Nota: Esto surgió de un fanart.


Hay momentos en los que Nayuta, sueña.

Sueña con una mujer bonita, de ojos similares a los suyos: Vacíos, absorbentes sin un atisbo de duda. Y que siempre porta una sonrisa enigmática, apabullante.

Que le da una sensación rara.

Una sensación desagradable que, ni aun siendo secuestrada por aquel hombre viejo, ha sentido.

Algo así como, miedo.

Y este sólo incrementa ante el silencio de aquella señorita elegante que no hace nada, sólo mirarla.

Mirarla, mirarla y mirarla.

Solamente fue una vez, que logró hablar. Mejor dicho, preguntarle:

— ¿Quién eres?

(¿Por qué me miras y te sientes familiar?

Me asustas).

Y la señorita sólo curva un poco más hacia arriba las comisuras de sus labios. Sin responder.

Asustándola, pero intrigándola.

(¿Qué sabes tú qué yo no sé?

Por favor dime).

Pero...

— Oye, Nayuta, despierta ya.

Todo sentimiento de miedo e intriga se va al escuchar la voz de su hermano-perro mayor.

Quién a pesar de ser tosco, malhablado o bruto, es amable y extrañamente cálido. Pues cada que se van a dormir, él la abraza y deja que lo abrace y... La cuida bien.

Casi, casi, lo quiere. Cómo a los perros de la casa y a Nyako; haciéndola sentir en casa, a gusto, feliz con su nueva vida.

(Y el miedo no existe.

Y la desconocida señorita elegante no tiene más relevancia —por ahora—).