Cuando se dio la oportunidad de tener una conversación por celular y hallar un espacio en su atareada agenda (porque eso de ser maestra y médico no era fácil), concertando así una salida entre ambas.

El que Shouko le hubiera dicho que tenía algo que contarle, la intrigó. Y de cierta manera, la preocupó.

Porque no solamente había sido su Senpai, también era su mejor amiga y con la que más contacto tenía o más bien, la estimaba mucho que de sólo imaginar que Shouko estuviera pasando por una situación difícil sacaba ese lado maternal que solía tener con sus alumnos.

Fue así que llegó unos minutos antes al café donde ella y Shouko se verían, ordenando un té para calmar sus nervios y serenarse.

Pero esos nervios los dejó a un lado cuando la vio llegar, pues cuando la castaña se acercó a donde ella estaba sentada —en una de las mesas de afuera del local— la abrazó con efusividad.

— ¡Shouko, que alegría verte otra vez!

— Lo mismo digo, Utahime — respondió con una sonrisa tranquila, pero no por eso menos alegre por la reunión. Pues correspondió al abrazo que su antigua Senpai le dio —. ¿Te hice esperar?

— ¡En absoluto! — Negó Utahime, terminando el abrazo para dejar que se sentara en silla contigua a la suya y hacer lo mismo —, sólo llegué unos minutos antes porque, estaba un poco preocupada.

Shouko tradujo ese «un poco preocupada» a un «estoy muy preocupada». Algo que no la extraño porque Utahime solía ser así con ella y las personas que eran de su agrado, hecho que la hizo sonreír de lado.

— Veo que sigues siendo la misma maternal Utahime que conocí, eh~.

Utahime enrojeció pero siguió insistiendo en su preocupación —. Es que cuando me dijiste que tenías algo que decirme, de verdad me preocupé.

Shouko le pidió al mesero que se acercó un café y una rebanada de pay de limón. Reanudando su plática con su mejor amiga —. Disculpa si mis palabras te preocuparon, no era esa la intención... Es sólo que de verdad, quería decirte esto a ti primero antes que los demás.

Utahime le dio un sorbo a su té, curiosa —. ¿Sobre qué es?

Shouko sonrió nuevamente, mordiéndose ínfimamente el labio inferior para reprimir su emoción y alegría. Sintiéndose como una chiquilla por un instante.

— Verás, yo... me casé el mes pasado — y antes de que posiblemente, Utahime le reclamara por no haberla invitado, Shouko aclaró —, nos casamos por lo civil. Todavía estamos en proceso de casarnos por la iglesia, más que nada porque él quiere verme vestida de blanco y que no sea la bata que suelo usar.

— Oh Shouko... De verdad, muchas felicidades — le sonrió con ternura a su mejor amiga, feliz por la noticia. Pues aunque Shouko pareciera desinteresada en las relaciones de noviazgo o matrimonio, de cierta manera, el encontrar a alguien fue uno de los pequeños deseos que su mejor amiga le confío siendo jóvenes —. Y... ¿Quién es el afortunado por tener una gran mujer como tú?

Shouko soltó una risa breve, sin borrar su sonrisa suave al mismo tiempo que su orden era dejada en la mesa. Agradeciéndole al mesero para después tomar el tenedor y llevarse un bocado del pay para pronunciar sin prisas —: Satoru.

Utahime se quedó perpleja, asentando la taza de té en la mesa sin querer.

— ¿...Eh? ¿Satoru Gojō...? ¿El mismo Satoru Gojō que conocemos?

Shouko asintió, sin dejar de comer el postre que había pedido.

— Pero... Pero... ¿Cómo fue que pasó? ¿No que él era un mujeriego?

— Lo sé, a mí también me sorprendió... Pero la verdad es que hace un tiempo le había hecho el ojo y él a mí, entonces decidimos intentarlo y al final pasó.

Si bien Utahime nunca habló con Gojō más de lo necesario, porque el tipo le resultaba infinitamente molesto, sabía que Shouko era una de las mejores amigas y la segunda persona más cercana a Satoru.

Y aunque creyó que a Shouko podría gustarle Gojō (algo que terminó diciéndole cuando eran jóvenes, estudiantes), su mejor amiga le había contestado con un rotundo No.

Debió haber intuido que ese No, al final pudo haber cambiado en un Tal vez. Para posteriormente convertirse en un .

— Oh...

— Y algo más...

— ¿Sí?

— Satoru ya no es Gojō. Es Satoru Ieiri.

Utahime quiso llorar. Pero en cambio, decidió maldecir a Satoru por haberse apoderado de su mejor amiga el desgraciado.