Cinco letras de un "TE AMO"

.

.

.


Los personajes del "Castillo Ambulante o Vagabundo" son propiedad de Diana Whynne Jones y la animación es obra de Miyazaki. Los cuales tomé prestados para desarrollar las ideas que se formaron en mi imaginación.

Esta historia participa del desafío lanzado por la Página #EsDeFanfics. La cual es la décima primera entrega del #Flufftober.


.

.

.

Día 11: Primera vez, no sexual

La sala del castillo era apenas iluminada por el cuerpo del demonio fuego que dormía en la chimenea. Howl suspiró al comprender que, si su amigo estaba así, seguramente los demás miembros del lugar debían estar en las mismas condiciones. Estaba a medio trayecto para llegar hasta las escaleras, cuando un sonido proveniente de la cocina atrajo su atención.

—Por fin has regresado.

Howl, tembló ante el tono firme que reflejaba la voz femenina. Impidiendo que percibir si su dueña seguía molesta.

«Era demasiado bueno para ser verdad» pensó con pesadez dando media vuelta, para ir a enfrentar la situación que ingenuamente creyó que podría retrasar el mayor tiempo posible.

—B-buenas noches—carraspeó con incomodidad al pararse cerca de la figura femenina que estaba sentada cerca de la mesa de la cocina—Lamento…

—¿Qué? ¿regresar a esta hora? —cuestionó interrumpiendo las disculpas del azabache — ¿Huir cuando te sentiste acorralado?

Howl, por primera vez se sintió como el pasado como si fuera un niño que estaba siendo regañado por su madre. Entendía a la perfección el reclamo de su pareja, la había dejado sola cuando la situación se tornó incómoda para él.

—Existían otras maneras de solucionarlo.

El joven mago, dudaba realmente de eso. Tener cinco pares de ojos que lo miraban expectantes ante la respuesta que deseaban escuchar. Esa mañana por primera vez su novia aceptó que le ayudará a llevar algunos jarrones cargados de flores hasta la tienda. Apenas el cartel de abierto fue girado, cinco señoras mayores ingresaron, como si llevaran tiempo esperando afuera.

Las exclamaciones de sorpresa no demoraron al llegar cuando lo reconocieron, no por nada era famoso, no de la manera que deseaba, pero no era correcto seguir viviendo del pasado. Tarde o temprano esos rumores iban a quedar en el olvido y el que ahora estaba en una relación estable era prueba de ello.

Cuando Sophie apareció en escena, el extenuante cuestionario dio comienzo, preguntaban con tanta rapidez que más de una vez se llegó a perder ante lo que debía responde, lo bueno es que su novia, parecía estar acostumbrada a lidiar con esa clase de personas, la paciencia y templanza que mantenía al hablar era de admirar, pero no todo iba a ser fácil y lo comprobó cuando una simple pregunta creo un tormentoso silencio.

"¿Cómo te sentiste cuando te dijo te amo por primera vez?"

El nerviosismo se apoderó de su cuerpo, siendo arrastrado hasta un pasado donde le ocasionaba terror enfrentar ciertas circunstancias. Impulsado por ello, terminó inventando la primera escusa que se le vino a la mente, antes de salir huyendo.

—Podrías haber esperado a que te salvara. Huir no era necesario—admitió con tristeza, horas después logró comprender la razón de su partida.

El dolor de recordar que cuando ella lo pronuncio por primera vez, esta no fue correspondida, pero lo asocio al hecho de que el azabache recién recuperaba su corazón.

Después los meses siguieron transcurriendo y esas dos palabras se negaban a ser pronunciadas, pero Howl se encargó para demostrarlo con hechos. Aunque eso no quitaba la importancia a lo anterior. Existían días cuando meditaba antes de irse a dormir, en la posibilidad de que al pasar el tiempo no fuera suficiente. Le aterraba la idea de que nunca las pronunciara.

—Nadie te va a obligar a decir algo que no sientas— admitió al empezar a ponerse de pie, no quería que las lágrimas que se estaba esforzando por retener fluyeran con libertad antes de que llegara a la seguridad de su habitación.

—No es eso—mencionó cuando Sophie paso a su lado—Tengo miedo.

—¿A qué? —cuestionó al detenerse, pero sin atreverse a girar.

—La única mujer que ame en mi vida, ya no está en este mundo—musitó con dolor—. Perder a mi madre siendo un niño me marcó profundamente, por eso me convencí que el amor lo único que hace es daño. El aceptar el trato con Calcifer, me ayudó a enterrar ese dolor que asfixiaba mi pecho.

—Howl—musitó al girarse enternecida Sophie por emociones que reflejaban su declaración. Eran pocas las veces que el azabache hablaba de su pasado.

—No quiero perderte—admitió acortando la distancia hasta que sus cuerpos apenas se rozaban—No sé que seria de mi si eso llegara a suceder.

—No lo harás—le aseguró contemplando con firmeza esos iris azules, tratando de transmitirles lo que su corazón gritaba con cada uno de sus latidos. Acortó la distancia, se refugio contra el pecho masculino cuando él demostró que lo sabía.

—Sophie—murmuró cerca del oído femenino, aspirando el aroma a rosas que desprendía su cabellera platinada. Suspiró con fuerza ante lo que iba a decir— Te amo…

Ver el brillo que reflejaba esa mirada castaña, era lo que necesitaba para aceptar que no era justo ocultar el sentimiento que solo ella lograba despertar en su corazón.

Siempre hay una primera vez para todo, hasta para que un mago se enamorara y empezara a pronunciar esas cinco letras cada vez que quisiera transmitirlo.

Fin.