Disclaimer: Todo a Kaiu Shirai y Posuka Demizu.

Summary: Gilda se ha acostumbrado a mirarla de lejos.

Pareja: Emma/Gilda implícito.

Advertencia: Posible OoC. Spoilers.


and i'll be okay, admiring from afar


Sucede que Emma es la clase de persona que siempre termina dándolo todo por otros. Porque ella ama a su familia, porque quiere creer en los demás; creer en un futuro en donde pudieran ser libres, en donde pudieran crecer juntos.

Y no importaría lo difícil que fuera hacer esos sueños realidad, ella lo lograría paso a paso; les daría una esperanza a la que aferrarse, algo en lo que creer. Emma iluminaría las noches oscuras con su sonrisa y su optimismo para que ellos no perdieran su camino en medio de la oscuridad de ese mundo plagado de demonios.

La cosa es que Gilda quiere compartir la convicción de Emma, pero a veces se le vuelve difícil hacerlo. No puede evitar recordar la figura apacible de Emma recostada en una de las camas del búnker después de que regresara de Goldy Pond, así como no puede evitar pensar en las cicatrices de su abdomen y la pieza faltante de su oreja, en las noches pasadas en vela durante sus viajes en busca de los Siete Muros, en el cansancio y desesperación que Emma se esfuerza cada día en esconder detrás de sus sonrisas reconfortantes y sus palabras de ánimo.

Porque Emma siempre lo da todo por sus seres queridos, poniendo a su familia en primer lugar, sin importar si eso implique tener que ponerse en peligro a sí misma. Y la cosa es que por más que quiera hacerlo Gilda no puede reprochárselo, porque es precisamente esa abnegación innata la que hace a Emma ser Emma en primer lugar. Emma, que es tan cálida y brillante como el sol— a veces mirarla resulta un tanto doloroso.

Le duele también no poder hacer más por ella. Quisiera poder sostener la mano de Emma y de alguna forma transmitirle sus fuerzas, alentarla como ella lo ha hecho tantas veces. Está cansada de tener que ver a Emma salir herida en pos de aquel futuro en el que sueñan, y teme la posibilidad latente de que algún día Emma no logre regresar con vida de alguna de sus hazañas temerarias— que terminaría dejándolos involuntariamente y sin poder encontrar su camino de regreso a ellos (de regreso a ella).

Es por eso que cuando un milagro ocurre y Norman reaparece, con un plan que libraría finalmente a Emma de tener que seguir sacrificándose por ellos, que Gilda no puede caber en su felicidad. Emma por fin podría dejar esa carga atrás, por fin podrían estar a salvo.

O al menos eso pensó, sin tomar en cuenta, claro, que Emma nunca dejaría que algo así pasara. Emma nunca sacrificaría la vida de otros por su propio beneficio, y ella nunca aprobaría de una idea tan radical (cruel) como erradicar a los demonios. Sin importar que esa fuera la salida más fácil, ella buscaría su propia manera de salir adelante. Porque Emma siempre ha sido la primera en dar un paso adelante cuando la situación lo requiere, sin importarle llenarse de heridas si en el proceso puede hacer algo bueno por aquellos que ama, si así puede protegerlos de aquellos que quieren robarles su futuro, viéndolos como un sacrificio justo más que como seres humanos.

Y Gilda lo sabe, porque la conoce bien. Han crecido juntas, han jugado juntas, han luchado juntas. Gilda sabe que Emma nunca podría quedarse quieta y simplemente aceptar algo así, pero está cansada de tener que verla marcharse sin poder hacer nada para detenerla o para ayudarla.

Había pensado que, tras haber acompañado a Emma y los demás en sus excursiones a lo largo del mundo de los demonios, habría dejado atrás esos tiempos en los que se sentía tan impotente, teniendo que ver a Emma a la distancia. Pero tal parece que se había equivocado.

Y Emma la abraza, disculpándose con ella, y Gilda no puede evitar sentirse culpable porque quiere que se quede, que por una vez decida ser egoísta y dejar a otro lidiar con la situación.

Sin embargo no lo hace, no le impide marcharse. Simplemente no puede hacerlo. Y no le queda más opción que verla desaparecer junto con Ray hacía aquel lugar del que no saben qué esperar. Pero si hay alguien que puede realmente cambiar aquella promesa de antaño esa debe de ser Emma— Emma que siempre había sido capaz de volver lo imposible realidad.

Y ella la esperaría por el tiempo necesario, haciendo todo lo posible para poder ayudar desde allí. A su modo, seguro encontraría la manera.

(Y quiere creer que ésta será la última vez que tenga que verla marchar. Que cuando Emma regrese por fin podrán ponerle un fin a todo esto; ser libres, vivir sin miedo— crecer juntas, la una al lado de la otra, sin más despedidas ni sacrificios de por medio.)

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Sucede que Emma es como el sol.

(Gilda se ha acostumbrado a mirarla de lejos.)