Los personajes no me pertenecen pero esta historia si la escribí yo.
Son las nueve de la mañana cuando ella se levanta para arreglarse para iniciar su vida cotidiana, en ese día sus clases de la universidad en ese día iniciaba al medio día.
El clima parecía anunciar un buen día en ese entonces y la lluvia no volvería por el momento,su hermano mayor quien siempre suele llevarla al campus porque le quedaba cerca del trabajo la apresuró hecho desde el otro lado de la puerta.
—En unos minutos bajo—.Terminó de guardar sus libros de las clases indicadas en el horario.
Abrió un poco una cortina de su habitación, dejando entrar un poco los rayos de sol.
Ikki Hyori siempre disfrutaba de mirar por la ventana del vehículo, a pesar de que ya conocía de memoria el trayecto y de que prácticamente tomaban el mismo camino. En su opinión siempre había algo nuevo e interesante que ver.
Su hermano detuvo el auto cuando el semáforo se puso en rojo.
Mientras esperaba ese corto lapso en que se tardaba para poder volver a seguir el trayecto optó por revisar las notificaciones de su celular.
Volvió a mirar por la ventana y, ahí fue cuando lo volvió a ver, él pasaba caminando por la banqueta, no era la primera vez que se lo encontraba.
Nunca supo quién era, le resultaba extraño que nadie pudiera percatarse de la presencia de aquel joven de vestimenta deportiva, a pesar de que siempre les indicaba el lugar cada vez que se lo encontraba y era raro que ella fuera la única en verlo. Conociendo su experiencia ella mejor decidió no decirle nada a su hermano.
Todo inicia cuando cumple los doce años, un día donde camina por la calle junto con una amiga y de pronto solo escucha el sonido de un carro frenando y de ahí no recuerda mucho, cuando lograba recordar algo era como si estuviera recordando sueños o todo se ve oscuro como si hubiera dormido mucho. Lo vio por primera vez en aquel hospital en la salida cada vez que iba a visitarla, en el elevador, todo normal quizás era otro que iba a visitar algún familiar.
Pensó.
Nada parecía estar fuera de lugar hasta que a cada rato parecía verlo en cualquier parte, no podía explicar el porqué, incluso más de una vez intentó encararlo sin embargo nunca lograba en alcanzarlo porque a conveniencia siempre lo veía a unos metros de de distancia, se preguntaba si el tambien estaba consciente de lo que sucedía, a veces ambos lograban en compartir miradas, en cambio por parte del chico de cabello oscuro siempre se le veía confundido o asombrado.
Siempre desaparece antes de tenerlo frente a frente.
No hace mucho tiempo que ha estado dibujando incluso hasta ya le puso un nombre: Yato. La primera vez que habló sobre él nadie la bajaba de loca por lo que mejor decidió vivir con ello a solas, era difícil, a veces consultaba a internet a ver si encontraba respuestas sobre su situación
Se despidió de su hermano mayor antes de bajarse y le deseó buena suerte en su día. Durante el transcurso del viaje pudo notar que el cielo poco a poco se estaba nublado, al parecer sí se cumpliría lo del día lluvioso. Por lo que le emocionaba ya que amaba los días nublados porque no hacía mucho calor pero tampoco frío.
Camino por el pavimento en dirección al edificio donde quedaba el aula de clases. Durante las clases por momentos ella pensaba en él, ¿Qué sería de su vida?, se hacía muchas preguntas en su cabeza, también creaba historias junto a él y cuando se sorprendía pensando demasiado en él, es donde volvía a su realidad, o inclusive eran sus amigas que hacían regresar.
Pasa el tiempo hasta que se hacen las catorce horas, su psicóloga cancela la sesión por un asunto que desconoce y le da igual porque quería decir que por lo menos viviría una vida como la de antes cuando ni siquiera imaginaba pisar un consultorio de asesoría psicológica, cuando su vida era…¿Normal?...Cuando los encuentros con aquel misterioso chico ni siquiera existían, los problemas que le causaban ni siquiera pasaban, según la gente que la rodeaba decían que se había vuelto más sumergida en sí misma, siempre estaba con sueño, bajo rendimiento en actividades de la vida cotidiana, más distante.
Trataba de ya no pensar en él. Aunque en el fondo no quería "dejarlo ir" porque en verdad si sentía sentimientos reales hacia esa persona que solo vive en su mente.
Seguía caminando por el campus, a cada paso seguía más cerca de salir de la facultad para entrar a otra
—¡Hyori!—Escuchó a una de sus amigas llamarla a su lado izquierdo por lo que volteó y ahí estaba ella saludando desde una banca comiendo lo que compro en la cafetería.
—¡Ami-chan!—Fue con ella, le dio gusto encontrarla, a pesar aun sentía gusto cuando tienen oportunidad de verse con su amiga.
Por lo que decidió acercarse mientras que por el fondo sentía angustia ya que podía sentir que alguien la observaba.
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No sabía quién era ella. Sin embargo siempre la veía en sus sueños y cuando sus días eran tristes o llenos de estrés, pero nunca lograba descubrir su identidad.
Ella era muy hermosa a su parecer. Siempre la dibujaba, y con ayuda de internet siempre intentaba tan siquiera conseguir una foto real de ella o al menos algo acertado en base a los rasgos orientales de la castaña, nunca tenía éxito.
Él va al garaje y sube a su auto y finge manejar como en todas las madrugadas. Y consigo mismo llevaba un lápiz y una libreta en caso de que agarrara algo de inspiración. Hace poco, un amigo le había descubierto sus dibujos, cuando cuestionó la identidad de aquella mujer, Yato no supo qué responder.
Nunca hablaba de ella con sus amigos o familiares, ni siquiera de lo que sucedía, no lo entenderían, temía que lo tomaran de loco. Solo era una mujer que vivía en su mente y a pesar de conocer ese detalle, es como si su cerebro no lo aceptara como una persona imaginaria, sentía que era real.
Siempre cuando despertaba veía aquel rostro al despertar.
Hyori.
Es como él la ha nombrado.
La ve desde que tiene memoria, no pasaba de verla a lo lejos o cuando le suceden situaciones extrañas, también se manifestaba en sus momentos de inspiración.
Recargó más su cuerpo en el asiento del auto y de su bolsillo del pantalón sacó su celular para poner algo de música para ambientar el lugar hasta que escuchó unos leves golpes en el vidrio de la ventana del copiloto.
—Oye idiota, bajate de mi auto—Era Daikoku quien le hablaba como siempre. Yato bajó el vidrio con la palanca de la puerta.
—Tranquilo no haré nada raro y tampoco te lo voy a robar, tienes malos gustos—Dijo mientras acariciaba el volante con una sonrisa sabiendo que por lo menos iba a molestar un poco al hombre. Por lo que el verdadero dueño metió su mano por la ventanilla en un intento de sacar al intruso dando inicio de otro alboroto por la madrugada.
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Ninguno de los dos supieron la respuesta del porque se veían mutuamente y al mismo tiempo no ser percibidos por otros, pasaron los años y eran pocos los momentos que se veían y cuando trataban de recordar los rostros o supuestos momentos vividos era como tratar de recordar algún sueño de hace muchos años. No tenía sentido sacar teorías ya que de todos modos la posibilidad de que entablen una conversación es baja porque cada vez que uno de ellos trataba de acercarse al otro siempre sucedía algo para evitar el acercamiento y cuando resolvían el problema al voltear a una dirección en especial, resulta que no hay nadie.
Pero lo que no entendían es que en ese lapso de tiempo los dos ya habían desarrollado una especie de atracción del uno al otro.
