Pareja principal

Nanami Kento x Itadori Yūji x Gojō Satoru

Advertencias

Contenido sexual explícito
Threesome | Trío
Relación profesor(es)-alumno


TEACHER'S SUPPORT

Para Yūji, fue más extraño el instante en el que Gojō extrajo los dedos de su culo, que el momento en que comenzó a meterlos. Tanto él como Nanami le dijeron que una dilatación apropiada era muy importante para tener relaciones, por lo que no replicó cuando le dijeron que se acostara boca abajo sobre la cama. Levantó el trasero por comodidad y, por recomendación de Gojō, pensó en algo bonito.

A sus espaldas escuchó movimiento de ropa, cierres y un cinturón. Al dar la vuelta y terminar sentado, Gojō ya no tenía prenda alguna encima. Nanami se deshacía de su bóxer, no así de los calcetines y las ligas que evitaban que cayeran al suelo. Le pareció sexy ese detalle, por lo que fijó la mirada en las pantorrillas ajenas.

—¡Muy bien! —habló Gojō, juntando las manos en un aplauso—. ¿Con quién quieres empezar, Yūji?

El chico analizó los penes erectos de sus profesores. El de Gojō era más largo, pero el de Nanami era más grueso y, según lo que leyó en blogs de Internet, lo importante no era tanto la longitud, sino el diámetro.

Tragó saliva con dificultad. Señaló el miembro cuya base se recubría de un vello púbico blanquecino.

—Creo que con Gojō-sensei.

Buscó los ojos de Nanami, como esperando su aprobación.

—Es tu decisión —respondió, destapando el paquete de condones para pasar uno a Gojō y colocarse otro él mismo.

Gojō deslizó el preservativo hasta cubrir todo su falo.

—¿Cómo te sientes? ¿Estás bien de lubricante? —Usó bastante para preparar al muchacho. Quizá en exceso, pues gastó media botella y ensució las sábanas en el proceso.

—Eso creo.

—No seas miserable y ponle más —agregó Nanami.

Gojō posó una mano sobre el pecho de Yūji y lo empujó despacio hacia atrás, hasta que su espalda tocó el colchón. Se relamió los labios y mandó al demonio el trozo de tela que cubría sus ojos. La silueta del cuerpo, proporcionada por la energía maldita, no era suficiente. Quería verlo todo. Al menos, la primera vez.

Tomó el gel y frotó una generosa cantidad en el ano del chico, introduciendo un par de dedos y separándolos para que entrara más. Acto seguido, dirigió las manos hacia las caderas opuestas y lo jaló hacia el borde de la cama, acomodándose entre sus piernas. Subió las rodillas y, al separarlas, Nanami pudo divisar un plug anal cuyo exterior simulaba ser una piedra amatista. Conociendo a Gojō, eso en verdad podría tratarse de una joya, pero dejaría de lado las preguntas. En fin, eso le ahorraría tener que dilatarlo.

Gojō presionó su glande entre las nalgas de Yūji. Dejó escapar un suspiro gozoso al notar que se deslizaba con facilidad entre sus paredes.

El muchacho atrapó las sábanas bajo sus dedos. Abrió la boca por sorpresa, aunque se mordió el labio inferior para no soltar un gemido.

—Estás magnífico, Yūji. Sigue así.

El nombrado asintió. Sus muslos se apretaron contra el torso de Gojō cuando este comenzó a moverse de adelante hacia atrás.

Nanami tomó uno de los tobillos del muchacho. Le hizo estirar la pierna y no dudó en besar su pantorrilla. Después, sostuvo el plug de Gojō y lo retiró. Colocó lubricante sobre su erección y la esparció muy bien, antes de penetrar a su acompañante con una brusca estocada, quien soltó un grito impúdico.

—¡Nanami! ¡¿Dónde quedó eso de que la dilatación era muy importante?!

—Tenías un plug, ¿no lo hiciste en tu casa? —Arqueó una ceja, extrañado por haberlo lastimado.

—Pues sí, pero nada te cuesta ser un caballero y hacerlo más gentil. —Giró el rostro, subiendo y bajando sus pestañas en un intento por dirigir un gesto coqueto.

Eso irritó a Nanami. Ahora que sabía que no lo había dañado en absoluto, no reparó en sostener con firmeza su trasero para embestir con brusquedad. No era la primera vez que ellos tenían sexo; la mayoría de las veces era rudo y fiero, mas esa ocasión contaban con Yūji como tercero, por lo que acordaron no ser unas bestias.

—Itadori, hazme saber si en algún momento necesitas un descanso.

Ahora que los constantes gemidos y jadeos de Gojō predominaban en la habitación, Yūji se animó a dejar que el placer que experimentaba su cuerpo adquiera un sonido emitido por su boca. Aún con eso, no hacía tanto escándalo como su profesor.

—Gojō-sensei... —musitó, aferrándose a sus hombros y animándome a descender por los laterales, incentivado por la mano de Nanami, que tomó su muñeca para hacerle bajar por aquella piel.

Gojō no desaprovechó la oportunidad para atacar un par de quejidos en la boca de su querido estudiante. Ser estimulado por detrás mientras penetraba al chico le daba un placer inenarrable, tanto así, que se arrepentía de no haberlo invitado a formar un trío antes.

No le tomó demasiado dejarse venir, a sabiendas de que eso dejaría a Yūji a merced de Nanami, aunque mentiría si negaba que quería ver cómo su compañero lo hacía gritar.

—Na… Nanami —agregó entre jadeos, intentando recomponerse.

Chasqueó dos veces los dedos y el otro se detuvo. Acordaron esa seña para el momento en que uno terminara.

Detuvo su vaivén y salió del interior de Gojō, retirándose el condón para colocarse otro.

Por su parte, Gojō también sacó su erección, dejando a la vista del chico el semen atrapado en el interior del látex.

—Itadori, ¿puedes levantarte?

Yūji levantó el rostro en busca de los ojos de Nanami antes de asentir despacio.

—E-Eso creo. —El repentino vacío que sentía en la parte más baja de su cuerpo no lo dejaba pensar con claridad.

En cualquier caso, se levantó con ayuda de Nanami, quien lo hizo darle la espalda.

—Separa un poco tus piernas —indicó, mientras deslizaba una mano más allá del abdomen del muchacho, procediendo a masturbarlo.

Yūji obedeció. Así como el tacto, la voz tranquila y profunda del otro le producía un agradable escalofrío.

Gojō se acostó boca arriba. Echar la cabeza hacia atrás le resultó incómodo, así que se recorrió un poco más sobre la cama, dejando que colgara en el ángulo adecuado para que Yūji pudiera meter su pene.

Nanami no necesitó ningún tipo de comentario para dirigir el miembro del muchacho a los labios de su compañero, quien no dudó en lamer lo que podía con la lengua en lo que los otros dos se ponían en movimiento.

—¿No tendría que usar también uno yo? —Yūji señaló el paquete con los preservativos, que no se encontraba demasiado lejos—. Podría ensuciar a…

—Créeme que no le importa —interrumpió Nanami—. Ahora, respira hondo.

Yūji siguió las indicaciones, sintiendo como la erección de Nanami ingresaba con lentitud por su ano. Un primer gemido traicionero no se hizo de esperar. Traicionero porque no era incómodo ni doloroso; sólo tenía fresco el recuerdo de cómo se quejó Gojō y temió que le fuera a lastimar, pero Nanami estaba siendo muy gentil con él. Incluso, cuando comenzó a moverse, empezó despacio.

Sintió cómo era tomado por la parte alta de los brazos, los cuales, echó hacia atrás, sacando el pecho en acto. Comenzó a recibir varios besos sobre el cuello y la línea de la mandíbula. Recibir sexo oral y anal al mismo tiempo le hizo temblar las piernas, razón por la que Nanami mejoró su estabilidad al sostenerlo por la cadera. Sentía mucha presión en la piel, seguro le dejaría marcas, pero no se quejaría al respecto.

—¿Qué tal? ¿Puedo hacerlo más fuerte?

Yūji asintió.

Gojō emitió unos sonidos desde el fondo de su garganta. Se escucharon como «mh hng hn», que traducidos al español significarían algo similar a «¡¿por qué con él sí eres gentil?!»

—¿Se está ahogando? —preguntó Yūji.

—Ojalá —respondió Nanami.

Gojō buscó con ansia los muslos del chico y subió las manos hasta los glúteos para masajearlos con descaro, separándolos ocasionalmente para que Nanami entrara más a fondo. Sentir un miembro menos asfixiante que el de su compañero, deslizándose por su garganta era satisfactorio. Podría acostumbrarse a eso, a asaltar al chico durante sus misiones para darle una mamada; se lo consultaría más tarde.

Yūji soltó un grito poco masculino cuando Nanami estimuló un punto dentro de su cuerpo que lo orilló a un ritmo acelerado hacia el orgasmo.

—Allí está tu próstata. ¿Lo disfrutas?

—Nana… Nam… Uh.

—Tranquilo, tranquilo. —Apresuró su vaivén sin descuidar las atenciones que brindaba a quien tenía delante—. A diferencia de ese otro descarado, haré que te vengas, así que tómalo con calma.

«¡¿Cómo que con calma?!» pensó Yūji. Sentía una desesperación antinatural. Lo único que tenía en mente era lo bien que se sentía y lo mucho que esperaba eyacular cuanto antes.

Un cosquilleo en su entrepierna no tardó en aparecer; este, se intensificó y apretó en el punto más alto del clímax. Llenó con su esperma la boca de Gojō y no pudo articular ni siquiera una disculpa, pues su punto P seguía siendo estimulado con violencia.

Gojō dejó de lado su labor de chupar. Se incorporó mientras tragaba los fluidos de Yūji. Sería muy cruel de su parte dejar que Nanami lo devorara sin piedad, por lo que se sentó en el borde de la cama, frente a él, y poco a poco lo atrajo, invitándolo a que se abrazara de su cuerpo para ser usado como punto de apoyo.

Le acarició la parte baja de la espalda, sin alejar la vista del cuadro obsceno que representaba dejarse penetrar por otro hombre. Una sonrisa lujuriosa deformó sus facciones. Para la próxima, él quería comerse a Yūji al final.

Unas cuantas estocadas más y Nanami llegó al clímax al igual que los otros dos. Pasó los dedos hacia atrás sobre sus propios cabellos, pues algunas hebras rubias se salieron de lugar por el sudor y el movimiento. De alguna manera, disfrutó de aquello mucho más que cuando sólo follaba con Gojō.

Salió del interior de Yūji para dejarlo descansar y le dio una palmadita a su trasero a modo de indicar que ya podía relajarse.

Yūji se sentó a horcajadas sobre Gojō, quien no dudó en revolver su cabello.

—Buen trabajo.

Nanami se dirigió hacia la silla en la que depositó su saco para buscar un cigarro. Era casi un ritual fumar después del sexo y como Gojō podía cuidar de Yūji por ambos, no se sentía culpable de alejarse un poco para tomar un respiro.

—Puedes pedir lo que quieras para cenar.

No era un gran premio, pero se lo merecía.

—Total —agregó—, Gojō paga.

—¡¿Hah?! —exclamó el nombrado—. Quedamos en…

—¡Bistec! —Yūji regresó a la vida luego de hacer su pedido, volviéndose hacia Nanami de manera parcial, pues no quería separarse de su profesor todavía. Le agradaba sentir su calor corporal.

—Tú no le sigas el juego —reclamó Gojō, jalando una de las mejillas ajenas, sin la intención de lastimarlo, por supuesto.

Por otro lado, no podía quejarse, en especial si aquello le daba pie para acostarse con ellos en alguna otra ocasión.