¡Hola!

Este fic es una continuación de "40 por cabeza", recomiendo leerlo aunque no es necesario. He decidido subirlo por separado porque este está más centrado en el SakuAtsu que en el crush no resuelto de Sakusa y Ushijima. Al final ambos fics son parecidos, pues realmente tratan del Equipo Nacional solo que más centrados en Sakusa y en este caso también en Atsumu.

Formaba parte de la SakuAtsu NSFW Week de donde tomé el prompt: Día 7 - Praise Kink "Oh my god, did we just break the bed?", pero no lo terminé a tiempo y decidí retomarlo. Pese a todo, lamento anunciar que el fic no es NSFW. Hay sexo y referencias sexuales, muchas, pero no es explícito.

No le busquéis mucho sentido porque no lo tiene.

Advertencias: SPOILERS del final, contenido sexual, lenguaje vulgar, palabrotas, CRACK/Humor.

Resumen: son las 3 de la mañana y Sakusa y Atsumu acaban de romper la cama teniendo sexo en la Villa Olímpica.

Palabras: 8221

Disclaimer: Haikyuu! Pertenece a Haruichi Furudate y yo no gano nada haciendo esto.

¡Espero que os guste!

CAMAS DE CARTÓN

—¡Oh, sí! ¡Ahhhh! ¡Qué bien lo haces, Omi-kun!

—¡Shhh! ¡Cállate!

Sakusa trató de callarlo, tapándole la boca con la mano. Se veía que no quería levantar la voz, pero, a su vez, debía sonar decidido si quería que le hiciese caso. Lo divertido del asunto era que Atsumu normalmente hacía lo que le daba la gana y poco que pudiera decir Sakusa iba a hacerle cambiar de opinión.

—¿No quieres que crea que lo haces bien?

Sakusa dudó. Por supuesto que quería que creyeran que lo hacía bien. ¡Todo hombre tenía esos asuntos como meta en sus vidas! La reputación sexual era algo importante y si debían haber rumores, mejor que fueran favorables.

El moreno suspiró y reanudó los movimientos. Estaba claro que se habían empeñado en fastidiar a Hoshiumi lo más posible durante su estancia en la Villa Olímpica y no iban a parar así tuvieran un coito entre manos. O entre piernas, mejor dicho.

—Llevas así toda la semana, a estas alturas no creerá que lo hago bien, ¡creerá que soy el dios de las mamadas!

—Es que lo eres, Omi-kun. ¿Quién diría que, precisamente tú, no tienes gag reflex y la chupas como un pro?

—¿Qué insinúas con ese "precisamente tú"? Y yo que pensaba que me estabas halagando.

Atsumu no contestó a la pregunta de Sakusa sino que alzó la voz exageradamente, como venía haciendo todo el rato, para repetir la frase anterior.

—¡Omi-kun! ¡Sigue chupándomela así, eres un pro!

No iba a negar que la vergüenza ajena iba a matarle pero aquello era una batalla y reprimió las ganas de taparle la boca a Atsumu por armar escándalo. La idea de la mordaza pasó por su mente y no le desgradó en absoluto, aunque tendría que ser mejor en otra ocasión.

Tal y como esperaban, el golpe en la pared llegó.

Atsumu le miró, Sakusa le devolvió la mirada y ambos asintieron sellando un silencioso pacto que solo ellos conocían.

—¿Quieres terminar así o pasamos a la acción? —preguntó Kiyoomi.

—Pasemos a la acción. Eso le joderá más —propuso Atsumu.

Ni corto ni perezoso, Sakusa procedió a buscar en el cajón el lubricante y los condones. Debía hacerlo mientras durara el hype porque sabía que luego vendrían los lamentos y remordimientos de conciencia por estar comportándose de esa manera, ¡que luego le podían llegar los rumores a Komori! —y con ello a su familia— si a Hoshiumi y Hakuba les diera por irse de la lengua. Pero intuía que la situación debía ser tan incómoda para ellos que ni se atreverían a abrir la boca.

Le lanzó el bote a su novio y cuando cogió la caja de condones vio que solo quedaba uno.

Al menos quedaba uno.

El último que los había utilizado había sido Atsumu. Siempre tenía que hacer ese tipo de cosas. Era como no reponer el papel higiénico o meter la botella de agua casi vacía en la nevera. Deseaba matarlo.

—¿No tienes ojos en la cara o es que acaso no sabes contar? —le escupió. Estaba a un suspiro de que la erección se le fuera a la mierda.

—Ah, perdón, señor licenciado en Matemáticas —replicó con tono burlón, pero la cara de Sakusa no estaba para bromas así que terminó por admitirlo—. Pensaba que nos quedaba otra caja.

Sakusa le miró con la ceja alzada, ¿en serio?

—Lo de los cuarenta condones fue en Brasil, aquí en Japón no solo no nos han dado nada sino que hacen camas de cartón para disuadir a los atletas de tener relaciones. Es la definición gráfica de saboteo sexual. Así que solo teníamos los que trajimos. ¿Tú trajiste?

—No.

—Pues entonces solo tenemos los que yo traje.

—Bueno, al menos me tranquiliza que lo tuvieses en mente.

—¡Es que hasta de esto te aprovechas! ¡No me extraña que Osamu hable esas cosas tan malas de ti porque tiene toda la razón!

De pronto cayeron en la cuenta de que los golpes en la pared habían cesado. No estaban seguros de si porque habían dejado de hacer ruido de ese tipo o porque estarían tratando de oír su discusión. Aquellas paredes de papel eran tremendamente indiscretas, sin embargo, ellos nunca habían oído nada que viniera del otro lado.

Fuera como fuese, que les oyeran discutir era casi más íntimo que les oyeran echar un polvo, así que decidieron aparcar de momento el problema de los condones. Sakusa abrió la boca para protestar cuando Atsumu lo acalló posando un dedo sobre sus labios.

—Shhhh, baby, démosles una lección a esas gaviotas amargadas.

—¿Cuántas veces tengo que decirte que no me llames baby?

Los dedos en la nuca internándose en su pelo y atrayéndolo hacia él para besarle estaban a punto de convencerlo de que podía llamarle baby todas las veces que quisiera.

—Demuéstrales lo que sabes hacer, Omi.

Era imposible no venirse arriba con halagos así.

-.-

No habían caído en los ruidos sospechosos que estaba haciendo la cama a modo de advertencia hasta que fue demasiado tarde y acabaron en el suelo. El golpe que resonó en todo el dormitorio, añadido al que se dieron contra la pared cuando una de las patas de la cama se partió, fue digno de otra amonestación venida de la habitación de atrás.

—¡Oh, dios mío!, ¿acabamos de romper la cama? —exclamó Atsumu, como si no fuese evidente el por qué estaban donde estaban.

—¡Te lo dije! ¡Te dije que pararas! —le reprochó Sakusa, horrorizado, como si él no hubiese tenido nada que ver en aquello.

—Pero si yo no he hecho nada, ¡eras tú el que se estaba moviendo! No tengo la culpa de que te hayas emocionado. ¿Qué sabía yo que te iba el Praise Kink? —se justificó Atsumu, sin haber previsto que elogiar las cualidades de su pareja fuera a desembocar en algo así.

Sakusa enrojeció de golpe por la insinuación, pero también de golpe fue consciente de la vergonzosa situación en la que se encontraban.

—¿Y qué hacemos ahora? Todo esto es tan… —Sakusa se tapó la cara con ambas manos deseando desaparecer de la faz de la tierra.

Atsumu no necesitaba nada más que ver su cara de preocupación para saber por dónde iban los tiros de lo que estaba pensando: Sakusa debía estar imaginando cómo borraban su cara del tapiz con el árbol genealógico de la familia Sakusa si aquel evento llegaba oídos de su primo Komori.

–Lo sé. Se supone que somo dos adultos responsables, ¿con qué cara nos presentamos al entrenador y le decimos que nos hemos cargado la cama follando? Seremos la burla del equipo por el resto de nuestras vidas.

Sakusa suspiró con aire de derrota. Es que tenía toda la razón. Seguramente lo mejor sería emigrar a otro país y obtener otra nacionalidad, como aquel tal Oikawa.

Pero es que la tragedia se veía venir. Desde el principio los atletas se habían quejado de que el mobiliario estuviera hecho de cartón. Una cosa era apostar por el Stay Green, el reciclaje y toda esa movida ecologista y otra muy diferente era casi faltarles al respeto con camas de juguete a atletas serios que muchas veces superaban los dos metros y los cien kilos de peso. Por mucha normativa ISO que cumplieran y todos los tests aprobados que avalaban que eran seguros, estaba comprobado que la teoría era muy bonita y el papel lo aguanta todo, pero que la práctica no tenía nada que ver. Era comprensible que no estuviera hecha para soportar a tiarrones de la envergadura de Ushijima jugando a las peleas de almohadas, pero joder, que no habían hecho nada fuera de lo normal. No es como si hubieran hecho el salto del tigre* desde arriba del armario. Lo peor de todo no era eso, sino que, al parecer, no solo era la cama lo que estaba hecho con tan mala calidad, sino también las paredes.

Japón iba a quedar como el país organizador más cutre del mundo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

La primera noche que pasaron en la Villa Olímpica fue testigo de su pasión. La emoción de estar viviendo un momento como aquel acabó desbordándose, llevándolos a dar rienda suelta a sus instintos en el dormitorio que ambos compartían.

Aun así, Sakusa y Atsumu eran unos amantes promedio. No estaban haciéndolo a todas horas y en cualquier lugar como si estuviesen en celo, ni hacían más ruido del necesario, ni por supuesto, hacían el salto del tigre.

Por eso, cuando en pleno acto oyeron un golpe seco, se extrañaron, pero siguieron a lo suyo, ni siquiera dijeron nada o se miraron en busca de una confirmación. Pensaron que podía ser cualquier cosa; ruido de cañerías o alguien a quien se le habría caído algo, y continuaron como si nada. Hasta que al cabo de unos minutos se volvió a oír otro golpe similar.

Esta vez Atsumu se detuvo y Sakusa dejó de morder la almohada para alzar la cabeza con indignación. Solía ser discreto en ese aspecto y apenas hacía ruido, así que vinieran a llamarle la atención justo cuando tenía una almohada en la boca amortiguando cualquier sonido, le tocaba un poquito los cojones.

Miró hacia atrás por ver si Atsumu decía algo. Era cierto que Miya era mucho más vocal que él y alguna vez se le había ido el volumen, llegando a ser un poco escandaloso, pero eso solo ocurría en determinadas circunstancias que envolvían alcohol y la lengua de Sakusa en sitios no aptos, así que no era el caso que les ocupaba en ese momento.

Como se había hecho el silencio, Atsumu retomó la faena; embistió, Sakusa hundió la cabeza en la almohada, su cabeza chocó con el cabecero, el cabecero chocó contra la pared y a los dos segundos, otro golpe sonó desde el otro lado.

—Malditos amargados —se quejó Miya, en un gruñido mezclado con un jadeo.

El empuje esa vez fue más fuerte a propósito, con lo que Sakusa trató de compensar el golpe alargando la mano y sujetando el cabecero para que no volviera a chocar. No era posible evitarlo completamente sin separar la cama de la pared, pero comprobó que de ese modo el contacto había sido mínimo.

Vamos, que si alguien estaba protestando por eso, debía ser porque no tenía otra cosa que hacer y le comía la envidia. O tenía la oreja puesta en el muro a propósito.

El golpe se repitió.

—¿Quién coño está en la habitación esa? Me cago en su puta madre —las gotas de sudor le caían a Atsumu por la frente y el torso desnudo por el esfuerzo extra que estaba haciendo. Tenía que darlo todo para satisfacer a su Omi y darles entre los dos una lección a aquellos aguafiestas.

—Creo que las gaviotas.

Sakusa se había fijado muy bien. De entre todas las personas que componían el equipo nacional, Hoshiumi era con el que menos feeling tenía y con quien menos hubiese querido compartir habitación. Cuando lo vio ir hacia el lado opuesto del edificio donde se alojaba, se sintió aliviado por no tenerlo cerca como vecino. ¡Sin imaginar que podía ser vecino colindante por la parte de atrás! Era algo irracional, no tenía mucho sentido el rechazo que le generaba, pero no lo podía evitar.

Bueno, sí lo tenía y sí sabía a qué se debía, pero Atsumu era el mejor novio del mundo y no merecía sus ridículas crisis existenciales. Ahora salían juntos, compartían habitación como debía ser, no había lugar a resentimientos con compañeros de equipo por crushes adolescentes no superados. Podía ignorar perfectamente el alegre cosquilleo que sintió en el estómago cuando vio a Hakuba unirse con su maleta al grupo de los Adlers. Había supuesto que Ushijima y Kageyama compartirían habitación como siempre, pero ver con ellos a la otra ex gaviota terminó de cerrar la ecuación, que resolvió con un inconsciente suspiro de alivio al verlos girar la esquina y desaparecer de su vista.

Sí, malditos amargados. ¡Que les dieran! Tenía el mejor novio y se lo iba a restregar por la cara. Él ya no pensaba en Wakatoshi-kun, no tenía por qué tener celos de nadie.

—Dale, Atsumu, con todo lo que tengas. Démosles una lección —sugirió, con la voz, con la mirada, con todo.

—Lo que tú quieras, Omi-kun.

Atsumu se vino arriba, cómo no. No pudo evitarlo. Recolocó bien su postura y la de Sakusa y dio ahí donde tenía que dar.

—¡Ahhh! —la respuesta de Sakusa fue totalmente satisfactoria, visto el tono y el volumen de su voz.

Por supuesto, no volvió a sujetar el cabecero, que empezó a chocar de nuevo rítmicamente contra la pared.

Se trataba de una cuestión de orgullo a la que no estaban dispuestos a dar su brazo a torcer, por mucho que aquellas gaviotas se hubiesen empeñando en mandar su líbido al inframundo.

Así que siguieron haciendo todo el ruido posible para joderles de la misma manera que ellos habían sido jodidos y el orgasmo les debió alcanzar como en Dolby Surround con sonido envolvente.

-.-

La misma historia se repitió cada maldito día. Sakusa y Atsumu no recordaban haber tenido en sus vidas tanto sexo seguido.

—En vez de mosquearlos vamos a conseguir que se pajeen y no es ese el objetivo —observó Atsumu, dejándose caer en la cama después de terminar la primera ronda del día antes de que sonara el despertador.

Como hombre, sabía de los problemas matutinos que solían tener que enfrentar a esas horas, pero no podía quejarse cuando Sakusa estaba tan solícito para esos menesteres. Sentía que debía aprovechar el momento, sin preguntar, fuera cual fuera el motivo. Quizás era de aquellos a los que les gustaba que lo viesen o escuchasen y acababa de descubrirlo. Seguro que aquel fetiche debía tener algún nombre, tendría que buscarlo por internet.

—Dudo que Hoshiumi lo haga, es hetero.

—¿Acaso los hetero no se masturban?

—No iba por ahí. Me refería a que si hetero no se va a excitar escuchando a dos hombres.

—¿Y qué tiene que ver eso? Es sonido, y el sonido no cuenta, no se es heterófono u homófono. ¡Los sonidos del amor no tienen orientación! —argumentó Atsumu, a lo que Sakusa asintió, dándole la razón—. Además ¿de dónde te has sacado eso? ¿No está con Hirugami?

—¿No estaba con la reportera aquella?

–Ni idea, pero seguro que entonces nos está saboteando porque es hetero. La envidia es muy mala.

Sakusa rio para sí mismo. ¿Amargamiento? ¿Homofobia? ¿Despecho? Daba igual cual fuera el motivo, había arrastrado a su novio hasta el punto de que Atsumu podría pensar a esas alturas que Hoshiumi había sido el causante de la extinción de los dinosaurios. Se había convertido en su archienemigo número uno.

-.-

Como era de esperar, todo aquel tira y afloja terminó desembocando en la inevitable tragedia que suponía estar desnudos en una cama rota, con un polvo a medio terminar, a las 2 de la madrugada en plena Villa Olímpica.

Sakusa, derrotado, había entrado en una especie de trance fetal en el que le atormentaban todas las posibles maneras de ser expuesto públicamente.

—Omi, no te bloquees ahora, por favor, necesito de tu inteligencia para salir de esta —rogó Atsumu, agachándose a su lado—. En estos casos siempre echaba mano de Osamu, pero no está cerca —se quedó callado un segundo mientras su cerebro hacía las asociaciones pertinentes hasta que exclamó encontrando una solución—. ¡Ya lo tengo! ¡Suna! Sunarin…

—¡NI SE TE OCURRA! —saltó Sakusa como si hubiese resucitado de entre los muertos. Incluso a Atsumu le sorprendió aquella reacción tan categórica.

—¿Por qué? Suna me ha visto en mis peores momentos, esto no es nada, es de confianza.

—Tú lo has dicho, te ha visto a ti, ¡no a mí! Además, ¿cuánto tiempo crees que tardaría en irle a Komori con el cuento? Te recuerdo que Suna es el rey del chisme. De hecho, no sé ni cómo se te ocurre sugerirlo sabiendo que tomaría fotos para luego extorsionarnos.

Atsumu consideró lo que su novio había dicho y le dio la razón sin rebatirle.

—Pero hay que buscar una solución antes de que amanezca, no estamos en disposición de ponernos quisquillosos. Esto está apartado de todo. No podemos ir a comprar nada para arreglarlo a estas horas. No debe ser tan difícil… —la cara desvalida de Sakusa, alentó a Atsumu a pensar más rápido, quien se llevó la mano a la barbilla y apretó la boca en un mohín totalmente adorable que le dieron a Sakusa ganas de morderlo e iniciar de nuevo otra sesión de sexo aun con todo el desastre que tenían entre manos.

Atsumu era tan… ¡Lo quería tanto tal y como era!

Sakusa no se sintió merecedor de un novio como Atsumu, pues se sentía un poco culpable por todo lo que había desatado aquel desastre sin que Miya lo supiera. Era verdad que habían sido los otros quienes habían empezado, pero si tan solo lo hubiesen dejado pasar la primera vez… No estaría ahora sufriendo por ser puesto en ridículo y ser sacado del armario a la fuerza delante de su familia.

—Podemos decir que fue un accidente de otro tipo. No sé… —dijo Atsumu sin haber encontrado ninguna solución.

—¿Que se cayó un elefante de seis toneladas? ¡No sé qué excusa podríamos poner!

—Son unas putas camas de cartón, está claro que no hace falta un elefante de seis toneladas para romperlas, solo un polvo normal y corriente. ¿Y tu primo?

—NO.

—¡Joder, Omi! Necesitamos cómplices! Y Komori sabe todos tus secretos, sabe lo nuestro, no te va a exponer frente a nadie… No hace falta entrar en esos detalles, pero puedes decirle que yo era el pasivo esta vez, si es que eso te preocupa. No me importa.

Sakusa volvió a ponerse rojo.

—¡Calla! No sé en qué demonios estaba pensando para dar pie a todo esto… Tenemos testigos que pueden confirmar cada puto orgasmo que hemos tenido en esta semana. No me lo recuerdes más —lloró Kiyoomi sobrepasado.

Se llevó las manos a la cara, otra vez, como si eso sirviera para algo. Como las avestruces que esconden la cabeza en un agujero y creen que nadie las ve.

La risa de Atsumu hizo que aflojara la presión sobre su rostro y casi le hizo entreabrir los dedos para mirar qué pasaba. Miya siempre conseguía ese efecto en él. Le hacía sentir seguro. Si Miya reía, nada podía estar mal.

—Mira, Omi, sé que esto te va a parecer una locura, lo sé, lo sé, pero escúchame. ¿Y si hacemos de nuestros enemigos nuestros cómplices?

Ahora sí entreabrió los dedos lo justo para poder ver la expresión orgullosa de Atsumu. Cuando Atsumu sonreía de esa manera, nada parecía imposible.

—Ni se te ocurra.

Sí, muy bien, la solución parecía perfecta, pero no estaba dispuesto a rebajarse a eso. No ante Hoshiumi. JAMÁS.

—¿Pero por qué? Échame la culpa de todo, estoy acostumbrado, crecí con Osamu.

—Perdón, pero eso debería decirlo él, no tú, me consta quien era el mentiroso.

—Bah, tonterías —Atsumu hizo un gesto con la mano, quitándole importancia—. Podemos hacer un trato, ellos nos ayudan y no volvemos a molestar. Y mira que supondría un sacrificio enorme para mí renunciar a eso, para una vez que… —hizo un gesto sugerente con las cejas— ya sabes, estás dispuesto a cualquier hora…

—Atsumu, calla antes de cagarla más.

—Entonces dime tú. A mí me da igual que todo el equipo sepa lo mucho que nos queremos. Lo que no quiero es que el entrenador sepa que nos cargamos la cama y, por extensión, sé que el que se enterara te molestaría. Por alguna razón, aún no somos la comidilla de la Villa Olímpica. En el desayuno nadie habla de la máquina sexual que soy —Sakusa abrió los dedos aún más para que pudiera ver su gesto indignado—. Sí, vale, y que Garganta Profunda era una aprendiz al lado tuyo.

—Tampoco te pases.

—Lo que quiero decir es que pueden ser amargados, pero no han ido por ahí quejándose, en cierto modo debemos estar agradecidos porque, lo admito, nos hemos pasado tres pueblos y hemos sido unos cabrones.

Sakusa suspiró. No podía decirle de donde venía toda la rencilla con Hoshiumi. Sería tirar demasiado del hilo y sacar cosas que estaban muy al fondo del cesto de la ropa sucia. Además, era consciente de que nada de aquello tenía sentido, pues Hoshiumi en ningún momento había alardeado o hecho alguna referencia a Wakatoshi. Todo había sido una jugarreta de la imaginación de Sakusa, y las rencillas debidas a situaciones imaginarias en atletas olímpicos de veintitantos años, como que no tenían ninguna justificación. Menos aún delante de tu novio a quien quieres más que a tu propia vida y, por supuesto, más que a Wakatoshi.

—Suponiendo que accediera a tu plan, ¿de qué nos serviría tener dos tíos más aquí mirando una cama rota si no tenemos con qué arreglarla?

—Buen punto, Omi, por eso eres el único con estudios aquí. ¿Qué haríamos sin tu intelecto?

Sakusa, que era listo pero que de inteligencia emocional iba mal, dudó por un momento si Atsumu estaba siendo irónico.

Y es que por eso se compenetraban tan bien.

-.-

Sakusa caminaba encorvado al lado de Atsumu lamentando no haber cogido una chaqueta, porque ¿quién le iba a decir que refrescaría tanto en pleno verano? Tal vez fuera porque era de madrugada y no era de estar por la calle a esas horas. Él era un chico decente de los que se ponían el despertador a las 5 am para salir a correr antes de desayunar porque a esas horas había menos gente y menos contaminación.

Sí, tan decente era que estaban atravesando la Villa Olímpica a hurtadillas en mitad de la noche en busca de sus compañeros de equipo Bokuto y Hinata por haberse cargado la cama. Eso era súper decente.

A diferencia de Sakusa —quien al menos se había puesto una camiseta— Atsumu iba sin nada más que un pantalón corto y unas chanclas de playa y consultaba el teléfono móvil, que le iluminaba el rostro preocupado.

—Bokuto, joder ¿por qué mierdas no me coges el teléfono? —masculló.

—Son las 3 de la mañana y ya sabes que cuando Bokuto duerme es como si le hubiesen quitado las pilas.

Llevaba toda la razón. Bokuto era de esas personas incansables que parecía haberse caido en una marmita de RedBull al nacer, pero cuando llegaba la hora de dormir era capaz de hacerlo en cualquier sitio y de manera profunda. A veces bromeaban diciendo que tenía un botón de On/Off.

Atsumu miró de reojo y le espetó:

—Y tú, ponte derecho, parece mentira que seas más alto que yo. Por más que te agaches no vas a desaparecer. Acéptalo.

Sakusa estiró la espalda y trató de parecer tan seguro e inmutable como su novio. A veces le sorprendía esa capacidad suya para que todo le resbalase. O más bien, para que todo pareciera que le resbalase, porque estaba claro que no lo hacía. Le conocía muy bien ese puchero malhumorado que hacía cuando las cosas no salían cómo él quería, que era el que tenía en ese mismo momento mientras esperaba la respuesta de Bokuto.

—¿Has probado a llamar a Hinata?

—Me sale que lo tiene apagado.

Ahora fue Sakusa quien bufó. Hinata, que antes no era capaz de cuidar de sí mismo hasta el punto de tener que retirarlo de un partido por caer enfermo, ahora lo llevaba todo tan a rajatabla que apagaba el móvil a la hora de dormir para que no le afectaran las radiaciones. Ni calvo ni tres pelucas.

—Necesito su maldita navaja suiza y la conseguiré, así tenga que entrar por la ventana como un ninja —expresó Miya con determinación. Sakusa no dudó ni un segundo en que lo conseguiría.

No tenían muchas más alternativas, ni mucha más gente de confianza. El tiempo corría en su contra y urgía arreglar la cama antes del amanecer. Por supuesto, no tenían una ferretería cerca, y con la herramienta más útil que contaban era la navaja esa multiusos que tenía Bokuto —que más de una vez les había salvado el culo a alguno de los Jackals— y que Akaashi le había regalado por si acaso se quedaba atrapado en un baño público, o lo que fuera.

Aquello sonaba a que no sería la primera vez que ocurría algo así, pero solo podían dar gracias al cielo de que existiera ese ángel de la guarda y de la previsión llamado Akaashi.

Además, Bokuto estaba al tanto de lo que había entre Sakusa y Atsumu, como el resto de sus compañeros de equipo. Y en particular, Kōtarō también estaba al tanto de las noches apasionadas que estaban teniendo durante las Olimpiadas porque fue también en mitad de la noche que Atsumu recorrió ese mismo camino que estaban recorriendo a pedirle condones a Bokuto porque los habían gastado todos.

Claro, es que Japón iba a quedar como el país anfitrión más cutre y tacaño de la historia, porque no solo escatimaban en el mobiliario de su Villa Olímpica, que encima ni repartieron preservativos como pasó en las Olimpiadas de Río. Así Sakusa y Atsumu fueron confiados esperando los «cuarenta condones por cabeza» que les había vendido Hinata, y a los dos días habían acabado la caja que llevaron para el hipotético caso de emergencia de que se quedaran sin ninguno.

Así que, dentro de lo que cabía, Bokuto era una buena coartada.

El edificio era de esos tipo bungalow en los que la entrada de cada apartamento daba a una galería exterior. Llegaron al que ocupaban Bokuto y Hinata, y antes de llamar al timbre o golpear la puerta, Atsumu marcó de nuevo el teléfono, que se oyó desde el interior hasta que la llamada se cortó por no ser atendida. La nitidez con la que se escuchó en mitad de la noche, y el par de ronquidos que le siguieron, les confirmó que, efectivamente, Bokuto dormía con la ventana abierta. Sin preguntar, Atsumu se asomó, pero fue detenido por Sakusa, que lo agarró del brazo cuando tenía medio cuerpo fuera de la barandilla.

—Solo estoy mirando, exagerado.

—Te estás asomando para ver si puedes llegar. Ni se te ocurra, está muy alto. Aporrearé la puerta si es necesario para despertarlos, pero no hagas locuras.

A dúo, uno golpeaba la puerta y el otro llamaba al timbre con tal insistencia que parecía a punto de fundirse. Vale que Bokuto dormía como un tronco, pero Hinata parecía una persona normal, flower power, pero normal.

—Si con esto no se despierta Hinata, no sé qué vamos a hacer —murmuró inútilmente Sakusa, como hablar en voz baja.

—Shhhhhh ¡Silencio!

Ambos alzaron la vista hacia donde provenía el sonido: otra ventana abierta en la planta de arriba.

—Lo que faltaba, primero porrazos en la pared y ahora ofendiditos —le contestó Atsumu por lo bajo a Sakusa, antes de responder con voz innecesariamente alta y chulesca—. ¿Qué pasa? A ver, baja tú y despierta a estos dos.

—¿Atsumu?

—¿ARAN?

Atsumu casi se llevó las manos a la cabeza ¿de todos los que podrían haber sido los vecinos de arriba de Bokuto y Hinata tenía que ser Aran? No tenía problemas con Aran, el hombre era de las pocas personas sensatas que había en aquel equipo y le conocía lo bastante bien como para…

—Aran, ¿podrías echarnos una…?

—¡¿Qué haces, idiota?! —le reprochó Sakusa, dándole un codazo que casi le dejó sin respiración.

—Aran es de confianza.

—Para tí todo el mundo es de confianza, joder.

—Lo digo en serio, podría salvarnos.

—¿Qué sucede, Atsumu? —dijo Aran, asomándose por fin a la ventana—. ¿Se puede saber qué es eso tan importante para que estés montando este escándalo? No querrás que el entrenador Iwaizumi se entere.

¿Cómo le decía que de eso se trataba principalmente? ¿De que aquello no llegara a oídos de Iwaizumi?

—Necesitamos la navaja suiza de Bokuto.

—¿Navaja suiza? ¿Para qué?

—¡Una cucaracha! —exclamó Sakusa. Atsumu se le quedó mirando con cara de haber empeorado las cosas exponencialmente. Le dio un pisotón mientras asentía sonriendo con falsedad. Por suerte, las chanclas de playa suavizaron el efecto.

—¿Es que vas a luchar con en ella en un duelo a muerte con cuchillos? —dijo Aran, a lo que Sakusa se dio cuenta de la tontería que acababa de decir. Ya se había encargado Atsumu de contar aquel numerito que montó cuando coincidieron en la Japan Youth. Por supuesto, Hoshiumi estuvo ahí para corroborarlo. Maldito.

—No…

—Necesitábamos un destornillador porque… bueno, tuvimos un accidente intentando matar a la cucaracha y a la hora que era… Total, la navaja es lo único que nos podía servir —Atsumu salió al paso tratando de arreglarlo.

Aran, que lo conocía bien, seguía dudando. No le extrañaba, él también lo haría si alguien le diera esos argumentos tan inconsistentes.

—¿Por qué no esperáis a mañana y llamáis a mantenimiento?

—¡NO! —Atsumu y Sakusa hablaron al unísono y también se miraron a la misma vez que lo hacía. La compenetración fue evidente cuando ambos se dieron un pisotón también.

Una luz se hizo notar en la oscuridad de la noche, casi cegándolos.

—¿Alguien dijo duelo a muerte con cuchillos? —dijo Suna, apareciendo en la ventana tras haber hecho una foto que seguramente ya estaría publicando en twitter con el texto «Atletas olímpicos se se ven obligados a salir de sus alojamientos por culpa de una plaga de cucarachas, ¿qué clase de imagen estamos dando al resto del mundo?» Cuando terminó de escribir lo que fuera que estuviera escribiendo en a saber qué red social, levantó la mirada del teléfono y les habló con tono serio pero aburrido—. Ahora en serio, ¿qué pasa con vosotros? ¿Acaso habéis roto la cama follando o qué?

El silencio de Atsumu y el rubor de Sakusa fueron toda respuesta, porque para Suna, astuto como zorro, no hacía falta nada más.

—¡Habéis roto la cama follando! Jajajaja ¡No jodan! Espera que se lo diga a Osamu —Rintarō volvió a sacar el teléfono.

Decir que Aran palideció sería ridículo, pero el pobre pareció al borde de un ataque.

—Por favor, por lo que más quieras, no le digas nada a Kita. No hay necesidad de hacerle sufrir, yo sufriré por él —Aran se llevó la mano al corazon como si le doliera de verdad. Quizás le doliera de verdad.

—Son las 3 de la mañana —fue todo lo que Sakusa alcanzó a decir. Su cerebro había hecho cortocircuitos.

-.-

—Yo sé que tú querías ser la comidilla en el desayuno, lo sé. Que algún día le preguntaran a Hoshiumi "¿Qué te pasa, gaviota? ¿Por qué esa cara? ¿No has descansado bien?" "No, mis vecinos no para de darle que te pego al asunto y Miya debe ser una puta máquina".

—¡¿Quieres dejar de relatar por lo bajo, manipulador?! A este paso acabaremos despertando a toda la Villa Olímpica.

Porque Atsumu y Sakusa volvían haciendo el camino inverso. Resultó que con todo el escándalo terminaron despertando a Hyakuzawa, y ni sus más de dos metros con Atsumu a los hombros fueron suficientes para alcanzar la ventana desde la que se oían los ronquidos de Bokuto. Tras desistir antes de que alguno acabara lesionado, y resignados a volver con las manos vacías y aguardar el escarnio público, descubrieron por casualidad que Hyakuzawa había visto a Bokuto pasarle la navaja a Hoshiumi antes de acceder al detector de metales por el que tenían que pasar al llegar a la Villa Olímpica. Tenía todo el sentido que ante esa medida de seguridad, Bokuto se hubiese deshecho de ella antes de que se la confiscaran. Así que, al parecer, la navaja seguía en posesión de Hoshiumi.

No es que Bokuto fuera muy listo, pero podía entender que no quisiera dejar a Kageyama o Ushijima en posesión de la navaja, pues seguramente acabarían arrestados como potenciales terroristas por sus respuestas sospechosas. ¿Pero tenía que ser Hoshiumi habiendo tanta gente?

Eso era lo que pensaban volviendo a las 4 am por mitad de la Villa Olímpica. Como no se diesen prisa iban a empezar a cruzarse a los primeros joggers madrugadores.

Sin embargo, lo peor de todo era que volvían a estar en el mismo punto de partida en el que la única solución recaía en ir con el rabo entre las patas a pedir ayuda a aquellos aguafietas y admitir que habían sido unos hijos de puta.

—No pienso tocar yo el timbre a las 4 de la mañana. Serás tú —protestó Atsumu.

—¡No me hagas esto! Sabes que no le soporto. Suna dijo que lo había oído decir que había quedado con su novia, que está en el extranjero cubriendo un reportaje, para verse por videollamada. ¿Lo ves como es hetero y todo esto es homofobia encubierta?

—Suna puede decir misa.

—Google debería pasar a llamarse Sunarin que todo lo sabe.

Aquello le arrancó a Atsumu una sonrisa tensa que Sakusa correspondió. Estaban llegando tan al límite que los nervios le hacían actuar sin razón.

—Entonces ¿serás tú quien se disculpe y llame a la puerta?

—No.

—¿Pero por qué?

—Te dije desde el principio que todo se arreglaría si hubiésemos avisado a Komori.

—Lo sé, lo sé, pero… —Sakusa valoró lo que iba a decir antes de hacerlo.

En realidad no dudaba de Komori. Su primo había estado a su lado desde siempre y no sabía qué habría sido de él de no haberlo "adoptado" como el extrovertido que era adoptando a un introvertido. Komori le había hecho la adolescencia más fácil y había sido quien, cuando aún eran pequeños, había observado antes que él mismo detalles que más tarde cobrarían sentido con su homosexualidad. De hecho, Komori sabía detalles que era mejor que no diera pie a que salieran a la luz bajo ningún concepto. Porque Motoya lo conocía bien y era una mariposa social de las que en una fiesta empezaba a largar de todo si había alcohol de por medio. Y Sakusa no quería por nada del mundo que se airearan sus turbios asuntos de pubertad. O cómo Komori estaba presente en aquel campamento en el que Sakusa se enamoró de Ushijima sin saberlo, pero Komori sí lo supo porque Sakusa pasó la mayor parte del campamento encerrado en el baño porque su cosita hacía cosas.

Por nada del mundo debía favorecer que aquella información tuviera la más mínima oportunidad de salir a la luz. O cómo Komori en cuanto le dijera una mentira al respecto sabría que le estaba mintiendo porque todo tenía que ver con su crush frustrado con Ushijima y el acapara atenciones de Hoshiumi.

Sí, nuevamente, el cerebro de Sakusa montaba historias y se las creía mucho antes de que sus propios protagonistas tuvieran siquiera constancia de ello.

Así que, por esto, necesitaba desviar la atención sobre Komori y centrarla en:

—Si aviso a Komori, seguramente se entere también Yaku y…

—Yo lo haré —zanjó Atsumu con decisión, a lo que Sakusa sonrió con disimulo, pues sabía que Atsumu no quería enfrentamiento con Yaku porque Yaku, no sabía por qué, era respetado por todos y tenía fama de implacabe, a pesar de ser el más bajo de todos con diferencia.

Minutos después, los dos estaban frente a la puerta, pensando en lo ridículo y arrastrado que estaba siendo todo aquello.

—Dijiste que lo harías tú —apremió Sakusa, echándose a un lado para dejar a Atsumu frente a la puerta y que fuera al primero y único que viera al abrirla.

—Ya lo sé, calla.

—No pegues muy fuerte a ver si vamos a despertar a Wakatoshi-kun.

—¡No voy a despertar a Wakatoshi-kun! —respondió con sorna remarcando cada sílaba—. Te importa un carajo despertar a toda la puta Villa Olímpica, pero que a Wakatoshi-kun no le dé el aire, por favor.

Atsumu resopló, apartó la mirada de Sakusa, tomó aire y golpeó la puerta con los nudillos. Una vez, dos… La puerta se abrió y en la puerta apareció Kageyama, tomando un brick de leche y con ropa de deporte, preparado para salir.

Atsumu pensó que qué jodida broma era aquella. Sakusa estaba blanco como la pared y en colapso total. Lo de Tierra trágame se quedaba corto.

—Qué —dijo sin soltar la pajita entre sus labios.

El silencio de la noche se hizo aún más sepulcral si cabía, con los tres allí parados sin decir nada más. Kageyama parecía esperar pacientemente su contestación hasta que decidió mirar el reloj, gesto que sintieron como que les estaba metiendo prisa.

No parecía sorprendido de que ellos aparecieran en su habitación a esas horas de la madrugada porque llevaba una semana presenciando los salvajes encuentros sexuales de sus vecinos de apartamento.

—Esto… perdón, buscábamos a Hoshiumi. ¿Por qué estás tú aquí y no él?

Kageyama abrió los ojos con sorpresa.

—¿Por qué habría de estar? Este es el apartamento de Ushijima y mío, el de Hoshiumi y Hakuba es ese —comentó señalando hacia arriba.

Atsumu deseaba matar a Kiyoomi de la manera más lenta y dolorosa posible. ¿En qué maldita hora le había creído sin contrastar la información? ¿Por qué había asumido que los que tenía detrás eran los de Kamomedai?

Ahora lo entendía todo. Entendía que nadie se hubiese enterado de nada, que no hubieran rumores en el desayuno y que fueran tan exigentes con los golpes, pues si de algo podían pecar los dos chicos de los Adlers era de ser reservados. No podía verlos sacando ese tema a la luz, por algo seguía siendo Kageyama "el santurrón". Además, si Kageyama salía a correr a las 4:30 am era muy probable que hubieran interferido en su rutina de sueño y ahora se sentía realmente mal.

—¿A estas horas? ¿Ha pasado algo?

—Necesitamos… la navaja suiza de Bokuto.

—¿Vais a matar a alguien?

Atsumu recordó el por qué seguramente Bokuto no les dejó a ellos la navaja.

—¿Sabes acaso lo que es una navaja suiza?

—Una navaja fabricada en Suiza.

—No, imbécil. Una navaja que tiene un montón de utensilios como abrelatas, abrebotellas, destornilladores etc… —antes de que Tobio preguntase para qué necesitaban algo así, saltó al tema que le importaba—. Yendo al grano. La tiene Hoshiumi.

—Debe estar durmiendo, ¿no puedes esperar a por la mañana? ¿o es que vuestro hobby es impedir que la gente descanse?

—Aggg —gruñó con molestia.

Cállate, se dijo. No iba a entrar en discusiones. De hecho, llevaba ya dos horas discutiendo. Estaba hasta los cojones de discutir y todo porque Omi… ¡¿Omi?! ¡¿OMI?!

Sakusa miraba al frente, estático, como si hubiese visto un fantasma, juraría que ni parpadeaba. Lo tomó de los hombros y lo sacudió sin respuesta. El shock de saber que quien había estado oyendo todo aquello no había sido Hoshiumi sino Kageyama y Wakatoshi-kun, era demasiado. Wakatoshi-kun tendría una imagen terrible de él, ya nunca más sería digno, había caído en lo más bajo, lo había decepcionado. Era sucio y débil. Wakatoshi-kun seguro no hacía esas cosas, había mancillado su inocencia auditiva. Estaba profundamente asqueado de sí mismo. No lo superaría jamás.

Kiyoomi seguía en estado catatónico.

—Lo sentimos mucho —aunque a regañadientes, Atsumu se apresuró a disculparse. No podía decir que Kageyama no llevara razón, pues en parte ir allí a pedir perdón formaba parte del plan para obtener la navaja, solo que… habían resultado ser los vecinos equivocados, aunque eso no quitaba que los hubiesen molestado—. Vamos, Omi, que se nos echa el tiempo encima.

Lo volvió a zarandear y nada.

Mierda.

—Ushijima está durmiendo, no lo molestes. Así que antes de irme a correr, ¿necesitas ayuda? —se ofreció Kageyama al ver que Atsumu comenzaba a parecer desesperado.

Atsumu se lo pensó varios segundos antes de contestar. Miró a Kiyoomi, inmóvil, y decidió que ya nada podía ser peor que eso.

—Sí, ¿me puedes hacer un favor?

-.-

A las 5 am, el apartamento de Ushijima y Kageyama parecía un velatorio.

Kageyama había salido a correr, no sin antes haber avisado a Komori bajo petición expresa de Atsumu. Pues necesitaba que alguien se quedara al cuidado de Kiyoomi mientras él recogía la navaja y arreglaba la cama antes de que sonaran los despertadores en la Villa, aunque a esas alturas poca gente quedaba ya que no estuvieran al tanto del escándalo.

Komori, que acudió raudo a la llamada de auxilio porque Kiyoomi puede tener veintitantos años pero ser un inepto social y a saber en qué lío se había metido esta vez, ayudó a Atsumu a acomodarlo mientras se recuperaba del shock.

Sin Kiyoomi consciente para impedirlo, Atsumu puso al corriente a Komori del episodio de la cama. Ya, daba vergüenza, pero si hubiesen sido claros desde el principio, todo habría sido mucho más fácil, no que ahora sí que iban a ser la comidilla que evitaron ser con todo aquel embrollo.

Todo el mundo follaba, nadie se iba a escandalizar por ello.

No se había escandalizado el santurrón de Kageyama, que no le había mencionado ni una sola palabra sobre el incidente.

Menos parecía haberse escandalizado Ushijima, quien según Tobio, siempre dormía con tapones y antifaz para un óptimo descanso sin interrupciones.

Así que, cuando nada más entrar al apartamento, a Komori le dio un ataque de risa al descubrir a Ushijima así, Atsumu no terminó de entender qué le encontraba de gracioso. Y tampoco se opuso a la sugerencia de Motoya de acostar a Sakusa a su lado, aunque lo dijera con una cara que parecía estar perpetrando alguna travesura, pues él tenía una cama que arreglar en tiempo récord.

-.-

Cuando terminó de hacerlo, Atsumu se limpió el sudor de la frente deseando tomar una ducha. La noche había sido larga, muy larga, pero no tenía tiempo que perder. Debía volver a ver cómo estaba Sakusa, quien debía estar aún en shock, pues no había recibido noticia alguna por parte de Komori.

Aquello era un círculo vicioso de mala suerte. Cuando conseguía arreglar la cama, el otro entraba en shock. ¿Cómo podía justificarlo frente al entrenador? Una cama rota casi que tenía excusa. Un jugador inservible a las puertas de un partido Olímpico, no.

Ya se preparaba para volver al apartamento de Ushijima cuando le sonó un mensaje en el teléfono. Confiado, lo abrió esperando que fueran novedades por parte de Komori, pero se encontró con que no había sido él. Miya palideció al ver que se trataba de un mensaje de Yaku, a quien creía haber esquivado, pero que se daba cuenta de que era imposible hacerlo porque era compañero de Komori y tarde o temprano se iba a enterar. El ex jugador de Nekoma, pese a su tamaño, era una especie de figura de autoridad dentro del equipo, algo así como un escalón intermedio entre el entrenador y el equipo, como si fuese el delegado de clase. Era estricto y sin pelos en la lengua y por nada del mundo Atsumu quería que el incidente llegara a oídos de alguien así. Había expuesto que su único miedo era que se enterase el entrenador, de ahí su empeño por arreglar las cosas antes de la mañana, pero lo cierto era que que temía más a Yaku-san que al propio entrenador o Iwaizumi.

«¿Qué coño es esto, Miya?»

En la imagen aparecían ellos dos en la puerta del apartamento de Bokuto y Hinata esa misma noche. Por el ángulo, la foto había sido tomada claramente por Suna, quien al menos había tenido la decencia de pixelarles la cara aunque poca gente tenía dos lunares encima de la ceja, por lo que eran reconocibles. A la instantánea acompañaba el siguiente texto «Atletas Olímpicos rompen la cama follando. O el por qué no debemos quedarnos callados ante la injusticia de un mobiliaro de pésima calidad y unas condiciones lamentables para la élite del deporte mundial".

Suna, hijo de puta. Yo te mato.

Casi como una cadena, al poco de abrir el mensaje, empezaron a llegar más, primero fue Osamu y al resto ya les perdió la pista. Las notificaciones estaban colapsando su teléfono. La noticia se estaba haciendo viral. No era ningún secreto que a Suna se le daban bien esas cosas, era como el Community Manager del equipo y le encantaba ver el mundo arder. Era de los que cuando salían de viaje con el equipo y había algo que no le parecía apropiado, lo denunciaba, y así obtenía un montón de beneficios como compensación.

Terminó por apagarlo. Y se dirigió directamente al apartamento de Ushijima a comprobar cómo iba todo. Era una sensación rara eso de saber que estaba pasando algo de lo que no estaba siendo consciente, pero le produjo cierta paz mental poder hacer uso del dicho «Ojos que no ven, corazón que no siente».

Ahora entendía por qué Hinata apagaba el teléfono, aparte de por las emisiones cancerígenas.

-.-

—¿Cómo está? —preguntó Atsumu a Komori desde la puerta de la habitación, viendo a Sakusa tomar una taza de té con aire desvalido y manos temblorosas.

—Le va a costar superarlo.

—Imagino.

—Se lo he dicho. Le he apagado yo mismo el teléfono.

Habían dado las 6 am y el reloj de Ushijima sonó en su muñeca, sobresaltando a los presentes. Se despertó como un resorte sin saber muy bien qué estaba pasando y por qué había tanta gente allí. Sin duda, sus medidas para conseguir un sueño reparador habían dado su fruto, pues no se había enterado de nada. Ni siquiera de aquello que Sakusa tanto temía.

A la vez, y como alguien hubiese estado esperando a que fuese una hora prudencial, el timbre de la puerta sonó,y en el umbral apareció lo último que les faltaba que apareciera por allí: el entrenador Iwaizumi.

El joven siempre portaba un rostro severo y era difícil diferenciar cuándo te iba a elogiar de cuándo te iba a echar la bronca, por eso, todos los presentes se encogieron esperando el golpe antes de que hablara, porque era mejor prepararse para lo peor, por si acaso.

—Miya, Sakusa ¿se puede saber qué demonios es esto? —dijo Iwaizumi, mostrando la imagen que no paraba de ganar retweets en Twitter.

Komori, que sabía de qué imagen se trataba, placó a Kiyoomi antes de que pudiera verla, pero fue demasiado tarde. Tal vez no le dio tiempo a leer el texto que la acompañaba, pero claramente pudo identificar de qué momento se trataba la fotografía. Una vez que había conseguido serenarse al saber que Wakatoshi-kun no había llegado a oír sus escarceos amorosos, no podía permitir que las redes sociales lo arruinaran todo. Así que aquello pareció una especie de dominó, donde Komori placó a Sakusa a la vez que el mismo placaba a Wakatoshi-kun en una cadena de protección de inocencias.

Atsumu quiso hacerse el desentendido, pero alguien allí tenía que afrontar las consecuencias y él siempre fue el gemelo malo que se llevaba todos los regaños, así que estaba acostumbrado.

Con el mentón en alto, plantó cara al entrenador Iwaizumi.

—Lo sentimos, no pretendimos crear todo este malentendido. No volverá a pasar.

El rostro de Iwaizumi se suavizó. Se notó en sus cejas, que dejaron de estar tensas.

—¡Ah, no! Todo el mundo os apoya ¡mirad los comentarios!

Atsumu parpadeó sorprendido. Miró atrás, al panorama de los débiles de corazón, y les cerró la puerta para llevarse a Iwaizumi afuera donde inocencias no pudieran ser mancilladas.

Echando un vistazo por encima vio que Iwaizumi tenía razón. Todos eran comentarios positivos, incluso empresas e instituciones se habían sumado a la protesta iniciada por Suna.

—Es posible que incluso recibamos una buena subvención como compensación —anunció Iwaizumi—. Puede que quieran entrevistaros, pero es comprensible que prefiráis guardar el anonimato, no es un tema cualquiera.

Atsumu pensó en cómo las situación había pasado de un extremo a otro y vio claro que no querían estar en boca de todos, al menos Sakusa. Mejor dejaba la fama para Rintarō.

—Bueno, ya me voy, en media hora os quiero a todos preparados en el desayuno y rindiendo al cien por cien. Me da igual lo movida que haya sido la noche. Ese no es mi problema. Ahora voy a ver qué le pasa a Ojiro, según Suna, cree que ha sufrido un ataque de ansiedad.

Pobre Aran, lo siento.

Iwaizumi se dio la vuelta y a Atsumu no le dio tiempo a cerrar la puerta cuando Kageyama, que volvía de correr, subía las escaleras. Se veía pálido con el teléfono en la mano.

No tuvo que decir nada para saber que era otra víctima del dominó de protección de inocencias.

En la mano de Tobio, aparecía la misma imagen de Twitter con el mismo texto que no dejaba nada a la imaginación.

—¿No era una cucaracha? Los golpes en la pared, los "Dale más fuerte"

—Tranquilo, Santurrón, aquí está tu sitio —dijo Atsumu, pasándole un brazo por los hombros, tranquilizándolo y guiándolo hacia la habitación donde aguardaban Komori, Ushijima y Sakusa—. Pero no les digas nada, ¿vale?

-.-

A la hora del desayuno, Bokuto y Hinata aparecieron frescos cual lechugas y llenísimos de energía.

Todo lo contrario a como se sentía Atsumu en ese momento, para el arrastre. Necesitaba diez cafés.

—¡Buenos días! ¿Qué tal la noche? ¿Han descansado bien? ¿Preparados para un gran día?

Atsumu lo miró de reojo. Quiso matarlo. Estrangularlo.

¿Descansado bien? Tu puta madre.


(*) Salto del tigre: Se conoce como 'salto del tigre' a una curiosa práctica sexual que consiste en que el hombre se lanza con el pene erecto desde una altura considerable (aproximadamente la de un armario ropero) hacia la cama, donde se encuentra su pareja preparada para ser penetrada. Se supone que el salto debe ser certero y que tal y como cae realiza la penetración acertadamente.

El término 'salto del tigre' suele ser utilizado a modo de sorna y a veces de fanfarronería y en realidad no existe ningún manual sexual antiguo en el que se haga mención a tal práctica, siendo ésta de invención relativamente moderna o al menos su llegada al lenguaje coloquial.


N/A: ¡Espero que os haya gustado!

Hacía tiempo que no escribía crack y lo echaba de menos, aunque no sé si ha estado a la altura de mis otros fics, creo que me ha podido el absurdo XDDD

Debo aclarar que al igual en "40 por cabeza" era verídico el dato de que en Río repartieron 40 condones por atleta. En las Olimpiadas de Tokio el mobiliario estaba hecho de cartón, solo que no llegamos a saber si esto hubiera sido posible por el aplazamiento debido al COVID, pero el germen de la historia está y es verdadero.

Añado lo del "salto del tigre" XD es una expresión que aquí al menos se usa mucho en plan de broma. Intento ser lo más neutra que puedo al escribir, pero con el humor me cuesta mucho porque me sale espontáneo y no poder usar expresiones que me gustaría hace que no tenga tanta gracia.

Me lo he pasado muy bien escribiéndolo XDD, cómo no, Hoshiumi debía recibir bullying por parte de Sakusa, es algo fijo de mis fics jajajaja.

Bueno, mejor me contáis vosotros qué os ha parecido.

Besitos

Ak