Hay noches, noches en las que a Ray le gusta salir al porche de la casa y contemplar el cielo nocturno.

A veces hay estrellas y luna, a veces sólo luna, a veces sólo estrellas y a veces, sólo nada.

En ocasiones lleva consigo un libro el cual lee cuando la luna llena está, en otras, lleva un MP3 para escuchar cualquier canción que descargó y en otras, simplemente no lleva nada más que su soledad y sus recuerdos.

Y cuando se sumerge en ellos, pareciera que toda esa tragedia y dolor, se trató de una absurda pesadilla.

En un principio pensó que, soportar y callar valió la pena cuando él era un infante. Pero ahora, se pregunta si de verdad ha valido la pena.

Todos los arrepentimientos, lágrimas, sangre y muertos que jalan su camisa por la espalda, ¿De verdad puede creer que todo eso ha valido la pena?

Es cierto que sin sacrificios no hay victoria, es verdad. Lo sabe.

Pero, es injusto.

Sus hermanos, muchos de ellos, se fueron al matadero. Hao, Ceddie, Conny, Michelle, Olivia, Susan...

Después, perdieron también ha Yuugo y Lucas. Quienes fueron sus padres, sus guías y mentores en tan despiadado mundo.

Y luego, Isabella. Su madre biológica, quien dio su vida por protegerlos al final; y pese a que no lo dijo explícitamente, él quiso... Él deseó, por un momento, tener una relación verdadera de madre e hijo; sin mentirse, sin usarse, sin lastimarse porque había que sobrevivir.

Y por último pero no menos importante, también, perdieron a Emma. Pues la persona que estaba con ellos, era otra; físicamente podía ser Emma, pero todos sabían que había dejado de serlo. Emma se había quedado allá, les había despedido a todos con la mano y una sonrisa sin que nadie pudiera verlo.

Ni siquiera, él pudo. Él que se supone, fue el más cercano hasta el final.

Lo curioso es que Emma fue una ladrona de sonrisas de sol que, para bien o para mal, se coló en las bardas de su corazón. Esas que creyó, eran impenetrables y las alzó cuando tenía 6 años.

Aunque sí lo piensa mejor, Emma más bien fue una invasora y Norman fue el ladrón. Ambos entraron pero, sólo uno de ellos se quedó, como si fuese su casa.

(Fue la niña de cabellos de fuego esperanza y ojos de joya amable).

Pero ahora que abre las puertas (de su corazón-casa), no ve más que la sombra de alguien. El recuerdo de un ser amado que se despidió sin que él lo supiera o estuviera preparado.

Aunque la verdad es, que Ray nunca estuvo preparado para las despedidas.

(Y duele, sangra un poco más porque—

Emma, tonta, fuiste una egoísta demasiado amable).

No obstante, sabe que debe seguir adelante. Porque es lo que todos quienes no pudieron llegar hasta el final, hubiesen querido que lo hiciera; pues ahora las manos ya no sujetan su camisa, sino que apoyan sus manos en su espalda.

Diciendo: « Vamos Ray, no te rindas» « Sigue adelante, mocoso» « Deja tu mal hábito de rendirte, Ray, hijo».

Que a veces le hace sonreír y a veces, querer abrazarlos o sencillamente, llorar.

Pero—

Últimamente hay alguien que toma su mano en sus sueños, y...

El corazón le duele otra vez.