"Este fic participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras."

Disclaimer: Kubo Mitsurou y Sayo Yamamoto son las propietarias de YOI.

Prompt: Pasión, componer y dos puntos de vista


―Ven ―insistió Víctor, pero Yuuri seguía negándose con la mirada en el hielo.

―No estoy seguro.

―No te dejaré caer.

―Eso no es suficiente. ¿Qué pasa si te lastimo?

―No lo harás, Yuuri. Te sostendré fuerte.

―Yo también te sostuve fuerte y aun así caímos.

―¿No confías en mí?

―Sabes que lo hago.

En un instante su mirada angustiada cambió a desafiante. Víctor estiró su mano y arqueó una ceja.

―Entonces avanza.

Yuuri respiró hondo, tomó su mano sin ninguna duda y los dos se deslizaron juntos por el hielo. Al menos esa era la parte más simple, no era tan diferente a los entrenamientos a los que estaban acostumbrados. Se sincronizaban con la misma facilidad que respirar, de modo que la mayor parte de la rutina ya estaba lista, excepto por ese pequeño capricho que Víctor tanto quería intentar.

―¿Listo? ―preguntó. Yuuri asintió y se deslizó frente a él con los ojos cerrados.

Víctor colocó sus manos en su torso y lo levantó. Solo pasaron dos segundos antes de que una de las manos de Yuuri volara a su hombro, la otra se agarró con fuerza en su cabello. A pesar de que lo bajó tan pronto como pudo los dos cayeron con un ruido sordo.

―Lo siento, lo siento ―dijo Yuuri, muy preocupado― ¿Estás herido?

―No te preocupes ―dijo Víctor, de inmediato cogió su cabeza, al menos Yuuri no le había arrancado cabello.

Le dolía todo el cuerpo, sobre todo los brazos por el esfuerzo de levantar a su compañero.

―Debería patinar yo solo en la exhibición ―murmuró Yuuri.

Al dolor físico se sumó el del corazón.

―¿No quieres patinar conmigo?

―No ―exclamó al instante―, es solo que… ¿no podemos hacer la rutina sin levantamientos?

―No, es obligatorio hacerlos cuando se patina en pareja.

Yuuri le lanzó una mirada frustrada, al menos eso era mejor que la sugerencia de no patinar en pareja.

―Si aparecemos juntos los sorprenderemos más. ―Víctor tomó la mano de Yuuri―. No me malinterpretes, eres increíble, pero sería mejor una doble sorpresa.

Yuuri apretó su mano y sus dedos acariciaron levemente el dorso, el contacto hizo que el corazón de Víctor acelerará su ritmo.

―¿Como tuviste la idea? ―preguntó Yuuri―. Para Stammi Vicino.

Se veía tan tranquilo mientras preguntaba, que Víctor por un instante pudo olvidar esos sombríos momentos. Una llamada desesperada, como gritar en medio de la bruma… No quería saber nada de la oscuridad ahora que había alcanzado la luz.

―¿Víctor, dije algo malo?

De inmediato intentó suavizar su expresión, sin embargo la música ahora tenía un gusto ajeno.

―Necesitamos otra ―dijo, tal vez demasiado cortante.

―¿Otra música? ―confundido, Yuuri frunció el ceño―. Pero esta me gusta mucho.

Víctor se preguntó si Yuuri comprendería que no era el único que consideraba partes de su carrera como un oscuro pasado. ¿Cómo podría explicarle?

―Vendremos aquí en la noche ―declaró mientras se levantaba del hielo.

Yuuri dudó un instante, pero había aprendido a confiar.

―Está bien.


El frío hacia que Yuuri caminara encogido por las calles desiertas, con los brazos cruzados para intentar guardar algo de calor. El de Víctor estaba apoyado sobre sus hombros con la intención de calentarlo, pero los gestos románticos de telenovelas no eran útiles en la realidad.

Al ingresar al Ice Castle el entorno era silencioso y oscuro como una caverna, sus pasos resonaban en el camino a la pista. En el camino Víctor se había pegado más a Yuuri, aunque él hubiera jurado que la oscuridad tenía tanto que ver como sus deseos de proximidad.

―No prendas la luz ―dijo Víctor, soltándolo como si no quisiera.

El nerviosismo de Yuuri creció por la anticipación.

―¿Qué pasa si nos chocamos en la oscuridad? ―preguntó cuando terminó de ponerse los patines. Su voz hizo eco en la pista y la estancia.

―No me molestaría chocarme contigo ―rio Víctor y puso un pie en el hielo, pero se quedó de pie en la entrada―. Puedes entrar después.

―Pero…

En ese instante acercó su rostro al suyo. Yuuri no retrocedió, miró a sus ojos con curiosidad.

―Esta vez quiero que me mires ―dijo Víctor en voz tan baja que Yuuri temió haberlo imaginado.

Retrocedió rápido, sin dudar ni apartar la mirada. Yuuri lamentó la pérdida, pero se apoyó en la barrera y lo observó deslizarse hasta el centro de la pista. Sin fuente de luz Víctor semejaba una pálida sombra oscura, como un fantasma. Yuuri supo lo que iba a hacer en cuando le vio bajar la cabeza.

Víctor alzó la vista, a pesar de la oscuridad Yuuri vio sus ojos perdidos mirar al techo. Luego alzó su brazo sobre su cabeza y giro. Ya no había dudas, era la rutina de Stammi viccino. Yuuri dejó escapar un suspiro que no se percató que contenía, sus dedos se aferraron a la barrera como si fuera la única forma de mantenerse consciente.

Nunca se había percatado que, incluso sin jueces ni audiencia, Víctor no se permitía fallar. Clavó sin problemas un lutz cuádruple, siempre con la mano estirada, esperando que alguien la tomara.

Su rostro se veía tan sereno, nada que ver con la intensidad que su mirada dirigía a Yuuri. No era divertida, ni de entrenador ni pareja. Era la de un hombre que había recuperado su pasión.

Aunque solo se escuchaba su respiración y el filo de las cuchillas sobre el hielo Yuuri juraría que escuchaba la música.

Ho paura di perderti…

Solo en ese momento pudo comprender a que se refería con crear música con su cuerpo.

No esperó ordenes e ingresó al hielo. Víctor no hizo ademan de detenerlo, pero disminuyó la velocidad hasta detenerse frente a él. Sonreía y elevó un poco los brazos, con una pregunta en sus ojos.

En lugar de responder Yuuri se fundió con él en un abrazo. No entendía, pero era lo que Víctor necesitaba ¿Qué había cambiado para que se viera tan vulnerable?

―No tienes que pedir permiso ―murmuró Yuuri, sin soltarlo aunque deseara ver su expresión― Confío en ti, estaré aquí. No voy a alejarme. Estamos luchando juntos.

―Por eso tenemos que cambiarla.

―¿Qué?

Yuuri intentó moverse, pero la mano de Víctor subió a su nuca y acarició su cabello.

―La canción. Ya no me sirve, representa momentos en los que estaba solo.

Yuuri hizo un esfuerzo para apartarse, mantuvo sus manos en sus hombros.

―Entonces hay que cambiarla ―dijo, Víctor lo miró sorprendido―. No es lo que crees. Patinaremos con ella, solo hay que componer un nuevo arreglo. Antes estaba en la misma situación que tú, pero me enseñaste el amor que me rodeaba.

Solo con esas palabras Víctor se animó, incluso entre la oscuridad sus ojos brillaban.

―¡Sí, sí! ―exclamó sujetando sus manos―. ¿Ves cuantas decisiones maravillosas puedes tomar por tu cuenta? ―se alejó unos pasos― ¡Me siento tan feliz! Hasta podríamos volver a intentar los levantamientos.

Yuuri se tensó ante eso.

―No creo que sea buena idea…

Pero antes de procesarlo Víctor se arrojó hacia él. Por instinto Yuuri lo sujetó y elevó en el aire. La inercia los hizo dar un giro completo hasta dejarlo en el suelo de nuevo, milagrosamente de pie.

―¿Víctor? ―preguntó Yuuri asustado, al verlo con la mirada clavada en el hielo.

Tuvo que repetir su nombre dos veces hasta que reaccionó. Alzó la vista lentamente, como si lo viera por primera vez.

―Otra vez.

―¡Qué!

―Intentémoslo otra vez ―exclamó con su alegría infantil que hacia incapaz de negarle nada―. Espérame, voy a prender las luces. ¡Primero me elevas tú y luego cambiamos!

Yuuri sonrió, ya no temía a caer. En ese caso podrían reírse juntos