Disclaimer: Todos los personajes y el contexto de la historia pertenecen a J.K Rowling. Yo solo existo para pervertirlos y hacerlos tener romances muy esponjosos.
Advertencias: Un poco de OOC (amo cuando Draco actúa adorable). Slash Drarry y mucho, mucho, fluff. También un poco de Cedric x Harry.
Volveremos a Cokeworth
Y aunque tú te resistas, te enseñaré mis sueños más hiperrealistas
Cuando Draco decidió ir a visitar la tumba de su padre, no pensó que se encontraría al mismísimo Harry Potter y que terminaría presenciando una escena tan confusamente emotiva ante la tumba de Cedric Diggory.
Cokeworth era una ciudad pequeña y sucia, que, aunque se encontraba dentro de Inglaterra, apenas y era percibida como algo más que un refugio para magos que no querían ser descubiertos por otros magos. Sabía que el profesor Snape había vivido algunos años en ese repugnante pueblo, pero fue una desagradable sorpresa para él enterarse que su padre había sido enterrado en el descuidado y lúgubre cementerio de la ciudad.
Aunque pensó en quejarse ante el Ministerio por manipular los restos de su padre a su antojo y enterrarlo en cualquier lugar, no lo hizo. Draco sabía qué batallas pelear, a diferencia de su padre.
Al terminar la guerra, Lucius Malfoy había sido condenado a 45 años en Azkaban, aunque la mayoría había apostado por el beso del dementor. Fue un alivio para la familia Malfoy, excepto para el mismo Lucius. Solo pasó tres días en Azkaban antes de suicidarse.
Fue una noticia devastadora para su madre, pero Draco sabía que pasaría y apenas reaccionó ante la noticia. Su padre era egoísta, ególatra y orgulloso. Aquella sentencia había sido como un golpe bajo a su dignidad. Él no sería un asqueroso prisionero.
Por supuesto, ante el suicidio, según la Ley mágica, el cuerpo de su padre quedaba a merced del Ministerio de Magia. Ellos decidirían qué hacer con él.
Así fue como acabó allí, llevando un ramo de crisantemos blancos a los restos de su padre en un deplorable cementerio de Cokeworth.
El aniversario de la muerte de su padre había sido hace más de una semana, el 21 de octubre. Sin embargo, se le había olvidado por completo debido a la gran carga de trabajo que tenía en la tienda de Artículos para Calidad de Quidditch. Además, estaba iniciando un nuevo proyecto en el que enseñaría a magos y brujas en edad temprana a jugar Quidditch, por lo que había tenido una semana bastante movida.
No fue hasta que su madre lo llamó el 28 de octubre que recordó que ya había pasado un año desde la muerte de su padre. Ella le insistió en que visitara su tumba y le llevara flores (crisantemos blancos, para ser exactos). Decidió esperar hasta el 31 de octubre en la noche, pues durante esa temporada eran pocos los muggles que se atrevían a rondar por un cementerio y era menos probable lidiar con espectadores cuando hiciera la visita al difunto Lucius Malfoy.
Claro que nunca esperó encontrarse con la persona más importante del mundo mágico en la actualidad.
Cuando recorría el cementerio en busca de la lápida de su padre, se encontró con una persona arrodillada ante una lápida. La persona parecía afligida y Draco de verdad estaba dispuesto a darse la vuelta e irse para darle privacidad. Seguramente volvería más tarde, pues había decidido quedarse en un motel de mal gusto cerca del lugar.
Eso fue hasta que reconoció la voz de la persona.
Siete años había pasado escuchando esa voz. Tenía poco más de dos años sin escucharlo, la última vez fue en el juicio de él mismo y su madre: El mismísimo Harry Potter había testificado a su favor para disminuir la sentencia. Incluso intentó ser suficientemente benévolo con su padre durante su declaración, pero el Ministerio no necesitaba testigos para Lucius Malfoy, su destino había sido sellado desde que se había unido voluntariamente al Señor Oscuro. En cambio, el de su madre y el suyo había sido considerablemente más bajo. Algunos años sin varita y con limitaciones mágicas había sido su condena, muy poco considerando todo lo que ambos habían hecho.
Draco Malfoy se sentía en profunda deuda con el niño-que-vivió (dos veces, por Merlín). Quería recompensarlo o, al menos, disculparse. Pero inesperadamente para todos, Harry Potter desapareció del ojo público. Lo último que se supo es que se encontraba en Dinamarca, haciendo prácticas para ser un sanador. Nadie sabía exactamente su paradero, incluso la comadreja y… Granger tenían información muy limitada, según lo que habían dicho en una entrevista para el diario El Profeta.
Pero ahí estaba, Harry Potter, arrodillado ante una lápida y murmurando frases que no alcanzaba a descifrar. Al principio creyó que era un espejismo, pero Draco Malfoy conocía a Harry Potter. No había pasado casi toda su vida obsesionado con el niño-que-vivió en vano. Conocía esa postura, ese poco gusto por la ropa y, sobre todo, esa voz.
Sobrecogido por la presencia del héroe de la guerra y embriagado por la curiosidad, Draco se escondió detrás de una de esos monumentos tétricos de los cementerios. Era una mujer envuelta en unas especies de túnicas cargando a un niño pequeño entre brazos. Estaba seguro que era parte de las creencias muggles, pero nunca estuvo más agradecido por ellas hasta ese momento. No solo le brindaba un escondite eficaz, sino que estaba suficientemente cerca de la ubicación de Potter como para escuchar lo que decía.
— … Y estuve muy ocupado con las prácticas para la curación de heridas causadas por magia negra — decía, como si estuviera entablando una conversación casual — El Instituto Mágico de Sanación de Dinamarca es muy interesante. Las prácticas son muy exigentes y los profesores son bastante duros, pero me he acostumbrado bastante bien en estos años.
Draco frunció el ceño, confundido. Sabía que Potter había perdido a muchos colegas y amigos en la guerra. Todos habían tenido pérdidas. Sin embargo, sabía que la mayoría se encontraba en el Valle de Godric, como en el caso del gemelo Weasley. Sabía también que ahí mismo se encontraban sus padres, Lily y James Potter. Severus se lo había dicho alguna vez. Entonces, ¿por qué Potter estaría en un lugar tan rebuscado como Cokeworth? ¿A quién le hablaba?
— ¿Y recuerdas a Viktor Krum? Fue un gran contrincante, ¿no crees? Bueno, lo encontré en Dinamarca. Hay un lindo café que sirve la mejor cerveza de mantequilla que he probado (sí, mejor que las Tres Escobas, ¿puedes creerlo?) Bueno, resulta que Víktor es un cliente recurrente. Se alegró tanto de verme que yo mismo me sorprendí — soltó una pequeña risa juguetona — Después de unos días, nos hemos hecho buenos amigos. Tenemos mucho más en común de lo que habría imaginado. Es bastante simpático, aunque su belleza sigue siendo un poco intimidante.
De pronto, Harry se quedó en silencio y él aura a su alrededor pareció volverse más melancólica. Desde su posición no podía ver su rostro, solo su perfil iluminado apenas por el etéreo resplandor de la luna llena. Un momento después, Harry comenzó a hacer ruidos extraños. No fue hasta algunos largos segundos después de que se percató, con un profundo sentimiento de culpa, que eran sollozos.
— Lo siento, cariño. Sé que odiabas que hablara de otros hombres frente a ti — dijo en un murmullo que Draco solo logró entender porque en el cementerio había un sepulcral silencio — Seguro que podrías dejarlo pasar porque a ti también te parecía muy guapo Víktor — ahogó una risa que parecía más bien un sollozo estrangulado — Dios, te echo de menos.
Draco no pudo hacer nada más que cubrirse la boca con una mano para evitar soltar un jadeo de asombro. Quería hacer un encantamiento silenciador a su alrededor, pero no tenía su varita y si se atrevía a usar magia el Ministerio lo sabría. Después de su sentencia, se había acordado colocar en él un rastreador de magia, al igual que cuando lo tenía antes de cumplir 17. Así que no le quedaba más que usar los métodos convencionales para evitar que Potter lo descubriera husmeando en su mierda.
Aunque ya El Profeta se había encargado de exponer cada pequeño y sucio secreto de Harry Potter, El Salvador del Mundo Mágico, parecían que habían olvidado un pequeño detalle: Harry maldito Potter era gay. Oh, joder, eso sería una buena primera plana para el diario. Seguro que Blaise Zabini no perdería la oportunidad de intentar meterse en los pantalones (o en el culo) de Potter si se enterara.
— Lo siento mucho, Cedric — dijo Potter, interrumpiendo la diatriba de Draco y dejándolo congelado por un momento — me arrepiento cada día de mi vida no haber podido salvarte. Quise ser Sanador para lidiar con la culpa. Aunque no pude salvarte a ti, estoy seguro que puedo salvar a muchos otros para remediarlo. Te quiero tanto, no lo dudes nunca.
Finalmente, Potter se puso de pie y dejó un ramo de girasoles ante la lápida. Ahora que el cuerpo de Potter no le obstruía la vista, pudo percatarse del nombre que estaba grabado en ella: Cedric Diggory.
Draco sintió como si se hubiese tragado una roca muy pesada y ahora su estómago estaba a la altura de sus pies.
Decidió que ya era suficiente, que tenía que irse. Por supuesto, en su apuro por desaparecer de ese lugar y borrar de su mente las lamentables disculpas de un muy roto Harry Potter, no coordinó bien sus movimientos. Se tropezó con una lápida que estaba detrás de él y cayó al piso con un enorme estruendo.
Su corazón se detuvo cuando Potter, sobresaltado, volteó para ver qué ocurría. Esos ojos profundamente esmeraldas chocaron con los de Draco y reflejaban pura incredulidad.
Cuando el reconocimiento centelló en los ojos de Potter, Draco esperó alguna explosión temeraria y agresiva digna de un Gryffindor. En cambio, sólo recibió una larga mirada recelosa y un sorprendido:
— Malfoy, ¿qué demonios haces aquí?
•••
— Así que Lucius Malfoy fue enterrado en Cokeworth — repitió con incredulidad una vez más.
Draco asintió, sintiéndose aliviado de haber tenido una buena excusa para encontrarse en ese lugar. Potter parecía bastante conforme con su explicación.
— Pero la familia Malfoy tenía su propio sepulcro familiar, ¿no es así? — inquirió, curioso.
Draco volvió a asentir.
— Pero el Ministerio nos quitó todos los terrenos a nombre del apellido. No sabemos si podremos recuperarlo alguna vez — dijo, casi indiferente — Mi madre no está muy entusiasmada y, honestamente, yo tampoco.
Potter asintió. Parecía bastante satisfecho con la explicación. Viéndolo de reojo Draco podía reconocer que el niño impertinente que lo perseguía insufriblemente durante su sexto año en Hogwarts se había convertido en un adulto bastante llamativo.
Cuando lo vio por primera vez a la cara después de dos largos años sin saber de él, casi se sonrojó. Harry se había vuelto muy guapo. No solo había crecido algunos centímetros (casi alcanzando a Draco) sino que también había cambiado las monturas de sus gafas y su rostro había madurado agradablemente. Sus enormes ojos esmeraldas destacaban bastante sobre su piel canela. Lo único que no había cambiado era la maraña de pelo en su cabeza, siempre indomable.
— ¿Tu madre está bien?
La pregunta sorprendió genuinamente a Draco.
— Sí. Su magia está restringida, pero está viviendo en una bonita casa en Hogsmeade — suspiró — Parece bastante conforme de tener la oportunidad de plantar su propio jardín.
Potter sonrió. Una sonrisa genuina que jamás había sido dirigida a Draco Malfoy.
Las piernas de Draco se sintieron débiles. Pudo comprender por qué la sangre sucia y la comadreja lo seguían a todas partes. Si Potter le hubiese sonreído así antes, seguramente también habría matado al mismísimo Voldemort si se lo hubiese pedido.
Draco tuvo qué retener un jadeo de asombro ante el camino que tomaban sus pensamientos. Se sentía extrañamente influenciado por la presencia de Potter (y, tal vez, las revelaciones que escuchó).
— Estoy feliz por ella — dijo Potter, honestamente — Sin ella, el mundo mágico estaría dominado por la magia oscura. Fue muy valiente y le debo la vida.
Draco se quedó sin palabras ni momento y pareció profundamente sacudido por la revelación.
— Gracias. Le daré tus saludos — fue la única estupidez que Draco pudo responder.
Potter lo miró de reojo un momento y asintió.
— Bueno, no te interrumpo más — dijo, finalmente — seguro que querrás tener un momento a solas con tu padre — le dedicó un asentimiento y una media sonrisa — Hasta luego, Malfoy.
Por alguna razón, Draco sintió una incomodidad en el estómago ante la idea de dejar ir a Potter. No lo comprendía, pero tampoco creía que había un trasfondo después de todo aquello. Impulsivamente (un comportamiento poco característico de un Slytherin) tomó la manga de la túnica de Potter y detuvo su avance.
El Salvador del Mundo volteó a verlo, confundido.
— ¿Qué pasa?
Draco vaciló un momento. Pero esa actitud no era digna de un Slytherin.
— ¿Conoces algún bar por aquí? Necesito una copa.
Harry Potter lo escaneó cuidadosamente por unos eternos segundos, como si no pudiera creer que Draco Malfoy le estuviera pidiendo indicaciones a él. Luego, asintió lentamente.
— Claro, ¿quieres que te lleve? — preguntó por fin.
Draco asintió.
— Acompáñame a tomar algo. Creo que los dos lo necesitamos hoy más que nunca.
Potter lo miró fijamente otra vez, como si le hubiesen crecido dos cabezas más. Por un momento pareció que se negaría, pero finalmente asintió sin decir nada más.
•••
No tenía idea de por qué había decidido ser temerario ese día y actuar como un imbécil Gryffindor, pero descubrió, sorprendido, que no se arrepentía.
Potter de hecho sí conocía la ciudad y los había llevado a un pub de magos bastante tranquilo. Aunque la apariencia no era especialmente agradable, tenían una buena variedad de bebidas, entre ellas algunas características del mundo muggle. Potter se había desencantado por una simple cerveza alemana, mientras que Draco había pedido un Bourbon de fuego.
Al principio, Draco creyó que la situación se tornaría incómoda, pero tras algunos minutos Potter fue sorprendentemente amable con él. Parecía que la enemistad entre ambos había quedado en sus años adolescentes en Hogwarts. Claro, supuso que tenía que ver con que Draco ya no era imbécil clasista. Haber perdido todo y sobrevivido apenas de una guerra le cambió un poco la perspectiva de la vida.
— Entonces, ¿ahora trabajas vendiendo escobas? — preguntó Potter.
Draco asintió.
— Es un buen trabajo y al Ministerio parece no importarle mientras no tenga que usar frecuentemente la magia.
Draco se sorprendió cuando Potter le dirigió una mirada de culpa.
— Lo siento — masculló, apenado — No se suponía que tú y tu madre tuvieran que ser tratados como criminales. Pensé que los absolverían de todos los cargos.
Draco bufó.
— No seas tonto, Potter. Sabía que no íbamos a salir intactos del juicio. Mi madre y yo cometimos muchos errores antes y durante la guerra — admitió — Para mí fue suficiente que no nos condenaran al beso del dementor.
Potter pareció estremecerse ante esa posibilidad, sin embargo, no dijo nada. Un apacible silencio se cernió sobre ellos y, aunque no era incómodo, Draco se sintió un poco inquieto.
Ninguno de los dos lo había mencionado, pero Draco tenía una deuda con El Salvador del Mundo Mágico. Una deuda vitalicia. Si no fuera por él, la realidad de él y su madre hubiese sido muy diferente. A Potter no parecía importarle y esto incomodaba aún más a Draco.
— ¿Me escuchaste?
La repentina pregunta de Potter sacó a Draco de sus pensamientos y lo dejó aturdido por unos momentos.
— ¿Eh? — fue su elocuente respuesta.
— En el cementerio, ¿escuchaste lo que dije? — preguntó Potter nuevamente.
Sus facciones parecían relajadas y sus increíbles orbes verdes lo observaban con una engañosa tranquilidad.
Finalmente, Draco comprendió lo que preguntaba. De pronto, la realidad lo golpeó en la cabeza: Harry Potter y Cedric Diggory habían sido una especie de pareja. Habían estado enamorados.
Ante la mirada aguda de Potter, Draco no pudo hacer nada más que asentir.
El moreno le dirigió una sonrisa indescifrable que a Draco le erizó el vello de la nuca.
— Nadie lo sabe.
Draco, que había estado llevando su vaso de Bourbon a la boca, se detuvo en seco. No sabía qué expresión tenía, pero por la mirada divertida que Potter le dirigió supo que probablemente era una muy poco característica en él.
— ¿Ni la com…? — carraspeó — ¿Ni Granger o Weasley?
Potter negó con la cabeza.
— Pero, ¿por qué? ¿y cómo es posible? ¿No tienes una relación con la menor de los Weasley ahora?
El azabache hizo una mueca.
— Lo intentamos, pero no funcionó — explicó vagamente — Ahora somos amigos. Ya sabes, creo que estábamos interesados en las mismas cosas. Creo que ella tiene una relación con Dean Thomas.
— Vaya… — Draco estaba genuinamente sorprendido.
Todo ese tiempo pensó que Potter terminaría legalmente emparentado con la familia Weasley. Estaba teniendo una noche de grandes revelaciones.
— ¿Y tú?
Draco lo miró sin comprender.
— Pensé que estabas comprometido con la menor de las Greengrass — explicó.
Draco sonrió.
— Era un acuerdo de nuestros padres — dijo, fastidiado — El acuerdo se rompió cuando toda mi familia fue acusada de ayudar a Voldemort.
Potter asintió lentamente.
— Ya veo…
— ¿De verdad tuviste una relación con Cedric Diggory?
Draco casi comenzó a darse golpes contra la mesa cuando se escuchó a sí mismo preguntar semejante estupidez. La cara de Potter pareció empalidecerse súbitamente y el estómago de Draco se retorció de culpa.
— Uhm — dijo, dubitativamente — Creo que no llegamos a tener una relación formal. Él salía con Cho, de todas formas.
Draco hizo una mueca de desagrado al comprender la naturaleza de su relación. Potter lo miró y soltó una risita floja.
— No es tan malo como suena. Cedric era un buen tipo — hizo una pausa y tomó un sorbo de su cerveza — Demasiado bueno, en realidad.
— Oh…
— Su muerte fue mi culpa. Creo que por eso vengo todos los 31 de octubre hasta esta ciudad olvidada por Dios para visitarlo — admitió — Su padre murió hace unos años, ya no queda nadie que pueda visitarlo. Solo yo.
Draco se removió incómodo en su asiento. Por alguna razón, conocer los detalles lo estaba haciendo sentir inquieto, especialmente porque no era alguien en el que Potter debería confiar después de todos los problemas que le había ocasionado en el pasado.
Un silencio se extendió entre ambos. Draco no sabía qué decir y Potter parecía reacio a mencionar nada más sobre el tema.
Se dedicaron a acabar con sus bebidas en completa tranquilidad.
— Bueno, será mejor si me retiro — dijo finalmente Potter — Mañana tengo que volver a Dinamarca.
En el momento en que notó que Potter se ponía de pie, Draco se levantó de un salto y lo tomó por la muñeca. El azabache parecía considerablemente aturdido por sus acciones, ya que no se movió, ni dijo nada por algunos segundos.
—¿Malfoy…?
Draco apretó su agarre en la muñeca de Potter lleno de una determinación que ni siquiera sabía que tenía. De hecho, no tenía idea de a lo que quería llegar con todo aquello. O al menos así era, hasta que abrió la boca:
— Me estoy quedando en un motel muggle cerca de aquí. ¿Quieres…? ¿Quieres venir conmigo?
Tanto él mismo, como Potter quedaron petrificados.
Tras algunos segundos, la confusión inicial abandonó la expresión de Potter y su mirada quedó en blanco.
Draco quería apresurarse a retractarse y culpar a los tres Bourbon que había tomado (aunque tenía bastante resistencia al alcohol), pero Potter se le adelantó:
— ¿Realmente estás consciente de lo que estás diciendo? — preguntó.
Draco no se sentía muy consciente ni muy cuerdo, pero no iba a admitirlo.
— Sí.
Potter lo miró durante largos segundos, intentando determinar si lo que decía Draco era cierto. Después de un momento, pareció encontrar algo que fue suficientemente convincente, porque simplemente suspiró.
— No te arrepientas después — dijo.
Finalmente, se soltó del agarre de Draco y salió del pub.
Draco, sin saber muy bien lo que había pasado, simplemente lo siguió.
•••
Se aparecieron en la habitación del motel en donde Draco se hospedaría esa noche. Ninguno de los dos dijo nada, pero se sentía como si el aura entre ellos dos hubiese cambiado y una tensión extraña estuviera creciendo entre ellos.
Fue Potter el que hizo el primer movimiento. Mirándolo a los ojos, comenzó a desprenderse de sus largas túnicas negras. Draco se sintió inesperadamente tímido y aturdido en cuanto vio la primera porción de piel. Su rostro se puso caliente apenas se dio cuenta de lo que iba a pasar.
No es que no lo hubiera pensado. Invitó a Harry Potter a la habitación de un motel decadente, era evidente que estaba pensando en eso.
Él sabía de su orientación sexual desde que estaba en Hogwarts, había tenido algunas parejas a lo largo de su corta vida: tanto mujeres, como hombres. Sin embargo, eran caras sin nombres.
En cambio, este era Harry Potter. Había estado obsesionado con él durante mucho tiempo. Había sido salvado por él más de una vez.
Harry Potter era su secreto. La forma en la que siempre buscaba métodos para llamar su atención, los celos que tenía de Granger y la comadreja por siempre estar cerca de él. Posteriormente, cómo comenzó a avergonzarse de sus deseos y a alejarse de él.
Siempre supo que Potter era superior a él. Que nunca tendría una oportunidad, especialmente porque sabía que era heterosexual. O creía saberlo.
Tal vez si hubiese sabido que Potter podía enamorarse de un hombre, él…
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando percibió que la presencia de Potter estaba más cerca de él. Se sintió enrojecer en contra de su voluntad cuando notó esos ojos profundamente esmeraldas a sólo centímetros de su rostro.
— ¿Estás seguro…? — comenzó a preguntar, pero Draco no lo dejó terminar.
En el momento en que se dio cuenta por fin que su más grande deseo estaba ante él, semi-desnudo y con los ojos brillantes, sintió como la poca cordura que le quedaba después de la guerra comenzaba a desvanecerse.
Lo tomó de la cintura y lo apretó contra su cuerpo. Notó cómo la erección de Potter se frotaba contra la suya y apenas pudo reprimir un gemido.
— ¿Ya estás duro, Potter? No creí que el niño-que-vivió se sintiera excitado ante la perspectiva de follar con un ex-mortífago — se burló, haciendo uso de la antigua petulancia Malfoy.
Potter bufó, aunque sus mejillas se habían oscurecido considerablemente.
— ¿Qué se supone que tienes para decirme tú, Malfoy? ¿Realmente te pones duro al pensar en un Gryffindor? — masculló socarronamente.
Draco sonrió.
—Nah. Me pongo duro solo con un Gryffindor en particular.
Potter pareció turbado por esa declaración, pero no pudo replicar apropiadamente porque Draco se inclinó y lo besó.
Al principio, fue un beso tímido y torpe. Por supuesto, estaba justificado si consideraba que se estaba besando con su enemigo jurado de la infancia y el origen de sus sueños húmedos en la adolescencia. La contradicción era enorme, pero no tanto cómo el deseo que burbujeaba en su interior.
Potter parecía un poco incómodo en el primer momento, pero después comenzó a desenvolverse bastante bien. Malditamente bien. Sus besos eran pausados, pero demandantes. Parecía saber lo que estaba haciendo.
Por un momento Draco se sintió increíblemente molesto por saber dónde Potter había aprendido a besar así. Sentirse celoso de una persona muerta, en especial de un Hufflepuff era el colmo. Pero Malfoy no estaba pensando con claridad, especialmente cuando (OhbenditoMerlín) Potter bajó una de sus manos hasta su ya abultada erección. Tuvo el vergonzoso presentimiento de que podría correrse allí mismo.
Sin embargo, el gemido que salió de su boca fue tomado por la de Potter. Su experimentada lengua salía y entraba de su boca suavemente, tentándolo.
Cuando el beso fue culminado, Draco se sentía mareado. No se dio cuenta que el azabache se había puesto de rodillas y su mejilla se frotaba en la tela ya húmeda de su pantalón.
No fue hasta que Potter sacó su polla de sus pantalones que se dio cuenta de lo que pasaba: iba a recibir una mamada. No, iba a recibir una mamada de Potter.
No tuvo tiempo de quejarse, ni de decir nada más cuando sintió que toda la extensión de su erección fue tomada por la cálida y húmeda boca de Potter. Comprobó así que Potter no solo era bueno con los besos, sino que también daba unas mamadas increíbles. Dignas de un mago de su nivel.
Sintió como la punta de su polla tocaba la parte posterior de la garganta del azabache y esta se contraría, dándole una sensación increíble. Potter ni siquiera pareció notar sus propias arcadas, simplemente se dedicó a su labor en cuerpo y alma. Alternaba entre chupetones, lamidas y pequeñas mordidas. Draco sabía que no iba a aguantar mucho.
— P-Potter — le advirtió vagamente — Voy a…
Sin embargo, Harry Potter, siendo el Gryffindor que era, se tragó su erección hasta la empuñadura. Continuó succionando con mayor avidez, hasta que la polla de Draco comenzó a sacudirse en su garganta. Cuando se derramó dentro de su boca, Harry se tragó cada maldita gota. La imagen de Potter en ese momento no podría ser olvidado ni con un encantamiento desmemorizante.
La visión de Draco se desdibujó cuando, después de acabar, Harry continuó succionando su polla semi-erecta.
— Oh mierda — fue lo único que pudo decir.
Potter se sacó su polla de la boca y alzó la mirada para encontrar la de Draco. Sus ojos verdes estaban cristalizados y oscurecidos.
La imagen de un Potter lloroso y aturdido por el placer hizo que la polla de Draco diera un tirón de interés pese a que acababa de venirse. Definitivamente, aquello era mejor de lo que había imaginado en todas sus fantasías con El Salvador del Mundo Mágico.
— Joder, Potter, quiero follarte — masculló con los dientes apretados.
Potter le dedicó una sonrisa.
— ¿Sí? Uhm, es interesante — dijo, mientras se ponía de pie y se acostaba en la cama— Yo también quiero que me folles.
Potter abrió las piernas ligeramente y las flexionó, dándole una visión increíble a Draco. Este tragó saliva. Mierdamierdamierda.
Con la mirada fija en Draco, buscó su varita en su túnica y murmuró algunos hechizos contra su entrada expuesta. Draco gruñó cuando, una vez hecho el procedimiento, Potter comenzó a introducir uno de sus dedos en su entrada.
Draco sintió cómo sus piernas se volvían cada vez más flácidas. Potter pasó a tener tres dedos metidos en su interior después de unos interminables minutos, ya no lo veía. Tenía los ojos cerrados, la boca entreabierta y su cara, pecho y hombros estaban enrojecidos. No dejaba de soltar gemidos indecorosos y no ayudaba que se complementaran tan bien con los sonidos sucios que estaba haciendo su entrada al ser profanada por sus propios dedos. Los sonidos eran húmedos y asquerosamente obscenos.
Nunca imaginó que El Salvador del Mundo fuera una persona tan indecorosa y sucia. Y que pudiera ponerlo tan caliente. Su polla ya estaba completamente lista para la acción cuando Potter abrió los ojos finalmente y lo miró.
— D-Draco…
No tuvo que decir nada más. Draco había tenido suficiente. No supo en qué momento se deshizo de sus ropas, pero inmediatamente estuvo lo suficientemente desnudo, se abalanzó sobre un Harry Potter aturdido e increíblemente caliente.
Harry se había aflojado suficientemente bien como para que la polla de Draco se deslizara a un ritmo lento a través de él. Ambos soltaron un gemido de satisfacción cuando, después de unos interminables segundos, estuvieron completamente unidos.
Draco quería esperar a que Harry se acostumbrara a su intrusión antes de moverse, pero cada vez era más difícil. El interior del Gryffindor era tan suave y cálido que apenas podía contenerse de embestir con todas sus fuerzas.
Sin embargo, cuando Harry susurró débilmente "muévete, por favor", Draco perdió toda consciencia.
Aunque empezó con embestidas suaves, después de que Harry comenzara a mover las caderas para encontrarse con cada estocada, perdió la razón. Comenzó a moverse erráticamente dentro de Potter, queriendo más de ese calor y humedad tan reconfortante. Se sentía jodidamente bien y apenas podía escuchar los gemidos de ambos a través del sonido que hacían sus cuerpos al chocar. Era… mágico. No podría definirlo de otra manera.
Cuando sintió que llegaba a su límite, apretó la polla enhiesta, goteante y casi púrpura de Potter. Este soltó un grito en el momento en que comenzó a bombearla con fuerza. En pocos segundos ambos se corrieron.
Para Draco, fue la corrida más atemorizante e increíble de su vida. Sintió como su polla se sacudía en el interior Potter, mientras que la de él se sacudía en su mano, escupiendo chorros interminables.
Cuando la adrenalina pasó, Draco cayó agotado sobre su compañero. Ni siquiera notó cómo Harry lo acomodó en la cama y los limpió a ambos susurrando algunos hechizos. Lo último que supo es que un cuerpo caliente y suave se abrazaba a su torso y la oscuridad se lo tragó.
•••
No sabía cuándo fue la última vez que durmió tan bien, sin pesadillas, ni terrores nocturnos de los tiempos de la guerra. Se sentía descansado, aunque un poco adolorido.
Cuando abrió los ojos, un destello de luz se colaba por las persianas de la habitación de motel desagradable en la que había elegido quedarse. No fue hasta que sintió un calor agradable en su costado que se dio cuenta que no estaba solo.
Cuando giró la cabeza y se encontró con el pacífico rostro de Harry Potter, casi se muere de un infarto. De pronto, todo lo que había ocurrido la noche anterior volvió a él como si le hubiesen tirado una cubeta llena de rocas sobre su cabeza.
Se lo había follado. Draco Malfoy le había jodido hasta el cerebro a Harry Potter.
Con una mano temblorosa, Draco apartó uno de los mechones rebeldes de Potter de su rostro. Parecía tan… puro. Casi podía asegurar que era una persona completamente diferente a la que había visto la noche anterior.
Tragó saliva. Eso había sido una sorpresa. Nunca pensó que Potter podía ser tan… libre.
— Hmm — sintió que Potter se movía a su lado — ¿Qué hora es?
— Eh — masculló Draco, nervioso — No lo sé…
Finalmente, Harry abrió los ojos. Pareció levemente confundido al verlo junto a él, pero después de un momento las brumas del sueño parecieron abandonar sus ojos.
— Oh, bueno — masculló, moviéndose lejos de él — Creo que debo irme. Tengo que estar en Dinamarca a las tres sino quiero perderme ninguna clase.
— Oh-Uhm, está bien — respondió nerviosamente Draco.
Harry le dedicó una sonrisa débil y se puso de pie. Draco se sonrojó cuando vio su cuerpo desnudo cubierto de marcas violáceas y rojas que él mismo había hecho hace algunas horas. Potter se puso su ropa rápidamente y con su varita fue ordenando todo el desorden de la habitación.
Cuando se dio cuenta que Potter realmente se iba, saltó de la cama para encararlo.
— Espera, lo qué pasó…
Potter lo interrumpió.
— Lo sé, no se lo diré a nadie, Malfoy — masculló con voz robótica, como si hubiese estado ensayando esa línea durante horas.
Draco hizo una mueca. Se sintió levemente herido por la actitud despreocupada de Potter. Tomó una bocanada de aire y dijo:
— No, lo que quiero decir es… Uhm, lo siento por espiar cuando estabas a solas en la tumba de Diggory. Fue una estupidez… De verdad, lo siento.
Potter frunció el ceño, pero no hizo ningún ademán para golpearlo, o peor, hechizarlo. Luego, suspiró.
— No te preocupes. Fue un alivio hablar de ello con alguien. Lo tuve en el pecho durante mucho tiempo — sonrió — Gracias, Draco. Por todo.
Draco no se perdió que era la segunda vez que lo llamaba por su nombre. Le devolvió una sonrisa nerviosa.
— Yo… Eh… —titubeó— No quiero que esto se quede aquí — dijo con una valentía que no sentía en absoluto.
Potter lo miró un momento, como si no pudiese creer lo que escuchaba.
— ¿Disculpa…?
— Sé que apenas nos estamos volviendo a encontrar, que te debo la vida, que te hice la vida imposible en Hogwarts, pero realmente no quiero que esto sea solo una noche.
Harry lo miró confundido por un momento, hasta que finalmente entendió lo que decía.
— ¿Estás…? ¿Estás hablando en serio?
Draco sonrió, tímido.
— Sí.
Potter le dedicó la sonrisa más brillante que había visto jamás. Una genuinamente agradable. Draco estuvo seguro de que, si no lo estaba antes, ahora estaba perdidamente enamorado del maldito Harry Potter.
— Está bien, Draco — dijo, sin abandonar su sonrisa.
Draco parpadeó, sin poder creerlo.
— ¿De vedad?
— Sí.
Ambos sonrieron y, poco después se acercaron para un beso. No tuvo nada que ver con los desbocados y lujuriosos de la noche anterior. Este fue dulce y tranquilo, casi como si fuera… una disculpa, un bálsamo para las heridas mal cicatrizadas y una bienvenida. Se sentía como en casa.
— Debo irme, Draco — masculló entre besos — Pero te prometo que volveré.
Draco asintió, aunque no lo soltaba de su apretado abrazo. Potter soltó una risita complacida.
— De verdad, debo irme — repitió y esta vez lo acompañó con un profundo beso en los labios.
Draco sintió que su corazón latía fuertemente en su pecho cuando pudo ver nuevamente los ojos brillantes de Potter y su enorme sonrisa.
— Nos vemos, Draco.
Draco sonrió.
— Nos vemos, Harry.
Cogiendo un objeto de su túnica, Harry desapareció.
Draco sintió que finalmente su corazón volvía a sentirse cálido después de la fría guerra.
Se sintió estúpido cuando, de todos los lugares, Cokeworth había sido el lugar en donde había encontrado a Potter. Lucius estaría revolcándose en su tumba si supiera que, por él, su hijo tendría una larga vida con Harry Potter, de todas las personas.
Esperaba que este fuera el comienzo.
También esperaba no tener que volver a Cokeworth en mucho tiempo.
FIN
N/A: Ok, este es el primer fic que escribo del universo de Harry Potter. Siempre quise hacerlo, pero me siento TAN inferior a otras autoras increíbles que escriben sobre Drarry. En fin, quise hacer algo un poco fluff y lindo, pero también ligeramente profundo. Espero que les haya gustado y perdonen por tomarme tantas libertades con los personajes. Si les ha gustado, dejen reviews, me alimento de ellos. Si no les gustó, perdonen por hacerles perder el tiempo. ¡Los quiero! Un besito.
