Nota: ¿Qué es un Reverse AU? Un AU dónde el cabello y ojos de los personajes cambia a colores negativos o contrarios al original así como también cambia la personalidad a una contraria y... ligeramente más agresiva o no (depende del autor).

Por ejemplo: Un personaje serio pasa a ser uno risueño y sádico. Y este personaje tenía el cabello negro y ahora lo tiene blanco.

Y aquí el cambio de cabellos son los siguientes: Ray tiene cabello blanco pero sigue conservando sus ojos violetas. Y Emma tiene el cabello azul y los ojos violetas.

Y en cuanto a personalidades... lo descubrirán pronto.


I.

Luego de que Emma finalmente le hizo frente a Ray cuando trató de suicidarse para que todos escaparan, atreviéndose a levantarle una mano y ponerlo en su lugar (que dejara de ser un maldito bastardo burlón y sarcástico pesimista), sabiendo que él podría devolverle la bofetada y peor.

Con la adrenalina que le estaba recorriendo tras la repentina valentía que le inspiró, tomó a Ray de las mejillas y enseriándose lo miró a los ojos.

Como nunca se atrevió a hacer antes.

— Escúchame bien hijo de perra, tú y yo junto a todos los demás nos vamos a ir de este maldito criadero — frunció el ceño y apretó los dientes, haciendo más evidente su coraje y la ira que había reprimido todo este tiempo —. Norman se fue pero mientras yo esté aquí, tú no te vas a morir y si debo ponerte un maldito collar y usar una correa lo haré, ¿Te quedó claro?

Ray parpadeó, perplejo. Siempre se había burlado descaradamente de Emma de ser una cobarde y miedosa que no podía decir las cosas claramente y que se asustaba fácilmente.

Pero ahora, la misma chica a la que subestimó y de la que se burló le había dado una bofetada que ardía como el infierno y le estaba exigiendo que dejara su tontería de querer matarse en nombre de una venganza por la miserable vida que le tocó.

Una insana emoción comenzó a crecer en su pecho la cual reflejó en una sonrisa torcida.

— ¿Me estás diciendo que sea tu maldito perro a partir de ahora?

Emma reprimió una mueca nerviosa y en su lugar asintió con firmeza.

— Eres mi perro ahora, Ray.

Y una risa se escapó de los labios del albino. Que le puso de los nervios y la sobresaltó cuando paró de golpe, tomando sus manos entre las suyas.

— Dejo literalmente mi insignificante vida en tus manos, Emma.

Emma sonrió levemente, soltando una de sus manos y acariciando con cuidado la mejilla golpeada.

— Entonces, yo dejaré la mía en ti, Ray... Porque eres mi perro.

II.

Ray no recordaba haber sentido tanto horror y miedo en su vida, o más bien, los momentos que pudo haber experimentado el miedo y el terror fueron dos.

Pero ninguno comparado a ver cómo Emma se estaba muriendo en sus brazos. Deshaciéndose en cálido líquido carmesí que lo manchaba.

Su corazón podrido que sólo se encargaba de mantenerlo vivido, destrozándose ante la idea de una vida sin Emma.

— No... Tú no te puedes ir — su respiración se volvía errática paulatinamente, y estaba temblando. De miedo, de impotencia, de tristeza, de todo —. Soy tu perro y tú eres responsable de mí, Emma. Recuérdalo, ¿Sí? — una sonrisa histérica surcó su rostro, torciéndose del dolor —. ¡...Tú no te puedes morir, maldita sea!

— Ray...

— ¡NO ME TOQUES! — rugió, embravecido cuál fiera. Mirando a todos con una silenciosa amenaza en sus ojos, mirada que se dirigió al señor del refugio que se encontraron en el refugio anteriormente —. Tú... Tú no vas a dejar morir a Emma, ¿Verdad?

Yuugo estaba nervioso y la presión que le estaba poniendo Ray con una silenciosa súplica de salvar a la de cabellos azules, no ayudaba a sus nervios.

— Yo...

— Sálvala... Sálvala por favor — apretó los dientes, tratando de contener su dolor tanto en su voz como en las lágrimas que pronto se desbordarían —. Llévate a Emma, no te pido más.

Yuugo miró a Emma y después a Ray, suspirando rendido para proceder a acercarse al albino —. ¿...Puedo confiar en que llevarás a los demás?

— Lo juro por Emma.

Yuugo tomó a Emma de los brazos de Ray.

— Te prometo que ella estará bien... ¿De acuerdo?

Y Ray quien nunca creyó en nadie, ni en dioses o suerte, sólo en Emma. Asintió, depositando su confianza en el señor.

Quién se llevaba su razón de vivir.

III.

No se separó de Emma en todo el tiempo que estuvo en coma. A veces comiendo y otras teniendo que ser forzado a hacerlo.

Manteniéndose como un perro a su lado, a la espera de su regreso.

O en este caso, que ella despertara.

IV.

— Por favor, usa esto.

Emma miró incrédula la soga que Ray le estaba tendiendo con una sonrisa.

— Eh...

— Dijiste que me pondrías un collar y una correa, además de que soy tu perro. Así que hazlo, por favor.

Un escalofrío recorrió la espalda de Emma —. E-Espera, e-esto es demasiado Ray...

— Si no lo haces, entonces lo haré yo.

— ¡N-No!

V.

Nadie se atrevió a preguntar por qué Emma tenía una soga que fungía como correa en el cuello de Ray.

Primero, porque Emma pedía con la mirada que no preguntaran y si preguntaban, siempre decía «N-No quiero dar explicaciones, p-por favor».

Y segunda, porque Ray se veía feliz y tranquilo siendo tratado de esa manera.

Y todos preferirían ver así a Ray, sinceramente.

VI.

— ¿Qué carajos están haciendo?

Fue lo que cuestionó Norman, mirándolos con incredulidad y desagrado. Quitando su expresión seria y de sabelotodo por lo que estaba presenciando.

Pues ni en sus más locos sueños, algo como esto se le hubiera pasado por la mente.

— Soy el perro de Emma, y ella se está haciendo responsable. ¿Acaso no es obvio?

Lo decía con tanta naturalidad que simplemente, le asqueó. ¿Qué había pasado con el desafiante y malhablado de Ray?

— ¿Disculpa?

— L-L-Lo que dice es cierto Norman — trató de explicar Emma, nerviosa por la expresión de desconcierto y rechazo que el pelinegro estaba haciendo —. Ray es m-mi perro y, su vida está en mis manos.

Norman miró a Ray y luego a Emma, alternando su mirada entre ambos antes de suspirar y apoyarse en su escritorio.

— Sabía que Ray era repulsivo, pero esperaba más de ti Emma...

Emma bajó la mirada, decaída —. L-L-Lo siento mucho.

Y para su sorpresa, Ray la abrazó por detrás de una manera protectora que la hizo sonrojar.

O más bien, la declaración que él hizo.

— ¿Y a ti qué mierda te importa lo que ella haga o deje de hacer? Mientras yo respire, tú no tocarás a Emma ni con el pétalo de una rosa o de lo contrario, te mataré en nombre de nuestra preciosa amistad — sonrió con sarcasmo, mostrando sus incisivos.

Norman apretó el borde del escritorio con fuerza, sonriendo con sorna.

— Como si tuviéramos una jodida amistad, Ray.

VII.

Él, el dios al que Sonju y Mujika adoraban, fue amable. Pues a cambio de dejarlos a todos ir al mundo humano, le quitó la vista.

Y aunque todos, pero mayormente Norman y Ray se enojaron y entristecieron por el pago de la promesa. Ella estaba bien con ello.

Pues algo peor pudo haber sido, era lo que decía con una sonrisa en el rostro.

— Si yo hubiera...

— No es tu culpa, Ray. Y-Yo estoy bien con esto porque estás conmigo — extendió su mano hacia él, quién se arrodilló y acercó su rostro a su mano dejando que ella acariciara su mejilla con ternura.

Ray la miró y admiró en silencio, entristecido.

Emma, una miedosa que era estúpidamente amable que no le importó perder su vista con tal de salvarlos a todos.

— Nadie te merece... ni siquiera yo — murmuró, con la mirada perdida en las vendas que cubrían los ojos opacos de Emma.

— No digas eso, Ray...

— Te amo, Emma... Incluso si no sé qué es el amor o amar, te amo — cerró sus ojos, aferrándose a la mano que ella tenía en su mejilla —. Te amo tanto que, podría darte mis ojos si me los pidieses y no pondría resistencia.

—... Entonces se mis ojos, Ray. Ve y contempla el mundo por mí, el maravilloso y terrorífico mundo que no puedo ver — acercó su rostro, sintiendo su nariz rozar con la suya —... ¿Harías eso por mí, Ray?

Sus orbes amatistas destellaron de cariño.

— Haría todo por ti, hasta quemar el mundo si me lo pidieras.

Emma sonrió, soltando una lágrima escurridiza bajo el vendaje.

— No podrías, porque estarías ocupado siendo mis ojos y amándome, Ray.

Y Ray sonrió, entrecerrando sus ojos —. Ah, tienes razón, Emma.

Afirmó, sellando sus labios con los suyos en un beso.