Sus ojos verdes reflejaban la preocupación. Sayaka estaba al pendiente de Shuuichi desde que pasaron a las finales del torneo de la oscuridad. Estaban apenas a un día de ir a la batalla que decidiría a los ganadores y él, acababa de llegar a su habitación a comer y dormir. Estaba preocupada, todos lo estaban. Yuusuke, Kuwabara y Hiei también estaban de la misma manera desde entonces, apenas habían vuelto a sus habitaciones y un ambiente extraño se respiraba en el aire. De alguna forma, todos sabían que algo más pasaba, pero nadie decía nada, sólo seguían esperando a que llegara el día del torneo.

Sayaka no podía seguir sentada en la habitación como Keiko o Shizuru, esperando que los chicos volvieran con noticias, así que salió: quería ver a Shuuichi. Bajó y compró algunos refrescos y un par de viandas para llevar, si no se equivocaba, su novio no comía nada desde el día anterior y por muy fuerte que fuera, todavía seguía siendo un humano por lo que debía cuidar su cuerpo de manera adecuada. Aunque ella entendía bien que estaban a punto de entrar a un combate realmente difícil con enemigos que iban más allá de la comprensión humana, no podía pensar en que se dejara estar solo por entrenar o mejorar sus habilidades para el día del encuentro.

«Aunque no sé qué tanto puede mejorar en un día» pensó ella mientras caminaba sin entender cuál era verdaderamente su poder. No conocía toda la historia del Kurama, sólo lo que él le había contado y verlo en el torneo cuando se convirtió en Youko Kurama fue una sorpresa para ella. Sabía que estaba en una relación con un demonio, pero… nunca imaginó que pudiera verlo de esa manera con sus propios ojos. Según lo que Shuuichi le había contado, él no podía volver a transformarse en Youko. Hacía tiempo le contó que al poseer el cuerpo de un humano su alma se había fusionado con la de Shuuichi y así, ya no podía regresar a su forma anterior ni dejar el cuerpo sin que el verdadero Shuuchi muriera y por eso había decidido vivir como uno… hasta ahora, que necesitaba de su poder para vencer en las finales «sólo no hagas locuras» rezó mientras caminaba con las bolsas esperando encontrarlo en el camino.

El bosque era grande y denso y ella no tenía la más pálida idea de dónde se encontraba, así que cerró los ojos y se concentró en sentir su presencia. Una de las razones por las que él se había abierto a ella es porque sus habilidades extrasensoriales la habían puesto en evidencia. Sayaka no tenía grandes poderes por no entrenarlos, pero era de esas humanas con una fuerte sensibilidad espiritual y algunas cosas podía aprovechar de ello. Desde hacía poco, había logrado manejar algo de telequinesia y podía manejar su reiki para mover objetos menores y además, sentir las presencias ajenas, aunque debía concentrarse para ubicarlas mejor. Aun no estaba al cien por ciento con ello y por eso, Kurama también la ayudaba desde que descubrió sus habilidades.

—La mejor forma de esconder un poder es controlarlo —le explicó él cuando se enteró de que a veces, a su alrededor las cosas flotaban o se movían sin que ella supiera la razón y con el tiempo, lo único que quiso no fue más que estar a su lado.

—¡Te encontré! —se jactó feliz de haber dado con su presencia, recogió su cabello en una cola alta y comenzó a correr hacia donde se encontraba.

Al llegar, lo vio en entre la hierba luchando solo hasta que su cuerpo cambió de nuevo. Sayaka lo había visto en el torneo ya cuando su transformación llegó al final, pero ahora, sus ojos lo observaron desde el comienzo. Su cabello rojo se había convertido ahora en uno más largo, lacio y de un color plateado vibrante. Su piel era más clara y sus ojos de color ámbar, afilados y hechizantes.

—¿Tienes miedo? —preguntó mirándola con una mano en la cintura. Ella tragó saliva y sacudió su cabeza rápidamente. No supo desde cuando la había notado, pero no le dio importancia, acercándose a él.

—Yo no tendría miedo de ti, Shuuichi —sus ojos rosados lo miraron con cariño y curiosidad. Kurama movió su cola y se inclinó hacia ella, había diferencia de altura con Shuuichi, sin embargo, como Youko era extremadamente alto.

—¿Estás segura de eso?

—Te lo probaré —dijo convencida de ello, cayendo las bolsas de sus manos y aprovechando que él se había doblado para verla cara a cara, lo rodeó por el cuello y lo besó. Su novio abrió los ojos, sorprendido de tal acción, pero complacido, la tomó de la cintura y la levantó del suelo.

—Me gusta que tomes la iniciativa, pero —rozó su nariz con ella— no debes provocar a un zorro si no estás lista para ver sus garras.

—¿Y quién te dijo que no estoy lista? —preguntó desafiante. Kurama se sintió orgulloso de ella al responderle así. Sus brazos bajaron de su cintura y quedaron en sus muslos, devolviendo el beso más profundo. Su lengua exploró su boca como si fuera un tesoro sin descubrir, caminó con ella hasta la sombra de un árbol y pegó su espalda al tronco— sujétate de mí —le ordenó lascivo y lamió su cuello abriendo la camisa para poder saborear mucho mejor la piel blanca de su novia.

—Shuuichi —balbuceó irguiendo la espalda. Rodeó su cintura con sus piernas y él, apretó más sus caderas contra ella, lujurioso, rozando su ingle. Sayaka no contuvo sus gemidos. Shuuichi siempre había sido delicado con ella, pero ahora, su personalidad era mucho más salvaje y atrevida. Era extraño sentirlo de esa manera, pero no lo rechazaba porque seguía siendo él y una sensación de curiosidad y deseo llegaba hacia ella, un ardor increíble nacía en la boca de su estómago y se esparcía por su cuerpo y la dejaba ansiosa, mucho más cuando los labios de él apresaron su pezón a través de su sostén. Sus manos electrizaban su piel y la hacían temblar de placer.

—Di mi nombre una vez más —pidió rozando sus labios por su piel hasta subir a su cuello y lamerlo hasta su barbilla. Ella tragó saliva y cerró los ojos, buscó el aire que parecía escapársele con una facilidad única y abrió la boca. Él apretó su boca en su cuello y succionó dejándole una marca en la piel.

—Shuuichi —pronunció con dificultad y entonces, apretó su cuerpo contra el de ella. su entrepierna quedó contra su vientre y entonces, ella sintió su sexo de hombre duro y caliente. Volvió a besarla mientras la acariciaba, rozando su mano con la cintura de su falda, jugueteando sin llegar más abajo. Ella movió su cadera buscando más y lo sintió sonreír contra sus labios. Al separarse, sus ojos la miraron sin compasión alguna. Él sentía su deseo al igual que ella. ambos eran una masa de energía erótica esperando a explotar.

Ella sólo era consciente de él; de su respiración contra su piel, de sus manos tocándola, de los ojos traviesos que la inspeccionaban y estaba pendientes de cada reacción. Por un momento, Sayaka no supo por qué había pensado que le tendría miedo. Ella era suya. Demonio, humano, poco le importaba cuándo era él quien ponía su mundo de cabezas. Y tenía que admitirlo: jamás dejaría de quererlo ni de buscar esos fuertes brazos que la contuvieran.

Levantó la falda y la acarició por encima de la tela de sus bragas y ella se aferró a su cuello conteniendo la voz. Respiró contra su cuello y antes de que apretara su entrada por encima de la tela y la hiciera gemir, ella le dio un beso en el cuello con la intensión de hacerle un chupetón, tal como él lo había hecho. Kurama ardía de deseo al igual que ella. sujetó su trasero y bajó la ropa interior y rozó su entrada con su miembro, mojándose en sus fluidos y haciéndola gemir, esperando el momento para penetrarla y obtener esa reacción que tanto quería escuchar. La sujetó de la cadera y la embistió. Ella lo acogió en su interior, loca de placer, con la arrolladora sensación de tenerlo en su cuerpo ardiendo en llamas. Apretó sus brazos en su espalda, estaba tan húmeda que no le dolía, pero sus movimientos la llevaban al límite. Quería más de él; de sus caricias, de sus besos: todo.

Él aumentaba el ritmo de sus movimientos y dejó que su lengua traviesa jugara con uno de sus pechos. Sintió el escalofrío que le recorrió a ella y lo apretó aún más contra su lengua.

El fuego que Sayaka sentía en todo su cuerpo se concentró en su vientre y estalló en chispas cuando llegó al orgasmo. La sensación de estar volando y que no había nadie más en el mundo que ellos se volvió más fuerte en ese momento al mismo tiempo que su cuerpo se relajaba y perdía fuerzas en los brazos de él.

El zorro la apoyó contra el tronco del árbol, respirando cansado. Todavía la sostenía con un brazo por la cintura y el otro lo apoyó contra la corteza. Las piernas de ella seguían alrededor de su cintura, manteniéndolo cerca de sí. No había nada que quisiera más que seguir cerca de él. Kurama acarició su mejilla y descansó su frente en la de ella. Sus respiraciones entrecortadas se mezclaron en sus pechos y al volver a encontrar su mirada con el otro, sonrieron, era un momento deliciosamente intimo que quería que durara para siempre.

Youko la dejó en el suelo con cuidado, acomodándose la ropa al igual que ella. Sayaka extendió su mano y rodeó la de él, apretándola suavemente y apoyando su cabeza en su brazo. Sólo pensó que no le importaba cómo se viera: Shuuichi Minamino siempre sería el dueño de su corazón. Tan tranquila estaba que no notó que él había cambiado hasta sentir la mano de él de manera diferente. Su temperatura era más cálida y al voltear a ver, vio a su novio, al mismo de siempre. Aquel joven pelirrojo de ojos verdes que ponía en duda la lucidez de sus acciones cuando estaba cerca, que estaban llenos de afecto.

Se sentaron en el suelo, Sayaka le contó que su plan original estaba lejos de sus deseos y sólo había ido a cuidarlo y mimarlo un poco antes de su combate al día siguiente. La espontaneidad de todo la había tomado por sorpresa, pero no le disgustaba. Mientras él tomaba un refresco, ella apoyó su cabeza en su pecho. Sentía su corazón latir calmo mientras lo abrazaba y cerraba los ojos cansada.

—¿Lo prefieres? —preguntó Shuuichi a su novia.

—¿Mm? —Alzó la vista confundida. Él lo leyó en su mirada y se lo explicó.

—A Kurama.

Sayaka dejó escapar una risa que se convirtió en carcajada. Él era ahora quién no lo entendía. Se arrodilló a su lado y sonrió tan pura y sincera que no veía venir qué es lo que iba a decirle.

—No puedes estar celoso de ti mismo —se rio y lo rodeó por el cuello, corriendo los mechones de cabello rojo y sedoso de su rostro— es otra parte de ti ¿por qué debería elegir una? —susurró contra sus labios. Fue él quién acortó la distancia entre ambos y la estrechó contra sí con ternura. Por un breve momento, su presencia había sido suficiente para disipar sus miedos y dudas sobre el torneo. No había hablado con ella sobre su transformación, no como quería y tampoco iba a hacerlo ese día; no sacaría a relucir angustias pasadas ni tampoco ansiedades futuras. Era su momento, su pequeño Edén y antes de que las brasas oscuras del evento lo atraparan, disfrutaría un rato más con ella antes de volver a su entrenamiento, deseando salir victorioso, esperando el futuro que compartirían los dos.


¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Vengo con otro reto del fictober. Tenía a este OC dibujado y más o menos pensada la situación, aunque, no lo había escrito hasta ahora por no seguir endeudándome con más pendientes (porque tenía pensado usar a Sayaka para varias cositas). Pero ¡jo! Me animé por una buena causa.

El prompt era "Elabora un fanfic con self-insert ¡Qué no te de pena!". Y aquí lo tienen.

Espero que lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo!