Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
Julián miró la pantalla prendida de su teléfono hasta que esta se apagó de nuevo, era la tercera llamada perdida que tenía de Sorrento, probablemente dentro de seis minutos le llamaría Io por primera vez, después lo haría Kaza, siendo esa su octava llamada del día y al final del día Kanon le enviaría un mensaje; sus amigos eran tan predecibles y llevaban semanas en ese ritual persecutorio desde que Baian había decidio revelarle a los demás que estaba comprometido.
O algo así, sus abogados aún revisaban el contrato.
Dejando su teléfono de lado, Julián se levantó de su silla y caminó hacia la ventana completa que estaba detrás de su escritorio. Él también era predecible, sabía que también llevaba semanas parandose en ese lugar exacto, y mirando el bello paisaje que la ciudad de Atenas le ofrecía mientras reflexionaba sobre lo infeliz que se había vuelto su vida; todo eso mezclado a las cosas qeu debía de hacer para mantener a todos contentos, su madre principalemte.
El sonido de su teléfono lo interrumpió lo suficiente para alzar una ceja, esos seis minutos habían pasado demasiado rápido. Julián recargó su cabeza en el vidrio y cerró los ojos, tratando de disfrutar de los últimos momentos que tendría a solas hasta que la puerta se abriera en cincuenta segundos y él tuviera que regresar a alguna aburrida junta adminstrativa, o peor, una junta con su madre.
— Señor Solo — dijo su secretaria mientras tocaba y abría la puerta — ya llegaron los papeles que debe de firmar para la compra del buque carguero, además de que su madre lo solicita en el décimo piso, dice que es algo urgente.
Suspirando, el joven abrió los ojos y miró hacia abajo, era la tercera vez que veía que los arbustos frente a su edificio se movían.
— Gracias, iré para allá.
Al parecer ese era el momento del día en el que su madre lo haría estar presente en el departamento dónde trabajaba Thetis, para que ambos supervisaran el avance de las investigaciones, claro, mientras su madre hablaba de lo mucho que le agradaría el departamento a su prometida y Thetis lo ignoraba, cuando no tenía que verlo porque de lo contrario lo miraba como si quisiera abrirlo como a un pescado.
Al menos el aparente nuevo odio de Thetis hacia su persona lo mantenía lejos de las explicaciones, sólo tenía que asegurarse de no encontrarse con Kanon y terminar revelando más de lo que debía. Aunque tampoco había mucho que explicar, sólo era su madre ordenando y él obedeciendo.
No conocía otra manera, desde que era niño siempre había hecho lo que su madre ordenara; era como un acuerdo tácito donde él hacía todo en cuanto a negocios se tratara siguiendo el consejo de ella mientras no se entrometiera en su vida privada, pero al parecer el trato había caducado y ahora su madre también tenía acceso directo a su vida privada.
Después del tenso encuentro y de firmar un par de papeles más, Julián salió del edificio con su cama en mente; necesitaba dormir, las noches comenzaban a volverse largas. Sabía lo que pasaría después, su chofer lo llevaría a la mansión en veintidos minutos, se despediría de él y Julián se recostaría en su habitación hasta que Alfred apareciera con la cena y dejara la bandeja frente a su puerta, después de tocar para preguntarle si todo estaba bien.
En el camino a casa Dio hablaría sobre diversas cosas, mantendría su mente ocupada; ese día era viernes así que era probable que el tema central fueran los resultados deportivos de esa semana. Sin embargo, su chofer no estaba recargado mirando el edifico como siempre, Dio estaba mirando a sus espaldas, específicamente miraba la columna de árboles y arbustos que estaba frente al edificio.
— ¿Ocurrió algo Dio?
— Hay alguien detrás de los árboles — dijo el mexicano, con una paleta helada en la boca — le compré una paleta jefe, pero se estaba derritiendo, hoy tardó un poco más.
— ¿Lo hice?
— Sí, tardó siete minutos más que de costumbre.
Julián alzó una ceja, eso era nuevo. Quitándole importancia al asunto regresó su vista al frente, dónde los arbustos volvieron a tener un sutil movimiento; él también había visto eso cuando estaba en su oficina, tal vez era algún vagabundo o algo por el estilo, a pesar de que era extraño ver eso cerca de su edifico, su madre donaba mucho al departamento de policía de la ciudad para que se vigilara que ellos no rondaran cerca y le dieran una mala imagen al edificio. Estaba por dar la vuelta e ingresar al auto, pero su curiosidad era grande, tal vez ese día podría ayudar a alguien a encontrar un lugar dónde dormir antes de ir a casa para lamentarse de su vida.
Le dio un par de palmadas a Dio en el hombro y cruzó la calle, esperando que la persona del otro lado, si era una persona, no se asustara.
— ¿Hola?
Saludó cuando llegó a la banqueta, deteniendose justo frente a los arbustos.
— ¿Crees que podrías saludar cuarenta centímetros a la derecha, o izquierda?
Frente a Julián estaba un pelirrojo sentado en el suelo, el hombre tenía consigo un lienzo y varias pinturas estaban esparcidas a sus lados. La imagen era tan extraña que Julián miró a su alrededor, tratando de encontrar una camara escondida.
— ¿Estás perdido o necesitas ayuda?
— No estoy perdido, ¿tú lo estás? — preguntó el hombre, despegando brevemente su mirada de su trabajo — ¿ podrías agitar ese bote de pintura que está en la mochila frente a ti, es el gris?
Julián miró confundido la mochila llena de diferentes botecitos con pintura antes de pasar por los arbustos y buscar los tonos grises.
— ¿Qué estás haciendo? — preguntó mirando dos botecitos grises, sin sabe cuál era tono correcto y optando por agitar ambos.
— Pintando, ¿qué otra cosa podría hacer?
— No lo sé, es un poco extraño.
— ¿Tu crees?
— Sólo por el lugar — Julián volvió a dirigir su vista hacia todos lados antes de sentarse al lado del desconocido pintor — ¿eres de por aquí?
— No exactamente, ¿tú sí?
— Trabajo en el edificio de enfrente, creo que lo estás pintando.
— Es un bonito edificio, y a esta hora el movimiento de luces lo hace parecer imponente, pasé por aquí hace dos semanas y pensé que debía de pintarlo.
— Eres un artista entonces — Julián asintió, eso explicaría muchas cosas.
— No lo sé — el pintor dejó su pincel y puso las manos en el suelo, moviéndose hacia atrás — lo dudo mucho, un aficionado supongo, he visto a mejores con talento, el amigo de mi primo dibuja mucho mejor que yo, ¿qué hay de ti? ¿tú eres…?
"Un desgraciado", pensó Julián, infeliz, patético, y todos los sinónimos que pudiera tener.
— Soy Julián — respondió aún moviendo las manos.
— Shijima — se presentó el pintor — ese es un lindo traje, no me gustan los trajes.
— Gracias, tú tienes una extraña vibra — dijo el joven sonriendo — y eres honesto, eso es escaso.
— Lo sé.
Shijima se quedó en su posición, mirando el edificio frente a él; Julian miró su prote relajado sintiendo una leve envidia, eso lo hizo querer levantarse e irse, pero algo en el hombre era atrayente, como si fuera un imán y cualquier otro fuera un simple objeto de metal.
— ¿Está todo bien?
Preguntó Shijima, mirando al joven a su lado; él sólo había ido a pintar, y no le molestaba tener espectadores siempre y cuando no lo miraran tan fijamente. Julián por su parte abrió los ojos, la pregunta era sencilla, pero él no pudo evitar cuestionarse de manera más profunda si de verdad todo estaba bien.
— No — murmuró dejando de agitar los botecitos — nada está bien.
El pelirrojo lo miró intrigado, podía sentirlo, ahí había una historia, y a él le gustaba escuchar, y hablar, pero sobre todo escuchar. Se quedaron en silencio, Julián miró a su chofer, que miraba hacia dónde estaba sin dejar de comer, después miró a su edificio y abrió la boca para suspirar por lo bajo, antes de comenzar a hablar.
Sin saber por dónde iniciar, lo dijo todo, desde el incio, todo lo que podía recordar de su niñez hasta los primeros años de su adolescencia, y Shijima lo escuchó, a veces asentía con la cabeza, a veces se reía por lo bajo y otras miraba hacia el edificio, como si quisiera darle privacidad a su discurso.
— El problema que me trae aquí es que…
Cuando estaba a punto de revelar su oscuro transfondo, de sacar su más pesada carga, los gritos de un hombre buscando a su nuevo amigo lo distrajeron. Al mirar hacia el frente vieron a un hombre corriendo hacia ellos mientras sostenía en alto lo que parecía una macana.
— ¡Es Caín! — dijo Shijima levantándose — tengo que irme, lo descubrió todo, te encargo mis cosas, regresaré después.
Dicho eso el pelirrojo corrió hacia el lado contrario de su perseguidor, dejando a Julián con la boca abierta, sin saber que hacer. El empresario y chofer se quedaron en la zona hasta las diez de la noche, Dio tenía que partir hacia su siguiente empleo, así que después de guardar todas las cosas en el auto y tomar el lienzo con cuidado Julián se dirigió a su casa.
En su habitación, después de la cena y de escuchar un discurso de su mayordomo sobre lo feliz que estaba porque el chico había salido de su rutina deprimente, se sentó frente a su escritorio y miró el cuadro. Estaba incompleto, pero el bosquejo le daba una idea de lo maravilloso que se vería cuando terminara; lo que más le llamó la atención fue que en uno de los pisos de arriba podía distinguirse una figura parada frente al vidrio, no era necesario ser un genio para saber que era él, ahí de pie en uno de los edificios más grandes y elegantes de Atenas, luciendo tan solitario cómo se sentía. Aunque se veía pequeño, Julián notó que no tenía rostro, algo que le pareció curiosos teniendo en cuenta que todo lo demás estaba dibujado a la perfección y con gran detalle.
Anotando ese hecho para preguntarle después al pelirrojo pintor, le dio la vuelta al lienzo para tratar de encontrar alguna pista sobre su dirección o nombre completo, tal vez podría buscarlo y entregarle la pintura; en lugar de esperar al "después" que no establecía una buena medida de tiempo; sin embargo, sólo encontró en la parte superior en medio sus iniciales "J.S.J.B".
— Ese es un nombre largo — murmuró para sí.
Dejando con cuidado el cuadro a un lado de su escritorio, miró la mochila desgastada antes de darle la espalda, no quería invadir la privacidad del hombre que se había sentado a su lado para escucharlo parlotear por cuatro horas sobre sus problemas de joven millonario, pero quería conocerlo. El sujeto parecía todo un personaje, no cualquiera se quedaba para escuchar todo un discurso, y la forma tan particular en la que se encontraron le indicaba a Julián que era alguien en quien podía confiar, aunque no lo comprendía.
Antes de tomar cualquier decisión, se talló el rostro con ambas manos y metió la mano en su pantalón para sacar el centavo que le había dado Io cuando se conocieron, era su moneda de la suerte, las mejores decisiones las había tomado dejando todo a decisión de esa moneda, a pesar de que Sorrento se molestaba por todo el asunto.
— Cara nos olvidamos de todo esto y le dio a Dio que espere a verlo para devolverle sus cosas, Cruz… si sale cruz me disculpo por andar revisando.
La mochila no tenía nada que indicara una dirección, sólo botecitos de pintura y diversos pinceles, todos marcados con las mismas iniciales. También había toda clase de papeles y todos tenían diversos dibujos, a veces eran paisajes, otros tenían personas, otros animales, no importaba que papel fuera, al parecer el pelirrojo no podía tenerlo sin un dibujo. Julián estaba por rendirse cuando, en una bolsa interior, encontró un gafete.
— Telefonista, eso es interesante.
Julián frunció el ceño, era un gafete de trabajo, pero ni siquiera ahí estaba su nombre completo.
— Shijima J. Blenkinsop, tal vez tiene tres nombres.
Sin embargo, tener parte del nombre no ayudó a Julián, no encontró en Internet ni una referencia al pintor en toda la noche, nada que pudiera si quiera decirle que era real, pero sí encontró información sobre el apellido, algo corto, pero que lo dejó sorprendido.
— Madre, ¿alguna vez has escuchado el apellido Blenkinsop?
Al día siguiente, con una taza bien cargada de café, se sentó en el comedor por primera vez en meses, frente a la mujer que había complicado su vida en niveles cada vez más superiores, sólo para tener más poder, o molestar, era difícil decidirlo con ella.
— ¿Blenkinsop? ¿Inglés?
— No lo sé — respondió el joven alzando los hombros, viendo cómo su madre se llevaba la mano al mentón.
— Blenkinsop… es la primera esposa de J. Jenkins, o lo era, murió hace tanto — Julián sonrió, sabía que su madre era una gran conocedora de lo que sucedía con los millonarios, era necesario saber que tal estaban las relaciones entre ellos para manejar un buen negocio — es una lástima.
— ¿Sabes si tenía familia? Además de su esposo.
— Hija única de un hijo único, dueños de varias fábricas de fertilizantes en Reino Unido y América, cosas que pasaron a Jenkins cuando se casó — la mujer picó un poco de su fruta recién cortada y comió lentamente, dejando a su hijo esperando que continuara con la historia — sólo sé que tuvieron dos hijos, uno de ellos murió en un accidente de tráfico con su esposa.
— ¿Accidente de tráfico? ¿Cuántos años tendría el hijo si viviera? ¿Sabes cómo se llamaba?
— ¿Por qué tanto interés por los británicos?
Julián se acomodó en su silla y le dio otro sorbo al café, el sueño se había ido, aunque el joven sospechaba que eso no tenía nada que ver con la bebida.
— He pensado que ya que quieres expandirte hacia Asia, ¿por qué no lo hacemos también hacia América? El mercado ahí no está dirigido por alguien en particular y cualquiera que elija Jenkins para enviar sus productos debe ser un pez gordo.
— Exploras tus opciones, me alegra ver que finalmente estás entendiendo tu lugar Julián — la mujer le sonrió a su hijo. En otro momento, eso lo habría hecho alegrarse, pero ahora sólo estaba vacío — Accidente en la carretera, no conozco los detalles, pero si el hombre continuara con vida debería de tener entre cuarenta o cincuenta años.
— ¿Tanto ha pasado?
Julián estaba sorprendido, eso hacía que todas sus conjeturas estuvieran erradas.
— ¿Y qué hay de su hijo menor? ¿Cuál es su edad?
— Poco menos que lo que tendría el mayor.
Eso sonaba más desalentador; por un momento, de camino a la oficina, Julián pensó que tal vez sólo era una casualidad que el pintor tuviera ese apellido; muchas personas en el mundo podrían tener ese apellido, pero su intuición le decía que no se estaba equivocando. Si no se hubiera apartado de sus amigos fácilmente hubiera podido consultarlo con Baian o Kaza, quienes de seguro tendrían a su disposición información sobre una de las familias más importantes del mundo.
Logró ocultar exitosamente el cuadro y la vieja mochila de su madre, así como esquivó a Kanon y Thetis en el ascensor, llegando a su oficina con gran éxito. Antes de entrar le dijo a su secretaria que no quería tener entrevistas, revisar reportes o cualquier cosa, sólo aceptaba interrupciones si se trataba de Minos o Aiacos, sus abogados personales que estaban trabajando secretamente en el contrato que lo mantenía unido a una adolescente.
Sin darse cuenta, por primera vez en meses, no se sumió en su espiral de autocompasión, sino que se entretuvo hablando con sus contactos, pegando hojas en el enorme ventanal que estaba detrás de su escritorio, analizando cada cosa nueva que encontraba sobre la familia Jenkins; como si hubiera encontrado esa chispa que había perdido desde hace tanto. Así se sentía estar vivo de nuevo, y era tan gratificante que para la hora del almuerzo no se fijó que su madre estaba parada justo detrás de él, con los brazos cruzados y una mirada de molestia.
— Julián — dijo la mujer en tono neutro, asustando a su hijo — ¿se puede saber qué estás haciendo? Hoy tenías una entrevista con la señorita Kido y en lugar de ir a recogerla en su auto estás aquí jugando con los papeles.
— Lo siento madre.
Haciendo una pequeña reverencia, Julián se disculpó; quería parecer serio, pero los dedos de las manos le hormigueaban, sus investigaciones lo habían llevado a construir todo un árbol genealógico del patriarca de la familia Jenkins, a pesar para ese moemyto sólo tenía los nombres de sus ex-esposas y de sus hijos, desde el mayor que según su madre había fallecido, hasta la adolescente que estudiaba en el colegio privado al que asistía Isaac según sus teorías.
Como todos los días que iba Saori, a excepción del desastroso día que se enteró Thetis, fue hasta la planta baja del edificio para sacar a Saori personalmente de su limosina, después entró con ella en el ascensor principal, para llevarla al piso dónde estaban las cocinas y almorzar ahí. Cuando las puertas estaban por cerrarse una mano evitó que lo hicieran por completo y todos los problemas de Julián se juntaron, frente a él estaban Kanon y Thetis, esta última mostrándose renuente a entrar al pequeño elevador, hasta que Kanon la empujó para que ambos entraran.
Se formó un pesado silencio en el lugar, la rubia rápidamente le dio la espalda a Julián y comenzó a hablar con Kanon, ignorándolo. El joven heredero miró hacia el suelo, estaba de vuelta a esos días oscuros, una parte de él se sintió cómo cuando fue un adolescente rechazado en una playa que ahora odiaba visitar, con un dolor en su pecho que no parecía tener fin. Dio un paso hacia un lado, tratando de alejarse de sus amigos; al hacerlo terminó chocando con Saori, quien no reaccionó a su contacto.
Al mirar a la adolescente se dio cuenta que ella tenía sus audífonos puestos, la música se escuchaba si alguien se acercaba lo suficiente, a pesar de que no podía distinguirse la música.
— ¿Qué estás escuchando? — preguntó, interrumpiendo el soliloquio de Thetis, ya que Kanon no había dicho ni una palabra, y ni siquiera estaba viendo a su amiga.
Saori abrió los ojos, era la primera vez que su prometido le preguntaba algo estando a solas, o casi. Lentamente se quitó su audífono y se lo ofreció al mayor, quien no tardó en ponérselo y cerrar los ojos para disfrutar la música.
— Ne me quitte pas — dijo — me gusta más la versión de Jacques Brel.
— Nadie la canta mejor que Celine — le contestó la adolescente defendiendo a la cantante que estaba escuchando.
— Entonces no has escuchado a Brel, o a Edith Piaf.
Julián le devolvió su audífono a Saori y por primera vez en todos esos meses la miró, o más bien, reparó en cómo estaba vestida; usaba la chaqueta del colegio privado más exclusivo de Atenas, el mismo al que asistía Isaac, el mismo de...
— ¡Oye! — dijo señalando el escudo en el lado derecho de la chaqueta, la oscuridad que se lo tragaba lentamente estaba desapareciendo de nuevo — ¡asistes al colegio de Atenas!
— Mmm sí... — le contestó Saori extrañada.
— ¿Conoces a alguien de apellido Thorne? ¡¿O Jenkins?!
Las tres personas en el elevador lo miraron sorprendidas, debía de ser la primera vez en meses que lo veían siendo el Julián energético de siempre, o desde que lo conocía en el caso de Saori, quien miró el rostro del heredero tratando de recordar dónde había escuchado esos apellidos.
— Creo que sí — dijo en voz baja.
— ¡Bien! ¡Comeremos en mi oficina!
Dicho eso Julián se apresuró a dar un paso hacia el frente y presionar el botón del piso dónde estaba su oficina, antes de la cafetería, pero una mano lo detuvo antes de que pudiera siquiera rozarlo. Kanon le sostenía la muñeca con fuerza, intercambiando una mirada con Julián.
— Estoy cansado, tenemos que hablar — dijo el mayor, sosteniendo aún más fuerte la muñeca de su amigo.
Estaba por contestar, iba a decir lo primero que se le viniera a la cabeza pero en ese momento una tercera mano, más pequeña, se metió y presionó justo a tiempo el piso de la oficina, provocando que el elevador se detuviera apresuradamente y las puertas se abrieran. Los dos hombres miraron cómo Saori daba un paso hacia atrás, alejándose de ellos, para después arreglar su chaqueta y bajar un poco más su falda, antes de salir del lugar y dar la vuelta para mirar a su prometido.
Julián movió su mano, logrando safarse del agarre de Kanon, y siguió a Saori afuera del elevador, pero se detuvo para mirar sobre su hombro a sus dos amigos, justo antes de que las puertas volvieran a cerrarse.
— Thorne — dijo comenzando a caminar — ¿la conoces?
— Algo así… — trató de explicar Saori, ganándose una mirada de Julián que la puso levemente nerviosa, él nunca la había mirado antes, a veces se sentía como si para él no existiera — hablas de June, ¿cierto?
— Eso creo, sólo sé que es una chica y que tiene como tu edad.
— ¿Para qué quieres saber de ella?
Julián le dijo a su secretaria que pidiera que alguien les llevara el almuerzo y ella misma se fuera a comer algo, después abrió la puerta y le mostró cuidadosamente el árbol genealógico que estaba construyendo, dejando a la adolescente sorprendida. Desde que le habían dicho que iba a casarse con él había pensado que era un hombre serio, demasiado serio, pero empezaba a creer que sólo había visto el lado deprimido del mayor, ella tambien estaba así.
— ¿No crees que es demasiado pensar que un sujeto que conociste en la calle y que es telefonista es familiar de una de las familias más poderosas de Europa? O el mundo, mi abuelo dijo que no sólo se dedican a fabricar y vender comida — dijo Saori antes de comer un poco del arroz que la habían llevado.
— No sólo se dedican a los alimentos, es cierto, las seis ex esposas de Jenkins tienen inversiones en otros mercados, es posible que si Jenkins sigue divorciándose y casándose en un par de años todo lo que consumamos sea de su co-propiedad… ese es un plan de control de mercados muy oscuro, y bueno — reconoció el heredero mirando su mapa genealógico — tengo una corazonada.
— Bueno, si es así podría preguntarle a June, mi abuelo dice que tener buenas relaciones con ella podría ser positivo para nosotros, a pesar de que su familia, los Thorne, sólo tienen hoteles.
— Debe de ir tras su padre entonces — susurró Julián, el señor Kido era un hombre de negocios, tal vez buscaba a Jenkins por alguno de sus matrimonios — Saori, ¿qué tan buena eres guardando secretos?
Julián miró a la adolescente serio, ella era agradable y no se la pasaba todo el tiempo gritando como su hermana, si no la provocaba, y ambos tenían algo muy fuerte en común que no había visto antes: ninguno quería casarse, al menos no con el otro, ni en ese momento ni en tres o dos años.
— Supongo que no tan mala — dijo la adolescente siendo honesta.
— Bien, te diré algo importante — Julián se sentó derecho y puso las manos sobre su escritorio, llamando la atención de Saori — no quiero casarme conmigo.
Ella dejó su plato en el escritorio, en otro contexto le habría ofendido mucho que un hombre le dijera eso, pero escucharlo de la boca de Julián Solo era reconfortante, tanto que sintió que lloraría de la felicidad.
— ¡Yo tampoco quiero casarme contigo!
— Eso es maravilloso, me acabas de hacer el hombre más feliz del mundo — Julián mostró, por primera vez en meses, una sonrisa real — pero escucha, lo que queremos no importa para mi madre y tu abuelo.
— Pero… si tu les dices tal vez cancelen el contrato — trató de razonar.
— No lo creo, hay un contrato legal detrás de todo esto, escucha, lo que voy a decirte es un gran secreto, nadie puede saberlo — Julián bajó la voz — estoy intentando ver la manera en encontrar una falla en el acuerdo que ellos firmaron, tengo a dos hombres trabajando en ello, pero si mi madre o tu abuelo se enteran de lo que estoy haciendo tal vez intenten una ofensiva.
— ¿Qué quieres decir?
— Cambiarían el acuerdo matrimonial para ocultar la falla, si la tiene.
Saori miró las hojas en el escritorio antes de asentir con suavidad.
— Necesitas parecer que estas de acuerdo.
— Sí.
— Y yo debo de seguir sin decir nada.
— Es lo que espera tu abuelo.
Ambos se miraron, firmando otro acuerdo tácito sobre lo que harían. Julián se mantuvo tranquilo el resto de la tarde, tenía problemas, muchos problemas, pero comenzaba a pensar que tal vez no tenía que pasar por todo eso solo.
