Ese día, las mazmorras parecían mucho, mucho más cálidas que en otras ocasiones.

O quizás, el Whisky de Fuego y el Hidromiel ya estaba empezando a pasarle la cuenta. No lo sabía.

Echó un vistazo por el círculo. Sus caras no distaban mucho de cómo el debía tenerla, roja y feliz por el exceso de alcohol. Estaban casi todos allí, celebrando la victoria del partido de Quidditch en contra de Gryffindor, donde, pudo burlarse un poco de su amigo Ron al haberles ganado. La fiesta había menguado un poco, y se habían decidido a jugar algo más tranquilo ahora que el resto de los estudiantes de los demás años habían ido a dormirse y solo quedaban los de séptimo, a excepción de Astoria Greengrass que acompañaba a su hermana.

Theodore casi lo había arrastrado a su lado, alegando que si él estaba en la fiesta en primer lugar era su culpa, así que tenía que quedarse allí hasta que terminara, haciéndole compañía. A lo que sinceramente, no rebatió mucho, estaba demasiado cansado para hacerlo.

Llevaban ya dos rondas donde bastantes confesiones inescrupulosas habían salido a la luz, la mayoría en contra de los jugadores, que estaban obligados a decir la verdad, y a cumplir los retos, porque así aparentemente, era como a los magos les gustaba jugar Verdad o Reto. O quizás solo los bastardos sádicos de Slytherin.

Daphne había confesado que estuvo enamorada de Harry hasta el año pasado, Theo, declarado heterosexual, fue retado a besar a un hombre que podría hacerle dudar de su sexualidad, (eligiendo a Harry),Pansy dijo que le atraía un poco una chica de Gryffindor, Blaise fue retado a quitarse la camisa y entre muchas otras cosas, Harry tuvo que decir quién, a su parecer, era la persona más guapa de Slytherin.

Y les arrancó un gran jadeo a todos cuando, sin quererlo, la palabra "Draco" salió de su boca.

Menos mal que el rubio estaba en la enfermería curando unas pequeñas heridas que recibió durante el partido.

No era secreto para absolutamente nadie que esos dos no se llevaban muy bien. Sí, tenían que aguantarse porque bueno, eran compañeros de casa y aunque no quisieran, eran todos parte de una gran familia, pero no había sido solo una vez donde fueron encontrados en distintos duelos en frente de todos o se gritaron hasta llegar a los puños.

No, la verdad no se llevaban nada bien.

Por eso, cuando Harry confesó que la persona más linda de Slytherin era Draco, a todos les pareció muy divertido.

No tanto, como cuando cinco segundos después, Draco entró al lugar con su habitual cara de asco, y los encontro a todos destornillarse de la risa al verlo, y Harry rojo hasta la punta de las orejas.

—¿Qué demonios les picó a todos ustedes? —les escupió, tomando su brazo vendado y caminando hasta donde estaban sentados frente a la chimenea—. Ew, apestan a alcohol.

Pansy palmeó el espacio que acababa de hacerle a su lado, sonriéndole, y el rubio después de girar los ojos, se sentó a regañadientes.

—¿Qué están haciendo? —preguntó arrugando la nariz, para ojear cada cara alrededor del círculo, deteniéndose un segundo más sobre la del moreno, que aún no se tragaba la vergüenza de lo que acababa de pasar— ¿Y por qué, en el nombre de Salazar, ni Blaise ni Daphne están con la camisa puesta?

Ambos soltaron una pequeña risita ante eso, y Harry desvió su mirada hasta la chica. Se preguntó brevemente por qué nunca antes le había prestado atención. Era ciertamente preciosa, una silueta que no tenía nada que envidiarle a ninguna otra y era de las personas más dulces que existían en su Casa, ¿por qué no la había elegido, cuando claramente, era todo lo contrario a lo que detestaba de Draco? Y sin embargo, si desviaba la mirada más a la izquierda, todos los presentes quedaban completamente eclipsados ante la belleza del chico.

Oyó de fondo cómo Pansy le explicaba, y los gritos y quejas de Draco, cómo seguramente se estaba rehusando a jugar, pero no les prestó atención, porque de pronto, notó como la más pequeña de las Greengrass observaba al ojigris con una expresión totalmente soñadora, y su interior se sintió hervir. Completamente.

Debía ser el Whisky de Fuego.

—Bien. ¡Bien, Pansy! —le gritó Draco malhumorado, y Harry volvió a centrarse en él. Había levantado su mano sana y miraba a su amiga con gesto de impaciencia—. Pero si termino en peligro mortal, quedará en tu consciencia.

—Puedo vivir con ello —respondió ella llanamente.

El rubio frunció los labios con disgusto, y alzó una ceja, cruzándose de brazos. Blaise pareció captar sus gestos, porque sonrió ampliamente, y dirigió sus ojos hasta Harry. Ahí, Harry notó, que era una sonrisa malévola.

—Bien, nos quedamos en que Potter aquí dijo--

—Sí, bueno, yo ya cumplí. Continuemos —lo interrumpió rápidamente, y sintió como Theo soltaba una pequeña risita a su lado—. Tú cállate que por tu culpa estoy aquí —le acusó.

Su amigo sonrió ladinamente, y lo ojeó de pies a cabeza, mordiéndose el labio.

—No me digas ahora que te arrepientes.

El pelinegro frunció el ceño. ¿Por qué estaba actuando así? Parecía casi como si Theo estuviese intentando coquetear con él; lo que no tenía sentido, si hace no mucho rato atrás le había dado un beso a regañadientes.

Al parecer, habían pasado unos cuantos segundos en silencio y solo mirándose, porque escuchó como alguien carraspeó, y tuvo que despegar sus ojos del chico, encontrándose con que Malfoy había sido quién se aclaró la garganta, apretando aún más sus brazos en contra de su pecho.

—¿Vamos a seguir? Porque si no, estaré más que encantado de irme a dormir —preguntó a todos, intercalando su mirada.

Crabbe y Goyle, quienes hasta el momento solo habían elegido verdad, (donde confesaron que al no conseguir acompañantes para el Yule Ball en cuarto, fueron como la cita del otro), asintieron una y otra vez con la cabeza, haciendo a Draco sonreír.

Tiene una linda sonrisa.

—Bien —interrumpió Daphne, mirando a su hermana—. Tu turno Tori, verdad o reto.

La chica se puso colorada casi de inmediato, y dirigió inconscientemente sus ojos hasta donde el rubio estaba, ajeno totalmente a su mirada, conversando de algo externo con Pansy, quien brevemente le miró a él, al frente del círculo. ¿Por qué le estaba mirando?

—Reto —susurró Astoria, y Harry retornó su atención hasta ella.

Daphne también dirigió su vista hasta Draco, que ahora sí estaba consciente nuevamente del juego, y alzó las cejas antes de que la chica tuviese la oportunidad de hablar.

—Te recuerdo, Daphne, que tu hermana a pesar de solo ir un año más abajo que nosotros, aún no está ni cerca de cumplir los dieciséis—le dijo él, arrastrando las palabras, aliviando a Harry como ni siquiera sabía que debía ser aliviado—. Piensa muy bien qué vas a hacer.

Ella puso los ojos en blanco y se volteó a Astoria, quien se había encogido un poco en su lugar.

—Te reto a darle un besito a Draco —le dijo con suavidad. Y un poco de molestia. Solo Dios sabe en qué estaba pensando en retarla antes.

El ojigris sonrió con burla y la chica se levantó cautelosamente, caminando hasta él. Draco, apoyando el peso de su cuerpo en una sola mano, levantó bien el cuello y cerró los ojos, estirando sus labios para esperar el beso. A Harry se le revolvieron las entrañas.

Astoria se agachó, y depositó un casto beso en sus labios, tal como el reto había sido dictado. Fue apenas un roce, y prácticamente corrió de vuelta a su lugar, para despedirse rápidamente de todos, diciendo que tenía que irse a dormir, con las mejillas enteramente rojas. Draco tenía puesta una expresión presuntuosa en su rostro.

Ew.

—Bien —dijo Blaise sin borrar su sonrisa—. Daphne, tu turno. Verdad o reto.

—Verdad —respondió, apoyándose en sus palmas, dejando aún más a la vista su escote. Merlín era realmente bella.

El moreno se la pensó un momento, dando pequeños toques en su barbilla.

—Sabemos que en este momento has superado a Harry.

Ella asintió.

—Así es.

—Pero... —hizo una pequeña pausa, y el ojiverde se sintió nervioso de pronto— Si se te diera la oportunidad de estar con él, o algo menos serio, follar... ¿lo harías?

La chica envió una mirada seductora inmediatamente en su dirección, y se relamió los labios. Harry se sintió casi instantáneamente incómodo.

De verdad, ¿qué estaba mal con él?

—Por supuesto, sigue siendo, en mi opinión de los chicos más calientes de nuestro grado —luego miró a su alrededor—. Si es que no el más.

Draco volvió a poner esa expresión de molestia en su rostro, y se cruzaba de brazos de nuevo. Bastardo egocéntrico, seguramente no soportaba que no le dijeran que era el más guapo del mundo, ¿verdad?

Porque lo es.

Sacudió la cabeza ante ese pensamiento.

—Me dueles, Greengrass —dijo Blaise, tomando su corazón por encima de su piel dramáticamente. La chica sonrió—. Bien. Parkinson.

—Qué —dijo Pansy con aire desinteresado—. Verdad. No hay nada sobre mí que pudiese interesarles.

—Eso es porque eres muy aburrida —la molestó el moreno, ganándose una mirada fulminante—. Bien, momento más vergonzoso.

Ella suspiró, estirando sus largas piernas por sobre la alfombra, y tomando su cuello, pensando.

—Una vez Draco ingresó al dormitorio de las chicas y no me encontró con nada más puesto que un corsé —respondió ella simplemente, y su amigo le pegaba un codazo—. No pregunten por qué tengo uno, y por qué lo estaba utilizando. No quieren saberlo.

—Realmente no quieren saberlo —concordó Draco, dando un pequeño escalofrío.

—¿Pero cómo entraste a la habitación de chicas? —preguntó Goyle a uno de sus lados, confundido y rascándose la cabeza.

A Harry igual le interesaba saber. Una vez, fue a buscar a Pans para entregarle una nota de Snape, y había salido volando lejos. La chica se había reído por horas.

—Porque los hechizos detienen a los que tienen segundas intenciones, Gregory —explicó Theo con aire aburrido—. No a los hombres en general. Supongo que Draco no tiene interés por las mujeres o su anatomía.

Eso, si fuese su caso, lo habría hecho avergonzarse de aquí a la luna, pero el rubio simplemente se encogió de hombros, volviendo a recostarse en una de sus palmas, los mechones húmedos de cabello cayendo con libertad por los costados de su rostro. Algo en su interior cosquilleó al tener la certeza de que a Draco, no le gustaban las mujeres.

—Verdad o reto, Draco —le dijo Pansy, tratando de dejar atrás el tema.

Él emitió un breve "hmm" meditando sus opciones. Merlín, una serpiente de pies a cabeza. Realmente no sabía qué le veía.

—Verdad —respondió, calmado.

Los ojos de su amiga brillaron con malicia, y volvió a mirar a Harry, quien de pronto fue golpeado por un presentimiento de que algo no saldría bien.

—¿En quién de nosotros has pensado cuando te has masturbado? —terminó diciendo, con diversión.

Draco abrió los ojos de par en par, y Harry cerró los suyos tras sus lentes, tratando de ignorar las imágenes que venían a él del rubio tocándose a sí mismo, que no le hacían nada bien a su alcoholizado cerebro.

—¿Y si no he pensado en ninguno? —preguntó él, pero las palabras salieron con dificultad.

—Si así fuera, ya nos los habrías dicho. Pero no es así, y estás resistiéndote —respondió Blaise con simpleza. Harry podía oír la burla en su voz.

Escuchó cómo Draco emitía un sonido ahogado, como un quejido bajo, que definitivamente no lo estaba ayudando a sacudir imágenes no deseadas.

O bueno, no tanto.

—Reto, cambiémoslo. Reto —Harry volvió a abrir los ojos, y vio al rubio mirando a su amiga desesperadamente—. Prefiero un reto.

—No es justo —dijo Crabbe, en tono ausente, porque estaba jugando con algo que tenía entre las manos—. Harry también quiso cambiar y no lo dejaron. Por eso terminó diciéndonos que la persona más guapa de Slytherin era--

—¡Ya! —lo interrumpió el pelinegro sobresaltado—. Bueno, ahora podemos hacer una excepción. No me molesta. Es más, no me molesta para nada el no saber quién de nosotros es material de masturbación para el hurón.

Draco, aún batallando con la verdad que quería salir de sus labios, se las arregló para observarlo fulminante bajo sus pestañas. Oh, Dios.

—Está bien —accedió Pansy, asintiendo cautelosamente—. Te reto a que te saques tus panta--

—¡No! —interrumpió Blaise, divertido—. Se rehusó a decir una verdad, merece pagar —Draco lucía cada vez más enojado con el paso del tiempo, y estaba comenzando a ponerse rojo del esfuerzo—. Te reto a que te pongas el corsé de Pansy, Draco.

Pudo haberse reído. Cree que es más, lo hizo, y no se dio cuenta, porque todos soltaron distintos sonidos de diferentes grados de asombro ante el reto del chico, por lo que probablemente su risa quedó amortiguada entre la de los demás. Esto estaba poniéndose...interesante.

—¡Bien, acepto! —soltó él, y por fin pareció volver a respirar. Esto era realmente sádico—. Oh por el puto Merlín, ¿qué les sucede?

Pansy se levantó, y tomó su mano para empujarlo hacia arriba, en contra de su voluntad.

—Ah, y por supuesto, solo el corset, Draco. Y bueno... —Blaise se interrumpió— tus pantalones, o ropa interior. Lo que se te haga más cómodo.

Malfoy parecía echar humo por las orejas, mientras formaba puños con sus manos y seguía a una risueña Pansy escaleras arriba, seguido de las expresiones de felicidad de los demás. Incluso la propia.

—Esto es de lo más macabro que se te ha ocurrido —Theo comentó, cruzándose de piernas—. Estoy orgulloso de ti.

—Gracias —asintió el moreno, guiñándole un ojo— Bueno, mi turno.

Así pasaron por Blaise, Crabbe y Goyle, donde el primero fue retado a besuquear a quien le gustaba, a lo cuál muy apenado, tuvo que contestar que la persona que le gustaba no estaba allí, lo que los llevó a mantener el reto y que durante la mañana, estuviese condenado a cumplirlo. Sería un espectáculo. Crabbe confesó que hasta tercero le gustó Pansy y Goyle llanamente dijo que él no sentía ningún tipo de atracción sexual por nadie, jamás.

Llegó su turno, estando cada vez más nervioso, sin dejar de lanzar miradas hacia las escaleras, con mucho miedo de que trajeran a colación su atracción por Draco recién dicha. Y por el aspecto de sus caras, eso era exactamente lo que pensaban hacer.

—Verdad o reto, Harry —habló Daphne, haciendo que posara sus ojos sobre ella, y le sonrió nerviosamente—. Elige sabiamente.

No tenía intención de revelar más cosas de las que ya había hecho, menos de que Draco corriera el riesgo de escucharlo, así que, aprovechando que no se encontraba, dijo muy seguro.

—Reto.

Estaba consciente de que la mirada de absolutamente todos variaba entre la maldad y el entretenimiento. Incluso Crabbe, que había estado distraído la mayor parte del juego, le dedicaba una expresión de la más pura diversión. Pasó saliva.

—Te reto a--

La voz de la chica fue brutalmente interrumpida, porque a pasos bruscos y agigantados, Draco Malfoy había llegado hasta ellos desde el segundo piso, usando nada más que unos pantalones negros, y un pequeño corsé verde que disminuía su cintura de una manera exagerada.

Tenía unas cuantas líneas blancas que lo cruzaban de allá para acá, y estaba abotonado meticulosamente en toda su extensión. Su brillante piel blanca y pálida que tenía algunas cicatrices contrastaba fuertemente con sus vestimentas más oscuras, y su figura era--

A Harry se le cortó el aliento.

Sus fuerte y delgado cuerpo se veía mejor que cualquier puta criatura que alguna vez hubiese existido en la tierra. Sus músculos quedaban a la perfección con la pequeña cintura que el corset le formaba y oh, sentía que estaba empezando a divagar demasiado y la habitación subía su temperatura porque, por el jodido Salazar, Pansy había decidido que la mejor opción para acompañar el conjuto, era haberle puesto delineador negro sobre los párpados del rubio, haciendo que sus ojos grises resaltarán más que nada y luciera como la imagen encarnada de lo que sea que debe recibirte una vez que pasas a mejor vida.

Los vellos de Harry se erizaron, y formó garras con sus dedos, sosteniéndose fuertemente a sus rodillas, intentando calmarse. Tenía la boca seca, y en todo lo que su alcoholizada cabrza podía pensar, era en que la única forma de calmar su sed, era beberse la esencia de Malfoy.

Esperaba que no fuera literalmente.

Blaise silbó, paseando su mirada de arriba abajo por todo su cuerpo, (que hicieron a Harry querer arrancarle los ojos. A él, a todos los presentes, a quien sea que lo mirase), mientras Draco subía una ceja, y se cruzaba de brazos, sin moverse de su posición. Pansy llegó a su lado con una despampanante sonrisa.

—Escuchamos que era el turno de Potter —dijo ella, aunque ninguno se sentó aún, quizás esperando que a Harry le hiciesen un reto parecido y tuviese que ayudarle.

Quería tragar, aliviar la re sequedad de su garganta, pero fue incapaz. Se mordió el labio.

—Tienes razón —asintió Daphne, y retornó toda su atención a él. Oyó cómo Draco soltaba un bufido—. ¿Reto, verdad? —preguntó retóricamente. Harry no respondió. Estaba muy ocupado intentando desviar la mirada del jodido cuerpo del rubio—. Te reto a...besar a la persona más linda presente.

Eso lo logró. Abrió los ojos completamente, y ella amplió su sonrisa. La muy hija de puta. Pensar que no hace mucho estaba halagando su dulzura. Dulzura mis huevos, sabía perfectamente qué estaba haciendo, y lo disfrutaba.

Era una Slytherin después de todo.

Harry, mareado y en estado de sorpresa y molestia, se levantó, comenzando a caminar en dirección a las escaleras, negando una y otra vez.

—No. No lo haré —les dijo, mirándolos—. Ni loco.

Todos comenzaron a recitar distintas palabras de objeción, menos Draco, quien estaba impasible, callado, al menos hasta que el ojiverde llegó a su lado, donde sacó su varita y la apuntó hacia él.

Harry tropezó, cayendo de rodillas a sus pies, (irónico, ¿no?), con la humillación corroer por sus venas. ¿Acababa de hacerle un maldito hechizo zancadilla?

No reaccionó de inmediato, pero cuando estuvo a punto de pararse, sintió cómo Draco enterraba los dedos por las hebras de su cabello, y con fuerza, jalaba su cabeza hacia arriba, obligándole a mirarlo.

La presión en su cuero cabelludo era extrañamente placentera, y los ojos del rubio estaban llameando con un sentimiento que el ojiverde no supo identificar, pero hizo que su estómago se contrajera. Estaba precisamente frente a su cadera, por lo que estaba muy cerca de cierta cosa y honestamente esto parecía estar sacado de una revista pornográfica.

Se mantuvieron la mirada por lo que parecieron siglos, sintiendo como sus mejillas comenzaban a calentarse, sintiendo la tensión a su alrededor. Su interior cosquilleaba, sus manos estaban algo sudorosas y la presión en su coronilla estaba resultándole una tortura. Los orbes grises de Draco brillaban con su delineador negro, y lo observaban casi como si pudiera adivinar todas las intenciones que tenía.

—Mírame —ordenó Draco, pasando la vista por todo su cuerpo—. Mira con lo que me han obligado a vestirme. Cumple tu jodido reto.

Harry frunció el ceño, y juntando valor, levantó una mano para posarla a un costado de la cadera del chico provocándole el mismo dolor que le estaba haciendo a él, enojado. Pareció sorprendido, pero no lo alejó, simplemente aumentó el agarre de su pelo, y el moreno gimió un poco de dolor, mientras Draco se relamía los labios, su mirada oscureciéndose.

—Vete a la puta mierda Malfoy —le escupió con rabia.

Draco sonrió. Debería ser completamente ilegal aquello, considerando la posición en la que estaba y como aquello lo llevaba a miles de escenas no aptas para tantas personas mirándolos, conteniendo la respiración.

—¿Sabes lo peligroso que es hablarle así a alguien que te tiene sometido y de rodillas, Potter? —preguntó, con voz ronca.

Harry intentó, realmente intentó, ignorar el doble sentido de sus palabras, pero aquella parte de su cuerpo lo traicionó, dando un salto bajo la tela de sus bóxers.

—No estoy sometido, imbé--

No pudo terminar, porque de pronto, un pequeño flash los iluminó, haciéndolos girar la cabeza a ambos, con gestos de horror, encontrándose a Goyle sonriente con una cámara instantánea mágica y una fotografía entre sus dedos.

—Esto va para el anuario.

—Dame eso, ahora Goyle —Malfoy demandó, soltándolo al fin y encaminándose hasta él, arrebatándole la foto de la mano.

Harry se permitió pasear su vista por el rostro de sus compañeros y amigos, que miraban la escena como si fuese una obra de teatro. Pareciera que solo les faltaban palomitas para disfrutar aún más del acto. Bastardos sádicos. ¿Ya lo había dicho?

Draco se había quedado en silencio, mirando la fotografía, y luego la agitó, sonriendo. La confusión se abrió paso por todo su rostro.

—¿Realmente me veo así? —preguntó a nadie en particular—. Demonios —miró de nuevo hasta sus manos, y se mordió el labio, negando con la cabeza—. ¿Cómo es que nadie ha saltado encima mío para follarme, aún?

Cállate, pidió la entrepierna de Harry, cállate, cállate, cállate.

—Dame eso —le quitó la foto con brusquedad, avanzando hasta él.

Una vez que le vio, la verdad...no le hacía justicia. Se veía bien, sí. Jodidamente bien. Pero nada se comparaba al espectáculo que era verle en vivo. Bajó la vista hasta su propio yo en la foto, y tuvo que ahogar un jadeo.

Tenía la cara impresa en una excitación enfadosa. Era algo extraño de ver, cómo en sus facciones las dos emociones se mezclaban, mientras Draco enredaba sus dedos en su desordenado cabello y lo jalaba, estando demasiado cerca de la entrepierna del otro chico, para luego voltearse al lente cuando Goyle tomaba la foto.

Se veían demasiado bien. No era justo.

—Entonces, Harry —interrumpió Theo, subiendo y bajando sus cejas, haciendo que lo mirara—. Tu reto.

Él tragó en seco. No quería hacerlo. Era injusto, era totalmente injusto, y oh por Dios lo deseaba tanto. Sacudió su cabeza.

—Ya dije que no iba a hacerlo —sentenció, finalmente—. Me voy a dormir.

—¿Asustado, Potter? —Draco dirigió sus pasos felinos de vuelta hasta él, donde parecía que había quedado petrificado en su lugar, sin poder quitarle la mirada de encima.

—Te gustaría —replicó, tratando de sonar lo más desafiante posible, entrecerrando los ojos tras sus lentes—. Solo no quiero seguir prestándome para esta tontería.

Draco ya había llegado hasta posarse frente a él, sin descruzar sus brazos, con la ceja aún arriba, se relamió los labios y Harry no pudo evitar no comérselo con la mirada, depositando sus orbes más de lo moralmente correcto sobre su boca.

—¿Sí? —preguntó con burla—. A mí me parece... —olisqueó el aire— que tienes miedo.

El moreno bufó, rodando sus ojos.

—¿Miedo? ¿Por qué tendría--?

—Porque te da miedo...no detenerte jamás una vez que empieces a besarme.

Su respiración se cortó un segundo, y su corazón comenzó a latir con fuerza dentro de su pecho. Se congeló en su lugar, buscando respuestas. ¿Lo sabría, sabría que lo consideraba la puta encarnación de la belleza o era tan egocéntrico que pensaba que Harry no dudaría en elegirlo a él? No lo sabía, pero su cuestionamiento duró tanto tiempo, que Draco estaba hablando de nuevo.

—Te da miedo, y tanta rabia el hecho de que quieres besarme. Oh sí, quieres besarme tanto ahora... —se acercó hasta que estuvieron cara a cara. Harry encajó la mandíbula, juntando aún más sus cejas—. ¿Qué se siente, Potter, ser así de fracasado? Explícame porque--

No pudo continuar, porque de pronto, los labios del chico estaban sobre los suyos, reclamando con hambre lo que se le estaba ofreciendo en bandeja. Movió su boca con ímpetu y Draco le correspondió de inmediato de igual forma, deslizando su lengua para lamer toda extensión de piel sensible y chocarla contra la ajena, embriágandose de su sabor, de la pequeña vibración proveniente de la garganta del rubio, al hacer ruiditos de aprobación, mientras las manos de Harry iban a parar sobre sus caderas, apegándolo aún más a él, y el ojigris subía su mano hasta su nuca, obligándole a profundizar aún más el beso, mordiendo su labio inferior con tanta fuerza que quizás pudo haberle sacado sangre si se lo hubiera propuesto.

—Fóllame —pidió Draco, acercándose a su oído para que solo ambos oyeran, entre los sonidos de burla y celebración de sus compañeros—. Ahora, Potter. Fóllame.

Harry apenas lo pensó. Su mente estaba completamente nublada, donde solo su nombre se repetía en bucle, una y otra, y otra y otra vez. Tomó a Draco con fuerza de su mano vendada, arrastrándolo ciegamente hasta la habitación de hombres y, echando una leve mirada tras su hombro, vio como todos sonreían abiertamente de manera escalofriante.

Merlín, a veces daban real miedo.

No se detuvo mucho en ese pensamiento, se concentró en arrojar a Malfoy dentro del cuarto, y sin meditarlo dos veces, tirarse encima de su cuello, para lamer, besar, morder, lamer, toda su extensión, llegando a su lóbulo, que no dudó en atrapar entre sus dientes mientras se acercaba a su oído.

—¿Así es como te gusta, Malfoy? —murmuró roncamente, la voz completamente áspera por la excitación— ¿Te gustaría que te follara? ¿Te gustaría que te tuviera suplicando?

Draco, quien nuevamente había enredado sus dedos en sus negros cabellos, lo jaló de vuelta, chocando sus bocas en un apasionado y desordenado beso, uno enojado, como la mayoría de las interacciones que compartían. Lo besó, lo besó por lo que parecieron horas, metiendo sus manos bajo su camiseta, que no dudó en comenzar a empujar hacia arriba para retirársela, separándose brevemente de él en el proceso.

—Creo que no seré yo el que terminará rogando —susurró, luego de arrojar su camiseta a la otra esquina de su habitación, y volviendo a atacar sus labios.

Torpemente, comenzaron a avanzar a una cama, (suponía él, que era la de Draco), y fue arrojado allí, cayendo sobre sus antebrazos.

Harry se tomó la libertad de observar cada rincón de toda la piel expuesta, deteniéndose en ese puto corset que no tenía el derecho de verse tan bien sobre él, retratando una figura que le daban ganas de destrozar a base de orgasmos. Miró cómo el rubio, lenta y tortuosamente, empezaba a a desabrochar su pantalón, sin cortar el contacto visual. Al ojiverde se le hizo agua la boca, solo de pensar, lo que había debajo de la tela.

El pantalón cayó, y solo los bóxers de Draco quedaron cubriendo su notoria erección, marcándose deliciosamente por sobre la ropa interior. El chico tomó el elástico de ella, haciéndolo resonar, y Harry lloriqueó.

—Por favor, Draco.

Eso hizo que el resto de color que quedaba en sus grises orbes, se ennegreciera casi completamente; pero no le hizo caso, en cambio, se inclinó sobre la cama, buscando nuevamente sus labios, que estuvo gustoso de entregar. Pero no fue todo, no, porque las hábiles y delicadas manos del chico se movieron hasta sus pantalones, bajándolos de un solo tirón junto a sus propios bóxers, exponiendo su duro miembro, que goteaba un poco por la punta, dando un leve salto. Draco sonrió, y su estómago se llenó de mariposas.

—Primero, hay algo que quiero probar.

Y sin previo aviso bajó hasta quedar a la altura de su cadera, y aprisionó su erección entre sus mejillas, abrazándolo con la calidez de su interior, mientras subía y bajaba por toda su extensión, haciendo que Harry se llevara una mano a la boca, para tapar sus gemidos, y otra a la cabeza de Draco, para empujarlo más profundamente hasta que la punta de su entrepierna tocara su garganta.

—¡Mierda! —gritó ahogadamente.

No salieron del cuarto, por lo menos, por unas dos horas.

Más tarde, con los cuerpos temblorosos, bañados en sudor y recién limpios por un hechizo que Harry había conjurado entre ambos, se dejaron caer de espaldas sobre el colchón, sin estar muy seguros qué acababa de suceder.

—Eso fue...

—Creo que...

Hablaron al mismo tiempo, haciendo que soltaran una cansada risa, mitad bufido, y sonrieran, sin mirarse.

—Nunca en la vida me hubiese imaginado que así terminaría el día de hoy. Y contigo, por sobre todas las cosas.

Draco rodó en su lugar hasta su costado, apoyándose en la palma de su mano, enarcando una ceja. Lucía precioso. ¿Había algún momento en el que no se viera así?

—¿A qué te refieres con "conmigo", Potter? —preguntó con fingida indiferencia–. Si soy la persona más guapa de Slytherin según tú. O incluso de todo Hogwarts —finalizó, engreídamente. El pelinegro volteó sus ojos.

—Por lo mismo —admitió, con un pequeño encogimiento de hombros—. Un momento...¿cómo sabes eso? —preguntó con los ojos entrecerrados. En parte por la pregunta, en parte, porque no traía sus gafas.

Draco tragó saliva, y volvió a recostarse sobre su espalda. Entrelazando sus dedos por sobre su estómago, tamborileándolos allí, casi nervioso.

—Pansy--ella...me contó, sí —dijo.

Harry pudo habérselo creído, si no fuese porque, de pronto, recordó la supuesta mano herida del rubio, la cual ya no tenía un solo vendaje y que literalmente, no tenía un solo defecto. Se estiró hasta allí para tomarla, recordando entonces, lo fuerte que le había apretado cuando lo llevó hacia el cuarto.

—Draco —advirtió—. Tu brazo no está lesionado.

El rubio no le miró, en cambio, trató de zafarse de su agarre, pero el moreno tenía demasiada fuerza, cuando quería. Además de astucia.

—¿Por qué estabas entonces en la enfermería? —presionó, peligrosamente—. No me mientas.

Draco no respondió de inmediato, y los segundos casi se transformaron en horas, en los que el chico parecía meditar si era bueno o no revelar cualquiera que sea su secreto.

—Agh, bien —accedió, pero sin devolverle aún la mirada—. Esto fue todo un plan. Fue idea de Blaise. Y Pansy. Y mía —suspiró—. Bueno de todos.

El gesto de Harry se transformó en uno de asombro y horror, posándose encima de Draco, para que este le mirara a los ojos, quien lo hizo a regañadientes.

—¡¿Un plan?! —preguntó.

—¡Bueno, señor observador y obvio! —el rubio le gritó de vuelta, molesto— ¡Todos se dieron cuenta de esta rara tensión entre tú y yo desde hace meses¡ ¡Y traté de llamar tu atención de todas formas! ¡No notaste una sola! ¡Al menos esto era irse a la segura!

Harry enmudeció un minuto, procesando la información. Entonces, se rió, ganándose una furibunda mirada de Draco. Había estado loco por el chico desde que el año inició, sufriendo por el hecho de que jamás podría pasar nada entre ambos. Era una locura el pensar que todo el tiempo fue mutuo.

—Bueno, funcionó, maldita mente diabólica —le dijo al cabo de un rato, estirandose para robarle un casto beso al idiota malhumorado—. ¿Estás seguro de que todos sabían, en todo caso?

Draco, quien se vió atontado por el contacto, carraspeó, frunciendo el ceño.

—Bueno, sí —asintió—. Todos menos Astoria, claramente, ¿por qué?

Harry sonrió.

—Porque Theo me besó.

El rubio abrió los ojos de forma exagerada soltando una molesta exhalación.

—Hijo de puta —refunfuñó—. Voy a matarlo.

El moreno había rodado los ojos nuevamente, para trepar su cuerpo y quedar a horcajadas encima de él, envolviendo sus dedos sobre el cuello de Draco y haciendo una leve presión, que fue recibida con ojos de lujuria.

—Supongo que esta es solo la primera vez de muchas, entonces.

La sonrisa altanera volvió a la cara del más pálido.

—Oh, Potter, sí quieres ser mi novio, solo dilo--ah —soltó un pequeño jadeo, al Harry apretar aún más la curva de su garganta, correspondiendo su sonrisa.

El ojiverde fingió pensárselo, para inclinarse sobre él, acercándose lo suficiente para hablar encima de sus labios.

—Solo tengo una condición.

Draco, quien lucía inesperadamente nervioso, tartamudeó al contestar.

—¿Q-qué? —preguntó desorientado.

Harry dejó salir un suspiro, haciendo que su cálido aliento enviara descargas eléctricas por todo el cuerpo ajeno.

—¿Crees que puedes quedarte ese corsé?