TW: Ingesta de drogas orales. Este fic está teñido de mi propia experiencia en la escena rave.

—No puedo creer que tú, de todas las personas que conozco, me hayas comprado esto —Draco se puso de espalda y miraba hacia atrás frente al espejo para ver el reverso de su chaqueta.

—Oh, cariño —rodó los ojos —¿Me vas a negar que luces genial?

Draco estaba dando una última mirada al espejo. El cabello ya le llegaba a los hombros, nunca lo había tenido tan largo. Llevaba puesta una chaqueta de cuero sintética color negra, una cadena plateada que colgaba de dos extremos de las presillas de su pantalón también negro, una camiseta blanca de cuello redondo y unos borcegos militares.

—Bueno, para ser honesto, no me desagrada… —volvió a enfrentarse al espejo y puso sus manos en la cadera, observándose —. Realmente estas incursionándote en la cultura no-mágica ¿Eh? Quién lo diría... Sólo un cerebrito nacido de Muggles fue capaz de doblegar las ideas supremacistas de la mismísima Pansy Parkinson.

—No es sólo un cerebrito, bruto —se acercó a su amigo, girándolo hacia ella y acomodando su chaqueta por los pliegues —. Para tu información, también es una morocha muy ardiente —Draco rio. Pansy lo giró de nuevo hacia el espejo y se puso detrás suyo para meter su camiseta correctamente dentro sus pantalones —. Aparte, miren quien habla. O me vas decir que tu curiosidad por la cultura muggle se debe pura y exclusivamente a un débil intento de redención.

—¿Disculpa? Sólo estoy yendo a este lugar porque me insististe toda la semana con lo increíble que eran estas fiestas.

—Oh, claro —Pansy se alejó de él, cruzando los brazos y levantado una ceja —. Todavía estamos en la etapa de negación, por lo que veo.

—¿Por qué lo dices? —su voz detonaba inseguridad.

—¡Vamos, Draco! Ambos sabemos que terminé de convencerte cuando mencioné que Potter venía con nosotros —Draco se ruborizó y por un momento quiso que lo tragué la tierra.

—No sé de lo que estás hablando —espetó Draco a la defensiva, fingiendo desinterés mientras se acomodaba la chaqueta por milésima vez.

Pansy rodó los ojos. Podría haberle dado el típico discurso de "Draco, soy tu mejor amiga, no sólo sé que eres gay hace años, sino que también estoy bastante convencida que todo ese depósito de energía en fastidiar a Harry Potter se debía a algo más que a una estúpida rivalidad adolescente" pero Pansy es muy pilla, y sabía que Draco no estaba listo para escuchar eso. Todo a su debido tiempo.

—Lo que digas, cariño. No te olvides de tu anillo —Pansy le acercó su anillo de plata con una serpiente grabada —Draco se lo colocó en su dedo anular, observándolo un rato, pensativo —¿Te gusta mi colonia? —acercó su cuello hacia Pansy para que lo huela. Ella la olió.

—¡Wow, Draco! ¡Es una fragancia exquisita!

—La creé yo mismo. –dijo el Slytherin con una sonrisa suficiente —resulta que las pociones no son tan distintas a los perfumes

—Ya veo, ya veo. Apuesto que le encantará.

Draco la miró entrecerrando los ojos y Pansy sonrío pícaramente. Antes de que le pueda responder un comentario defensivo, alguien tocó la puerta del dormitorio.

—¡Pasen! ¡Estamos listos! –exclamó Pansy mirando a Draco, muy divertida. El rubio le dedicó una mirada llena de veneno que decía "luego hablaremos de esto."

Hermione abrió la puerta y entró a la habitación muy sonriente. Llevaba puesto un vestido negro corto de lentejuelas, una bandolera pequeñita color bordó y unas botas hasta la rodilla. Harry entró detrás de ella, vistiendo unos jeans ajustados, con una camisa negra, también ajustada, se veía atractivamente casual.

—¡WOW, Mione! Luces es-tu-pen-da —Pansy se acercó a su novia para depositarle un corto beso en los labios, le agarró la mano y la hizo dar un giro 360º para admirar su atuendo —. Me alegra que no te hayas alisado el pelo. No sé por qué lo haces, es como quitarle su magia —Hermione se ruborizó, pero aceptó el cumplido.

—¿Puedo saber qué demonios haces con esos tacones? Se te va a hacer imposible bailar con una torre en cada pie.

—Ay, mujer —Pansy hizo un gesto con la mano, restándole importancia —. Créeme, estoy más cómoda que nunca —comenzó a desfilar por la habitación sagazmente —. Nací para pararme sobre estas bellezas —guiñó un ojo.

Todos rieron, menos Draco. No tenía su atención tan depositada en los chistes de su mejor amiga. Mientras ellas parloteaban, Draco se había distraído con… algo. Harry carraspeó. De pronto él también se había ruborizado por alguna razón.

—¿Estamos listos, entonces? —preguntó el moreno.

—Recuérdenme otra vez ¿Por qué debemos ir vestidos de negro? No es que me queje —Draco se paró frente al espejo de nuevo, posando como un engreído —. Yo me veo espectacular.

—Porque es el código de vestimenta de estos lugares —respondió Harry de manera casi automática.

—Y si no, ¿Qué? ¿No te dejan entrar? —Draco giró hacia Harry —. Veo que el ejército de Dumbledore solo le importa la tolerancia e inclusividad cuando les conviene —dijo en modo de chiste.

—No, no es eso —se apresuró a decir Hermione. Algo decía que la broma no le había caído nada bien —. Puedes ir vestido como quieras. Pero la vestimenta es parte de perderte en la oscuridad. El color negro hace que los movimientos de iluminación se destaquen más en la pista —terminó de recitar como si fuese una lección —. Es por diversión, no por exclusión —agregó con un tono más duro.

—Pero si te pierdes en la oscuridad ¿Cómo vas a encontrar a alguien para liártelo? —preguntó Draco incrédulo.

—Estas fiestas no se tratan sobre liar, Malfoy —respondió Harry.

—Me suena a una fiesta muy aburrida, entonces —Draco se encogió de hombros.

—Bueno, bueno... Basta de cháchara —interrumpió Pansy antes que las cosas escalen a una conversación indeseada —Potter, ¿Lo traes contigo? —con una mano en la cintura, hizo un gesto con la barbilla apuntando hacia Harry.

—Sí —metió una mano en el bolsillo rápidamente. Parecía que estuvo esperando que alguien le haga esa pregunta desde que entró a la habitación —. Tengo mdma, y también una pastilla —Harry mostró una pequeña ziploc que contenía algo parecido a cristal molido —. Era una piedrita, pero la machaqué antes de venir.

—Pansy tomó la bolsita de los dedos de Harry y la observó fijamente — ¿Cuánto te debemos? —preguntó mirando hacia Harry con la ziploc aún en sus manos.

—Oh, no te preocupes —hizo un gesto desinteresado con la mano —. La compré con dinero Muggle, ni siquiera sé calcular la diferencia.

—Un galeón equivale a cinco libras Muggles —dijo Hermione robóticamente.

—Da igual, Mione. En serio —se defendió decidido —. Lo conseguí para que lo disfrutemos… todos —agregó un poco más inseguro, dedicándole una mirada furtiva a Draco.

—No sabía que El Elegido era un adicto —Malfoy se cruzó de hombros divertido. Hermione lo fulminó con la mirada.

—Draco, no empieces —advirtió Pansy.

—Oh, por favor —Draco se sentó en la cama —¿Me van a decir que usan drogas pura y exclusivamente por diversión esporádica? No soy estúpido.

—De hecho, sí —Hermione atacó de nuevo — ¿Sabías que la ingesta oral de éxtasis en moderación, es mucho menos nociva que emborracharse todos los fines de semana?

—Claro, lo que tú digas —Draco se recostó en la cama.

—Además, no te hagas el desentendido. El mundo mágico tiene sus propias drogas y están perfectamente normalizadas.

—¿De qué hablas? —Draco se apoyó en sus hombros para mirarla confundido.

—¿Felix Felicis? Deberían llamarlo directamente cocaína mágica, tiene los mismos efectos. ¡Y ni me hagas empezar por el Filtro de Muertos en Vida! ¡Esa poción tiene una capacidad somnífera súper peligrosa!

—Pero todas esas cosas son suministradas por el Ministerio. Ningún mago o bruja recomendaría usarlos imprudentemente.

—Exacto —dijo Hermione con tono triunfante, sentándose en la cama al lado de Draco —. Es lo mismo con los estimulantes Muggles. Si estuviesen moderados por el gobierno, y nos diesen la educación apropiada sobre ellos como se nos da en Hogwarts, los estragos en la juventud serían mucho menos nocivos —su tonito sabelotodo comenzó a aflorar —. Los efectos secundarios del Felix Felicis son, de hecho, muy parecidos a esto. Ansiedad, fatiga, pérdida de apetito…

—Merlín, ME-A-BU-RRO —interrumpió Pansy golpeando el suelo con su tacón —Draco, no tienes que tomar si no quieres. Por si no te das cuenta, nadie te está obligando a hacer nada. El mundo no gira alrededor tuyo, hombre —ya estaba perdiendo la paciencia.

—Pansy, estoy contigo —Harry unió las palmas y se las frotó — ¿Bajamos a parar un taxi?

—¿Un qué? —preguntó Draco.

—Un taxi, Draco. Un vehículo que se pasea por las calles recogiendo pasajeros. Como un Autobús Noctámbulo, pero es un coche privado —explicó Hermione — ¿O planeabas aparecerte mágicamente en la puerta de la discoteca?

—Buenos noches, señor. A Cabaret Voltaire por favor. 3638 Blair St.

—Cómo no, señorita.

El viaje fue armonioso. Eran cuatro pasajeros, la cantidad máxima que puede tomar un taxi. Hermione iba en el asiento delantero indicando la dirección al chofer. Éste parecía ya saberla, pero igual la bruja estaba muy atenta a que no tome ningún desvío para cobrarles una tarifa más alta. Detrás suyo, a la derecha de Draco, estaba Pansy masajeando los hombros de su novia desde atrás, repitiendo una y otra vez lo emocionada que estaba por volver a salir a bailar.

Draco estaba sentado en el medio del asiento trasero, un poco ansioso. En el viaje reflexionó las palabras de Hermione. Si todos iban a tomar ¿Realmente quería quedarse afuera? No era por sentirse excluido. Él sabía que podía participar de la manera que quería. Pero no quería perderse de algo que sonaba muy divertido, y que, por alguna razón, entusiasmaba tanto a Harry.

Harry no había aportado nada al corto debate que tuvieron en la casa de Pansy, pero era notorio que estaba contento de salir esa noche y tomar esas sustancias que él mismo había comprado. Draco se preguntó dónde las había conseguido. Se imaginó una situación algo peligrosa, Harry yendo a un callejón nocturno para encontrarse con un dealer Muggle. No le preocupó mucho, ya que Harry es bien fornido gracias a su intenso enteramiento de quidditch. Y es justo decir, que se ha enfrentado a situaciones mil veces más extremas y críticas.

Harry estaba sentado al lado suyo, a su izquierda. Hace un poco más de media hora, cuando frenaron el taxi, Draco abrió la puerta trasera para dejar pasar al resto. Primero entró Harry y se deslizó por el asiento.

—Damas primero —Draco mantuvo la puerta abierta para que pase su mejor amiga.

—No, tú primero, por favor —Pansy agachó la cabeza como una pequeña reverencia.

—Por favor, insisto —hizo un gesto con la mano, fingiendo caballerosidad.

—Resulta que quiero ir atrás de mi novia.

—Pansy –siseó Draco con frustración.

—Si se van a quedar discutiendo ahí afuera toda la noche, cierren la puerta y déjennos ir —escupió Harry.

Draco le dedicó una última mirada llena de odio a su amiga. La bruja sonrió con suficiencia mientras veía al rubio entrar antes que ella. Ahora Draco estaba sentado en el medio. Y pudo sentir la pierna de Harry tocando la suya todo el maldito viaje. No era que había mucho espacio en el auto. Pero el moreno ó.su. pierna. ¡En todo el viaje! Draco se sentía estúpido de pensar que Harry lo estaba haciendo apropósito. Pero es que ciertamente un poco de espacio había. Sentía una temperatura tibia en el tacto de la rodilla contra su muslo exterior. Trató de concentrarse en otra cosa. No pudo.

Una hora más tarde, Draco estaba en una discoteca repleto de Muggles bailando entusiasmadamente. La "música" que escuchaba (que más bien le parecía un ruido molesto) se llama techno. Apenas podía diferenciar las siluetas que danzaban a su alrededor gracias a la oscuridad. Ya estaba comenzando a arrepentirse de venir aquí. Pansy hizo señas al grupo para arrinconarse todos juntos, un poco más aislados del resto.

—Bueno, danos lo nuestro Harry —pidió Pansy descaradamente.

—¿Danos? —preguntó el moreno.

—Bueno, me parece lógico que nos lo dividamos entre dos y dos ¿no? —sugirió Hermione —. Así nosotras nos podemos separar tranquilas, sabiendo que ustedes tienen lo suyo.

—¿Nosotros? —Draco miró inquisitoriamente a su amiga ¿Puede ser que estas dos hayan planeado de antemano dejarlo solo con Harry?

—Sí, es lógico —coincidió Harry. Draco lo miró confundido —. Si quieren les doy el cristal, pero déjenme tomar un dedo antes.

Harry sacó de nuevo la pequeño ziploc con cristal molido y lo abrió con cuidado. Todos estaban muy expectantes a sus movimientos.

—Yo también quiero —Draco no supo bien de donde salió eso, pero lo escupió sin premeditarlo. Fue como si su inconsciente hubiese expulsado una idea. Los otros tres lo miraron con suspicacia.

—¿Seguro? —preguntó Harry. Parecía luchar contra su repentina emoción.

—Sí ¿Para qué me invitaron sino?

—Para bailar con… con nosotros —respondió el moreno, sonrojado —. No tienes que hacer nada que no quie-

—Te estoy diciendo que yo también quiero —dijo Draco decidido — ¿Qué tengo que hacer?

—Bueno… —Harry se recompensó y abrió de nuevo la bolsita —. Debes mojarte un dedo, tomar un poco de cristal y chuparlo. Es simple; pero tiene un sabor muy amargo.

Harry prosiguió a hacer él mismo lo que había explicado recién. Lamió la punta del dedo y lo introdujo en la bolsa. Con un montoncito de cristal en su yema, se metió hasta el nudillo dentro de la boca. Lo sacó lentamente, sus labios carnosos de desplazaban por la piel de su índice hasta expulsarlo por completo. Harry se quedó observando su propio dedo aún extendido, con cara de asco.

Definitivamente Draco no notó como el índice de Harry tenía una finita capa de saliva. Y definitivamente no le pareció para nada tentador.

—Bueno Draco, es tu turno —Harry acercó la bolsita hacia Malfoy.

—¡Espera! —exclamó Hermione —. Aguamenti —susurró hacia un vaso de plástico vacío que tenía en su mano en el medio de la ronda.

—Excelente hechizo sin varita, nena —Pansy rodeó los hombros de Hermione con un brazo, admirando el vaso lleno de agua —. No por nada mi novia es la bruja más talentosa de su generación —dijo y deposito un beso en su mejilla.

—Merlín, gracias Mione —Harry tomó un poco de agua y exhaló aliviado.

Draco miró alrededor, no estaba muy seguro si hacer magia en el medio de una discoteca era la mejor idea. ¿Qué pensaría su padre al respecto? Diablos, pensándolo mejor, la pregunta era qué pensaría su padre si supiese que estaba a punto de tomar un psicotrópico Muggle, en una discoteca Muggle, rodeado de ni más ni menos qué: Muggles. Se tranquilizó al notar que en realidad nadie les estaba prestando atención. Un golpecito en su pecho rompió su trance.

—¿Y? —era Harry, alcanzándole de nuevo la ziploc.

Draco sacudió su cabeza para despabilarse de los pensamientos intrusivos sobre su padre y sus estúpidas ideologías. Inhaló y exhaló para prepararse mentalmente.

—A la mierda, pásamelo.

Harry no pudo evitar sonreír complacido y abrió la bolsita para Draco muy entusiasmado. El rubio lamió su dedo y prosiguió hacer lo mismo que había hecho Harry.

—Ten cuidado Draco, recuerda que es muy amargo —alertó Hermione cuando Malfoy ya tenía en su yema bastante cristal.

—Vamos, Granger ¿Qué tan malo puede ser? –preguntó Draco haciéndose el listo y chupó su dedo.

Un sabor súper-mega-archi-híper agrio tocó su lengua. Abrió los ojos muy grandes de sorpresa. Tomó el vaso de la mano de Harry y se bebió el resto del agua desesperadamente para bajar la sustancia mientras el resto se reía de él. Sentía un gusto horrible recorrer su faringe.

—No quiero decir "te lo advertí" pero… —dijo Hermione entre risas.

—Esto lo más asqueroso que he probado nunca. Y eso que una vez tomé una poción crece-huesos.

—Pero si tú nunca has tomado crece-huesos —contradijo Harry inmediatamente.

—¿Acaso crees que lo sabes todo sobre mí, Potter? Ya quisieras —Draco quiso ser desafiante pero la pregunta resultó más bien seductora. Hermione y Pansy se miraron entre ellas furtivamente.

—Em… n-no. No creo eso —ambos magos se sonrojaron. Draco realmente no había tenido intención de preguntar… eso. Pansy interrumpió el momento incómodo y le quitó a Harry la bolsita de cristal con un ágil movimiento, antes de que él se diera cuenta de lo que había hecho.

—Nosotras nos vamos a bailar. Si nos necesitan, pues… arréglense por sí solos, ya están bastante mayorcitos —tomó del brazo de su novia para arrastrarla a la pista.

—Lo siento, pero tiene razón —dijo Hermione con lástima mientras se despedía con su mano libre.

A pesar del barullo de la fiesta, entre los dos magos persistía un silencio incómodo.

—Que ocurrente puede ser Pansy ¿no? —trató de alivianar la tensión.

—Ni me lo digas —bufó Draco.

—Pero es divertida —se apresuró a decir Harry —. Y desde que esta con Hermione, la veo mucho más relajada de lo habitual.

—¿Eso es relajada?

—Lo creas o no... —Harry se rio con nerviosismo rascándose la nuca —. Dentro de los parámetros de relajación de Hermione, claro —miró en dirección a su amiga que bailaba muy cerca de su novia, sus caderas se movían con sincronización —. Odio admitir esto, pero… estoy bastante agradecido de que no haya concretado nada con Ron. Lo único que hacían era discutir todo el día. Me volvía loco. En un momento llegué a sospechar que era un tipo de "juego previo" que tenían.

—¿Juego previo?

—Ya sabes —el moreno se volteó de nuevo a Draco —. Juego previo. Pienso que discutían para luego tener sexo súper ardiente y enojados.

Draco tragó saliva. No sabía qué hacer con esa información.

—Qué raro ¿no? Excitarse peleando con alguien —vaciló Draco.

—A mí no me parece tan raro —pensó Harry en voz alta —. Hay dicho Muggle que dice "los que se pelean me aman" —miró a Draco divertido. De un segundo al otro, se percató de lo que había dicho y quiso que lo tragué la tierra. Miró hacia abajo muy incómodo. Mierda, mierda, mierda. Esto se ponía cada vez más extraño. Draco se quedó recalculando. No podía creer que lo había escuchado.

—Bueno, y… ¿Cuánto falta para que… ya sabes… lo sintamos? —se apresuró a cambiar de tema.

—¡Oh, eso, sí! —Harry miró alrededor, parecía haber recordado donde estaba —. Eso no lo vas a sentir nunca.

—¿Me estas puto vacilando, Potter? —siseó Draco. Harry solo se reía de él con ojitos un poco embobados.

—No seas tan dramático.

—¿Dramático? ¿Te parezco dramático? Me hiciste tomar esa asquerosidad en vano.

—¡Ey! —Harry saltó a la defensiva —. Yo no te hizo tomar nad...

—Sí, sí. Lo que sea. Sólo digo que no entiendo por qué lo tomamos si no nos va a generar nada.

—Un dedo no es "en vano" pero es muy poco, más que nada para tí —explicó Harry como si fuese lo más obvio del mundo.

—¿Para mí?

Harry cerró los ojos con frustración. Había metido la pata de nuevo. ¿Qué demonios le pasaba su lengua, no tenía autocontrol? Y eso que ni siquiera estaba drogado aún.

—Porque… Bueno, ¡ya lo sabes! No me hagas decirlo.

—De hecho, no lo sé. –Draco se cruzó de brazos.

—Porque eres muy alto. Entonces eres pesado, y por lo tanto más resistente.

—¿Y por qué demonios no me podrías decir eso? —preguntó Draco despreocupado.

—Bueno, em… ya sabes. Porque… —Draco levantó una ceja, expectante —. Porque es una cualidad muy atractiva en los hombres. ¡Quiero decir, en las personas! —se corrigió Harry —. Las personas altas son atractivas.

—¿Las personas altas son atractivas? —citó Draco muy divertido.

—Exacto —Harry chasqueó la lengua, miró hacia arriba avergonzado y respiró profundamente para calmarse —. Lo siento, estoy hecho un idiota. Creo que ese cristal sí me subió un poco, de hecho.

—¿Y eso que tiene que ver?

—Digamos que el mdma te hace decir… cumplidos. Y cosas lindas. Todo el tiempo. Es casi inevitable, te diría —Draco no se creyó ese cuento ni un poco.

—Si a mí no me subió nada gracias a mi peso, menos te podría subir a ti.

—Pero si yo no soy alto.

—Pero tienes un cuerpo que parece tallado en piedra.

¿De dónde mierda habían salido esas palabras? Draco reconsideró la teoría de los cumplidos como efecto del mdma. Harry se quedó literalmente mudo, mirando a Draco incrédulo.

—Entonces dime ¿Por qué coño les diste la bolsa esa a las chicas dejándonos aquí, sin nada?

—Pensé que nunca preguntarías —Harry sonrió aliviado por el cambio de tema. Sacó de su otro bolsillo una pastilla y se la puso en la palma de la mano, acercándola al rostro de Draco. Era una pastilla en forma de corazón color roja. Tenía tallada la palabra "LOVE"

—Y esto es… ¿Lo mismo? ¿Pero en otro… envase, digamos?

—Bueno, no es exactamente lo mismo. Osea sí, es éxtasis. Pero con algunas mierdas agregadas para darle forma al comprimido —explicó Harry —. En cambio, lo que le dimos a las chicas, es éxtasis puro.

—Me alegro con la parte que me toca —bufó Draco sarcásticamente.

—Oye, esto no esta tan mal —se defendió Harry —. Fue creada en los Países Bajos. Es la segunda de tres generaciones. La primera era un diamante rojo que también tenía tallado "LOVE", se empezó a vender en 1993.

—¿Y la tercera? —Draco no podía evitar sentirse curioso.

—Es de color un poco más claro, casi rosa. Tiene una forma más estrecha. En mi opinión, esta es mejor. Se parece más a un corazón ¿cierto?

Ambos magos se quedaron mudos por unos segundos admirando el comprimido. Era ridículamente tierno.

—No puedo creer que llegué hace… ¿Hace cuánto llegamos aquí? Bueno, me importa una mierda. No puedo creer que aún no estoy drogado —Harry partió la pastilla en dos con mucha destreza y le dio la mitad a Draco —. Salud —chocó su mitad con la del rubio, como si estuviese brindando. Draco negó con la cabeza riéndose. Pensó que Harry era adorable y se lo quiso decir. Esa idea llegó y se fue de su mente como una ráfaga de viento.

Procedieron a tomarse la pastilla de éxtasis, ayudando a bajarla con el vaso de agua encantado por Hermione se para que vuelva a llenar automáticamente. Ambos tragaron y se miraron mutuamente. Draco no supo por qué, pero sonrió como un idiota. Harry le devolvió la sonrisa mostrándole toda la dentadura.

—Oye ¿quieres bailar? —propuso Harry

—Merlín, sí.

De a poco, el sonido de la música pasó de ser un barullo molesto a una melodía para los oídos de Draco. Tuvo la sensación de estar escuchando una obra maestra. Draco consideraba tener buen gusto musical, ya que creció tocando el piano. Pero en este momento, no había orquesta sinfónica que se asemeje a lo que entraba por sus tímpanos. A pesar de sentir un poco de náuseas, danzaba de manera casi instintiva, y se dejaba llevar por el dulce ritmo.

Después de ¿una hora? bailando abstraído de sus pensamientos, de repente fue consciente de sí mismo. ¿Acaso estaba haciendo el ridículo? Observó alrededor, observó a Potter. Todos en el club estaban con los ojos cerrados, disfrutando su propio mambo, incluido Harry. Era cierto que aquí nadie venía a ligar. Draco nunca había ido a una fiesta así. Había un clima armonioso entre la gente. No había borrachos gritando, ni gente que te empujaba sin pedir permiso. Más bien al contrario, cuando alguien apenas lo rozaba, le pedían perdón educadamente. Cada vez que atrapaba la mirada de cualquier extraño, estos le devolvían una sonrisa. No existía nada de "¿Se puede saber que estas mirando?" Nunca, en mil vidas, Draco iba a creer que el ambiente más respetuoso en el que haya estado jamás, era en un club nocturno de Muggles drogados.

Se sentía muy cómodo. Sentía que podía bailar como quería, ser quien quería y nadie lo iba a juzgar. Se sentía distinto. Se sentía bien. Como si se le hubiese abierto un mundo de nuevas posibilidades para él. Como si todas sus dudas, miedos e incertidumbres se esfumasen como polvo en el aire.

Observó de nuevo a Harry. ¿En qué momento de la noche se había puesto aún más guapo? Su cuerpo se movía al compás de la música. Tenía los ojos cerrados. Sacudía su cabeza de un lado al otro, su cuello grueso y apetecible se retorcía y pedía ser mordido. A Draco no le dio miedo esa idea. Es más, hasta considero efectivamente hacerlo por un segundo, pero se contuvo a sí mismo.

—¡Oye! ¡Esta música es muy buena! –trató de decirle a Harry, elevando el tono. El moreno abrió los ojos un poco sorprendido. Miró alrededor, recordando donde estaba. Miró a Draco.

—¿¡Dijiste algo!?

—¡Si! ¡Perdona! ¡Evidentemente te interrumpí!

Harry hizo un gesto con la mano restándole importancia y se acercó a Draco tomándolo de las presillas del pantalón. De las malditas presillas del pantalón. De repente hacía mucho más calor. Harry estaba demasiado cerca y Draco no podía pensar correctamente. Sentía como el cuerpo de Harry emanaba magia. Últimamente, cuando estaba rodeado de Muggles, podía detectarla con más facilidad. El moreno desprendía un aura mágica capaz de inundar tus cinco sentidos.

—¿Qué decías? —dijo sobre el cuello de Draco y llevó la oreja a sus labios para escucharlo mejor.

—Na-Nada. Que me gusta la música, era eso nomás —se sintió medio tonto por interrumpir a Harry con semejante estupidez. El moreno sonrió y se alejó de él asintiendo con la cabeza fervientemente.

—¿¡Cierto!? —exclamó Harry elevando el tono gracias a la distancia — ¡Tócate!

—¿¡Qué!?

—¡Que te toques a ti mismo! ¡Hazme caso! —Harry acarició sus propios antebrazos —¡Así!

Draco trató de ignorar el doble sentido y prosiguió a hacer lo mismo que Harry. El tacto de su propia piel era muy agradable. Era más suave que la seda de su pijama. Se perdió acariciando sus propios brazos por un largo rato.

De repente, sintió que se le sacaba la garganta. Carraspeó un poco y se masajeo la nuez de Adam. Se dio cuenta que había perdido el vaso encantado. Mierda. No quiso decirle nada a Harry para no molestarlo de nuevo, pero antes de que se dé cuenta, el moreno le había dado la espalda. Estaba buscando algo entre la multitud de gente. Se acercó a un hombre y tocó su brazo para llamar su atención. Este se volteó y Harry le dijo algo que Draco no llegó a escuchar por obvias razones.

—¡Gracias! —sonrió el Gryffindor cortésmente.

—¡No hay por qué! —respondió el muchacho.

Harry se volteó a Draco y le guiñó un ojo acercándose nuevamente hacia él.

—Veo que, para ti, cualquier fiesta se trata de liar —dijo el Slytherin perspicazmente.

—¿Qué? —Harry parecía descolocado. Miró hacia atrás de nuevo — ¡Oh, no! Le pedí su vaso porque note tenías sed —le mostró a Draco el vaso plástico prestado.

—Oh, no me… no me había dado cuenta —él pensó que Harry andaba coqueteando al frente suyo como un descarado, y resulta que estaba al servicio de saciar su sed sin que siquiera haga falta pedírselo.

—Ven aquí —Merlín, con esa voz ronca, Harry le podía pedir que vaya a donde sea y Draco iba a obedecer. El moreno abrazó el cuello de Draco con un brazo y puso el vaso vacío entre ellos.

—¿Sabes hacer magia sin varita? –preguntó Draco mirando hacia abajo.

El Gryffindor no respondió. Draco tenía el rostro muy cerca de su bíceps. Fingía mirar el vaso, pero sólo se podía concentrar en los pectorales de Harry. Desde ese ángulo podía ver como se asomaba un sutilmente el vello corporal de su camisa. El olor, el tacto, todo sobre Harry era simplemente embriagante. Luchó contra sus ganas de tomarlo del cuello de su camisa y besarlo con furia. El vaso comenzó a llenarse lentamente de agua gracias a un hechizo no verbal. Cuando Harry se alejó con el vaso lleno, Draco se sintió vacío. Ven aquí de nuevo. Bailemos abrazados.

—¡Sus deseos son órdenes! —Harry le entregó el vaso a Draco haciendo una pequeña reverencia en broma. Draco solo quiso empujarlo de sus hombros más hacia abajo, sacar su polla y follarle la cara en el medio de este club.

—Wow. ¡No tenía idea que podías hacer eso!

—Digamos que…tengo un par de trucos bajo la manga —miró a Draco de arriba abajo.

Él también quiere, estúpido. Anímate. Pensó Draco. Tomó del vaso que le había conseguido Harry. El agua estaba helada, justo como la necesitaba. Sintió como su garganta volvió a cobrar vida y la sequedad de su boca se disminuía.

Sus náuseas habían desaparecido completamente. Tuvo la sensación de que su cuerpo se elevaba, pero de algún modo sus pies continuaban sobre tierra. Los extremos de sus dedos cosquilleaban un poco. Se sentía leve, fresco, y de buen humor. Por alguna razón, cada tema que sonaba en los parlantes parecía superar por magnitud al anterior.

Ubicó a su mejor amiga acorralando a su novia contra la pared. Tenía una mano apoyada a la superficie y con la otra jugaba con sus senos. Hermione la agarraba de las mejillas y también parecía muy compenetrada. Draco tocó el hombro de Harry para llamar su atención y apuntó hacia las brujas. Harry rodó los ojos.

—Me extraña que aún no se hayan ido. Siempre que venimos, se ponen hasta las trancas y vuelven a la casa de Pansy a follar como dos dementes, dejándome solo.

Hoy no te irás solo. Tantas cosas luchaban por salir expulsadas de su interior. Tenía una necesidad imperiosa que se retorcía en sus entrañas de decirle a Harry lo mucho que lo deseaba. Continuó bailando para aliviar su tensión. Su estado de liviandad comenzó a mutar a algo parecido a la euforia. De repente, más que bailar, estaba casi saltando de la alegría. Sus cabellos dorados rebotaban. Cuando abrió los ojos de nuevo, se encontró a Harry parado, quieto. Lo estaba observando con una sonrisita pícara, cruzando los brazos.

—¿¡Que miras, Potter?! —tuvo que elevar su voz gracias a que estaban un poco separados.

—¡Nada! ¡Lo siento! ¡No fue mi intención incomodarte!

—¡No te preocupes! ¡Los hombres altos somos atractivos!

—¡Sabía que eso volvería a morderme el trasero! —el moreno soltó una carcajada. Draco solo sonrió mientras continuaba bailando — ¡Veo que estas… disfrutando!

Draco se acercó a Harry, lo tomó por los hombros y se agachó un poco para hablar cerca de él sin tener que gritar. Una gota de sudor caía por su rostro.

—Harry, no estoy disfrutando. Estoy teniendo el mejor momento de mi vida —dijo exhalando de cansancio. Harry tragó saliva.

—Me alegra oír eso —el moreno no sonrió esta vez. Miraba a Draco muy fijamente, estaban bastante cerca. Malfoy no comprendió porqué la repentina seriedad.

—¿Estás bien? —se preocupó genuinamente. Guardó un mechón de pelo detrás de su oreja. Harry asintió con la cabeza.

—Estoy teniendo el mejor momento de mi vida —continuaba muy serio. Harry posó su mirada fija en los labios de Draco, sin disimular ni un poco. El rubio se estremeció. Sentía que esos ojos verdes podían ver a través de él por la intensidad que emanaban. El moreno llevó sus callosas manos hacia las de Draco. Recién ahí el Slytherin se dio cuenta que continuaba con sus palmas aún posadas en los hombros de Harry. Éste le acarició el dorso de sus manos huesudas y entrelazó sus dedos.

—Quiero besarte, Draco —continuaba mirando su boca, hipnotizado. El rubio estaba perplejo, incapaz de reaccionar.

Comenzó a frotar los hombros de Harry por inercia. Merlín, que hombros. La suposición sobre el cuerpo tallado en piedra era acertada. Harry cerró los ojos y dejó colgando sus brazos soltando a Draco, dejándose hacer. Draco tuvo la intuición que en este momento podría hacerle cualquier cosa a Harry y este iba a estar de acuerdo. Estaban tan… vulnerable a él. Comenzó a masajear sus hombros, bajando un poco por los omóplatos. Harry echó la cabeza hacia atrás, sobre estimulado por la sensación. Estaban aún más cerca. Tan cerca que podía distinguir el olor de Harry con el del resto. Bajó hacia sus brazos. A pesar de la ropa, Draco podía percibir lo esculpido que era Harry. Solo quería desabotonar esa maldita camisa y examinarle el cuerpo con la lengua.

—¿Quieres un masaje? —la pregunta de Harry rompió su trance.

—¿Perdona? –preguntó Draco confundido. El Gryffindor lo miraba con la cabeza inclinada hacia el costado. A Draco le parecía tan ridículamente bello que tuvo ganas de apretarle las mejillas y comerle la boca.

—Un masaje, mira —apuntó hacia algunas parejas dispersas en la pista que tomaban turnos para masajearse mutuamente —. Es normal aquí. Ya sabes, por lo bien que se siente el tacto —intercaló la mirada entre el rostro de Draco y las manos que agarraban firmemente sus bíceps, levantando una ceja.

—Oh, claro —soltó a Potter — ¿Pero no es una cosa de… em…?

—Relájate —Harry lo volteó y comenzó a masajear sus hombros —. Es normal hasta que se masajeen entre extraños —se acercó al oído de Draco —. Aquí es todo sobre dar.

El aliento tibio contra su oreja hizo que a Draco se le erice la piel. Harry comenzó a hacer unos masajes espectaculares. Naturalmente comenzó con sus hombros. Luego metió sus manos dentro de su chaqueta. Con sus pulgares trazó un camino por la columna, desde la nuca hasta su espalda baja. Las manos de Harry eran tan fuertes que la presión de su pulgar equivalía a la de un codo. Masajeó su zona lumbar tomándolo fuerte de los costados. Sus manos eran tan grandes que abarcaban casi toca la cadera de Draco. El Slytherin se estaba poniendo duro. Luchó contra sus ganas de acercar su trasero a la polla de Harry para comprobar si él también lo estaba.

—Si no estuviésemos en público… te podría masajear en otros lugares.

El rubio giró sobre sus talones y abrazó a Harry por los hombros. Sus semi durezas se rozaron y Draco confirmó lo que ya intuía. Sus rostros a un palmo de distancia.

—¿Ah sí? ¿Qué más me harías, si no estuviésemos en público? —las palabras impremeditadas salían de la boca Draco como si estuviese escupiendo un fuego interno. Harry tragó saliva. Eso lo tomó de sorpresa. Intuía que Draco estaba interesado en él, pero no se esperaba que le hable sucio en el medio de una pista de baile. Acarició la espalda del rubio y carraspeó. De pronto su seguridad lo había abandonado.

—Te… te podría mostrar un poco más de… mi magia —dijo Harry muy cerca de los labios del rubio —. Ya sabes, la no verbal —marcó cada consonante con claridad, puntualizando el doble sentido.

—Oh dios, sí —Draco apoyó su frente en la de Harry —eso que hiciste con el agua me enloqueció.

...

—Draco...

—¿mmm?

—Estás hermoso. Es decir, eres muy hermoso. Pero hoy... no tengo palabras. También hueles muy bien. Y amo como tienes el cabello —el Slytherin sonrió con ternura. Sintió que, si le daba rienda suelta a su lengua para halagar a Harry, no iba a callarse más. Aprovechó para bailar cerca de ese precioso pedazo de hombre que tenía a su deposición lo que quedaba de la noche. Alguien los interrumpió.

—Escuchen, homosexuales —canturreó Pansy —. Nosotras nos volvemos para casa. ¿Vienen? Pueden usar la habitación de huéspedes.

—No —respondió Harry muy decidido —. Vayan ustedes. Nosotros volvemos a la mía.

Algo comenzó a burbujear en el interior del estómago Draco. De pronto, esta arista medio posesiva de Harry que se asomó, hizo que su ansiedad por estar a solas con él se incremente con velocidad. Pansy le dedicó una última mirada que decía "Eres un chico con suerte" y volvió a llevarse arrastrada de Hermione que parecía tener una percha en las mejillas de tanto sonreír.

—¿Dónde estábamos? —preguntó Harry retóricamente —lo abrazó a Draco de la cintura, acercándolo más a él. Sus nacientes erecciones rozaban.

—Tengo mis cosas en lo de Pansy.

—Yo te presto lo que necesites. -Harry se encogió de hombros.

—¿Debería preocuparme de tu férrea decisión de llevarme a tu casa?

—¿Qué? ¿Porqué? -se alejó un poco de Draco -¿No quieres venir? Dios mío, lo siento, tendría que haberte preguntando antes, yo... Dios, soy un idiota. Lo arruiné. -miró hacia abajo avergonzado. -Podemos ir a la tuya si quieres, aunque no creo ser muy bienvenido. -rio con nerviosismo -Perdón, no es gracioso. -apoyó su cabeza en el hombro de Draco.

—Harry... —acarició su mata morocha, riéndose —. Me encantaría ir a tu casa. Solo estaba... hablando sucio —rio un poco incómodo. Harry se enderezó para mirarlo.

—Draco, aunque tengamos una cama en lo de Pansy, debo llevarte a mi casa —los ojos del moreno estaban llenos de lujuria —. Las cosas que te voy a hacer hoy, merecen total privacidad —Draco empujó levemente a Harry hacia atrás.

—Quiero bailar un rato más —se ató el pelo en una coleta mientras se retorcía con sensualidad. Harry sonrió.

—¿Te molesta si salgo a fumar un cigarro antes de que volvamos?

Draco le hizo a gesto a Harry para que se vaya tranquilo, y el moreno se alejó dejándolo solo en la pista. Salió al patio del club y se recostó sobre la pared apoyando un pie. Mientras fumaba su cigarrillo trataba de ignorar su dolor punzante de cabeza. Le estaba bajando el efecto. Una imagen de Draco saltando de alegría le vino a la mente y se emocionó, recordó sus propios primeros subidones con nostalgia y un poco de tristeza. Cuando recién había vencido a Voldemort, recién había salido del clóset. Sentía que se podía comer el mundo. Salir con Hermione y Pansy estaba… bien. Pero necesitaba a alguien que lo reclame como suyo, que lo llame por su nombre, que lo haga desvelarse día y noche para follar, follar, follar. Y como le gustaba follar a Harry.

Amanecía, un suave naranja pintaba el cielo. Los pajaritos mañaneros comenzaban a cantar. Lástima que había una muchacha vomitando más o menos a diez metros suyo. Por suerte tenía una amiga para sostenerle el cabello, sino el Gryffindor se hubiese voluntariado sin pensarlo dos veces.

Draco traspasó el umbral entrando al patio. Había bailado toda la noche, pero aun así lucía impecable. O por lo menos para los ojos de Harry. Caminó con elegancia hacia él. Se había sacado la chaqueta, la llevaba en su mano. Sus pálidos brazos y sus ojos grises brillaban más que nunca gracias a los primeros rayos del sol. Draco tomó el cigarro para terminar de fumarlo él mismo.

—¿Ella va a estar bien? —apuntó hacia la muchacha con su barbilla.

—Sí, es más, eso la hará sentir mejor.

Dicho y hecho, la chica se paró y respiró profundamente. Tenía el delineador corrido. Su amiga le pasó una servilleta y le dio unas palmaditas en la espalda. Ambas caminaron hacia dentro del club, saludando a los magos con una mano. Ellos le devolvieron el saludo con una sonrisa tensa. Draco se quedó mirando la entrada una vez la traspasaron. Pensó que justo en ese punto, el mdma y el alcohol se encontraban de alguna manera. Tiro la colilla del cigarro al suelo y lo piso para apagarlo. Extendió una mano hacia Harry y él la acepto. Comenzó a acariciar su palma con el pulgar.

—¿Vienes todos los fines de semana aquí?

—¿Todos? No —negó la cabeza. Seguía recostado en la pared —. Pero lo suficiente para liberar un poco de tensión mensual.

—¿Me perdonas por lo que dije en la casa de Pansy?

—¿Qué dijiste?

—Que eras... un adicto.

—Ah, eso —Harry rio — ¿No era en broma?

—Sí, bueno. Pero algo de verdad escondía —hubo un silencio —. Luego de todo lo que te ha tocado, mereces disfrutar tu vida Harry. Pero cuídate. Por favor.

—Me cuido —el moreno sonrió con dulzura.

Draco se quedó reflexionando. Harry ciertamente estaba muy desaparecido desde que finalizó la guerra. Se preguntó si sentía tan solo como el. Si concurría a estos lugares para sentirse bien por lo menos una noche. Se imaginó a él mismo despertando a su lado. Bañándolo. Llevándole el desayuno. Amándolo todos los días. Dándole todas las cosas que le guerra le habían arrebatado a ambos en su juventud: La posibilidad de confiar en un otro. Amarse a uno mismo y permitirse ser amado por el prójimo.

—¿Qué es esto?

El Slytherin, interrumpido en su momentánea distracción, miró hacia abajo entre ellos. Harry había soltado su mano, daba unos golpecitos en su cadena que tenía colgando en el pantalón para verla balancear.

—Em… ¿Una cadena?

—No la había visto. Qué bonita —la tomó con una mano. Parecía tan delicada comparada la palma masculina de Harry. Él comenzó a jugar con ella entre sus gruesos nudillos — ¿Para qué es? —continuaba observándola con curiosidad.

—¿A qué te refieres con para qué es? —preguntó Draco incrédulo —. Para vestir, claro.

—Bueno, ya lo sé. –levantó la vista hacia Draco —capaz también la usabas para… otras cosas —Harry se encogió de hombros.

Ambos magos se miraron significativamente. Sentían como si fuesen los últimos en esa discoteca, a pesar de que la música y el barullo de la gente seguía intacto. Había algo indescifrable en el aire. Palabras sueltas que revoloteaban entre ellos, buscando una boca para materializarse en sonido. El clima escalaba precipitadamente y Harry no podía controlarse más. Draco negó con la cabeza.

—Llévame a tu casa, Harry. -ni un pequeño atisbo de sonrisa se asomaba en su rostro. Era una súplica.

Fin.