-Ash-

-¿No podemos ir en barco? (-)

-No me digas que el valiente Ash le teme a los aviones…

….

(0.0')

-¡Cállate, maldito Sing! (/) ¡No le tengo miedo a las alturas! Tan solo…a… ¿Y si nos estrellamos?

Sentí como ciento de miradas aterradoras se clavaban en mí. ¡No hables de ese tipo de cosas, traerás a la mala suerte! Me susurró Max pasándome el brazo por encima del hombro y alejándome de la multitud.

-En serio ¿Cómo es posible que tengas miedo de montarte en un avión con todo lo que has tenido que vivir a tus cortos diecinueve años? – me rasqué la cabeza malhumorado– Has estado a punto de morir en varias ocasiones, y la más reciente hace dos años cuando casi te desangras en la biblioteca. Así que dudo mucho que la muerte quiera echar abajo un avión. Se habrá hartado de intentar llevarte al otro lado.

Mascullé en voz baja.

Lo de la biblioteca había sido pura suerte. Estaba tan feliz de leer las palabras que Eiji me había escrito en aquella carta que bajé la guardia, y la bajé tanto que no supe que me habían apuñalado cuando corría rumbo al aeropuerto. En otras circunstancias ese hijo de puta ni siquiera me hubiera rozado pero aquel día era tan feliz que realmente no me importó que mis días acabasen en uno de mis lugares favoritos recordando sus palabras y la voz de Eiji mientras la muerte me llevaba…

-Voy al baño.- susurré y Max le pidió a Sing que me acompañase. ¡No iba a escaparme! ¡No soy un maldito crío! (-) – Joder… Ni a mear solo puedo ir.

-No es que no confiemos en ti, es solo que es la tercera vez que intentas ir a Japón y siempre sales huyendo. ¿A qué le tienes tanto miedo?

-¡A nada! Y pásame una camiseta limpia. He sudado demasiado…

Le sentí abrir la bolsa que llevaba de mano cuando, de repente, me abrió la puerta del baño de una patada.

-¿Se puede saber qué es esto?

Balanceaba entre sus dedos mi pistola.

-Una pistola.- le respondí tan normal.

Le había visto enfadado pero nunca de tal forma que parecía que las venas de su cuello le fueran a explotar en cualquier momento.

-¿Eres idiota o qué te pasa? ¿Cómo pretendes subirte a un avión con una pistola? ¿De verdad piensas que te dejarán pasar por el arco de seguridad? ¿Es que quieres ir a la cárcel?

-Tranquilízate. Conozco a alguien de seguridad que me dejará pasar. Está todo pensado.

-¿Y en Japón también estará ese mismo tipejo de seguridad?

Ups…

-Ya pensaré algo cuando lleguemos allí.

-En serio Ash, con lo inteligente que eres para unas cosas y lo idiota para otras… - sacó su teléfono móvil y antes de que pudiera detenerle se chivó a Max y mi preciada pistola se quedó en tierras americanas.

****
-¿Estás más tranquilo? – me preguntó Sing.

Le ignoré. ¿Cómo podía estar tranquilo con él sentado a mi izquierda y a mi derecha a Max? Parecía un criminal rodeado de policías.

-No entiendo por qué estás tan nervioso. Al contrario, deberías de estar contento. Vas a ver a Eiji después de mucho tiempo.- sonreía burlón Max.

Me removí intranquilo en mi asiento.

Ese era el mayor problema de todos. Ver a Eiji después de dos años y apenas mantener contacto… Él no sabía que había estado a punto de morir, otra vez. Simplemente Max le contó que había vuelto a estudiar, que luego acabó siendo verdad, y estaba más ocupado cuando en realidad estaba en el hospital recuperándome. Por esa razón, le llamaba una vez a la semana o una vez al mes. Era cierto que la carta que me escribió me hizo darme cuenta de lo mucho que necesitaba estar a su lado pero una vez estaba fuera de mi vista empecé a sentirme más y más tranquilo. Ya no había peligro en las calles. No tenía a nadie que me acechase en las sombras. Pero aún así, aunque las sombras y los demonios regresasen pues siempre regresaban, creí que Eiji estaría más a salvo en su país que entre mis brazos.

Aún así…

Aun así…

Quería verle…

-Eiji no estará enfadado contigo. Al contrario, está contento de que vuelvas a estudiar y caminar en buena dirección.- intentó animarme Max.

-No me preocupa eso.- respondí entre dientes.

-¿Entonces qué es lo que te preocupa? ¡Venga ya! ¡Escúpelo de una vez por esa bonita boca! – Sing me pellizcó las mejillas y le aparté la mano de un manotazo.

-¿Y tú por qué vienes? ¿Acaso Yut-Lung Lee te ha dado permiso para venir? Déjame que ponga en duda que ese bastardo haya permitido que su pollita preferida esté al lado de su mayor enemigo.

-Ese idiota de Lee no tiene por qué darme permiso. Puedo ir a donde me dé la gana.- respondió desviando la mirada.

-¿Qué le has prometido? ¿Sexo salvaje todas las noches cuando vuelvas? ¿Qué te dejarás atar para que te haga todo tipo de cosas? O ¿Qué él se dejará atar para que le hagas todo lo que te ordene? – esta vez habló Max por mí pero yo estaba pensado exactamente lo mismo.

-¡Idiotas! ¡Nosotros no tenemos ese tipo de relación! – exclamó avergonzado.

Max y yo intercambiamos sonrisas burlonas mientras le pedíamos con la mirada que nos contase sus relaciones con todo lujo de detalles (+-+)

****
Cuando salimos del aeropuerto el frío de Japón me sorprendió. No tenía nada que ver con el ambiente gélido norteamericano. Todo allí era distinto. Ni siquiera sus altos edificios o las aglomeraciones de personas se parecían. En Nueva York, a pesar de todo, me sentía libre, poderoso y allí me sentía que me acababan de encerrar en una jaula. ¿Se debía a que era la primera vez que visitaba Tokio? ¿Se debía a que no conocía sus callejas? ¿Ni sus secretos? ¿Ni a los pandilleros…?

Empecé a sentirme mal… No sabía que el cambio de una ciudad a otra pudiese afectarme de esta manera. Pero no podía seguir huyendo. Era la tercera vez que intentaba ir a Tokio y a la tercera lo había conseguido. La primera vez me tiré del taxi en marcha camino del aeropuerto y la segunda me bajé del avión provocando un altercado. Aún me dolían los oídos de los gritos de Jessica sobre mi comportamiento.

Si Shorter me hubiese visto se hubiese descojonado de mí durante décadas…

Ojalá me hubieses visto, amigo.

Ojalá…

****
-¿Estás seguro de que esto saldrá bien? – le pregunté a Max mientras me preparaba para hablar por Skype con Eiji.

-Tú tranquilo. Eiji ni siquiera se va a fijar si es de día o no. Tendrá ojitos solo para ti.- le tiré la almohada – Un consejo, finge que te acabas de despertar. Estás más guapo.- me despeinó el cabello para después decirme que todo estaba bien levantando el pulgar y dejándome solo en la habitación del hotel donde nos íbamos a quedar.

Me miré en el espejo y, aunque llevaba horas despierto parecía que me acababa de pasar un camión por encima. El jet lag me estaba matando… (-.-') ¿Pero de verdad Eiji no sospecharía nada? ¿No podía llamarle por el móvil como siempre? No le veía desde… Tragué saliva. No quería recordar aquel momento. Vamos olvídate e intenta parecer normal. Normal… ¿Cómo se actúa normal?

-¿Ash? ¡Cuánto tiempo! – la sonrisa de Eiji me provocó un nudo en la garganta y los ojos se me llenaron de lágrimas -¿Ash? ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Está todo bien por allí?

-Estoy bien, idiota… Es solo que me acabo de despertar.

-¿Estás seguro? Tienes mal aspecto.

Y qué aspecto quieres que tenga, idiota. Llevo dos días de retraso de sueño.

-Te ves bien, me alegro.- le susurré e inconscientemente me sorprendí tocando la pantalla del ordenador. Estábamos tan cerca y él no sabía nada…

-¿Por qué sonríes? – me preguntó curioso. Mierda, había sonreído pensando en cómo sería nuestro reencuentro - ¿Van bien las clases?

-Por supuesto que sí, está chupado. Seguro que me saco el título antes que nadie.- respondí con soberbia y su sonrisa me transportó a aquellos días. No tenía ninguna duda de que había hecho bien en pedirle que regresase a su hogar. Era otra persona. Y lo más importante de todo es que estaba a salvo.

Ese era el Eiji al que quería pero no debería seguir engañándome. No podía tenerle. No podía seguir deseando estar a su lado cuando era incapaz de deshacerme de esos demonios…

****
Había pasado una semana desde que habíamos llegado a Tokio y todavía era incapaz de ir a ver a Eiji. Ni Max ni Sing me presionaban para que fuese a verlo, ni tampoco se les veía incómodos ni con prisa de regresar a Nueva York. Al contrario. Se lo estaban pasando en grande yendo de un barrio a otro del centro de Tokio, de tiendas, de bares y restaurantes. Eran dos turistas idiotas más que estaban perdiendo la cabeza. Mientras tanto yo tenía la sensación de que alguien me vigilaba. Allá donde mirase, allá donde fuese, sentía como si una oscura mirada me perseguía y me dejaba sin respiración. En más de una ocasión quise echar a correr o me llevé la mano inconscientemente a mi espalda para coger mi arma pero luego recordaba que ese idiota de Sing se la había entregado a Jessica.

Tienes que tranquilizarte. Aquí no hay nadie que te conozca. Esa escoria de Golzine está muerta. Al igual que muchos otros. Todo acabó. Todo acabó…

-¿Entramos aquí? – la mano de Max sobre mi espalda me empujaba hacia una cafetería.

-¿Por qué no regresamos ya al hotel? Llevamos andando sin parar todo el día y ya está atardeciendo. Aparte ¿Y si Eiji nos descubre? No es así como me había imaginado que nos volveríamos a ver.

Max y Sing se miraron durante unos segundos para después reírse en mi cara. Cómo odiaba que hicieran eso (/)

-¿De verdad crees que te encontrarás con Eiji en una ciudad dónde viven más de diez millones de personas?

-Joder Ash, no creo que tengas tan mala suerte de encontrártelo a la vuelta de la esquina. Venga, entremos. Tiene pinta de que empezará a nevar en cualquier momento.- mascullaba entre dientes Max empujándome al interior de la cafetería y chocando contra un chico japonés.

-L-lo siento…- dije como pude en japonés.

-¿Ash?

Su voz pronunciando mi nombre me puso la piel de gallina.

No podía ser verdad. Era imposible. ¿Cómo nos íbamos a encontrar en una cafetería? Imposible….

-¿Max? ¿Sing? ¿Qué estáis haciendo aquí?

Sentía como la mirada de Max y Sing pasaban de Eiji a mí y como mi cara se iba poniendo cada vez más y más roja. ¿Podía tener más mala suerte? ¡Con la de cafeterías que había en Tokio y tenía que encontrármelo! Va, venga, di algo. ¡Rápido! Cualquier cosa está bien.

-¡So-sorpresa! – grité alzando los brazos.

….
La cara de Eiji era todo un cuadro pero la mía… ¿Se podía ser más patético?

(-.-')

****
-Podías haberme avisado de que vendríais. Os hubierais quedado en mi apartamento en vez de iros a un hotel. Es un lugar pequeño pero habríais estado más cómodos.

-No queríamos molestar.- mentí. En realidad me conformaba con verle en cualquier parte, en un parque me habría valido, hablar un rato, ponernos al día y luego…– Me lo esperaba algo más ordenado.

-L-lo siento, he estado ocupado estos días y apenas he tenido tiempo de recoger.

-Tranquilo, está mucho mejor que el mío.- sonreí entrando pero me detuve a mitad de camino. Demasiado limpio, ordenado y aseado a lo que yo le ofrecí aquellos días. Estaba claro que vivíamos en dos mundos totalmente diferentes y que era mejor que dejasen de mezclarse.

-¿Quieres tomar algo? ¿Un café? ¿Té? Te ofrecería una cerveza pero sigues siendo menor de edad en mi país.

Su brillante y burlona sonrisa me estremecí por dentro.

-Agua está bien.- murmuré mientras caminaba hacia el balcón. Eiji vivía en un edificio de apartamentos con increíbles vistas. Tokio vista desde una pequeña altura seguía pareciéndome inmensa. En Nueva York las calles eran oscuras, frías y por mucho que subieses a una azotea a contemplar el paisaje se transformaba en una ciudad triste, sin color, solitaria. Aunque el sol brillase siempre miraría de reojo al sentir pasos ajenos. Nunca sería capaz de librarme de las garras de Golzine ni de todo lo que había vivido. Los demonios me acecharían, e incluso en otro país tenía la sensación de que habían viajado conmigo y estaban esperando a que bajase la guardia para arrastrarme de nuevo a la oscuridad.

-¿Has crecido? – me preguntó de repente Eiji colocándose a mi lado.

-Es posible. Aún estoy en edad de crecer. En cambio tú sigues igual de pequeño.

-Deberías ser más amable, soy mayor que tú.

-Pero nunca lo has aparentado.

Eiji sonrió para desviar la mirada al paisaje. La brisa era gélida pero el sol de ese día calentaba como si estuviésemos en primavera. Era extraño. Estaba muerto de miedo de ver de nuevo a Eiji pero con tan solo tenerle a mi lado toda esa inseguridad desaparecía, incluidos los demonios que me perseguían con sus afiladas garras.

-Si te soy sincero… - comenzó a decir Eiji – Sabía que estabas en Tokio.

O.o

-¿Cómo dices? ¿Jessica se ha vuelto a ir de la lengua? ¿O ha sido ese imbécil de Max? – me remangué la cazadora a la altura del codo dispuesto a darle una paliza.

-No, no, nadie me ha dicho nada es solo que…bueno… cuando me llamaste el otro día por Skype hubo un momento en el que fuiste a por algo de beber y pude ver la torre de Tokio por el balcón que tenías a tu espalda.

Me llegué las manos a la cara.

¡Ese idiota de Max! ¡Le dije que no era buena idea hacer una video llamada! (/)

-¿Y por qué no dijiste nada? – le pregunté con las orejas coloradas.

-Porque esperaba que fueses tú quién me lo dijese, pero me ha hecho muy feliz encontrarte por sorpresa. Eso quiere decir que da igual dónde estés, siempre te encontraré entre la multitud.

Mi corazón empezó a latir como nunca antes lo había hecho, o no al menos como yo lo recordaba. La sonrisa de Eiji eran tan sanadora que quería ser el primero en poder verla cada despertar y el último antes de irme a dormir. Levanté la mano para acariciarle la mejilla cuando fue Eiji quien lo hizo primero y sus cálidos dedos me pusieron la piel de gallina. Hacía dos años que no nos veíamos, que no podía abrazarle ni tocarle. No tuvimos la mejor de las despedidas y a punto estuve de haberle dicho adiós para siempre.

-Eiji, tengo que contarte algo… - tragué saliva. ¿Cómo podía resultar tan difícil ser sincero? – El día que regresaste a Japón yo-

-Estuviste a punto de morir, lo sé.

-¿Lo sabes? – (O.O.) ¿Pero éste chico como acaba sabiéndolo todo?

-Jessica me lo contó cuando estabas fuera de peligro. Quise regresar a Japón inmediatamente pero me pidió que no lo hiciera, que era mejor esperar a que te recuperases del todo. No solo de tus heridas físicas, sino también psicológicas. Habías sufrido mucho y poner un poco de tierra de por medio nos vendría bien a los dos. Así que hice lo que me pidió.

-Me sorprende que le hicieras caso.

-En realidad tenía miedo de volver. Tenía miedo de verte otra vez herido, de que me alejases con tu fría mirada y tus afiladas palabras. No quería volver a tener que despedirme de ti, así que esperé a que tú te pusieses en contacto conmigo.

-Siento haber tardado tanto.- le acaricié la mejilla para atraerle hacia mí y poder abrazarle. Eiji se aferró a mi espalda como si realmente no creyese que estaba allí, como si fuera un sueño, un espejismo, una ilusión. A mí me pasaba lo mismo. Tenía la sensación de que despertaría en cualquier momento y que todo lo que había vivido con Eiji era un sueño. Que despertaría en aquella asquerosa cama junto a Golzine y que Eiji no existía. Pero no. Estaba allí. Eiji existía de verdad. Todo había acabado. Todo había terminado. Me había dado cuenta de que era con Eiji con quién quería estar. Tenía que ser con él y con nadie más. Por fin iba a poder estar a su lado cuando de repente sentí un atronador ruido y derribé a Eiji al suelo para protegerle.

-¡No te muevas! – le pedí empujándole hacia el interior del apartamento. ¿Nos estaban disparando? ¿Me habían seguido? ¿Pero quién?

Golzine estaba muerto. ¿Habrá sido ese bastardo de Yut-Lung Lee?

¡Maldición!

-Ash espera, espera, no es lo que crees. ¡Son solo cohetes! - ¿Co-cohetes? – Hoy hay un festival y lanzan cohetes para avisar. Mira – me señaló a través del cristal del balcón los puntitos de colores que iluminaban un cielo que aún no estaba oscuro. Caí al suelo con las piernas temblorosas – Tranquilo, es normal que te asustases.

-No…no es normal… ¿No lo ves, Eiji? Jamás seré capaz de librarme de esos bastardos. Da igual a donde vaya, allá donde mire siempre creo que me están vigilando o persiguiendo. Cada vez que voy a doblar una esquina el cuerpo entero se me engarrota porque no sé quién va a aparecer. Pero lo peor de todo es que tengo miedo de perderte si caminas a mi lado. De no poder volver a verte una vez más. Las pesadillas no me dejan dormir y por mucho que intente seguir adelante como siempre he hecho tengo la sensación de que ya no puedo más…Estoy cansado, Eiji…

Mi sueño de estar con él solo había durado unos segundos. Tenía que irme, alejarme y aceptar que nunca habría un nosotros, no teníamos esa oportunidad, el destino no quería que estuviésemos juntos, y la muerte me lo había hecho saber en más de una ocasión. Era el momento de decir adiós para siempre pero cuando Eiji me atrajo hacia él para abrazarme con tanta ternura todos mis miedos desaparecieron de golpe.

-No estás cansado Ash, porque si así fuera no hubieras venido a verme. Y aquí estás. ¡Estás en Japón! ¡En Tokio! ¡Conmigo! Y no dejaré que nada ni nadie te vuelva a hacer daño porque yo te protegeré.

Me mordí el labio inferior reprimiendo las lágrimas. ¿Protegerme? ¿Tú? Idiota... Tú siempre me has protegido sin darte cuenta…

-¿Recuerdas lo que te escribí en aquella carta? Te dije que podrías cambiar tu futuro, y eso has empezado a hacer pues no estás solo. Nunca has estado solo. Tienes amigos que confían en ti y te apoyan. Y estoy yo, y mi alma, que siempre estará contigo. No te dije adiós porque sabía que nos encontraríamos de nuevo, y aquí estás, a mi lado, porque no te has rendido, porque no estás cansado, sino porque estás buscando un nuevo camino, un nuevo destino, y un nuevo futuro; y has venido a mí porque es conmigo con quien quieres compartirlo.- me obligó a mirarle a los ojos y pude verme reflejado en su oscura pero brillante mirada – Es difícil darle la espalda a tu pasado, sobre todo después de haber sufrido tanto pero ahí estaré yo para abrazarte cuando las pesadillas te asalten de nuevo. Ahí estaré yo agarrándote de la mano cuando paseemos por las calles. Ahí estaré yo para besar tus lágrimas cuando la tristeza te aborde – podía verme reflejado en su oscura mirada. Una oscuridad tan profunda en la que no temía perderme, sino todo lo contrario, quería navegar en ella y quedarme ahí toda la eternidad, con él - Quédate conmigo, Ash… - me susurró.

Y sus besos me supieron familiares, a un sabor nunca olvidado, como si llevase miles de años probando sus labios. Y sus abrazos, sus caricias me acogieron con cariño, me abrazaron con ternura. Sus palabras de cariño, sus gemidos en mi oído todo lo que Eiji me dio en aquel momento había sido reprimido con tanto ahínco por miedo a romperse que por fin iba a ser liberado. Por fin había derribado aquel alto muro que construí. Por fin le había tendido la mano a Eiji para que caminase a mi lado. Por fin éramos el lienzo perfecto recién dibujado.

Por fin podía decirle lo mucho que lo amaba y que nuestras almas siempre estarían juntas.

****
-Por cierto ¿Por qué has decidido venir en ésta época del año? Japón es mucho más bonita en primavera.

Me preguntó Eiji entre mis brazos al amanecer. Habíamos pasado toda la noche dejándonos llevar por nuestros sentimientos haciéndome olvidar que otras manos y otras lenguas ya habían recorrido mi cuerpo. Pero sus dedos, sus besos y su lengua no tenían nada que ver. Lo había hecho con tanto cariño y respeto que Eiji se sintió de la misma manera que yo cada vez que nuestros cuerpos se estremecían al mismo tiempo.

-Leí que para los japoneses el día de San Valentín era un día especial, así que… bueno… - me tapé la cara con la mano.

-Vaya, no sabía que fueses tan romántico Ash.

-¡No lo soy! (*/*)

-Sí lo eres~

-¡Que no lo soy!

Y así, estos pequeños y atesorados momentos con Eiji fueron pasando poco a poco. Cuando quise darme cuenta ya habían pasado dos meses desde que había llegado a Tokio. Era verdad que las sombras y la sensación de peligro no desaparecían, no me dejaban respirar y quizás por esa razón Eiji me pidió que nos fuésemos a vivir juntos a un pequeño pueblo muy alejado de la ciudad. Un pueblo donde sus calles ya no daban tanto miedo, ni había altos rascacielos que me recordasen a Nueva York, ni tampoco las sombras parecían haberme seguido esta vez. Tampoco los demonios me visitaban en sueños desde que Eiji dormía entre mis brazos.

Eiji me confesó que el día que descubrió aquel pueblo nos imaginó siendo unos ancianos paseando de la mano. Y yo os confieso a vosotros que el día que nos mudamos me imaginé la misma escena y jamás hubiera imaginado que el estar enamorado y ser correspondido podría ser tan maravilloso.

No puedo creer la suerte que tengo, es el sentimiento más feliz del mundo.

FIN