Título: De fugitivas en torres, príncipes y otras maldiciones.
Personajes: Sonju, Música, Sleipnir, Legravalima, Lewis, Dragón Cuvitidala.
Línea de tiempo: AU; Medieval; Humanos.
Advertencias: Disclaimer Yakusoku no Neverland/The Promised Neverland; los personajes no me pertenecen, créditos a Kaiu Shirai y Posuka Demizu. Posible y demasiado OoC [Fuera de personajes]. AU [Universo alterno]. Situaciones dramáticas, vergonzosas, cómicas, románticas y dolorosas. Nada de lo ocurrido aquí tiene que ver con la serie original; todo es creado sin fines de lucro.
Clasificación: K
Categoría: Fantasía, Comedia, Romance.
Nota de autora: Esto es culpa de una maratón de Shrek
Summary: Música no dice nada por un rato. Sólo observa el agua correr, como embelesada. Sonju tal vez piensa que se ha perdido en lo bonito del paisaje. (Ella tal vez nunca ha imaginado ser capaz de ver cosas tan bonitas.)
—¿Que yo qué?
La voz de Sonju suena incrédula. De hecho, toda su expreso facial grita lo mismo: qué demonios acababa de escuchar.
Contrario a él, Legravalima recuesta el mentón sobre su mano perfectamente arreglada y sonríe con falsa dulzura hacia su hermanito menor. Desde su posición en lo alto de ese pedestal suyo y sobre ese trono tan jodidamente extravagante y tan lleno de joyas que hasta dañaba la vista, Sonju piensa que la palabra «reina del drama» va mejor como título para su hermana debido a esa costumbre suya de hacer todo de la manera más complicada posible para todo.
Es decir, lo estaba haciendo ahora mismo. Porque le encanta hacerle la vida imposible a su pobre hermano pequeño.
—Como acabas de escuchar, Sonju —su nombre incluso suena desagradable desde la boca de esa bruja déspota—. Vas a ir allá y traerme el tesoro de la leyenda. ¿No te sientes emocionado?
«¿De qué, de cumplir otro capricho tuyo? Ni de broma» quiere escupirle, pero antes que soltar sus palabras de odio, prefiere conservar su cuello. Así que inspira y vuelve a su rostro estoico.
—¿Y por qué no lo hace Lewis? —Inquiere, recordando que el trabajo que le están asignando no era exactamente para su posición de hermano menos favorito. Lewis estaba para ello—. Él se encarga de estos pedidos tuyos, generalmente.
—Él fue de cacería.
«Él escapó».
—Esta mañana partió junto con Bayon y otros lores hacia el sur.
«Sí, él definitivamente escapó».
—Así que, como eres el que sigue después de él, te toca hacer su trabajo.
«Malditos».
—Bien —escupe, resignándose. Legravalima sonríe contenta, tanto que le da asco, pero ya está hecho y decidido—. Voy a prepararme. ¿A dónde se supone que debo ir?
En cuanto ella agranda su desagradable mueca, de una manera aterradora, sabe que su destino no será exactamente un lugar bonito. Y se arrepiente de haber aceptado.
Ir a la guillotina hubiera hecho todo más simple.
—¿Puedes creerlo, Sleipnir? —Pregunta en voz alta, molesto, mientras observa a su alrededor, a las plantaciones de maíz, trigo y otras cosas—. Me mandan al otro lado del país, ¿y para qué? Para traer a algo o alguien que nadie sabe si sigue con vida. ¡Maldición!
Su fiel caballo resopla, como si estuviera igual de indignado que su amo. Sonju también bufa, acomodándose la capucha para ocultar su cabello rojo sangre, el único símbolo que lo delata como alguien de la familia real. No quiere que los ciudadanos se escandalicen al verlo, ya sea porque piensen que está haciendo una revisión o en busca de asesinar a alguien. Después de todo, desde los comienzos del imperio se habían llevado a cabo masacres dirigidas por los monarcas y su descendencia.
«Vaya fama tenemos» gruñe para sí mismo, estirando las riendas del animal para que se detenga junto a un pozo de agua.
Rellenando su cantimplora y dándole un descanso a su compañero cuadrúpedo, decide ir a una tienda a abastecerse de suministros para continuar con lo que parece un viaje interminable hasta quién sabe dónde. También pide un par de indicaciones a unos ancianos que seguramente no lo reconocerían debido a la edad, y consigue descubrir que aún falta mucho para que su suplicio acabe.
Aun así, no podía quejarse. La legendaria leyenda podía ser cierta y, una vez acabara esta cruzada, podría regresar a casa a seguir encargándose de sus propios asuntos. Claro que antes también iría en busca de Lewis y lo haría pagar por meterlo en este aprieto. Más tarde buscaría la manera de desaparecer de la mirada de su familia por completo.
—Cada día los odio más. —Masculla para sí mismo, y sube de vuelta a su caballo para comenzar a galopar hacia el bosque que se alza varios kilómetros más lejos.
El anochecer lo alcanza antes de que pueda cruzarlo y, gracias a pasar una noche entera allí, puede dar por hecho que las leyendas siempre tienen algo de verdad, aún cuando parezcan de lo más fantasiosas.
Lastimosamente para Sonju, las bestias mágicas de los cuentos que le contaba su cuidador eran más reales de lo que le hubiera gustado. De hecho, ni siquiera le gustaban, ni su forma, ni su sabor. Ningún monstruo de seis patas es comestible, eso es lo que se recuerda una vez decide salir del bosque en cuanto se ha cansado de cazar y estudiar a esas cosas que seguían queriendo comérselo a él.
Es en la cuarta mañana que descubre que se acaba de quedar sin flechas para cazar, cuando busca en el carcaj en su espalda y no logra agarrar una sola.
Sleipnir relincha a sus espaldas, advirtiéndole de otro intruso en su campo de visión. Sonju entonces no tiene de otra que usar su arco como arma y golpear a esa cosa, y luego rematarlo con un corte de su lanza.
—Bueno, supongo que tendré que hacer más flechas —declara en voz alta, observando su arco lleno de sangre y las fechas clavadas en los rostros de las bestias tiradas a su alrededor. El paisaje sangriento le saca una mueca de desagrado, así que va junto a su amigo y lo desata, para empezar a alejarse de ese lugar—. Espero que haya un río cerca.
Y por la gracia de algún dios, lo hay. En la mitad del bosque corre un río bastante bonito al que termina sumergiéndose más tiempo de lo planeado.
Luego de salir del horripilante lugar infestado de seres comehombres, pasa por una pradera llena de trigo, pero trigo no comestible como las plantaciones normales de los campesinos. Eso fue fácil de descubrir debido a que no había un solo pájaro que bajara a comer. También tuvo que ir por un acantilado y subir otra montaña rocosa. Pasar un por un paraje lleno de nieve y caminar por un puente colgante que parecía que se caería apenas pusiera un pie encima.
Sonju prefirió cortar un árbol gigante antes que usar ese maldito puente. Pero valió la pena y mantuvo su vida a salvo, desgraciadamente. Más tarde se dio cuenta de que bien pudo lanzarse al vacío y deshacerse del problema, pero ya era muy tarde.
En un parpadeo, ya se encontraba frente al páramo que lo llevaría a su destino final.
Atando a Sleipnir a un arbusto seco, claro que en un lugar seguro, se dirige solo hacia el muro de plantas espinosas que se alza en mitad de la nada, de ese desierto donde solo crecen cactus y arbustos que no tardan en morir. A pesar de ello, este muro a mitad de la nada tiene flores y espinas sanas, las cuales corta con facilidad.
Sólo que tarda varias horas porque las malditas plantas no se acaban.
—Haré que me las pagues, Legravalima —se queja, con cada corte que da y cada rosa roja, roja como su cabello, cae de entre las espinas que se supone que deben cuidarlas—. Agh... También mataré a Lewis. Maldito Lewis, me las pagarás por tener que hacer tu maldito trabajo.
Finalmente, corta la última capa, que ya no es más que un mural de rosas preciosas. Y se abre ante él un jardín de todo tipo de flores. Hay mariposas revoloteando y lo que parece un riachuelo dividiendo el lugar, y rodeando el centro de éste, donde todavía se mantiene en pie una torre de ladrillos grises y con enredaderas creciendo sobre él.
Sonju baja su cuchillo y da un paso al frente, pero justo al pisar la primera flor del campo, un fuerte golpe lo detiene. Una zarpa gigante se posa frente a él. Suelta un grito de espanto y vuelve a dar un paso hacia atrás. Es entonces que el dueño de esa gigantesca pata se muestra por completo, como um espejismo haciéndose realidad. Un enorme dragón alado rodea la torre con recelo y lo mira a él con furia.
—¿Cuál es la razón para que vengas a buscar a mi niña bendita?
De repente, Sonju ve a un niño aparecer frente a él. Tiene una máscara, así que no puede ver su rostro ni la expresión que trae, por lo que no sabe si su pregunta la hace como advertencia para que se largue, o para asegurarse de sus intenciones y ver si lo dejaría pasar.
Sin embargo, ya había llegado hasta aquí.
—¿Niña bendita?
Ya había llegado hasta aquí y no podía creerse que lo que tenía que recoger era una maldita niña.«Legravalima, estás jodidamente enferma».
Aprieta los puños y forza en su rostro una sonrisa que finge ser condescendiente. Por dentro está ardiendo de furia y lo único que quiere es darse la vuelta, subir a su caballo e ir corriendo a casa para cortarle la cabeza a sus hermanos.
«Tantos problemas por una maldita niña».
—¿Vienes a robarla, acaso?
La voz del infante lo saca de sus pensamientos. Al verlo de nuevo, suelta un suspiro cansado.
Sabe que lo que tiene enfrente no es algo contra lo que podría pelear.
—Quiero llevármela, así es. —Suelta, tan sincero como puede permitirse. Por supuesto, omite la parte en la que se llevará a esta niña para que fuera el juguete personal de su déspota y tiránica hermana mayor.
El ser con forma infantil lo mira un par de segundos más.
—Está bien.
Sonju parpadea un par de veces.
—¿Está bien?
—Sí, está bien. Puedes llevártela tú.
Haciéndose a un lado, le da espacio al príncipe extranjero. Él, todavía dudoso, da un paso al frente y luego observa al dragón, que poco a poco vuelve a desaparecer frente a sus ojos, como si estuviera hecho de humo.
Cuando gira a ver de nuevo al niño, éste ya no se encuentra por ningún lado. Eso lo deja aliviado y espantado en partes iguales, pero decide no prestarle mucha atención e ir directamente en dirección a la única puerta de esa solitaria construcción. Pisa algunas flores, salta el riachuelo y agarra el oxidado pomo para girarlo y empujar la madera casi hecha pedazos, escuchando el espeluznante sonido de las bisagras que no habían sido aceitadas en muchos años.
Finalmente, cuando se encuentra adentro, sólo se topa con unas escaleras de caracol que van hacia arriba.
—Maldita sea... —gruñe, cansado, y se lleva una mano al rostro.
Con cada escalón que sube maldice a toda su familia, a todos los nobles, a todos los escritores de cuentos y a sí mismo también. A dios no porque posiblemente ese niño de allí era una deidad y quién sabe si se ofendía. Sonju quiere mantenerse con vida hasta llegar de vuelta a su país.
Finalmente, cuando está en el último escalón y ya puede ver la luz del sol por alguna maldita razón, siente que todo su esfuerzo por fin ha dado frutos.
Eso hasta que siente un fuerte golpe en la nuca y pierde la consciencia.
Con un pitido constante en los oídos y un horrible dolor en la nuca, junto con un sabor pastoso en la boca, termina por abrir los ojos aún en ese podrido mundo terrenal. Y, por supuesto, lo primero que hace es intentar recordar dónde diablos se encuentra y por qué no reconoce el techo de su habitación.
Luego de cinco segundos se da cuenta de que no reconoce el techo de su habitación porque esa no es su habitación.
Alarmado, se levanta de golpe del lugar en el cual está recostado, pero se marea totalmente y casi cae de nuevo. Se mantiene sentado por pura voluntad y hace lo posible por convencerse de que el rojo que ve en las orillas de su visión es solamente su cabello y no la sangre que se está escurriendo desde alguna herida mortal que le habrán hecho mientras tenía los ojos cerrados.
Tomándose un poco de tiempo para estabilizarse y estar seguro de que no tiene heridas que le llevarán a la muerte, observa mejor a su alrededor.
—Oh, veo que ya despertaste.
Entonces la ve. A ella. A la supuesta niña bendita y el objeto que desea su hermana a tal punto de no poder esperar al regreso de su más fiel compañero y terminar por usarlo a él como mensajero.
Y, de hecho, no está tan mal. La niña ni siquiera es una niña. Bueno, tal vez fuera poco más joven que él. Y tal vez también se ve como un hada y toda la cosa mágica. Hasta tenía esta aura mística de la cual suelen hablar los creyentes supersticiosos.
—Lamento lo del golpe —ella habla, sacándolo de sus atropellados pensamientos. Toma asiento a su lado, sobre la pequeña cama de una plaza, y tiene una bandeja con dos tazas de té sobre su regazo—. Creí que eras uno de esos ogros. Ya sabes, suelen ir en busca de comida, y su comida consiste en humanos y...
—¿Tú eres... la niña bendita? —no puede controlar su lengua y habla antes de pensar, pero ya no tiene vuelta atrás. Al menos, ella no le mira mal.
—Um... Digamos que sí —sonríe dulcemente. Sonju ni siquiera sabe qué cara poner, ni tiene ganas de devolverle la sonrisa—. Un gusto, mi nombre es Música.
Extiende su mano hacia él. El pelirrojo duda un segundo, pero después la estrecha con suavidad.
«Ella es pequeña».
—Sonju.
—Bueno, Sonju, te preparé algo de té —anuncia, extendiendo una de las tazas hacia él. El chico la acepta, todavía inseguro—. Te ayudará con el dolor de cabeza, te lo aseguro. Así que salud.
Ella también agarra su propia taza y se la bebe frente a él. Sonju decide hacer lo mismo, sintiendo el sabor dulzón que definitivamente no le gusta, pero el calor lo ayuda a relajarse. Lo toma todo rápidamente, esperando que no tuviera algún veneno de acción rápida. Tenía antídotos en las bolsas que dejó con Sleipnir, e ir hasta allá tomaría al menos cinco minutos. Eso si no sufría de algún ataque de ese dragón.
De repente, ella suelta un jadeo y él se espanta. La mira y la chica tiene una expresión de sorpresa y emoción mezcladas.
—¡Tus dientes!
Como si no conociera en lo más mínimo el concepto de «espacio personal», Música se acerca por completo a él. Sonju intenta retroceder pero su espalda choca contra una pared y, antes de poder hacer algo, tiene las manos de la chica estirando una de sus mejillas.
—¡Son puntiagudos! ¡Todos lo son! Como el de un depredador marino...
El pelirrojo se aparta de ella, poniéndose de pie rápidamente y tirando sin querer una de las tazas al suelo, rompiéndola.
Pero antes de preocuparse por la taza rota, tiene la incesante idea de salir corriendo de allí porque algo no se siente bien acerca de esa chica. No sabe si son sus ojos bonitos o su sonrisa encantadora, o la calidez que emite o cómo es que puede preparar un té que ya le ha quitado todo el dolor, pero definitivamente hay algo mal.
Hasta le cosquillea el estómago. Eso no es una buena señal.
Música se pone de pie también y Sonju levanta una mano, pidiéndole que no se acerque.
—Lo siento si te he asustado —habla la joven. Sus largas trenzas de color lila se mueven con cada pequeño paso que da hacia él—. No era mi intención, es sólo que yo... llevo tiempo sin ver a alguien. No reaccioné bien. Lamento haberte molestado.
Con cada paso que ella avanza, Sonju retrocede.
—No te tocaré más si así lo deseas.
Finalmente, Música se detiene. Él también lo hace, y ambos se quedan en completo silencio.
Eso hasta que ella suelta un pequeño suspiro.
—Bueno, Sonju, ¿cuál es la razón para que vinieras a este lugar tan desolado? —Aventura suavemente, pero a pesar del dulzor de su voz, la pregunta es directa y ella bien podría saber la respuesta aún si no se la dijera—. No creo que haya sido para conocerme, ¿verdad?
O de verdad no sabía la respuesta.
Bueno, nadie es perfecto.
Sonju se da cuenta de que está haciendo el ridículo al intentar evitar que una chica que rondaba el metro y medio le tocara. Literalmente había peleado antes con bestias que le triplicaban en tamaño y había ganado un par de batallas en la guerra, además de que desde pequeño había sido un cazador nato y casi no tenía miedo de nada, pero ahora... él solo había recorrido toda la habitación con la intención de evitar a esta señorita, y ahora estaba allí, parado como un idiota, de vuelta a un lado de la cama en la que despertó luego de que ella lo noqueara.
Lewis nunca debía descubrir que una chica lo había dejado inconsciente.
Música toma asiento en la silla que está junto a la mesa en medio del cuarto. Sonju decide caminar hasta allí, estando seguro al tener un mueble en medio de ambos.
—Yo... he venido a llevarte.
El rostro de la muchacha cambia de la calma a la completa confusión.
—¿A llevarme?
—Sí, tengo que llevarte a...
—¡¿En serio?! —Se pone de pie de golpe, tirando su silla al suelo. Sonju da un paso atrás, espantado—. ¿Me... sacarás de aquí? ¿Puedo irme de aquí?
—Um... No sé si quieras...
—Quiero irme. Vámonos cuanto antes. Oh, pero antes tengo que agarrar algunas cosas...
Por alguna razón, veinte minutos más tarde, Sonju está saliendo de la torre con la chica extraña a su lado, ella dando saltitos y sosteniendo un bolso donde lleva sólo unas pocas cosas. El muchacho sabe que dentro de esa cosa ni siquiera hay comida, y se preocupa un poco por el estado mental de la joven.
—Sígueme. —Ordena vagamente, dirigiéndose hacia la ruta que había abierto entre el muro de espinas que rodeaba ese oasis en medio de la nada.
Música le sigue con todo gusto, pero se detiene a agarrar una de las rosas que hay en mitad del túnel. Luego coree directamente hacia Sonju, quien ya ha salido y ha ido en busca de su caballo.
Al ver al animal, el rostro de la chica se ilumina.
—¿Cómo se llama? —pregunta, acercándose para acariciar el hocico del cuadrúpedo con todo cariño.
—Sleipnir —contesta Sonju, mientras revisa sus riendas y se asegura de que todas sus cosas se encuentren en su lugar. Al ver a su compañero estar contento con la atención de la muchacha, no puede evitar sonreír un poco—. Me ha acompañado todo el camino sin quejarse, es un buen caballo.
—Es muy lindo. —Afirma Música, sonriendo alegremente.
Sonju está a punto de decir algo más, pero niega rápidamente con la cabeza y borra su sonrisa.
—Sí, bueno... Súbete, es hora de irnos.
—Entonces... ¿No eres una sirena?
El pelirrojo rueda los ojos y deja la nueva y afilada flecha junto a las demás.
—No. No lo soy.
—Pero tus dientes...
—Es de familia —interrumpe, agarrando otra vara para empezar a afilarla. El fuego en medio de ambos los ayuda a mantenerse cálidos a pesar del frío de ese desierto desolado, y los chisporroteos son relajantes—. Todos dentro de mi familia tenemos los dientes así...
—Suena interesante. ¿Y qué tal? ¿Puedes comer normalmente? ¿No te cortas la lengua?
«Tal vez quiera cortarte la lengua a ti si no te callas» gruñe por dentro, poniendo un rostro molesto.
Sólo que, un segundo después, se imagina lo que tendría que hacer para poder cortarle la lengua a ella si usara sus dientes.
La imagen lo hace ponerse de pie de golpe.
—¿Sonju?
—Dame un momento.
Fingiendo estar tranquilo, se aleja de la luz del fuego hasta que Música lo pierde de vista. Ella se queda allí, junto a Sleipnir, esperando a que él regrese.
Lo hace, media hora después, junto con un par de liebres salvajes para cenar.
Sonju luego descubre que ella es vegetariana.
El viaje continúa luego de una noche de descanso. También le siguen otras noches incómodas donde Sonju apenas puede dormir debido a que Música se empeña en sentarse al lado suyo y dormirse en su hombro, alegando que así es más fácil mantener calor, y él no tiene manera de refutar eso así que la deja, y termina durmiendo apenas tres horas antes de tener que partir al salir el sol.
Al menos, no hubieron bestias que los molestaran en todo el trayecto que ya llevaban. Él agradecía infinitamente eso, porque casi no tenía fuerzas siquiera para cabalgar.
Entonces llegaron al bosque.
—No te separes de mí —avisa a la muchacha que camina a su lado. Sujeta mejor las riendas del caballo, quien se halla inquieto desde que pasaron por los primeros árboles—. Este lugar no es seguro.
Música, obedeciendo, prácticamente se pega a él. Pero literalmente. Lo abraza.
—¿No conoces el concepto de espacio personal? —pregunta, tan seriamente que sería imposible pensar que por dentro estaba gritando.
—Nunca oí hablar de eso —sincera como siempre, Música apenas se aparta un poquito para poder responderle—. Los libros de mi casa sólo hablan de cómo preparar medicina. Y nunca nadie me había visitado antes. Y él nunca me habló de tal cosa.
—Ya... ya veo. Sólo... apártate un poco —con cuidado, la empuja suavemente para que le suelte y crea un vacío de metro y medio entre ambos. En ningún momento la mira a los ojos, como si temiera hacer contacto visual—, necesitamos movernos y no se puede si me abrazas así.
—Entonces, ¿puedo subirme a tu...?
—No.
—Ok.
Y, como si nada ocurriera, ambos continúan caminando por el casi completamente silencioso bosque, tal vez más desierto desde la caza masiva que acabó haciendo Sonju desde la primera vez. Por supuesto, eso es algo bueno y les causa una pizca de paz, la suficiente como para que Música vuelva a dar saltitos al seguir los pasos de su escolta, pero el caballo bufa varias veces en señal de nerviosismo y el pelirrojo mantiene en alto su lanza, siempre alerta a cualquier movimiento sospechoso a su alrededor.
Lo único sospechoso termina siendo una completa manada de esas bestias feroces.
Aun así, Sonju nunca se sintió con tanto alivio de matar algo en su vida. O, al menos, fue un placer sacar la ira reprimida que seguía creciendo cada vez que recordaba la razón por la que se hallaba en mitad de esa cruzada infernal. Todavía deseaba destripar a Lewis y presentar su renuncia de la nobleza a Legravalima, para luego subir a Sleipnir y cabalgar hacia el horizonte, perderse en sus propios caminos.
Oh, sí. Definitivamente haría eso en cuanto volviera. Entregaría a esta chica extraña sin sentido común y escribiría una extensa carta de renuncia que dejaría en manos de Yverk. Tardarían mucho en terminar de leerla, y mientras lo hacían ya estaría yendo muy, muy lejos de todas esos asquerosos desgraciados a los que llamaba familia.
—Sonju, ¿estás bien?
La voz de Música lo saca de su ensoñación, y cae en la cuenta de que sigue en medio de un bosque maldito y, además, está cubierto de rastros de sangre que a leguas se nota que no es humana. Eso es incluso más desagradable, la sangre humana tenía un mejor aroma.
—Estoy bien —gruñe, golpeando la hoja de su arma contra el suelo de tierra sucia de cadáveres y partes despedazadas. Observa sus manos, todas pegajosas, y hace una mueca de asco, luego mira a su pequeña acompañante—. Tomaremos un desvío. Hay que lavarnos.
Música asiente de acuerdo, puesto que ella también había sido alcanzada por partes cortadas. Una garra incluso se había enredado en su cabello cuando uno de esos monstruos intentó atraparla, pero el miembro entero fue cortado y, bueno, tal imagen no era exactamente algo que apreciar.
Solamente Sleipnir había salido ileso en toda la batalla, y Sonju podía escucharlo relinchar fuerte y repetidas veces, como si se estuviera riendo de las pobres almas llenas de suciedad que caminaban a su lado.
Yendo a aquel río que había a la mitad del bosque, tuvieron que tomarse varias horas para otro descanso debido al agotamiento mental del pelirrojo en todos esos días siendo acompañado por esta señorita de sonrisa amable que continuaba haciéndole preguntas incómodas y soltando comentarios extraños.
Empero, cuando apenas llegan al punto de descanso, Música no dice nada por un rato. Sólo observa el agua correr, como embelesada, mientras el sol continúa en lo alto del cielo y la luz se filtra entre las hojas de los enormes árboles. Sonju tal vez piensa que se ha perdido en lo bonito del paisaje y decide no molestarla y disfrutar de esa paz momentánea que el universo le estaba regalando.
(Ella tal vez nunca ha imaginado ser capaz de ver cosas tan bonitas.)
Así que lo primero que hace es tirarse al agua, con ropa y todo, y dejar que la sangre recorra un largo tramo hasta que solamente queden las manchas difíciles de quitar. Mientras tanto, sólo flota y piensa en la posibilidad de ahogarse allí mismo.
«Bueno, la única persona que me espera de vuelta es quien ha tratado de matarme desde que nací» bufa por dentro, recordando su destino. «Tal vez deba empezar una revolución o algo... o sólo desaparecer».
—¡Sonju!
Parpadeando repetidas veces, entra en la cuenta de que ahora mismo tiene a Música justo a su lado, mirándole con preocupación. Decide dejar de flotar y ponerse de pie para mirar a la muchacha, a quien le llega el agua hasta el pecho, mientras que a él apenas le pasa de la cintura.
«Ella es realmente pequeña».
—Sonju, estás sangrando...
El pelirrojo frunce el ceño, como si no pudiera entender bien lo que acababa de decirle. La ve apuntar hacia otra dirección, y entonces ve el rastro rojo en el agua, que no se disuelve como lo demás. Una cuerda carmesí que escapa de su cuerpo.
Tarda cerca de diez segundos más en captar que está perdiendo sangre por culpa de una herida en su costado. Termina apoyándose en una roca cercana al sentirse lo suficientemente mareado como para no poder soportar el empuje de la corriente que empieza a arrastrarlo.
Es Música quien lo ayuda a salir del agua. Le dice muchas otras cosas que no consigue escuchar bien del todo, pero trata de obedecerle porque ella parece saber lo que está haciendo cuando presiona su herida y saca hilo y aguja de su pequeño bolso.
Le dice otro montón de cosas, con un rostro que finge estar tranquilo, pero claramente está lleno de nerviosismo. Sonju acaba comiendo alguna flor que ella le da y en menos de treinta segundos se siente adormilado, los sonidos a su alrededor se apagan pero los lugares en donde ella toca queman, muchísimo, sólo que no puede decirle nada porque su consciencia está desvaneciéndose. Y pronto se queda dormido.
Vuelve a despertar varias horas más tarde, en cuanto el sol ya está a punto de ocultarse. Cuando apenas abre los ojos, un dolor abrumador se expande por todo su cuerpo y al levantarse de golpe sólo empeora. Gruñe y se muerde la lengua, tratando de mantenerse consciente y no desmayarse otra vez.
—Espera, Sonju, no te muevas tanto —Música se aparta de Sleipnir, a quien estaba alimentando, y va directamente junto al pelirrojo para ayudarlo a recostarse de nuevo sobre una cama hecha de hojas y demás. Él ni siquiera tiene idea de por qué se siente tan cómodo—. Tenías una herida muy profunda. La cerré con unos puntos, pero podría abrirse otra vez si sigues moviéndote así.
—Qué mala broma —traga con pesadez, percibiendo el sabor metálico de su propia sangre entre sus dientes y bajando por su garganta. Música le mira nerviosamente—. Moriremos si nos quedamos más tiempo aquí. Dame esa flor extraña de nuevo, si como la cantidad correcta podré anestesiar el dolor y seguiremos.
—Uh... Preferiría que no. No hay cantidad correcta con esa planta —explica, ansiosa. Luego se pone de pie y busca algo en su bolso—. Pero me encargaré de mantenernos a salvo.
Él rueda los ojos.
—¿Y cómo se supone que vas...?
Ella saca un cuchillo, espantándolo. Pero antes de alcanzar algún arma para defenderse, la chica le da la espalda y se dirige hacia el árbol más cercano.
Hace un corte en su mano y marca el tronco. Luego va a orto, y a otro, marcando varios hasta crear un círculo donde ellos están en el centro. Vuelve a guardar el cuchillo y recita algo en voz alta, en un idioma que Sonju no reconoce muy bien. Poco después empiezan a brotar raíces del suelo, hasta que el crecimiento se vuelve violento y espantoso, como latigazos, se enredan entre sí y por los gruesos troncos hasta llenar todos los huecos y cerrar toda salida.
Un enorme muro de raíces y ramas gruesas los rodea. Es absurdamente alto, no se puede ver el exterior porque no hay una sola hendidura, y además está lleno de espinas.
Cuando acaban los desagradables sonidos, Música vuelve a mirarlo, y esta vez sonríe en serio.
—Así estaremos a salvo, ¿no?
Él traga pesado y palidece.
«Definitivamente no puedo llevarla a Legravalima».
Resulta que la extraña niña de la torre en ruinas siempre tuvo algo peligroso recorriendo sus venas. Tal vez el dragón nunca fue para evitar que alguien entrara, sino para no dejar que ella saliera. Y eso lo volvía todo más aterrador.
Sonju no estaba preparado para esto.
—¿Cómo es que puedes...?
—Él me dio este poder —contesta tranquilamente, mientras va en dirección a un montón de ramas que no tarda en convertir en una fogata—. Realmente no sé para qué, ni la razón, solo sé que... puedo hacer estas cosas y otras más debido a mi sangre.
—¿Tu sangre? ¿Tu sangre hace esto?
Ella asiente.
—Una sola gota sería suficiente para crear un bosque entero, así que tuve que aprender a controlar algo de esto. Espero que no te asuste tanto.
Él hace una mueca.
—Asustado no sería la palabra...
—¡Oh, bien! —Como si la charla fuera una nimiedad, exclama con el rostro alegre antes de continuar. Sin embargo, parece haber algo de falsedad en sus nuevas expresiones—. Generalmente, las personas que lo descubren no suelen tomárselo muy bien. Eso siempre me devuelve allá...
—¿Allá?
—A la torre, con él —aclara, y Sonju traga con pesadez—. Me pregunto... Me dijiste que me llevabas porque es tu hermana quien me necesita, pero nunca me hablas mucho de ella. Aun así, me alegra saber que alguien sabe de mí y me quiere, ella debe ser alguien importante. ¿Cómo es tu hermana, Sonju?
Él ni siquiera es capaz de abrir la boca.
—¿No crees que mi hermanito ya está tardando demasiado? —Legravalima habla con falsa tristeza, porque la verdad es que por dentro está completamente furiosa.
Yverk, conociendo bien a su reina, hace una reverencia y escoge las palabras correctas.
—Sería misericordioso de su parte tenerle algo más de paciencia a ese niño —habla suavemente, aún con la mirada abajo, mientras ella mantiene el mentón en alto—. Recuerde que este viaje era conocido por matar a muchos caballeros y príncipes, su majestad.
—Bueno, sí. Fue por eso que quise enviarlo a él —suspira—. Pero Sonju no moriría tan fácilmente, es una rata escurridiza que siempre sobrevive —hace una mueca de asco—. Sólo espero que no haya intentado huir con mi tesoro, eso no se lo perdonaría.
—No creo que exista ser en el mundo que se atreva a hace tal cosa en su contra, su majestad.
Y, sin embargo, eso era justamente lo que más pensaba hacer Sonju.
—Pero eso me daría tantos problemas... —masculla sin ánimos el pelirrojo, llevándose una mano al rostro mientras calcula los pros y los contras de su plan de escape.
—¿Qué te daría problemas? —Música, montada en el mismo caballo que él, se gira para mirarlo a la cara y notar su expresión afligida—. Puedes decírmelo, Sonju. Sabes que no se lo diré a nadie.
Sonju no le contesta. Mantiene un rostro neutro mientras continúa observándola desde esa corta distancia, en tanto los pasos del caballo se escuchan por todo el campo abierto y ellos se menean un poco con los movimientos. Las trenzas de Música se han convertido en una sola y su abultado peinado rebota un poco, despeinándose cada vez más. Ella mantiene la sonrisa dulce del primer día y es como si fuera la misma chica que se encontró invitándole té en la solitaria habitación de esa torre abandonada y a punto de derrumbarse.
Había algo mal con todo eso.
Estira las riendas de Sleipnir y este se detiene a mitad del camino.
Un par de niños corren cerca. El primer pueblo está a la vista, y una vez llegue allí estaría entrando en el territorio de Legravalima y ella se enteraría de su llegada antes de que diera dos pasos más.
Realmente no quiere eso.
Suspira.
—Legravalima, ella...
—¡Oh, tu hermana! Te escucho, estoy ansiosa por...
—No iremos con ella.
Música parpadea varias veces, con la sonrisa todavía intacta.
—... ¿Qué?
—No iremos con ella.
—Sí, escuché eso... —suspira la pequeña dama, mirando al frente y negando con la cabeza—. Sólo quisiera saber la razón de esta decisión tan repentina. Creí que, con lo malhumorado y con lo mucho que te repetías a ti mismo sobre irte una vez me lleves allá, en definitiva me dejarías junto a ella.
Sonju aprieta los dientes, haciendo una mueca de enojo, pero no con ella. Tal vez está enojado consigo mismo esta vez.
Maldiciendo un millar de veces por dentro, tira de las riendas y giran en la dirección opuesta al pueblo. Ignorando la incesante voz interna que le grita que no sea estúpido y que mantenga a salvo su propio cuello, que deje de preocuparse por una chica extraña que apenas conoce hace poco más de un mes, que la lleve a ser el juguete de Legravalima y ganarse tiempo y libertad por sí mismo, no hace más que observar, un poco perdido, la rosa roja que ella lleva en el cabello desde que salieron de ese oasis. Y mientras él se mantiene en su lucha interna, Música borra toda sonrisa y su expresión es la de una niña que no quiere dejar caer sus lágrimas, aunque no tiene lágrimas que derramar.
Los ojos de ella observan mejor a su alrededor. Desde el comienzo se dijo que no debía intentar disfrutar de la vista de los paisajes a su alrededor, o terminaría extrañándolos para cuando volviera a casa o fuera encerrada en algún lugar a ser la mascota de quien fuera a sacarla de la torre. Aunque realmente no quisiera nada de eso, siempre pensó que era mejor evitar las penas.
Pero ahora siente que puede verlo con claridad.
—Este es un bonito campo, ¿no crees, Sonju?
Él responde con un sonido vago de afirmación, pero eso es suficiente para Música.
Una paz momentánea los rodea. El viento soplando, los pájaros cantando, risas infantiles a lo lejos, el aroma a flores que ella siempre tiene y el cálido sol sobre la piel; es tan relajante que, por un instante, olvidan todos los banales problemas en los que se están metiendo y en los que ya estaban antes de esto.
Hasta que esa paz se rompe con el silbido de un hacha yendo en dirección a ellos.
Sonju actúa al instante y salta de Sleipnir, estirando a Música consigo y cayendo ambos al duro suelo de tierra. Sleipnir sale corriendo. El hacha que iba en dirección a la cabeza pelirroja del muchacho, se clava en el centro de la frente de un espantapájaros que está en la mitad de una de las plantaciones.
Sonju ni siquiera necesita pensar mucho para saber quién sería tan sádico como para lanzar un arma como esa.
—Tiene que ser una mala broma...
—¿Alguien que conozcas? —pregunta ella, con un rostro dolorido por la caída repentina, pero intentando mantener el humor.
—Lewis.
—Oh, ¿tu hermano el psicópata?
—Ese mismo.
—¿Estamos en problemas?
—Lo estamos. Levántate y corre.
—¡Sonju, querido!
La estruendosa voz del rubio hace eco por el enorme espacio abierto. Sonju siente vergüenza y Música, tratando de ser amable, tapa su sonrisa y evita soltar una risa divertida mientras es ayudada a levantarse.
El pelirrojo esconde a la chica detrás de él, en tanto ve a su hermano mayor acercarse con los brazos abiertos, como si deseara darle un cálido abrazo de rencuentro. Pero un abrazo de Lewis era como aceptar ser arrastrado por la muerte debido a una puñalada en la espalda y otra en el corazón, de manera literal, y quizá también metafórica. Por supuesto, él no iba a aceptar tal cosa.
—Lewis, ¿qué demonios haces aquí?
—¡Vali me mandó a buscarte! —Responde animadamente—. Ya estaba preocupándose de que tardaras tanto.
—¿Preocupándose por mí? No me hagas reír.
—Bueno, bueno, tal vez se veía más inquieta por la persona que tienes contigo. ¡Oh, sí! No me he presentado a ella. ¡Un placer, señorita! Mi nombre es Lewis y soy hermano mayor del chico que está escondiéndote.
—Yo soy Música. —Contesta al saludo la chica, estirando la cabeza para sonreír hacia el asesino.
—Música, no le sigas la corriente. —Bufa Sonju, ella se disculpa en silencio.
—¡Es una señorita encantadora! —Afirma Lewis—. A Vali realmente le encantará conocerla, ¿no crees?
—No la llevaré con Legravalima.
—Oh, qué mal. En tal caso...
—¡¿Qué estás tratando de decirme con eso?!
Lewis ensancha su sonrisa al ver cómo la postura altiva de su hermana mayor se hace trizas, y casi rompe sus largas uñas al apretar los brazos de su trono. La bella cara de la mujer se deforma en furia incontenible y enseña los dientes, casi a punto de gruñir. Su bonito pelo rojo por poco parece despeinarse en totalidad debido al movimiento que hizo solo para inclinarse hacia adelante.
El hombre rubio se quita una flor blanca del pelo. Sus pétalos claros no combinan con su ropa oscura o las manchas de sangre que adornan todo su cuerpo, pero Lewis no hace caso a su imagen y se la pone tras la oreja, parpadeando para dar una imagen tierna.
Yverk hace una mueca de asco.
—Bueno, creo que significa que las personas que debían venir acá, no vendrán —explica pacientemente. Los ojos de la reina se vuelven más furiosos—. Sonju decidió huir con la chica esa y ahora... no sé dónde están.
Como dando énfasis a esa última parte, se encoge de hombros.
La mujer se levanta de su asiento y agarra la corona en su cabeza sólo para tirarla contra una pared.
—¡MALDICIÓN! ¡SONJU, MALDITO TRAIDOR!
Lewis observa divertido el accesorio imperial casi hecho pedazos, abandonado en el suelo, junto a las joyas que se han desprendido de él. Es una imagen desastrosa pero bonita.
—Oh, es cierto. ¿Dónde dejé mi sombrero?
—Tu hermano parece una buena persona. —Comenta Música, mientras tuerce el borde mojado de su vestido, y luego se acomoda el sombrero negro sobre la cabeza, que le queda gigantesco.
—Lo dices porque no trató de matarte a ti. —Farfulla Sonju, haciendo una mueca de dolor que enseña sus afilados dientes. Rompe un par de telas y las ata a sus manos y antebrazos heridos, usándolas como vendas de emergencia luego de esa última pelea con su hermano mayor.
La chica suelta una risita divertida, y se acerca a la roca donde su compañero se encuentra tratando las poco peligrosas heridas en su cuerpo. Aprovechando la altura en la que se encuentra, ella rodea el cuello del muchacho con sus propios brazos y pega sus labios a la frente de Sonju, dejando un sonoro beso, sólo para después recostar su cabeza contra la de él, dejando caer el sombrero al agua que hay debajo de los dos.
—Me alegra que estés bien, Sonju.
Era una suerte para Sonju que Música esté tan concentrada en abrazarlo, que sus ojos estén cerrados, para que no notara lo rojo que él se había puesto completamente rojo, casi haciendo competencia con su propio cabello.
—No es... No iba a permitir que...
—Está bien. —Como si se tratara de un cachorrito, ella le acaricia la cabeza suavemente. Eso no ayuda a que los latidos del pelirrojo vuelvan a ser normales, en realidad lo empeora todo.
—Música... suéltame...
—Sshh...
—Música...
—Sólo un rato más.
Sonju no tiene idea de por qué ya no lo quiere soltar.
Ignora que ella ha querido abrazarlo desde el principio.
«Gracias por sacarme de esa torre y no dejarme volver allá».
—... Música...
—Está bien. Ya, ya, qué cruel.
«Ya solo falta el beso de amor verdadero».
Por dentro, la chica se da una palmadita en el hombro, animándose a sí misma.
¿fin?
