Disclaimer: "InuYasha, Un Cuento de Hadas Feudal" manga y anime, es propiedad de Rumiko Takahashi y de la Sunrise. Yo, solo tomo prestado a sus personajes con fines literarios recreativo y no de lucro. Y ésta obra es participante del "Día. 26. Historias Para Dormir" del evento InuKyoMonth organizado por InuKyo Posting en Facebook.
Pareja: Kikyou e InuYasha
Ambiente: Universo Alternativo.
Tipo: M
Género: Romance, Drama.
Categoría: One Shot
Tiempo y Lugar: Era medieval, Japón feudal del periodo Muromachi (1336-1573).
Mayúsculas: Títulos. Gritos o expresiones fuertes.
Cursivas: Pensamientos, recuerdos y susurros.
Negritas: Títulos. Flash Back. Fin flash back.
Notas de autora: Primeramente, "Bienvenido sea" a quien o quienes gusten de la lectura de los fanfics. Mi historia está inspirada en escenas de una de las películas del anime de InuYasha, "Fuego en la Isla Mística". En el que incluirá ciertos diálogos de la misma y cuyo contenido es pura invención mía.
ADVERTENCIAS:
1. Si Kikyo e InuYasha como pareja no son de tu agrado, MEJOR NO LEAS.
2. No contendrá escenas subidas de tono, pero si algo de lenguaje vulgar y otras de violencia.
Sumario: Una extraña isla apareció y una joven acude a un llamado de auxilio, sin imaginarse que acudiría a otro. Y que al final… nada salió como esperaba.
Sin más qué decir, "A Leer"
HERIDoS
By Angelinarte
Capítulo 1.
50 años en el pasado…
Una chōchin se balanceaba de un lado al otro de manera suave y silenciosa debido al movimiento irregular del vehículo en el que iba. Es su deber iluminar los distintos caminos a tierra o por donde sus dueños anduvieran para que no se perdieran entre la espesura de los bosques o en estrechos senderos durante las noches más frías y oscuras. Dicho objeto, de raro en nombre en el mundo occidental recientemente descubierto por esas épocas, iba en la delantera, colgada y sujeta en la punta del asta de una pequeña embarcación de pesca, ya que su mayor utilidad vital (en éste caso en particular) era para un camino de agua, llevando consigo a dos únicos y solitarios tripulantes en medio de una neblinosa y oscura noche:
"El uno": era una joven de bellas facciones, de piel tan blanca como el polvo de arroz y de largos cabellos tan negros como el ébano que los llevaba atados con una cinta. Cuando llegó al primer lugar destinado, los aldeanos llegaron a pensar que era una especie de cazadora debido al gran arco que llevaba en una mano y la funda llena de flechas que portaba en su espalda. Sin embargo, y por su vestimenta, se regó la noticia de que se trataba de una sacerdotisa a la que no tardaron en contarle la temible historia de lo sucedido con una isla que inesperadamente apareció y temían que en cualquier momento llegaría a ocurrir lo peor.
El nombre de ésta joven sacerdotisa, era Kikyo.
"El Otro": su "ayudante", provocó cierto pánico en la región debido a su aspecto físico tan notorio. No obstante, la muchacha sacerdotisa que venía acudiendo al mensaje de auxilio del sabio del pueblo, les explicó con calma que estaba ahí para ayudarla. Que sin él no podría cumplir su cometido.
Los sabios ancianos llegaron a una conclusión y comunicaron abiertamente al pueblo de que les dejaran trabajar, ya que no tenían más alternativa que confiar. Sin embargo, bajo la condición de que una vez que terminaran, "él" se marchara. Aun así no dejaban de observarle, ya fuera por precaución o por curiosidad, pues… su cuerpo era el de un hombre hecho y derecho, su kimono era rojo como el fuego. De una estatura alta y gallarda, nada comparada con ningún señor feudal ni con ningún guerrero que conocieran, pero era claro que tenía ambas poderosas esencias. De su larga cabellera blanca-platinada sobresalían un par de orejas como la de los perros; su mirada era tan dorada como el oro y tan aguda como la de los gatos. De sus manos se podían ver unas peligrosas garras afiladas que las llevó a hacerlas puño para ocultarlas debajo de las mangas y así, los niños y los adultos dejaran de mirarlas. Nadie tenía claro como describirlo, el cual no era un humano y tampoco era un youkai. Simplemente era una mezcla de ambos:
Un ser mitad humano y mitad demonio, al que la joven sacerdotisa le llamaba, "InuYasha".
Los aldeanos se comportaron un poco reacios a colaborar debido a la presencia de su amigo hanyou, por ello la sacerdotisa había tenido que decir que estaba bajo sus órdenes y que era el único que podía ayudarle a enfrentar esa misión. Por eso le había pedido a Inuyasha que buscara cuevas entre los bosques o las montañas para mantenerlo alejado de la gente y no lo molesten. Al atardecer de ese mismo día, mientras ambos se alimentaban ocultos cerca de la playa y con su vista puesta hacia el mar: la isla se fue haciendo poco a poco visible. Y las alarmas para el pueblo se activaron. Gracias a la luz del día se podía ver a lo lejos y con claridad una especie de montículo de tierra cuya forma era similar a la medialuna, pero en cuanto los rayos del sol se fueron ocultando, un infierno se derramó encima del pueblo:
Densas nubes negras se fueron expandiendo hasta llegar al pueblo desatando una terrible y extraña tormenta eléctrica, donde los relámpagos se desplazaron como serpientes a través de esas nubes y los rayos fueron descargados con fuerza contra la tierra. Nunca llovió agua, pero si chispas y bolas inmensas de fuego que cayeron sobre las chozas y como huevos se resquebrajaron emergiendo de ellos demonios de fuego.
Su acompañante se colocó por delante encargándose de los primeros ataques que les caían encima, mientras que ella debía encargarse de la gente. Tuvo que realizar un conjuro para hacer una gran escudo con forma de cúpula en el que se fue engrandeciendo como una enorme burbuja conforme los habitantes que faltaban por huir se fueron reuniendo por detrás y así los fue empujando a todos para que huyeran a través de los bosques y corrieran hacia las cuevas que hacían de refugios. Lamentablemente no todos los aldeanos la obedecieron e invadidos por el pánico y la confusión, salieron de esa protección.
Asegurada gran parte de la población, empezó su lucha. Sacó dos flechas, apuntándolas simultáneamente hacia el centro de las nubes donde más se concentraba la lluvia de fuego y las luces de los relámpagos. Y disparó ahí directamente. El tiro afectó en ese punto porque poco a poco los enemigos se fueron alejando de la aldea. Pasada la sangrienta tormenta y a pesar de estar agotados, se ofreció a guiar a las mujeres más sanas a curar las heridas de los sobrevivientes, mientras que su guardián se mantuvo a distancia.
Al siguiente día y luego de reponer fuerzas, pidieron prestada una de las barcas a los pocos pescadores que deambulaban en la playa para ir hacia allá, siendo guiados por el instinto espiritual de la joven sacerdotisa.
—¡¿No te parece extraño?!— comentó el masculino ser en un tono lo suficientemente alto para hacerse escuchar. —¡Para este momento ya debimos habernos topado con alguna cosa extraña o criatura maligna!
"Él tiene razón" - Razonó la joven para sí.
«Y es aquí donde estamos:
Comenzamos el viaje por agua durante el atardecer, se nos hizo sencillo guiarnos gracias a la luz del sol poniente, mientras la silueta de la isla aún se podía divisar. Más desconocemos el tiempo que llevamos navegando ya que la noche ha caído y la extraña isla parece haberse escondido entre toda esta neblina. Es tan espesa que a duras penas permitía que viéramos las estrellas. De no ser por la lumbre que llevamos delante ni siquiera nosotros hubiéramos podido vernos. Todo lo que nos rodea: es el frío del viento y el arrullado sonido del agua marina que nos ayuda a saber que aún seguimos encima de ella.
No debo tener miedo, sin embargo hay algo que me preocupa. Y eso es… es esta calma. Una calma muy inusual. Mi instinto me dice que nos estamos acercando a nuestro peligroso destino, pero algo de todo esto no me gusta.»
—¡No puedo creerlo! ¡En serio, no puedo creerlo! ¡NOS CAYÓ LA NOCHE! ¡¿En qué momento sucedió esto?! … ¡Eso significa que ya llevamos buen tiempo! ¿No? (silencio) ¡Hasta nos cayó la noche y ni siquiera sabemos si estamos cerca de ninguna costa! … (otro silencio) ¡¿Y esta neblina?! ¡¿DE DONDE SALIÓ?! ¡Podríamos chocar con cualquier cosa! (otro silencio) … ¡Tengo la mala sensación de estar navegando en círculos, pero nada…, no encontramos nada! ¡¿Hacia dónde está la condenada costa?! ¡RAYOS!— volvió a quejarse él, pero una repentina risilla femenina hizo cosquillas en sus orejitas de perro. Se movieron graciosamente en esa dirección y miró extrañado a la muchacha sentada más adelante. —Kikyō, ¿Acaso te estás riendo de mí?
La joven dueña de ese nombre "Kikyō", se quitó la mano de la frente con la que se había estado sobando.
"Ayyy, sí. 'Eso' era cierto. Muy cierto. Ya llevamos demasiado tiempo navegando y al estar casi sin hablar y casi sin movernos, era de entenderse el desespero de mi compañero de viaje. Pero todo esto pasaba porque ambos estamos tan atentos a no ser agarrados por sorpresa y a lo que pueda ocurrirnos. Porque ni a mí 'amigo' ni a mí, nos gustaban las sorpresas y menos cuando estas tenían que ver con demonios."
Respiró hondo y soltó el aliento con suavidad, debía calmarlo.
—¡Lo siento!— respondió ella elevando el tono de su voz también y se giró un poco para mirar hacia atrás, a quien conducía la barca. Era un alivio saber que al menos los dos se podían oír y ver en medio de tanta nube oscura y gris —Es que pareces un niño, InuYasha.
Perdido en la expresión risueña de Kikyō, gagueó al hablar —¿Y-yo…? un-un… ¿q-qué?
—Un InuYasha niño.— le bromeó Kikyō volviendo a reír. Y su sonrisa graciosa se volvió a una más amable —¿Es por la neblina? Vamos InuYasha, cálmate. No ayuda en nada que te desesperes.
InuYasha amplió sus parpados comprendiéndole mejor, pero es que… eran tan pocas las veces que la veía y la escuchaba reír, que no pudo evitar que su corazón brincara de la emoción por ser el causante. Viró su cara para disimular su propia sonrisa y su repentino sonrojo.
—Oh, es que yo… es que yo…, bueno es que… no-no veo… nada.
—Está bien Inuyasha y porque también tienes razón. Yo tampoco veo nada— Kikyō volvió a mirar al frente y dejó de sonreír al notar un cambio más "negativo y pesado" en el ambiente. —. Sin embargo, creo que no tardaremos en averiguarlo.
—¿Cómo lo sabes?
—Observa con atención.
InuYasha miró alrededor y nada le pareció fuera de lo normal, a excepción de la neblina que sabrá Buda en qué momento habrá aparecido, pero que se unía a la noche cubriéndolo todo. Y a la… a la… -el hanyou giró sus ojos de un lado y después al otro al notar que algo se movía entre la neblina, y sus orejitas se movían intentando captar más de esos movimientos- …a la irregular parsimonia en la que ahora navegaban, el cual ya no parecía que estuvieran sobre el mar sino sobre alguna especie de laguna. Demasiado calmado para ser el agua del mar. Intentó mover el remo, pero éste no le respondió. El olor salino del agua lo engañaba, pero sus orejitas bajaron sintiendo un raro y leve escalofrío tras su espalda. Todos sus sentidos le anunciaban un inminente peligro. Uno, en el que no había manera de huir ni de esconderse, más que permanecer en la embarcación.
La pregunta era… ¿Por dónde venía?, ¿Será del cielo o del mar?
—¿Estamos siendo… arrastrados?— preguntó con cautela el semidemonio. Analizando el entorno y al cielo. —Siento que nos acechan.
—En realidad Inuyasha…— concordó la miko apretando el arco entre sus manos y mirando con cuidado el agua que rodeaba el bote donde sus sentidos apuntaban más. —están por todas partes...
—¡Kikyō!— y la chica alzó la vista e Inuyasha anunció —¡ALLÁ! ¿Ves eso? ¿Eso… es una isla?
La neblina fue poco a poco disipándose y aparecieron columnas y columnas de roca. Luego fueron pasando por varios arcos y arcos hechos de la misma piedra. Puntas de éstas señalaban hacia arriba y hacia abajo peligrosamente, dándoles la terrible impresión de estar atravesando las fauces de los restos de algún legendario y gigantesco pez.
Casi al terminar de cruzarlo y antes de llegar a la claridad de esa extraña costa, unos seres flameantes se fueron asentando en algunos picos de piedra y al salir de ese túnel o caverna y en lo alto de sus bordes, se fueron asentando otro gran número aves monstruo de flama azul. Podían percibir que no les agradaba su inesperada visita al extraño lugar. Distraídos como estaban por esos seres y la forma del resto de la isla, que pronto tuvieron un frenazo arrastrado haciendo que sus cuerpos se impulsaran levemente hacia adelante, obligándoles a volver la mirada al frente y sorprendiéndoles que un pequeño grupo de no más que siete personas, los esperaba. La presencia de los demás se hallaba escondidos entre los árboles, los arbustos y las rocas gigantes.
Lo más curioso de todo, es que solo eran niños.
InuYasha fue el primero en bajar y ayudaba a Kikyō a hacer lo mismo, pero cuando ella puso sus pies en tierra una correntada recorrió en su cuerpo, obligándola a cerrar sus parpados y apretarlos. Otra realidad se mostró ante sus ojos:
«Un cielo ennegrecido a plena luz del día iluminado de un rojo infierno. Bolas de fuego encendidas caían sobre las casas de una gran aldea, y gente mitad humanos y mitad demonios llorando y gritando, corrían de un lado al otro con bebés en sus brazos; arrastrando a los niños de las manos y empujando a otros más grandecitos para esconderlos en las cuevas, en los arboles de los bosques o detrás de las cascadas; todo un caos intentando huir en botes de la isla, pero eran interceptados por una barrera y por esas aves del infierno. Era todo un pueblo aterrorizado y siendo arrasado por temibles y poderosos entes.
La imagen la empujó a gran velocidad hacia una gran montaña en el centro de la isla, dónde un gran número de personas subían en fila por una larga y serpenteada escalinata para entrar uno a uno por unas enormes puertas de piedra, cuyo aspecto exterior tenía la forma de una enorme vasija y cuyo aspecto interior estaba ardiendo en fuego vivo.
Una mujer, espejo de sí misma sólo que de largos cabellos color violeta, se acerca a paso muy lento, cojeando de una pierna, vestida con una armadura destrozada, sus ropas desgarradas y agarradas de un tirante con graves heridas en su cuerpo. Se detiene frente a ella, abrió su boca derramando saliva de sangre para soltar un lastimero susurro: "¡A…yú…dalos!". »
—¿Kikyō?— esa voz la sacudió y abrió los parpados en seguida viendo el suelo arenoso. Una mano cálida levantó su barbilla y allí estaba la mirada dorada de Inuyasha quien la sostenía de la cintura con uno de sus brazos, con una expresión de extrañeza y preocupación en su cara. —Hey… ¿Estás bien? ¿Sucedió algo?
Ella parpadeó un par de veces y abrió la boca para decir algo, pero al volver la vista al frente, en realidad no pasaba nada. Todo estaba normal como llegaron. —Eh… no, creo que el frenazo me mareó, pero hay que apurarnos.— se enderezó y se separó de InuYasha. —Vamos.
InuYasha no se quedó muy convencido con esa simple respuesta, sabía que había algo más, pero ya se lo preguntaría después. Claro, si es que salían vivos de ese extraño lugar. Se acercaron lo prudente y con voz amenazante, él les habló:
—¡¿Quiénes son ustedes…?!
—¡Inuyasha, espera!— pidió Kikyō alcanzando a detenerle de una mano. Él la miró con reproche, pero la joven se dirigió a los anfitriones. —Mi nombre es Kikyō y él es mi amigo Inuyasha. Estamos aquí porque dos aldeas han sido gravemente atacadas por criaturas provenientes de éste lugar, pero curiosamente... he recibido un mensaje de "auxilio" de aquí también...— se quedó unos segundos en silencio estudiando minuciosamente el rostro de cada uno de esos pequeños en el que pudo ver miedo, desesperación y dolor. Detalles que le confirmaban que aquello no había sido solo una ilusión.
—Pero…— Intervino Inuyasha. Ella le dio un suave apretón a su mano para calmarlo.
—Escuchemos lo que tienen que decir… parece que a ellos también les urge.
—¡Keh! Bueno, bueno… entonces no perdamos más el tiempo… este lugar me da muy mala espina— y el hanyou se dirigió nuevamente a los pequeños —¡Ya oyeron! ¿Quiénes demonios son ustedes? ¿Y qué es este sitio?
Los siete niños temblaron ante la imponente voz de Inuyasha y el mayor de ellos, el que usaba una capa en la espalda, un chico que no parecía pasar de los diecisiete años con los cabellos mitad negro y mitad blanco, fue el primero en contestar.
—Eh, eh… Sí. Mi nombre es Yahiko, señorita Kikyou y hermano Inuyasha.— Yahiko les hizo ojo a los demás y los siete hicieron una rápida reverencia como saludo —, y ellos son mis hermanos: Asagi (peliazul), Mougi (peliverde), Dai y Roku (mellizos), Sion (pelilila) y la más pequeña es Ai. Y… so-somos somos…— Yahiko hizo una mueca de dolor y se encorvó un poco. Asagi, la niña de pelo azul, le rodeó un brazo a Yahiko y nerviosa contestó la siguiente por él.
—Están… en la Isla Horai… y… somos prisioneros aquí.
—¿Prisioneros?— dijeron al unísono Kikyou e Inuyasha conmocionados.
—Sí, prisioneros… de los hermanos Shitoshim…— continuaba Asagi tratando de sujetar a Yahiko.
—¿Dónde están sus padres? Es más… ¿Dónde están todos los adultos?— volvió a interrogar Inuyasha y un olorcito llegó a su nariz.
—Todos están muertos…— confesó Dai
—…somos los únicos que quedamos vivos.— completó su mellizo Rouko.
—¡Necesitamos que nos ayuden, por favor!— exclamó el auxilio Ai, en voz alta y a punto de llorar. Los demás asintieron estando de acuerdo.
—Creo que…— se incluyó la siguiente niña: Mougi, restregándose las manos con preocupación. —la señora Kanade fue quien les avisó. Porque… no hay manera de que nosotros… podamos hacerlo ni de escapar de éste lugar.
—¿Quién es Kanade?— preguntó Kikyou habiendo sentido un aura que los atrajo.
—Era la sacerdotisa de nuestro pueblo, pero ella murió peleando por nosotros…
—¿Quiénes son los hermanos Shitoshim?– volvió a preguntar Kikyou. Inuyasha estaba entretenido olfateando el aire "Algo hiede mal en el aire…" murmuró. La miko tomó eso como una alerta y apretó su arco en su mano izquierda.
—Se… hacen llamar… "Los cuatro Dioses de la Tierra"— contestó Yahiko con esfuerzo —…y viven en la isla desde hace mucho tiempo. Ellos están sac-sac-crifi… ¡Uuuugh!— el chico se sacudió como si recibiera un latigazo y cayó al suelo de rodillas quejándose de dolor. Asagi intentó levantarlo, pero el chico la empujó para que huyera porque esta vez era inútil ayudarle.
—¿Estás herido, no es así?— declaraba Inuyasha sus sospechas hacia el chico. —Sabía que había un olor a sangre por aquí… además de carne queman…
—¡AHÍ VIENEN!— gritó alarmado Sion. El único que no había hablado. —¡CORRAN!
Kikyō soltó la mano de InuYasha, dio media vuelta preparando su arco y sin demora atravesó a un grupo de esas bestias voladoras con una de sus flechas. Por el contrario, InuYasha fue hacia el chico Yahiko para ayudarle a levantarse pisándole sin querer la capa, y ésta al caer vio una terrible herida en la espalda. La pregunta le picó en la lengua para hacérsela al chico, pero no había tiempo tenía que apurarse, no podía dejar a Kikyō peleando sola, así que levantó en brazos al muchacho y lo dejó detrás de unas rocas.
Ai, la más chiquita de los siete niños hanyou, tropezó y cayó soltándose de la mano de Asagi. Él gruñó fastidiado y se lanzó contra esas bestias teniendo que saltar por encima de la pequeña sin llegar a pisarla —GAAARRAS DE ACEROOOOO— y las acabó con dos zarpazos cruzados. Asagi y Mougi sacaron a la niña de debajo de las piernas abiertas de InuYasha, quien a su vez les avisaba —ALEJENSE DE AQUÍ Y TRATEN DE ESCONDERSE SIEMPRE… LO MAS QUE PUEDAN.
Kikyou, estando ya dentro del bote, lanzaba y lanzaba flechas por doquier para defenderse. Pero InuYasha al ver unas aves de fuego lanzarse contra la descuidada retaguardia de la chica, se adelantó corriendo a toda velocidad enterrando sus uñas en su propia carne, y con un solo aplauso, pronunció —¡GAAARRAS DE SANGREEEEE!— lanzando su propio ataque de fuego. Al destrozarlas terminó de subir al bote también de un salto, pero uno de los enemigos chocó contra la chōchin cayendo con el objeto al agua, sumiendo a los dos únicos ocupantes de la embarcación en la más absoluta oscuridad.
—¿Kikyō?
—¡InuYasha!
Ambos tomaron eso como respuesta de que estaban juntos y bien. Sin embargo, ese mínimo ruido causó que esas bestias reaparecieran y tuvieran que enfrentar cada uno contra un grupo aún más numérico. InuYasha viendo que no resolvía nada estando en el bote, eligió usar los poderes otorgados por sus ancestros youkais para luchar por los aires. Tomó impulso, un gran salto —¡GARRAS DE FUEGOOOOO!— y dio inicio a su propia pelea.
Kikyou tomó algunas respiraciones para llenar sus pulmones del aire vital por lo agotada que ya se encontraba, todo eso debido a que entre la batalla en el pueblo y con la de ahora, sabía que estaba llegando al límite de todas sus fuerzas, aun así dirigió su vista a los cielos donde Inuyasha continuaba peleando contra un grupo exagerado de esas aves del infierno. Y ella, por supuesto, jamás iba a dejar a su querido guardián y especial amigo compañero peleando solo. Llevó su mano derecha hacia atrás en su hombro, palpando ya solo tres flechas que le quedaban en la funda. A pesar de eso y sin dudar, levantaba su arco con una única flecha apuntando hacia un área mucho más arriba de donde su amigo peleaba, y de donde salían más de esas bestias, la cargó de energía suficiente bajo la idea de darles fin de un solo disparo, fue cuando algo repentinamente se enredó y se estrechó con fuerza alrededor de su cuerpo, y la flecha salió disparada sin ni siquiera llegar a tocar su objetivo. Se sacudió y se sacudió buscando resistirse y zafarse; removió sus manos apretadas a su cuerpo en desesperación hasta girarlas al contrario, buscar tocar y electrocutar esa cosa con sus poderes espirituales, pero apenas ponía los dedos cuando un doloroso pinchazo la atravesó.
—¡Ah…! ¡INUYASHAAAAAAAAAAAHHH!
Inuyasha, daba varias volteretas haciendo que sus enemigos chocaran entre sí, y estando patas arriba llegó a sus oídos el desgarrador grito de auxilio de Kikyou. Dirigió sus ojos allí y gracias al cruce de las llamaradas de sus contrincantes al estrellarse en el mar, pudo ver el cuerpo de la miko en el suelo de madera resistiéndose al agarre envuelto por el tentáculo de otra bestia, cuya cara sobresalía del agua marina a un lado del bote.
—¡Ih! ¡No! ¡Kikyou! ¡KIKYOOOOOOUUU!— Cerró sus brazos y piernas dejándose caer de clavado con la gravedad para aterrizar encima de la cabeza dura de ese monstruo, haciéndole morderse la larga lengua-tentáculo y terminar de cortarlo con sus garras.
Él se quedó de pie y cerca de la miko escaneando desesperadamente de un lado al otro por el bote, esperando que ese monstruo volviera a salir porque sabía que seguía debajo de ellos. De repente una risa burlona se escuchó y levantó su mirada a los cielos mirando la nada.
—Maldición, ¿QUIÉN MIERDA ERES?— vociferó Inuyasha.
—Un "semidemonio" como tú.— le contestaron con toda la intención de devolverle el insulto. —Y no queremos que te metas con NOSOTROS… ¡ZAZ!
—¡AAAAAH!— fue la queja de dolor que soltó Inuyasha tras recibir un latigazo.
—¡InuYasha!— exclamó Kikyō angustiada por su amigo.
—¡MALDITOOOOO! ¡VOY A DESTROZARTE!— gruñó un iracundo Inuyasha que dio media vuelta de un salto intentando devolver su zarpazo, pero lo único que tocó fue el aire y su garra cayó al agua. Él se quedó tambaleando sobre la punta del bote.
—¡Eso jamás pasará porque antes tu vida será tomada…! ¡POR LOS SHITOSHIM! ¡DIOSES DE LA TIERRA Y DE LA GUERRA! ¡JAJAJAJAJAJA…!
—Te encontraré y te mataré— rugió Inuyasha —¡Por todos los rincones de la tierra! ¡Te buscaré y te encontraré! ¡LO JURO! ¡TE MATARÉ!
Pero ya no hubo más respuestas.
Se quedaron a oscuras y en silencio, únicamente siendo roto por el rumor de las aguas del mar.
Kikyō, en medio de la penumbra lograba divisar el sombrío cuerpo de Inuyasha casi encorvado sobre la punta del bote. —Inuyasha…— él no le respondió, pero ella alcanzaba a oír sus quejidos y gruñidos —Hum…, estoy… atorada…— pidió soltando su propio y leve quejido de dolor. —el tentáculo… no-no me lo puedo… quitar… me lastima.
Inuyasha gruñía ante los latentes dolores. Le costó un nuevo quejido enderezarse y se giró buscando a la joven miko, encontrándola en el extremo contrario de donde estaba. Tambaleante por el bote y la dificultad que le daban sus heridas, se dirigió hacia ella. Examinó los restos de lengua-tentáculo de ese monstruo que ciertamente, todavía rodeaban ese delgado y delicado cuerpo. El tentáculo era de una piel muy gruesa, áspera y pesada. Si pudo cortarlo a la primera, fue gracias a la velocidad y fuerza de la caída, pero esta vez y por como lo veía, no era conveniente usar sus garras porque cabía la posibilidad de cortar el cuerpo de la joven sacerdotisa, y no quería eso. Lo agarró con cuidado desde la punta que se hallaba en la zona derecha de la cadera y le dio un pequeño tirón sobresaltando a la joven que emitió un leve quejido de dolor. Tanteó la parte interna encontrando unas espinas o dientes dentro de las ventosas y algo más baboso, nada igual ni normal al tentáculo de un pulpo común y corriente. Era de entenderse el por qué esa cosa seguía adherida tal cual una sanguijuela al delicado cuerpo de la miko.
Así que lo único que podía hacer era desenrollarlo.
—No quiero lastimarte más, Kikyou— le advirtió él inhalando y exhalando para soportar su dolor lo más que pudiera —, pero… tendré que… tirar de él.
—Hazlo, por favor…— asintió Ella cerrando y apretando sus parpados —, pero quítamelo.
Rogando internamente por no lastimarla más ni mucho menos provocarle la muerte, no le quedó de otra que hacer lo que había dicho que iba hacer: le dio un solo tirón hacia arriba con fuerza, sonando un ¡TRAAAAAAAZZ! Por el desgarre de tela al romperse, con el inevitable segundo chillido agudo de dolor que la muchacha pegara esa noche; y que se le sumaba el inconfundible olor de su sangre al derramarse.
La joven miko se abrazaba y se revolvió por el dolor y con lágrimas rodando por sus mejillas, abrió sus parpados encontrándose con su querido amigo hanyou arrodillado frente a ella. Con la cabeza gacha y el flequillo platinado tapando una parte de su cara. No la miraba a la cara, pero sabía que también estaba mal. Temblando como una hoja se le acercó y apegó su frente contra la de él.
—InuYasha…— le susurró en sus labios —¿puedes oirme? ¿Estás bi-bien?
Él emitió un leve quejido y le respondió con suavidad —Lo mismo pregunto yo de ti… ¿tú estás… bien, Kikyō?
El bote hizo un movimiento brusco por las olas del mar que les obligó a separarse y tener que agarrarse cada uno de un lado haciéndoles soltar a dúo nuevos quejidos de dolor. La miko alzó su llorosa vista dándose cuenta que el cielo estaba completamente despejado y con el manto de las estrellas brillando en su lugar.
—¡¿La neblina… se ha ido?!— dijo sorprendida y confundida.
—Y la isla…, también ha desaparecido— informó Inuyasha con disgusto.
Ambos se quedaron perplejos observando un horizonte completamente limpio de nubes, de neblina y de oscuridad. Como si nada hubiese pasado esa noche.
La joven sacerdotisa suspiró resignada —No hay nada más que podamos hacer… tenemos que regresar…
—Por supuesto que volveremos y acabaremos con ellos.— volvió a gruñir el hanyou.
—Eso… ya es imposible.
El hanyou torció su cuello tan rápido que lo añadió a su lista de dolorosas heridas recientes solo para mirar a su amiga, no creyendo lo que decía —¿Qué?
La miko secó sus lágrimas y negó con su cabeza —hum-hum. La isla… no volverá.
Inuyasha enmudeció por unos segundos tratando de asimilar esa revelación, terminó por sentarse en el mismo sitio, y sin dejar de mirarla con sus parpados muy abiertos del asombro. —Pero, pero, pero… ese hijo de la grandísima p…
La pelinegra miko torció sus ojos y soltó un resoplido al tiempo que levantaba ambas manos para hacerle entender el caso. —No es cuestión mía InuYasha. De veras. Con tal de… evitar que volvieran a atacar gente humana y de ayudar a esos pobres niños, volvería sin pensarlo dos veces. Hay una explicación para esto haya ocurrido, pero lamentablemente tú estás herido y yo estoy herida, y la isla desapareció. YA NO se puede…— hizo una mueca de dolor al moverse también buscando la mejor manera de acomodarse. —…tenemos que irnos.
Como pudo, Kikyou logró sentarse en el asiento que estaba detrás de su espalda, alzó la vista para guiarse con las estrellas hacia el rumbo que quería, colocó las manos en la tabla y se concentró para hacer que el bote girara unos ciento veinte grados por su derecha aproximadamente. No obstante, una vez que dejara al bote en la posición casi correcta, sintió tal mareo e involuntariamente se fue deslizando hasta el suelo sin poder detenerse. Quedó sentada, arqueada y sostenida con ambos brazos extendidos sobre la tabla que hacía de asiento en el bote. Inhaló y exhaló el aire varias veces dándose cuenta, ahora sí, el tremendo desgaste de energía que había utilizado.
Sintió su cabeza pesada por lo que la dejó caer hacía adelante, la sacudió varias veces y parpadeó algunas veces sintiendo sus parpados pesarle. En eso alcanzó a ver un par de pies pasar por su derecha. Soltó un resoplido y se pasó la lengua por los labios.
—¿Qué… haces, InuYasha?— cuestionaba antes de cerrar sus ojos y ponerse una mano en la frente por una fea punzada extra en su cabeza. Él no le contestó, simplemente se ubicó donde antes había estado agarrando el remo trasero de la barca pesquera. —Yo puedo… yo puedo, hacerlo. Podemos regresar al pueblo… solo… dame un respiro, necesito volver a… concentrarme…
—Hum-hum. De ninguna manera Kikyo, ya hiciste suficiente. Déjame esto a mí. Además… necesito desquitarme con algo...— gruñó InuYasha comenzando a dirigir la barca con fuerza. La joven miko, comprendiendo lo mal que se sentía, retiró la funda de flechas de su espalda para acomodarla en horizontal y quedara como almohada en el suelo, allí se dejó caer. Esperó su tiempito hasta estabilizarse mentalmente aunque lo dudaba, ya que creyó todo se le empeoraba al movimiento que el vehículo acuático hacía por estar en el mar. —Cómo es eso que "la isla no volverá" y por qué "es imposible" que regresemos. Explícate.
Tras volver a resoplar, Kikyō le explicó —Aquel sitio…, es conocido como la Isla Horai. Y según la gente del pueblo, suele aparecer una sola vez cada cierto tiempo.
—¿Una vez? ¿Por qué?
—Porque es… lo que viste Inuyasha.— se puso un brazo sobre sus ojos sintiendo los hincones en su cabeza que la mareaban más, se agradecía que no tuviera nada en el estómago porque el vómito hubiera sido inevitable. —son seres que han sido rechazados tanto por humanos como por demonios. Personas que han sido odiadas por ser… semidemonios. Esa isla debe usar alguna medida de protección para ocultarse.
—¿Por qué apareció ahora?
Kikyou se quedó callada y pensativa. —No sabría decírtelo con exactitud, pero pude percibir que la energía mágica del lugar parece estar "muy" afectada para que eso suceda.
—Tú sabes lo que sucedió, ¿No es así, Kikyou?— sospechó el hanyou.
—Algo muy terrible, su sacerdotisa "Kanade" hizo algo en sus tierras para… hacer saber lo que realmente ocurre… ya que nadie puede huir de ese sitio.— Comentó la joven miko pasándose la lengua por los labios para hidratarlos. Tomó algo de aire y lo exhaló más despacio para relajarse. —esos… demonios-hermanos, los Shitoshim, huyeron hacia allá siendo atraídos como polillas hacia la luz.
—¿Atraídos?
—Me contaron que hace mucho tiempo, unos demonios fueron expulsados del mundo de los humanos debido al daño que causaron a la gente. Y creo que… son los mismos que han venido por años atacando a las aldeas de pescadores. Al tener sus poderes limitados de alguna manera se las ingeniaron para engañar a la gente de la isla Horai haciéndoles creer que eran dioses. Los habitantes fueron uno a uno desapareciendo y no se dieron cuenta de lo que pasaba hasta que descubrieron la verdad "Muy" tarde: No son dioses sino demonios que crearon todo ese infierno…— dijo recordando con desagrado la imagen apocalíptica que sufrió la gente de la isla —Asesinaron a todos los adultos y ahora se aprovechan de los más pequeños sobrevivientes…— añadió con pena.
El asintió mostrando una sonrisa amarga. —No puedo creer que Esa… ¡MALDITA SABANDIJA! se escapara de mis garras.— murmuró Inuyasha. Si había algo más molesto que unas dolorosas heridas físicas, eso era el sentirse humillado. Por cosas como estas era cuando más recordaba porque quería ser un demonio completo.
Bajó su cabeza para mirar a Kikyou.
Se acostaba casi a sus pies, con un brazo cubriendo sus ojos y el otro brazo sobre su torso, protegiéndose que el viento frío no se llevara lo que quedaba de su ropa (casi toda rota) en la parte superior; y con las piernas levemente dobladas por las rodillas.
—¿Te encuentras bien… Kikyou?— el hanyou se obligó a mirar al frente de nuevo.
—Bajé la guardia.— admitió la miko y soltó un cansino suspiro —Iba a ayudarte con esos pájaros, pero esa bestia debajo del bote me agarró desprevenida, atándome de los brazos.— resopló cansina —Estoy… tan agotada que pasó desapercibida ante mis sentidos. ¿Qué me dices de ti?— Inuyasha volvió a mirar hacia abajo encontrándose con la mirada seria de Kikyou quien ahora cruzaba sus brazos sobre su pecho para cubrirse. —Ah, y ni se te ocurra decir que "no pasa nada" Inuyasha, porque sé que estás muy lastimado y no me lo has querido decir.
—¡Feh! No es eso. Solo… no quiero que te preocupes por mí…— ella abrió la boca para objetar, pero cerró sus ojos cuando el viento helado la rodeó entera que le hizo temblar el cuerpo y por ende punzar de dolor en todas sus heridas. Llevó sus manos a tratar de agarrarse las solapas de lo que quedaba de su traje de sacerdotisa, pero al estar rotas, el aire entraba por todas partes de su torso, así que las juntó en un solo puño sobre su pecho para darse calor. E Inuyasha que no la perdió de vista, se removió en su puesto sin soltar el remo —Ten…— ella vio que se quitaba el hitoe rojo y se agachó un poco para que callera con cuidado sobre su abdomen —… cúbrete con esto.
—Oh, pero… ¿Y tú? ¿No lo necesitas?
—No. Más bien… me estorba mucho…— dijo Inuyasha moviendo sus hombros cubiertos por su Kosode, reprimiendo una mueca.
La miko agarró la prenda del hanyou por el cuello y le dio una sacudida para extenderlo sobre su cuerpo. Al dejarlo caer como una sábana, vio cuatro feos desgarrones en la tela como si hubiesen sido hechas por las garras de un temible animal, antes de aterrizar sobre su lastimado ser. Kikyou introdujo sus dedos en esos feroces espacios rotos en la tela notando incluso algo baboso en ellos. Olía a sangre. Y entonces pensó si había sido buena idea haberle pedido que la acompañara en esa difícil misión.
Se quedaron un buen rato en silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos.
Kikyou miraba las estrellas y con el balanceo del bote, sus ojos se le nublaban, pero dudó mucho de esa sensación de adormecimiento que ya sentía.
—InuYasha.
—Dime.
La joven sacerdotisa suspiró y colocó una de sus manos sobre un pie del hanyou quien casi se sobresaltó por el inesperado contacto. —Gracias Inuyasha— Dirigió sus ojos hacia los de él quien le devolvía una hermosa y brillante mirada nocturna aunque le provocó cierta sensación intimidante sin saber porque. Así que preocupada le preguntó —¿Estarás bien? ¿Podrás continuar tú sólo y sin problemas?
—Sí. Estaré bien, yo te aviso cuando lleguemos. Descansa un poco.
La miko le sonrió acariciándole el dorso del pie del hanyou, retiró su mano y sus parpados cayeron sin más. Cuando la joven sacerdotisa se quedó dormida, Inuyasha apretó sus parpados al cerrarlos y se sacudió varias veces para desaparecer aquella agradable sensación que le provocó esa simple caricia en la piel de su pie. Decidió finalmente en concentrarse en dirigir la barca pesquera hacia la costa.
Dónde comenzaron ese viaje para pelear en el infierno.
By Angelinarte.
Nota extra 1.: Si has llegado hasta aquí es porque te ha gustado. (Quiero creer xD )
Nota extra 2.: Éste capítulo había sido escrito para el "Día 9. Pérdida", pero por cuestiones de trabajo y una vida que mantener, me pasé de esas dos fechas sin darme cuenta. Así que elegí subir éste capítulo el "Día 26. Historias para Dormir". Tenía la segunda parte para el "Día 13. Bajo la lluvia", pero aún me falta por desarrollarlo más y pulirlo. Espero no tardar tanto en subirlo.
Nota extra 3.: Un pequeño glosario por si hay palabras que no comprendes. He investigado la mayoría, pero hay otras que he sacado a mi criterio.
Glosario:
Chōchin: es lo que en el occidente conocemos como "candil". Es una linterna o lámpara pequeña alargada o en forma de globo hecha de metal o madera y recubierta con papel. Tiene asas en la parte superior para poder transportarla con la mano o colgarla en un palo o en la entrada de las casas o en los vehículos. También sirven para pedir deseos o para espantar malos espíritus, según las leyendas de su procedencia.
Kikyō: escrito así en el manga. Kikyou pronunciado en el anime. Significado, "Flor de campanilla china".
Inu-Yasha: Inu "Perro", Yasha "demonio".
Miko: Sacerdotisa.
Hanyou: ser mitad hombre mitad bestia o demonio. Semidemonio.
Youkai: demonio.
Hitoe: Chaqueta. Parte superior de la ropa de Inuyasha hechas de las ratas de fuego. Es mágica. Muy adaptable a quien la use. Se dice que llega hasta un poco más abajo de las rodillas, por eso Inuyasha al ser un poco más alto que Kikyou y prestársela, ésta podía cubrir más el cuerpo de la joven sacerdotisa. Honestamente, es lo más cercano que he utilizado para referirme a la parte superior de la indumentaria de Inuyasha, ya que desconozco su nombre original.
Kosode: es como la camisa blanca que utiliza Inuyasha por debajo del hitoe y sus hakamas.
Yahiko: personaje inventado. Su nombre lo saqué del anime "Samurai X"; y su aspecto físico es Black Jack adolescente del manga y anime del mismo nombre "Black Jack".
Garras de Acero: Inuyasha despedaza a sus enemigos de un solo corte.
Garras de Sangre: aparece en el manga, en los primeros capítulos en peleas contra el youkai "Yura". En ésta técnica o habilidad, Inuyasha clava sus propias uñas en sus palmas y al estar embarradas de su sangre, corta a un enemigo de gruesa piel en alguna zona y hace que la herida se derrita o queme como si tuviera ácido, evitando que se regenere.
Garras de Fuego: (aparece en la película de la isla Mística, aún no descubro si aparece en el manga). La misma técnica anterior con la diferencia de que Inuyasha clava sus uñas en las palmas de sus manos y sus garras al estar ensangrentadas, puede convertirlas en en varios disparos de fuego al momento de atacar a su enemigo.
Gracias por leer.
