CIRCUS
Creature Feature — The Greatest Show Unearthed
Atraída por el bullicio giró lentamente hacia el otro extremo de la calle, dispuesta a desvelar cuál era la razón de tanto escándalo.
Parpadeó un par de veces, no podía creer lo que sus ojos divisaban. De todas las cosas que se imaginó, la última que esperaba ver era esa. Mentiría si decía que no estaba asombrada, de hecho sus labios la delataban. Aquel carruaje carmín era capaz de general diversos sentimientos en su pecho en un corto lapso de tiempo, era demasiado brillante, demasiado escandaloso como para ser ignorado; juraba que el carruaje era fácilmente capaz de imitar la tonalidad de las cerezas, siendo este un punto a favor del comerciante.
Su atención cambio de sujeto, centrándose en el susurro que generaban las ruedas sobre el camino de piedra, acompañando el galope de los caballos mansos. No sabía si estaba soñando, o si en su defecto delirando, pero le parecía que aquel conjunto de sonidos de cierta manera acompañaban perfectamente la voz del jinete de sombrero de copa.
Generando entre si una melodía capaz de atraer la atención de cualquier transeúnte.
Dejó de lado el carruaje para prestar cuidado a lo que el estilizado hombre recitaba a gritos, sin mínimo temor a romper sus cuerdas vocales. El varón hacia relucir su viveza con cada palabra que entonaba, contento con el discurso que articulaba.
Ella estaba interesada, tanto o más que el resto de los lugareños del pueblo de Townsville. Quería saber, quería conocer cuál era el propósito para tan triunfal entrada.
— ¡Muy buenos días damas y caballeros! — Detuvo el carruaje en medio de la multitud, soltando las riendas de sus caballos al paso que llevaba sus dedos al ala de su sombrero — ¡Niños y niñas también, claro está! — Volvió a exclamar a medida que hacia una exagerada reverencia — ¡Yo soy Jacob, Jacob Him; el hombre que tiene el placer de informarles la llegada del mejor circo en todo Estados Unidos a ustedes ciudadanos de Townsville! — Victorioso y egocéntrico habló.
— ¡¿De qué circo habla señor?! — Preguntó un joven castaño.
— ¡Oh! ¡Gracias por preguntar muchacho! — El hombre de tez morena agradeció.
Con amplia sonrisa se giró sobre su torso, tomando un fajo de papeles que en el asiento del carro se encontraban. Volvió hacia la audiencia, lanzando en consecuencia los folios al aire.
Los residentes ante el brusco movimiento de muñeca llevaron sus ojos al cielo, divisando como este se tapizaba brevemente en láminas amarillentas, que con la misma gracia de una hoja de otoño volvía al suelo, con el fin de cumplir su cometido de informar.
— ¡Nosotros somos Dark Wood Circus!
Del interior del carruaje emergió una bandada de globos rojos y cobaltos, adornando la tonada de las estridentes trompetas y banderines. Aquello parecía algo sacado de un cuento de fantasía, la audiencia lo sabía pues se vieron obligados a soltar una interjección de asombro, anonadados ante ese espectáculo.
Esta demostración de sorpresa duró poco para su pesar, puesto a que se vieron asustados ante el pequeño mono que se hizo notar en el techo del carruaje, saltando con toda la confianza del mundo sobre el hombro del jinete.
— No hay que temer, es mi amigo — Informó burlón — Saluda a los lugareños, Mojo — Pidió al mono de piel verdosa.
El mono de circo cumplió con la petición de su amo, obediente a sus palabras. Aquello provocó ternura en las personas que hacían de público.
— ¡Nos encontraran en el bosque central esta misma noche, los estaremos esperando! ¡No nos fallen! — Dando por terminado su anuncio, regresó a su asiento, tomando las riendas de sus caballos con toda la intención de seguir anunciando su circo por toda la extensión del pequeño pueblo.
Ella con la mirada siguió el recorrido del vehículo, imitando a los demás ciudadanos. Todos esperaban pacientes a que este se perdiera de vista para retomar el bullicio, uno que la mayoría consideraba necesario, pues tenían la precisión de liberar todo su entusiasmo. La alegría y el interés del pueblo era algo que casi se podía saborear. No podíamos juzgarlos o decirles que exageraban, puesto a que un circo era algo novedoso, un evento poco visto por esos lares del país.
La niña los observó a todos, estudiando la sonrisa que se dibujaba en el rostro de todos sus viejos conocidos y por conocer. Su mirada bajó hasta el suelo, a aquel papel que había tenido la osadía de caer junto a sus zapatos de charol negro.
De cuclillas se puso, abrazando sus rodillas y vestido para no dejar nada a la vista.
Haciendo uso de su mano libre, sujetó el boletín, poniéndose pálida casi de inmediato ante tantas letras juntas. A penas estaba aprendiendo a leer, muy a duras penas comprendía algunas palabras y silabas, se estaría mintiendo completamente a sí misma si se decía que era capaz de entender palabras tan complejas.
Por lo tanto, sin siquiera hacer un mísero intento, pasó por completo del texto, interesándose únicamente en las ilustraciones descoloridas de la página.
"Una imagen habla más que mil palabras" ¿No es así?... O bueno, algo así era lo que decian los viejos, sinceramente ella solamente usaba esa frase para justificar su pereza y la razón de su poco avance en lectura. Que aquello fuera verídico, no tenía ni idea.
Sacudió su cabeza, se estaba desviando de lo importante.
Si sus ojos antes no habían salido de sus orbitas, ahora estaban a muy poco de hacerlo. Estaba maravillada al completo, cada imagen no hacía más que alimentar su entusiasmo por conocer ese lugar, ese sitio que el hombre larguirucho pintaba como la octava maravilla del mundo.
A su pecho llevó el anuncio, conteniendo el aliento en señal de suspenso. Sobre sus talones se giró, observando su humilde hogar con una única interrogante dominando su mente.
¿Su padre le concedería el deseo de asistir a ese maravilloso sitio?
— No Buttercup, no puedes ir a ese lugar.
Un puchero se formó en su rostro. No estaba contenta con ese tipo de contestación. No lo entendía, ella estaba segura que su padre le daría un sí rotundo, sin miramientos, sin dudas ni excusas, después de todo, ella durante toda la semana no había hecho ningún tipo de travesura, además, se había comido todos los vegetales de su plato sin renegar.
Un logro para ella de hecho, ya que el brócoli y ella, muy amigos que se diga, no eran.
— ¿Por qué no, padre? — Reprochó.
Necesitaba respuestas ante tal negación, su ser le dictaba aquello.
— La función es muy tarde, y las niñas buenas deben dormir temprano — Contestó con amorosa sonrisa después de remojar un paño blanco.
— Una excepción por esta vez, por favor — Rogó con palmas juntas — ¡Y prometo dormir temprano el resto de mi vida! — Negoció con ojos lastimeros, tomando con fuerza la camisa de su padre.
— Me tientas, no lo niego. Pero mi respuesta sigue siendo un no — Contestó mientras frotaba el paño húmedo sobre la mejilla de su hija — Además, es tu obligación dormir temprano.
— Es injusto — Murmuró a medida que se cruzaba de brazos.
— No lo es, Buttercup — Divertido habló — Por cierto… Desde ya te aviso que no habrá nada que me haga cambiar de opinión — Informó mientras tomaba el hombro de su hija, empujándolo hacia atrás con suavidad.
La pelinegra obediente se recostó, frunciendo el ceño y jugueteando con sus pies.
— ¿Nada de nada? — Volteó a verlo, tratando de encontrar hueco a cualquier posibilidad.
— Nada de nada — Afirmó — Buenas noches — Dicho aquello besó la frente de su niña.
Sin ningún comentario que articular, la pequeña de ojos verde esmeralda guardó silencio. Observando como su padre tomaba entre sus dedos el cuenco de agua y caminaba hasta la puerta de su habitación. Lo vio detenerse, girarse un poco hacia ella y mostrarle una de sus cálidas sonrisas antes de abandonar la recamara. Dejándola en la soledad de cuatro paredes, que con su falta de calor protegían su imaginación.
Esa noche Buttercup no durmió, ojo no pegó. Se la había pasado creando en su cabeza lo que suponía que era ese maravilloso lugar de nombre circo, después de todo, su padre no podía prohibirle aquello.
Cerró la puerta después de salir, recargándose con pesar sobre esta.
— Este no es un lugar al que debas ir, Buttercup — Dijo el padre, volteando hacía el boletín que le había quitado a su hija — No puedo permitir que disfrutes del sufrimiento ajeno.
Leyó el titular, y después de ello el pie de página.
"Dark Wood Circus, el mejor y único circo de fenómenos. ¿No te agradó un show? ¡No hay problema! Puedes demostrarlo mediante proyectiles de tomates, no te lo impediremos, ellos fueron hechos para divertirte"
Asomó su cabeza por la puerta, verificando que su padre no estaba despierto.
Al no divisarlo terminó de salir de su habitación, cerrando con cuidado la puerta con la intención de no generar ruido. De puntillas cruzó la sala de estar, acercándose directamente hasta la mesa que custodiaba la llave de la libertad. Confusa y disgustada posó sus manos en los costados de esta, no entendía por qué el objeto de metal no estaba en el lugar habitual.
Ladeó su boca mientras levantaba la mirada, envolviendo rápidamente la habitación en busca de ese artilugio.
En su rápido movimiento, distinguió un pequeño brillo. Que la llamaba de manera sutil entre la oscuridad, cautivada regresó hasta el, curiosa por saber que se escondía tras aquel destello. Sonrió victoriosa después de entender que el universo jugaba a su favor. Estiró su brazo lo más que pudo, tanteando la repisa a falta de visibilidad.
El ruido del metal contra la madera la hizo elevar aún más las comisuras de sus labios.
Con temor a que la ficticia ola del mar se llevara su tesoro, se aferró fuertemente a la llave, apretándola tan fuerte que llego a lastimar su palma con sus uñas.
Se acercó hasta la puerta, tomando con firmeza el pomo de la puerta principal.
Estaba a punto de introducir la llave en su cerrojo cuando los gritos de Jacob llegaron a su cabeza, anunciándole a todo el pueblo que esa misma noche sería la última función. Quien diría que aquello fuese suficiente para que ella, una niña e hija obediente cometiera esa clase de locuras. Buttercup era valiente, su familia se lo repetía continuamente… Lo que desconocían ellos, era de que esa valentía era demasiada, amenazando incluso su seguridad.
— Si no es hoy, no será nunca — Se dijo a si misma antes de introducir con nerviosismo la llave.
Por última vez volteó hacia la habitación de su padre, confirmando que esta continuara en brazos de Morfeo y no con cara de pocos amigos. Suspiro después de corroborar ese detalle, se estaba empezando a plantear que estaba enloqueciendo. Por una extraña razón podía sentir la mirada penetrante de su padre clavada en su nuca, reclamándole y reprochándole sus acciones… Pero solo era eso, su imaginación.
Finalmente giró la mano, escuchando como el cerrojo anunciaba la libertad así como los peligros del mundo.
— Solo serán unas horas, regresare pronto — Susurró al viento — Te lo prometo, papá.
Separó la puerta de su umbral, saliendo rápidamente por esta.
Antes de ser vista por alguien se ocultó tras un arbusto, asomándose por sobre este con el fin de descubrir la situación a la que se enfrentaba. En la calle no había muchas personas, algo que en sobre manera le favorecían pues las posibilidades de ser descubierta disminuían.
Sus orbes esmeraldas siguieron el camino que tomaban la mayoría de los lugareños, descubriendo que estos se dirigían al bosque, el mismo destino que ella tenía.
— Jajaja como me encantó la función de ayer — Escuchó decir a una señora a sus espaldas.
Por inercia volteó hacia ella, reconociéndola de inmediato. La señora Sedusa iba en la misma dirección que el resto, ella podía ser una amenaza en sus planes.
— Lo mismo digo, es un pena que hoy finalice nuestra diversión — Secundó un hombre exageradamente peludo — Con lo que me gustaba descargar mis problemas.
Buttercup no reconoció al tipo, pero supuso que sería una de las nuevas conquistas de la Señora Sedusa.
— Ni que lo digas — Contestó la de labios voluptuosos.
La niña empezó a seguirlos, ocultándose cada tanto para no ser descubierta por la pareja.
Siendo totalmente sincera, no sabía exactamente cuánto tiempo le había tomado llegar hasta ahí. La emoción le había acortado el viaje de una manera abismal.
De su escondite salió, observando con asombro y alegría la enorme carpa bicolor, enamorándose de la danza que esas altas personas realizaban en la entrada del circo.
Levantó el volante arrugado, sentía que sus ojos se cristalizaban, no podía creer que estaba ahí, por todos los cielos, era mil veces mejor que todas sus imaginaciones juntas.
Con amplitud sonrió, mostrando hasta el último de sus dientes de leche. Su gozo era tanto, que su cuerpo tuvo la necesidad de hacerlo notar con una risueña carcajada, esto llamó la atención de uno de aquellos gigantescos personajes.
— Hola pequeña Esmeralda.
Asustada ante la voz grave, sobre su lugar dio un brinco. Por inercia se volteó hacia el que en completa confianza le hablaba, esperando ver a alguien aterrador.
Pero para su sorpresa, sus ojos verdes se vieron cruzados con unos apagados orbes carmín.
— Lamento si te asuste, Esmeralda — Se disculpó el varón.
— Mi nombre no es Esmeralda — Protestó a medida que inflaba los mofletes.
Buttercup lo observó con más detenimiento, intentando descifrar que era lo que había detrás del maquillaje y las sombras del bosque, aquello no era una tarea fácil, se le dificultaba en sobre manera pues la habilidad de mirar en las penumbras no la poseía.
Al parecer sus caras extrañas delataron sus intenciones, puesto a que el chico se rio mientras se agachaba, quedando a su altura y dándole mejor visibilidad de su rostro.
La niña logró descubrir que el tipo era pálido, excesivamente pálido, al punto de parecer que su piel era transparente. Podía jurar que era capaz de ver las finas venas del rostro del muchacho, admirándose con ello. Corrió su mirada, subiéndola hasta los pómulos de su sujeto de investigación, desvelando después con un poco de esfuerzo que habían pecas ocultas entre el chillante rubor, demasiado tímidas como para colarse entre el.
Con delicadeza acarició el cabello pelirrojo del chico, dando por concluida su indagación.
— Me llamo Buttercup, Buttercup Utonium — Comentó.
El muchacho le sonrió, dejando ver su dentadura en el proceso.
— Un gusto conocerte Buttercup, yo soy Brick, El Nefilim Carmín — Se presentó mientras se erguía, dejando ver su altura.
— ¿Qué es Nefilim? — Interrogó.
— Es algo difícil de explicar, sinceramente yo tampoco termino de entenderlo — Rio al paso que se inclinaba, volviendo a estar la estatura de la niña.
— ¡El inicio de nuestro primer show está por comenzar! — Desde el interior de la carpa se escuchó exclamar.
Ambos por inercia voltearon hasta esta, con expresiones totalmente diferentes en el rostro.
— Sera mejor que vayamos — Aconsejó la niña.
El pelirrojo que no hacía más que ver con pánico la carpa.
— No creo que sea bueno que entres — Comentó, tratando de ocultar sus manos temblorosas.
— ¡No seas así! Yo quiero ver la función — Renegó, dando saltos en señal de protesta.
— Habló enserio — Miró a sus compañeros regresar a la carpa, inexpresivos, como si el diablo les hubiera arrebatado el alma y las razones de vivir… Aunque aquí entre nos, el comentario no está muy lejos de la realidad
— ¡Por favooor! — Lo tomó del brazo, zarandeándolo.
— ¡Bien! Vamos — Aceptó no muy convencido, extendiéndole la mano a la caprichosa niña. Lo último que quería era llamar la atención… De él.
Buttercup contenta sujeto la extremidad, dejándose guiar por el Nefilim Carmín hasta el interior de la carpa.
Se acercaron hasta las gradas que hacían de asientos, ella estaba hechizada, observando todo con emoción desbordante. Él en cambio, rogaba a todos los dioses habidos y por haber que la historia no se repitiera esa noche.
El pelirrojo la alzó en brazos, sentándola en uno de los escalones más ocultos.
— Disfruta de la función — Dijo, más por cortesía que por otra cosa.
— Gracias Brick — Agradeció.
Brick no contesto, solo alzó su mano en señal de despedida. Acción que la pequeña correspondió e imitó.
Repentinamente la instalación se quedó a oscuras y en silencio, preparando todo para el brillante reflector que enfocó sin vergüenza el centro del escenario. Iluminando a aquel esquelético jinete, que por tres días seguidos se había encargado personalmente de promocionar su circo en el pueblo.
— ¡Cuánto me alegra verlos otra vez! — A través del micrófono exclamó — No se preocupen, voy a ahorrarme el cháchara. Pueden guardar sus tomates de regresó ¡Te hablo a ti Ace! — A alguien de la audiencia señaló, ocultando su enojo con burla — Chico, los tomates son para las funciones, no para mí — Sonrió malévolo con las manos en su cadera.
Las risas se escucharon por todos lados. Buttercup no los acompañó, no le encontraba gracia y tampoco entendía el chiste.
— Ahora sí — Carraspeó un poco — ¡Sean todos bienvenidos a Dark Wood Circus…El circo de fenómenos!
La iluminación repentina la obligó a cerrar los ojos, escuchando nada más la estridente música llenar los rincones de la carpa. Aquello le interesó, obligándola a separar los parpados y a descubrir el lugar del cual esa música provenía, sin embargo, algo más capturó su atención.
— ¡Y para la apertura del show, El Siamés! — El hombre se volteó hacia las cortinas, señalando estas con la palma de su mano — ¡Alegría y Risa! — Gritó al paso que abandonaba el escenario.
Los reflectores juguetearon, iluminando parcialmente partes del interior de la carpa en medio de sus giros acelerados. Abruptamente los reflectores se detuvieron sobre la figura incierta, que con brazos abiertos se balanceaba sobre un monociclo.
Buttercup en un comienzo no comprendió ¿Cómo era posible que dos personas estuvieran en un mismo cuerpo? ¿Aquello era posible, siquiera?
Las carcajadas inundaron la instalación, pero no por parte del público, no. Era El Siamés quien reía estridentemente mientras sacaba esferas coloridas de sus mangas, aquellas pelotas no tardaron mucho en ser lanzadas al aire en una imitación de los malabares. Aun riendo, el cuerpo de dos cabezas se paseó por todo el escenario en su monociclo, capturado en el proceso el asombro de los lugareños ante su habilidad.
El Siamés se detuvo en el lugar inicial, dejando caer las esferas en medio la acción.
Las dos cabezas rubias sonrieron ampliamente mientras intercambiaban entre si miradas traviesas.
— ¡Hola público conocedor, aquí les habla su amiga favorita, Bubbles! — Exclamó la de infantiles coletas — Nos alegra tanto verlos de nuevo ¡Oh por todos los cielos, he dicho alegra! ¿Sera una referencia para mi amado compañero Alegría? — El público rio, acompañados por la infante pelinegra.
— ¡Que bromista y astuta eres Risa! — Se mofó un rubio de ojos cobaltos.
— ¡Me halagas tanto Boomer! — Contestó la cabeza de coletas.
De un extremo un punto rojo voló, anunciando la tortura eterna de los fenómenos. Unos cuantos curiosos siguieron la trayectoria del tomate podrido y apestoso, impacientes por presenciar en vivo y en directo, como este se estrellaba sin descaro en el rostro de la cabeza femenina.
— ¡Déjense de idioteces y continúen con el show! — Gritó un viejo de bigote a lo lejos.
— Em… Si, el show — Se escuchó a la rubia de ojos celeste decir.
— ¿Te encuentras bien? — Murmuró la cabeza masculina.
— No pasa nada, Boomer — Le sonrió.
Más tomates fueron lanzados, asustando a los rubios que se limitaron a acatar las exigencias de la audiencia, continuando con el programa establecido, fingiendo su sonrisa y evitando que las lágrimas corrieran el maquillaje. Buttercup disfrutó de la función del Siamés, los tomates rancios sinceramente le desagradaron, pero ella suponía que era parte del show… Pobre niña, en su representación de inocencia no se enteraba de que aquello era un trato cruel e inhumano.
El hombre de dos cabezas desapareció por el mismo lugar del cual había salido, tratando de ocultar su alma rota.
El maestro de ceremonias volvió a dominar el reflector, sonriendo con morbo.
— ¡Que maravillosa presentación! ¿No les parece?
Alaridos de dolor fueron ocultos por aplausos efusivos, ignorando el dolor y la desgracia que existía detrás del telón.
— ¡Ahora, es el turno de nuestro favorito, el único capaz de tener un estomago tan fuerte como para comer cualquier cosa que en su plato se sirva, por más podrido que este sea! ¡La Bestia Verdeee! — Alargando las palabras desapareció.
Del telón rojo una jaula emergió, empujada por el pelirrojo que Buttercup inmediatamente reconoció. Alzó su mano, intentando llamar la atención del Nefilim que no hizo más que bajar la mirada, esperando que con esto la niña no fuese de interés del jinete de sombrero de copa. La pequeña no le tomó importancia, de hecho ignoró su actitud. Ella estaba más interesada en el niño dentro de la cárcel de barrotes, pues le extrañaba su actuar; el pelinegro parecía un león hambriento, dando vuelta tras vuelta en ese limitado espacio de hierro.
Ella no le calculo más de siete años, dos más que ella.
El infante levantó la cabeza, dejando a relucir sus orbes verde bosque y su sonrisa de desquiciado. Su cabello estaba desaliñado, dirigido a todas direcciones de manera rebelde. La Bestia Verde levantaba los pies de manera extraña, caminando como si la existencia de sus rodillas le tuviera sin cuidado.
— ¡Butch tiene hambre! ¡Butch tiene hambre! ¡Denle comida a Butch! — Exclamaba a medida que movía sus hombros con violencia, haciendo notar la camisa blanca de correas que mantenían presos sus brazos.
— Ya, ya Butch — Una chica de ancha espalda apareció, caminando torpemente con una bandeja de carne… O lo que a la lejanía parecía serlo — Aquí están los fideos que te prometimos — Sonrió dulcemente, dejando ver los huecos que había en su dentadura.
— ¡Bunny es muy buena con Butch! — Exclamó mientras saltaba en el interior de la jaula.
La de orbes lilas pasó el plato entre los barrotes, dejándolo caer al suelo. Aquel acto dejo mayor visibilidad al platillo gourmet, intestinos.
— ¡Come! ¡Come! — Alentaban todos mientras golpeaban sus rodillas con sus puños.
El azabache dejó atrás su hiperactividad.
Miró aquello con terror unos segundos antes de voltear hacia detrás del telón, donde yacía el gigante rojo. Brick esquivó la mirada miedosa del niño, limitándose a decirle con gestos que cumpliera con su papel. Butch decepcionado mordió su labio, dejándose caer de rodillas para empezar a comer, lo que Bunny en su inocencia había llamado firmemente "Fideos".
— Lo siento, Robin — Susurró a lo que sería su cena.
Más comida fue llevada a su celda, siendo alabado por las personas como si no hubiese un mañana.
— ¡Butch ya está lleno! — Gritó con el rostro manchado en rojo.
— ¡Qué triste es escuchar eso! — Him volvió a aparecer, apoyándose en la celda y mirándolo con falsa lastima — ¡Pero ya no podemos obligarlo, no creo que sería bueno para nosotros verlo vomitar! — Se agachó, esperando que solo el niño fuese capaz de escuchar su murmullo — Hiciste un buen trabajo, Butch, te alegrara saber que hoy no habrá ácido para ti.
Con su pie empujó la jaula de ruedas, mandándole de nuevo a detrás de bambalinas.
El espectáculo continuo, enseñando cuanto fenómeno solo era posible de imaginar un la más retorcida y podrida mente de un enfermo. Buttercup se enamoró de aquella diversidad, pensando que eran maravillosas. Para los niños todos somos iguales, recuérdenlo.
— ¡Es una pena, pero todo lo que comienza debe tener un final! — Se llevó su sombrero de copa al pecho, mirando con tristeza el suelo del escenario.
La carpa se vio inundada por abucheos, tan intensos y sonoros que la niña de ojos verdes tuvo que cubrir sus orejas.
— ¡Ya basta! — Ordenó el de prolijo cabello negro.
Jacob Him odiaba que lo interrumpieran y desafiaran su autoridad, un publicucho no se escapaba de la misma tanda. Todos para él eran igual de insignificantes, nadie, en serio, nadie era capaz de hacerlo sentir a él como la mierda. Ese era su papel, su obligación y satisfacción.
Sus palabras surtieron efecto, los lugareños callaron. No sabían si había sido una ilusión, o una modificación en el micrófono, pero la voz del tipo había sonado de ultratumba.
— He estado trabajando en algo, en un fenómeno digno para dar el cierre requerido en esta ciudad — Sonrió retorcidamente — Así que no se preocupen, que he dejado lo mejor para el final ¡Algo nuevo y hermoso! Que por cierto, es una pena que no se pueda utilizar de otra manera… Seriamos unos pervertidos si lo hiciéramos.
Aplausos y gritos entusiasmados se hicieron sonar, obviando el escalofrió que antes le había provocado ese hombre.
— ¡Ella ha estado esperando durante estos tres días exclusivamente para ustedes, para deleitarlos! — Volvió a colocar sobre su cabeza el sombrero — ¡Con mucha alegría, me complace presentarles a Diva!
Contra la madera se escucharon cascos chocar, emitiendo perfectamente el ruido que hacen los caballos al andar. El público estaba expectantes, conteniendo el aliento mientras mantenían sus ojos fijos en lo que entre las sombras se asomaba. La figura estaba cubierta completamente en fino manto, no dejando espacio a la imaginación.
La audiencia seguía impaciente, desesperados por ver lo que debajo del manto se ocultaba con tanta timidez y que con tanto palabrerío había afamado el maestro de ceremonia.
El Nefilim volvió a salir, llevando consigo un micrófono decorado en flores. Sin pronunciar palabra el pelirrojo dejó el micrófono en medio del escenario, mirando con lastima el rostro oculto. Tragando grueso regresó a su lugar, a su puesto detrás del telón. De debajo del manto blanco, una manos tan pulcras como la misma tela aparecieron, tomando el borde de encaje con el fin de decir adiós a su escudo. El público no sabía que ruido emitir, se había quedado mudo.
Una chica de hermosos ojos rosas se encontraba frente a ellos, con una expresión tan muerta como sus orbes y corazón. La dama era poseedora de retorcidos cuernos, que sin descuido buscaban el cielo, siendo obligados a no seguir creciendo mediante flores y joyas de fantasía. Sin embargo, la belleza de la fémina se vio opacada por otro de sus atributos, sus piernas.
Estas no existían.
La joven no era como los demás en ese establecimiento, ella era mitad cabra, presumiendo su pelaje blanco y sus pezuñas teñidas en dorado. Buttercup apoyó sus codos en sus rodillas, acunando su rostro en espera del comienzo del show.
Diva se aferró al frío metal del micrófono, lista para comenzar con su canto. La carpa fue invadida por las suaves y delicadas notas que la boca de esa dama entonaba, encantando a todos como si del hechizo de una despiadada sirena se tratase. Nuestra infante no se excluía, ella estaba igual de embelesada.
Fue una lástima que el encanto se viera roto debido a una nota mal entonada.
Los abucheos y los tomates putrefactos se lanzaron nuevamente como proyectiles, trasportando su descontento y rabia contra la dama con patas de cabra, con torpeza la pelirroja intentó huir del ataque pero… Aquellas piernas no eran suyas, no sabía controlarlas al completo. Sus manos se vieron encontradas con el suelo sucio, manchando su piel y vestido con el tomate rancio.
A su auxilio salió el Nefilim y la Jorobada, tomando sus brazos para ayudarla a salir de ese lugar.
— Son muy crueles — Murmuró la pelinegra, cruzada de brazos mirando con enojo a los cercanos a ella.
El maestro de ceremonias no se privaba de ocultar su enojo, sus cejas estaban encontradas y su piel antes morena parecía haber cambiado a rojiza.
— ¡Me disculpo por esto! — Entre dientes dijo, mirando por el rabillo del ojo a la Diva llorar y juntar sus palmas en busca de piedad.
— ¡Eso fue un fiasco, exigimos un reembolso! — Exclamaron a coro.
— ¿Un qué? — Dejó de ver a la pelirroja unos instantes, murmurando más para sí mismo que para su público.
Si antes estaba enojado, ahora estaba furioso, llevando sus ojos ámbar a la pelirroja le dio a entender todo lo que con palabras en ese instante no podía.
— ¡Bien, paren ya! — Les cortó a todos los alaridos — ¡Tendrán su reembolso y una bolsa de palomitas de maíz como recompensa!
Los lugareños aplaudieron, contentos con su respuesta.
— Son tan idiotas que con una miseria se contentan — Bufó del larguirucho hombre mientras hacia una señal con sus manos. El simio de piel verdosa bajó de su hombro, en dirección a la máquina de chuches — Me disculpo nuevamente ¡Para la próxima juramos que tendrán un show digno! — Sonrió forzosamente — ¡Se despide Dark Wood Circus! — Y con ello aplaudió, desapareciendo en una nube de humo rojizo.
Aplausos, Buttercup los acompaño pues a pesar del ultimo acontecimiento estaba satisfecha. El reembolso no le interesaba, no sabía que era aquello, pero lo que si le llamaba demasiado la atención era esa caja bicolor con relleno de maíz.
Se acercó, siguiendo la fila que adultos y niños hacían.
Inclino su cuerpo hacia un costado, intentando descifrar cuantas personas faltaban para que llegara su turno. Sobre su hombro sintió una mano posarse, apretándolo tanto que se vio en la necesidad de voltearse.
El hombre de sombrero de copa estaba ahí, sonriéndole.
— Oh, pero que linda niña eres — Halagó mientras se ponía de cuclillas — ¿Quieres palomitas de maíz? — Preguntó.
Buttercup simplemente asintió, asiendo sonreír al jinete.
— Mojo, trae uno para la nena — Al pequeño mono llamó.
Obediente su compañero se acercó, alzándole el envase a la de orbes verdes. Buttercup feliz lo aceptó.
— Muchas gracias, Mojo — Agradeció después de acariciar la pequeña cabeza del animal.
— Y dime ¿Cómo te llamas? — Preguntó.
— Buttercup — Se limitó a contestar mientras se llevaba un puñado de palomitas a la boca.
— Hermoso nombre, dime pequeña ¿Dónde están tus padres? — Interrogó.
— En casa — Respondió con la boca llena.
— Ya veo — Sonrió más — ¿Te gustaría hablar con los fenómenos…Digo, con las estrellas del circo? — Cuestionó dulzón.
Buttercup asintió animada, limpiando con su antebrazo sus labios aceitados.
— Bien, vamos — Se irguió, extendiéndole la mano que la pelinegra contenta tomó.
Alejándose de la multitud, Jacob encaminó a la pequeña hasta el exterior, deteniéndose abruptamente en esta. Buttercup lo observó, esperando por el siguiente movimiento del hombre.
El maestro de ceremonia desató un globo rojo; extendiéndoselo a ella con amplia y amarillenta sonrisa.
— Para ti.
La de orbes verdes lo tomó, observándolo flotar por sobre su cabeza.
Un sollozo soltó, mordiendo su labio para no dejar paso a los gritos de dolor y asustar a su acompañante. Miró al Nefilim, que con toda la delicadeza del mundo colocaba las flores más lindas sobre su vendaje, ocultando la reciente tragedia.
— ¿Él vendrá a hacerme daño? — Cuestionó, tomando la mano del chico, cortando su acción. Brick dejó de ver las flores para verla a ella — Con estas piernas, no puede hacerme nada ¿Cierto? — Apretó la mano del pelirrojo.
— Tienes razón, él no volverá a tocarte — Replicó.
— Si no sigo comiendo me remplazara.
Todos los fenómenos se voltearon hacia la jaula, Butch desde que había vuelto a bambalinas no había abierto la boca, no había emitido ningún sonido, incluso empezaban a creer que se había comido su propia lengua al verse incapaz de diferenciarla de los demás platillos.
— Ya no quiero comer más compañeros, ya no quiero — Sollozó — Pero tampoco quiero ser quemado con ácido — Se cubrió su boca, sentía su estómago revuelto.
— ¿Estás bien, Butch? — Preguntó la cabeza de coletas, que tomando control del cuerpo se había acercado hasta el susodicho.
— …No… — Sujetando su abdomen, permitió a su estómago devolver todo lo que había comido.
La cabeza femenina lo vio con lastima.
— Maldición — Murmuró la cabeza masculina — Him se va a enfurecer cuando vea esto — Se levantó, buscando tela con la cual limpiar el vómito.
— No deberían hacer esfuerzo, sus puntos fueron tocados por el ácido — Una de las gigantes habló, acomodando su tiara.
— Pero debemos hacer algo Princess — Contestó Bubbles.
La pelirroja de rizos guardó silencio, poniéndose de pie para comenzar a buscar las telas.
— Descansen, ya no queremos más experimentos de siameses — Se detuvo, recogiendo el telón viejo.
Sembrando el terror, aquella voz horrorosa sonó a lo lejos. Todos llevaron sus ojos hasta la entrada de la enorme celda, esperando que ese hombre viniera solo.
Era demasiado pedir.
— ¡Les presentó a nuestra nueva atracción! — Exclamó.
Buttercup se giró, mirando al maestro de ceremonias, que recargado sobre los barrotes se carcajeaba. La niña soltó el globo, con los labios separados y los ojos bien abiertos. Muerta de miedo giró a sus espaldas, donde las estrellas del circo la observaban con pena y terror.
— Buttercup — Murmuró Brick que cargaba consigo un nuevo grupo de flores.
— ¡Him, déjala ir! — Suplicó la cabeza de coletas.
— No tengo por qué obedecer órdenes de unas aberraciones como lo son ustedes — Escupió mientras dejaba caer la carpa, ocultando el morbo.
El Nefilim dejó las flores en el suelo, al lado de la Diva que inmediatamente vio a la niña empezó a temblar, temiendo por el destino de la pequeña. Brick apresurado se acercó a la niña, tomándola de los hombros y limpiándole las lágrimas que cruzaban las mejillas esta.
— Ya, todo estará bien — Mintió.
— Quiero ir a casa — Rogó mientras tomaba el saco del pelirrojo.
— Lo sé… Hey, no te preocupes, nosotros te llevaremos a casa esta noche, no te… Preocupes — Frotó los brazos fríos de la niña, mirando al resto que no hacía más que cubrir sus bocas — Ven, te presentare a mis amigos — Trató de anímala.
— ¿Prometes que me llevaras? — Tomando su mano interrogó.
El de mirada carmín asintió cabizbaja, evitando verla. Brick la acercó hasta el siamés, que inmediatamente la tuvieron enfrente empezaron a lanzarle una infinidad de chistes y malas bromas, logrando su cometido de distraerla de su cruel realidad… Y del destino que le deparaba.
Buttercup se paseó, tomando todos los vestuarios pomposos que Bunny le entregaba entre risas sinceras e infantiles. Interesada se acercó a la celda, donde yacía una avergonzada Bestia Verde.
— Iugh — Soltó mientras cubría con sus dedos la punta de su nariz, exagerando su expresión de asco con su lengua rosada — Vómito — Confirmó mirando al pelinegro que esquinado sollozaba.
— Lo siento, Robin — Volvió a decir, a lamentarse con su vista en el vómito que Princess intentaba limpiar.
— ¿Tienes hambre? — Preguntó aun asqueada.
El interrogado levantó la cabeza. Asustado por la pregunta. Su tensión se esfumó al verla, era nada más una niña, como él. Los niños no son malos ¿Verdad? Él no era malo, y era un niño.
Todos los niños son buenos ¿Cierto?
— Yo… — No sabía que contestar.
— Ten — Le extendió el empaque de palomitas.
Butch lo tomó con sus temblorosas manos, sus recién liberadas manos.
— Gracias — Se limitó a decir antes de devorar las pequeñas explosiones de maíz, su estómago rugía, y apreciaba que aquellas palomitas no estuviesen suicidas y rancias.
Buttercup se alejó, siguiendo al pelirrojo que había vuelto a su tarea de adornar a la Diva.
— Me alegra que el ácido no haya dañado tu ojo — Susurro mientras bajaba los brazos y la miraba fijamente.
— No pienso igual que todos ellos… A mí me gustó mucho tu canción — Comentó la niña, llamando la atención de la pelirroja.
— Muchas gracias — Blossom le sonrió amorosa.
— De nada — Buttercup le devolvió la sonrisa — ¿Puedo preguntarte algo?
— Por supuesto — Replicó la de ojos rosas.
— Bien… — La niña jugó con sus dedos, dudosa de si lo que diría a continuación era correcto — ¿Naciste con piernas de cabra? — De golpe interrogó.
— Butter… — El pelirrojo negó con su cabeza, como si con aquello fuera capaz de retroceder el tiempo.
— ¿En serio creen que nací con estas piernas? — Le preguntó a Brick, este solo la atrajo a su pecho, cuidando de no rozar la piel recién vendada.
— Creo que ya estoy lista para regresar a casa — Dijo la de ojos esmeraldas.
Junto al viento vio una hoja caer, la reconoció de inmediato. En su pecho se instaló un hueco, en su garganta un nudo y en sus ojos lágrimas. Volteó hacia el resto, verificando que estos no se encontraran lejos.
Regresó sus ojos negros al anuncio, reconociendo de inmediato la tipografía y las ilustraciones.
— Maldito circo — Murmuro rabioso.
— ¡Utonium! — Exclamó una mujer, capturando la atención del padre abandonado — ¡Debemos seguir colocando volantes!
— Lo se Keane, discúlpame — El pálido hombre se acercó hasta ella, olvidando completamente la existencia del papel.
— No te quedes atrás, es prioridad que todos sepan que el dueño de ese circo es un secuestrador de niños — Le recordó mientras colocaba un folio de advertencia.
— Lo sé.
Utonium bajó su mirada, leyendo lo escrito en el pie de la fotografía de aquel volante; "Jacob Him, secuestrador de niños. No duden en acusarlo con las autoridades si llegan a verlo, ya sea a él o a su circo "Dark Wood Circus", muchos padres alrededor de todo Estados Unidos aun lloran la perdida de sus hijos, piensa en ellos, que aún tienen la esperanza de rencontrarse con ellos"
La música sonaba, sumergiéndolos a todos en el ambiente.
— ¡Muchas gracias a todos por venir, yo soy Alex Him! — Exclamó el hombre de sombrero de copa — ¡Sean todos bienvenidos a Freak Circus!
Los aplausos se escucharon.
— ¡Como primera función tenemos a Roset, la niña del aro de rosas!
Del techo un aro decorado en rosas ponzoñosas descendió, listo para ser utilizado por su propietaria de ojos verdes. Que ahora, ya no veía el circo con la misma fascinación de antaño.
"No debes de temer a los monstruos debajo de tu cama, o a los que se ocultan en las sombras de tu armario. Al monstruo que debes temer es al ser humano perturbado"
¡Happy, Happy Halloween! It´s me Miss Purple24.
¡Primero que nada! Informarles que hay una ilustración de esta historia en mi instagram miss_purple24 :D
Por todos los cielos, pensé que no podría publicar este one short a tiempo. Me duele la espalda de una manera pero aterradora, dos semanas elaborando este especial y en serio, me iba a matar si no lo publicaba hoy.
Anyways, lo importante es que lo publique xD.
Por cierto, esta historia esta basada en la canción de Vocaloid – Dark Wood Circus :D, hace mucho que quería hacer una historia con esa canción.
Es probable que lo mejore después, también es probable que no, I don´t know.
Ahh siento que merezco como dos meses de descanso… ¡Jajaja! Claro que no, debo seguir trabajando en Marionetas, vale versh la vida hombre… Bueno, espero que hayan pasado un buen Halloween, o un no Halloween… Un buen día en resumen xD.
¡Nos leemos después corazones de melón!
Disclaimer: The PowerPuff Girls no es de mi propiedad.
•Miss Purple24•
