¡Hola! Aquí vamos con un nuevo fanfiction. He estado ocupada con mi libro, es mucha planeación y he estado estresada.
No planeaba hacer esto, pero el final de Shingeki no Kyojin me dejó destrozada y quería descargarme en una historia. No se supone que escriba esto, pero se siente personal para mí porque estoy atravesando por una dificultad con un familiar (Pandemia) y me sentí identificada con el propio duelo de Mikasa. Quería escribir porque es mi manera de afrontar mis problemas, escribir me hace sentir libre.
Espero que sea lo mismo para muchos *Lo escribe entre lágrimas* Realmente esperó que cuando termines esta historia sientas que un mensaje esperanzador, porque ahora mismo no lo es y trata temas fuertes como la depresión, dismorfia corporal, la perdida, entre otros.
Sobra decir que los personajes no me pertenecen.
Capítulo 1: Apuntando a mi dolor más profundo.
Querido Armin:
Shiganshina está creciendo. Construyeron un nuevo edificio y las casas se están expandiendo más allá de las murallas caídas, se creó una avenida y la gente está ayudando a la expansión. Sí estuvieras aquí podríamos recorrer las calles, como cuando éramos niños.
El alcalde ha hablado sobre convertir a la ciudad en una gran metrópolis, quieren perseguir la modernidad.
¿No es una sorpresa que todos sigan adelante?
No he salido…
Mikasa observó la carta por quinta vez. Las paredes de su habitación la están consumiendo y la bufanda le aprieta en el cuello, el bolígrafo se presionó en el papel dejando una mancha de tinta negra, y tuvo que desecharlo.
Por más que se esforzará por escribirle a Armin no podía, es como si sus sentimientos estuvieran bloqueados por una fuerza y no supiera ordenar sus pensamientos, ¿Debería estar enojada por no saber ordenar las palabras en una simple carta?
Levantó la vista y se acerca a la ventana, sus pies descalzos lamen la madera cálida por los rayos del sol y el dorado lastima sus ojos, pero puede ocuparse de algo más que su mente inquieta. El cielo es una mezcla de azul y blanco por las nubes espesas, las colinas verdes resaltan en la lejanía, las construcciones son una mezcla de piedra y adobe, con sus calles empedradas y las plazas con las fuentes, la gente se desplazan en una masa. Ha cambiado tanto.
Ella piensa que es hermoso, pero sí veía en la profundidad allí está la vieja destrucción, las secuelas de la guerra, los escombros de los muros están dispersos por el terreno y hay dolor en los ojos de las personas por perder a sus seres queridos.
¿Las personas se podían levantar después de la muerte?
―¿Qué pensarías, Eren?―susurra.
Nadie le responde.
Mikasa acaricia la bufanda, la lana está desgastada y algunos puntos se están corriendo por los años en que peleó por la humanidad, que le costó a la única persona que llegó a amar. Sus dedos son callosos y las cicatrices cortan sus palmas, en ocasiones le duelen las articulaciones y los calambres llegan al igual que las olas en el océano.
Se pregunta que parte de su cuerpo se llevará el paso del tiempo. Ha descuidado su cuerpo, dejó de hacer ejercicio cuando abandonó la milicia después de la muerte de Eren y se asentó en Shiganshina en una pequeña casa que le perteneció a una familia, y vivía del sueldo de un soldado retirado.
Mikasa se eliminó de la historia de un chico consumido por la venganza, un grupo de jóvenes que luchaban por un ideal y los titanes que desgarraban la tierra, no quería tener nada que ver con las guerras, con la muerte, el secretismo y la política, pero ¿Quién es fuera de eso?
¿La obligarían a irse de Paradis sí se enterarán de que mató a Eren? Una parte de sí le da las gracias a Armin por adjudicarse su crimen, porque le concedió el anonimato y el tiempo que necesitaba, porque no puede imaginar vivir en otro lugar. Aquí están sus mejores y peores memorias, pero Armin se fue junto con sus amigos, sus leales compañeros.
Un par de niños corren por la calle, sus sonrisas se extienden en sus rostros y persiguen a un cachorro con un grueso collar azul, el pelaje negro resplandece en un destello marino y salta por el cemento de las veredas. El tiempo retrocede y se ve a sí misma buscando la diversión con Eren, preocupada por su imprudencia y a Armin sonriendo con dulzura y recordó el color azul de sus ojos, demasiado sabio para su edad.
Ella es la niña que se preocupaba por conseguir un trozo de pie de manzana, hasta que perdió a sus padres. La que se cargaba con un propósito entre sus manos: Protegería a Eren, el que la salvó y cuando el mundo le quitó su nueva realidad, lo siguió al ejército.
Eren quería destruir a los titanes. Mikasa quería protegerlo a él.
Se fortaleció, se convirtió en la mejor y creyó en sus palabras, porque sí Eren la había salvado, podría hacerlo con la humanidad, esa es la clase de persona que era, pero no tenía idea que su camino lo llegaría a la muerte.
¿Por qué tuvo que ser así?, ¿Por qué la dejó?
Su cabello creció a la altura de sus hombros, las puntas se abren en distintas direcciones y observa los cambios en su cuerpo, pero la secuelas del ejercicio continúan allí, sus hombros anchos, los músculos de sus brazos saltan a la vista y su estómago plano está endurecido. No había nada atractivo.
Ella no tiene una cintura esbelta ni unas caderas exuberante, sus pechos son pequeños y se asemeja a una tabla, no tiene forma. Su cuerpo tiene cicatrices y huesos mal reparados, y una cadena de carne se mueve en su mejilla izquierda.
Tal vez por eso Eren no la había querido.
Mikasa se dejó caer en la cama y juntó sus manos en su regazo, como una señal de protección. Acarició la marca que la identificaba como una Azumabito, la herencia de su madre y pensó en su promesa, pero ya no podía cumplirlo. No hay una persona que ame más que a Eren, no existiría nadie igual.
Ha pasado un año desde la muerte de Eren Jaeger y Mikasa se acuesta con los ojos llorosos, oliendo la bufanda.
No sale en una semana, se encierra en su habitación y baja las escaleras para preparar su comida, y vuelve a la rutina.
Piensa en sus años como adolescente en la tropa de reclutas del ciclo N°104 cuando estaba rodeada por nuevos rostros, se preocupaba por las tareas y los ejercicios, y aunque vio las peores partes del mundo, Mikasa estaba acompañada.
La casa es silenciosa, el sepulcro de lo que solía ser. Mikasa removió las fotografías y las vestimentas polvosas de la familia muerta durante el ataque del titán a la ciudad, en que perdieron a Carla.
La casa tiene dos habitaciones, supuso que la más pequeña perteneció a una niña por el rosa de las paredes y el techo estaba aplastado por un palo, por lo que hizo las reparaciones por tres semanas.
Se pregunta sí la familia estará enojada porque usurpó su casa y la dejó sin identidad, pero Mikasa sabe que los fantasmas no existen y no hay forma en que le reclamen. A veces la asustaba que el lugar fuera un reflejo de su alma, que se estuviera dejando morir, pero se siente como una causa perdida.
Mikasa sueña todos los días con Eren, con el escenario final en que tomó la decisión de acabar con su vida, ¿La humanidad o Eren?, ¿Su deber o el amor?
Siempre te he odiado, Mikasa.
Lamentó su última conversación. Tenía ganas de correr y confesar la verdad, decirle que lo amaba y no quería asesinarlo, quería gritarle por obligarla a levantar su espada cuando se suponía que tenían a salvar a Paradis, que entregarían su corazón por la humanidad y que los villanos eran las bestias que devastaban ciudades, que dejaban a niños huérfanos y ciudades reducidas a cenizas, no él. De todos Eren era el mejor.
¿Por qué tuvo que cambiar para convertirse en un genocida, en el terror del resto del mundo?, ¿Por qué la lastimó con sus palabras la última vez que la vio?, ¿Por qué les garantizó una vida larga a sus amigos, perdiendo la suya en el proceso?
No se suponía debía acabar así, tenían que ser felices en una cabaña y Mikasa se sentiría feliz con las cosas insignificantes como cortar la leña, prepararse para el invierno, o sentarse en el porche y escuchar a los pájaros por las mañanas, pero la traicionó y la dejó para que enfrente a un mundo sin él.
Olvídate de mí.
¿Cómo podía pedirle eso si la conocía bien?
Mikasa reflexionó en la forma en que el amor la hizo fuerte y débil, en como se influyó en su narrativa e incluso cuando él la apartó quería abrazarlo, besar sus dolores y devolverlo a su verdadero yo, el chico que le dio una nueva familia cuando estaba sola.
Los días están destacados por su incapacidad para abandonar la casa, que no desea llamar hogar y cuando visita la tumba de Eren no puede llorar como corresponde, como lo haría una amiga, una compañía e incluso una amante que no llegó a ser, sino que observa la lapida con incredulidad, como si esperará que le dijeran que es mentira y Eren la sorprendería apareciendo detrás del árbol.
Un día sube la colina y le parece que Eren la está mirando en la cima, su cabello negro volaba en el viento y los ojos verdes se mezclan con las hojas, le está sonriendo con sus mejillas llenas y sonrojadas, como un niño inocente. Por un minuto se detuvo y sus sentimientos se deslizaron hacia él, como un imán y una sonrisa apareció en su rostro, ignorando sus ojos con lágrimas, sin embargo, no hay nada más que una tumba hecha de piedra.
¿Está alucinando?
Mikasa vuelve a su casa corriendo con el corazón acelerado y los músculos en sus piernas la quemaron por la velocidad.
No tuvo tiempo para darse cuenta cuando agarró un papel y sus dedos se movieron en una carta.
Querido Armin:
Sería más sencillo sí estuvieras aquí, ¿Por qué te fuiste?, ¿Por qué te llevaste lo único que me quedaba? Armin, eres mi único amigo.
¿Soy tan fácil de dejar que elegiste un propósito por encima de mi compañía, justo como él?
Vi a Eren, estaba en su tumba, se elevó desde mis sueños y me sonrió. El mundo se llenó de colores y sentí que iba a volar, pero no tiene sentido, yo estoy viva, él está muerto, pero no puedo dejar que verlo en todas partes... Eren está más vivo que yo.
Le hubiera encantado la casa, lo sé. Disfrutaría de la nueva Shiganshina. Eren no me dejaría, como todos los demás.
Extrañó tanto a Sasha que me duele el corazón cuando estoy comiendo, ¿eso es imposible? En ocasiones deseo interponerme entre ella y esa bala para que muera en su lugar, porque tenía un futuro más brillante, mucho más de lo que puedo aspirar. Ojalá hubiera estado allí.
Todavía no creo que Eren se hubiera ido. Él sigue presente, escuchó su voz cuando caminó por la calle, hace comentarios ingeniosos, me he sentado en la sala y por unos minutos creo que golpeará la puerta, que vendrá a casa después de una jornada y me sentiré feliz, al igual que una esposa dedicada y servicial, pero no es verdad. Nunca regresará y no soy esa persona.
¿Soy egoísta al querer retenerlo después de todo lo hizo?, ¿Después de que asesinará a muchas personas, y destruyera el mundo en nombre de un futuro que no tenemos asegurado?, ¿Estoy maquillando su imagen para mi beneficio?
¿Quién soy sin la guerra?, ¿En que me convertiré sin Eren Jaeger?
Armin, yo…
Dejó la carta, porque ya no podía más y las lágrimas se deslizan por sus mejillas, en un río de angustia y desesperación.
Mira a su alrededor, la casa está sola y no hay nadie que la abrace. No hay consuelo.
Mikasa se sienta en la base de la escalera y abraza sus rodillas durante horas, sus lágrimas humedecen sus pantalones y la madera, su garganta le duele por los sollozos y los espasmos la convierten en un ser taciturno, una versión dolida y triste.
Sus padres sabrían que decirle. Sasha le estaría sonriendo y ofreciendo un trozo de carne para saciar su dolor. Eren ajustaría la bufanda y sus ojos le recordarían a las cosas bonitas, su corazón restaurado.
¿Existe un futuro en que este libre de las cargas?, ¿Hay una vida en que no este destrozada por el asesinato?, ¿Eren puede proporcionarle una vida en que no tendría que matarlo? Pudieron ser felices huyendo e importándoles un carajo el resto del mundo.
No se da cuenta de que es de noche, hasta que la casa se vuelve oscura y fría, pero no le interesa y se queda dormida en la base de las escaleras.
Al año y dos meses se atreve a visitar a Levi, que está viviendo con Gabi y Falco. Su viejo corporal está en sillas de ruedas, su rostro destruido por las cicatrices y se dedica a la fabricación de té, su tienda es pequeña, luminosa y huele a productos de limpieza.
Mikasa pasa dos semanas en la que es regañada por Levi, que pincha sus costillas con tanta fuerza que cree que están rotas y la obliga a trabajar detrás de un mesón, atiende ancianos, parejas y familias enteras.
Descubre que Gabi y Falco son una buena compañía, ya son unos adolescentes y cuando sus manos se tocan por accidente o se buscaban entre las multitudes, se ponían rojos e incomodos. Mikasa sonríe un par de veces, ya que huyen de la mirada del otro y se disculpan al mismo tiempo.
Desea ser como ellos, que el amor sea suficiente para olvidar la guerra. La envidia corre por sus venas cuando sus miradas se encuentran y tartamudean. Se repite que son niños que se involucraron en una trama que no entendían del todo, espera que su futuro sea brillante y puedan limpiar la sangre de sus manos, como ellos no pudieron.
Mikasa le da la bienvenida a la diversión de sus discusiones y por un tiempo abandona sus pensamientos, los recuerdos y su llanto disminuye a cuando está sola, cuando su cabeza besa la almohada o camina por la ciudad en construcción.
―¡No me quites a los clientes!
Gabi se plantó detrás de Falco, que atendía a un cliente con una sonrisa enorme y su voz se quebró al escuchar a la chica.
―No hables―le gruñó. Luego su voz se suavizo―. Ya tendrás tu oportunidad, Gabi.
Mikasa levantó una ceja―¿Qué es lo que pasa?
―Tienen una rivalidad―Levi apareció a su lado. Ella frunció el ceño y lo observó con sorpresa, ha conservado su sigilo, ya que no escuchó las ruedas raspando la madera―. Se pelean por quien tiene más ventas.
Ella los observó con curiosidad. Gabi seguía parada a centímetros de espalda de Falco, veía como contaba los billetes y preparaba el té elegancia y cuidado, su piel golpeaba el suelo contando los segundos y lo corregía cuando no lo necesita.
―¿Podrías dejar de hacer eso?
Gabi sonrió con malicia―¿Te molesta?
Mikasa se dio vuelta con una ceja levantada―¿No les dices nada?
Recordaba las peleas en el Escuadrón de Operaciones Especiales que dirigía Levi, los castigos y su poca paciencia, además de que su manía por golpear a Eren por múltiples razones. Levi nunca permitió esa clase de peleas en su presencia, ¿Qué había cambiado?
―Ayuda al negocio.
Por supuesto.
Mikasa rueda los ojos con los brazos cruzados.
Levi sigue siendo la misma persona, pero Mikasa se da cuenta de que hay una suavidad en sus ojos cuando mira a los adolescentes extranjeros, y los trata como un padre estricto.
Cuando llega el día de irse, Falco le regala una bolsa con hojas de té disecadas y un juego de tazas con un divertido diseño de patos con las plumas amarillas, que le agradece con un corto abrazo.
Lo que más la sorprendió fue su despedida con Levi, el hombre puso una mano en su brazo y la miró―Busca algo que hacer. Encuentra una razón.
Las palabras picaron en sus oídos por todo el camino de regreso, ¿Qué sabía sobre ella? Levi golpeaba y menospreciaba a Eren, no había mostrado interés por sus asuntos personales, Mikasa había pensado que no tenía sentimientos, que era una masa de músculos al servicio del ejército.
Pensó en su actitud después de la muerte de Erwin, ¿Sería posible?
No siente el peso de la soledad hasta que pisa Shiganshina y se encuentra con la casa tal cual la dejó.
Cenó con el estómago lleno por los panes que compró en el camino y se deshizo en la miseria cuando encendió una vela y se recostó en el sofá de la sala.
Se quedó dormida y soñó con su regreso a la tumba de Eren, solo que está vez la esperaba su familia, Sasha y Eren que le daba un cálido beso, más de lo que puede dar un cadáver, y Mikasa era una niña que se ríe, recogía flores y subía a los árboles para buscar las frutas. No hay dolor.
Encuentra una razón, la voz quemó en su mente. Encuentra una razón para vivir.
A la mañana siguiente golpean la puerta, pero ella no se atreve a levantarse, le duele el cuerpo por la mala posición y las fuerzas la han abandonado. Quiere volver al sueño, quiere ser esa niña.
―¡Carta de Krista Lenz para Mikasa Ackerman!
¿Qué?
Escucha como los pasos se alejan y la carta está incrustada el marco de la puerta principal, que Mikasa lee con incredulidad.
Querida Mikasa:
No has sido fácil de contactar. Te has alejado del mundo, de no ser por las noticias sobre tu paradero del Corporal Levi pensaría que huiste del país.
¿Cómo estás?
Que tonto de mi parte preguntarte algo así, cuando conozco el dolor que estás atravesando. De todas formas, esperó que estés bien, que encuentres la felicidad.
Te contacto por mi orfanato. Estoy planeando expandirme hacia los demás distritos, con las recientes guerras hay muchos niños abandonados que necesitan ayuda, una oportunidad para que sean ellos mismos y abrirse camino en la vida.
Mi siguiente paso es abrir un orfanato en Shiganshina, será pequeño, al menos hasta que podamos construir un establecimiento para darse alojo a la mayor cantidad de huérfanos que se nos permita y un grupo de trabajadores se han movilizado hasta la ciudad, a la espera de mis instrucciones.
No confió en nadie más que tú para la protección de los niños. A veces los cuidadores pueden ser…bruscos con los niños, además creía que te haría bien.
¿Lo considerarías? El salario es bueno, no involucra a los militares, no está relacionada con tu antigua vida.
Lo entenderé sí no asistes.
Con cariño, H.R.
PD: Lo siento por usar mi seudónimo. No quería que involucrarte en asuntos con la corona.
Mikasa revisa la siguiente página que contenía la dirección, una planificación y una copia de las llaves del orfanato.
¿Debería?
Encuentra una razón.
Nos vemos la próxima semana en la actualización.
