Shuumatsu no valkyrie y todos sus personajes pertenecen enteramente a sus respetivos autores y son usados aquí con meros fines de entretenimiento.
Reunidos en el cuarto donde Buda permanecía después de la ardua lucha y las curaciones hechas a su lastimado cuerpo, los tres santos restantes esperaban. Confucio estaba al lado del herido ganador de la sexta ronda del Ragnarok, mientras Sócrates intentaba animar las cosas. Jesús, con los brazos cruzados y los parpados cerrados, conservaba su habitual semblante imperturbable, cosa a la que sus compañeros ya estaban acostumbrados. Sabían bien que, al igual que ellos, estaba preocupado por Buda y tan sólo esperaba.
—Se pondrá bien —aseguró Sócrates —. Dio una batalla muy digna… merece tomarse una siesta —bromeó.
Lo que todos deseaban ocurrió después de varios minutos: primero, el durmiente apretó los parpados entre sueños al igual que el ceño para segundos después abrir los ojos poco a poco. Confucio sonrió ampliamente, dejando al descubierto sus blancos dientes.
—¡Despertó! —exclamó, feliz. Sócrates y Jesús se acercaron también y, al verlos, Buda elevó las comisuras de los labios.
—Lo dices como si hubiese dormido mucho… deberían relajarse —dijo con voz calmada, e intentó incorporarse de la cama pero no lo logró, haciendo una mueca de dolor.
Ante eso, Confucio se apresuró a dejar la habitación para llamar a las enfermeras, y Sócrates lo siguió. Jesús permaneció en el cuarto, al lado de su compañero. Lo contempló largamente: se recuperaría de sus heridas, desde luego, era uno de los cuatro santos y eso lo hacía fuerte. Más aun, conocía lo suficiente a Buda como para saber que nada de lo que ocurriera podría hacerle flaquear. Reflexionó un momento: ¿qué ocurriría a partir de ese instante? El Ragnarok continuaba, incluso los dioses se mostraban más determinados en ganarlo y ponerle fin a esa humanidad que los cuatro santos amaban y a la que alguna vez pertenecieron. Los siguientes combates determinarían su destino, y la incertidumbre en ambos bandos se sentía en el aire. Mientras que Buda… ahora sería un paria entre los dioses que alguna vez lo aceptaron. Y, conociéndolo como lo conocía, sabía que no podía importarle menos. Internamente se sintió orgulloso de él, si es que se podía aún más.
En silencio, colocó sobre su hombro la mano derecha, donde milenios después se apreciaba todavía la cicatriz de su unión a esa cruz que simbolizaba aquello por lo que él, en su momento, luchó también: la salvación humana.
Buda lo miró, dedicándole una cansada sonrisa.
—¿Algo que decirme, viejo amigo? — preguntó débilmente, pero con humor. Jesús lo miró y, cerrando los párpados, sonrió también.
—Ten más cuidado la próxima vez, Siddhartha.
Asd, quería escribir algo de Buda interactuando con Jesús, no pierdo la esperanza de que en algún próximo capitulo mi holy yisus diga algo (?)y pues nada, salió algo pequeño y creo que eso está bien.
No me gustó como me quedaba el desu en los pocos diálogos de Confucio así que mejor los eliminé orz porfa no me odien por eso. Espero que les haya gustado y gracias por leer.
