quien ya no aguantaba el dolor, decidió que aceptaría la ayuda de la chica, así que pasó su brazo por los hombros de ella e hizo un esfuerzo por ponerse de pie. Blossom le tenía bien agarrado, cuando él ya se acomodó mejor sobre la acera, ella le dijo:

—Confía en mí.

Blossom no podía creer lo que había dicho; Brick no podía creer lo que había escuchado. "Confiar", esa era una palabra a la que ambos le tenían respeto, o más bien, miedo.

¿Sabes que no soy buena para ti?
He aprendido a perderte, no puedo permitírmelo.
Rasgué mi camiseta para detener tu sangrado,
pero nunca nada detuvo que te fueras.

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¡Nos leemos en la próxima actualización! Recordad que podéis seguirme en instagram, o simplemente pasar a mirar si he publicado la siguiente parte, mi cuenta es pública: soymariposamonarca

¡Hasta pronto!