Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
El grupo revisó con cuidado los últimos detalles de sus planes, ya estaban en su límite, no tenían opción, Julián los había obligado a eso. El líder, Kanon, masajeó sus sienes y miró a sus amigos.
— ¿Están seguros de esto?
Por respuesta recibió exclamaciones afirmativas y asentimientos. Ellos habían diseñado un complejo plan que incluia vestirse todos de negro, una camioneta negra sin logotipos, sogas, cloroformo y varias cosas más para sacar a Julián de su mansión y finalmente obligarlo a sostener su tan esperada charla. Kanon se había negado a hacerlo, incluso había esperado que el hecho de que Julián buscara a Shijima derivara en un encuentro entre los tres, pacifico, sin necesidad de exagerar todo, pero estaba hablando de Julián que llevaba meses sin hablarle y Shijima que estaba en medio de lo que parecía una crisis de identidad derivada de su cambio de estilo, ninguno de los dos se iba a reunir pronto, según él.
— ¿Estamos listos? — preguntó Baian, mirando al grupo y sus disfraces — ¿todos tienen una coartada para esta noche?
— Todo está listo Baian, hagamos esto antes de que me arrepienta.
Sorrento se apresuró a entrar a la camioneta sin placas, era probablemente la idea más estúpida que habían tenido, pero hasta él estaba desesperado. Julián era su amigo más viejo, habían vivido tanto juntos, no podía dejar que el idiota se alejara sólo porque crecía que así estarán bien, él no necesitaba protección.
El grupo entró a la camioneta conducida por Io, quien trataba de no parecer nervioso, Baian iba del lado del copiloto, buscando una estación de radio decente y los demás se habían acomodado en la parte trasera, todos trataban de alejar sus nervios hablando de diferentes cosas.
— ¿Qué estás haciendo Isaac? — preguntó Thetis, la más preocupada del grupo, preocupada por Julián, por sus amigos, confundida y a punto de romper algo.
— Mii me envió un mensaje de buena suerte, ella es mi coartada en caso de que las cosas fallen.
— ¿Mii? ¿La rubia amiga de Saori Kido? — Kaza miró a su hermano adoptivo intrigado — ¿estás seguro de que algo no está pasando ahí?
— ¡Deja de imaginar cosas! Apenas nos conocemos, y ella es amiga de Saori, significa que no tiene tan buenos gustos en el arte de hacer amigos.
— Eso es lo que Julián decía — le susurró Krishna a Kanon, ganándose una mirada de odio de parte del adolescente.
— No tienes que justificarte niño — Kanon levantó el pulgar — a tu edad yo ya había tenido varias novias.
— No quiero escuchar las experiencias de cualquiera de ustedes — intervino Thetis, llevándose las manos a los oídos — mejor cambiemos de tema.
— Hablemos de lo que haremos, ¿no creen que podríamos ir a prisión? ¿Tienen idea de las repercusiones que esto podría traernos? No hablo de meternos con Julián, hablo de su madre — Sorrento negó con la cabeza, pero sólo se ganó un par de palmadas en la cabeza de parte de Baian, una indicación de que todo estaba bien.
— ¿Por qué no mejor hablamos de cómo Sorrento también nos está reemplazando por otros? Sólo porque ninguno de nosotros puede tocar más de dos notas en cualquier instrumento sin desafinar el señor músico ya siente que debe de conseguirse otros amigos — argumentó el castaño, recibiendo un manotazo.
— No hago nada que Kanon no haga, y ellos son compañeros de trabajo.
El comentario levantó varios silbidos y el griego se ganó un piquete de codo de parte de Krishna.
— ¿Todavía nos estás engañando Kanon? — dramatizó Kaza — y eso que creímos que teníamos algo especial, ¡estuvimos varados en una isla desierta juntos!
— En primer lugar, quiero aclarar que en teoría ustedes son los otros…
Las bromas continuaron un par de minutos más hasta que cayeron en cuenta de que algo faltaba, no podían reír por completo, no si faltaba el elemento importante dentro del grupo. Krishna fue el primero en guardar silencio, había conocido a Julián en el Lykeio, fueron compañeros de laboratorio; al principio Krishna había creído que Julián era como cualquiera de los otros compañeros, presumido, con un acento al hablar que era clásico de las clases altas, pero la realidad era que ese adolescente era diferente, dejaba que los demás se comportaran como quisieran a su alrededor, pero él no se veía afectado porque fuera considerado casi un rey; era amable, divertido y sólo se codeaba con personas que tuvieran los pies en la tierra, o no tan despegados.
— Bien, Thetis, Io y Baian se quedan en la camioneta para vigilar y tener todo preparado para cuando lleguemos con Julián, los demás entraremos, no olviden las sogas y la cinta de aislar, en caso de que las cosas se pongan duras.
Kanon repasó el plan de nuevo, estaban estacionados en la parte trasera de la mansión. Era hora de actuar, todos dejaron la tristeza de lado y se concentraron en su tarea: sacar a Julián Solo de su mansión y llevarlo a una zona desconocida (la casa de Krishna) para obligarlo a tener una conversación.
El grupo de rescate, como se habían llamado para no pensar en lo que en realidad estaban haciendo, salió de la camioneta vestidos por competo de negro y usando pasamontañas, a excepción de Kanon que sabía que nunca entrarían a la mansión Solo y secuestrarían al joven y multimillonario heredero, por eso el día anterio había llamado al mayordomo de la familia para contarle el pequeño plan que tenian, cosa que el hombre aceptó sin problema.
Debido a eso, la reja no estaba electrificada y no estaban presentes los grandes y fuertes hombres que se encargaban de vigilar los terrenos de la mansión Solo, las cámaras estaban encendidas, y frente al monitor que mostraba la imagen estaba el mayordomo, que reconoció a Kanon en la imagen y presionó el botón remoto que abría la reja.
— Primera parte del plan, la cerradura, Kanon, eres el experto — Kaza se acercó a la reja y miró a su alrededor, buscando a los guardias.
El mayor asintió y fingió que se ponía a trabajar; sus amigos más cercanos y viejos evitaban hablar o hacer cualquier referencia a su pasado delictivo, pero ellos no, ellos lo mencionaban e incluso hacían bromas. En los meses posteriores a todos los problemas que había causado, el padre de Julián le había dicho que era importante aprender de los errores, vivir con ellos, reírse de estos, todo era parte él y no podía cambiarlo; su amigo le recordaba tanto a su padre, Kanon no podía simplemente hacerse a un lado y dejar que Jilián se enfrentara solo a sus problemas, él no lo había dejado solo.
— Esto está tardando mucho, tendremos que implementar el plan b — susurró el griego, la reja estaba abierta, pero no desaprovecharía la oportunidad para molestar un poco a Kaza.
— No.
— Sí, debemos de saltar la reja, inicia tú Kaza, después que Krishna ayude a Isaac y Sorrento y al final vamos nosotros.
— …¿Y no puede ir primero Sorrento o Krishna?
— No tienes miedo, ¿o sí?
— ¡Claro que no! ¿Por quién me tomas?
Claro que tenía miedo, era peligroso y él prefería estar lejos del peligro, pero Isaac estaba ahí y no quería que la admiración del peliverde disminuyera, a pesar de que él y todos sabían que Kaza no sabía cómo subirse a la reja. Baian los había presentado a él y Julián cuando eran niños, fuera de que en el paquete estaba Sorrento, Kaza había encontrado un nuevo amigo de aventuras, le encantaba molestar a otros y el heredero era alguien que no tenía problemas con eso, el amigo perfecto.
— ¿Cuánto tiempo más vas a hacerlo sufrir? — le preguntó Sorrento a Kanon, ellos junto con Krishna e Isaac veían los intentos de Kaza por subir la reja y saltar al otro lado.
— Planeaba dejarlo hasta que saltara al otro lado, pero a este paso estaremos aquí toda la noche.
Kaza ya había logrado llegar a la cima cuando Knaon fingió que la puerta al fin se había abierto y la movió, con su amigo aún sobre ella, para dejar pasar a los demás.
— Deja de jugar y apresúrate con la misión Kaza — lo regañó Krishna, comenzando a caminar hacia la casa, dejando a su amigo arriba de la reja, sin saber cómo bajar.
En la camioneta la misión de vigilar fue olvidada casi de inmediato, Thetis estaba sentada detrás del asiento de Baian, mirando fotos viejas en su teléfono, por un momento pensó que tal vez no habrían llegado a ese punto si ella le hubiera contado a Julián lo loca que está su madre, y tal vez, sólo tal vez, podrían estar juntos. Se sonrojó de sólo pensarlo, no debía de pensar esas cosas, era muy tarde; con decisión miró por última vez la fotografía que uno de los chicos del bote les había tomado cuando salieron de la isla y volteó a ver a Baian e Io, que mantenían una conversación en voz baja.
— Aún no puedo creer que te quedaras con esa araña.
— Aún no puedo creer que ustedes no me dijeran de ella en primer lugar, idiotas — Io rodó los ojos y sonrió — está bien, Phonos dijo que no era venenosa e incluso me dio algunas recomendaciones para mantenerla viva.
— ¿Phonos? — Baian alzó una ceja, preguntándose quién era ese sujeto y por qué Io hablaba de él con tanta familiaridad.
— Sí, es a quien fuí a ver para saber si la araña no me mataría, considerando que no me dejó en paz por tres días, es un sujeto agradable, la semana pasada me tomé una copa con él…
— ¿Quieres decir que sales con él pero yo te invito a jugar con mi Xbox y me mandas a freir espárragos?
— No salimos a ningún lado, si me dejaras terminar — Io se sentó de lado, para poder mirar a Baian mejor — nos encontramos en mi trabajo, el restaurante tiene barra para la gente que espera su mesa, él fue a recoger a su hermana porque Izo quiere remodelar y ella es diseñadora, o sólo iba a cambiar el logo del restaurante… algo así, entonces él me invitó un trago y no tuve opción, después se nos unió su hermana y eso fue todo.
— Eso no cambia el hecho de que cuando yo te invito a salir tú me rechazas vilmente.
— Sí, he estado algo ocupado, lo admito, pero qué te parece esto, salgamos, la próxima semana, después de resolver esto de Julián, tú y yo.
Baian sonrió mientras levantaba una mano para acomodar su cabello hacia atrás.
— Bien, pero no vayas a llevarme a un lugar de mala muerte.
— Podemos ir a mi cuarto si quieres, tengo un nuevo mazo de cartas, brilla en la oscuridad, se lo gané a mis compañeros en una apuesta del trabajo.
Thetis miró toda la escena con el rostro desencajado, ahora entendía el "pasó algo raro" que le contó Sorrento sobre sus amigos cuando estuvieron en la isla, incluso entendió la indirecta que lanzó Kaza sobre los brillos rosas. La pregunta era si esos dos sabían lo que estaba pasando, ¿estaban burlándose o era algo natural? La escena de celos, la invitación que bajo otro contexto podría interpretarse de manera diferente… ella debía de contárselo a alguien.
Llegar al cuarto de Julián fue sencillo, no había vigilancia o algo parecido. El cuarteto ingresó a la habitación en completo silencio y juntos contemplaron a Julián dormir en su cama. Krishna no tardó en sacar la cinta e Isaac destapó a su amigo. Sorrento por su parte se detuvo en el vaso con agua y la caja de pastillas que estaba a su lado, el músico frunció el ceño y se guardó la caja para preguntar por ella, cuando miró hacia la cama estuvo a punto de gritar, Krishna ya había enredado la mitad del cuerpo de Julián con la soga, Isaac estaba encargándose de amarrar los pies con la cinta.
— ¡¿Qué están...?! ¡Kanon! — susurró, lo más alto que pudo.
El griego se volteó para ver a sus amigos, él se había detenido en el escritorio de Julián, primero para observar algunas de las fotografías que el heredero tenía cerca de ahí y después en una identificación que no tuvo oportunidad de estudiar bien.
— ¿Qué están haciendo ustedes dos? — preguntó, acercándose justo cuando el dúo terminaba y Krishna cargaba a Julián como un saco de papas sobre su hombro.
— Terminamos, es hora de irnos — anunció el filósofo caminando hacia la puerta.
— Sé que Kaza piensa que lo admiro, pero debo de decirlo, cuando sea grande quiero ser como Krishna — dijo Isaac antes de seguir a su amigo.
Kanon y Sorrento intercambiaron una mirada, ambos suspiraron y decidieron seguirle la corriente a sus amigos. El viaje de regreso fue bastante tranquilo, no se encontraron con nadie y antes de salir Kanon miró a una de las cámaras para asentir y levantar el pulgar.
— Alfred sabe de esto, ¿verdad? — le cuestionó Sorrento cuando iban a mitad del camino, detrás de Isaac y Krishna que cargaban entre los dos a Julián.
— Por supuesto, él nos cubrirá mañana en las mañana, le dirá a la bruja que Julián salió temprano.
Cuando llegaron a la reja trasera no les sorprendió ver a Kaza aún sobre esta, tratando de averiguar cómo bajar, no le temía a las alturas, sólo no sabía escalar. Isaac y Sorrento se quedaron a ayudarlo en lo que Kanon y Krishna metían a Julián a la camioneta; había sido una sustracción exitosa, a pesar de que Baian e Io se entretuvieron en una charla, ignorando a Thetis, quien miró a los recién llegados fijamente.
— Ya lo vi — le dijo a Sorrento antes de que Io arrancara la camioneta.
Llegaron a la casa de Krishna media hora después, y sentaron a su amigo en una silla. Todos sabían que Julián tenía el sueño pesado, pero eso era demasiado.
— Benzodiacepina — dijo Sorrento, sosteniendo la caja con una mano y su teléfono con la otra — es para dormir.
— No sabía que Julián padeciera insomnio — Io miró la caja, confundido.
— Esto solo agrega más preguntas — Kaza se rascó la nuca y miró a su amigo — ¿Cómo lo despertamos?
— Si está drogado tal vez deberíamos dejarlo en paz — sugirió Baian.
— Podríamos moverlo un poco a ver si despertar — dijo Kanon.
— ¿Es un buen momento para decir que cuando bajábamos las escaleras se nos cayó a Krishna y a mi? Es probable que no esté solo dormido.
— ¡Isaac! ¡Pudiste decir eso antes!
El grupo comenzó a discutir la posible contusión de Julián, la idea de llamar a un doctor apareció varias veces, Kanon buscó entre sus contactos el número de Mū y estaba por marcarle cuando escucharon un fuerte golpe. Todos voltearon hacia donde estaba Julián para ver a Thetis parada frente a él, acababa de darle una fuerte cachetada y justo en ese momento estaba dándole otra.
— ¡¿Qué rayos Thetis?! — gritó Baian, acercándose justo cuando Thetis levantaba el brazo para soltarle otro golpe a Julián, en defensa de la chica, ella había intentado despertarlo por las buenas.
— Thetis… quédate quieta — murmuró Julián, abriendo los ojos lentamente.
Julián sentía que aún estaba en su sueño, arriba de un grande y hermoso velero, era un capitán pirata, con el sombrero de plumas, chaqueta grande y roja, pañuelo al cuello; navegaba libre por uno de los siete mares, acompañado por su fiel tripulación, el teniente Sorrento, el contramaestre Kanon, y los demás. Tenía la libertad que siempre había soñado, y estaba disfrutándola cuando una sirena apareció dentro de su campo de visión, Thetis, cantando para él, diciéndole a dónde tenía que ir para encontrarla. En su sueño, ya había llegado con ella, la misteriosa sirena que le sonreía mientras se acercaba, caminando sobre el mar mientras la tripulación manejaba el barco. Cuando Julián había llegado con ella, Thetis había alzado los brazos para que él la levantara de su lugar sobre esa roca, ella le acarició el rostro con cuidado y lo miró con cariño, él le sonrió y acercó con suavidad su rostro, pero ella no respondió el gesto, en su lugar lo abofeteó, dos veces.
— ¿Qué? — preguntó el heredero confundido, apenas reconociendo su entorno — ¿Dónde estoy? — dijo antes de al fin despertar bien y mirar que estaba sentado en una silla, amarrado — ¡¿pero qué mierda?!
— Hey, Julián, tranquilo, somos nosotros — Kanon se acercó al peliazul con las manos arriba.
— ¿Kanon?
— Sí.
Julián miró a su tripulación, o más bien a sus amigos, confundido, tenía tantas preguntas, y quería ir al baño.
— Escucha — Kanon se paró frente a él, era el líder sustituto, debía de tomar su papel — te dimos tiempo, esperamos a que te acercarse y nos dijeras que está pasando, pero en lugar de eso nos alejaste, te desentendiste y no contestaste tu puto teléfono.
— ¿Decir qué?
— Tu prometida idiota — Thetis se alejó de Baian — la señorita Kido — dijo, imitando el tono de voz de la señora Solo.
— Escuchen, no tengo nada que decirles y agradecería que me soltaran, es noche, quiero dormir…
— Hablando de dormir — Sorrento empujó a Kanon para pararse a un lado de Thetis — ¿por qué estás tomando esto?
— ¿Qué? — el heredero bajó el tono de su voz — ¿De dónde sacaste eso?
— Julián, tú no haces preguntas, nosotros las hacemos — Io también empujó a Kanon — ¿Por qué no has contestado nuestros mensajes?
— ¿Cuáles mensajes?
— Julián, ¿qué está sucediendo con Saori Kido? — preguntó Isaac, también empujando a su líder.
— ¿Saori Kido?
— ¿Es cierto que vas a casarte? — Krishna y Baian se encargaron de dejar hasta atrás a Kanon, quien solo suspiró frustrado.
— ¿Casar? ¿Qué es eso?
— Julián, estás no son las veinte preguntas — Kaza se acercó a todos y se paró frente a su amigo — dinos la verdad, somos tus amigos.
— Crecimos juntos — completó Sorrento — te conozco desde la niñez, puedes no hablar con ellos, pero háblame a mí.
— ¡Oye! ¡Yo también tengo todo el derecho a saber! Tal vez no podamos decir lo mismo de Io, Isaac o Kanon — señaló Krishna, ganándose un golpe de Baian.
— Aún podemos invitar a Io, Isaac y Kanon están perdidos.
— Bien, será mejor que todos guarden silencio — Kanon empujó a sus amigos a los lados, recuperando su posición de líder — o esperarán afuera.
— No lo harías — Thetis entrecerró los ojos, pero Kanon sólo la miró serio, mostrando su determinación.
Todos en la habitación guardaron silencio y miraron a Julián, quien miraba al suelo antes de sentir que la atención estaba sobre él. ¿Cómo explicar lo que sucedía? ¿Qué debía de decirles? El heredero suspiró por lo bajo y agachó la cabeza, dejando que su flequillo tapara sus ojos. Todos lo miraron expectantes, ahí estaba, su amigo, al fin frente a ellos, sin decir nada.
Thetis quiso tratar de consolarlo, pero Io se le adelantó, poniendo su mano sobre la cabeza de Julián.
— Te esperaremos — dijo Kanon.
Julián alzó la cabeza y le dio un leve asentimiento a Io, quien golpeó amistosamente su hombro. El día anterior había hablado con el otro heredero, el hombre de tres apellidos que ahora era pelinegro; Shijima le había sugerido que debía de tratar de hacer su carga menos pesada, compartir con otros sus penas podría hacerlo ver otros puntos de vista, tal vez incluso adelantaría las cosas.
— Hace mucho tiempo — comenzó, copiando un poco los métodos del ex-pelirrojo para explicar cosas — una mujer y un hombre hicieron un trato, un trato sobre sus hijos, beneficioso para ellos pero una sentencia de muerte para los suyos…
— ¿De qué está hablando? — le susurró Baian a Thetis, quien no pudo responder porque Kanon lo miró para indicarle que se callara.
— … es un contrato matrimonial, en papel y todo, con sellos notariales y muchas cosas más — Julián suspiró y miró a sus amigos, ahí estaban, las respuestas.
Todos asintieron en respuesta, ya lo sabían, Mii se lo había contado a Isaac y él les había dicho a todos, pero escuchar una rectificación era otra cosa.
— Con Saori Kido — afirmó Krishna.
— En realidad era con Artemisa, pero el señor Mitsumasa decidió cambiar a la novia — Julián sonrió con ironía — aún no sé dice nada porque están reescribiendo el contrato.
— ¿Para eso los abogados civiles? — preguntó Kaza — el primo de Kanon…
— Sé quién es Aiacos, no lo contraté por eso, y sí, quiero que ellos estén presentes en la redacción de ese segundo contrato, para eso los contraté.
— ¿Quieres casarte? — Thetis miró a Julián fijamente, sin parpadear, ansiosa por conocer la respuesta.
— No con ella — respondió rápidamente Julián, la miró antes de desviar la vista y agregar — ni con nadie, ya no al menos.
— ¿Qué hay de Shijima? — Kanon se sentó en el suelo, frente a Julián.
— ¿Qué sabes sobre él?
— Es el primo de uno de mis amigos, crecí con él, jugamos golf juntos — Kanon alzó los hombros, ganándose la mirada de los demás, ese dato ellos no lo sabían.
— Está hablando de Jonathan Jenkins — explicó el heredero.
— ¿Jenkins? ¿Ese Jenkins? — Baian y Kaza miraron a sus amigos sorprendidos.
— ¿Quién es Jonathan Jenkins? — preguntó Io, el mundo de los millonarios era un misterio para él.
— Industria del alimento — Krishna cruzó los brazos — sobres, bolsas de comida congelada, todo lo relacionado, dicen que él es EL heredero, hace poco el dueño se casó, mi madre envió una carta de felicitación para la novia, formalidades, o ser reconocidos, ella dice que no sólo basta con conocer a los Solo.
— Bueno — Julián se movió, si se apresuraba más rápido iría al baño — sólo lo conocí por casualidad, le pedí que me ayudara, a Saori más que nada.
— ¿Así como si nada? ¿No te pidió nada a cambio? — Kanon sonrió, eso explicaba por qué los primos se quedaron más tiempo en Inglaterra.
— Todo tiene un pago, aún no me dice cual es su precio, ni siquiera sabemos si funcionó, sólo estamos esperando.
— ¿Por qué no nos dijiste nada? — Sorrento lanzó la única pregunta cuya respuesta le interesaba.
— ...pensé… pensé que era lo mejor, mi matrimonio es algo sólo mío, mi problema, no quería involucrar a nadie más, es un asunto bastante serio y quería pasar desapercibido, además de que mi madre… lo mejor es mantenerla tranquila por ahora.
— Espera, ¿qué quieres decir? — Isaac se acercó al hombre en la silla.
— Te lo dije Baian, ¿lo recuerdas? Necesito que me suelten, debo de irme y ustedes — Julián suspiró — creo que ya no deberíamos de ser amigos.
— ¡¿Estás terminando con nosotros?! — Kaza se llevó la mano al corazón mientras todos daban un paso para atrás, excepto Kanon que no se movió — estás loco, Thetis, vuelve a golpearlo para que reaccione.
— Sí señor.
— ¡No! — Julián trató de cubrir su rostro agachándose— lo estoy haciendo por su bien, mal agradecidos.
— Julián — Kanon se levantó y puso una mano en su hombro — eres nuestro amigo, no vamos a dejarte porque creas que es lo correcto, y si hemos llegado hasta estas medidas, iremos más lejos si sigues así.
— Nos quedaremos contigo — Sorrento se acercó — no importa lo que digas, te ayudaremos con esto, nueve cabezas piensan mejor que una.
El heredero levantó la cabeza y miró al grupo, todos habían asentido con convicción y él no pudo hacer nada más que sonreír con poco convencimiento. Las cosas estaban difíciles, ya ni siquiera podía dormir por todos los pensamientos que lo atacaban en la penumbra de la noche, era agradable ver que a pesar de todo aún tenía el apoyo de sus más cercanos.
— No será sencillo.
— Como si no lo supiéramos, vamos contra tu madre — puntualizó Baian.
— Al menos ya estamos adelantados, tenemos contacto con alguien cercano a Saori Kido, tal vez podamos conseguir a Artemisa — dijo Krishna.
— Y lo mejor, nadie lo verá venir, no descansaremos hasta que estés de nuevo soltero, lejos de los contratos matrimoniales, y esa chica también — Kaza se ganó los vitoreos de sus amigos.
Julián rió en voz baja, podría funcionar, tal fez podría volver a ser el viejo él, un poco más maduro y serio, pero sin duda sería él.
— De acuerdo, ustedes manejan el barco ahora — dijo, tranquilo, con una leve sonrisa que tranquilizó a los demás — sólo quiero pedirles que, por favor, me suelten de una vez, llevo media hora esperando poder ir al baño.
— Pudiste decirlo antes, deja te ayudo — Io e Isaac se encargaron de quitar la cuerda y la cinta — ¿estamos bien ahora? — le preguntaron cuando Julián al fin pudo levantarse.
— Sí, seguimos siendo amigos — el heredero extendió los brazos — vamos, abrazo grupal.
Sorrento fue el primero en acercarse para abrazar a su amigo, seguido de Baian que no dudó en empujar a Thetis para que ella fuera la segunda en abrazarlo; Io suspiró pero se unió al abrazo, al igual que Krishna; Isaac y Kaza tuvieron sus dudas, el adolescente estaba en la edad donde hacer esas cosas era vergonzoso y Kaza tenía una imagen que mantener, pero Kanon también los agarró a ambos del hombro y los empujó hacia el abrazo. No podían tardar mucho en eso, Julián tenía una cita con la habitación de aseo personal como elegantemente le decía Krishna al baño y después debían de comenzar a planear.
