Esta es mi humilde y divertida contribución al maravilloso evento #RatsGoGaga, con una canción que me gusta mucho y que me pareció apropiada para una Rey Oscura que intenta seguir siendo rebelde hasta que admite que se ha enamorado de su enemigo el Jedi: "Bad Kids".

Por falta de tiempo no salió como OS, pero no tardaré mucho y actualizaré pronto. Gracias por leer y espero que perdonen los chistes malos de Luba, ¡porque no puedo evitarlos!

...

30 DBY

—¿Realmente tengo que ir? ¿Por qué yo?

El joven de cabello oscuro y nariz alargada pateó el suelo como si fuera un niño caprichoso, desmintiendo el hecho de que ya tenía edad como para convertirse en Maestro Jedi.

—Es necesario, Ben. Lo hemos intentado todo. La única forma de ganar esta batalla contra el Lado Oscuro es remover la semilla antes de que florezca.

Al hombre mayor le gustaba hablar con metáforas que casi nadie entendía, aunque en ese caso tenía un punto. Difícilmente alguien podría pensar que la heredera de Palpatine pudiera convertirse en otra cosa que una monstruosa abominación. Los rumores acerca de su maldad crecían día a día, y Ben en realidad estaba un poco asustado.

—Podrías enviar a alguien más.

—No queda nadie más. Todos han caído bajo su poder. ¡No sé cómo lo hace!

—¡Entonces deberías ir tú! —Ben pensó que el legendario Luke Skywalker podría hacerle frente a una simple niña malcriada, después de todas las hazañas que decía haber realizado aún antes de que su sobrino existiera. Si es que acaso no había exagerado un poco eso de destruir la estrella de la muerte de un solo disparo.

Pero el Jedi sólo le ofreció una mirada de disgusto y advertencia antes de cruzarse de brazos y adoptar un tono grave.

—No. Debes hacerlo tú. Es más creíble la coartada de que alguien joven y ambicioso quiera aprender más acerca de los Siths. ¿Crees que ella tomaría en serio a un anciano tan famoso como yo?

Ben prefería acompañar a su madre a una maratón de reuniones del Senado antes que arrodillarse a los pies de esa arpía. Pero también sentía una molesta curiosidad cuyo origen no atinaba a identificar.

—¿Qué pasa si descubren quién soy realmente?

—No lo van a descubrir porque vas a usar otro nombre.

—¿Entonces solamente debo pretender que soy un contrabandista filántropo que quiere ayudar a los malos? Oh, sí… tienes razón, ¡Eso es mucho más creíble!

—Ben, no hay necesidad de usar ese tono cínico. Es arriesgado, lo sé. Pero eres nuestra única chance de ganar.

—Es que no lo entiendo, Luke. ¿Por qué kriff me has convencido de que me convierta en un un Jedi si vas a enviarme al estómago de un sarlacc para cumplir tu tonta misión? ¿Qué sucedió con eso de evitar el lado oscuro de la familia?

—No usamos ese lenguaje aquí, chico.

Ben se pasó una mano por el cabello y contó hasta diez, apelando a una de las pocas lecciones que le habían servido para algo durante su breve estadía en la Academia de Luke.

—¿Qué sucede si me convierto en un sith?

Luke le echó una mirada reprobadora, pero luego dulcificó el tono.

—Escucha, Ben. Sé que tienes muchas dudas. Has comenzado tu entrenamiento muy tarde…

—¿Y de quién es la culpa de eso?

—No interrumpas cuando te hablo.

Ben se obligó a cerrar la boca, pero le estaba costando muchísimo no reducir la esperanza de vida de su tío.

—Eres mi mejor alumno. Has logrado silenciar esas voces en un puñado de meses. Conoces la realidad porque no pasaste toda tu vida encerrado en este templo, aunque sigo cuestionando lo que hacías antes de llegar… No voy a meterme en eso. Después de todo, eres hijo de tu padre. Pero por sobre todas esas cosas, es hora de que tomes una decisión.

—¿A qué te refieres?

Luke adoptó un tono severo.

—No creo que ser un Jedi sea lo tuyo.

—¿Me estás expulsando? No puedes hacer eso, mi madre no volvería a dirigirte la palabra.

—Considéralo una última oportunidad. Si realmente quieres esta vida, hablaremos a tu regreso. Si no es así, creo que hay muchas otras cosas para las que serías bueno. Leia está de acuerdo en todo.

Un silencio grave se instaló entre ellos mientras Ben procesaba toda la información.

—Las cosas allá afuera deben estar muy mal si me piden esto.

Los labios de Luke se tensaron en una fina línea y su rostro empalideció.

—Lo están. Lo sabrías si te hubieras involucrado un poco más en la realidad y menos en siendo un malcriado...

—Explícame el plan de vuelta. La versión resumida, por favor —puso los ojos en blanco y se apresuró a cortar el insoportable discurso de su tío acerca del compromiso de un ciudadano galáctico.

—Una vez que te unas a los Caballeros de Ren, deberás secuestrar a su líder Kira y llevarla a Coruscant. Lograremos que ella nos diga qué está tramando Palpatine y cortaremos el mal de raíz. No basta con aparentarlo, debes convertirte en uno de ellos. Su líder sólo acepta candidatos que sean sensibles a la Fuerza. Con tu entrenamiento podrás generar un escudo mental que te permitirá engañarlos por el tiempo necesario hasta que consigas atraparla.

—¿Cómo lograré que me admitan?

—Ella te pedirá alguna clase de prueba de fe para poder entrar, no será el agradable ritual de iniciación de la Academia sino algo más tenebroso. Debes tener mucho cuidado de no ceder ante sus… encantos.

Ben pensó que no tenía nada de divertido pasar cinco días enteros haciendo equilibrio en un acantilado de la isla para probar que el viento y el frío no significaban nada, sin olvidar a los porgs chillando sin descanso. Pero esa no era una de las tareas más absurdas que su tío le había encomendado, así que Ben estaba preparado para cualquier cosa. Aunque le asustaba que su conversión al lado oscuro resultara permanente después de haber luchado tanto contra algo que parecía estar grabado en su sangre y, aparentemente, le perseguiría hasta el final de sus días.

—¿No es más simple tenderles una trampa y ya? ¿Colocar un rastreador en sus armas?

¿Atacarlos con unos cuántos Ala X? Por la Fuerza, ¡Sólo son un grupo de inadaptados!

—¿Crees que no lo hemos intentado todo? Si no quieres ir, enviaré a Tai.

—Tai no podría hacerse pasar por un discípulo oscuro. No hay un gramo de maldad en su cuerpo. Será un fracaso.

—Bien. Entonces podría enviar a Poe. Él se ha ofrecido, y ya sabes, tiene bastante suerte con las mujeres… —El Jedi se quitó una pelusa imaginaria de su túnica.

—Olvídalo. Lo haré yo —respondió el joven en tono tajante—. Necesitaré una nave.

Luke ocultó a duras penas su sonrisa de triunfo. Tentar al orgullo de su sobrino era un arma de doble filo, pero a veces daba buenos resultados.

—Veamos… ¿Qué nombre deberías ponerte?


Ben Solo hizo un gesto con el dedo al MixRMastR y pidió otro trago mientras reflexionaba sobre la última conversación con su tío. No existía peor cantina en todo el Borde Medio, él podía jurarlo por sus antiguos días de contrabandista, aunque la limitada oferta de bebidas de ese antro en Varnak estaba al nivel de lo más selecto de un casino promedio en Canto Bight.

Bebió el contenido de un solo trago, sintiendo cómo el líquido azul le quemaba la garganta. Iba a necesitar mucho más que un buen spotchka para resolver el problema en el que se había metido. Por suerte su resistencia a las bebidas espirituosas era otra de sus cualidades adquiridas de su padre, que Luke y todos los Jedis de la historia jamás podrían enseñarle.

A esa hora quedaba un puñado de clientes, aunque en un lugar tan sórdido, pobremente iluminado, daba igual que allá afuera el sol estuviera alto en el cielo. Había elegido ese sitio en la barra a propósito, se trataba de una clase de trabajo encubierto en la que era estrictamente necesario hacerse notar. Pero las distracciones eran muchas y el tiempo pasaba lentamente sin rastros de su objetivo, incluso tuvo que rechazar amablemente la tentadora oferta de dos deliciosas chicas Twi´leks que se le acercaron con intenciones de confraternizar. Ben soltó un suspiro mientras las miraba alejarse de la mano de un rodiano bastante afortunado. Lástima que esos días habían quedado atrás.

«Maldito Código Jedi. deberían poner etiquetas de advertencia en esa cosa.»

La música había pasado de ser estridente a volúmenes más razonables para el oído humano, aunque el dolor en su sien izquierda ya estaba empezando a ser un presagio de la resaca. Al menos sentía una reconfortante satisfacción al poder usar esa ropa de nuevo. No es que tuviera algo en contra de las túnicas, de hecho, le encantaban las capas. Pero la textura rugosa del cáñamo y las mangas amplias no iban con él. Un verdadero guerrero necesitaba bolsillos y cinturones para llevar armas y sorpresas, pero por sobre todas esas cosas necesitaba pantalones resistentes.

En uno de los rincones más oscuros un aqualish jugaba al sabacc con otro rodiano y ambos llevaban armas como todo el mundo en ese lugar. Ben estaba seguro de que el primero hacía trampa debido a su experiencia en el juego. El ambiente era tan tenso como llevar en el bolsillo un detonador termal que podría explotar en cualquier instante.

Resistió el impulso de ajustar su bláster en la pistolera y se enderezó en el incómodo asiento. Una verdadera pena que el sable láser no combinara con el resto del atuendo, tendría que arreglárselas lo mejor que pudiera. Sentía las miradas curiosas clavadas en su espalda y los Caballeros de Ren se estaban tomando su tiempo.

Su fuente, un pelirrojo pretencioso de cara afilada que se hacía llamar Rubí, le había dicho que ellos se reunían en ese planeta después de cometer algún crimen. Ben prefería no saber de qué se trataba ni cómo sabía esas cosas, pero el sujeto llevaba mucho tiempo jugando al espía y por alguna razón confiaba en él porque Rubí era un hombre enamorado. Y los hombres enamorados eran capaces de cometer cualquier clase de locura.

Repasó mentalmente los rumores acerca de Kira Ren y sus guardaespaldas sin quitar los ojos de la puerta, descartando a los personajes que iban entrando porque no llevaban máscaras tenebrosas, armaduras de plastoide negro y beskar. No se le cruzó por la mente que podrían llegar disfrazados de delincuentes ordinarios porque su tendencia al dramatismo era harto conocida. Pensándolo bien, no conocía a nadie que los hubiera visto en persona y sobrevivido para contarlo. Pero Ben sabía que tener una reputación calamitosa era una excelente publicidad para difundir el terror. Los verdaderos villanos no eran tan espectaculares y trabajaban desde las sombras.

Su líder, en cambio, era casi un mito. La nieta de Palpatine parecía tener cientos de años o tenía el don de la ubicuidad, porque siempre aparecía en el momento justo para causar el mayor daño posible. Los pocos que habían tenido la desgracia de toparse con ella decían que su rostro estaba lleno de cicatrices, que sus dientes eran afilados como los de un fyrnock y su cuerpo deformado por el mal apenas resistía el roce con el aire cuando se quitaba su armadura. A Ben le parecieron tonterías, pero no iba a arriesgarse a pedirle que se quitara el casco para comprobarlo. Para cosas desagradables le bastaba con ver a su tío ordeñando una sirena thala y bebiendo ese líquido verdoso como si fuera un elixir.

En el instante que Ben perdía su última esperanza, casi vencido por el aburrimiento, la puerta se abrió y seis sujetos vestidos de negro entraron golpeando a todo el que se cruzara por su camino, encajando con la descripción de los Caballeros. Se quedó congelado en su sitio, esperando, porque esconderse detrás de un asiento les daría la idea equivocada de que tenía miedo. Huir ante la amenaza no era buena publicidad para un aspirante al puesto.

A simple vista le parecieron todos iguales, pero las sutiles diferencias en sus trajes y armas le ayudó a hacer cálculos rápidos por si llegaba el momento de pelear con ellos. A pesar de que llevaban máscaras, Ben supo que Kira no estaba con ellos y de alguna forma eso le tranquilizó un poco.

Uno de ellos iba cantando alegremente en un idioma que Ben no reconoció, a todas luces ebrio. Otros dos lo cargaban con poco cariño mientras el cuarto le exigía a un grupo de clientes que abandonara una mesa del fondo a punta de espada. Un besalisco lanzó una maldición entre dientes y lo próximo que vio fue uno de sus cuatro brazos volar por los aires. No volvió a expresar su punto de vista ante la terrible injusticia que se estaba cometiendo.

—Fuera.

Los que aún quedaban con vida, recuperaron la poca consciencia que el alcohol les había dejado y abandonaron el lugar. Ben giró sobresaltado para ver cómo el droide cantinero bajaba estrepitosamente las persianas de la barra y la música cesó de repente. Uno de los recién llegados no se unió al grupo, sino que permaneció en las sombras analizando la escena hasta que su rostro inexpresivo se topó con el de Ben. Se acercó lentamente con un andar felino, desplegando una especie de muñequera dentada.

Ben era valiente, al menos eso creía. Pero la verdad es que con la espalda pegada a la barra no hubiera podido retroceder demasiado sin hacer el ridículo.

—Vaya. Éste parece sordo o demasiado tonto.

—Déjalo Ap'lek. Si asesinas a todo el mundo no tendremos con quien divertirnos.

Una voz intervino desde la mesa. El sujeto con el vibromachete se quitó el casco y se sirvió una botella de fermento de Zabrak. El otro imitó a su compañero y Ben pudo comprobar que se trataba de hombres y no de espectros, después de todo.

—Su rostro se me hace familiar —insistió Ap´lek, desenfundando también una navaja.

—Me parezco a mucha gente —Ben se encogió de hombros, empezando a cuestionarse su existencia por completo y maldiciendo a su padre por heredarle una nariz tan original.

Pero el llamado Ap'lek no se veía muy convencido.

—Entonces te gusta sufrir. Di tus últimas palabras, pedazo viscoso de inmundicia plagada de gusanos...

Aprovechando ese sofisticado insulto, Ben se preparó para recibir el ataque decidido a revelar su fachada y bloquearlo con la Fuerza, de nada serviría su bláster contra una cuchilla cuando el atacante estaba tan cerca. Por el rabillo del ojo detectó un movimiento extraño cerca de la puerta, algo no encajaba. Con la atención de todo el mundo puesta en la pelea, excepto por el camarada borracho, nadie notó que el sexto caballero quitaba el seguro a una granada.

Fue una fracción de segundo en la que Ben hizo muchas cosas al mismo tiempo: evitó el ataque de Ap´lek agachándose, extendió su mano para que impulsar al fanático de las bombas hacia una pared y desvió la explosión arrojando la granada por una de las ventanas, salvando la vida de todo el mundo.

Los caballeros no sabían exactamente qué decir, pero un simple gracias no encajaba con su estilo. Ap´lek se enderezó para mirar con algo de respeto a su víctima, o Ben supuso que era respeto porque seguía con su máscara. El resto lanzó silbidos y algunas exclamaciones de sorpresa.

—¿Está muerto, Vic? —preguntó el hombre que seguía paladeando impertérrito su licor como si nada hubiera pasado.

El hombre se acercó hasta el soldado que había caído en un ángulo extraño sobre una de las mesas y le disparó sin ceremonias con un bláster que llevaba en la pierna.

—Lo está ahora.

«Esto marcha bien. Muy bien.» pensó Ben. ¿Acaso habían asesinado a uno de los suyos?

¿Qué le harían a él entonces?

—Sospechaba que era un espía, sólo estaba esperando a que se delatara —continuó el de la mesa, como si leyera sus pensamientos—. En cambio, tú, niño, eres una caja de sorpresas. Eres sensible a la Fuerza.

—Gracias por aclararnos algo evidente, Trudgen —exclamó el del machete y luego miró a Ben. Era el único que no se había quitado el casco además de Ap´lek—. ¿Qué es lo que quieres?

—Quiero unirme a sus filas —Ben miró de reojo la pequeña columna de humo que salía del cuerpo del espía, rogando que no se tratara de su espía. —Veo que tienen una vacante.

Todos se echaron a reír por unos largos y excesivos minutos, incluso el que estaba al borde del coma alcohólico despertó para hacer los coros. Por supuesto que Ben esperaba cierta resistencia, pero no imaginó que se iban a burlar de él. Ap´lek, quien decididamente era el más sombrío de todos ellos, enseguida rompió la atmósfera con una frase ominosa.

—Jamás sobrevivirías al ritual.

—¿Qué ritual?

—Ya sabes, el ritual —Trudgen hizo énfasis moviendo las manos frenéticamente.

—¿De qué ritual hablas? Ya no hacemos eso… —le interrumpió otro antes de ser golpeado con un garrote.

Ben conocía las historias, había investigado en zonas prohibidas de la holonet sin decirle a Luke. El código Jedi no le impedía lastimar a la gente si estaba en peligro, pero matar a alguien era algo completamente diferente. Y los Caballeros de Ren exigían sangre.

Una Buena Muerte.

—El chico conoce las historias… Buenos tiempos—murmuró Trudgen, perdido en alguna sádica ensoñación— Aunque las cosas han cambiado. Ahora ella elige sus términos y condiciones. Vicrul puede decírtelo, le ha costado una pierna.

El sujeto con el casco que parecía una granada asintió y le mostró a Ben su pierna ortopédica. Alentado por su compañero, el del garrote empezó a remover su casco, seguramente para mostrar también alguna cicatriz de guerra, pero todos gritaron al mismo tiempo que nadie tenía necesidad de ver el feo rostro de Ushar y que ya habían tenido suficiente horror en un solo día.

Ben tragó saliva, perder partes de su cuerpo o dañar su rostro no era parte del plan.

—Soy mejor que todos ustedes.

—Eso es lo que todos dicen, pero nadie sobrevive —protestó Ap´lek en tono burlón.

—Desde que ella está al mando… —agregó Ushar.

—Después de lo que le pasó a Cardo… —completó Trudgen y Vicrul negó con la cabeza.

—Eso fue por pasarse de listo.

—¿Qué le pasó a él? —Ben casi temía preguntar.

De nuevo, todos empezaron a reír de una forma que le estaba resultando molesta. Esperaba que comprender ese retorcido sentido del humor no fuera otra de las condiciones para entrar a la secta.

—Supongo que no perdemos nada con darle una oportunidad. —espetó Vicrul, un poco animado por el licor—. Pareces divertido ¿Cómo te llamas?

—Kylo.

—Kylo... Ren… ¡suena bien! —el caballero ebrio se puso de pie tambaleando y le estrechó una mano, la primera interacción amable del día—. Soy Kuruk Ren. Ya conoces al resto. Este de aquí es Ushar Ren —Kuruk abrazó al hombre del garrote, quien se lo quitó de encima de un empujón.

—En caso de que pierdas, ¿puedo quedarme con tu cuero cabelludo? —aventuró el del machete, afilando otra espada que llevaba en la cintura.

—No lo asustes, Trudgen. De todas formas, ya debemos irnos. Que venga con nosotros. Ella sabrá qué hacer con él —Ap´lek emprendió la retirada y los demás le siguieron.

A Ben le hubiera gustado batir palmas, pero se contuvo. Vicrul escondió disimuladamente una botella de whisky corelliano debajo de su capa y Kuruk se hundió de nuevo en las brumas de la inconsciencia. Trudgen murmuró algo así como "le va a alegrar tener un juguete nuevo" y Ushar festejó la broma con una risa mecánica en su codificador de voz.

Sin embargo, la alegría se esfumó en cuestión de segundos.

—¡Esos mierda de bantha han destruido la nave!

El Buitre Nocturno ardía en llamas en una plataforma cercana. Su explosión era inminente, las causas no estaban tan claras. Las discusiones empezaron de nuevo.

—No es bueno. No lo es. Ella va a enojarse mucho… Es la segunda vez esta semana…

—Debiste quedarte vigilando, Trudgen. Pero ¡oh no, el señor tenía que venir al bar por un trago!

—¡No es mi culpa que Kuruk se haya tomado todo el spotchka!

—Yo puedo llevarlos. Tengo una nave.

Los Caballeros consideraron la propuesta, miraron al oportuno muchacho con algo de sospecha mientras calculaban sus opciones. Ushar fue el primero en reaccionar.

Ben sintió un dolor en la parte de atrás de su cabeza y luego todo se puso negro.