Llegando del trabajo, se le antojó comer lasaña. Revisó la hora desde la pared de la cocina y se alegró de haber salido temprano del trabajo. Tenía el tiempo de sobra para complacer su capricho y por sobre todo para recibir a su omega, quien, por lo general, llegaba hambriento del trabajo. Se puso el delantal y comenzó a preparar todo lo necesario para realizar dicha comida.

Tras una hora de estar cocinando, el alfa miraba orgulloso su más grande obra maestra. Con una sonrisa en los labios, colocó la bandeja en el horno y se dedicó a esperar a que estuviera lista. Se quitó los guantes de cocina y se dirigió al patio trasero a tomar un poco de aire fresco.

La primavera había llegado a la puerta de su casa, y el cerezo que se encontraba en su patio brillaba en todo su esplendor. Miró con fascinación como los capullos rosados florecían de las ramas. Se giro para deleitarse de su alrededor y de cierta forma, todo parecía brillar.

Estuvo cerca de veinte minutos apreciando la belleza de su jardín, cuando sintió el típico sonido del auto. Levi había llegado, lo mejor era ver como iba esa lasaña. De hecho, pensar en ello ya se le hacía agua a la boca.

Entusiasmado, se adentró nuevamente a la cocina y se puso nuevamente los guantes para echarle una mirada al horno. Desde la ventanilla, podía observar que el queso se derrita vigorosamente y que toda la bandeja se veía apetecible. En eso, una voz lo distrajo.

—Huele demasiado bien—dijo Levi acercándose a Erwin—Estoy en casa.

—Bienvenido— dijo Erwin sacando la bandeja del horno— ¿Qué tal te fue en el trabajo?

—Como siempre—dijo Levi abrazándolo por detrás y enterrando su nariz en la espalda del alfa— Estoy cansado.

—Me imagino.

—¿Cocinaste lasaña? —preguntó Levi con los ojos muy abiertos—Mi plato favorito. ¿Qué te dio por cocinarla?

—Un simple antojo—dijo Erwin con una sonrisa.

—De pronto a mi también se me antojó comer un poco.

—Siéntate, estoy por servir.

Levi se desaflojó la corbata y puso la mesa mientras Erwin servía. En dos platos cuadrados, cortò dos porciones bastante generosas de lasaña. Y se acercó a la mesa para sentarse con su omega.

—De verdad te esmeraste—dijo Levi mirando el plato humeando frente a él— Se ve delicioso.

De los dos hombres, Erwin era el que mejor cocinaba. Sin embargo, para que fuera justo para el matrimonio, o al menos eso pensaba Levi, se turnaban para cocinar. Aun así, al rubio le encantaba hacerlo. Sobre todo, si a veces lograba consentir a su marido como lo estaba haciendo ahora.

Se sentó y pese a que Levi no lo demostraba facialmente, sabia que estaba hambriento, y el brillo en sus ojos le advertía que este rogaba por empezar a comer luego. Eso lo puso feliz.

En cambio, Erwin miró su plato y para su sorpresa su apetito desapareció en un santiamén. Frunció el ceño, mirando el plato, el cual, en efecto, se veía apetitoso. Sin embargo, el antojo que hace varias horas lo había estado atosigando se había marchado.

—¿Qué sucede? ¿Te quemaste? —preguntó Levi retirando el tenedor de su boca.

—No— dijo Erwin cortando un trozo de su cena sin muchas ganas—Es solo que el hambre se me quitó.

—¿De verdad? —preguntó Levi llevándose otro pedazo a la boca—Tal vez más rato te de hambre, pero debes saber que te quedó bastante bueno.

—Muchas gracias— dijo Erwin sonriendo—Creo que dejaré esto en la bandeja.

—No— dijo Levi quitándole el plato y dejando parte de la lasaña de Erwin en el suyo—Esto se ira conmigo. Lo siento, pero si no te lo comes tú, te haré el favor de hacerlo por ti.

Erwin rio y observó complaciente como su omega disfrutaba de su pequeña creación.

. . .

La próxima vez fue pie de limón. Erwin se paseaba los dedos por los labios mientras su pesada mente lo hostigaba con una imagen del delicioso postre. Bajó las escaleras para ver si estaban los ingredientes necesarios para prepararlo. Sin embargo, le hacia falta leche condensada. Sin importarle que fueran más allá de las tres de la madrugada, Erwin tomó las llaves de su auto y se dirigió al supermercado 24/7 más cercano. Se entretuvo entre los pasillos y echó todo lo necesario en el carrito. Llevó una variedad de té que de seguro Levi amaría y pagó todo en la caja.

Le llevó cerca de dos horas prepararlo, y cuando lo dejó enfriándose dentro del refrigerador se sentó y se dispuso a esperar. Ya tenía ganas de que pasara una hora para luego darle una pequeña probada. Ni siquiera notó cuando unos dedos acariciaron su rostro y lentamente comenzó a abrir los ojos.

—¿Qué estas haciendo durmiendo en la cocina?

—Levi— dijo Erwin estirándose en la silla— Creo que me quedé dormido.

—¿Qué hacías despierto tan temprano?

—Tenia ganas de comer pie de limón— dijo Erwin levantándose y estirando su espalda—ya debe estar listo.

En efecto, el aroma dulzón de la cocina lo había delatado y eso fue lo que despertó al omega, quien inmediatamente supo la fuente de aquel delicioso olor. Observó como Erwin sacó el bellísimo pie del refrigerador e inmediatamente su estomago hizo un gruñido.

—¿Tienes hambre, amor? —preguntó el alfa enternecido.

—Cállate—dijo Levi ruborizado.

—Podríamos comer esto con el desayuno— dijo Erwin dejándolo en la mesa— ¿Prefieres café o té?

—No tienes porque preguntarlo— dijo Levi tomando asiento.

Erwin asintió, sacó dos tazas del mueble de cocina y prendió el hervidor. Se dio la vuelta para encontrar a Levi quien ya había metido las manos en la masa.

—No me mires así—dijo Levi con la boca llena—es tu culpa por preparar algo tan rico. Maldito, tú sabes que me encanta el pie de limón.

—Yo no te he dicho nada amor— dijo Erwin acercándose a su omega. Sus ojos azules divisaron algunos restos de merengue en sus finos labios.

Sus dedos cálidos se aproximaron por su cintura y Levi rodeó su cuello con ambos brazos. Teniendo a su omega tan cerca, notó el leve rubor que se apoderaba de sus mejillas. Sus ojos grises lucían brillantes como estrellas. Y su piel se veía tan tersa y suave como nunca antes. Levi recién despierto era una obra de arte de la cual nunca dejaba de cansarse. Independientemente si tenia el cabello revuelto, lo cual le encantaba porque le daba un toque coqueto y salvaje.

—No tenemos tiempo—dijo Levi entendiendo

—Muero por besarte.

—Y yo muero por tomar té con un pedazo de pie— dijo Levi acercando sus labios al rubio. Sus ojos grises divagaron en los labios de Erwin—pero supongo que besarte no suena tan mal.

A Erwin redujo la distancia entre ellos con un beso, y lo que probó le fascinó. El sabor a merengue y a leche condensada ligeramente ácida lo maravilló por completo. Sus labios hambrientos, saborearon a los de su omega en todo su contorno, tratando de eliminar cualquier rastro de azúcar de esa pequeña boca. Sus manos se deslizaron por el pantalón de pijama color negro del pelinegro, acariciando toda la piel que llegaba a su paso.

—Erwin, tenemos…—dijo Levi intentando no dejarse llevar por los deseos de su alfa y por sobretodo por las feromonas que estaba liberando—Tenemos que alistarnos para trabajar.

—Permíteme hacerte mío —dijo Erwin lamiendo la oreja del omega con sumo deseo. Sabiendo que este acto enloquecería a su esposo— Hace tiempo que no lo hacemos.

—Pero…

—Por favor— dijo el alfa suplicante—Quiero hacerte mío ahora.

No necesito la aprobación del pelinegro para saber que el también lo deseaba. Sintió como las piernas delgadas de su omega se enredaron en su cadera y sin perder el tiempo, lo tomó por las nalgas y se lo llevó a su habitación dejando completamente olvidado el pie de limón, cuya bandeja encontraría vacía luego de volver del trabajo.

. . .

Su pecho subía y bajaba tras la reciente actividad que habían estado realizando. Ambos se encontraban sobre la cama y Levi trataba de cobrar nuevamente el aliento. No sabia que le estaba pasando a su alfa, pero por alguna u otra razón el hombre estaba insaciable. Ya llevaban tres semanas con la misma rutina y tener sexo durante las mañanas era pan de cada día.

No le molestaba en absoluto, de hecho, le encantaba, pero aun así era distinto a las otras veces que hacían el amor. Por lo general, este se caracterizaba por ser una actividad algo brusca, alocada y rápida. Sin embargo, estas ultimas veces el rubio se estaba tomando su tiempo para admirar, besar y consentir su cuerpo durante el acto. Se podría decir que sus movimientos se habían vuelto algo perezoso, pero no en el mal sentido. Si no, era como si lo estuviera tratando con vehemencia, aunque pensándolo bien, Erwin siempre se había caracterizado por ser un caballero y ser tratado como una joya había sido parte de su encanto. Aun así, notaba algo extraño en el comportamiento de su esposo.

—Tenemos que vestirnos— dijo Levi levantándose de la cama.

—¿Qué? ¿Por qué? —pregunto Erwin todo meloso—Es fin de semana, podríamos quedarnos todo el día en la cama si queremos.

—Acuérdate que hoy viene Nanaba a visitarnos con Anne. ¿O acaso se te olvidó?

—Cierto— dijo Erwin recordando bien que el otro día la rubia había llamado para hacerles una corta visita—Entonces iré al supermercado para ver que podríamos hacer de almuerzo. ¿Me quieres acompañar?

—Prefiero quedarme ordenado. Odio que lleguen visitas y que vean todo el desastre que hay en el sillón.

Erwin asintió y ambos comenzaron a prepararse para la llegada de las visitas. Tal como dijo el omega, se quedo preparando la casa mientras el alfa hacia las compras. Lo bueno es que no hubo mucho que ordenar, ya que, el día anterior habían logrado adelantar un poco el trabajo.

Una hora más tarde, Nanaba cruzaba el umbral de la casa junto con su pequeña hija de cinco años.

—Que lindo verte— dijo la rubia con una sonrisa— ya extrañaba ver tu ceño fruncido. Di hola a tu padrino, Anne.

La niña de cinco años miró al omega y una sonrisa se dibujó en su rostro. De pronto la pequeña se abrazó a sus piernas. Esto hizo que Levi sonriera y levantara a Anne para ingresar hacia la casa.

—Pasa—dijo Levi incitando a que Nanaba entrara a la casa— No quiero que estés mucho tiempo parada.

—Huele muy bien aquí—preguntó la mujer siguiendo al pelinegro por el pasillo—¿Qué estas cocinando?

—Por el momento nada. A Erwin le ha dado por cocinar postres y comidas más seguido. Ayer hizo Kuchen de frutillas.

—Frutillas— dijo Anne intentando llamar la atención de su padrino.

—Si, frutillas. ¿Quieres que te dé un poco?

La rubia asintió y Levi miro a la madre en busca de la aprobación.

—No te preocupes, come de todo lo que le des.

Levi dejó a la pequeña rubia sobre una silla, mientras que Nanaba tomaba asiento en el comedor. En lo que el omega iba en busca del postre para la niña, la rubia observó como este cojeaba al caminar.

—¿Y Erwin? —preguntó con una sonrisa burlesca.

—Fue al supermercado a comprar unas cosas, pero ya volverá —dijo el omega desde la cocina— ¿Quieres algo de beber? Tengo jugo y té.

—Creo que prefiero jugo.

Cuando Levi regresó con la pequeña merienda de sus visitas, no paso por desapercibido el rostro de la rubia, quien lo miraba con picardía.

—¿Qué te pasa?

—¿Por qué estas cojeando? —preguntó Nanaba de pronto. El rostro de Levi rápidamente se enrojeció.

—¿Te caíste? —preguntó Anne levemente afligida.

—Si— dijo Levi de sopetón— Me caí hoy en la mañana.

—Tu tío de seguro se cayó accidentalmente sobre el tío Erwin.

—Cállate— dijo Levi.

—¿El tío Erwin está bien? ¿también esta cojeando?

—No le hagas caso a tu madre.

Nanaba le tapó los oídos a la niña para poder hablar con mayor libertad.

—A mi no me engañas. Todo tu cuerpo huele a Erwin. El sexo se puede sentir en el aire.

—Mejor toma tu jugo— dijo Levi acercándole el vaso.

La mujer destapó los oídos de su hija para que esta por fin pudiera comer el rico Kuchen de frutilla que le había ofrecido su tío. En eso, Levi le habló a la rubia mayor.

—Es bueno que te hayas aventurado a visitarnos— comentó el pelinegro a Nanaba—aunque entiendo que ahora no salgas con mucha frecuencia.

—Ni me lo digas— dijo la rubia alegremente mientras se tocaba su pronunciado vientre— este bebé me esta dificultando la simple acción de caminar. Ya estoy ansiosa porque nazca pronto.

Levi descendió su mirada al tierno vientre de la omega, el cual se escondía por sobre el vestido color amarillo que la mujer portaba.

—¿Anne se ha puesto celosa?

—Para nada, de hecho, estuvo más que feliz por saber que será hermana mayor. No se despega de mi con tal de sentir sus movimientos.

El omega la escuchaba con cierta curiosidad. La idea de tener hijos nunca le había sido llamativa hasta que conoció a Erwin. Sin embargo, tras casarse, no se plantearon la idea de expandir más su familia. Por otro lado, ver a la rubia en ese estado tan radiante, le hacia preguntarse si él se vería de la misma forma cuando tuviera a sus propios hijos.

—¿Mike está feliz?

—No lo demuestra. Tú lo conoces, el hombre es una caja cerrada, pero estoy segura de que le encanta la idea de tener un niñito. Además, es mi momento para que me trate como una reina. Siempre hace todo lo que le pido con tal de que yo no mueva un dedo.

—Eres una aprovechadora.

—Oye, hacer un bebé no es fácil. Me canso todo el tiempo—se defendió la rubia mientras tomaba un sorbo de jugo de naranja.

La amena charla quedó interrumpida por unos pasos en los pasillos que alertaron a los presentes incluyendo a la pequeña Anne. Nanaba, quien estaba sentada a su lado le guiñó el ojo y le dijo:

—Debe ser tu tío Erwin, ve a recibirlo.

La niña de melena corta asintió con la cabeza y fue corriendo hacia donde se hallaba el alfa. Levi ya podía escuchar la sonora risa de su esposo al ver a su ahijada.

—¡Tío!

—Pero que tenemos aquí— dijo Erwin tomándola en brazos sin soltar las bolsas del supermercado— Que grande estas, Anne. Muy grande y hermosa desde la última vez que te vi.

Erwin apareció frente a los dos omegas mientras que Anne jugaba con los lentes que este tenia puestos.

—Pórtate bien, Anne. No molestes al tío Erwin.

—No me esta molestando— dijo el rubio poniéndole los lentes de poco aumento a la pequeña—¿Cómo estas Nanaba? Estas enorme.

—¿Quieres que te golpee por decirme gorda? A Mike ya le dejé la cara morada.

—No me malinterpretes, te ves hermosa. ¿Mike no vino?

—Dijo que pasaría más tarde, tenía algunas llamadas que hacer.

Erwin dejó a la niña sentada sobre la mesa de madera y comentó sus planes para el almuerzo.

—Pensaba que podríamos comer comida China.

—Uhh—dijo Levi imaginándose ya el plato—podría ser chapsui de ave. O mejor aún, pollo mongoliano.

—Puedo preparar ambos ¿Qué te parece Nanaba?

—Suena estupendo. ¿Necesitas ayuda?

—Tu tranquila, yo me encargo de cocinar—dijo Erwin sacando algo entre las bolsas— por cierto, amor, pasé por el supermercado coreano y te traje una de estas.

Los ojos grises miraron la bolsa y se iluminaron al ver una tira de paquetes de nori sazonado.

—Gracias— dijo Levi con una leve y pequeña sonrisa a su esposo.

Erwin le dio un pequeño beso en la frente y se dirigió a la cocina mientras que Anne le seguía por detrás.

—Anne, no molestes a tu tío.

—No me molestara en absoluto— dijo tomando la mano de su pequeña ahijada— ¿Quieres ser mi ayudante de cocina? Necesito que me ayuden a lavar algunos champiñones.

—¡Sí!

Los dos desaparecieron dejando al par de omegas solos en el comedor.

—Estos dos, siempre que se juntan son inseparables—comentó Levi abriendo un paquete de nori para convidarle a su visita.

—A Erwin siempre le han encantado los niños. Aun recuerdo como le brillaron los ojitos cuando Mike se la enseñó.

Levi asintió, también recordaba muy bien ese momento. Tampoco podría olvidar la emoción que sintió cuando lo nombraron a él junto con Levi padrinos de la pequeña Anne. Desde ese momento, se podría decir que el alfa se había convertido en el tío favorito de la niña.

Mientras comía un alga, pensaba en lo lindo que se veía con Anne en sus brazos. E involuntariamente, pensó que tal seria verlo sujetando a su propio hijo. Al percatarse de lo que estaba pensando, apretó fuertemente su mano. Nanaba sin percatarse de lo que estaba pasando por la mente del omega dijo:

—Es normal que se comporte a si— dijo mientras veía como Erwin le indicaba como pelar las cebollas a Anne—Está en su época.

Levi dejó sus pensamientos de lado y se concentró en lo que su amiga acababa de decir.

—¿A qué te refieres?

—Mike se comportó igual la primera vez y lo fue aun más la segunda, y mira el resultado— dijo la rubia mientras acariciaba su vientre con cariño.

La mirada de Levi se puso sumamente seria y miró de reojo a Erwin, quien cortaba los champiñones junto a Anne. La sonrisa del alfa brillaba por la compañía de la infante, entonces el omega por fin lo entendió. Se acercó a Nanaba y susurrándole le pidió una explicación.

Horas más tarde Mike llegó a almorzar con el matrimonio Smith, y luego se fueron. La noche hizo su aparición, y cuando la pareja se preparaba para dormir, Levi sintió los posesivos brazos de su alfa rodearlo. Se giró para hundir su nariz en su clavícula y aspirar su aroma a tierra mojada. Sin embargo, ahora olía distinto. Este era mucho más penetrante que lo habitual, podría decir que era casi hipnótico.

"Demonios, maldito alfa irresistible", pensó Levi para sus adentros.

En efecto, el rubio lucia radiante al igual que la mayoría de los días pasados.

—Erwin — susurró Levi apoyando sus labios en la tibia piel del alfa—quiero que me hagas el amor.

Los ojos profundamente azules de Erwin lo miraron expectante ante la iniciativa del omega. Al ver la mirada decidida de este, sonrió y unió sus labios complaciendo la petición de su esposo. Lo apoyó en la cama dejándolo de espalda y se posicionó entre sus piernas para retirar su pijama y comenzar a llenarlo de besos.

Al otro día, Levi encontró a Erwin detrás del fogón de la cocina con su típico delantal blanco.

—Buenos días— dijo Erwin girándose para ver a su esposo con el cabello revuelto y con un rastro de saliva en la cara— ¿Qué tal amaneciste, amor?

—Bien— dijo Levi acercándose a la cocina para mirar lo que tramaba el rubio— ¿Qué estás haciendo?

—Tenia ganas de comer panqueques en la cama, pero veo que te me adelantaste. ¿Quieres que te lleve el desayuno?

—Puedo desayunar aquí. No hay problema.

Levi se sentó en la pequeña mesa de dos y esperó a que Erwin terminara de hacer el desayuno. Pensó en las palabras de Nanaba las cuales ahora le causaban bastante sentido. Observó de reojo al alfa, quien brillaba a la luz del sol que se asomaba por la ventana. Era como si la primavera lo hubiera hecho florecer.

De pronto sintió los suaves dedos acariciando su cabeza. Elevó la vista para encontrarse con el sereno rostro de su alfa.

—Estas pensativo ¿Sucede algo?

El omega negó con la cabeza e invitó al alfa a que se sentara al frente de este. Sintió el dulce aroma de los panqueques rellenos de manjar debajo de su rostro. Se veían exquisitos. Miro a su esposo, quien no parecía ni tener ni una pisca de apetito.

—¿No tienes hambre de nuevo? —preguntó Levi sabiendo que esto nuevamente pasaría.

—Es extraño ¿no? Hace unos minutos moría por comer unos panqueques y ahora ya no quiero nada. Siento el estomago apretado.

Levi alejó el plato de su esposo y buscó su mano entre las suyas para acariciarlas con suavidad. Erwin se le quedó mirando extrañado y entonces Levi Habló.

—¿No te has dado cuenta, Erwin?

El rubio alzó una ceja sin entender lo que su omega estaba diciendo, entonces preguntó:

—¿De qué cosa?

—Yo tampoco me di cuenta hasta que Nanaba me habló al respecto— dijo Levi mirando la callosa mano de Erwin, luego elevó la vista para encontrarse con la vista confundida de su esposo— creo que inconscientemente, estas haciendo tu cortejo para hacer un cachorro.

Eso lo tomó desprevenido, eso era imposible. El aroma de Erwin pasó de estar feliz a estar tenso. El olor a pasto recién cortado alertó al omega.

—No te asustes— dijo Levi tranquilo— piénsalo. No suena tan descabellado. Acabas de cumplir 30, estas en la edad adecuada para que tu sistema quiera crear descendencia.

Erwin se paseo su mano sobre su boca. Ahora poco a poco las piezas comenzaban a encajar. El maravilloso y delicioso aroma que desprendía. Las ganas de hacerle el amor a Levi en cada momento del día eran los intentos por dejar preñado a su esposo. Y también estaba el hecho de los deliciosos platos que preparó. Esas comidas nunca fueron para si mismo. De hecho, todos y cada uno de ellos fueron para Levi. Todo con la intención involuntaria de conquistarlo con su estómago para que después su cuerpo estuviera fuerte y saludable para la tarea de formar a una vida dentro de él.

¿Cómo fue que siendo médico nunca se percató de las obvias señales que le había estado enviando su instinto? Este le rogaba por procrear a su descendencia. Ahora lo podía ver más claro que el agua.

—Yo…—dijo Erwin sintiéndose culpable. Cubrió su rostro bajo sus manos completamente afligido—Nunca fue mi intención.

—Oye— dijo Levi levantándose de su asiento y acercándose a su alfa para consolarlo—Nada de esto fue tu culpa. Fue involuntario, es completamente natural.

—Pero debí darme cuenta. Dios, Levi. Tú sabes que yo te consultaría la idea de tener hijos. Nunca me atrevería a decidir algo tan importante por mi propia cuenta.

—Lo sé— dijo Levi apoyando su mentón en la cabeza rubia— y por eso es que te amo. Tú siempre me consultas todo antes de, así que puedes estar tranquilo. Esto no es culpa tuya.

Los dedos delgados de Levi se quedaron acariciando sus hebras rubias, tratando de esa manera calmarlo.

—Como te dije, yo tampoco me di cuenta— dijo Levi de pronto— pero sabia que estabas algo extraño. Las comidas, la especial y constante atención que estabas dándome. Lo delicado que te volvías cuando me hacías el amor. De cierta forma estabas elaborando tu plan de conquista para embarazarme.

Sintiéndose culpable de todo esto, Erwin recordó que hace un par de meses le había picado el mosquito de la paternidad. Fue el momento exacto en cuanto Mike le comentó que seria padre por segunda vez. Obviamente estaba feliz por su mejor amigo, pero no podía evitar sentirse envidioso de ello. Él también quería tener a su propia familia. Sobretodo con Levi quien era el amor de su vida. Ansiaba verlo en ese estado tan mágico y maravilloso del embarazo. Verlo tan lleno de su descendencia era algo que incluso se la aparecía en sus sueños.

—¿Y bien? ¿Qué opinas de todo esto? —preguntó Levi de pronto.

—Tú sabes bien lo que opino— dijo Erwin un poco desganado—he querido formar una familia contigo desde que comenzamos a salir. En el primer instante que te vi, supe que tú eras la persona con la cual quería iniciar una familia.

Levi se sonrojó sintiéndose alagado. Amaba y a la vez le incomodaba que el rubio se expresara tan abiertamente, cosa de lo que él siempre había carecido.

—Si bien, mis deseos de ser padre son muy grandes, mi decisión nunca va a sobrellevar tu bienestar. Así que te preguntó ¿Qué opinas de todo esto? ¿Te gustaría tener hijos? ¿Tener a nuestros hijos?

Los ojos de Levi lo miraron con miedo. Formar una familia era una decisión que no se podía tomar a la ligera.

—Es un paso bastante grande— dijo Levi sentándose frente a su esposo.

—Entonces es un no.

—Déjame terminar— dijo el omega —Es un paso muy grande, estaremos llenos de responsabilidades, ya no tendremos el mismo tiempo para los dos. Un bebé es algo muy importante, Erwin.

El alfa bajó la mirada apedasumbrado. Sabia que Levi no sentía cómodo con la idea de tener hijos. No lo iba atosigar con ese hecho, lo amaba tanto que no le importaba postergar su deseo.

Las manos frías del Levi tocaron su rostro, para luego elevarlo y forzarlo a mirarlo a los ojos. Entonces, Levi dijo:

—Sin embargo, es algo que me gustaría hacer contigo—Comento Levi atrayendo la atención de su esposo— Siento que estamos preparados para dar el siguiente paso.

Los ojos azules de Erwin se abrieron de la emoción y sujetó la mano que lo acariciaba con vehemencia. Aturdido y no muy seguro de lo que estaba escuchando, preguntó:

—¿Me lo estas diciendo enserio? Digo, ¿Tú también quieres?

—Por supuesto, verte tan cariñoso con Anne me hizo fantasear sobre tu papel como padre. Definitivamente es algo que me encantaría poder ver. Quiero que consientas y ames a nuestros hijos tal y como lo haces conmigo.

La sonrisa de Erwin se ensanchó y se levantó de la silla para tomar a su omega entre sus brazos para elevarlo por los aires.

—Me haces tan feliz— dijo Erwin sin parar de sonreír— Ya ansío poder ver pequeñas versiones nuestras corriendo por los pasillos.

—Yo también, pero vayamos despacio. Dejemos que las cosas fluyan tal y como deban ser— dijo Levi con una sonrisa que poco a poco se volvía picarona— Aunque si sigues comportándote igual de cariñoso, dudo que pase mucho para que me dejes preñado.

—Le pondré empeño— dijo Erwin besando su pequeña nariz— y también trataré de cocinarte todo lo que tu quieras.

—Ay no— dijo Levi desviando la mirada— si sigues cocinándome como lo haces reventaré y no será por un bebé. Mis pantalones apenas cerraron el otro día.

—No me importa —dijo Erwin fascinado —Ya ansío verte todo gordito con nuestro bebé.

—Tonto— dijo Levi tomando su rostro con ambas manos para luego besarlo.

Erwin besó a su esposo feliz, esperando ansioso lo que el futuro les dispondría en un par de meses más.


Hola de nuevo a todos, ¿qué tal están?

Les comento que tengo vacaciones de invierno (yeeiiii) y por lo mismo me dieron ganas de escribir.

Es mi primera vez que escribo omegaverse de esta ship, y llevo harto rato queriendo hacerlo. Soy el fan #1 del mpreg y por mí que Levi y Erwin pudieran tener bebes hasta las nubes.

Ojalá les haya gustado este capítulo, y espero tener inspiración para hacer más. Cualquier cosa, no duden comentar. Sus comentarios me hacen muy feliz.

¡Nos leemos!