Nota: Personajes y conceptos no son míos y no gano nada con ellos.

Comentarios de la Autora:

Otra mini historia (aunque no he abandonado mis otras historias) que resultó de una idea mientras continuaba pajareando por la vida…

Esta historia tiene lugar durante los capítulos II, III y IV de mi historia 'El Primer Paso', aunque puede ser leía de manera independiente, sólo es importante notar que es Post Hades y nunca yaoi, sólo amistad profunda.

También es importante mencionar que aunque trato de apegarme lo más posible al canon (sobre todo al clásico) hoy en día existe tanto material (cada vez más incoherente, desde mi apreciación personal) que cada vez es más difícil, por lo que va a haber veces en que recurra a obras incanónicas (como Lost Canvas) o a licencias artísticas.

Además que esta historia me salió un poquito angsty y bastante melodramática… culpo al eclipse de Sangre de la semana pasada y a mercurio retrógrado… Aún así espero que lo disfruten.

Heridas

Por Vaire

La lluvia caía sosegadamente en el Santuario de Atena, acariciando suavemente a la tierra y a las rocas del lugar como si quisiera lavar sus tristezas y pesares de los meses pasados, pues solamente habían pasado unas cuantas Lunas desde que la guerra contra Hades se desatara sumiendo al recinto de la diosa de la sabiduría y la guerra estratégica en ruinas y escombros.

La destrucción que el Santuario había sufrido era considerable, consecuencia lógica del descuido que el gobierno de Ares, el Usurpador había ocasionado durante su reinado, aunado a las batallas que habían tenido lugar con los Espectros de Hades, siendo la zona más afectada las Doce Casas.

Y aunque poco a poco se trabajaba para que el recinto de la diosa de la sabiduría y la guerra estratégica lograra recuperar la gloria que antes había poseído, los esfuerzos realizados avanzaban lentamente.

Por ello, en uno de los salones del ala este más grandes del Templo Principal el cual estaba ricamente decorado con tapetes suntuosos y magníficos cortinajes que cubrían parcialmente enormes ventanales, junto a los cuales grandes teas iluminaban la estancia cuando la luz del día cedía paso a la oscuridad de la noche o a la penumbra de la tormenta, se encontraban las armaduras de la élite de Atena.

Sin duda esa era una de las estancias más lujosas de todo el Templo Principal, lo cual significaba que también lo era de todo el Santuario, sobre todo ahora que los Doce Templos se encontraban mayoritariamente en ruinas que exacerbaban el hecho que varios de sus guardianes no pudieron seguir cuidando de sus respectivas Casas al haber muerto tras la guerra civil, lo cual añadía a la melancólica atmósfera; por no decir que algunos Templos como los de Aries, Cáncer y Virgo habían sufrido daños considerablemente problemáticos en la última Guerra Santa.

Por ello, Shion, habiendo sido reinstalado como Patriarca de la Orden, había declarado que mientras las reparaciones básicas de las Doce Casas tenían lugar, las armaduras de los Caballeros de Oro podían permanecer en el templo Central, justamente en ese magnífico salón arreglado especialmente para ello.

Porque si los Templos custodiados por los caballeros dorados estaban en malas condiciones, lo mismo se podía decir de los caballeros mismos y sus armaduras.

Todas las armaduras doradas habían sufrido daños en igual medida que les llevaron a estar moribundas [1], pues el ataque conjunto al Muro de los Lamentos había sido brutal no sólo por el poder generado por los caballeros dorados, sino por el poder liberado de las mismas armaduras.

Además que éstas habían protegido a sus portadores garantizando una muerte instantánea e indolora, que había facilitado la recuperación de la élite de la diosa de la sabiduría cuando lograron, con ayuda de la misma Atena, regresar a la vida. Sólo Kanon había sido la terrible excepción a esa piadosa muerte… [2]

Por otro lado, las armaduras de plata y bronce de los caballeros que habían tenido batallas importantes como la de Aquila, Ophiuchus o Unicornio también se encontraban en condiciones poco óptimas y necesitaban ser reparadas.

Así pues, unos meses después de terminada la Guerra Santa, los caballeros caídos lograron volver a la vida, pero todas las armaduras estaban en condiciones lamentables.

El Caballero de Aries miraba pensativo las doce armaduras doradas que tenía frente así, por un momento olvidando todas las demás armaduras de los rangos inferiores y recordando el momento en que los trece guerreros más poderosos de Atena, habían logrado unirse como compañeros con un objetivo común.

Mu nunca había sentido una camaradería como aquella vez. Una sincronía de cosmos tan armónica que tan sólo recordarlo le provocaba una emoción más allá de toda palabra.

Pero cuando todos despertaron a la nueva vida después de que pensaran que su fin había llegado, las cosas entre los Doce, ahora Trece caballeros dorados distaban mucho de ser como en aquel único momento en el Inframundo.

Y eso le dolía al tierno lemuriano más de lo que le gustaría admitir, porque sabía que las cosas no eran tan simples como parecían.

Tal vez, pensaba el rubio, con el tiempo las cosas podrían mejorar entre ellos… aunque tal vez, esa generación de caballeros dorados simplemente no estaba destinada a generar lazos de amistad entre sí.

Cerrando sus ojos, ahora color grisáseo, que reflejaba un profundo pesar, Mu trató de concentrarse en la tarea que le había llevado hasta ese salón en el Templo Principal.

El Santuario estaba siendo restaurado, y era ya tiempo de que las armaduras fueran reparadas también.

Como uno de los únicos artesanos, junto con su maestro Shion, que podía reparar las armaduras de los caballeros, Mu sabía que era su obligación empezar cuanto antes, pues aunque no había amenaza cercana de otro conflicto con alguna otra Orden fiel a alguna deidad, no era conveniente que la Orden de Atena estuviera en tan vulnerables condiciones.

Shion le había comentado unos días antes, que juntos podrían abocarse a esa titánica tarea, pues si bien las ochenta y ocho armaduras no habían sufrido daños tan severos (algunas no tenían ni siquiera portador y la armadura de Fénix se reparaba a sí misma), el número de armaduras en necesidad del artesano de Jamir sí era considerable.

Pero Shion había sido reinstalado como el líder de la Orden, por lo que la responsabilidad que tenía para, no sólo volver a poner en marcha al Santuario, sino para corregir los infortunios que el reinado del Usurpador Ares [3] había generado, constituía su principal prioridad.
Y por tanto, Mu había decidido comenzar con la reparación de armaduras él solo de manera inmediata. Después de todo, era su propia responsabilidad como el artesano de Jamir, no sólo como caballero dorado de Aries.

Y era justo esa responsabilidad la que no había dejado nunca de cumplir, pues la verdad era que, aunque ni Shion, ni Dokho ni la misma Atena le recriminarían el haber abandonado el Primer Templo cuando el Usurpador asesinó al legítimo Patriarca - pues no había nada que recriminar - el mismo Mu sentía que había fallado de cierta forma como caballero de oro ante sus compañeros y su maestro y eso le pesaba en el corazón.

Así pues, estaba decidido a utilizar esa nueva oportunidad que se le presentaba de manera correcta, comenzando con aquello que dependía de él mismo para mejorar, pues las relaciones con sus compañeros escapaban a su control pues sus acciones del pasado no podían cambiar.

Con esto en mente se dirigió hacia la armadura de Leo, pues Mu había hablado anteriormente con Aiolia y Milo al respecto para tener la aprobación de ambos caballeros en cuanto a la reparación de sus armaduras.

Ambos griegos habían accedido, e incluso Leo le había comentado que si pudiera también hacer algo por la armadura de Sagitario, aunque nadie salvo Shion había visto o hablado con su portador desde que despertaran, se lo agradecería enormemente, pues tal vez eso incentivara a Aiolos a salir de su encierro.

Y aunque tanto Leo como Escorpio sabían que muy probablemente se necesitara sangre de un caballero para poder restaurar a sus armaduras por completo, la verdad era que en ese momento ambos estaban terriblemente distraídos con sus propios problemas: Milo por no saber cómo hablar con Camus y Aiolia no pudiendo hablar con su hermano y teniendo un gran resentimiento en contra de los caballeros de Géminis y el caballero de Capricornio.

Sabiendo esto, Mu estaba dispuesto a asumir el precio de la reparación, como en tantas otras ocaciones lo había hecho con otras armaduras.

Y así, el que fuera el ermitaño artesano de Jamir comenzó la labor de reparación de tres de las armaduras doradas.

SS SS SS

Kiki miraba atento cómo la noche comenzaba a cubrir las Doce Casas, como si un manto de protección y calma fuera cayendo poco a poco desde el Templo Principal hasta la Primera Casa.

Diligentemente, como siempre que Mu aún no llegaba al Templo de Aries cuando la oscuridad descendía, el pequeño pelirrojo se apresuró a encender las teas que iluminarían la entrada de la Casa del Carnero Celeste, para después, satisfecho con la vida, poder sentarse a esperar a su querido maestro.

El Templo de Aries aún no estaba completamente reparado, pues en la parte privada de éste todavía podían encontrarse escombros y las pertenencias de sus ocupantes estaban completamente desorganizadas, como era lógico después de un desastre.

Pero Mu había dado prioridad a la continuación del entrenamiento de Kiki, la reparación de armaduras y las diferentes guardias y supervisiones que el Patriarca le había encomendado, por lo que había acabado por improvisar una cama para él y Kiki en un rinconcito de la parte privada de Aries que escapaba un poco al caos.

El Apendix quería ayudar a Mu a terminar de arreglar la Primera Casa, pero esperaba hacerlo con la compañía de su querido maestro al que tanto había extrañado y al que pensó por un momento que había perdido para siempre.

Así, cada noche el pequeño lemuriano esperaba ansioso el regreso de Mu, aunque esa noche en particular tuvo que esperar más tiempo de lo habitual, tanto que, sin darse cuenta, se quedó dormido con su cabecita recargada en un pilar.

Y fue así como Mu lo encontró.

El caballero de Aries llegó cerca de la Medianoche a su Templo, completamente exhausto y debilitado por la pérdida de sangre que había debido de afrontar al reparar tres armaduras doradas, sumado al hecho de que, como el resto de la élite dorada, aún no se recuperaba del esfuerzo realizado en el muro de los lamentos y su eventual regreso a la vida.

Pero para el rubio lemuriano, el esfuerzo había valido la pena; tres de las Doce armaduras doras estaban ya en camino a la recuperación total, sólo necesitaba terminar los últimos detalles en los días siguientes.

Sonriendo tiernamente, Mu tomó en brazos a su pequeño aprendiz y lo llevó al lecho improvisado para que descansara más cómodamente, con la intensión de él mismo sólo recuperar un poco el aliento y asegurarse que las heridas de sus brazos no sangran ya, para poder concentrarse un poco en la organización sus estancias privadas, pero en el momento que cerró sus ojos, Mu se sumió en un sueño exhausto.

SS SS SS

A la mañana siguiente, como todas las mañanas de Primavera en el Santuario, el clima se presentaba cálido y luminoso, y el que fuera el antiguo maestro que custodiaba el sello de Atena hacia Hades en Rozan, miraba maravillado el Templo que por derecho era suyo para custodiar, pero del cual había estado ausente por más de doscientos años.

Luego de más de dos siglos, que para su cuerpo gracias al favor de Atena habían sido sólo poco más de doscientos días, el Caballero de Libra regresaba a la Séptima Casa nuevamente como un miembro activo de la Orden Dorada y con su juventud restaurada, aunque un poco lesionado aún por la experiencia del Muro de los Lamentos.

Pero aunque para su cuerpo no hubieran pasado los siglos, su sabiduría sí había aprovechado el tiempo y por ello Dokho no podía más que sentirse extraño, pues evidentemente ya no era aquel temerario e inquieto jovencito que había sobrevivido la Guerra Santa de su tiempo junto con Shion.

Cuando Hades atacó al Santuario y a Atena en esta generación, la recuperación de su fuerza y lozanía había sido inmediata, pero tan apremiantes las circunstancias que no había podido realmente ponderar lo que significaba a un nivel más personal. De todas formas, Libra no creía sobrevivir nuevamente, por lo que esa juventud se esfumaría como nieve bajo el Sol de verano.

Sin embargo, pese a toda probabilidad en su contra, unos meses después de la guerra contra Hades, Dokho se encontraba nuevamente vivo, junto con los caballeros de oro que si bien, no eran de su generación, sí los consideraba como sus compañeros de armas, y frente a una nueva oportunidad de vivir.

Pero no todo era perfecto. Gracias a los oscuros pasados de cada uno de sus compañeros, éstos no sabían cómo debían comprender esta nueva oportunidad, y se ahogaban en pesares, culpas y arrepentimientos pasados que les impedían construir el futuro brillante que Atena había querido para ellos.

Así que Dokho había decidido dejar a las cosas tomar su curso y sólo intervenir de ser sumamente necesario, después de todo él mismo tenía varias cuestiones personales que resilver. En eso, él y Shion estaban perfectamente de acuerdo.

Un suave cosmos lo sacó de sus pensamientos, pero la alegría de saber de quién se trataba se esfumó cuando percibió un ligero agotamiento en su portador. Inmediatamente salió al encuentro del recién llegado.

"Buen día Mu" saludó afectuosamente el chino.

"Buen día a tí también antiguo maestro"

"¿Te diriges a ver a Shion?"

"No, lamentablemente no" dijo el lemuriano un tanto apresurado y es que Mu había estado evitando encontrarse a solas con su maestro pues temía lo que éste pudiera opinar acerca del comportamiento de su aprendiz durante el reinado del Usurpador y la posterior guerra civil y le avergonzaba estar frente a Shion nuevamente después de lo ocurrido.

"Mu, deberías hablar con él. Ambos lo necesitan… ambos lo merecen"

"Agradezco tus palabras caballero, pero tu mejor que nadie sabes que el Patriarca se encuentra sumamente ocupado con la reorganización del Santuario. No quiero distraerle de sus responsabilidades."

Dokho lo estudió por un largo tiempo en silencio, sin que Mu se perturbara en lo más mínimo, pues aunque el rostro de quien había estado custodiando a Rozán por tantos años sí hubiera cambiado, esos cálidos y sabios ojos eran los mismos que Mu recordaba desde que había buscado al anciano caballero de Libra luego de la usurpación de Ares.

"Agradezco tu preocupación" dijo Mu rompiendo el silencio que se había extendido por algunos minutos, aunque éste no era opresivo "Pero, si me disculpas, debo regresar al Templo Principal para continuar con mis tareas allí" Y después de una cálida despedida por parte del chino, Mu salió de la Casa de Libra.

Dokho atisbaba parte de aquello que turbaba al que había sido su protegido, pero consideró que eso era algo que Mu y Shion debían de resolver entre ellos, como aprendiz y maestro, aunque un sentimiento de inquietud comenzó a presentarse.

SS SS SS

Dos semanas después de su conversación con Dokho, Mu aún no había hablado con Shion y ahora trataba inconscientemente de evitar al mejor amigo de su maestro, luego que éste, tras dar su consentimiento para que se restaurara la armadura de Libra, aprovechara la situación dejando entrever que Mu y Shion podían llamarlo cuando quisieran para que diera su sangre para la reparación su armadura.

Aislándose de prácticamente todos, a excepción de Kiki, Aries no se sentía parte de la orden dorada al creer que haberse ausentado de entre ellos en los momentos más difíciles para la Orden de Atena no le daba derecho a convivir con ellos en estos momentos de paz, por lo que se había concentrado en reparar no sólo las armaduras doradas, sino que había empezado con las armaduras de plata y bronce también.

Así pues, esa mañana Mu se dirigió temprano al Sexto Templo, para conseguir la aprobación de Shaka en cuanto a la reparación de la armadura de Virgo.

Sabiendo que el indio se encontraba meditando en la parte central de su templo - pues por mucho que Shaka hubiera decidido experimentar la vida que antes no se había permitido experimentar por miedo, deber o arrogancia, había hábitos que no abandonaría - el rubio guardián de la Primera Casa se encaminó hacía la hermosa flor de loto que adornaba Virgo.

Shaka inmediatamente percibió el cosmos de su compañero, pero frunció el ceño cuando advirtió el profundo agotamiento que éste experimentaba, acompañado de una palidez en el ya de por sí pálido rostro del lemuriano.

"Bienvenido Mu, espero que no sólo estés cruzando por el Sexto Templo" saludó el indio.

"Buen día Shaka" saludó siempre afable Mu, ocultando sus temores y tristezas, aunque incluso en su voz se podía percibir su cansancio. "En efecto, venía a verte, pues me gustaría pedir tu aprobación para restaurar la armadura de Virgo"

Shaka estudió a Mu detenidamente, con esos ojos que había decidido mantener abiertos al mundo y que reflejaban la eternidad. Especialmente, el budista advirtió que los vendajes que su compañero llevaba en los brazos parecían más robustos que de costumbre.

"Antes que nada ¿te gustaría compartir una taza de té conmigo?" Preguntó Virgo.

"Será un placer, caballero" accedió Mu un tanto sorprendido por la repentina actitud amistosa de quien sabía era incluso más reservado que él mismo, aunque no por las mismas razones.

Y aunque la verdad era que Aries se sentía bastante debilitado, no quería ser descortés con quien claramente, de entre los Trece, estaba asumiendo la mejor de las actitudes frente a esa oportunidad de una nueva vida.

Así pues, el lemuriano siguió a su anfitrión a la parte privada de Virgo y cual no fue - nuevamente- su sorpresa cuando vio que toda la parte privada del Sexto templo estaba en peores condiciones que las del Primero… lo cual, si lo pensaba era bastante lógico, después de todo una Exclamación de Atena no era cualquier cosa, ya no se diga el choque de dos.

"Lo siento" dijo suavemente Mu

"¿Por qué te disculpas?" Preguntó sinceramente el budista

Mu señaló las ruinas a su alrededor. "Yo fui parte de la causa que llevó a la destrucción del Templo de Virgo"

"No fuiste el único"

"Aún así"

"He estado pasando momentos agradables con Leo y Escoprio últimamente, aún así ninguno se ha disculpado ¿por qué tu sí? Después de todo, cuando la destrucción tuvo lugar yo ya estaba muerto"

"Debo asumir la responsabilidad por mis acciones, las cuales llevaron a la destrucción del templo que tú custodias, caballero"

"Tus acciones ciertamente contribuyeron a la destrucción de la Casa de Virgo, tanto como las mías generaron junto con Géminis un daño considerable al Cuarto Templo y sin embargo no creo que sea necesario disculparme con Cáncer"

Mu suspiró, sabía que había muchas respuestas a esa declaración, pero exhausto como estaba no encontraba ninguna.

"Tal vez. Aún así ni tú eres Máscara de la Muerte ni yo soy alguien más que yo mismo. Para mí Mu de Aries, es importante expresar mi pesar y asumir mi responsabilidad en algo que me causa aflicción; para tí Shaka de Virgo, es tu decisión aceptarlo o rechazarlo como mejor te parezca"

Shaka consideró por algunos momentos las palabras de su compañero, encontrando solidez y equilibrio en ellas.

"Comprendo y… acepto tu disculpa"

Mu sonrió. "Cuando creas necesario, será un placer ayudarte a reconstruir y ordenar tus estancias privadas"

Shaka miró atentamente al otro rubio, pues claramente la oferta de Mu ya no había sido por culpa, sino lo que Virgo intuyó era camaradería. Curioso comportamiento el de Aries… alentadoramente curioso… pensó para sí.

"Pese a todo, parece que te has adaptado bien" comentó Mu cuando vio cómo Shaka, pese a toda la destrucción a su alrededor, encontraba todo lo necesario para preparar un delicioso té negro con especias típico de la India, el cual cuando estuvo listo, en lo que fue un momento de amistoso y agradable silencio entre ambos, le ofreció al lemuriano.

La mano de Mu tembló ligeramente cuando tomó la taza de té, lo que llevó a Shaka a fruncir el ceño nuevamente y a mirar otra vez los brazos vendados de Aries.

"Y dime caballero ¿cuántas armaduras has reparado ya?" Preguntó sagazmente Virgo.

La pregunta tomó por sorpresa a Mu, quien no había sido consiente de su momento de debilidad "Con la armadura de Virgo serán seis doradas, también algunas de plata y un par de bronce"

Shaka asintió y nuevamente un cómodo silencio rodeó a los dos caballeros dorados mientras tomaban el té. Tal era la paz que se podría sentir en la Sexta Casa, aún rodeados de escombros y destrucción, que Mu muy pronto comenzó a desvanecerse.

Shaka inmediatamente tomó por los brazos a su compañero antes que éste se desplomara en el suelo, pero con consternación vio que donde había sujetado al otro rubio éste había comenzado a sangrar… abundantemente.

Sin pensarlo dos veces el budista ayudó a un desfallecido Mu a sentarse en el suelo, tras lo cual comenzó a deshacer los vendajes de sus brazos.

"No… para.. no sigas" susurró Aries nuevamente, volviendo en sí y tratando de alejarse de Virgo.

"Claramente estás herido"

"No es nada, lo resolveré en Aries"

"No puedo dejar que te retires en ese estado, no sería propio por mi parte."

"Me apena que hayas presenciado este momento de debilidad, caballero, pero te aseguro que no es nada de lo que no esté acostumbrado a resolver por mi cuenta"

Shaka miró a Mu directamente a los ojos, y Mu no pudo sino quedar impactado por el gran poder, sabiduría y calidez que en ellos encontró reflejados.

"No sabía que tus ojos cambian de color… hace un momento eran verdes y ahora son profundamente azules… nunca había visto algo así" dijo Shaka inesperadamente, cambiando completamente el tema y mostrando esa curiosidad por lo que se estaba caracterizando últimamente cuando estaba con Aiolia y Milo, lo cual le llevó a acercarse más a Mu para observarlo como si estuviera frente a un gran descubrimiento.

Pese a todo, Mu rió.

"Mi maestro también se sorprendió la primera vez que lo notó. La verdad es que yo no soy muy consciente de eso y son pocas las personas que lo advierten." El tono de Mu era entre risueño y melancólicamente solitario.

"Yo no sé de qué color son mis ojos" dijo quedamente Shaka, entendiendo súbitamente la melancolía de su compañero.

"Turquesa" respondió Mu recargando cansadamente su cabeza en la pared "Tus ojos son color turquesa, a veces con destellos dorados"

"¿Por qué no quieres que atienda tus heridas?" Preguntó Virgo después de un momento silencio.

"No es necesario"

"¡Shaka! Con tu permiso, voy a entrar" la voz, un tanto alarmada, de Dokho interrumpió la conversación de los dos rubios y segundos después, el caballero de Libra se encontraba en la ruinosa parte privada del Sexto Templo, mirando la escena que tenía ante sí.

"Mu" dijo quedamente el chino arrodillándose junto al lemuriano y notando su alarmante palidez "Maldición pequeño, ¿desde cuándo eres tan imprudente?"

Shaka, discretamente se levantó y observó la escena en silencio.

"Antiguo maestro, yo…"

"Cuando me dijiste que la armadura de Libra ya estaba lista me sorprendí bastante, pues ni tú ni Shion me pidieron que derramara mi sangre sobre ella e intranquilo fui a hablar con Shion al respecto, pues no creí sano para ustedes que estuvieran reparando las armaduras con su propia sangre, especialmente tú que, como el resto de nosotros, aún no te recuperas del todo tras el Muro de los Lamentos.

Te imaginarás mi consternación cuando Shion me comentó que él no había reparado ninguna armadura. Así que sólo tuve que atar cabos para comprender que todo el trabajo ha recaído en tí y por lo que sé, ya son varias las armaduras doradas que restauras… las estrellas sabrán cuántas más de plata y bronce

Y justo cuando pensaba hablar seriamente contigo, sentí tu cosmos debilitado colapsar por un segundo… tan rápido que si no te hubiera estado buscando, no lo hubiera sentido

¡¿En qué estabas pensando?! Si Shion se entera…"

"¡No! El Patriarca no puede enterarse, ya bastantes preocupaciones tiene para sumar lo que bien comentas es una imprudencia por mi parte" Mu trató de levantarse, pero se sintió mareado, aún así poco a poco se puso de pie.

"Mu, necesitas descansar"

"Lo sé y creo que es eso mismo lo que haré. Si me disculpan, me retiro a Aries"

Pero Mu no dio ni dos pasos cuando sus piernas no pudieron sostenerlo y nuevamente se desvaneció por unos instantes. Esta vez fue Dokho quien lo sostuvo para luego, lentamente sentarlo en el piso.

Cuando Libra vio que los brazos del rubio estaban sangrando nuevamente, maldijo fuertemente en chino - lo que Shaka entendió perfectamente.

Sin perder un segundo, el guardián del Séptimo Templo comenzó a deshacer los vendajes de los brazos del lemuriano, y aunque Mu ya había débilmente vuelto en sí, no dijo nada para sorpresa del indio.

Al contrario, Mu sólo miraba cómo sus brazos poco a poco quedaban al descubierto, dejando a la vista tremendas cicatrices con varios grados de antigüedad, además de cinco heridas profundas que eran las que sangraban.

Súbitamente consciente de su audiencia, Mu miró alarmado a Virgo, quien se limitaba a observar todo sin expresión alguna.

"La técnica de la reparación de armaduras es un secreto que en esta época sólo Shion y Mu conocen" dijo suavemente Dokho, y su voz generó una calma en el ambiente que ambos rubios agradecieron profundamente "pero algo que es sabido por algunos es que se necesita importantes cantidades de sangre para que las armaduras severamente dañadas e incluso muertas vuelvan a la vida.

Sin embargo, no todas las armaduras que llegan a manos de los artesanos de Jamir cuentan con caballeros que puedan dar su sangre y es la misma sangre de los reparadores la que las trae nuevamente a la vida.

Por ello, en varias ocasiones, los artesanos de las armaduras tienen que cortarse y sangrar constantemente."

Shaka miró a Mu sorprendido, pues aunque él ya sabía el precio de sangre a pagar, nunca pensó que en más de una ocasión el que acababa pagando con su sangre era el mismo artesano.

Eso explicaba por qué cuando no tenía la armadura puesta, Mu siempre tuviera sus brazos vendados… otro de los tantos secretos del alquimista caballero de Aries.

Mientras Dokho explicaba la situación para entendimiento de Shaka y tranquilidad de Mu, éste último había dejado de mirar a Virgo y había centrado su atención en las acciones de Dokho, quien suavemente atendía las heridas del menor con el agua y las telas que Shaka había sacado de sólo las estrellas sabían de dónde.

Dokho suspiró en el momento que sintió que Mu perdía el conocimiento, demasiado agotado y debilitado para seguir resistiéndose, y no dejó de curar sus heridas hasta que éstas estuvieron nuevamente cubiertas por vendajes.

"Sabes mucho de los caballeros de Aries" dijo suavemente Shaka, cuando también percibió que Mu ya no estaba consciente.

"No es de extrañar. Shion ha sido mi mejor amigo desde hace mucho tiempo y por mucho que él haya querido guardar sus secretos, una amistad como la nuestra tarde o temprano acaba por revelar algunos. Lo mismo puede decirse de algunos de mis secretos, supongo…

En cuanto a Mu, él es muy querido para mí, desde aquella primera vez que lo conocí en Rozán cuando él sólo era un niño, y durante todo el tiempo en que lo vi crecer y convertirse en el caballero que es ahora."

Shaka escuchó fascinado las palabras de Dokho y pudo sentir cómo el eco de un sueño comenzaba a presentarse en su mente… una amistad tan profunda que se definía por sí misma…

"Él no me permitió retirar los vendajes de sus brazos para ayudarlo" susurró el rubio.

"No, Mu es muy reservado al respecto. Pero el que haya accedido a que yo lo hiciera frente a tí demuestra que te tiene aprecio."

"Aunque nunca esperé que un caballero como él guardara un secreto como ese, yo le tengo en muy alta estima y me gustaría llegar a conocerlo mejor" admitió Virgo.

Dokho sonrió tiernamente. "Entonces no esperes más, estoy seguro que él estará feliz de poder llamarte amigo"

"¿Por qué?" Preguntó Shaka curioso

"Eso es algo que tendrás que descubrir por tí mismo pequeño.

Por ahora creo que es mejor que Mu descanse tranquilamente, pero lamentablemente la parte privada del Primer Templo no está en mejores condiciones que tus estancias privadas, además que no quiero alarmar a Kiki, eso sólo afligiría a Mu.

Tampoco quiero alarmar a Shion y el resto de nuestros compañeros tienen sus propios problemas de los que preocuparse, por lo que será mejor que me lleve a Mu a Libra."

"Puedes contar con mi discreción Dokho"

"Ya la daba por hecho" dijo el chino sonriente.

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Tres días fueron los que Mu pasó en el Templo de Libra, mientras que Dokho veía por él.

Durante ese tiempo el lemuriano meditó profundamente los acontecimientos que le habían llevado a perder el conocimiento en el templo de Virgo.

Cierto era que estaba acostumbrado a perder grandes cantidades de sangre para reparar las armaduras, y que en varias ocaciones esto le había llevado al agotamiento, pero nunca lo había hecho cuando él mismo se encontraba debilitado por un combate… al menos no desde que había reparado la armadura de Leo hacía casi una década atrás y en ese entonces Aldebarán había estado ahí para ayudarle [4]

De pronto, Mu sintió una tristeza particular por la ausencia de su amigo, pues el Caballero de Tauro prácticamente había abandonado las Doce Casas y se había establecido en Rodorio con el pretexto de ayudar al pueblo a recuperarse de los daños colaterales de la guerra contra Hades.

Poco a poco Mu se dio cuenta de lo que había pasado, de la cantidad de sangre y energía que había utilizado irresponsablemente para reparar más armaduras de las que su estado le permitía, de cómo su imprudencia le había llevado a cometer un error que podría haber sido fatal.

Eso no era propio de él… ese sentimiento de abatimiento y desesperación que le habían llevado a actuar tan irreflexivamente era producto del profundo desconcierto que había tenido al volver a la vida tan abruptamente, y haberse visto enfrentado con sus inseguridades del pasado.

Pero gracias a Dokho y a Shaka las cosas no llegaron a ser lo peor y Mu tuvo tiempo de reaccionar.

"Veo que te sientes mejor y ya no te encuentras tan pálido" dijo Dokho entrando a la habitación que le había cedido a Aries.

"Siento las molestias causadas. Te agradezco inmensamente tu ayuda y cuidados, así como tu consideración, como siempre."

"No fue ninguna molestia y lo sabes, pero Mu, en verdad me preocupa esta situación." Dijo el chino sentándose junto a Mu.

"Antiguo Maestro, he tenido tiempo para pensar y créeme, comprendo que mis acciones fueron irresponsables. La verdad es que no pensé que el tener una nueva oportunidad de vivir fuera tan difícil y por ello, al no darme cuenta de lo que sentía, permití que la angustia y el miedo me hicieran dudar incluso de mí mismo.

Y después de que esa duda se arraigara en mí fue tan fácil comenzar a descender por el camino del dolor y la desesperanza…"

Dokho lo miraba en silencio, sopesando las palabras de su compañero. "¿Y ahora qué vas a hacer?" Dijo finalmente

"Voy a buscar respuestas a las muchas preguntas que tengo, acerca de mí mismo y de esta nueva vida… también seguiré con mis obligaciones, como caballero de Aries y artesano de Jamir, pero de manera sensata.

No pondré en peligro mi vida por negligencia o necedad y cuidaré de no lastimar a quienes quiero… Me horroriza que Kiki o mi maestro Shion pudieran haber sufrido por mi impertinencia"

"Sabes que si necesitas algo, no tienes más que decírmelo y te ayudaré con todo lo que esté en mis posibilidades para hacerlo. Te repito hoy lo que te dije hace ya más de trece años cuando llegaste por primera vez a Rozan: no estás solo, en mí tienes más que a un aliado. Eso no ha cambiado, ni cambiará. Nunca lo olvides"

Mu asintió conmovido.

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Habían pasado tres días desde que Shaka había presenciado el secreto que se escondía tras los vendajes de Mu de Aries, y firme a su promesa a Dokho, el indio había guardado silencio con respecto a las heridas del lemuriano.

Pero Shaka no había querido dejar de pensar en todo el asunto, pues era algo desconocido para él, y mientras más pensaba, más respeto y fascinación sentía por Mu y más tenía la intención de llegar a conocer a profundidad a ese poderoso caballero que en varias ocasiones había demostrado ser una aliado confiable y resuleto durante las batallas.

Así pues, la tarde del tercer día, cuando Virgo bajó del Templo Central tras reportarle al Patriarca el resultado de sus observaciones de los últimos días en los campos de cultivo [5], Dokho le estaba esperando en el Templo de Libra.

"Buena tarde caballero" saludó calladamente el rubio.

"Buena tarde en verdad, si bien un tanto solitaria… pues aunque Mu es silencioso, su ausencia se reciente inmediatamente. Lo mismo sucedía cuando regresaba a Jamir después de una breve visita en Rozán" dijo Dokho casualmente.

"¿Mu ha regresado a Aries?"

"Efectivamente"

Dokho sonrió complacido al ver alejarse a un muy pensativo Virgo. Desde su particular punto de vista, el chino pensaba que si Mu y Shaka se sentaban a conversar, descubrirían que ambos tenían muchas más cosas en común de las que podían siquiera imaginar.

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Esa misma noche, para sorpresa de Mu, Shaka lo buscó en a la Primera Casa.

Kiki estaba agotado por el entrenamiento, y luego de una fugaz cena, se había quedado dormido plácidamente escuchando la voz de su maestro contarle una historia de la mitología griega, por lo que el caballero de Aries se encontraba contemplando en silencio el cielo estrellado, bajo una luna menguante cuando sintió la presencia de Virgo.

"Buena noche caballero"

Shaka asintió con un leve movimiento de cabeza. "Se que el Templo de Aries aún debe de ser reparado, pero me preguntaba si tienes posibilidad de calentar agua para preparar té" dijo Virgo impasible, pues la verdad era que toda esa situación de compañerismo y camaradería era nueva para él y no tenía ni idea de cómo comportarse, aún cuando había ya dado un considerable primer paso acercándose a Aiolia y a Milo.

"Claro, pasa" dijo Mu educadamente aunque bastante sorprendido, e incluso sintió la situación un tanto extraña, pues era la segunda vez en menos de una semana que el siempre reservado caballero de Virgo le ofrecía tomar una taza de té.

Y aún sabiendo que Shaka ya estaba fraternizando con Milo y Aiolia, Mu no podía más que preguntarse qué había llevado all guardián del Sexto Templo a mostrar cierta camaradería hacia con él, especialmente después de lo que había presenciado en la casa de Virgo.

La primera idea que cruzó en la mente de Aries fue que Shaka venía a preguntar por su armadura, cuya reparación había quedado pendiente por su inesperado desmayo. Pero si esa era la razón de Shaka para buscarlo en la Primera casa, Mu dudaba que el indio se molestara en querer tomar té con él. Así que todo eso era un misterio.

Una vez preparada la bebida, Mu invitó a Shaka a sentarse en la salida de Aries, donde tendrían una mayor privacidad y comodidad.

Mu cada vez se sentía más tranquilo, pues Shaka nunca miró sus brazos cubiertos por vendas de manera curiosa, horrorizada o desconfiada y mientras el tiempo pasaba, el otro rubio no parecía estar ahí por alguna razón oficial concerniente a la Orden Dorada o al Santuario.

Por un largo momento, ambos permanecieron en silencio, el cual, así como había sucedido en Virgo, nunca fue incómodo. De hecho, ambos estaban aliviados de que el silencio no pesara entre ellos, pues ninguno gustaba mucho de hablar más de lo estrictamente necesario.

"Quiero agradecerte por tu ayuda el otro día en tu Templo" dijo finalmente Mu, de manera tan suave, que no fue para nada intrusivo.

Shaka iba a responder que no había nada que agradecer, pero recordó la conversación que él y Mu habían tenido antes de que éste se desvaneciera sú el lemuriano no decía nada que no sintiera o pensara y si lo externaba en palabras era porque para Aries el asunto era importante, no trivial.

"Fue un placer" dijo finalmente Shaka "Y… ten por seguro que tu secreto está a salvo conmigo"

"Por alguna razón, nunca lo dudé"

Shaka asintió complacido. "Tampoco dudes que si alguna vez necesitas que te apoye, solamente tienes que decírmelo y ahí estaré"

Mu no dijo nada, solamente asintió con una tierna sonrisa en su rostro, tras lo cual dirigió su mirada al cielo estrellado. Shaka hizo lo mismo, con una leve sonrisa en sus labios y ambos caballeros disfrutaron la música de las estrellas en lo que más tarde recordarían como el principio de una hermosa y profunda amistad.

FIN

No se olviden de sus comentarios…

Por cierto, esta idea de que Mu se venda de esa forma los brazos porque tiene muchas cicatrices por cortase y usar su sangre para reparar armaduras ya la había mencionado en algún momento en alguna de mis otras historias - creo que fue en el Primer Paso -

No me acuerdo exactamente dónde lo leí, pero es una idea que circula por ahí, no es idea mía, pero me llama mucho la atención y me parece absolutamente probable.

[1]. Vale, esto muy canónico no es, pero suena lógico ¿no? Si Kurumada-sensei dio a entender que la energía acumulada del Sol de las armaduras se usó para potencializar el ataque de los Dorados, pues pobres armaduras… se les acabó su energía y su reserva… y antes de que pudieran recargarse, otra vez las usan… varias veces si consideramos a Soul of Gold…

[2] No tampoco es canónico… es licencia artística ;)

[3] Sí, esa será la versión utilizada aquí: posesión por parte de Ares. No hay lemures, diosas Ker o trastornos bipolares esquisofrénicos, sólo una simple y sencillita posesión.

[4] Mención a lo ocurrido en Episode G - no, no es canon, pero es interesante y me encantó esa parte.

[5] Si quieren saber qué tiene que ver Shaka de Virgo con los campos de cultivo del Santuario, lean el capítulo IV: De tubérculos siniestros y rocas inquietas de mi historia Entre Caballeros Dorados y de Bronce ;)