Sinceridad
Disclaimer: Todo pertenece a George R. r. Martin.
Esta historia participa en el reto 115 del foro Alas negras, palabras negras con el nivel experto y las palabras capa, perdonar, sueñodulce, secreto y canción.
()()()()()()()()()()()()()
Alaine se arrebujó en su capa. El frío había llegado para quedarse al valle de Arryn y, además, aquella tarde las nubes negras tapaban por completo el sol. Nestor Royce había comentado que esa era la forma de los dioses de mostrar su tristeza por la muerte de un ser tan puro como el pequeño lord Robert. Alaine pensaba que, si esas nubes significaban algo, era la desaprobación de los dioses ante lo que su padre y ella habían hecho.
«Los dioses no perdonan» habría dicho el padre de Sansa Stark.
El padre de Alaine era diferente. A él no le importaban los dioses, solo los hombres:
«La traición, la mentira o el asesinato solo están mal en una circunstancia, cariño: cuando te descubren»
A Sansa Stark la habría horrorizado esa sentencia, pero Alaine no era Sansa. Alaine había agregado unas gotas extra de sueñodulce en la bebida de lord Robert y le había contado su cuento favorito, el del caballero alado, mientras el pequeño señor bebía la leche y se iba quedando dormido para nunca jamás volver a despertar.
Eso había sido lo más difícil. A partir de ahí todo fue coser y cantar. Era la primera vez que Alaine mataba a alguien, pero mentir sobre un crimen ya lo había hecho antes, cuando su señor padre había matado a lady Lysa. En esa ocasión le habían echado la culpa a Marillion, el bardo que había intentado aprovecharse de ella la noche de la boda de su padre con lady Arryn. En esta ocasión culparon al maestre. Era un buen hombre y Alaine sintió pena por él, pero aun así no hizo nada por evitar que lo despojaran de su cadena y lo mandaran lejos del valle. Al menos la muerte de lord Robert se había considerado un accidente y el pobre hombre había podido librarse de ser ejecutado.
Eso era un pequeño consuelo para Alaine, aunque sabía que ella no hubiera hecho nada para impedir la ejecución del maestre si eso hubiera sido beneficioso para los planes de su padre. Lord Baelish había enseñado a su hija bastarda a ser sincera consigo misma en ese aspecto:
«Da igual cuánto mientas al resto, cuántos secretos ocultes y cuántas cosas inventes. Hay una persona con la que siempre debes ser sincera y esa eres tú. Conócete bien y sabrás con qué cartas cuentas y cómo puedes usarlas a tu favor. No dejes que el resto vea tus defectos, tus debilidades o inseguridades, pero tú no te ocultes nada. La persona que se engaña a sí misma nunca será buena engañando a los demás»
Era un buen consejo. La mayoría de las cosas que su padre decía eran sensatas, inmorales, sí, pero también útiles. Al fin y al cabo, vivían en una sociedad de lo más inmoral. Sansa Stark no lo había comprendido inmersa como había estado en su mundo de caballeros y canciones, pero Alaine sí que lo sabía. Sansa había sido un pajarito encerrado en una jaula. Alaine, siempre sincera consigo misma, y con nadie más, sabía que ella tampoco era libre del todo, pero también sabía que pronto lo sería. Ya había aprendido a jugar, como decía su padre. Había aprendido a mentir y también a matar y sabía que no sería la última vez que lo hiciera. Aún conservaba el frasquito con las gotas sobrantes de sueñodulce y su querido padre no disponía de los servicios de un catador. No sería ese día ni el siguiente, quizá ni siquiera sería en la próxima luna, pero algún día Petyr Baelish dejaría de serle útil y gracias a él Alaine había aprendido lo que había que hacer con las personas que ya no eran de utilidad.
Cuando eso pasara volvería a ser Sansa, una sansa distinta, más lista y más triste que aquella niña que dejó Invernalia hacía tantos años, pero también más entera y más preparada que aquella que fue el juguete preferido de Joffrey Baratheon. Sabía que Alaine nunca la abandonaría del todo, que nunca podría dejar atrás todo lo vivido y lo aprendido junto a lord Baelish, así como nunca podría olvidar todo lo pasado en Desembarco del rey. No obstante, cuando Petyr Baelish no estuviera, podría comenzar a reconstruir su vida, a usar todas sus enseñanzas a su propio modo y para sus propios planes. Ni siquiera quería buscar el poder como él. Ella solo quería paz y seguridad. El poder era un medio para conseguir todo eso, no el fin en sí mismo. De todos modos tenía que esperar al momento adecuado, a la mejor oportunidad. Mientras tanto se llevó un pañuelo a los ojos para secarse las inexistentes lágrimas por lord Robert. Ya tendría tiempo de llorar a sus muertos y pedir perdón por sus pecados cuando volviera a ser Sansa. Mientras fuera Alaine haría lo que tuviera que hacer y en ese momento lo que tenía que hacer era cogerle la mano a su padre , que la miraba ajeno a que había guardado su pañuelo en el mismo bolsillo donde reposaba un frasquito de sueñodulce destinado a él.
