Belleza deseable

Autora: Noppoh (AO3) [Traducción autorizada]

Traducido por: Sthefynice

Sinopsis: Porque esa era la gran verdad que por fin había comprendido: Aprende lo que realmente la gente quiere y podrás conseguir que hagan lo que tú quieras. Sin embargo, el juego empezaba a aburrirle, así que Lan XiChen había puesto sus ojos en otro premio, uno más difícil de Cheng se había convertido en un hombre fuerte y asombrosamente bello, y Lan Xichen lo quería. [Traducción autorizada]

ADVERTENCIAS: Dark!LXC, abuso psicológico y emocional, manipulación emocional, angst, smut, referencias a dinámicas de dominante/sumiso.

Notas de autora (Nopoh): Este fic fue escrito para el festival Dark!Xichen por XCNYCoven en Twitter. No presté mucha atención a los prompts y simplemente me dejé llevar por la idea que me lanzó la musa.

Este no es un fic agradable. Por favor, lean las advertencias.

Notas de Traductora (Sthefy): Considero que esto debe ser un must read en el fandom si amas la temática de Dark!LXC. Tengo sentimientos encontrados con este fic, pero es imperdible, al final lo amé lo suficiente como para que tú puedas disfrutarlo también.

Agradecimientos especiales a la admin Serenity de la página Lo que Callamos los Cultivadores por ayudarme con la hermosa portada 3


Capítulo 1: Entendimiento

Lan Xichen salió de su reclusión sintiendo que había ganado más claridad de la que cualquier estudio de libros viejos y horas de meditación. Sentía que por fin entendía cómo funcionaba el mundo. A fin de cuentas, A-Yao se lo había enseñado. Con su muerte, A-Yao le había enseñado una valiosísima lección y no iba a desperdiciar ese regalo.

Ya era hora de que retomara su papel como líder de la secta.

La verdad era engañosamente simple, descaradamente obvia, y muy fácil de usar. Después de todo, A-Yao así lo había entendido de forma natural, probablemente debido a su infancia. Las costumbres ascéticas de la Secta Lan no le permitieron aprender. Por eso había sido atrapado, acorralado, por las maquinaciones de A-Yao.

Pero, en la lucha de los últimos momentos de A-Yao, Lan Xichen había encontrado lo que el otro llevaba tiempo intentando enseñarle. Enseñarle poco a poco y con paciencia, porque A-Yao había comprendido, como había comprendido tantas cosas de Lan Xichen, que lo habría negado de otra manera. Incluso de tal magnitud que XiChen pudiera haber cambiado su opinión sobre A-Yao al respecto.

Y lo había hecho, durante algún tiempo. Al principio de su reclusión, XiChen había maldecido, llorado y destruyendo cosas, pensando que A-Yao era un monstruo. Culpó su estado mental al shock. Sin embargo, una vez que recuperó la lucidez, una vez que empezó a pensar realmente en lo que había sucedido, lo comprendió.

Ahora, por fin, entendía lo buen amigo que había sido A-Yao.

Por haberle dado semejante regalo, y el poder que venía con él.

Lan Xichen sonrió a los discípulos que se cruzaban en su camino. Su sonrisa seguía estando presente. Siempre había sido un escudo para él, algo que ocultaba sus emociones del mundo. Ahora, se había convertido en un arma. Algo que podía utilizar.

A-Yao también le había enseñado eso.

Le dedicó a Lan Wangji una pequeña inclinación de cabeza mientras se reunían y continuaban hacia la entrada de los Recesos de las Nubes. Su hermano, que en realidad no quería más nada salvo tener a Wei Wuxian a su lado en todo momento. Era un deseo tan fácil de conceder, y al mismo tiempo, tan fácil de manipular.

Porque esa era la gran verdad que finalmente había comprendido: Aprende lo que la gente realmente quiere y podrás conseguir que hagan lo que tú quieras. Tienes que ser discreto y guardar apariencias, por supuesto. No se consigue nada siendo transparente y honesto. No se consigue nada dándoles estúpidamente lo que desean. Sólo tienes que aparentar que se lo das, o que les ayudas a conseguirlo por su cuenta.

Las apariencias son mucho más importantes que la verdad. Otra cosa que le había enseñado A-Yao.

A Lan Xichen le gustaba pensar que se estaba volviendo bastante bueno en eso. En el mundo de cultivo, todos se referían a él como un hombre que se caracterizaba por ser alguien de buen corazón y honorable, algo que a estas alturas luego de su reclusión, a Lan XiChen le divertía bastante. Repetían una y otra vez lo sorprendidos que se encontraban al ver que luego de los sucesos vividos en el templo Guanyin, luego de su trauma causado y lo sucedido con sus dos Hermanos Jurados, aquello no diera paso para volverse amargado o apático, sino todo lo contrario, resaltando así sus características fortalezas.

Mientras tanto, Lan Xichen tenía bien cautivados a unos cuantos de las sectas más pequeñas, sabiendo exactamente qué decirles para guiarles hacia un camino u otro. Lo mismo se podía decir con la mayoría de los discípulos y de algunos de los Ancianos de su secta. Su hermano era como un libro abierto para él, así que nunca contempló la posibilidad de que le planteara un problema. No obstante, Lan XiChen todavía tenía que tener cuidado. No por el propio Lan Wangji, sino porque Wei Wuxian era mucho más observador de lo que pretendía.

Después de todo, el hombre había pasado parte de su infancia en las calles, podía saber un truco o dos. Bajo el cuidado de Lan Xichen, la Secta Gusu Lan se estaba convirtiendo en la más poderosa del mundo cultivacional.

En el camino, Lan XiChen se encontró con muy poca resistencia para lograr sus planes. Aquello ya estaba comenzando a aburrirle.

Por eso, había puesto sus ojos en otro premio más difícil de obtener.

Jiang Cheng se había convertido en un hombre fuerte y de impresionante belleza, y Lan Xichen lo quería.

¿Y qué mejor lugar para empezar su conquista que la Conferencia de Discusión anual que se llevaría a cabo en el Muelle del Loto?

Lan Xichen sonrió con indulgencia ante las habituales payasadas de Wei Wuxian cuando montaron sus espadas. ("No me dejes caer, Lan Zhan. Sujétame fuerte. Más fuerte, Lan Zhan".) Unos cuantos discípulos escogidos de su secta les siguieron, entre ellos se encontraba Lan Sizhui, que estaba siendo entrenado como el próximo Líder de Secta. No era que Lan Xichen tuviera la intención de abandonar pronto su posición como líder, sino que era una simple formalidad, nada más.

El vuelo les llevó apenas medio día y, al llegar, sólo tenían dos horas libres antes del banquete oficial, que daba comienzo a la Conferencia. Jiang Cheng les esperaba en el muelle, con un aspecto espléndido en su elaborada túnica morada.

Se intercambiaron saludos antes de que Jiang Cheng les indicara que le siguieran, guiándoles personalmente por la ciudad en lugar de pedir a un discípulo que lo hiciera por él.

—¿Somos los últimos en llegar, Líder de Secta Jiang? —Inquirió Lan Xichen.

—Sí.

Lan Xichen sonrió, a pesar de la acostumbrada brusquedad de Jiang Cheng. Después de tantos años, ya era algo habitual. —Mis disculpas por hacerles esperar, —dijo. —Debes estar ocupado con los preparativos.

—Lo tengo controlado.

—Por supuesto. No lo creería de otra manera. Aun así, deberíamos haber sido más considerados y haber salido a una hora más temprana. Espero pueda disculparnos.

Esto obligó a Jiang Cheng a mirarle de frente para no ser descortés. Lan Xichen se fijó en los altos pómulos y la fuerte mandíbula.

—No hay nada que disculpar, —dijo Jiang Cheng, con una pequeña inclinación de cabeza.

—Eres muy considerado.

Jiang Cheng bufó ante sus palabras y Lan Xichen sonrió satisfecho. Nada había cambiado desde la última vez que conoció a Jiang Cheng. Su personalidad y manera de ser se había mantenido con el pasar de los años, pero no había nada malo en comprobarlo. A fin de cuentas, Jiang Cheng no era tan complicado de descubrir. El arte de capturarlo radicaría en equilibrar sus palabras. Si se hace en justa cantidad, lo suficiente, no se notaría. Pero si presiona e insiste demasiado sólo serviría para hacer enfadar a Jiang Cheng.

Era un desafío que Lan Xichen estaba más que contento de aceptar.

Después de todo, el premio valía mucho la pena.

Así que se instaló y acomodó sus cosas, con toda la intención de esperar el momento oportuno, mientras observaba a Jiang Cheng y se dejaba atrapar por él al descubrirle observarle unas cuantas veces. Al final del primer día, un día que siempre fue bastante insignificante y sin progreso, con las diferentes Sectas tanteándose mutuamente y sin discutir realmente nada de importancia- vio a Jiang Chang agarrar su espada y salir de la sala casi vacía después de ladrar algunas órdenes a los sirvientes y a los discípulos de Yunmeng Jiang.

Lan Xichen detuvo al primer discípulo que se cruzó en su camino.

—¿Sucede algo?, —preguntó, asegurándose de sonar preocupado mas no alarmado. —He visto al Líder de la Secta Jiang agarrar muy fuerte de su espada antes de salir. ¿Hay algo en lo que podamos ofrecer nuestra ayuda?

—Líder de Secta Lan, —dijo el discípulo con una reverencia adecuada. —No se preocupe. Nuestro líder de secta tiene la costumbre de recorrer la circunferencia del Muelle del Loto por la noche. Creemos que le ayuda a calmar su mente.

—Ya veo, —respondió Lan Xichen. —Le agradezco.

—Líder de Secta Lan, —saludó de nuevo el discípulo antes de marcharse.

Lan Xichen sonrió. No había esperado que una oportunidad surgiera tan rápido, pero no se quejaba.

La noche siguiente, se aseguró de ponerse en el camino de Jiang Cheng. Estando de pie en uno de los muelles exteriores, contempló el lago iluminado por la luna. Había cambiado sus pesadas túnicas oficiales por otras más ligeras y la brisa jugaba con su pelo. Las pisadas de Jiang Cheng eran suaves, pero aún podían oírse por encima del suave chapoteo del agua alrededor de los muelles. Lan Xichen fingió no escuchar.

—Líder de Secta Lan, —saludó Jiang Cheng.

Lan Xichen miró rápidamente por encima de su hombro, haciendo ver que había sido sacado de sus contemplaciones. Entonces, le ofreció una suave sonrisa.

—Líder de Secta Jiang, —respondió. —Por favor, llámame por mi nombre. Ahora no hay necesidad de formalidades y, después de todo, tenemos el mismo estatus.

Jiang Cheng levantó una ceja hacia él pero no respondió a la invitación. —¿Qué estás haciendo aquí? —fue lo que dijo en su lugar.

—Ah, —respondió Lan Xichen, volviendo su mirada al agua. —Es una vista muy hermosa, ¿no? A pesar de tener nuestra propia vista del agua en la ciudad de Caiyi, nuestro toque de queda no nos permite admirarla a última hora de la tarde, ya que no regresaríamos a los Recesos de Nube a tiempo.

A Lan Xichen le agradó que Jiang Cheng se pusiera a su lado.

—Supongo que sí, —acordó. —Aunque prefiero la puesta de sol.

—¿Ah, sí?

Jiang Cheng se apartó de él, dando un paso atrás. —Tengo que hacer mis rondas, si me disculpas.

—¿Rondas? —Inquirió Lan Xichen, como si no lo supiera ya.

—Recorro el perímetro del Muelle del Loto. ¿Hay algún problema con eso?

—En absoluto, —permitió Lan Xichen. —Tu dedicación a tu Secta es admirable.

Jiang Cheng bufó, dando la vuelta para enfrentarse completamente a él, Lan Xichen ignoró la reacción.

—Creo que nunca me he tomado el tiempo de expresar mi admiración por lo que has logrado, —continuó. —Has reconstruido la Secta Jiang literalmente desde las cenizas, y se ha convertido en una de las Sectas más fuertes y estables. —Lan Xichen eligió cuidadosamente sus siguientes palabras. —Puedes estar orgulloso de lo que has logrado.

Jiang Cheng se tambaleó, mirando a Lan Xichen con ojos desconfiados, incrédulos, ligeramente aterrados y con un rubor en sus mejillas.

—Te dejaré con tus rondas, —dijo Lan Xichen con una reverencia para que Jiang Cheng se ahorrara tener que responder. —Creo que también se acerca el toque de queda. Disfrute de la noche, Líder de Secta Jiang.

La respuesta de Jiang Cheng fue puramente automática y Lan Xichen se retiró a sus aposentos, con una sonrisa de satisfacción rondando en sus labios.

Lo que Jiang Cheng quería, lo que más necesitaba, era validación. Quería alguien que le viera, más allá de su tosco exterior y de sus rudas palabras. Necesitaba escuchar, que alguien más le dijera que había hecho todo lo posible y que era suficiente. Necesitaba que alguien le mostrara su amor. Necesitaba un lugar donde descansar la cabeza, un lugar donde se sintiera lo suficientemente seguro como para dejar de preocuparse, aunque fuera sólo por un momento.

Por otro lado, estaba el hecho de que Jiang Cheng había crecido pensando que lo mejor de sí mismo nunca sería suficiente. Había crecido pensando que él era completamente insoportable, debido al carácter heredado que compartía con su difunta madre.

Lan Xichen sabía que tendría que ir con cuidado. Tendría que navegar por la frontera entre lo que Jiang Cheng necesitaba y lo que él creía que era su realidad, hasta encontrar alguna grieta que fuera lo suficientemente grande como para explotarla.

Sin duda era un juego muy satisfactorio. Definitivamente superaba el tratar de desviar la mirada de un pequeño Líder de Secta, de la hija de su mejor amigo, hacia una alianza que le convenía más a Lan Xichen.

Y por eso hizo el esfuerzo de apoyar a Jiang Cheng cuando las discusiones realmente tenían sentido. Sin embargo, tuvo que ser cuidadoso al respecto, añadiendo sus propios pensamientos después de las veces en las que mostraba su acuerdo, para encubrir que era simplemente para el beneficio de Jiang Cheng.

No obstante, no forzó su presencia hacia Jiang Cheng. Durante los banquetes y entretenimientos de por medio entre las verdaderas discusiones de sectas, Lan Xichen deambuló como lo habría hecho normalmente, permitiéndose sólo "ser atrapado" mientras miraba a Jiang Cheng desde lejos.

La última noche en el Muelle del Loto, Lan Xichen volvió a pasearse por los muelles al caer la tarde. Esta vez, no se asustó cuando Jiang Cheng se acercó a él. En cambio, se dio la vuelta para saludarlo.

—Tú otra vez, —dijo Jiang Cheng antes de que Lan Xichen pudiera abrir la boca, renunciando a todas las formalidades.

—Eso parece.

—Casi pensaría que estás aquí a propósito.

—Tal vez lo estoy, —respondió Lan Xichen con una pequeña sonrisa burlona.

—¿Qué es lo que quieres? —Soltó Jiang Cheng. —¿Por qué me has estado apoyando? Y no niegues que lo has hecho.

—Tienes puntos válidos, Jiang Wanyin, —respondió Lan Xichen, arriesgándose a usar el nombre de cortesía de Jiang Cheng en lugar de su título. —Deberían escucharte más.

Jiang Cheng entrecerró los ojos hacia él. —¿Qué estás tratando de hacer?

Con un suspiro, Lan Xichen se giró para contemplar de nuevo el agua. —¿Has considerado que tal vez te encuentro interesante?

—¿Interesante?, —fue la respuesta sarcástica e incrédula.

—Hmm. Te subestimas, Jiang Wanyin, —respondió Lan Xichen antes de soltar un pequeño suspiro. —Realmente voy a echar de menos esta vista.

—Entonces vete a Ciudad Caiyi, —espetó Jiang Cheng.

—El toque de queda es una de nuestras reglas más importantes, Jiang Wanyin. Especialmente como Líder de la Secta, no puedo ser visto rompiéndola sin una razón apropiada. —Lan Xichen se rió. —Tal vez alguien debería venir y secuestrarme.

—¿Secuestrarte? ¿Quién va a creer eso?

Lan Xichen se rió nuevamente de manera ligera. —Gracias, Jiang Wanyin.

—¿Por qué?

—Eso fue un cumplido, ¿no? —Preguntó Lan Xichen, girándose para mirar de nuevo a Jiang Cheng.

—Es una observación lógica.

Lan Xichen se limitó a sonreírle, haciendo que Jiang Cheng apretara los dientes y que mirara hacia otro lado.

—De todos modos, ¿cómo un secuestro va a resolver tu extraña fijación de los lagos iluminados por la luna?

—Bueno, —respondió Lan Xichen, inmensamente complacido de que Jiang Cheng hubiera mordido el anzuelo, —en efecto, tal vez un secuestro sea un poco drástico. Pero se nos permite prescindir de algunas reglas en determinadas circunstancias. Complacer a los invitados, por ejemplo, es una de esas reglas. Así que, si un invitado expresa un profundo deseo de ver la luna sobre el lago de la Ciudad Caiyi, es mi deber como Líder de la Secta acompañarlo si así lo desea.

Jiang Cheng resopló. —Así que, incluso las reglas de los Recesos de las Nubes tienen lagunas.

—Hay muchas, —estuvo de acuerdo Lan Xichen. —Si quieres conocerlas, te sugiero que le preguntes a tu hermano. A estas alturas, sin duda se las sabe todas.

—Sin duda, —aceptó Jiang Cheng con una carcajada.

—Entonces, —aventuró Lan Xichen con cuidado, —¿puedo contar contigo para secuestrarme?

—¿Qué?

—Bueno, esperaba... —Detuvo deliberadamente sus palabras y se dio la vuelta. —Ah, no importa, me temo que me he dejado llevar. No te preocupes por mis divagaciones, Jiang Wanyin.

Esperó, mirando hacia el agua y asegurándose de que sus hombros estuvieran un poco doblados.

Jiang Cheng se movió a su lado. —Bien, —espetó.

—Siento que te he forzado. Por favor, no te sientas obligado por mí, — protestó Lan Xichen.

—No me hagas repetirlo, —espetó Jiang Cheng.

Lan Xichen le dedicó su más brillante sonrisa. Aunque estaba mirando el perfil de Jiang Cheng, sabía que era notado por la forma en que el hombre volvió a arrastrar los pies.

—No sé cuándo, —añadió Jiang Cheng. —Tengo cosas que hacer aquí primero.

—Estaré encantado de recibirte cuando quieras, Jiang Wanyin.

Jiang Cheng se alejó de manera brusca. —Ahora continuaré mi ronda, dijo. —Buenas noches, hubo una pequeña pausa —Zewu-jun.

—Buenas noches, Jiang Wanyin, —respondió Lan Xichen.

No le molestó el hecho de que Jiang Cheng declinó su propuesta de usar su nombre de cortesía y se hubiera ceñido a su título. Aun así, Jiang Wanyin no había protestado al escucharle emplear su nombre de cortesía, lo que significaba algo. Seguramente, con el tiempo, Jiang Cheng se sentiría lo suficientemente cómodo como para hacer lo mismo con él.

No, a Lan Xichen no le importaba en absoluto. El primer paso estaba hecho y era un éxito. Ahora, sólo podía esperar hasta que Jiang Cheng llegara a los Recesos de las Nubes.