Aquel mundo era separado por tan solo Alfas y Omegas, donde ambas estirpes comparten rasgos animales tales como orejas o cola dependiendo de la especie a la que pertenezcan.

Los alfas de clase alta pertenecen a las élites de la sociedad, empresarios directivos y líderes, los omegas de clase alta se remiten a ser compañeros silenciosos, meros "complementos" de los alfas casi sin voz y voto fuera de sus hogares, pero indispensables dentro de los hogares, manteniéndolos en altos estatus.

Por otro lado se encontraban los alfas y omegas de clase media y baja, los alfas de estas clases se limitaban a las tareas y labores para sustentar la economía bajo el mando de los de alta clase, mientras que los omegas, si no llegaban a enlazarse y casarse con alfas de sus propios estatus eran vendidos como meros esclavos de las clases altas, como sirvientes del hogar de estos o incluso como meros juguetes para la diversión de los alfas que los compraban.

Giorno Giorvanna era un pequeño omega de la raza panda rojo, aunque poco se parecía a su madre y a otros de su rama genealógica, después de todo su cabello era de un color rubio junto a sus orejas y su cola, la cual de igual forma mantenía un anillado casi níveo en comparación a los demás, el cual era de un color más cenizo, terminando por las marcas de su rostro eran de un color castaño y a diferencia de sus congéneres en este solo llegaban a mitad de sus mejillas.

El joven apenas tenía unos 10 años y había escapado por quinta vez aquella semana en la espera de escapar del castigo y maltrato que le estaba dando su padrastro en aquel momento, pasando por unos cuando callejones hasta llegar a una pequeña plaza en la que solía esconderse, terminando por recostarse en el pasto detrás de una banca.

La tarde pasó muy lentamente para el joven rubio, sabiendo que nadie lo molestaría en aquel lugar ya que nadie iba con regularidad al estar aislado entre varios edificios altos. Este se encontraba dormitando en la misma posición hasta que su estómago comenzó a gruñir reclamando comida, teniendo que sentarse sobre el pasto sintiéndose mareado al no haber ingerido nada en todo el día.

—no quiero volver... —murmuró el joven de forma intranquila, llevando su mano derecha pidiendo para sus adentros que se calmara, que esperara hasta que fuera más de noche para poder volver a su casa y comer algo mientras sus padres dormían, aunque su silenciosa petición no fue escuchada en absoluto.

—parece que no la estás pasando muy bien —una voz lo alteró por completo, no había podido escuchar a nadie acercársele ni tampoco había podido olfatearlo en absoluto y temblando al tenerlo tan cerca.

Aquel chico a diferencia de él era remarcable el negro absoluto, su cabello, ojos, cola y orejas eran completamente negros, mientras que su piel era de un tono canela oscuro, teniendo un par de manchas irregulares más oscuras asomando por el borde del cuello de la camiseta que llevaba y debajo de sus ojos.

—oye no te voy a hacer nada, parecías tan solo ahí tirado así que decidí hacerte compañía hace como... Media... Una hora... —el joven había partido hablando con una amplia sonrisa, aunque luego de aquello hizo una mueca de incomodidad al tratar de recordar la cantidad de tiempo que se había encontrado ahí junto al otro chico— en fin, eso no importa ya, me llamo Guido, soy un pantera negra ¿Y tú?

—y-yo so-... —el chico no alcanzó a decir mucho más cuando termino por quedar en silencio debido a que su estómago comenzó a gruñir nuevamente, sintiendo que en cualquier momento podría comenzar a llorar debido a la vergüenza, pero ninguna logró caer de sus ojos preocupando enormemente al joven de negros cabellos.

—ven, conozco un lugar donde podrás comer algo rico y... Si no tienes donde pasar la noche podrían darte un techo —aconsejo con una amplia sonrisa aquel joven, intentando contener la risa que quería salir, pero no pudo disimularlo al mover sin control su cola de un lado a otro.

—... Bien... —murmuró el joven Giorno, sorprendiendo por completo a Guido el cual dejó de inmediato de mover su cola y sus orejas se alzaron en clara señal de alarma, dando un salto para pasar la banca y quedar arrodillado frente al rubio.

—es-espera, debes estar bromeando ¿No? —cuestionó extrañado el moreno mientras veía hacia todos lados por aquello era alguna trampa para acusarlo de secuestro o alguna cosa similar, terminando por sujetar al contrario de sus hombros con una expresión de seriedad— ¿Nunca te dijeron que no debías irte con gente que no conoces?

Al recibir una negativa del contrario, el joven no pudo evitar suspirar con agotamiento antes de tomar la mano ajena, tironeando de este un par de veces para que se levantara junto a este y comenzara a seguir por los callejones opuestos a los que llevaban para la casa del rubio, aunque este no se preocupó en absoluto de aquello, a fin de cuentas nunca lo buscaban, él siempre regresaba ahí por voluntad propia.

Tardaron un rato caminando por calles y uno que otro callejón hasta que llegaron a un edificio más grande que los circundantes, de cuatro pisos y resaltaba el nombre en la entrada "orfanato Nakia" causando que el rubio abriera la boca con sorpresa, inclinando su cabeza para ver al contrario, escuchando la risa del moreno mientras lo hacía entrar.

—sí, sí, vivo aquí, no te sientas tan mal chico, tienes que comer algo —terminó de entrar junto a este, viendo como una mujer joven con habito lo agarró entre sus brazos y lo alzó mientras lo abrazaba.

—nos tenías a todas preocupadas Guido, debiste avisar al menos a donde ibas —la voz de la mujer estaba entre lo chillón y lo dulce mientras apretaba con fuerza al joven, aquella joven monja era claramente un oso a pesar de lo fina que era su contextura, volteando a ver al otro pequeño con curiosidad, intentando soportar las ansias de abrazarlo de igual forma— ¿Y este pequeño Guido? ¿Un nuevo amiguito?

—lo encontré en el parque que está escondido ¿Me lo puedo quedar? —el moreno se separó de la mujer de un salto para abrazar al rubio con una expresión que reflejaba gracia y jugueteo, separándose poco después y acariciar la cabeza de este con algo más de ternura— tiene hambre así que lo invité a comer hermana ¿Puede comer algo? Aunque me quede sin mi porción de mañana.

—¿Q-que? Es-espe-... —el menor se había puesto nervioso ante lo dicho por el otro niño, pero este solo le tapó la boca para que no se negara a su ayuda, continuando con aquella expresión de súplica hacia la mujer frente a ellos la cual solo suspiró con levedad, rendida hacia la mirada de aquel muchachito.

—está bien, esto queda entre nosotros, que nada le llegue a la madre ¿Esta bien? —sonrió con cierta complicidad aquella monja, recibiendo un asentimiento del chico, soltando al menor de los tres para volver a sujetarlo de la mano y llevarlo junto a él siendo guiados por la mujer.

Cuando los tres llegaron al comedor lo pasaron de largo para entrar a la cocina, donde la mujer escudriñó en la nevera para sacar un pote con ensalada, entregándosela a Guido y posteriormente sacar otro recipiente donde la mitad parecía ser líquido. Tomó un plato para vaciar parte del contenido del pote en este, mostrando pedazos de pescado, junto a tomate y cebolla, vertiendo sobre este un poco del jugo de la comida.

—espero que esto sea de tu agrado pequeñín —sonrió de forma amable la monja, colocando al microonda la comida y poniendo a funcionar el aparato, terminando por guardar el resto.

—¿Que hago con la ensalada? —cuestiono Guido viendo el interior del pote entre sus manos, haciendo una leve mueca de desagrado, la ensalada nunca había terminado de ser del todo de su gusto al ser de una especie carnívora.

—ponlo en un plato, no todos son quejumbrosos como tu —la mujer reprendió al pequeño mientras le desordenaba el cabello casi sin compasión, aprovechando que este no podía apartarle sus manos si no quería dejar caer el pote de vidrio al suelo. Cuando lo dejó libre para que hiciera lo que le pidió se acercó al pequeño rubio y se arrodilló frente a este con una expresión de curiosidad— ¿Cómo te llamas pequeño?

—me... Me llamo Gi-Giorno Giovanna —con clara timidez respondió el joven rubio, sin esperar que sus mejillas fueran aprisionadas por la mayor, la cual comenzó a masajearlos sin descanso, viendo como las mejillas de esta se iban sonrojando debido a la ternura que le producía.

—eres tan suave ¿Cuantos años tienes? ¿6 o 7? —cuestionó esta con curiosidad, notando el desánimo que presentaba el pequeño, dejando en aquel momento sus mejillas, comenzando mejor a solo acariciar su cabello— ¿Estas bien?

—s-si... Estoy bien... Pe-pero tengo 10 no... 7 —murmuró intranquilo, viendo la expresión de seriedad y preocupación, tomándolo en sus brazos y apretándolo contra su pecho para arrullarlo y hacerle cariño en la espalda.

—estas muy descuidado mi niño, me gustaría poder cuidarte y criarte yo, pero la iglesia no me lo permite —termino de acariciar el cuerpo ajeno cuando el microonda sonó y tuvo que levantarse para poder sacar el plato con comida y ponerlo en la isla junto a un tenedor para el joven— espero que lo disfrutes.

—la comida de la hermana es deliciosa, aunque la ensalada es desagradable —opinó Guido colocando el plato de ensalada junto al principal, alejándose lo más rápido que pudo evitando otra reprimenda de la mujer, la cual soltó un pequeño bufido y le dio una silla al menor para que pudiera comer con calma.

—que a ti no te gusten no quiere decir que a otros no les gusten —volvió a quejarse la chica, gruñendo por lo bajo haciendo que el otro chico soltara un quejido en señal de queja, desviando ambos su mirada hacia el rubio el cual había comenzado a comer con entusiasmo de todo lo que había frente a él, sin preocuparle si era carne o verdura— ¿Como esta la comida? ¿Te gustó?

—es-esta deliciosa —sollozó el pequeño niño sin dejar de comer lo que tenía frente, finalmente dejando caer las lágrimas de sus ojos por sus pequeñas mejillas, preocupando a ambos frente a él, haciendo que la hermana acariciara su cabeza y que Guido acariciara su espalda, ambos con cuidado de no incomodarlo o lastimarlo.

Lo que quedaba de la tarde pasó en momentos de los dos mayores reconfortando y animando al menor entre palabras de aliento y alguna que otra caricia en la espalda o cabello de este. Cuando la tarde terminó el chico se despidió de ambos con una pequeña sonrisa amigable mientras prometía verlos a ambos en otra ocasión mientras la joven monja lloriqueaba y lo abrazaba con algo de tristeza.

De aquella forma pasaron casi 8 años, en los que cada vez que podía Giorno iba a visitar tanto a Guido como a la hermana que trabajaba en aquel lugar, comenzando de igual forma a todos los que vivían en aquel lugar, hasta aquel día, donde el rubio estaba jugando con los pequeños, los cuales no dejaban de saltas a la espalda de este o mordisquear su cola mientras esperaba la llegada del mayor.

—oigan pulguitas vayan a jugar a otro lado —reclamó el moreno una vez entraba en la sala principal del orfanato, recibiendo risitas y cuchicheos animados por parte de los niños que salían corriendo lejos de este hacia el patio del lugar— lo siendo por demorarme, la hermana no me dejaba salir hasta que me viera decente según ella.

—jehehehe pues no siempre te ves mal, te ves espectacular —sonrió con cierta gracia el rubio mientras se levantaba de donde había estado con los pequeños, caminando hacia donde este se encontraba, el cual gruñó en queja empujándolo con levedad para molestarlo.

—¿Como que "no siempre"? Yo siempre me veo excelente —la risita resultante del otro joven lo animó más por la salida que iban a tener aquel día, apegándose al costado de este y olfatear el perfume de este, logrando que el contrario soltara un quejido leve— ¿Listo para irnos?

Giorno simplemente sonrió con ánimo y una gran sonrisa antes de salir con este del edificio, despidiéndose de paso de los pequeños los cuales gritaban que querían ir, aunque no tenían permitido salir de la reja del lugar por lo jóvenes que eran, aunque cuando se alejaron más del lugar escucharon como la hermana les decía que tuvieran una buena cita, haciendo que ambos se avergonzaran de que todos en la calle escucharan, riendo de vergüenza intentando apresurarse en el camino.

Durante el camino a su lugar de destino ambos jóvenes no dejaban de bromear y empujarse con levedad mientras reían con ánimo, al poco tiempo el sonido del mar era evidente a lo lejos, entonces el rubio no pudo evitar correr alejándose del moreno para poder entrar antes a aquel lugar, sin evitar tirarse a la cálida arena golpeándola de forma juguetona con su cola.

—aaahhhh~ finalmente comenzó el tiempo de playa~ —el tono de voz del rubio era jovial y animado, deseoso del periodo que se venía, volteándose sobre sí mismo para estirar sus brazos hacia el cielo con flojera mientras que Guido se sentaba a su lado con sus piernas cruzadas.

—parece que estas muy deseoso, como si fuera tu primera vez aquí —no pudo evitar reírse con gracia el mayor, pasando su cola por la cara del menor el cual terminó por mordisquearle en reclamo, aunque parecía tan solo un jugueteo infantil— pareces más un cachorro felino, nunca había visto a un panda morderle la cola a alguien más.

—adivina donde pasé la mejor parte de mi vida, son tooodos gatos los que acogen en el orfanato —soltó una corta risa el panda rojo luego de soltar la cola del mayor y sentarse más apegado a este, acurrucándose a un lado restregando su mejilla en el cuello del mayor— es mejor que viniéramos a esta hora, el atardecer es la hora más romántica...

—estás muy meloso hoy... ¿Tan rápido va a llegar tu adultez? Quiero seguir teniendo a mi pequeño cachorrito perezoso —reclamó el mayor abrazándose a este, recordando la última temporada de hibernación del rubio, el cual había decidido tomar aquel tiempo en el orfanato junto al moreno.

—n-no lo digas así, que vergüenza —el rostro del menor se iba tornando rojo debido al nerviosismo que le causa recordar los inviernos, era su periodo más vulnerable y no le gustaba mucho recordarlos, intento apartarse un momento del contrario, pero terminó por rendirse ante el abrazo de este— aún falta un mes para que llegue mi cumpleaños y mi celo.

—Ahh... Un mes, eso en verdad es poco, aunque ya quiero que pase volando, no quiero ser el único adulto en la relación —las quejas del mayor ahora eran infantiles, restregando esta vez él su frente y nariz en el espacio del cuello ajeno para olfatear su aroma— se ha vuelto más dulce en estos meses... ¿Será el efecto omega?

—¿De qué hablas? —le cuestionó con extrañeza el rubio, intentando no reírse de los desvaríos que hacía su amigo, el cual hizo un puchero de queja volviendo a abrazarlo con cierta queja, causando que el joven suspirara. — vamos Guido, no me dejes así.

—tu aroma antes era algo ácido, ahora es mucho más dulce ¿Tú notaste algún cambio en mi cuando pasé mi primer celo? —cuestiono luego de que su explicación, queriendo saber si el menor había notado cuanto había cambiado en todo aquel tiempo, aunque su verdadera intención era querer ser halagado por quien amaba.

—mmm... ¿Aparte de que tu humor se ha vuelto peor? —cuestiono con una pequeña sonrisa irónica en su rostro, recibiendo un ronroneo el protesta, volviendo a tener al contrario sobre él, termina do por caer de vuelta a la arena con aquel alfa sobre él, sin evitar reírse en aquel momento aprovechando de acariciarle— l-lo siento pffhhh... totalmente lo noté y quien no lo haría, tu cuerpo es mucho más grueso y musculoso que antes... Además tu olor se hizo más fuerte, todo un gran alfa.

—me alegro poder escuchar tu voz, es música para mis oídos —murmuraba con agrado acurrucándose a su lado para no aplastarlo con su peso todavía más, recargándose sobre su brazo derecho para verlo con más seriedad y firmeza— Giorno, ¿Puedo preguntarte algo?

—¿Que puede ser? —la emoción llenó en cierta medida al rubio, agitando un poco su cola mientras se recargaba en su brazo izquierdo para ver a la par al contrario.

—¿Puedo pasar contigo tu celo? Quiero ser yo quien esté junto a ti el resto de tu vida —la firme expresión del mayor causó que el rostro del joven se pusiera completamente rojo maldiciendo para sus adentros, se suponía que él estaba dándose las fuerzas para preguntarle aquello mismo al moreno, pero este se le adelantó de una forma que hacía parecer a toda preocupación y preparación una simple idiotez.

—y-yo... Esto... Po-por supuesto... no po-podría estar más feliz —las lágrimas habían comenzado a correr por las mejillas del menor, aunque estas eran opacadas por la amplia sonrisa que ahora adornaba su rostro, saltando esta vez este sobre el cuerpo del más alto mezclando tanto su risa como su llanto sin saber por cual decidirse.

—vamos, vamos, no llores, por favor, me haces sentir mal —se quejaba un poco intranquilo el más alto mientras acariciaba la espalda ajena, aunque en su rostro una sonrisa cálida era la dominante, sintiéndose en verdad satisfecho al haber sido correspondido, además de tener el pensamiento que de aquella forma el menor no tendría el miedo que él paso al tener que pasar su primer celo solo como la había tenido él en su momento cuando cumplió los 18.

Ninguno de los en aquel momento de cariño y cuidados iba a ser la última charla que tendrían en un buen tiempo, todo aquello porque al momento de volver a su casa casi a las 10 de la noche, Giorno estaba siendo esperado en la entrada por un auto, del cual a un lado se encontraba su madre, su padrastro y un hombre fornido el cual nunca había visto antes, sintiendo terror al ver sus ojos que eran negros y rojos, aunque nada lo aterró más que las palabras que dijo como despedida su progenitora.

—te vendimos por un buen precio, finalmente nos pudimos deshacer de ti.