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Primera publicación.

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Había entrado en el ejército gracias a su padre, para él era un tema de rectitud y disciplina... Mentira ese no fue el motivo de su ingreso a la academia militar...

Su ingreso se debía más a sus gustos sexuales, Magnus Bane, era Gay, muy Gay, cada agujero de su cuerpo gritaba: «Soy Penetrable...» Y él estaba orgulloso de ello.

Un día fue traslado a un localidad lejana a resguardar una comunidad en riesgo. Fue enviado con su amigo Raphael Santiago, quien conocía su secreto, el cual también compartía, ya que Raphael también era gay.

Al llegar al regimiento fueron recibidos por un Mayor, al verlo se le hizo la boca agua al pelinegro.

—Soy el mayor Fell —dijo el hombre.

—Somos Santiago y Bane —contestó Magnus.

—En un rato vendrá el capitán Lightwood, quien les dará sus órdenes —su voz demandante había crecer el entusiasmos en Rapha—, compartirán habitación hasta que partamos.

Los dos soldados fueron hasta el lugar indicado, a dejar sus pertenencias, al entrar Magnus estaba callado.

—¿Será versátil? —preguntó Rapha a nadie en particular.

—¿Por qué te interesa?

—No lo viste, obvio que es gay...

—¿Cómo lo sabes? —Magnus vuelve a preguntar.

—Algo dentro de mí lo dice.

—¡Lo perra!

Los dos estallaron de la risa.

—Espero que sea versátil...

—Es un superior y tú un novato.

—¡Puritano! No te dan ganas de ser follado por unos de esos Daddy...

—Sí, pero ese en particular no me gustó.

—Claro, porque todo eso es mío.

Al Día Siguiente.

Se levantaron a la cinco como de costumbre, desayunaron y empezaron su entrenamiento a mitad de mañana regresaron a ducharse y a buscar las novedades.

Magnus se había adelantado a la oficina, tocó la puerta y una fuerte voz lo hizo pasar. Al entrar detrás de un escritorio estaba sentado un hombre de cabello negro y ojos avellanas.

—Buenos días, mi capitán... —saludo parándose firme.

—Bane —dijo viendo la identificación—, encárgate de las municiones y Santiago de la logística... Salimos en unos días así que estén preparados.

El moreno estaba embobado, realmente ese hombre era hermoso. Salió de la oficina a cumplir con las tareas.

Cuatro Días Después.

—El capitán Lightwood, es un mamón —se quejó Raphael.

—Es horrible... Pero no se puede negar que está divino.

—Se le nota lo activo.

—Así es como me gusta —dijo viendo caminar al capitán—, me dejó dominar debajo de él rápido...

—Soldado Santiago, vaya a la oficina del mayor Fell.

Santiago camino con un poco de inseguridad, tocó la puerta y entro.

—Permiso Mayor.

—Entre Soldado... ¿Ya todo está listo?

—Sí, se puede hacer la transferencia, cuando usted lo indique.

Ragnor se levantó de la silla, para acercarse a él.

—¿Tiene alguna duda? —preguntó cerca de su oreja.

—No... Todo se realizó como lo indicaron...

—¿Por qué estás nervioso?

—No estoy nervioso —dijo con fuerza.

—Tienes los brazos fuertes...

—Son los entrenamientos...

Raphael se separó y sin querer vio un gran bulto en los pantalones del mayor.

—Creo que debo irme.

—Santiago... Tú me gustas...

—Mayor, permiso para retirarme...

—Permiso negado...

El chico se quedó inmóvil.

—Sé como me miras, así que no te hagas el difícil.

—Usted es mi líder... Yo Aaaahhhhh —sintió un apretón en su miembro.

—¡Qué tal! Este soldadito necesita atención...

—Suelte... —apretó más duro—, mayor quité sus manos.

—¿O qué? —lo reto.

—O no respondo...

Lo soltó, pero de un empujón lo sentó en la silla, al reaccionar Fell se estaba frotando con ganas. Raphael con fuerza le quitó el cinturón.

—¿Pasivo o activo? —preguntó Santiago ya excitado.

—Versátil, listo y dispuesto para ti.

Con fuerza se levantó bajo su pantalón y se acostó en el escritorio, haciendo una amplia invitación.

Ragnor lo lubrico y jugo con su entrada hasta meterse de un tirón, en el proceso se dio cuenta que el pequeño utilizaba sus dotes con frecuencia. Embestía con ganas mientras que Raphael gemía feliz era su fetiche favorito, ya al punto de correrse, detuvo a su jefe.

—Me toca... —dijo Raphael.

—¿Qué?

—Quiero follarte.

—No... Podría ser después.

—No, yo te di mi culo, ahora quiero el tuyo.

—No podemos, mi esposa viene mañana y no podré...

—¡Casado!

—Sí...

—Esto será cosa del momento ¿Verdad?

—Suena...

—Horrible, pero es así —se volteó y se empalo con fuerza.

Comenzó a brindar, mientras que se masturbaba.

—Santiago... Aaahhh —se corrió en el pequeño.

Acto seguido el pequeño hizo lo mismo, se dejó caer hacia delante para colocar su frente en la orilla del escritorio, al verlo así Ragnor lo abrazo para llevarlo, a su pecho.

—Ya estoy bien —dijo Raphael levantándose de la pelvis del mayor.

—No tienes porque irte.

—Ya mi momento terminó, permiso para retirarme.

—Raphael, ¿Podemos...?

—Permiso para retirarme.

—Permiso concebido.

Raphael salió adolorido, camino hasta su habitación y consiguió a su compañero.

—¿Por qué tardaste? —preguntó Magnus.

—Estaba haciendo mi fantasía realidad...

—¡Te follaste al mayor!

—Corrección me follo.

—¿Te lastimó?

—No, solo que me dijo que era algo del momento... Magnus el mayor es un hombre casado.

—Wuau... Imagino que no lo volverás hacer...

—No lo sé —dijo con frustración—, es que me lo hizo rico.

—Eso quiere decir que Lightwood, también debe estar casado.

—Escuché que era divorciado.

—Por lo menos...

—También quieres que te folle...

—La verdad es que no, me cae mal, todo el día está manda que manda, grita que grita.

—Todo un activo.

—Realmente...

Día de la Partida.

Ragnor y Raphael, no habían vuelto a conversar, ya que la esposa de Fell se había quedado en el campamento y una noche los gemido de la mujer habían sido muy parecidos a los del menor haciéndolo entender que ambos disfrutaban lo que hacían y Raphael estaba de más.

El capitán y Magnus seguían en su relación laboral, como de costumbre.

Noche Uno.

Llegaron a un hotel y solicitaron dos habitaciones, por órdenes del mayor él dormiría con Santiago y Lightwood con Magnus.

El moreno se ofreció dormir con su compañero, pero está acción lo llevo ha realizar cien planchas en el estacionamiento.

Adolorido fue a su habitación entró, se ducho con notable molestia y se acostó.

—Oye no te moleste —dijo el capitán.

—Santiago, no quería dormir allá.

—Pero fue una orden, el mayor sabrá el motivo.

Esa respuesta hizo que se diera la vuelta con rabia y se quedará dormido.

Noche Dos.

Al día siguiente todos regresaron al camino, el campamento estaba muy lejos. El mayor los había separado nuevamente a la hora de dormir.

—Ya pedí la cena —dijo Alec con una sonrisa.

—Yo no pedí...

—La invitó está noche, no te preocupes.

La comida llegó y Magnus fue a buscarla a lo lejos, observo dos siluetas, pudo reconocer a su compañero con el mayor, se estaban besando apasionadamente. Agarro su comida y regreso.

—¿Por qué tienes las mejillas sonrojadas? —preguntó Lightwood con molestia.

—Por nada.

—¿Fue por el repartidor?

—No, la verdad es que no lo detalle.

—¿Y entonces?

—Aaammm... Vi una pareja besándose y se me hizo gracioso.

—Ok, vamos a cenar que se hace tarde.

Noche Tres.

En esta ocasión ya Raphael y Ragnor se veían más complices hablaban en susurro, en un momento los dos superiores se reunieron a conversar un tema importante.

En un nuevo hotel la distribución quedó igual lo único que Magnus se encontraba cansado del peso de los bolsos y la caminata lo dejaron destruido.

—Acuéstate te daré un masaje —le indico el capitán.

—No se preocupe...

—Es una orden.

No le quedó de otra que acostarse boca a bajo y dejar sentir las manos del hombre sobre su piel.

El tacto era fuerte pero relajante, sus hombros están prensados, por unos minutos se concentró en las caricias, al llegar a las piernas su miembro empezó a despertar.

—Magnus, date la vuelta —lo llamo con suavidad.

—No gracias así estoy bien.

—Pero falta el pecho.

—No se preocupe...

—Date la vuelta...

Magnus se dio la vuelta intentando tapar su pelvis con una toalla, pero el mayor vio su problema.

Con cuidado comenzó a masajear pero está vez de una manera más erótica, llegó a los muslos, en varias ocasiones sus dedos rozaron parte de su zona íntima produciendo escalofríos al chico.

Con delicadeza quitó la toalla y fue bajando el bóxer.

—¡Capitán! ¿Qué hace?

—Te ayudo —dijo antes de meterse el miembro del chico en su boca.

Magnus gemía estaba en el cielo.

—No te quites —Alec chilló.

—Quiero probar el suyo...

Alec se acostó en la cama y quitó sus pantalones un gran miembro salió de su ropa interior.

—¡Qué rico! —dijo Magnus emocionado.

Ambos se complacian, en un momento el pelinegro se detuvo.

—¿Estás bien? —preguntó Magnus.

—Sí —dijo mientras que se colocaba en cuatro— follame por favor.

—¡¿Qué?! —Magnus se sorprendió.

—Házmelo duro —su voz era sumisa.

—Yo... Yo soy pasivo... —dijo tomando aire.

—No juegues...

—No juego, es verdad soy pasivo —dijo confundido—, yo no siento placer siendo activo.

—Magnus, te necesito dentro de mí, cada noche te sueño embistiendo mi culo con fuerza.

—¿Si lo hago tu me follas a mí?

—Magnus, soy 100% pasivo.

—Me siento engañado —dijo a punto de llorar—, pensé que eras activo, dominante rompe culo.

—No, me gusta morder la almohada.

Magnus se paró detrás del hombre y metió sus dedos, lo fue preparando mientras que se distraía con el gran pene de su jefe.

Al estar listo se fue metiendo, pero se salió al no sentirse cómodo.

—No puedo yo soy muy pasivo, para hacer algo tan fuerte.

—Magnus te pido dos embestídas nada más —le rogó.

—Solo dos...

—Sí.

Magnus volvió a entrar pero embistió débil, en un descuido Lightwood tumbó al soldado en la cama y lo comenzó a cabalgar.

—Esto no me gusta —dijo el pequeño—, eres muy pesado.

Alec no lo escucho y tomo su propio miembro y se masturbo hasta conseguir su orgasmo. Cayó en el pecho del chico.

—Todavía estás excitado —dijo Alec con tristeza—, no te gusto ¿Verdad?

—No... Yo soy pasivo y para tener un cambio de rol fue muy horrible —se levantó de la cama.

—Bebé, no...

—¡¿Bebé?!

—Sé que no me vas a creer, pero estoy enamorado de ti, al punto de...

—Forzarme para cumplir tu fantasia.

—No Magnus, no es fantasía de verdad me gustas.

—¿Me vas a follar?

—Bebé, soy pasivo, me cuesta el rol de activo.

—¡Qué maldición! Tienes como cuarenta años, un cuerpo inmenso y el tamaño de tu pene es descomunal y me dices que eres pasivo...

—Solo diré que tengo treinta y cinco y mis sentimientos hacia ti son más grande que mi pene, pero si lo ves de esa forma lo respeto.

—¡¿Cómo que sentimiento?! Debes de estar casado o por lo menos divorciado.

—Soy viudo, mi esposo murió en un accidente de tránsito hace dos años.

—Lo siento... Sé que las apariencias engañan.

—Yo no te engañe solo que asumí súper mal.

—Quiero dormir.

—Eres un niño malcriado.

—Tengo veinticuatro y no soy malcriado solo que llevo noches deseando que me lo hagas súper espectacular y ahora por primera vez termine metido en el culo de un hombre —Magnus está muy molesto.

Alec, no dijo nada solo se acostó. Dejo que pasará unos minutos y lo abrazó.

—De verdad capitán Lightwood, sigo molesto y frustrado.

El mayor se levantó de la cama y se fue de la habitación.

Dos Días Después.

El moreno seguías enojado. Estaban a punto de llegar cuando Raphael, se acercó.

—¿Todavía estás molesto?

—Odio ser pasivo...

—¿Y odias que te ame? —preguntó Santiago.

—Es sexo... Tú muy bien sabes que es sexo ellos regresarán y nosotros quedaremos solos y follados.

—Quizás eso me ocurra a mí, pero no creo que te suceda a ti —Magnus lo miro confundido—, Lightwood está enamorado de ti.

—¿Él te lo dijo? —preguntó disimulando con rabia pero tenía curiosidad.

—No directamente, pero se le nota... —no dejo que Magnus lo interrumpiera—, desde hace dos noche no grita, duerme solo y no come mucho... Aunque es un hombre grande que se confunde con ser activo, se nota que es sentimental, además que tú lo rechazas abiertamente.

—Lo rechazo a tiempo no quiero sufrir cuando esto termine...

—Lightwood, es viudo no tiene pareja que te hace pensar que te va a dejar —el moreno miro el piso—... Ragnor me dijo que no iba a dejar a su esposa.

—¡¿Por qué te sigues acostando con él?!

—Porque es sexo consentido por ambos y la verdad me gusta, pero fue claro conmigo y yo lo acepté así... No creo que Lightwood te haga lo mismo.

Noche Cuatro.

Ya habían llegado a la comunidad, la situación era complicada solo había una cama disponible.

—Nos dividiremos —dijo Ragnor—, capitán y Bane compartirán turnos y habitación y Santiago y yo luego.

Se dividieron las horas de descanso.

La madrugada era fría, Magnus estaba casi congelado, cuando sintió unos gruesos brazos lo rodearon.

—¡Capitán!

—Tienes frío y el calor corporal ayuda mucho —dijo con simpleza.

Magnus se aferró al chico de verdad tenía frío.

—Quiero pedirte disculpas por hacerte sentir mal, no fue mi intensión.

—Fui inmaduro y muy hostinado.

—Tú me gustas Magnus, yo no había sentido algo así más que con mi esposo... Él me comprendía... Me enseñó una manera de amar muy distinta a la de tener sexo... Creo que por su culpa soy pasivo —dijo con una amarga sonrisa—, quizás y... —se quedó callado.

—Yo pensaba que era solo sexo...

—No, me acosté contigo porque me gustas y no por querer un momento.

Un Mes Después.

Los chicos aunque querían no habían vuelto intimar, solo ciertos toques inocentes por parte de Magnus sus cuerpos estaban cansados y no podían más.

Un Mes Después.

Ya no podían más el trabajo los estaban absorbiendo, pero seguían intentando tener momentos entre ellos.

Una madrugada Magnus estaba sentado en un muro casi dormido, decidió bajarse y colocarse en sofá cercano, al estar casi dormido sintió un peso en las piernas. Abrió sus ojos con rapidez para encontrarse con un sujeto que no conocía forcejeo intentando quitarlo ambos eran igual de fuerte, el hombre lo agarro por el cuello y lo apretó, ya estaba perdiendo el oxígeno cuando sus manos se sintieron flojas...

Su respiraciónera forzada, no pudo ver más que las estrellas, cuando sus ojos se cerraron.

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Alexander Lightwood, era un hombre de treinta y seis años, viudo, que solo se concentraba en su trabajo que era lo único que lo hacía sentir acompañado. En ese momento se encontraba sentado en el balcón de su Loft, con una barriguita de seis meses de embarazo, su sueños se habían hecho realidad, tener un bebé era uno de los planes que tenía con su esposo pero nunca se dio ahora tenía la posibilidad de ser feliz con su hijo.

Tomo su taza de té y con mucha habilidad se levantó para llevar la taza a la cocina fue a su habitación quitó su pantuflas y se acostó en su cama, pero antes vio el reflejo en el espejo, era un hombre maduro y rudo con una barriga de embarazado, sonrió y se floto su vientre, para dormir entre sus sábanas.