—Siento mucho haberte fallado, Sarah.
Clementine había regresado al lugar donde aquella niña había muerto, durante el accidente de la plataforma que cobró su vida miserablemente.
—Traté de enseñarte lo cruel que es el mundo, de las cosas horribles que hay aquí pero... fue imposible.
Clementine podía ver un par de anteojos ensangrentados y, restos de carne despedazada con ropa rota y sucia, manchada de lodo.
—Mira cómo te dejaron... lo único que queda de tí son tus anteojos. ¿Sabes, Sarah? Prometí cuidar de tí... pero nunca dejaste que te ayudaran. Estabas tan herida.
La joven chiquilla miró decepcionada al suelo.
—Me pregunto qué habría sido de tí, y de todas las cosas que pudiste haber hecho. ¿Acaso estabas esperando esto, Sarah? ¿Ya no querías continuar?
Clementine había empezado a olvidar el rostro de ésa niña.
—Solo me gustaría que supieras que no tienes la culpa. Son cosas que pasan hoy en día, y sólo te tocó ser la prueba irrefutable de ello. Sé que lo sentiste todo, sentiste cómo ellos desprendían tu carne, enterraban sus dientes y te cortaban, tajo a tajo...
Y entonces, entró en razón.
—Nadie tiene la culpa, Sarah... no... de hecho sí. Carlos nunca supo cuidarte. Él siempre trataba de echarle la culpa a los demás de sus errores, ése doctor mediocre que me dejó afuera para morir... ¿Qué tan estúpido tienes que ser para no saber diferenciar una mordida de un perro y un humano?
Clementine rió.
—Nadie lloró cuando se murió. La culpa de que estés muerta es de Carlos, ése imbécil... claro, no sabía cuidar a su hija, menos sabría cuidarse a sí mismo ése egoísta. Carlos te arrastró después de muerto... ¿Y tú...?
Había llegado a tocar ésa parte.
—No eras fuerte... sí, sentíamos pena por tí, no podías defenderte y dependías de todos... Jane casi se mata por tu culpa y ni hablar de cuando no fuiste buena para darme las gracias cuando te sacamos de los remolques. Te estabas... te estabas volviendo una carga, Sarah.
Ya no veía los restos con pena.
—¿Tal vez... las cosas habrían sido diferentes si te hubieran ilustrado a tiempo? No... no lo sé, y no lloraré por una Sarah que nunca fue y no existió. Tarde o temprano ibas a matar a alguien contigo, Sarah... lo siento, pero tal vez por algo terminaste aquí.
Clementine ahora hacía una mueca de asco.
—Entiendo la mentalidad de Carver y Jane... ahora lo entiendo todo. Perdón, Sarah... no puedo perder tiempo en enterarte... no puedo hacerlo, ya que tú no lo habrías hecho por mí. Si estás en algún lugar... espero estés mejor.
Ésa niña de gorra tomó la pala y, vió que la cabeza de Sarah, mordida, con carne faltante y sin ojos comenzaba a moverse. Sabía que era ella por la forma de su cabello...
Clementine alzó la pala dispuesta a darle un buen golpe.
—Adiós.
La pala descendió.
