Primera parte: La Vencedora
La nieve está comenzando a caer cuando llegamos a las afueras del Distrito 12.
Espero que al menos eso pueda ocultar las huellas que ha dejado el aerodeslizador del Disitrito 13 y las mías mientras camino hacia la Aldea de los Vencedores.
El frío azota mi rostro, no llevo más que una simple chaqueta y no tendría sentido ponerme otra. En mi mochila no llevo más que mapas de Panem y mi ropa interior. Fue lo único que me dejaron llevar durante mi estadía de dos semanas en el Distrito. Los mapas me los dieron ellos, en caso que quisiera volver a ir por mi cuenta; para que en la siguiente ocasión no me perdiera en el camino.
Usar los lentes de contacto esta vez ha sido una enorme ventaja, si tuviera los lentes de armazón puestos ya habría tenido que detenerme varias veces para tener que limpiarlos. Debería de llamar a Effie para pedirle otro paquete, no es que me incomoden los otros, pero cuando me veo en el espejo con ellos me siento recién salida de la Arena.
Cuando paso la alambrada la Pradera ya está blanca, siempre me ha encantado verla. Tanto ahora como cuando era una pequeña, aunque a mi madre le preocupara que le viera con mucho entusiasmo. Es ahí cuando noto que la ropa está comenzando a quedarme un poco holgada; está sucediendo otra vez.
Aunque me estoy congelando, voy con tranquilidad a mi hogar en la Aldea de los Vencedores. No tiene sentido apresurarme para llegar a una casa donde sólo estoy yo. Nadie podría notar la diferencia, ni yo sé cuántos años estoy rejuveneciendo por el flujo del tiempo. En cuanto llegue a casa podré encerrarme y esperar para que regrese a mi edad normal...
Después de año y medio aún no me acostumbro a la soledad; Effie me ha recomendado que me consiguiera una mascota, dice que me ayudaría más con mi tratamiento.
Tal vez consiga un perro, siempre me han gustado.
Tal vez a Posy le gustaría jugar con el perro cuando me visite. O podría llevarlo cuanto yo los visite. La verdad es qué aunque a Hazelle le gusta que esté en su casa, no se siente del todo cómoda pensando que me distrae de mi objetivo. Y aunque a Hazelle le gusta estar en mi casa, no se siente del todo cómoda pensando que no tiene derecho de estar ahí. No hay ningún punto medio.
El Capitolio me dio la casa solo a mí. Y se tomaron la molestia de decir que solo yo podría vivir ahí. Recalcando que mi adopción por parte de Hazelle había sido un error y que yo tendría que haber vivido en el orfanato durante esos años.
Ahora a nadie la importa, pero cuando eso paso dejo un gran revuelo en el 12.
Haymitch tiene las luces encendidas, pienso en pasar a decirle que he regresado de mi entrenamiento. Estoy por entrar cuando noto mi mano, más pequeña, más delgada.
- ¿Qué? - Mi voz suena más aguda.
No puedo recordar la última vez que soné de esa manera.
Volteo mi vista hacia la casa que se supone es mi hogar, tiene las luces encendidas. El pensamiento me alarma de inmediato, ¿Hazelle habría intentado aparentar que no desaparecí por dos semanas?
Camino hacia la casa y en lugar de entrar por la puerta, entro por la ventana, intentando hacer el menor ruido. La casa está calientita, huele a que alguien ha estado cocinando y me llega un olor que solo puedo describir como canela.
Mientras me acerco a la cocina, escucho una voz tarareando una canción, no distingo la melodía. pero creo que reconozco la voz. Cuando llego a la puerta de la cocina, me sorprende ver su figura.
Lleva su trenza de siempre, ahora que estoy cerca puedo distinguir su voz a la perfección. Aunque el tiempo ha pasado, estoy segura de que el cuerpo de mi madre casi no ha cambiado. Mismo cuerpo esbelto y pequeño, misma trenza negra bajando por la espalda.
Cuando ella voltea y me ve se sorprende un poco. Yo corro para estar a su lado y la abrazo.
Huele a casa, ese olor que hace años no sentía.
Me siento protegida, me siento tranquila. Es una sensación que no pensé volver a sentir en mucho tiempo, que no pensé tendría la oportunidad de disfrutarla ahora.
El abrazo comienza un poco flojo, pero después ella se aferra a mí. Ella reposa su barbilla en mi cabeza, y yo evito pensar en como fue decirle adiós. Porque hace cuatro años cuando dejé casa me sentía exactamente así.
Cando me separo de ella ya me está sonriendo, hace que me siente en una de las sillas de la cocina mientras comienza a platicarme sobre cómo han estado las cosas en el futuro, como si simplemente hubiera estado en un viaje.
Hace que me acueste en un sillón mientras me cuida, porque aparentemente tengo fiebre y eso le preocupa, aunque diga que es lo de más normal. Comemos en la sala todo lo que ella ya ha preparado. Ha cocinado un estofado simple, además de que ha hecho panecillos de queso, que son sus favoritos. Me paso toda la tarde echada con ella hablando mientras la escucho hablar sobre Rye y mi padre.
Eventualmente, mi ropa me queda a la perfección otra vez y la fiebre se va. Por su rostro preocupado sé que ya he regresado a aparentar mi edad.
Entonces ella me mira con intensidad, pasa sus dedos por mi cabello, como me lo acabo de cortar no me llega más abajo de la barbilla.
— ¿En dónde has estado? Te he estado esperando por una semana completa —, su rostro expresa la preocupación que siempre demostró por mi hermano y por mí; siempre intentaba protegernos, siempre intentaba cuidarnos de más —. Pensé que te había pasado algo.
— He estado en el Distrito 13.
De forma instantánea ella se aleja, sé que tengo que explicárselo, es solo que nadie más sabía de este viaje. Todos deben de pensar que me fui al bosque para estar más tranquila, supongo que esperaban que regresara por estas fechas, cerca de mi cumpleaños y de la Gira de la Victoria.
Soy la vencedora más joven en unirme al grupo de los vencedores rebeldes. Lo hice después de algunas insistencias por parte de Finnick Odair. La presidenta del Distrito 13, quería conocerme en persona y conocer mis habilidades, por lo que me llevaron para una "visita" de dos semanas, donde me han estado entrenando.
Los vencedores ya tienen un plan, esperarán al Quarter Quell para comenzar la rebelión. El problema es qué al no tener aún un símbolo capaz de representar al movimiento rebelde, nos han escogido a casi todos los vencedores atractivos para liderar varios frentes.
Vencedores como Finnick Odair, Johanna Mason y como yo.
— ¿Vas a ser líder en esta rebelión? — Su rostro sigue preocupado.
— Eso es lo que ellos piensan, pero para mí está más que claro que eso no va a llegar a pasar, no después de lo que pase en los Juegos de este año.
Asiente, asimilando todo lo que acabo de decirle. Tal vez es una sorpresa para ella saber que el plan de la rebelión siempre estuvo en pie, con un Sinsajo o sin él.
— Bueno, ¿y el cabello por qué?
— Pensaron que sería más cómodo si lo tuviera así durante las peleas de entrenamiento.
— ¿Peleas?
Me quito mi chaqueta, mostrando mis brazos, están llenos de moretones, pero ya no son tan intensos como al principio. Estos me recordaron a cuando me presenté a los Vigilantes durante mis Juegos del Hambre.
— Ah, sí, pero gracias a todo lo que han visto durante la revolución no me llamarán soldado, aún estaban por ver si sería un cabo mayor o sargento.
Tarda un poco mirándome, ya sé lo que está pensando, que me estoy exponiendo demasiado. Aún me pregunto porque no ha dicho nada de mi participación en los Juegos.
— Está bien, Lavinia, ¿sabes que estoy orgullosa de ti?
— Sí, mamá, lo sé.
Me levanto para abrazarla otra vez. ¿Cuántas veces tendré el placer de tener a mi madre aquí? El solo hecho de que esté aquí representa un riesgo, no me ha explicado ella tampoco sus motivos por los que está aquí, pero no quiero interrumpir el momento, no quiero terminar con esto. Me aferro tanto como puedo, porque ahora soy más grande que ella; las cosas no deberían de ser así, una madre no tendría porque ver a su hija así.
Siento sus lágrimas mojar mi hombro, pero no le digo nada, no quiero que ella sienta preocupación, no quiero que ella tenga miedo, es mi madre, ¿por qué siento que ahora los papeles de han invertido?
— Todo está bien, todo estará bien, mira que tan lejos ya he llegado, no tienes porque preocuparte.
— ¿A costa de qué? Fuiste a los Juegos, sabes lo horrible que son las pesadillas, sabes que aún te falta, tengo miedo por ti, nunca espere que mi hija pasara por esto...
— Pero estoy bien, mírame, tengo mis brazos, mis piernas, he crecido bien, soy consciente de cómo pasan las cosas y porqué, no te preocupes por mí, no cuando yo sé cómo cuidarme.
Aún le toma unos momentos separarse de mis brazos, su cara está un poco hinchada. En sus ojos sé lo que ella está viendo, tal vez yo cuando era pequeña, antes de irme. Acaricio su pelo, como si eso pudiera calmarla.
— Te he traído esto —, ella sorbe su nariz y me suelta del todo al fin, de su bolso saca varias cosas y las pone en la mesa, pasa sus manos por su rostro intentando quitarse las lágrimas que aún tiene —. Primero, este es un collar que decidimos hacerte tu padre y yo por tu cumpleaños.
Me lo pone en el cuello. La cadena es delgada y cada ciertas distancias tiene una esfera plateada. La única decoración que tiene es un pequeño círculo plateado en medio, tiene la letra M, supongo que de Mellark.
— Es precioso.
— Sí, también traje estos — me muestra dos pequeñas cajitas planas, solo tienen un botón negro, me las pone en la palma de mi mano, no son ni siquiera del tamaño de mi dedo —. Las ha hecho Beetee, son para desviar cualquier tipo de señal, cuando presiones el botón no podrán grabar ni audio ni video, algunas señales como la radio y la televisión pueden fallar.
Asiento. Ella vuelve a abrazarme, pero esta vez con delicadeza, casi sin fuerza.
- También tengo que decirte algo muy importante -, traga un poco de saliva y me dice -. No eres la única viajera en el tiempo.
- ¿Qué?
La noticia me desestabiliza un poco. Se suponía que yo era la única que debía de someterse a esto. Nadie más iba a tener que modificar el tiempo. Lo que es peor, significa que las alteraciones que tengo en mi apariencia ni siquiera han sido mi culpa, como siempre he pensado.
- Beetee no ha querido decirnos quién es el otro, por seguridad de la persona, pero ha dejado notas de lo que ha cambiado desde su tiempo original hasta ahora.
Las palabras suenan como un eco en mi cabeza, uno que apenas puedo procesar.
- Wow... Tal vez yo también debería de hacer notas -. Es lo único que se me ocurre decir para que no note lo preocupada que estoy.
- Sí, creemos que por esto te escogieron en los Juegos... Y no solo a ti.
- Pero, yo no he notado tantas alteraciones... - Miento, claro que ha habido alteraciones, tantas que he perdido la cuenta de todos los futuros que he visto -. Sólo el que me hayan escogido a mí...
- Durante nuestros Juegos del Hambre, al parecer había un chico llamado Cato Lance, un profesional...
Sigue hablando pero no le estoy prestando atención.
Cato.
Durante este año Cato y yo nos acercamos. Somos buenos amigos, claro, no sé si es por nuestra poca diferencia de edades o porque somos vencedores jóvenes. Él ha sido el que más ha ayudado en mi avance como mentora, él es el que me ayuda a relacionarme con los otros vencedores.
No es perfecto, pero es amigable. Es bastante egocéntrico, pero chistoso. Una vez me contó que la razón por la que entrenaba tanto antes de ir a sus Juegos es porque viene de una familia que vivía en las canteras del Distrito 2. Su familia estaba nerviosa porque su deseo de Cato siempre fue ser Agente de la Paz, así podría sacarlos de la "pobreza" en la que se encontraban.
Por eso nadie se presento voluntario cuando escogieron al chico de 13 años, que ya medía el metro sesenta, que a pesar de ser delgado tenía marcados sus músculos; sabían que al chico nada lo pararía con tal de mejorar la vida de su familia.
Y nadie lo hizo.
Cato, el chico que me distrae cuando comienzo a sentirme demasiado abrumada mientras estoy en el Capitolio; intento imaginarme una historia dónde el no hubiera vencido, ¿qué habría sido de mí como vencedora? Haymitch nunca ha sido de la suficiente ayuda.
- Es algo triste, ¿no?
- Supongo que no era la intención del viajero que seleccionaran a Cato, pero son cosas que pasan cuando hacemos viajes en el tiempo... Tal vez es mejor que su destino original, muerto en los Juegos del Hambre, al menos ahora es un vencedor -, no sé porque mi madre dice eso, ella sabe lo terrible que es en un comienzo la vida de un vencedor, las pesadillas, los fans, la presión constante de que el Capitolio te vigila.
Trato de aceptarlo, que Cato al igual que yo somos los efectos de un viajero anterior a mí. Tal vez aunque yo tuviera 50 papeletas en la urna nunca me habrían escogido, aunque solo es una pequeña probabilidad.
Al llegar la noche, la acompañó al patio trasero de la casa, aunque sigue nevando ella dice que ya se ha quedado demasiado tiempo aquí.
— Tengo que volver con tu padre y Rye, me están esperando —, le doy otro abrazo y la suelto, esperando a que ella active la pulsera para su regreso —. Les diré que les envías saludos y que los extrañas.
— Dales muchos besos de mi parte.
Me quedo en el umbral de la puerta esperando a dejar de verla, pero en cuanto levanta la pulsera para activarla voltea a verme.
— Puedes regresar conmigo.
No es la nieve lo que hace que sienta frío por todo mi cuerpo. Es el silencio que se forma porque no respondo de forma automática. Aunque intento decir algo mis labios solo se quedan abiertos, no pronuncio ni una sola palabra y su rostro refleja tanta decepción que...
— Sabes que aún no puedo irme, aún tengo cosas que hacer aquí...
— Tu hogar no es aquí, tienes que volver con nosotros -. Su voz se rompe a media frase, las lágrimas cayendo otra vez por su rostro.
Me acerco a ella, intentando demostrar toda la fuerza y madurez que he ganado en estos años. La abrazo por última vez. Hago que entierre su rostro en mi cuello, mientras yo respiro todo su olor; intento memorizarlo, ese extraño olor a naturaleza y pan que solo tenía mi hogar.
— Lo sé, pero no falta mucho para que regrese, mamá, solo espérame un poco, voy a estar bien.
Ella suspira y la escucho como traga saliva, como si supiera cuál iba a ser mi respuesta.
— ¿No hay manera de convencerte?
— No, al menos no por ahora.
— Te vamos a extrañar demasiado.
— Yo también los extrañaré, pero pronto estaré en casa.
— Asegúrate de no tardar mucho.
Me separo de ella y limpio el rastro que han dejado las lágrimas en su rostro. Yo no debería de...
Aguando las lágrimas y le doy un beso en la mejilla. Volteo y comienzo a caminar hacia mi casa. Antes de que pueda voltear para verla una última vez, ella se va.
Solo falta poco, mamá, solo falta poco para que las cosas sean mejor.
Hola, soy yo otra vez y en esa ocasión traigo la primera parte de la secuela de Lavinia. Siendo honesta, no sé si en algún momento podré terminar esta historia, pero me pareció una buena idea poder entregar los primeros siete capítulos que pensé de la secuela. Gracias por su apoyo y paciencia. Nos leemos pronto.
