Disclaimer: Black Clover y sus personajes pertenecen a Yūki Tabata.
«Porque sin buscarte te ando encontrando por todos lados, principalmente cuando cierro los ojos.» — Julio Cortázar.
-Lo que nunca nos dijimos-
Charlotte echó a correr. Todo lo que sus piernas podían era poco comparado con las ganas que tenía de llegar a su destino. Estaba herida, estaba agotada, estaba asustada, pero le daba igual. Solo quería ver a Yami. Simplemente verlo y que él pudiera observar la persona en la que se había convertido con su esfuerzo y dedicación. Quería materializar de una vez por todas lo que sentía, quería volar libre junto a él y no esconderse nunca más. Quería estar con él para siempre a partir de ese momento.
Sin embargo, todos sus anhelos y esperanzas se desmoronaron en cuanto lo vio. Con la Tríada Oscura ya derrotada y la amenaza de los demonios resuelta, Charlotte pensó que su camino se allanaría por fin y podría confesar todo el amor que sentía por Yami de una vez por todas, porque era tan grande a esas alturas que ya no le cabía en el pecho, pero no fue así.
Lo vio tumbado en el suelo desde la lejanía y, aunque lo creía imposible, consiguió correr aún más rápido. El corazón le latía desbocado en el pecho, pero lo sentía haciendo presión incluso en su garganta. Sus manos ensangrentadas sudaban por el esfuerzo y los nervios, pero no se detendría por nada del mundo. No ahora que estaba tan cerca de liberarse de las cadenas que ella misma se había impuesto.
Por fin llegó a su lado. Se agachó y le tomó la muñeca para comprobar su pulso. Suspiró aliviada: era sumamente débil, pero podía sentirlo, así que Yami seguía vivo.
Charlotte no recordaba con claridad la última vez que había llorado, ya que no era alguien que acostumbrara a hacerlo, pero en esa ocasión, las lágrimas se escurrieron por sus mejillas de forma involuntaria y no hizo nada para apartarlas.
Yami comenzó a abrir los ojos lentamente, pero se podía percibir con claridad que le costaba mucho. Tosió en repetidas ocasiones, así que Charlotte lo sujetó por la cabeza para incorporarlo un poco. De sus labios salió algo de sangre y, con las pupilas dilatadas, empezó a mover sus párpados en repetidas ocasiones, tratando así de enfocar su vista.
Al lograrlo, se encontró de bruces con los ojos preocupados de Charlotte, los cuales no se apartaban de su rostro ni por un solo segundo. El azul de su mirada destellaba con desasosiego y Yami se preguntó si de verdad él estaba tan mal como para que una mujer tan fría como la Capitana de las Rosas Azules pudiera irradiar tanta calidez con solo su mirada. Parecía que incluso estaba llorando.
—¿Reina… de las Espinas…?
—No hace falta que hables ahora. Alguien va a venir a trasladarte al hospital. Solo… descansa, ¿vale?
Su voz se escuchaba exhausta y quebrada, pero también envolvente y apacible. Yami logró observar a duras penas la sangre seca y los restos de sudor en su rostro. Parecía ser que había tenido una lucha dura.
—¿Se ha acabado?
—Sí —contestó Charlotte mientras sonreía entre lágrimas.
—¿Todo esto… lo has hecho tú sola…?
—Claro que no. También debemos confiar en los demás de vez en cuando, ¿no?
Yami se rio un poco, haciendo que algo más de sangre brotara de entre sus labios. Charlotte frunció el ceño preocupada. La ayuda no terminaba de llegar y ya se sentía demasiado angustiada.
—¿Quién fue el idiota que te dijo eso?
La mujer sonrió con nostalgia. El recuerdo de aquel día estaba demasiado claro todavía en su mente. Nunca podría olvidarlo, de hecho, porque escuchar de los labios de otra persona que ella también podía confiar en los demás le tocó el alma y el corazón de una manera especial. Porque gracias a ese simple comentario sincero y a una katana que rasgó sus zarzas seguía viva y no solo eso, sino que también aprendió lo que era el amor y a no cargar todo el peso de sus responsabilidades sobre sus hombros. No podía dejar que eso se esfumara así como así. No lo consentiría.
—Es el mejor idiota que he conocido nunca.
Charlotte volvió a observar la sonrisa tenue en los labios de Yami. Parecía tranquilo incluso en esa situación en la que a ella los nervios le estaban produciendo una presión desorbitada en las sienes.
—Charlotte… me habría gustado decirte tantas cosas…
—Y me las dirás. Me las dirás todas —susurró con la voz rasgada por los sollozos. Se agachó para juntar su frente con la de Yami y así proporcionarle algo de calor. Su piel comenzaba a perder color y a enfriarse—, pero ahora aguanta un poco más, por favor…
Yami alzó un poco su mano para acariciar el cabello dorado de Charlotte. Siempre le había gustado mucho y se había tenido que conformar con observarlo en la distancia, pero en ese momento, en el que podía tocarlo directamente, se dio cuenta de que era tan suave y sedoso como había imaginado desde la primera vez que lo vio.
Era una buena forma de morir, pensó; acariciando el pelo de la persona más especial que había conocido en toda su existencia. En ese instante, muchos acontecimientos de su vida se pasearon por su mente de forma inconexa y desordenada. Su llegada al Reino del Trébol, el nacimiento de su hermana pequeña, Julius, el rostro de sus padres, los chicos de su orden, Asta, William y otras personas que habían sido fundamentales para su desarrollo personal. Pero al final estaba ella. Charlotte enfadada, sus ojos azules clavándose sin piedad en su mirada oscura, ella sonriendo, caminando, luchando, estrechándolo contra su cuerpo justo como lo estaba haciendo ahora.
—Eres una mujer increíble, Charlotte…
—Cállate. No hables más. Guarda fuerzas para…
La mano de Yami cayendo repentinamente la interrumpió. Se separó de él y vio sus ojos abiertos pero vacíos. Ya no había más nada que hacer. Era tarde para él, para ella, para los dos. Gritó, sollozando como nunca, se desagarró la garganta, clavó las uñas en la tierra con rabia y lo abrazó ante la atenta mirada del grupo que había designado Julius para la batalla, que había observado toda la escena sin que se diera cuenta.
Estaba completamente segura de que su vida ya nunca volvería a ser como antes.
Charlotte miró la tumba de Yami con los ojos perdidos. Después de unos minutos con la mente en cualquier sitio menos en ese, depositó las flores que le había llevado. Había pasado un año desde que el antiguo capitán y fundador de los Toros Negros murió.
Su orden quedó completamente destrozada, aunque con el tiempo, comenzaron a avanzar, nombrando como nuevo capitán a Nacht, e intentaban sanar las heridas, aunque resultaran demasiado profundas y dolorosas.
Sin embargo, Charlotte no conseguía salir adelante. Porque no era justo. No era justo que su cobardía le hubiese impedido confesarse al amor de su vida y que ahora se sintiera tan sola y desgarrada por dentro.
Su vida se resumía en entrenar y trabajar. Sus chicas, realmente preocupadas por ella, habían intentado acercarse, animarla, hablarle seriamente, consolarla y lograr que se apoyara en ellas, pero nada había dado resultado.
Trescientos sesenta y cinco días después así seguía, con el alma quebrada en tantos pedazos que estaba segura de que jamás podría recogerlos y unirlos todos con el fin de repararla. No quería hacerlo, de hecho.
—Charlotte, estás aquí.
Al escuchar aquella voz tan familiar, giró su rostro. Ni siquiera se había dado cuenta de que Julius había llegado.
—Qué egoísta fue al morirse así, ¿no crees? —susurró mientras se apartaba una lágrima de la mejilla con furia.
—Charlotte…
—No pude decírselo. Quería hacerlo y te prometo que estaba completamente decidida. Eso quería: demostrarle lo fuerte que era y por fin decírselo. Me hubiese dado igual que no me correspondiera y vivir con su indiferencia o burla para siempre. Pero al menos, lo seguiría viendo. Pero esto…
La mujer guardó silencio. Era muy duro aceptar que jamás iba a volver a ver su rostro o a escuchar su voz. Era demasiado doloroso para afrontarlo, para... comprenderlo. Escapaba completamente a su entendimiento.
Julius no sabía cómo contestar. Cuando Yami murió, todos se sorprendieron mucho por la reacción de la Capitana de las Rosas Azules, pues siempre la habían visto como alguien distante y que podía tener sentimientos de camaradería por él, pero nada más. Todos menos el Rey Mago. Porque bien sabía que algo sucedía entre ambos capitanes. No era normal el nivel de complicidad con el que se trataban ni lo sonrojos desorbitados que Charlotte experimentaba ante cualquiera de las bromas de Yami.
Con la reacción de la mujer rubia ante el cuerpo sin vida de Yami, Julius confirmó que Charlotte lo amaba. Sin embargo, aunque él nunca se lo hubiese expresado con palabras, lo conocía tan bien que sabía a ciencia cierta que Yami también tenía sentimientos muy fuertes por ella.
—Tú eras muy importante para Yami. Mucho más de lo que crees.
—No sigas, por favor.
¿Qué sentido tenía saber eso ahora si no podía hacer nada? Si ya nunca lo vería ni podría experimentar el tacto de su piel o de sus labios. No quería saber qué sentía con respecto a ella porque confirmar que Yami la correspondía le hacía aún más daño y que se sintiera más culpable por haberse dejado llevar por su cobardía y por el qué dirán durante tantos años.
—Sé que esto es difícil, pero debes seguir adelante. Estás viva, Charlotte. Y te puedo asegurar que él querría que estuvieras bien.
Charlotte posó sus ojos sobre la tumba y concretamente sobre las letras con el nombre de Yami. Sí, ella estaba viva y probablemente él querría algo así, pero no le salía volver a sonreír ni a compartir buenos momentos con los demás. Lo único que podía hacer era centrarse en el trabajo para mantener la mente ocupada y no pensar, pero eso no era eficaz por las noches, en las que las pesadillas o sueños con la vida que siempre quiso tener la acechaban, convirtiéndose así en el fantasma de su soledad.
—Gracias por tus palabras. Será mejor que me vaya.
Tras proferir esas escuetas frases, se dio la vuelta y sin decir nada más, se fue ante la atenta mirada de Julius. Por más que lo intentara no podía avanzar, al menos no al mismo ritmo que los demás, simplemente porque ya no podía volver a ser la misma persona.
¿Cómo volver a ser la misma si su única oportunidad de ser feliz ya no existía?
FIN
Nota de la autora:
Juro que esto es una petición y no es mi culpa jajaja. Porque realmente si Yami se muere, me muero yo con él T . T pero bueno, sigue siendo un escenario posible. Y realmente me parte el alma pensar cómo quedará Charlotte si algo así pasa. Ay, no, me entra depresión. En fin, espero que os haya gustado.
¡Hasta la próxima!
