¿Qué hay, gente? Sé que probablemente esperaban que escribiera entero y puro naruhina, pero nah. El mundo del fanfiction existe para ser explorado y manipulado, así que sí, estoy escribiendo también sakuhina porque, admitámoslo, los ships entre mujeres son superiores y no debería existir debate al respecto. Escribí esto para pasar el rato mientras terminaba de trabajar, así que verán que no es mi mejor trabajo de escritura, pero definitivamente es el más creativo. Espero que me dejen un review, y no debería recordarles, pero, como saben, eviten propagar hate, por favor.

Un beso.


Sakura Haruno ha tenido suficiente tiempo para considerarlo, a pesar de estar bajo la presión de su trabajo en el hospital. Sin embargo... la única respuesta lógica que se le ocurre es que se ha vuelto completamente loca. Le ha estado dando vueltas los últimos días, y no encuentra otra explicación. En el mejor de los casos, se ha convertido en una increíble demente y ya está. Como estudiante de medicina, lo sabe perfectamente. Pero por fortuna todavía está a tiempo de detenerse. O al menos eso es lo que espera poder hacer.

Hinata Hyuga, sentada frente a ella, la está observando con sus hermosos ojos perlas, ligeramente asustada ante la intensidad de su mirada. Separa los labios para meterse un trocito de canela en la boca, con calma. Tiene incluso la decencia de masticar su comida con tal elegancia que no emite ruido alguno al hacerlo, y Sakura puede confirmar sus sospechas nuevamente; se está volviendo loca de verdad. De lo contrario, no se sentiría tan nerviosa, impaciente, inclinada a salir huyendo de ahí, y tal vez incluso llevársela del brazo en su escape, solo para poder estar a solas con ella un momento más.

—Gracias por invitarme a almorzar contigo, Sakura-san. Se nota que estás bastante ocupada con las prácticas — Hinata limpia los restos de comida en su boca con la servilleta—. Lamento mucho comer tan despacio. Ya tendrías que haber vuelto a tus clases, ¿verdad?

Está tan ocupada sopesando la idea de saltarse sus prácticas para quedarse en la cafetería del campus con ella, que tarda un momento en responder.

—¿Eh? ¡Nooo! Para nada —Sakura ríe. Una risa aguda que suena demente incluso para ella—. Todavía me quedan unos... cinco minutos más.

Dos en realidad, pero la sonrisa que le dedica Hinata hace que cualquier reprimenda que la señorita Senju pudiera darle valga la pena.

—Te he traído algo —dice Hinata entonces, y mete la mano en su mochila, en busca de aquello. Cuando lo encuentra, Sakura está que le comen los nervios, y se apresura a cambiarse de asiento, a su izquierda. Están tan cerca que puede olerla.

—¿De verdad? ¡Dios, Hinata! Todo el tiempo eres como… súper educada. No necesitas traer algo contigo siempre que te llamo para vernos —y luego, casi de inmediato: —Hinata, te he dicho que dejes ya ese champú de fresa con coco.

Esto parece sobresaltar a la Hyuga y olvida por completo lo que estaba haciendo.

—¡Sakura-san! Pe-pero sabes que no tengo otro más qué ponerme.

Está alzando las manos, alarmada, de ese modo que siempre ha logrado sacar a Sakura de sus casillas. Se ve tan mona e inocente. Le dan unas terribles ganas de metérsela entera en su bolsillo, fuera del alcance de todos aquellos que alguna vez pretendieran fastidiarla por ello. Cuando eran más jóvenes, en la secundaria, los niños solían echarle pulla debido a sus extraños ojos y sus balbuceos. Se la pasó tartamudeando la mayor parte del ciclo, hasta que entraron a preparatoria. Entonces fue que Sakura, junto con Naruto, le ayudaron mejorar su manera de expresarse y hablar. Había resultado ser toda una hazaña, pero al final lograron corregir todos los malos hábitos que tenía. Incluso descubrieron que no se debía únicamente a la ansiedad social que padecía, sino también a algo relacionado con su boca. Aunque esta parte la había descubierto más Naruto que ella, cuando empezaron a salir en tercer semestre.

—Era broma, Hinata. La verdad es que huele bastante bien. Yo te lo regalé, ¿recuerdas?

Hinata de pronto cae en la cuenta y frunce la boca, enfurruñada.

—¡Sakura-san! Te he dicho que odio cuando te burlas a costa mía.

Esto le arranca a Sakura una sonrisa diabólica. Para Hinata, es una sonrisa que conoce muy bien. No le ha pasado desapercibida ni una sola vez, puesto que le advierte cuando su pelirrosa amiga está planeando hacer algo chusco. Algo malo. A Hinata realmente nunca se le dieron las bromas, ni las cosas peligrosas, pero siempre le gustó observar a Sakura hacerlas por ella. En una ocasión, un chico de su clase había intentado tomar una foto por debajo de su falda con el móvil. Naruto había ido directo a ello, puño cerrado justo en la cara. Casi le dejó la nariz al revés. Sakura había sido un poco más escandalosa al respecto. Recuerda haberle visto esbozar aquella característica sonrisa de mala pata. Al día siguiente encontraron el automóvil del chico, estrellado contra el edificio F, pintado a marcador permanente con la frase: "BASTARDO ACOSADOR". Pero Sakura era así, siempre la estaba protegiendo de todos y Hinata se sentía profundamente agradecida por ello. A veces, teniéndola tan cerca como en esos momentos, la invadía una sensación extraña. Como si pudiera hacerla extender sus brazos y refugiarse entre ellos, escondiéndose del mundo y de los problemas. Pero por lo general se siente avergonzada por pensar de esa forma. ¡Sakura es su amiga, no un saco para dormir!

—Es inevitable, Hina. Es muy fácil tomarte por sorpresa —Sakura baja la mirada y encuentra el obsequio de Hinata reposando sobre sus piernas. Lleva una falda, como las de siempre, estilo Hinata; de pana y hasta la rodilla. Pero debido a que está sentada, se le ha levantado un poco. Sakura repara en la piel blanca y lechosa que se asoma por debajo de la tela y aparta la mirada. Repentinamente roja como un tomate, Hinata se apresura a entregarle su regalo.

—Te he traído un bento, Sakura-san. Lo- lo he preparado yo misma. Siempre estás tan ocupada y últimamente no te alimentas bien… A- así que…

Sakura está que no cabe en sí de la risa.

—¡Hinata! ¡Eres tan mona! — se ríe con fuerza, apoyándose en ella para recuperar el aire—. Mira que traerme un bento. ¿Te he dicho que te quiero un montón?

Hinata emite una risa muy suave, tan suave que le hace cosquillas a Sakura en la nariz. Finge pensárselo por un momento.

—Nop. Solo como… unas cientos de veces, ¿tal vez?

Sakura guarda la distancia, todavía recomponiéndose de su ataque de risa y dice:

—¡Pues no son suficientes!

Hinata enrojece, sin enterarse muy bien del porqué, y se pasa la mano por el flequillo, cepillándolo hacia abajo. Sakura se percata de algo por el rabillo del ojo y, ágil como un gato, le toma la mano con fuerza para verla mejor.

—¡Vaya! Hinata, te has pintado las uñas justo como te enseñé.

Aunque está aturdida porque Sakura nuevamente la ha tomado por sorpresa, Hinata asiente, contenta.

—Me pareció que debía intentarlo. Me han quedado un poco chuecas por las esquinas, pero…

Sakura advierte que las manos de Hinata en realidad son más largas que las suyas, a pesar de que ella ha sido la más alta y larguirucha desde que salieron del bachiller. Siente la más ligera vibración en sus dedos temblar contra los suyos y de pronto se vuelve a encontrar ansiosa y un poco asustada. Le suelta la mano tan rápido como la agarró.

—¡Qué va! Te quedaron muy bien, Hina— y después, casi como si se hubiera vuelto loca, tira de su largo cabello azulado con cariño, para callar a esa vocecita interna que le grita que se quede un ratito más —. Ya debo ir tirando, que la señorita Senju se pone histérica cuando llego tarde.

Hinata no tira de su cabello, pero le acomoda con sus dedos el apartado hacia los lados.

—Siempre llegas tarde, Sakura-san — dice, en tono cómicamente angustiado— Si sigues haciéndolo, te va a reprobar.

Sakura ríe. Hinata siempre la hace reír.

—Ya verás cómo me las perdona todas. Tengo el don de la persuasión, ¿recuerdas?

—Pues ojalá que adquieras el de la puntualidad.

Sakura vuelve a reír, pero se levanta y carga su bento con las manos.

—Tal vez luego. Ah, y gracias por la comida, Hinata. De no ser por ti, me la pasaría comiendo el asqueroso estofado de la cafetería.

Hinata le sonríe con los ojos llenos de simpatía y Sakura vuelve a sentir que se vuelve loca, tanto que se inclina hacia ella con avidez y le planta un beso ruidoso en la mejilla. Es algo normal, despedirse con un beso de mejilla entre amigas, pero Hinata se siente extrañamente descolocada cuando Sakura se lo da. Sakura huele a coco y a fresa, como su champú, el que le regaló, y a medicinas. Le gusta.

—Bueno, nos vemos después —y cuando Hinata procede a despedirse también, dice: — ¿Qué hacemos el fin de semana? Acaba de salir una peli nueva que…

—E- en realidad… —comienza, y Sakura sabe lo que se aproxima. Está tan feliz y de repente tan helada de nuevo, como cuando se enfrenta a tratar un paciente en muy grave estado y no tiene a nadie alrededor para apoyarla. Todo sucede en cámara lenta y deprisa a la vez, y el estómago se le encoge por dentro cuando Hinata prosigue: —Naruto-kun quiere que vayamos a casa de sus padres para ver una estancia que Minato-san construyó. Pero deberías venir. De hecho, estás invitada.

Sakura sonríe, pero la sonrisa no le llega a los ojos.

—Está bien, Hinata. ¡Tú ganas! Estaré ahí para ver una aburrida habitación y así arruinar mi fin de semana — y debe estar completamente loca para aceptar ir con ellos dos a cualquier lado. Pero sabe que todavía le queda tiempo para remediarlo.

—¡No es aburrido! —Hinata ríe y después se despide —Te mandaré un mensaje en la semana, ¿vale? Cuídate mucho, Sakura-san. No quiero que tantas horas de estudio y prácticas un día te vuelvan loca.

Sakura la mira con los ojos entornados como diciendo: ¡Sí, claro!

Pero Hinata no sabe que en verdad se está volviendo loca, aunque no es por las prácticas ni por el estudio. Cuando Hinata se va, Sakura llama de inmediato a Ino.

—¿Tienes algo qué hacer el sábado? —dice, mientras se lleva la caja de bento al pecho y suspira—. No tengo planeado nada para este fin de semana.