Jean POV

Ya había pasado medio año desde el fatídico -y a la vez victorioso- día.

Desde hacía seis meses, la humanidad había dejado atrás las amenazas de las bestias, algunas titanes y otras humanas, para dar paso a una nueva era de paz.

Suena maravilloso y lo es, pero Jean no puede quitarse de la cabeza que el costo que se pagó por ello fue demasiado alto.

Él y el resto de los miembros de la Legión de Reconocimiento, en el largo camino hacia la armonía mundial, perdieron seres queridos de las maneras más crueles y crudas que cualquiera pudiera siquiera imaginarse.

Para Jean todas las pérdidas fueron dolorosas, pero hubo dos en particular que sabía que lo acompañarían hasta el fin de sus días.

La primera fue la pérdida de Marco, tal vez porque fue la primera significativa del grupo, tal vez porque era cercano a él o porque su muerte fue producto de una vil traición. Jean no sabía con exactitud la razón por la que la ida de Marco fue un punto culminante para él, pero lo que sí supo es que fue una motivación para seguir adelante en la búsqueda de un mundo mejor, incluso en las circunstancias más desesperantes.

La otra pérdida, sin duda alguna, fue la de Eren. A diferencia de lo que le sucede con Marco, que en más de una ocasión le vienen a la mente sus palabras de aliento provocándole una media sonrisa; pensar en Eren y en lo que ocurrió con él le generaba un nudo en la garganta que no se lo podía quitar ni con agua, ni con alcohol, ni con el tiempo.

Jean no podría decir que Eren fue su amigo, porque no sería cierto. Pero por más que al comienzo la relación fuera un poco de competencia, recelo o simplemente desinterés, el mayor reconoció, en su momento, que Eren era una pieza importante para salvar a la humanidad.

Y es por eso que todo lo que ocurrió en lo sucesivo lo quitó de sus pensamientos, de sus casillas y de su coherencia mental. Jamás comprendió del todo que ocurrió con él y eso le afectaba de sobremanera: ¿Podría haberlo ayudado? ¿De qué manera?, ¿Él ideo ese plan para que hoy estemos todos nosotros aquí? ¿Es el héroe o el villano?

Todas esas preguntas, a Jean le quitaron el sueño durante meses; hasta que encontró la solución en simplemente aceptar la realidad y no pensar más en el asunto.

Mientras Jean camina por las calles de Paradis pone atención a un par de jóvenes que están levantando maderas en un callejón y se dirigen a una casa en ruinas para comenzar a reconstruirla.

Sonríe para sí – esos son los momentos en los que piensa que todo sí valió la pena – pero esos pensamientos felices empiezan a oscurecerse en la medida que ve a lo lejos como va acercándose al Hospital de la Muralla María.

Asistía revisaciones mensuales, por todo el asunto de la reconversión humana. Todo indicaba que estaba bien, que era un humano como cualquier otro, que no padecía ninguna patología ni secuela más que el alto temperamento que vino con su nacimiento.

Tan así, que la enfermera le había dicho a Jean que no era necesaria la visita mensual, que podía concurrir a hacerse la revisación en el transcurso de un trimestre o cuatrimestre, pero Jean insistía en ir cada comienzo mes con la excusa de "Es mejor prevenir, aún es muy pronto" que ni él ni la enferma que lo atendía creían ni por un segundo.

La verdadera razón por la que Jean iba al Hospital, era que Mikasa estaba en una de las habitaciones del tercer piso.

Mikasa entró en esa habitación luego del shock de todo lo ocurrido con Eren y jamás volvió a salir. En todos esos meses los únicos que la vieron eran los médicos, enfermeros y algunos investigadores curiosos que, al salir de la habitación, siempre murmuraban con total descaro entre ellos "Es un caso perdido, está loca".

Nadie más podía verla, no porque fuese peligrosa ni nada por el estilo. Ella no quería ver a nadie, o al menos eso daba a entender, ya que, según lo que pudo hablar Jean con algunos enfermeros, Mikasa no pronunció ni una sola palabra en todos esos meses que llevaba allí; no hablaba con los médicos, ni con los enfermeros ni mucho menos con los desagradables investigadores.

Una enfermera le confesó a Jean que, en más de una ocasión, se quedo escuchando detrás de la puerta para ver si al menos hablaba sola o pensaba en voz alta, pero nada. Parecía que la joven había perdido la voz, la consciencia y la vida misma.

Con la poca información que pudieron obtener, los médicos sin tanta vuelta dijeron que se trataba de un estado depresivo; le aconsejaban que saliera al parque del Hospital durante el día, que el sol en su rostro ayudaría. Jean le dijo a los médicos que se ofrecía a acompañarla todos los días, pero cuando quisieron convencerla ella simplemente se limitó a negar con la cabeza y hundir nuevamente su rostro en la almohada.

- ¿Sigue sin salir de la habitación? – Le pregunta Jean a la enfermera mientras ella le revisa los ojos y las orejas.

- La respuesta es la misma de siempre, no – Le contesta la enfermera con un tono desanimado– Realmente espero el día en que veamos una mejoría. Es joven, tiene toda una vida por delante, no pierdo las esperanzas.

- Supongo que no puedo pasar a verla – Insiste Jean por -ya perdió la cuenta- vez.

La enfermera se toma unos cuarenta segundos en silencios para luego suspirar y responder.

- Tú también eres joven y deberías seguir adelante.

No respondió su pregunta, pero entendió a la perfección el mensaje. Jean espero a que la enfermera terminara la revisación para luego marcharse, una vez más, con el intento fallido de poder visitar a Mikasa.

- Adiós Jean, nos vemos el próximo mes entonces – Lo despidió con una sonrisa la enfermera.

Jean siempre quiso a Mikasa. Fue su "crush" a primera vista, con su bonito rostro y cabello; pero ese enamoramiento infantil con el tiempo se transformó en un cariño que no sabía muy bien qué significaba. Pero su desorden afectivo no tenía nada que ver con él estuviese ahí, él quería ver a Mikasa porque se preocupaba por ella al igual que lo hacían todos. Jean quería ver a Mikasa feliz, y le frustraba la situación pero si los médicos no podían hacer nada pues él menos aún.

Mientras cruzaba el camino que se dirigía a la entrada principal del Hospital para salir Jean llegó a la conclusión de que insistir no había servido de nada y tal vez lo único que provocaba era que Mikasa se sintiera presionada o agobiada; se convenció de que ella iba a poder salir de esto sola como la mujer fuerte que era, sólo que necesitaba tiempo. Al fin y al cabo, fue la que se llevó la peor parte.

De repente, una conversación que se escuchaba a algunos metros de distancia detrás de él lo sacó de sus pensamientos por la voz conocida a la escuchaba decir "No necesito ayuda de nadie".

-Oh, me había olvidado de que él también estaba aquí- Pensó Jean para sí.

Dudó en voltear para acercarse o no. Sabía que sería una situación tensa e incómoda con una persona tensa e incómoda, lo cual lo desmotivaba. Pero debía hacerlo.

Justo en el momento en el que Jean iba a voltearse siente que alguien lo agarra del brazo y gira la cabeza abruptamente asustado.

- Jean – Era Historia - ¿Qué haces aquí?

A Jean le pareció raro no haberse percatado seguridad que siempre acompaña a Historia a todos lados, pero luego se dio cuenta de que estaba solo ella con su pequeña niña.

- Hola Historia – Ya le habían llamado la atención más de una vez por el trato confianzudo con la reina, pero luego de todo lo vivido a Jean le parecía ridículo tratar a Historia por "Su Majestad"- Hola Ymir – Se agachó para saludar a la pequeña de enorme ojos verdosos – Vine por la revisión y todo eso – dijo un poco nervioso poniendo una mano en su nuca.

- Viniste a ver a Mikasa ¿Verdad?

Jean suspiró – Pues sí, no sirve de nada mentir, menos a la Reina.

- Está bien – Le contestó Historia y tomo de los brazos a la pequeña Ymir – Vine un par de veces por si tenía suerte pero no. Los médicos quisieron forzarla por tratarse de mí pero les dije que no era necesario, no quiero forzarla – terminó de decir algo apenada - ¿Y tú, tuviste suerte?

Jean negó con la cabeza.

- Quisiera poder hacer algo para ayudarla, pero en este momento creo que lo mejor para ella es respetar su decisión – Termina el tema Historia y luego continúa – Pues bueno, he venido a verla pero si no ha querido verte a ti, yo tendré la misma suerte. Mis guardias me dieron un día de libertad ¿Me acompañas a recorrer un poco las nuevas calles de Paradis? Y también me cuentas que has estado haciendo estos meses además de inventar revisaciones para visitar el Hospital – se ríe al decir lo último.

Jean no estaba de humor, pero decirle que no a la Reina – más allá de la confianza que había entre ellos – era bastante descortés. Le preocupaba también caminar por las calles con Historia. Afortunadamente, era una excelente reina y el pueblo la quería, pero justamente por esa razón no los dejarían en paz si la reconociesen.

En el momento que Jean pensaba en eso, Historia se coloca un enorme chal color rosa cubriendo la totalidad de su cabello y parte de su rostro. Hace lo mismo con Ymir.

Bien, puede que tal vez eso funcione.

- Excelente. Vámonos – Le dice finalmente Jean. Y antes de marcharse miró para atrás para ver si los que estaban conversando antes los habían visto, pero ya no había nadie.

Cuando volvió la vista hacia adelante, Historia lo tomó del brazo de nuevo y la miró de reojo como acomodaba el chal de Ymir. Por un instante de segundo se preguntó qué estaría haciendo Connie en ese momento.

¡Soy nueva! Sean comprensivos (?) y arranco con una historia de SNK POST FIN DEL ANIME. Ya están avisados de los spoilers.

Aclaro, LOS HERMOSOS PERSONAJES DE SHINGEKI NO KYOJIN NO ME PERTENECEN - PERTENECEN A HAJIME IYASAMA.